What brain regions are involved in social cognition?

Neurociencia Cognitiva y Trastorno Alcohol

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El Trastorno por Consumo de Alcohol (TCA) es una condición compleja y persistente que afecta a millones de personas en todo el mundo. Aunque se han desarrollado tratamientos conductuales y farmacológicos efectivos en las últimas décadas, sus tasas de éxito aún son limitadas, con un porcentaje significativo de pacientes que no responden o recaen. Mejorar la eficacia de los tratamientos requiere una comprensión profunda de cómo y por qué funcionan, es decir, de los mecanismos subyacentes al cambio de comportamiento. Tradicionalmente, la investigación se ha centrado en enfoques clínicos y psicosociales, pero estos han tenido un progreso limitado en la identificación de mecanismos claros y accionables. Aquí es donde la neurociencia cognitiva emerge como una disciplina prometedora, ofreciendo herramientas y perspectivas para desentrañar los procesos cerebrales que mantienen el TCA y cómo los tratamientos interactúan con estos sistemas neuronales para facilitar la recuperación.

Does Western have a neuroscience program?
The graduate program in Neuroscience at Western University, offers students the opportunity to pursue graduate studies in the interdisciplinary field of Neuroscience. Western's program is unique within the province of Ontario in that it enables students to obtain an MSc or PhD specifically in Neuroscience.

La neurociencia cognitiva es una rama de la neurociencia que estudia las bases biológicas de la cognición, es decir, los procesos cerebrales que subyacen a funciones mentales complejas como la memoria, la atención, el lenguaje, la emoción y la toma de decisiones. Su aplicación al estudio del TCA permite examinar cómo las alteraciones en sistemas neuronales específicos contribuyen a los síntomas de la adicción, como el deseo compulsivo (craving) y la dificultad para controlar el consumo, y cómo los tratamientos pueden modificar la actividad o la conectividad de estos sistemas para promover la abstinencia o el consumo moderado. Este enfoque no reemplaza las perspectivas clínicas o psicológicas, sino que busca integrarlas, ofreciendo una comprensión multinivel del TCA y su tratamiento.

Índice de Contenido

El Enfoque Neurocientífico Cognitivo: Un Puente Hacia los Mecanismos

La relevancia de la neurociencia cognitiva en el estudio de los mecanismos del TCA radica en varios puntos clave. Primero, los procesos patofisiológicos que sustentan el TCA, como el deseo, la abstinencia y la recaída, se entienden cada vez más en términos del funcionamiento de sistemas neuronales específicos. Por lo tanto, cualquier tratamiento psicosocial que sea efectivo para cambiar el comportamiento debe, en algún nivel, interactuar con estos procesos y, consecuentemente, influir en estos mismos sistemas neuronales. Identificar los sistemas neuronales implicados en el cambio de comportamiento puede ayudar a refinar los tratamientos existentes y desarrollar otros más efectivos.

Además, comprender los mecanismos a nivel neural puede facilitar la integración más efectiva de los tratamientos conductuales con las medicaciones, un objetivo que ha resultado difícil de alcanzar utilizando enfoques puramente clínicos. También, la medición del funcionamiento de los sistemas cerebrales implicados en el cambio de comportamiento, posiblemente combinada con biomarcadores genéticos, podría usarse para identificar a los pacientes con mayor probabilidad de responder a un tratamiento particular, otro objetivo que ha sido esquivo con los métodos tradicionales.

Las metodologías de la neurociencia cognitiva, como la resonancia magnética estructural y funcional (RMf), permiten el estudio no invasivo del funcionamiento neural en humanos, lo cual es crucial para la investigación traslacional orientada al paciente. A un nivel práctico, los constructos abordados por la neurociencia cognitiva (atención, memoria, toma de decisiones, control cognitivo) están más cerca de la fenomenología clínica del TCA y de los constructos psicológicos utilizados hasta ahora para explicar los mecanismos de cambio de comportamiento. Esto facilita la conexión entre la investigación básica y la aplicación clínica.

Es importante destacar que el nivel de comprensión neural no es inherentemente más válido o 'verdadero' que otros niveles de análisis (social, interpersonal, conductual, cognitivo). Sin embargo, un marco que integre múltiples niveles de análisis, incluyendo el neural, proporcionará en última instancia la comprensión más útil y clínicamente relevante del cambio de comportamiento en el TCA. Este enfoque multinivel está alineado con la dirección general de la investigación en salud mental.

