What hormone is released during grief?

El Duelo: Impacto en el Cerebro y Cuerpo

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La pérdida de un ser querido es, sin duda, uno de los eventos más desafiantes y estresantes que una persona puede experimentar en la vida. Es común sentir que el mundo cambia, y con él, nosotros mismos. Muchos reportan una sensación de confusión mental, dificultad para concentrarse o incluso problemas de memoria, lo que a menudo se describe como 'cerebro en duelo'. Pero, ¿qué le sucede exactamente a nuestro cerebro y cuerpo durante este proceso?

El duelo es una reacción emocional y natural que surge tras la pérdida de alguien importante. La Asociación Americana de Psicología (APA) señala que, durante el duelo, es frecuente experimentar malestar psicológico como ansiedad, confusión o una tendencia a revivir constantemente el pasado. Aunque el duelo es una emoción universal, su proceso y duración varían enormemente de una persona a otra; no hay una línea de tiempo específica, y los sentimientos pueden cambiar con el tiempo sin llegar a desaparecer por completo.

What happens in the brain during grief?
Generally, the brain reacts to grief in similar ways as it reacts to chronic stress. According to PsychCentral, this can leave your brain in a long-term survival mode with effects of: Released fight-or-flight hormones. Increase in heart rate.

Más allá de la tristeza, expertos como la Dra. Mary-Frances O’Connor, especialista en duelo, lo ven también como una experiencia de aprendizaje fundamental para el cerebro. Como ella explica, tras la pérdida de alguien único, debemos reconfigurar nuestra forma de vivir en el mundo. Esto implica aprender a existir con esa ausencia, pero también, a un nivel más granular, modificar innumerables hábitos y predicciones. Pensemos en el simple acto de levantar el teléfono para llamar a esa persona cuando algo sucede, solo para darnos cuenta de que ya no es posible. Son todas esas pequeñas rutinas y anticipaciones las que nuestro cerebro debe reaprender de una manera nueva.

Índice de Contenido

El Duelo en el Cerebro: Cómo se Codifican los Vínculos

La Dra. O’Connor subraya que, además de aprender nuevos hábitos, el cerebro literalmente se recablea después de una pérdida significativa. Para entender esto, es crucial reconocer que el cerebro codifica los vínculos afectivos. Cuando formamos un lazo profundo con nuestra pareja o un hijo, el cerebro codifica esta conexión. En esencia, crea un 'nosotros', no solo un 'tú' y un 'yo', sino una entidad compartida de experiencias superpuestas. Debido a esta codificación, cuando un ser querido ya no está, lo experimentamos a un nivel muy neural como si faltara una parte de nosotros. Nuestra representación neural de ese 'nosotros' tiene, literalmente, un vacío.

Evidencia en la Investigación: Estudios con Roedores

Esta codificación neural ha sido explorada en investigaciones. En la Universidad de Colorado-Boulder, la Dra. Zoe Donaldson llevó a cabo un experimento con roedores para investigar qué ocurre en el cerebro cuando una pareja desaparece. El estudio reveló que, al formarse vínculos entre parejas de roedores, se producen cambios reales en la forma en que las proteínas se pliegan en el núcleo accumbens, una región cerebral que conecta la motivación y la acción. Esto significa que toda la red de recompensa del cerebro se altera en función de los vínculos específicos establecidos con las parejas.

Con el tiempo, las neuronas se activan al acercarse a esa pareja particular, y aprenden a activarse con mayor frecuencia, generando placer al experimentar ese vínculo. De manera similar, cuando la pareja se separa, el cerebro echa de menos el placer derivado de la activación neuronal. Esta falta repentina de placer puede provocar un aumento de las hormonas del estrés, mientras que las hormonas relacionadas con el bienestar, como la dopamina y la oxitocina, intentan motivar al organismo a buscar a su pareja nuevamente. Sin embargo, en el caso de los roedores separados sin posibilidad de reencuentro, esto genera una discrepancia y un profundo anhelo.

Aunque los cerebros humanos son más grandes y complejos, este estudio ayuda a explicar cómo el cerebro debe cambiar y actualizarse con el tiempo a medida que nos adaptamos a una vida sin nuestro ser querido.

El "Cerebro en Duelo": Efectos Cognitivos y Emocionales

El duelo también puede estar ligado a diversas funciones cerebrales, incluyendo la recuperación de recuerdos, la comprensión de las perspectivas ajenas e incluso la regulación del ritmo cardíaco. Al experimentar duelo, estas funciones pueden verse limitadas o afectadas. Este fenómeno se conoce a menudo como tener "cerebro en duelo".

