¿Cómo se pensaba el cerebro en la Edad Media?

El Cerebro Medieval: Creencias y Mitos

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En nuestros días, el estudio del cerebro humano representa una de las fronteras más apasionantes y activas de la ciencia. Aunque aún persisten numerosos interrogantes sobre su funcionamiento completo, los avances de las últimas décadas han sido vertiginosos, superando en conocimiento acumulado a milenios de historia. Sin embargo, la forma en que las distintas civilizaciones y épocas han concebido y abordado este órgano vital es un viaje fascinante en sí mismo.

¿Cómo se pensaba el cerebro en la Edad Media?
En la Edad Media se cree que las funciones superiores (razonamiento, emociones…) se encuentran en los ventrículos del cerebro. Así, la locura o demencia es vista como la manifestación de un problema en estas áreas del cerebro.

Desde tiempos inmemoriales, el cerebro y la cabeza han sido objeto de atención, respeto o, paradójicamente, desinterés, dependiendo del contexto cultural y religioso. Recorrer esta historia nos permite apreciar no solo el progreso científico, sino también la evolución de las creencias y prácticas humanas en torno a la salud y la enfermedad mental.

Índice de Contenido

Un Viaje a Través del Tiempo: Primeras Ideas sobre el Cerebro

Las manifestaciones más antiguas de interés por el cráneo y, presumiblemente, por lo que contenía, se remontan a la Prehistoria. Las evidencias de trepanaciones, la práctica de perforar el cráneo, datan del VI milenio a.C. Sorprendentemente, esta técnica se encuentra en regiones geográficamente distantes, como Rusia, África y Sudamérica, donde civilizaciones preincas la utilizaban supuestamente para tratar migrañas o epilepsia, a menudo con el auxilio de analgésicos vegetales como la coca.

Este descubrimiento plantea una dualidad intrigante: ¿eran estas trepanaciones meros rituales con un significado espiritual profundo, o respondían a intentos empíricos de aliviar dolencias físicas o mentales? La supervivencia de algunos individuos tras la intervención sugiere que, aunque rudimentarias, algunas prácticas tenían un fin médico, aunque con tasas de éxito probablemente bajas.

Contrastando radicalmente con esta aparente importancia, encontramos la visión del Antiguo Egipto. Conocidos por sus elaborados rituales funerarios que incluían la extracción y preservación de órganos en vasos canopos, los egipcios sorprendentemente desechaban el cerebro. Extraído a través de las fosas nasales con un garfio, este órgano no recibía el mismo tratamiento reverencial que el corazón, el hígado o el estómago. Esto indica claramente que, a nivel religioso y espiritual, el cerebro no poseía una función relevante para la vida en el más allá.

No obstante, esta falta de importancia espiritual no implicaba una ignorancia total. El Papiro Edwin Smith, datado en el II milenio a.C., demuestra un conocimiento anatómico sorprendente y, crucialmente, reconoce la conexión entre ciertas lesiones craneales y disfunciones corporales. Este documento es pionero al destacar la importancia del sistema nervioso central y sugerir que el cerebro dirige las funciones del cuerpo, sentando un precedente de observación empírica en la medicina.

La Época Clásica: Sentando las Bases

La medicina occidental bebió profundamente de las fuentes griegas, especialmente de la escuela hipocrática. Hipócrates, a quien se le atribuye la famosa máxima "Primum non nocere" (primero, no hacer daño), ya intuía la importancia del cerebro. Con la conquista de Egipto por Alejandro Magno, Alejandría se convirtió en un centro de saber donde el conocimiento médico y anatómico floreció, en parte gracias a la famosa biblioteca.

Fue en este contexto donde figuras como Herófilo de Calcedonia realizaron importantes descripciones anatómicas. Herófilo detalló la corteza cerebral y, significativamente, sus ventrículos, postulando que en estas cavidades residían las funciones mentales superiores. Esta idea de los ventrículos como sede de la razón, la memoria y las emociones perduraría durante siglos, siendo recogida y difundida por pensadores posteriores.

Otro gigante de la medicina clásica fue Galeno. A pesar de las limitaciones impuestas por la prohibición de diseccionar cadáveres humanos, lo que le obligó a basar muchas de sus conclusiones en la anatomía animal, Galeno realizó contribuciones duraderas. En contraposición a la visión cardiocéntrica de Aristóteles, Galeno situó la mente y el razonamiento en el tejido cerebral, consolidando la importancia de este órgano en el pensamiento occidental. Sus teorías, aunque con errores, ejercerían una influencia dominante durante toda la Edad Media.

El Cerebro en la Edad Media: Ventrículos, Mitos y Locura

La Edad Media europea heredó y adaptó las teorías de los sabios clásicos, particularmente las de Herófilo y Galeno. La visión predominante situaba las funciones cognitivas y emocionales más elevadas, como el pensamiento, la memoria y la voluntad, en los ventrículos cerebrales. Se creía que diferentes ventrículos albergaban distintas capacidades: por ejemplo, la percepción en los ventrículos anteriores, la razón en el medio y la memoria en los posteriores. Este modelo ventricular del cerebro influenció la comprensión de la mente durante gran parte de la Edad Media y principios del Renacimiento.

