What is Beck's theory of bipolar disorder?

Neurobiología del Trastorno Bipolar

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El trastorno bipolar (TB), antes conocido como psicosis maníaco-depresiva, es una enfermedad psiquiátrica grave y crónica que afecta a un porcentaje significativo de la población mundial, estimado entre el 1% y el 4%. Se caracteriza por cambios extremos en el estado de ánimo, que oscilan entre episodios de manía o hipomanía y episodios de depresión o estados mixtos. Estos cambios a menudo vienen acompañados de un deterioro funcional considerable. Aunque la depresión es un síntoma predominante en el TB, el rasgo clínico distintivo para el diagnóstico es la presencia de episodios maníacos o hipomaníacos. Durante la manía o hipomanía, los individuos pueden experimentar euforia, grandiosidad, hiperactividad, aumento de la actividad sexual, disminución de la necesidad de dormir, comportamientos de riesgo, irritabilidad y agresión. Por el contrario, los episodios depresivos se manifiestan con anhedonia, tristeza profunda, síntomas vegetativos y retraso psicomotor. Los episodios mixtos combinan síntomas de ambas fases simultáneamente. Las consecuencias del TB pueden ser devastadoras, incluyendo un alto riesgo de ideación y intentos suicidas, y una disminución promedio de la esperanza de vida debido a comorbilidades médicas. A pesar de la disponibilidad de tratamientos farmacológicos y no farmacológicos, muchos pacientes continúan experimentando síntomas residuales, deterioro cognitivo y funcional, y una disminución en su calidad de vida. Esto subraya la necesidad crítica de profundizar en la comprensión de la neurobiología subyacente al TB para identificar nuevas dianas terapéuticas y biomarcadores que permitan una detección temprana, un mejor pronóstico y una respuesta más efectiva al tratamiento.

Se ha sugerido que el TB podría ser una condición progresiva, donde el retraso en el diagnóstico y un tratamiento inadecuado pueden resultar en episodios recurrentes, síntomas subsindrómicos persistentes, desarrollo de comorbilidades y la progresión de la enfermedad con deterioro cognitivo y funcional. Este concepto, conocido como neuroprogression, postula que el re cableado patológico del cerebro ocurre en paralelo con el deterioro clínico y funcional. Estudios han demostrado que los cambios estructurales cerebrales y los déficits cognitivos no siempre están presentes al inicio de la enfermedad, pero se vuelven más evidentes con la cronicidad y la recurrencia de los episodios. La neuroprogresión parece estar relacionada con los efectos acumulativos de la disfunción inmune, el aumento del estrés oxidativo, la alteración del soporte neurotrófico, la disfunción mitocondrial y el deterioro de la resiliencia celular. Comprender a fondo la neurobiología del TB no solo apoyaría el descubrimiento de nuevas terapias, sino que también facilitaría la identificación de biomarcadores para el diagnóstico, pronóstico y respuesta a tratamientos específicos. Los avances recientes sugieren que los cambios en la neuroplasticidad, la disfunción mitocondrial, el estrés oxidativo, la inflamación, las anormalidades del ritmo circadiano y la aceleración del envejecimiento biológico podrían estar asociados con el empeoramiento de los episodios del estado de ánimo, la refractariedad al tratamiento, el deterioro cognitivo y la discapacidad funcional. Este artículo explora los mecanismos neurobiológicos propuestos para el TB, abarcando componentes genéticos, vías de señalización, cambios bioquímicos y hallazgos de neuroimagen.

What biologically causes bipolar disorder?
While it's not known what causes bipolar disorder, these factors may be involved: Biological differences. People with bipolar disorder appear to have physical changes in their brains. The importance of these changes is still uncertain, but more research may help identify why these changes happen.
Índice de Contenido

Componentes Genéticos y Epigenéticos

La evidencia sugiere un componente genético muy fuerte en el TB, con estudios de gemelos que muestran tasas de heredabilidad tan altas como 70-80%. El riesgo de TB es significativamente mayor en los hijos de padres diagnosticados con la enfermedad. Esta agregación familiar apunta tanto a la relevancia de los genes heredados como al entorno familiar, que puede estar afectado por la psicopatología parental. La búsqueda de genes relevantes para el TB ha llevado a estudios de asociación de genoma completo (GWAS), que han identificado múltiples loci con un efecto pequeño, incluyendo aquellos que codifican canales iónicos, transportadores de neurotransmisores y componentes sinápticos. Sin embargo, ninguno de estos polimorfismos de un solo nucleótido (SNPs) presenta una alta penetrancia o un gran tamaño del efecto, lo que es consistente con el modelo multifactorial complejo que se cree subyace al TB y otros trastornos psiquiátricos. La diferencia entre la heredabilidad calculada por estudios de gemelos (70-80%) y la basada en hallazgos de genética molecular (aproximadamente 30%) sugiere un papel importante de otros mecanismos, como las interacciones gen-gen, marcadores genéticos raros, interacciones gen-ambiente y marcadores epigenéticos.

