How music affects the brain speech?

Música y Cerebro: Conexión Social y Terapia

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La música es una parte omnipresente de la experiencia humana, capaz de evocar emociones profundas, unir a las personas y, según la neurociencia, ejercer un impacto significativo en la estructura y función de nuestro cerebro. Desde las melodías que nos acompañan en momentos de soledad hasta las canciones compartidas en comunidad, la música interactúa con complejos sistemas neuronales, influenciando desde nuestra química cerebral social hasta nuestra capacidad de recuperarnos de lesiones.

En el contexto de la reciente pandemia de coronavirus (COVID-19), donde el aislamiento social se convirtió en una realidad para muchos, las adaptaciones rápidas en comportamientos como el canto grupal y la creación musical virtual o distanciada no solo ofrecieron una solución creativa a la soledad, sino que también subrayaron la profunda importancia de la dimensión social y neurocientífica de la música. Este resurgimiento de la música como herramienta de conexión puso de manifiesto la necesidad de comprender mejor cómo nuestras interacciones musicales colectivas afectan nuestro cerebro y, en particular, nuestra capacidad de vincularnos con otros.

What is the social neuroscience of music?
They propose a model of the social neuroscience of music production premised on the view that group singing leads to increased levels of oxytocin (a neuropeptide associated with empathy and social bonding), citing data of Schladt et al. (2017) and Keeler et al.
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La Neurociencia Social de la Música: Uniendo a Través del Sonido

La neurociencia social de la música es un campo emergente que investiga cómo la experiencia musical compartida, especialmente en formatos grupales como el canto, impacta en nuestros cerebros sociales y nuestra capacidad de formar lazos. Greenberg et al. (2021) propusieron un modelo interesante centrado en la producción musical grupal, sugiriendo que actividades como el canto colectivo podrían conducir a un aumento en los niveles de oxitocina. Esta neurohormona es ampliamente reconocida por su papel crucial en la promoción de la empatía, la confianza y el vínculo social. La hipótesis es que el acto sincronizado de cantar juntos, respirar al unísono y compartir una experiencia estética y emocional podría activar vías neuronales que liberan oxitocina, fortaleciendo así las conexiones entre los participantes.

Para respaldar esta idea, los autores del modelo hicieron referencia a estudios previos, como los de Schladt et al. (2017) y Keeler et al. (2015). Sin embargo, un análisis más detallado de estas referencias revela ciertas complejidades y discrepancias. Un comentario posterior sobre el modelo de Greenberg et al. señaló que el estudio de Schladt et al. en realidad reportó una disminución, no un aumento, en los niveles de oxitocina después del canto grupal. Esta observación es crucial, ya que pone en tela de juicio una de las premisas fundamentales del modelo propuesto respecto al papel de la oxitocina. Además, la referencia al trabajo de Keeler et al. (2015) se consideró solo parcialmente precisa, y se argumentó que se ignoró evidencia que contradecía la premisa de la oxitocina como mediador principal del efecto social del canto grupal.

La crítica no se limita a la oxitocina. El modelo de Greenberg et al. también incluyó al cortisol, una hormona asociada con el estrés, como otro componente primario. Sin embargo, se señaló que las afirmaciones relacionadas con el canal del cortisol en el modelo presentaban una imprecisión similar a la observada con la oxitocina. A pesar de estas críticas específicas a las bases biológicas del modelo propuesto, es fundamental reconocer y aplaudir el esfuerzo de Greenberg et al. por dirigir la atención tanto a la neurociencia social de la música como al valor intrínseco del canto grupal, especialmente en tiempos de aislamiento. La recomendación principal del comentario fue moderar las afirmaciones contundentes asociadas con los canales de oxitocina y cortisol dentro del modelo, sugiriendo la necesidad de más investigación para dilucidar los mecanismos neuroquímicos exactos que subyacen a los efectos sociales de la música grupal. Aunque los biomarcadores específicos pueden ser objeto de debate, el impacto social positivo del canto y la música compartida sigue siendo innegable.

Música, Cerebro y Recuperación: Un Camino Hacia la Sanación

Más allá de su papel en la conexión social, la música posee una capacidad notable para influir directamente en la función cerebral, particularmente en el contexto de la rehabilitación. Numerosos estudios y aplicaciones clínicas han demostrado que la música puede ser una herramienta poderosa para ayudar a las personas a recuperar funciones neurológicas perdidas o dañadas. Uno de los mecanismos clave por los cuales la música ejerce este efecto terapéutico reside en su habilidad para bypassear áreas cerebrales lesionadas.

What is the social neuroscience of music?
They propose a model of the social neuroscience of music production premised on the view that group singing leads to increased levels of oxytocin (a neuropeptide associated with empathy and social bonding), citing data of Schladt et al. (2017) and Keeler et al.

Cuando una lesión cerebral, como un accidente cerebrovascular o un traumatismo, daña las vías neuronales responsables del movimiento o el habla, la música puede activar rutas alternativas en el cerebro. Al involucrar múltiples áreas cerebrales simultáneamente (auditiva, motora, emocional, cognitiva), la música puede estimular la plasticidad cerebral, es decir, la capacidad del cerebro para reorganizarse y formar nuevas conexiones neuronales. De esta manera, la música no solo ayuda a compensar las funciones perdidas, sino que potencialmente cambia la estructura misma del cerebro, ofreciendo nuevas oportunidades para la recuperación.