Los efectos del "cerebro en duelo" varían según la persona, pero generalmente, el cerebro reacciona al duelo de manera similar a como lo hace ante el estrés crónico. Según PsychCentral, esto puede dejar al cerebro en un modo de supervivencia a largo plazo con efectos como:

  • Liberación de hormonas de lucha o huida.
  • Aumento de la frecuencia cardíaca.
  • Mayor flujo sanguíneo hacia las partes del cerebro relacionadas con las emociones y el miedo, en lugar de las regiones de pensamiento superior.

A medida que el duelo avanza y el cerebro recuerda continuamente al ser querido, la respuesta de estrés se desencadena una y otra vez. Esto construye fuertes vías neuronales para los sentimientos de estrés crónico. A medida que estas vías se fortalecen con el tiempo, el duelo puede causar dificultades en áreas como:

  • Atención
  • Memoria
  • Capacidad para tomar decisiones
  • Capacidad para expresarse con palabras
  • Velocidad de procesamiento de la información
  • Funciones cognitivas que dependen del movimiento y la percepción de profundidad

Impacto Fisiológico del Duelo

La pérdida de un ser querido no solo afecta la mente, sino que tiene repercusiones fisiológicas significativas. La investigación ha documentado varios cambios en el cuerpo, especialmente en los primeros meses después de la pérdida.

Respuesta Neuroendocrina: El Rol del Cortisol

La respuesta neuroendocrina durante el duelo temprano ha sido evaluada en varios estudios. Se ha observado que los niveles de cortisol en sangre, a menudo considerada la hormona del estrés, están significativamente elevados en el período temprano del duelo. Esta elevación se ha documentado incluso 10 u 11 días después de una pérdida inesperada y parece persistir durante al menos los primeros 6 meses. En algunos casos, la elevación del cortisol puede volverse crónica, observándose niveles más altos años después de la pérdida parental en la infancia, asociados inversamente con la calidad de vida.

El hipercortisolismo en el duelo podría explicar por qué algunos grupos, particularmente los ancianos, tienen un mayor riesgo para la salud. En adultos mayores en duelo, se ha observado una relación cortisol:DHEAS (sulfato de dehidroepiandrosterona) elevada. Dado que la producción de DHEAS (un potenciador inmune) disminuye naturalmente con la edad, una elevación del cortisol en este grupo tiene un mayor potencial para alterar la función inmune.

Alteraciones del Sueño

La evidencia de trastornos del sueño en el duelo proviene de estudios comunitarios, cuestionarios de autoinforme y mediciones objetivas mediante electroencefalografía (EEG). Estudios han reportado un mayor riesgo de trastornos del sueño y uso de medicamentos hipnóticos en personas en duelo. La calidad y eficiencia del sueño a menudo disminuyen, y esto se asocia con mayores niveles de depresión.

Estudios con EEG en personas mayores en duelo, especialmente aquellas con síntomas depresivos, han mostrado menor eficiencia del sueño, más despertares tempranos, menor latencia REM y mayor porcentaje de sueño REM. El arousal cognitivo, es decir, los pensamientos intrusivos y los comportamientos de evitación relacionados con el duelo, se han asociado con mayor latencia del sueño y menor cantidad de sueño profundo.

Los patrones de sueño alterados son una característica prominente del duelo, al igual que de la depresión. La reducción del tiempo de sueño, posiblemente debido a la activación del eje hipotálamo-pituitaria-adrenal (HPA), puede exacerbar los síntomas depresivos. Si bien para la mayoría de los duelos no complicados el sueño vuelve a la normalidad, en el duelo complicado, los trastornos del sueño pueden ser persistentes y debilitantes, considerándose un objetivo terapéutico importante.

Cambios Inmunes e Inflamatorios

La función inmune es una de las áreas más estudiadas en relación con el duelo. Se ha informado una reducción en las respuestas de los linfocitos T y en la actividad de las células Natural Killer (NK), que son importantes para la defensa contra tumores e infecciones virales. Estas alteraciones no son necesariamente inmediatas, sino que pueden aparecer semanas o meses después de la pérdida.

Más recientemente, la evidencia sugiere que los neutrófilos (células inflamatorias no específicas) pueden aumentar en número en las primeras semanas del duelo, aunque su función podría disminuir en personas mayores. Un recuento más alto de neutrófilos se ha asociado con el tabaquismo en personas en duelo, destacando la interacción entre comportamientos de salud y respuesta fisiológica. La inflamación juega un papel significativo en la aterosclerosis, y los marcadores inflamatorios se correlacionan con la mortalidad cardiovascular. Un duelo no resuelto a largo plazo podría ser un factor de riesgo para una respuesta inmune alterada.