Los mecanismos epigenéticos modulan la expresión y actividad génica sin alterar la secuencia del ADN, mediando las interacciones gen-ambiente. Estos incluyen la metilación del ADN, modificaciones de histonas, remodelación de la cromatina y la acción de RNAs no codificantes. Varios de estos han sido implicados en la fisiopatología del TB, especialmente la metilación del ADN. La metilación en los promotores génicos suele asociarse con la represión de la expresión génica y podría explicar algunos de los cambios transcriptómicos reportados en el TB. Además, experiencias traumáticas tempranas pueden inducir alteraciones de metilación estables que persisten en la adultez, sugiriendo que las alteraciones epigenéticas pueden mediar los efectos clínicos de la adversidad temprana. Interesantemente, se ha demostrado que los pacientes con TB presentan marcadores que sugieren envejecimiento prematuro, como una mayor tasa de condiciones relacionadas con la edad y un declive cognitivo más rápido. Un marcador basado en los niveles de metilación del ADN, conocido como "edad epigenética" o "edad de metilación del ADN", sugiere un envejecimiento epigenético acelerado en la sangre y el cerebro de pacientes con TB. La posibilidad de revertir farmacológicamente el reloj epigenético abre una vía terapéutica interesante para modular el envejecimiento prematuro en el TB. Además de la metilación, los RNAs no codificantes, como los microRNAs y lncRNAs, también han recibido atención. Se han detectado alteraciones en sus niveles en muestras de TB, y algunos podrían servir como biomarcadores periféricos relevantes.

Cambios en la Neuroplasticidad y la Señalización Neurotrófica

Los factores neurotróficos son un grupo de proteínas esenciales para la supervivencia neuronal, el crecimiento, la formación sináptica y la plasticidad celular en los sistemas nervioso central y periférico. Entre ellos, el Factor Neurotrófico Derivado del Cerebro (BDNF) es el más estudiado en el TB. Los neurotrofinas, un tipo específico de factor neurotrófico (BDNF, NGF, NT-3, NT-4), se unen a receptores tirosina quinasa (Trk) específicos, modulando el sistema nervioso central. El NGF se une a TrkA, el BDNF y NT-4 a TrkB, y el NT-3 a TrkC.

El gran interés en el BDNF y otras neurotrofinas surgió al descubrir que antidepresivos y estabilizadores del ánimo como el litio (Li) y el valproato (VPA) podían actuar sobre estas moléculas. Estudios preclínicos han demostrado que el uso crónico de estos fármacos puede aumentar los niveles de NGF, BDNF y GDNF en el cerebro de ratas. Clínicamente, numerosos estudios muestran niveles disminuidos de BDNF y su receptor TrkB en la sangre y el cerebro de pacientes con TB. Un polimorfismo del gen BDNF (Val66Met) se ha asociado repetidamente con el TB. También se han reportado niveles disminuidos de NGF en plasma de pacientes con TB. Los niveles de NT-3 y NT-4 pueden estar elevados en la fase depresiva del TB, posiblemente como un intento de defensa celular, y disminuidos en la fase maníaca. Dado que las neurotrofinas son esenciales para la función y supervivencia neuronal, una reducción persistente podría afectar la viabilidad de las células nerviosas.

Modelos preclínicos de manía (inducida por anfetaminas u ouabaína) o depresión (privación materna, estrés crónico) en animales también han mostrado disminución en los niveles de BDNF, NGF y GDNF. Un estudio sugirió que la sensibilización a la dextroanfetamina (d-AMPH) podría imitar la neuroprogression en el TB, preparando el cerebro para episodios maníacos y depresivos. La abstinencia de d-AMPH indujo comportamientos depresivos y ansiosos, así como sensibilización a comportamientos maníacos, junto con una disminución de BDNF, NGF, GDNF y un aumento de NT-3 y NT-4/5. En conjunto, estos hallazgos clínicos y preclínicos sugieren que los cambios en los factores neurotróficos son un mecanismo molecular atractivo para explicar la disminución de la plasticidad celular observada en el TB. La hipótesis es que estas alteraciones podrían estar asociadas con daño cerebral, empeorando los episodios del estado de ánimo e induciendo déficits cognitivos y funcionales.