Modelos Neurocognitivos de la Patofisiología del Trastorno por Consumo de Alcohol

Gracias al desarrollo de modelos animales altamente válidos y a la aplicación de métodos invasivos para medir y manipular la función neural, junto con una gran cantidad de estudios de neuroimagen en humanos, se tiene un conocimiento considerable sobre la patofisiología del TCA. El consenso que emerge de esta extensa investigación es que el alcohol desencadena una sensibilización inducida por dopamina dentro de los sistemas neuronales de incentivo, particularmente el estriado ventral. Estos sistemas normalmente motivan y guían la búsqueda de recompensas naturales, pero después de ser sensibilizados por el alcohol, pasan a motivar y guiar la búsqueda de la sustancia.

Paralelamente, numerosos estudios de RMf han revelado que la exposición a señales relacionadas con el alcohol (olores, imágenes, sonidos) activa consistentemente el estriado ventral en pacientes con TCA. Un metaanálisis reciente confirmó que esta activación del estriado ventral es la más consistentemente relacionada con las medidas conductuales y de autorreporte de búsqueda de alcohol, como el deseo (craving), y que el tratamiento consistentemente reduce esta actividad. Además del estriado ventral, las señales de alcohol también activan regiones corticales implicadas en la toma de decisiones, el control cognitivo y la experiencia emocional, como la corteza prefrontal ventromedial, la corteza cingulada anterior y la ínsula.

Investigaciones más recientes han examinado el papel de los sistemas de la corteza prefrontal en funciones inhibitorias, de control cognitivo y de toma de decisiones que moderan o dan forma a la motivación de búsqueda de alcohol en función de metas a largo plazo y la evitación de consecuencias negativas. Se ha demostrado que el TCA está asociado con anormalidades estructurales y funcionales en la corteza prefrontal, así como con deficiencias neuropsicológicas en diversas funciones ejecutivas mediadas por esta región. Por ejemplo, los pacientes con TCA muestran déficits en tareas conductuales que requieren renunciar a recompensas a corto plazo y ciertas para evitar consecuencias negativas a largo plazo e inciertas, decisiones que se asemejan a la elección entre la abstinencia y la recaída.

Los estudios de RMf también han relacionado la disfunción en la corteza prefrontal dorsolateral con el control inhibitorio deteriorado en el TCA. Además, se ha observado que los pacientes con TCA tienen menos capacidad para reducir el deseo inducido por señales pensando en las consecuencias negativas a largo plazo del consumo, una función de regulación cognitiva que depende de la interacción funcional entre la corteza prefrontal dorsolateral y el estriado ventral.

En conjunto, este trabajo sugiere que el TCA se mantiene por la interacción de dos adaptaciones neurales que surgen como resultado del consumo crónico de alcohol:

  1. La sensibilización inducida por dopamina del estriado ventral a las señales de alcohol, lo que lleva a una reactividad emocional y conductual mejorada a estos estímulos.
  2. Deficiencias en las funciones de control cognitivo prefrontal, lo que lleva a una incapacidad para regular la hiperreactividad emocional y conductual a las señales de alcohol impulsada por un estriado ventral sensibilizado.

Estas adaptaciones neurales dificultan que los pacientes con TCA controlen el consumo frente a las consecuencias negativas, un sello distintivo de la condición. Si este modelo es correcto, los tratamientos efectivos para el TCA deberían, o bien disminuir directamente la reactividad del estriado ventral a las señales de alcohol, o bien mejorar la capacidad de la corteza prefrontal para regular la reactividad del estriado ventral de acuerdo con metas y consecuencias a largo plazo.

Predictores Neurocognitivos de Recaída y Abstinencia

Identificar medidas neurales que predicen la recaída o la abstinencia puede ofrecer pistas sobre los mecanismos del cambio de comportamiento. Varios estudios han examinado esta cuestión utilizando neuroimagen estructural y funcional.

Estudios de volumen cerebral han encontrado que un menor volumen en regiones como la amígdala, la corteza orbitofrontal y la materia gris en regiones prefrontales mediales (incluida la corteza cingulada anterior) se asocia con una mayor probabilidad de recaída o un tiempo más corto hasta la recaída. Sin embargo, no siempre está claro si la reducción de volumen representa una pérdida de función (que aumentaría el riesgo de recaída en sistemas de control) o una ganancia de función (que aumentaría el riesgo en sistemas de incentivo).