Dentro de este marco, la locura o demencia se interpretaba a menudo como una disfunción de estos ventrículos. Se pensaba que la causa podía ser la acumulación de humores (siguiendo la teoría hipocrática-galénica de los cuatro humores) o, de forma más gráfica y popular, la formación de obstrucciones o "piedras" dentro de estas cavidades. Estas "piedras" ejercerían presión sobre el tejido cerebral o bloquearían el flujo de los espíritus animales (sustancias sutiles que se creía circulaban por los nervios y los ventrículos), alterando así el juicio, las emociones y el comportamiento.

Esta creencia en la piedra de la locura dio lugar a una práctica pseudomédica: la extracción quirúrgica de dicha piedra mediante trepanaciones. Charlatanes y supuestos cirujanos ambulantes ofrecían curar la demencia perforando el cráneo del paciente para extraer el supuesto cálculo. Famoso es el cuadro "La Extracción de la Piedra de la Locura" de El Bosco, una sátira mordaz de esta práctica. En la pintura, el "cirujano" lleva un embudo en la cabeza (símbolo de la necedad) y extrae una flor (un tulipán, símbolo del engaño o la tontería) en lugar de una piedra, mientras otros personajes, incluida una monja con un libro cerrado en la cabeza (símbolo de la ignorancia o la superstición religiosa), observan la escena. El cuadro encapsula la crítica a la credulidad y al fraude asociados a este procedimiento.

La percepción de la locura en la Edad Media era, de hecho, ambivalente y a menudo contradictoria. El "loco" no siempre era visto únicamente como un enfermo. Podía ser considerado un endemoniado, poseído por fuerzas malignas que debían ser expulsadas mediante exorcismos. Pero también podía ser visto como un "iluminado", alguien que, a través de su alteración mental, tenía acceso a realidades o verdades ocultas para las personas "cuerdas". Esta dualidad se reflejaba en festividades como la "Fiesta de los Locos", donde las normas sociales se subvertían temporalmente, celebrando la locura como una forma de libertad o revelación.

Sin embargo, en la práctica médica (o lo que se consideraba medicina), la única esperanza de cura para la locura, además del exorcismo, era la creencia en la eliminación física de la causa, ya fuera un humor corrupto o la infame piedra de la locura, a través de sangrías, purgas o la peligrosa trepanación.

Obstáculos y Avances: La Disección Anatómica

Un factor crucial que limitó el conocimiento directo del cerebro y otros órganos durante gran parte de la Antigüedad y la Edad Media fue la restricción o prohibición de la disección de cadáveres humanos. Razones religiosas, culturales o supersticiosas dificultaron enormemente el estudio anatómico empírico. Como se mencionó, Galeno tuvo que recurrir a la disección animal.

Aunque esporádicas, las disecciones humanas comenzaron a reaparecer en Europa a partir del siglo XIII, a menudo ligadas a facultades de medicina incipientes. Sin embargo, la escasez de cadáveres y las prohibiciones intermitentes seguían siendo barreras significativas. No fue hasta el siglo XV que la práctica se volvió algo más habitual, permitiendo a artistas y científicos como Leonardo da Vinci realizar estudios anatómicos detallados, aunque a menudo en secreto.

La lenta pero progresiva apertura a la disección fue fundamental para superar las teorías clásicas basadas en observaciones indirectas o incompletas. Permitió una exploración más directa y precisa de la morfología cerebral, allanando el camino para futuros descubrimientos neurológicos.

Transición y Revolución Científica

El Renacimiento y la Revolución Científica marcaron un punto de inflexión decisivo en el estudio del cerebro. Andrés Vesalio, con su monumental obra De humani corporis fabrica (1543), revolucionó la anatomía humana. Basándose en disecciones meticulosas y con ilustraciones de gran calidad facilitadas por la imprenta, Vesalio corrigió muchos errores galénicos y proporcionó una descripción anatómica sin precedentes. Aunque aún mantenía la idea de los ventrículos como sede de funciones mentales, su enfoque empírico y detallado sentó las bases de la anatomía cerebral moderna.

Siglos después, figuras como Nicolás Steno y Thomas Willis continuaron avanzando. Steno enfatizó la delicadeza y la importancia del cerebro para la salud mental. Willis, por su parte, no solo realizó descripciones anatómicas precisas (como el "Polígono de Willis", una red arterial en la base del cerebro) sino que también acuñó el término neurología, combinando las palabras griegas para "cuerda" (nervio) y "estudio". Su obra Cerebri Anatome (1664) es considerada un hito en el estudio del sistema nervioso.

En el siglo XVIII, Giambattista Morgagni estableció una conexión fundamental entre las enfermedades y las lesiones anatómicas específicas, un concepto crucial para la patología y la neurología futuras. Su trabajo ayudó a desplazar las explicaciones basadas en humores o espíritus hacia causas estructurales identificables.