Disfunción Mitocondrial y Estrés Oxidativo

Las mitocondrias son orgánulos cruciales para la producción de energía, la resiliencia celular y la muerte celular. En el cerebro, son vitales para la actividad neuronal, la plasticidad y las adaptaciones conductuales. La "hipótesis mitocondrial" sugiere que el TB se desencadena, al menos en parte, por disfunción mitocondrial, ligada a la progresión de la enfermedad, la inflamación, el estrés oxidativo y el envejecimiento acelerado.

Estudios han mostrado un aumento en los niveles de lactato y una reducción en el pH intracelular en el cerebro de pacientes con TB, indicando función mitocondrial alterada y un cambio hacia la producción de energía glucolítica. La producción de ATP solo por glucólisis es insuficiente para mantener la actividad normal de la Na+/K+-ATPasa en las neuronas, lo que puede llevar a una gran entrada de calcio, excitotoxicidad por glutamato y apoptosis neuronal. Se ha propuesto que la disfunción de la Na+/K+-ATPasa podría causar tanto estados maníacos (hiperexcitabilidad por potencial de reposo cercano al umbral) como depresivos (inhibición de la liberación de neurotransmisores por potencial de reposo aún más cercano al umbral, disminuyendo la amplitud del potencial de acción).

Datos adicionales vinculan la disfunción mitocondrial con el TB, mostrando niveles significativamente más bajos de fosfocreatina (PCr) y ADP, y una disminución del porcentaje del área del pico de PCr, sugiriendo hipometabolismo regional. Los niveles bajos de N-acetil-aspartato (NAA), un marcador subrogado de mitocondrias deterioradas, también se han observado, correlacionándose negativamente con la duración de la enfermedad. Estos estudios proporcionan evidencia indirecta del papel de la disfunción mitocondrial en la progresión de la enfermedad.

Investigaciones han reportado alteraciones en varios componentes del metabolismo energético, incluyendo la regulación a la baja de ARNm y proteínas del ciclo de Krebs, complejos de la cadena de transporte de electrones (ETC) y creatina quinasa. Esto sugiere una capacidad reducida para oxidar NADH y FADH, resultando en una mayor producción de especies reactivas de oxígeno (ROS) debido a fugas de electrones en la ETC. La investigación reciente se centra en el mantenimiento de un grupo mitocondrial saludable. Las mitocondrias dañadas a menudo son degradadas por mitofagia. Estudios han demostrado que los pacientes con TB presentan un desbalance en la fusión/fisión mitocondrial hacia la fisión, disminución de proteínas de mitofagia y aumento de caspasa-3, sugiriendo que el número de mitocondrias dañadas excede la capacidad de mitofagia, llevando a la apoptosis.

Numerosos estudios confirman un aumento en la producción de ROS y el estrés oxidativo en pacientes con TB. Se han documentado alteraciones en marcadores de peroxidación lipídica, daño a ADN/ARN y óxido nítrico. Los resultados sobre enzimas antioxidantes primarias como la glutatión peroxidasa (GPx) y la superóxido dismutasa (SOD) son mixtos, aunque se ha encontrado una correlación positiva entre lactato y glutatión en el TB, indicando una asociación entre el sistema antioxidante y la disfunción mitocondrial. El estrés oxidativo excesivo puede inducir mutaciones y deleciones en el ADN mitocondrial (mtDNA). Los estudios sobre el número de copias de mtDNA (mtDNAcn) en TB son inconsistentes, aunque un metaanálisis específico para poblaciones asiáticas reveló un mtDNAcn significativamente menor, inversamente correlacionado con el número de recaídas maníacas. Esto podría relacionarse con la disfunción de la POLG (polimerasa responsable del mtDNA) y la OGG1 (enzima de reparación del ADN), ambas reguladas a la baja en individuos con TB. La disfunción mitocondrial, la apoptosis y el mtDNA no metilado pueden activar receptores tipo Toll, llevando a la activación del inflamasoma y estimulando la producción de citoquinas.