Los estudios de RMf que examinan la actividad neural bajo diversas condiciones también han mostrado resultados interesantes. La actividad en regiones como la corteza prefrontal ventromedial y la corteza cingulada anterior durante la imaginería neutral, o la actividad en el putamen y la corteza cingulada anterior durante la exposición a señales de alcohol, han predicho la recaída. Por otro lado, la actividad en el tálamo y el estriado ventral elicitada por imágenes emocionales positivas predijo la abstinencia.

Más recientemente, se ha investigado la conectividad en estado de reposo entre diferentes regiones cerebrales. Se ha encontrado que una menor conectividad entre las regiones de 'recompensa' y 'control ejecutivo' durante la abstinencia temprana predice la recaída. Esta conectividad también se correlacionó negativamente con un pobre control inhibitorio.

Si bien estos estudios apuntan a sistemas neuronales que promueven la abstinencia una vez iniciada, no siempre son generalizables para comprender los mecanismos por los cuales los pacientes que aún beben reducen su consumo. Además, la participación de los pacientes en tratamientos informales durante el seguimiento no siempre se controla, lo que dificulta saber si la actividad neural predice capacidades intrínsecas de abstinencia o la capacidad de responder a dichos tratamientos. Se necesitan estudios que examinen el funcionamiento neural antes y después de completar un tratamiento formal para comprender mejor los mecanismos de cambio de comportamiento inducido por el tratamiento.

Mecanismos Neurocognitivos de Tratamientos Existentes

Un área clave de investigación es examinar cómo los tratamientos conductuales existentes y basados en la evidencia cambian el comportamiento a nivel neurocognitivo. Aunque es un campo joven, algunos estudios iniciales han proporcionado información valiosa.

La Terapia de Exposición a Señales (TES) busca reducir la reactividad alcohólica condicionada. Un estudio de RMf encontró que los pacientes que recibieron TES mostraron una mayor reducción en la actividad del estriado ventral y dorsal, la corteza cingulada anterior y varias regiones prefrontales en respuesta a señales de alcohol, en comparación con un grupo de control. Esto es consistente con una reducción en los efectos interoceptivos gratificantes del alcohol como resultado de la TES.

La Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) a menudo se dirige a mejorar las habilidades de afrontamiento y el control cognitivo general. Un estudio examinó los cambios en la actividad neural relacionada con una tarea de control cognitivo (tarea Stroop) en pacientes con trastornos por uso de sustancias (incluido el TCA) que recibieron TCC computarizada. Los pacientes que recibieron TCC mejoraron su rendimiento en la tarea Stroop y mostraron una disminución de la actividad relacionada con la tarea en la corteza cingulada anterior (CCA), el giro frontal inferior y el mesencéfalo. Esto sugiere que la TCC puede mejorar las funciones generales de control cognitivo, aunque no se examinó si estos cambios afectaron funciones de control cognitivo específicas del alcohol.

La Entrevista Motivacional (EM) utiliza técnicas lingüísticas para fomentar el 'lenguaje de cambio'. Un estudio de RMf comparó las respuestas neurales a señales de alcohol durante la exposición a 'lenguaje de cambio' versus 'lenguaje de contracambio'. Encontraron que la exposición a señales de alcohol mientras se escuchaba lenguaje de contracambio activaba el estriado ventral, la corteza orbitofrontal y la ínsula, regiones implicadas en la representación del valor de incentivo. Ninguna de estas áreas mostró actividad durante el lenguaje de cambio, lo que sugiere que el lenguaje de cambio podría disminuir la representación neural del valor de incentivo de las señales de alcohol.

Estos estudios son pasos iniciales importantes, pero tienen limitaciones. Por ejemplo, pocos han informado sobre los resultados de consumo después de la intervención, lo que dificulta inferir si los cambios neurales impulsan el cambio de comportamiento. Además, los grupos de control a menudo no eran tratamientos efectivos en sí mismos, lo que hace difícil aislar el mecanismo específico estudiado. Es necesario un enfoque 'de arriba hacia abajo' que descomponga los constructos complejos de las intervenciones (como habilidades de afrontamiento) en funciones neurocognitivas específicas (como control inhibitorio, regulación emocional) y examine cómo los tratamientos afectan estas funciones a nivel neural.

Tratamientos Novedosos Derivados de la Neurociencia Cognitiva

Un enfoque alternativo para comprender los mecanismos del cambio de comportamiento es construir intervenciones novedosas basadas directamente en nuestra comprensión actual de los mecanismos neurocognitivos del TCA. Dado que el TCA se asocia con deficiencias en funciones ejecutivas que requieren la regulación de procesos automáticos y relacionados con la recompensa por parte de regiones prefrontales (memoria de trabajo, control inhibitorio, aprendizaje de recompensa), las intervenciones dirigidas a remediar estas deficiencias deberían conducir a reducciones en el consumo de alcohol.