Respuestas Hemodinámicas: Frecuencia Cardíaca y Presión Arterial

Se ha observado un aumento de la frecuencia cardíaca (FC) en personas en duelo, especialmente en el período agudo. Este aumento se ha asociado con mayores niveles de ansiedad y cortisol, sugiriendo que está mediado por la activación del eje HPA. Una FC elevada es un contribuyente significativo al riesgo para la salud en el duelo temprano, ya que se ha relacionado con un mayor riesgo cardiovascular y mortalidad, así como con la ruptura de placa coronaria.

La presión arterial (PA) también puede verse afectada. Los síntomas de duelo traumático se han asociado con una PA más alta meses después de la pérdida. La PA sistólica en clínica puede ser más elevada en personas en duelo en comparación con grupos control. A largo plazo, la PA elevada se ha reportado en familiares de soldados fallecidos, aunque tiende a resolverse con el tiempo. Datos más recientes sugieren que una carga de PA (porcentaje del día con PA por encima de 140 mm Hg) es significativamente mayor en personas en duelo en las primeras semanas y meses. Estos cambios hemodinámicos, aunque pequeños, pueden aumentar el riesgo, especialmente en personas mayores o con enfermedad cardiovascular preexistente.

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Generally, the brain reacts to grief in similar ways as it reacts to chronic stress. According to PsychCentral, this can leave your brain in a long-term survival mode with effects of: Released fight-or-flight hormones. Increase in heart rate.

Activación Plaquetaria y Factores de Coagulación

En las primeras semanas del duelo, se han observado niveles elevados del factor de Von Willebrand (vWF) circulante y una mayor activación plaquetaria. Ambos cambios tienden a resolverse después de unos 6 meses. El vWF es una molécula reguladora de la hemostasia involucrada en la agregación plaquetaria y ha sido asociado con estrés postraumático y depresión clínica, además de ser un factor de riesgo independiente para el infarto de miocardio.

La activación plaquetaria juega un papel importante en la trombosis. La mayoría de las oclusiones coronarias agudas ocurren como resultado de la ruptura de una placa aterosclerótica inestable y la formación de un trombo superpuesto. Por lo tanto, la activación plaquetaria en el duelo temprano podría contribuir al aumento del riesgo cardiovascular, especialmente en aquellos con factores de riesgo preexistentes.

Riesgos para la Salud Asociados al Duelo

El aumento del riesgo para la salud en el duelo está bien documentado. Estudios han reportado un aumento de la tasa de mortalidad en los primeros meses después de la pérdida, especialmente en viudos. Este riesgo elevado se extiende a diversas causas, incluyendo enfermedades cardiovasculares, cáncer y accidentes. El riesgo puede persistir durante varios años, particularmente en cónyuges sobrevivientes, con un aumento general en la incidencia de morbilidad, notablemente en trastornos de salud mental y del sistema circulatorio.

Aunque se han propuesto explicaciones alternativas (como estilos de vida compartidos), el aumento del riesgo persiste después de ajustar por diversos factores, lo que sugiere que gran parte de este riesgo adicional proviene del impacto de las reacciones psicológicas del duelo, en conjunto con las respuestas fisiológicas. Esto convierte las primeras fases del duelo en un período vulnerable.

Intervenciones y Apoyo

Aunque la investigación sobre el impacto de las intervenciones en los correlatos fisiológicos del duelo es limitada, algunos estudios han explorado sus efectos.

Las intervenciones específicamente diseñadas para reducir la respuesta de cortisol en el duelo son escasas. Sin embargo, un ensayo controlado que examinó el efecto de grupos de apoyo en la respuesta inmune reportó niveles significativamente más bajos de cortisol plasmático en el grupo de intervención.

Para los trastornos del sueño, especialmente en el duelo complicado, se han explorado enfoques farmacológicos y no farmacológicos. Una intervención de Terapia para el Duelo Complicado (CGT) de 16 semanas mostró un potencial modesto para mejorar el sueño en individuos con duelo intenso, aunque los problemas clínicamente significativos persistieron. La terapia cognitivo-conductual para el insomnio (TCC-I) ha mostrado mejoras en medidas de sueño autoinformadas y síntomas depresivos, aunque la evidencia objetiva (actigrafía) fue limitada en un estudio pequeño.

El uso del antidepresivo tricíclico nortriptilina parece mejorar la calidad del sueño en ancianos en duelo con depresión, con mejoras en las mediciones de EEG del sueño y la eficiencia del sueño. Sin embargo, la discontinuación del tratamiento pareció resultar en la pérdida de parte del efecto en las mediciones de EEG, aunque la calidad del sueño autoinformada mejoró con la remisión clínica sostenida.