Desbalance Inmune-Inflamatorio y Vía de la Quinurenina

La disfunción inmune en el TB se apoya en evidencia que muestra niveles elevados de citoquinas pro-inflamatorias en pacientes. Una revisión sistemática sugiere un papel importante de la respuesta inflamatoria aguda durante la manía y la depresión, que parece normalizarse tras la remisión. Además, se han encontrado asociaciones negativas entre marcadores inflamatorios y habilidades cognitivas generales, así como alteraciones neuroanatómicas. Sin embargo, la consistencia de estos hallazgos varía.

What is the theory behind bipolar disorder?
Psychobiological theories propose a diathesis-stress model, in which stress from life events interacts with predisposed biological, biochemical and neurological instabilities to induce the illness in vulnerable individuals.

Se han propuesto varios mecanismos para explicar la disfunción inmune en el TB, incluyendo cambios en la barrera hematoencefálica, activación inmune inducida por muerte celular, mecanismos genéticos, disfunción del eje intestino-cerebro y el papel de la vía de la quinurenina. La activación de la vía de la quinurenina por citoquinas como el IFN-γ y el TNF-α se considera un contribuyente a la patogénesis psiquiátrica. Los metabolitos de la quinurenina median la inflamación y la neurodegeneración, pudiendo causar neurotoxicidad y alterar la neurotransmisión. La enzima IDO-1 convierte el triptófano en quinurenina, siendo activada por citoquinas inflamatorias. La quinurenina se metaboliza a hidroxiquinurenina y ácido quinolínico (neurotóxicos, agonistas NMDA) en la microglia, y a ácido quinurénico (KYNA) (neuroprotector, antagonista NMDA) en los astrocitos. Un estudio mostró un desbalance hacia la vía neurotóxica en el TB, con niveles disminuidos de KYNA y un aumento en la relación hidroxiquinurenina/quinurenina. Niveles más altos de hidroxiquinurenina pueden correlacionarse con disfunción cognitiva, no solo en fases agudas sino también en eutimia. Los niveles de KYNA en el líquido cefalorraquídeo podrían ser un biomarcador de episodios psicóticos en el TB, posiblemente relacionado con una mayor transmisión dopaminérgica. Anormalidades en el metabolismo de la quinurenina pueden contribuir a las alteraciones estructurales y funcionales en el hipocampo y la amígdala, posiblemente mediante atrofia dendrítica en el contexto de neurotoxicidad.

Eje Hipotalámico-Hipofisario-Adrenal (HPA)

Además de la genética, factores no genéticos como el estrés psicosocial pueden desencadenar trastornos del estado de ánimo. El eje HPA es el mediador principal de la respuesta biológica al estrés. Anormalidades en este sistema se han asociado con el curso clínico del TB y pueden contribuir al riesgo de recaídas tras eventos estresantes, aunque los mecanismos subyacentes no se comprenden completamente.

Un metaanálisis ha demostrado que el TB se relaciona con una mayor actividad del eje HPA, evidenciada por un aumento en los niveles basales de cortisol, cortisol post-dexametasona (PDEX) y ACTH, y una mayor respuesta a la prueba de DEX/CRH. Las alteraciones varían según la fase clínica: la hiperactividad del eje HPA parece más prominente en la fase maníaca, pero puede persistir en remisión. En la depresión bipolar, los hallazgos son inconsistentes debido a la heterogeneidad clínica. Un estudio relevante mostró que pacientes con TB, especialmente en etapas tardías, presentaron aumento del cortisol PDEX salival, reducción de la respuesta ex vivo del receptor de glucocorticoides (GR) y aumento de la proteína FKBP51 (que desensibiliza el GR) en células mononucleares de sangre periférica. También mostraron aumento de la metilación en el gen FKBP5, sugiriendo una retroalimentación negativa disfuncional del eje HPA y respuesta GR deteriorada. Esto podría llevar a una menor resiliencia al estrés y mayor riesgo de nuevos episodios a medida que el TB progresa. Los niveles altos de cortisol PDEX podrían tener valor pronóstico. La hiperactividad del eje HPA también se correlaciona con disfunción cognitiva y tiene efectos neurotóxicos en el hipocampo. Un estudio mostró que pacientes con TB con peor rendimiento cognitivo tenían niveles séricos de cortisol más altos, y los cambios longitudinales en cortisol se correlacionaban con la función cognitiva tras el tratamiento. Las alteraciones del eje HPA también podrían explicar el mayor volumen hipofisario observado en neuroimagen. Algunas alteraciones del eje HPA parecen ser un rasgo que predispone a los trastornos del estado de ánimo, ya que los familiares de primer grado de individuos con TB muestran niveles elevados de cortisol basal y respuestas alteradas al DEX/CRH. Estudios con hijos de padres con TB han revelado alteraciones epigenéticas que modulan la respuesta GR y el eje HPA, sugiriendo un mecanismo biológico por el cual el eje del estrés puede estar comprometido en sujetos en riesgo.