Por ejemplo, estudios han investigado el entrenamiento de la memoria de trabajo en bebedores empedernidos no buscadores de tratamiento. El entrenamiento de la memoria de trabajo mejoró la función de memoria de trabajo y, significativamente, redujo el número de bebidas consumidas por semana. Los cambios en la capacidad de memoria de trabajo mediaron los efectos del entrenamiento en la reducción del consumo, sugiriendo que el entrenamiento redujo el consumo al aumentar el control sobre el procesamiento automático relacionado con el alcohol.

Otro enfoque es la modificación del sesgo cognitivo (MSC), que busca alterar las asociaciones automáticas con el alcohol. En una tarea, los participantes aprendieron a hacer respuestas de 'ir' a señales no relacionadas con el alcohol y 'no ir' a señales relacionadas con el alcohol. Este grupo redujo significativamente su consumo en la semana siguiente, mientras que un grupo que hizo lo contrario aumentó su consumo. Esto sugiere que el control inhibitorio y el aprendizaje de recompensa pueden jugar un papel en el cambio de comportamiento.

Un estudio más amplio de MSC en pacientes con TCA antes de la rehabilitación residencial encontró que el entrenamiento para alejar un joystick (un movimiento de evitación) de las señales de alcohol se asoció con una menor probabilidad de recaída un año después. Esto proporciona evidencia circunstancial de que estas formas implícitas de reevaluación del valor del alcohol pueden afectar el cambio de comportamiento.

Estos estudios son prometedores, pero a menudo se han realizado en poblaciones de bebedores empedernidos no buscadores de tratamiento o con tamaños de muestra pequeños. Se necesitan estudios más grandes en poblaciones clínicas de TCA para confirmar si estas intervenciones son efectivas y para comprender mejor sus mecanismos neurales específicos.

Limitaciones y Desafíos

Un tema que emerge de la investigación es la idea de que los tratamientos efectivos para el TCA sirven para aumentar la función de la corteza prefrontal y disminuir la función de los sistemas de recompensa, especialmente el estriado ventral. Dada la importancia de las interacciones funcionales entre la corteza prefrontal y el estriado ventral en diversos procesos de autorregulación, es probable que el aumento de la interacción funcional entre estas regiones sirva como un mecanismo de cambio de comportamiento crítico y compartido por varios tratamientos psicosociales efectivos. En otras palabras, la neurociencia cognitiva predice que los tratamientos efectivos aumentan la función cortical prefrontal, disminuyen la función del estriado ventral y aumentan la conectividad funcional entre ellos, especialmente durante el procesamiento de información relacionada con el alcohol.

Otro tema importante es si los mecanismos de cambio de comportamiento relacionados con el TCA son específicos del consumo de alcohol o cambios cognitivos más generales. El TCA se asocia con déficits en funciones cognitivas generales (especialmente funciones ejecutivas y de control cognitivo) y con 'ganancias de función' específicas con respecto a los efectos de incentivo y recompensa del alcohol y las señales relacionadas. Es importante comprender si una intervención cambia el comportamiento de consumo de alcohol porque influye en funciones cognitivas generales o porque influye en funciones específicas del procesamiento de información relacionada con el alcohol.

A pesar de las promesas, los enfoques de la neurociencia cognitiva tienen limitaciones. Una limitación importante de todos los estudios de neuroimagen funcional es que son esencialmente correlacionales. Mostrar que un proceso psicológico se asocia con una mayor actividad en un sistema neural no prueba por sí solo que este sistema sea críticamente necesario para el proceso. De manera similar, mostrar que la actividad neural en un sistema cerebral cambia como resultado de un tratamiento no demuestra que el tratamiento deba afectar este sistema cerebral para inducir el cambio de comportamiento. Cuando se examina la patofisiología de la enfermedad, es difícil saber si las diferencias en la estructura y función cerebral entre pacientes y controles juegan un papel causal en la patología, si son fenómenos paralelos o si preexisten al desarrollo de la enfermedad.