La aplicación práctica de este principio se ve claramente en la terapia musical. Se utilizan técnicas específicas, como la entonación melódica (Melodic Intonation Therapy - MIT), para ayudar a personas con afasia (dificultad para hablar después de una lesión cerebral) a recuperar el habla. Al cantar frases en lugar de decirlas, se activan áreas del hemisferio derecho (a menudo menos afectado en ciertos tipos de afasia) que pueden ayudar a rehabilitar las funciones del lenguaje en el hemisferio izquierdo. De manera similar, la música rítmica puede utilizarse para mejorar la marcha y el movimiento en pacientes con trastornos neurológicos. El ritmo musical proporciona señales externas que el cerebro puede utilizar para sincronizar y coordinar los movimientos, ayudando a superar las dificultades motoras causadas por el daño cerebral.

Además de sus efectos en la rehabilitación del movimiento y el habla, la terapia musical también ha demostrado ser eficaz en la regularización de funciones fisiológicas básicas. Diversos estudios han observado que escuchar o participar en actividades musicales puede ayudar a regularizar la frecuencia cardíaca y la frecuencia respiratoria. Este efecto se atribuye a la conexión entre los sistemas auditivo, límbico (emociones) y autonómico (control de funciones involuntarias como el ritmo cardíaco y la respiración) en el cerebro. La música, al inducir estados de calma o activar respuestas emocionales específicas, puede influir en la actividad del sistema nervioso autónomo, promoviendo un estado de equilibrio fisiológico.

Preguntas Frecuentes sobre Música y Neurociencia

¿Qué es exactamente la neurociencia social de la música?
Es el estudio de cómo la música, especialmente en contextos grupales y sociales, afecta nuestro cerebro y nuestras interacciones sociales, incluyendo la formación de vínculos y la empatía.
¿Puede el canto grupal realmente cambiar mi química cerebral?
Existe la hipótesis de que actividades como el canto grupal pueden influir en neuroquímicos como la oxitocina y el cortisol, aunque la investigación sobre los mecanismos exactos y los efectos específicos aún está evolucionando y algunos hallazgos son objeto de debate científico.
¿Cómo ayuda la música a las personas que han tenido un accidente cerebrovascular?
La música puede ayudar a recuperar el movimiento y el habla al activar vías neuronales alternativas en el cerebro, 'bypasseando' las áreas dañadas y promoviendo la plasticidad cerebral.
¿La música terapia es lo mismo que escuchar música?
No exactamente. La terapia musical es una disciplina clínica que utiliza intervenciones musicales basadas en la evidencia para abordar objetivos terapéuticos individualizados (como mejorar el habla o el movimiento) dentro de una relación terapéutica profesional. Escuchar música puede tener beneficios generales para el bienestar, pero la terapia musical es un proceso estructurado y dirigido por un terapeuta cualificado.
¿La música puede realmente cambiar la estructura del cerebro?
Sí, la investigación sugiere que la participación musical activa, especialmente a largo plazo o en contextos terapéuticos, puede inducir cambios en la estructura física del cerebro, un fenómeno conocido como plasticidad cerebral.

Conclusión

La música es mucho más que entretenimiento; es una fuerza poderosa con profundas implicaciones neurocientíficas. Ya sea fortaleciendo nuestras conexiones sociales a través de experiencias compartidas como el canto grupal o sirviendo como una herramienta vital en la rehabilitación neurológica para recuperar funciones como el habla y el movimiento, la música interactúa con nuestro cerebro de maneras complejas y fascinantes. Aunque la investigación en campos como la neurociencia social de la música continúa refinando nuestra comprensión de los mecanismos exactos, el valor de la música para el bienestar humano, tanto a nivel social como individual, es innegable. Su capacidad para influir en nuestra neuroquímica, promover la plasticidad cerebral y regular funciones fisiológicas la posiciona como un elemento clave en la salud cerebral y la conexión humana.

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Jesús Porta Etessam

Soy licenciado en Medicina y Cirugía y Doctor en Neurociencias por la Universidad Complutense de Madrid. Me formé como especialista en Neurología realizando la residencia en el Hospital 12 de Octubre bajo la dirección de Alberto Portera y Alfonso Vallejo, donde también ejercí como adjunto durante seis años y fui tutor de residentes. Durante mi formación, realicé una rotación electiva en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center.Posteriormente, fui Jefe de Sección en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid y actualmente soy jefe de servicio de Neurología en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz. Tengo el honor de ser presidente de la Sociedad Española de Neurología, además de haber ocupado la vicepresidencia del Consejo Español del Cerebro y de ser Fellow de la European Academy of Neurology.A lo largo de mi trayectoria, he formado parte de la junta directiva de la Sociedad Española de Neurología como vocal de comunicación, relaciones internacionales, director de cultura y vicepresidente de relaciones institucionales. También dirigí la Fundación del Cerebro.Impulsé la creación del grupo de neurooftalmología de la SEN y he formado parte de las juntas de los grupos de cefalea y neurooftalmología. Además, he sido profesor de Neurología en la Universidad Complutense de Madrid durante más de 16 años.

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