Anormalidades del Ritmo Circadiano

Los trastornos del sueño son comunes en el TB y forman parte de los criterios diagnósticos. Normalmente, hay una reducción del sueño durante la manía e insomnio o hipersomnia durante la depresión. Ritmos circadianos amortiguados y desplazados pueden explicar estas alteraciones. La desregulación circadiana está asociada al TB tanto en episodios agudos como en periodos inter-episódicos, sugiriendo que pueden ser marcadores biológicos. Estudios de actigrafía muestran menor amplitud relativa del ciclo descanso-actividad y mayor irregularidad del sueño en individuos en riesgo. La variabilidad en el ciclo sueño-vigilia predice el inicio de episodios depresivos en personas con TB inter-episódico. Los pacientes con TB a menudo presentan menor actividad, duermen más tiempo, tardan más en dormirse, pasan más tiempo despiertos durante la noche y muestran un patrón de sueño-vigilia más variable. Exhiben mayor variabilidad intra-diaria y menor estabilidad inter-diaria, así como menor amplitud relativa del ciclo descanso-actividad.

Uno de los hallazgos más consistentes relacionados con el ritmo en el TB es una prevalencia significativamente mayor de cronotipos vespertinos. En individuos con TB, la preferencia vespertina se asocia con una edad de inicio más temprana, un curso de ciclismo rápido y otros factores como la reducción del pico de secreción de melatonina nocturna. Un estudio mostró que los pacientes con TB con preferencia vespertina tenían niveles más bajos de IL-6, TNF-α y TBARS, sugiriendo que el cronotipo puede afectar los niveles de interleuquinas y estrés oxidativo. Estudios poblacionales muestran que el cronotipo vespertino es más común en individuos ciclotímicos, especialmente aquellos con al menos un episodio previo de depresión, y algunos estudios de temperamento vinculados al riesgo de TB (temperamento hipertímico) también muestran una mayor prevalencia de este cronotipo.

La secreción de melatonina y cortisol también sigue un patrón circadiano. La evidencia indica anormalidades en la secreción de melatonina en personas con TB, reflejando diferentes estados de ánimo. Durante la manía, se han observado niveles altos de melatonina durante el día con un pico nocturno avanzado, mientras que en la depresión bipolar se reportan niveles reducidos y un inicio más tardío de la secreción. De manera similar, la secreción de cortisol en 24 horas es significativamente mayor en pacientes con TB que en controles, independientemente de la fase clínica. Estos hallazgos son consistentes con el aumento del ARNm del GR en el hipocampo y la amígdala. En las últimas décadas, estudios de asociación genética han relacionado múltiples genes circadianos (CLOCK, ARNTL1, CSNK1ɛ, PER3, NPAS2, NR1D1, TIMELESS, RORA, RORB, GSK3β) con el TB, apoyando una heredabilidad poligénica. Algunos genes circadianos se han asociado con una edad de inicio temprana o un ciclismo rápido/alta recurrencia. Estos hallazgos sugieren que las variaciones en algunos genes circadianos pueden explicar la alta sensibilidad a los cambios de ritmo observada en el TB y estar asociadas con el inicio o la recaída de la enfermedad. Estudios de asociación cronotipo-genotipo en TB han relacionado variantes específicas de genes circadianos con el cronotipo nocturno extremo. Modelos animales, como ratones con una exclusión en el exón 19 del gen CLOCK (ClockΔ19), exhiben un fenotipo similar a la manía que puede ser revertido por litio. Otro modelo con sobreexpresión de GSK3β también muestra un fenotipo maníaco-like.