En cuanto a la función inmune, la evidencia sobre el efecto de las intervenciones es mixta. Algunos estudios no han encontrado un efecto significativo del asesoramiento grupal o las sesiones de relajación en medidas inmunes en poblaciones generales en duelo. Sin embargo, en individuos infectados por VIH, grupos de apoyo han mostrado potenciales beneficios inmunológicos y clínicos, como la reducción de cortisol, menos visitas médicas y un recuento estable de células CD4+.

Es crucial reconocer que, si bien el duelo es un proceso natural, los síntomas graves o persistentes que afecten la vida diaria justifican buscar ayuda profesional. Hablar con un médico o un profesional de la salud mental es importante. Existen recursos de apoyo y grupos de duelo disponibles en muchas comunidades.

Preguntas Frecuentes

¿Qué hormonas se liberan durante el duelo?
Durante el duelo, se produce una activación neuroendocrina significativa. Se liberan hormonas del estrés, como el cortisol, que se elevan, especialmente en las primeras etapas. También se mencionan hormonas como la dopamina y la oxitocina intentando motivar al organismo a "buscar" al ser querido, aunque esta es una interpretación basada en estudios con animales sobre la biología del apego.

¿Cuánto dura el "cerebro en duelo"?
No hay una línea de tiempo específica para el duelo ni para los efectos del "cerebro en duelo". Algunos cambios fisiológicos, como la elevación del cortisol o las alteraciones hemodinámicas, pueden ser más prominentes en los primeros 6 meses. Sin embargo, las dificultades cognitivas y emocionales pueden persistir, variando enormemente entre individuos. En el caso del duelo complicado, los síntomas pueden ser más prolongados y requerir intervención.

¿Es normal sentir confusión o problemas de memoria durante el duelo?
Sí, es muy común y se describe como parte del fenómeno del "cerebro en duelo". Estos síntomas están relacionados con la respuesta del cerebro al estrés crónico asociado a la pérdida, afectando áreas como la atención, la memoria y la toma de decisiones.

¿El duelo puede afectar la salud física a largo plazo?
La investigación sugiere que el duelo, especialmente en sus primeras etapas, está asociado con un mayor riesgo de morbilidad y mortalidad, particularmente por enfermedades cardiovasculares y trastornos de salud mental. Algunos cambios fisiológicos, como la elevación crónica del cortisol o las alteraciones inmunes, podrían contribuir a riesgos de salud a largo plazo en algunos individuos, especialmente si el duelo se vuelve complicado.

¿Las intervenciones pueden ayudar con los efectos fisiológicos del duelo?
La evidencia es limitada, pero algunos estudios sugieren que los grupos de apoyo pueden tener un impacto positivo en los niveles de cortisol. Las terapias dirigidas al duelo complicado o la depresión relacionada con el duelo han mostrado cierto potencial para mejorar los trastornos del sueño. Sin embargo, se necesita más investigación controlada para determinar la eficacia general de las intervenciones en los correlatos fisiológicos del duelo.

Comprender el profundo impacto del duelo en nuestro cerebro y cuerpo es un paso crucial para validar la intensidad de esta experiencia y buscar el apoyo necesario cuando los síntomas son abrumadores. El duelo no es solo una emoción; es un proceso complejo que redefine nuestra biología y nuestra forma de interactuar con el mundo.

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Jesús Porta Etessam

Soy licenciado en Medicina y Cirugía y Doctor en Neurociencias por la Universidad Complutense de Madrid. Me formé como especialista en Neurología realizando la residencia en el Hospital 12 de Octubre bajo la dirección de Alberto Portera y Alfonso Vallejo, donde también ejercí como adjunto durante seis años y fui tutor de residentes. Durante mi formación, realicé una rotación electiva en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center.Posteriormente, fui Jefe de Sección en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid y actualmente soy jefe de servicio de Neurología en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz. Tengo el honor de ser presidente de la Sociedad Española de Neurología, además de haber ocupado la vicepresidencia del Consejo Español del Cerebro y de ser Fellow de la European Academy of Neurology.A lo largo de mi trayectoria, he formado parte de la junta directiva de la Sociedad Española de Neurología como vocal de comunicación, relaciones internacionales, director de cultura y vicepresidente de relaciones institucionales. También dirigí la Fundación del Cerebro.Impulsé la creación del grupo de neurooftalmología de la SEN y he formado parte de las juntas de los grupos de cefalea y neurooftalmología. Además, he sido profesor de Neurología en la Universidad Complutense de Madrid durante más de 16 años.

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