Direcciones Futuras y un Marco Integrador

El campo de estudio de los mecanismos de cambio de comportamiento en los tratamientos psicosociales para el TCA utilizando enfoques de neurociencia cognitiva es joven. Los estudios futuros pueden abordar algunas de las debilidades actuales integrando estos enfoques con los métodos tradicionales que ya han demostrado ser útiles para examinar los mecanismos del TCA. El primer paso es identificar procesos cognitivos, afectivos y conductuales específicos que se hipotetiza que median el cambio de comportamiento en un tratamiento dado.

El siguiente paso es operacionalizar estos procesos utilizando paradigmas relativamente simples que puedan implementarse en experimentos de neuroimagen funcional. Esto debe incluir tareas de control apropiadas. Debe haber datos preliminares que muestren qué parámetros neurales (medidas de actividad o conectividad) cambian con esta tarea en comparación con la tarea de control, y cómo esto se relaciona con las medidas conductuales. También debe haber un conjunto claro de hipótesis a priori sobre qué parámetros neurales se relacionan con el cambio de comportamiento en el tratamiento.

La población clínica debe estar bien caracterizada. Los pacientes deben ser asignados aleatoriamente a recibir el tratamiento activo o un tratamiento de control igualmente efectivo que se hipotetiza que no depende de los procesos bajo estudio. Se deben adquirir datos de neuroimagen funcional y medidas de autorreporte antes e inmediatamente después de los tratamientos. Se deben especificar medidas de resultado clínico apropiadas.

Para respaldar el papel de un sistema neural específico en el mecanismo de un tratamiento, sería necesario mostrar que:

  1. El tratamiento activo, pero no el de control, cambió el funcionamiento de este sistema neural en relación con el proceso psicológico estudiado.
  2. La relación entre el tratamiento y el resultado clínico fue estadísticamente mediada por el efecto del tratamiento en el funcionamiento de este sistema neural.
  3. Los cambios en la función neural de antes a después del tratamiento se correlacionaron con los cambios correspondientes en las medidas de autorreporte que indexan procesos psicológicos ya conocidos por mediar el cambio de comportamiento en el tratamiento.

Este enfoque ayudaría a aclarar si el sistema neural juega un papel en procesos psicológicos ya conocidos o si impacta en otros procesos aún desconocidos que impulsan el cambio de comportamiento.

Una vez que se identifica un sistema neural como implicado en el cambio de comportamiento, estudios adicionales pueden utilizar enfoques 'intervencionistas', como la estimulación magnética transcraneal, para examinar cómo la interrupción o mejora no invasiva del funcionamiento de este sistema neural impide o aumenta el cambio de comportamiento durante el tratamiento. Además, se pueden añadir medicamentos que se sabe que actúan sobre este sistema neural al tratamiento y observar el efecto en el cambio de comportamiento. También se pueden buscar pacientes con TCA que hayan sufrido daño cerebral (por ejemplo, por un accidente cerebrovascular) en el sistema neural de interés y examinar si el daño cerebral reduce la eficacia del tratamiento. Estos enfoques proporcionarían pruebas más directas del papel del sistema neural y los procesos psicológicos que media en el cambio de comportamiento, en contraposición a la evidencia correlacional de la neuroimagen funcional.

Es importante señalar que los parámetros neurales por sí solos no constituyen un mecanismo. Son medidas del funcionamiento de sistemas neurales específicos que están involucrados en procesos psicológicos que impulsan el cambio de comportamiento. De esta manera, el enfoque debe integrar múltiples niveles de análisis para llegar a una comprensión coherente y clínicamente útil de cómo los tratamientos efectivos cambian el comportamiento, una comprensión que en última instancia puede facilitar el desarrollo de tratamientos novedosos y más efectivos.

Comparación: Enfoque Tradicional vs. Neurociencia Cognitiva en Mecanismos del TCA

CaracterísticaEnfoque Tradicional (Clínico/Psicosocial)Enfoque de Neurociencia Cognitiva
Nivel de Análisis PrincipalConductual, Psicológico, Social, InterpersonalNeural (relacionado con procesos cognitivos)
Métodos TípicosCuestionarios, entrevistas, observación conductual, medidas de resultado clínicoNeuroimagen (RMf, RME), tareas conductuales/cognitivas, medidas psicofisiológicas
Focus en MecanismosConstructos psicológicos (ej. autoeficacia, habilidades de afrontamiento, motivación)Sistemas neuronales, actividad, conectividad subyacente a procesos cognitivos/afectivos
FortalezasRelevancia clínica directa, mide constructos bien establecidosProporciona información sobre las bases biológicas, potencial para identificar biomarcadores, facilita integración fármaco-conducta
LimitacionesDificultad para establecer causalidad a nivel biológico, mecanismos abstractosPrincipalmente correlacional (RMf), desafíos para aislar mecanismos causales, necesidad de operacionalizar constructos psicológicos en tareas
Objetivo FinalMejorar resultados del tratamiento entendiendo procesos psicológicosMejorar resultados del tratamiento entendiendo e interviniendo en los procesos cerebrales subyacentes

Preguntas Frecuentes

¿Qué es el Trastorno por Consumo de Alcohol desde una perspectiva cerebral?