Hallazgos de Neuroimagen

Los primeros estudios de tomografía computarizada (TC) mostraron anormalidades estructurales como ratios ventrículo-cerebrales significativamente mayores en grupos de individuos con TB. Estudios posteriores con TC y resonancia magnética (RM) han revelado cambios en estructuras neuroanatómicas asociadas al TB, como un tercer ventrículo más grande y un cerebelo más pequeño, así como hiperintensidades periventriculares.

Más recientemente, el Grupo de Trabajo ENIGMA mostró una reducción bilateral del grosor cortical en las regiones frontal, temporal y parietal de pacientes con TB, especialmente en la corteza frontal media rostral izquierda, el giro fusiforme izquierdo y la pars opercularis izquierda. Encontraron una asociación entre la duración de la enfermedad y el grosor cortical, y un aumento del grosor cortical con el uso de litio. Un historial de psicosis en pacientes con TB se asoció con una reducción del área de superficie en la corteza cingulada anterior caudal derecha y el giro temporal inferior izquierdo. Respecto al volumen de regiones cerebrales asociadas con la regulación del estado de ánimo y la recompensa, algunos estudios mostraron amígdala e hipocampo más pequeños y un estriado más grande, aunque también se han encontrado hallazgos contrastantes.

La integración de la RM con métodos de aprendizaje automático ha mostrado potencial para distinguir entre pacientes con TB y controles sanos, y para la estratificación clínica. Un algoritmo tuvo hasta un 70% de precisión y puntuaciones de probabilidad más altas para aquellos en la etapa tardía. Estudios han demostrado que las diferencias estructurales cerebrales entre individuos con TB y trastorno depresivo mayor pueden discriminar estos trastornos con una precisión adecuada (74.3%).

La resonancia magnética con tensor de difusión (DTI) evalúa la conectividad de la materia blanca. Revisiones de estudios de DTI en sujetos con TB muestran una disminución consistente en los valores de anisotropía fraccional (FA), especialmente en los tractos fronto-límbicos y el cuerpo calloso. El grupo ENIGMA encontró alteraciones en la microestructura de la materia blanca principalmente dentro del cíngulo y en la conectividad interhemisférica a través del cuerpo calloso. Estudios de DTI sugieren anormalidades consistentes en regiones asociadas con la regulación emocional y en estructuras que integran estas regiones. Un estudio basado en DTI investigó si la FA en el fascículo uncinado distinguía a los participantes con TB-I de aquellos con TB-II y controles sanos, encontrando una disminución significativa de la FA en el fascículo uncinado en pacientes con TB-I. Otro estudio utilizó DTI para identificar biomarcadores de riesgo genético, evaluando a participantes con TB, hermanos no afectados e individuos sanos, mostrando que la FA dentro del lóbulo temporal derecho de hermanos no afectados era significativamente diferente e intermedia entre los participantes con TB y los controles sanos.

La RM funcional (fMRI) permite investigar circuitos neuronales asociados con comportamientos específicos. Un estudio utilizó una tarea de control cognitivo para evaluar un posible continuo en los circuitos neuronales subyacentes entre participantes con diagnóstico de esquizofrenia, TB y controles sanos, encontrando una tendencia lineal en la respuesta de la corteza prefrontal dorsolateral (DLPFC) y la corteza parietal superior (SPC) entre los tres grupos, con los de esquizofrenia mostrando mayor disfunción y los de TB un patrón intermedio. Estudios de fMRI en pacientes con TB han encontrado disfunciones de conectividad en circuitos neuronales asociados con el procesamiento y la regulación emocional, y el procesamiento de la recompensa. Se compararon los patrones de activación y conectividad de la amígdala durante tareas de procesamiento emocional entre individuos con TB y depresión unipolar en remisión, mostrando menor conectividad de la amígdala con la ínsula, el hipocampo y la corteza orbitofrontal medial en pacientes con TB. Individuos con TB también presentaron un menor efecto modulador de la DLPFC sobre la amígdala durante tareas de regulación emocional. La hipersensibilidad a las señales relacionadas con la recompensa se ha relacionado con los síntomas hipo/maníacos, representando un rasgo de riesgo para el TB. Un estudio comparó los circuitos de procesamiento de recompensa en hijos de padres bipolares, hijos de padres con otros trastornos y hijos de padres sanos, encontrando diferencias en la conectividad funcional que podrían ser marcadores neuronales de riesgo para el TB. A pesar de estos avances, la aplicación clínica directa de la neuroimagen en psiquiatría es limitada actualmente.

What is the neuroscience behind bipolar disorder?
A model of functional neuroanatomy produced by a workgroup led by Stephen M. Strakowski concluded that bipolar was characterized by reduced connectivity, due to abnormal pruning or development, in the prefrontal-striatal-pallidal-thalamic-limbic network leading to dysregulated emotional responses.

Tabla Resumen de Hallazgos Neurobiológicos Clave

Área NeurobiológicaHallazgos Clave en Trastorno Bipolar
Genética y EpigenéticaAlta heredabilidad (70-80%), múltiples genes de pequeño efecto, alteraciones en metilación del ADN, envejecimiento epigenético acelerado.
NeuroplasticidadDisminución de factores neurotróficos (BDNF), alteraciones en receptores (TrkB), posible Val66Met.
Función Mitocondrial y Estrés OxidativoDisfunción, producción de ROS, daño a mtDNA, desbalance fusión/fisión, estrés oxidativo elevado, alteraciones metabólicas (lactato, NAA, PCr).
Sistema Inmune e InflamaciónAumento de citoquinas pro-inflamatorias (IL-1β, IL-6, TNF-α), desbalance en vía de la quinurenina hacia neurotoxicidad (menos KYNA).
Eje HPAHiperactividad (cortisol, ACTH), respuesta alterada a DEX/CRH, desensibilización de receptores de glucocorticoides, metilación FKBP5.
Ritmos CircadianosAlteraciones del sueño, ritmos amortiguados/desplazados, cronotipo vespertino, alteraciones en secreción de melatonina/cortisol, genes circadianos implicados.
Neuroimagen (Estructural)Reducción de grosor cortical (frontal, temporal, parietal), cambios en volumen (amígdala, hipocampo, estriado), hiperintensidades periventriculares, cambios en materia blanca (FA reducida, cíngulo, cuerpo calloso).
Neuroimagen (Funcional)Disfunción en circuitos de procesamiento/regulación emocional, procesamiento de recompensa, conectividad alterada (amígdala, corteza prefrontal, estriado).

Conclusiones, Desafíos y Perspectivas

La aplicación de herramientas y tecnologías para mejorar la salud mental basadas en enfoques traslacionales enfrenta varios desafíos en el caso del TB. Primero, no existe un biomarcador con validación biológica y clínica significativa, lo que complica el diagnóstico y el desarrollo de nuevos fármacos. Segundo, la mayoría de los estudios son transversales, identificando asociaciones pero no relaciones causales o patrones longitudinales. Tercero, el TB presenta una sintomatología heterogénea, diversas comorbilidades y deterioro cognitivo, junto con una amplia gama de factores genéticos y ambientales. El diagnóstico es puramente clínico, basado en la historia, entrevistas y observación conductual, y se solapa fisiopatológicamente con otros trastornos.

En este contexto, la traslación de hallazgos biológicos del TB al ámbito clínico es compleja. Los estudios de neuroimagen muestran evidencia de cambios en la actividad regional, conectividad funcional, actividad neuronal y bioenergética. La investigación en modelos animales y humanos ha añadido evidencia mecanicista sobre la disfunción bioenergética, inflamación, estrés oxidativo, alteraciones en redes de señalización, eje HPA y ritmo circadiano. La función cerebral está constantemente influenciada por la exposición ambiental. No sorprende que todos estos cambios estén implicados en la neurobiología del TB, una enfermedad con un curso clínico complicado.

Se necesitan estudios que exploren cómo anormalidades cerebrales específicas llevan a una presentación clínica u otra, y la interacción entre alteraciones inmunes, neuroquímicas y la cognición. La identificación precisa de biomarcadores en psiquiatría requerirá probablemente la integración de diferentes fuentes de evidencia. La investigación multidisciplinaria en una sola cohorte de pacientes tendrá más poder para aumentar la comprensión de la biología del TB que los estudios independientes de genómica, biología celular, neuroimagen y clínica. La mejora de las tecnologías de neuroimagen es prometedora para avanzar en el estudio de los circuitos neuronales implicados. Finalmente, los estudios de cohorte longitudinales que utilizan técnicas multimodales y estandarizadas son esenciales para aumentar la comprensión del TB.