Desde una perspectiva neurocientífica cognitiva, el TCA se entiende como una condición caracterizada por una desregulación en los circuitos cerebrales de recompensa y control. El consumo crónico sensibiliza los sistemas de incentivo (especialmente el estriado ventral), aumentando el deseo por el alcohol, mientras que debilita los sistemas de control cognitivo (en la corteza prefrontal), dificultando la capacidad de resistir el impulso de beber a pesar de las consecuencias negativas.

¿Cómo puede la neurociencia cognitiva ayudar a mejorar los tratamientos para el TCA?

La neurociencia cognitiva puede ayudar identificando los mecanismos cerebrales exactos por los cuales los tratamientos efectivos inducen el cambio de comportamiento. Esto permite refinar las terapias existentes, desarrollar nuevas intervenciones dirigidas a circuitos cerebrales específicos, e incluso predecir qué pacientes responderán mejor a un tratamiento particular basándose en medidas de su función cerebral.

¿Son permanentes los cambios cerebrales asociados con el TCA?

La evidencia sugiere que algunos cambios cerebrales asociados con el TCA, como la sensibilización del sistema de recompensa y las deficiencias en la corteza prefrontal, pueden ser persistentes. Sin embargo, la investigación también indica que la abstinencia y el tratamiento pueden llevar a una recuperación parcial o significativa de la función cerebral, especialmente en la corteza prefrontal, lo que subraya la plasticidad del cerebro y la posibilidad de recuperación.

¿Significa esto que el TCA es simplemente una enfermedad cerebral y no un problema de elección o comportamiento?

La neurociencia cognitiva no reduce el TCA a 'solo' una enfermedad cerebral. Más bien, proporciona una comprensión de las bases biológicas que subyacen a las dificultades en la toma de decisiones y el control del comportamiento. El TCA es un trastorno complejo que involucra interacciones entre factores biológicos (incluida la función cerebral), psicológicos, sociales y ambientales. El enfoque neurocientífico busca entender cómo estos factores interactúan a través de los sistemas cerebrales para influir en el comportamiento de consumo.

En conclusión, la aplicación de la neurociencia cognitiva al estudio del Trastorno por Consumo de Alcohol está transformando nuestra comprensión de esta compleja condición y sus tratamientos. Al desentrañar los mecanismos cerebrales que subyacen a la adicción y el cambio de comportamiento, este campo promete allanar el camino hacia intervenciones más dirigidas, personalizadas y, en última instancia, más efectivas para ayudar a las personas a lograr y mantener la recuperación. La integración de la neurociencia con los enfoques clínicos y psicosociales tradicionales es fundamental para construir una ciencia del tratamiento del TCA verdaderamente robusta y multinivel.

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Jesús Porta Etessam

Soy licenciado en Medicina y Cirugía y Doctor en Neurociencias por la Universidad Complutense de Madrid. Me formé como especialista en Neurología realizando la residencia en el Hospital 12 de Octubre bajo la dirección de Alberto Portera y Alfonso Vallejo, donde también ejercí como adjunto durante seis años y fui tutor de residentes. Durante mi formación, realicé una rotación electiva en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center.Posteriormente, fui Jefe de Sección en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid y actualmente soy jefe de servicio de Neurología en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz. Tengo el honor de ser presidente de la Sociedad Española de Neurología, además de haber ocupado la vicepresidencia del Consejo Español del Cerebro y de ser Fellow de la European Academy of Neurology.A lo largo de mi trayectoria, he formado parte de la junta directiva de la Sociedad Española de Neurología como vocal de comunicación, relaciones internacionales, director de cultura y vicepresidente de relaciones institucionales. También dirigí la Fundación del Cerebro.Impulsé la creación del grupo de neurooftalmología de la SEN y he formado parte de las juntas de los grupos de cefalea y neurooftalmología. Además, he sido profesor de Neurología en la Universidad Complutense de Madrid durante más de 16 años.

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