Un estudio pionero exploró la toxicidad del suero de pacientes con TB en células neuronales humanas in vitro, utilizando un modelo celular de neuroblastoma transformado en una célula similar a una neurona humana. Este modelo permitió estudiar la toxicidad sistémica observada en el TB, donde el suero de pacientes, especialmente en etapas avanzadas de la enfermedad (relacionadas con el número de episodios), inhibió el crecimiento de neuritas y redujo la vida celular. Estos hallazgos refuerzan la idea de que el TB no solo afecta regiones cerebrales específicas sino que también causa deterioro sistémico, con cambios detectables en componentes sanguíneos como neurotrofinas, citoquinas pro-inflamatorias y estrés oxidativo. Este modelo celular también se está explorando para la detección de nuevos fármacos y el desarrollo de terapias personalizadas, probando la eficacia de compuestos como el litio para contrarrestar la reducción de la densidad de neuritas inducida por el suero de pacientes.

Preguntas Frecuentes (FAQs) sobre la Neurobiología del Trastorno Bipolar

Abordamos algunas preguntas comunes sobre las bases biológicas del trastorno bipolar:

¿El trastorno bipolar es una enfermedad del cerebro?
Sí, la evidencia neurocientífica sugiere que el trastorno bipolar implica cambios estructurales, funcionales y moleculares en el cerebro y el sistema nervioso, aunque la causa exacta es compleja y multifactorial.

¿Es genético el trastorno bipolar?
Existe un componente genético muy fuerte, con una heredabilidad estimada del 70-80%. Tener un familiar de primer grado con el trastorno aumenta el riesgo, aunque no se hereda un solo gen, sino una combinación de muchos genes de pequeño efecto.

¿El estrés puede causar trastorno bipolar?
El estrés psicosocial intenso no es la causa directa, pero se considera un factor ambiental importante que puede interactuar con la predisposición genética y neurobiológica para desencadenar episodios o contribuir a la progresión de la enfermedad. El eje HPA, mediador de la respuesta al estrés, a menudo está alterado en el trastorno bipolar.

¿Existen biomarcadores para el trastorno bipolar?
Actualmente, no existen biomarcadores biológicos definitivos para diagnosticar, predecir el curso o la respuesta al tratamiento del trastorno bipolar. Sin embargo, la investigación está activamente explorando posibles biomarcadores en áreas como la genética, epigenética, inflamación, función mitocondrial y neuroimagen.

¿El trastorno bipolar empeora con el tiempo?
El concepto de neuroprogression sugiere que los episodios recurrentes pueden llevar a alteraciones cerebrales progresivas y un declive funcional y cognitivo en algunos pacientes. Sin embargo, esta progresión no ocurre en todos los casos y varía entre individuos.

¿Por qué los tratamientos actuales no siempre eliminan todos los síntomas?
El trastorno bipolar es una enfermedad compleja con múltiples vías biológicas implicadas. Los tratamientos actuales, aunque efectivos para muchos, pueden no abordar todas las alteraciones subyacentes o pueden no ser igualmente eficaces para la amplia heterogeneidad de síntomas y perfiles neurobiológicos de los pacientes.

¿Qué papel juegan los ritmos circadianos?
Las alteraciones en los ritmos circadianos y del sueño son muy comunes en el trastorno bipolar y no son solo síntomas, sino que también pueden contribuir a la fisiopatología y al riesgo de recaídas. Se han identificado vínculos entre genes circadianos y la susceptibilidad al TB.

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Jesús Porta Etessam

Soy licenciado en Medicina y Cirugía y Doctor en Neurociencias por la Universidad Complutense de Madrid. Me formé como especialista en Neurología realizando la residencia en el Hospital 12 de Octubre bajo la dirección de Alberto Portera y Alfonso Vallejo, donde también ejercí como adjunto durante seis años y fui tutor de residentes. Durante mi formación, realicé una rotación electiva en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center.Posteriormente, fui Jefe de Sección en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid y actualmente soy jefe de servicio de Neurología en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz. Tengo el honor de ser presidente de la Sociedad Española de Neurología, además de haber ocupado la vicepresidencia del Consejo Español del Cerebro y de ser Fellow de la European Academy of Neurology.A lo largo de mi trayectoria, he formado parte de la junta directiva de la Sociedad Española de Neurología como vocal de comunicación, relaciones internacionales, director de cultura y vicepresidente de relaciones institucionales. También dirigí la Fundación del Cerebro.Impulsé la creación del grupo de neurooftalmología de la SEN y he formado parte de las juntas de los grupos de cefalea y neurooftalmología. Además, he sido profesor de Neurología en la Universidad Complutense de Madrid durante más de 16 años.

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