El Siglo XIX y la Neurociencia Moderna

El siglo XIX fue testigo de avances espectaculares. La invención de técnicas de tinción y microscopía permitió la exploración del tejido nervioso a nivel celular. La culminación de este esfuerzo llegó con Santiago Ramón y Cajal, quien, utilizando y perfeccionando el método de tinción de Golgi, demostró que el sistema nervioso está compuesto por unidades individuales interconectadas: las neuronas. Su "doctrina de la neurona", por la que compartió el Premio Nobel en 1906, es la piedra angular de la neurociencia moderna.

Sin embargo, el siglo XIX también tuvo sus sombras. La interpretación sesgada de teorías como la evolución de Darwin dio pie a pseudociencias como la frenología y, peor aún, a justificaciones supuestamente "científicas" del racismo y la desigualdad entre grupos humanos, basándose en mediciones craneales y otras ideas sin fundamento. Estas ideas peligrosas alcanzarían su máxima expresión en las atrocidades del siglo XX.

Preguntas Frecuentes sobre el Cerebro Antiguo y Medieval

Aquí respondemos algunas dudas comunes sobre cómo se veía el cerebro en épocas pasadas:

  • ¿Por qué se hacían trepanaciones en la antigüedad? Se cree que por una combinación de razones rituales (quizás para liberar espíritus malignos) y médicas (para aliviar la presión intracraneal, tratar dolores de cabeza severos, epilepsia o drenar hematomas).
  • ¿Por qué los egipcios desechaban el cerebro en la momificación? A diferencia de otros órganos considerados esenciales para la vida en el más allá, el cerebro no tenía importancia espiritual para los egipcios. Creían que el corazón era el asiento de la mente y el alma.
  • ¿Qué función se atribuía a los ventrículos cerebrales en la Edad Media? Se pensaba que los ventrículos eran las cavidades donde residían las funciones mentales superiores: percepción, razón, memoria e imaginación.
  • ¿Qué era la "piedra de la locura"? Era una creencia popular medieval que sostenía que la locura estaba causada por la formación de un cálculo o "piedra" dentro del cerebro, que obstruía los ventrículos o presionaba el tejido.
  • ¿Se curaba la locura con la extracción de la piedra? No, era una práctica pseudomédica basada en la ignorancia anatómica. Los pacientes no se curaban y, a menudo, sufrían graves infecciones o morían debido a la intervención.

Comparativa: Visiones del Cerebro a lo Largo de la Historia

PeriodoVisión Principal del CerebroPrácticas Relacionadas
PrehistoriaImportancia (ritual o médica)Trepanaciones (supervivencia documentada)
Antiguo EgiptoPoca importancia espiritual; cierta comprensión anatómica (Papiro Edwin Smith)Desechado en momificación; posible uso de trepanación médica
Época Clásica (Grecia/Roma)Sede de la mente y razón (Galeno); ventrículos como sede de funciones superiores (Herófilo)Observación empírica limitada (disección animal); teorías humoral y ventricular
Edad MediaVentrículos como sede de funciones superiores; locura causada por humores o "piedra"Teorías clásicas heredadas; trepanación para extraer la "piedra de la locura"; exorcismo
Renacimiento / Rev. CientíficaAnatomía detallada (Vesalio); acuñación de "neurología" (Willis); localización de funciones en el tejidoDisección humana más frecuente; estudio microscópico; inicio de la patología anatómica
Siglo XIX / ModernidadCompuesto por neuronas (Cajal); localización de funciones en áreas específicas; inicio de la neurocienciaTécnicas de tinción y microscopía; neurología clínica; electrofisiología; neuroimagen

El estudio del cerebro es una epopeya que abarca milenios. Desde las primeras y rudimentarias intervenciones prehistóricas hasta las complejas técnicas de neuroimagen y biología molecular de hoy, nuestra comprensión de este órgano ha evolucionado de manera asombrosa. La Edad Media, con sus creencias arraigadas en la herencia clásica y sus propios mitos como la piedra de la locura, representa una etapa fascinante en este largo camino. Aunque limitada por la falta de disección sistemática y dominada por teorías que hoy nos parecen extrañas, sentó las bases para que, siglos después, la ciencia pudiera desvelar algunos de los misterios de la mente humana.

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Jesús Porta Etessam

Soy licenciado en Medicina y Cirugía y Doctor en Neurociencias por la Universidad Complutense de Madrid. Me formé como especialista en Neurología realizando la residencia en el Hospital 12 de Octubre bajo la dirección de Alberto Portera y Alfonso Vallejo, donde también ejercí como adjunto durante seis años y fui tutor de residentes. Durante mi formación, realicé una rotación electiva en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center.Posteriormente, fui Jefe de Sección en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid y actualmente soy jefe de servicio de Neurología en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz. Tengo el honor de ser presidente de la Sociedad Española de Neurología, además de haber ocupado la vicepresidencia del Consejo Español del Cerebro y de ser Fellow de la European Academy of Neurology.A lo largo de mi trayectoria, he formado parte de la junta directiva de la Sociedad Española de Neurología como vocal de comunicación, relaciones internacionales, director de cultura y vicepresidente de relaciones institucionales. También dirigí la Fundación del Cerebro.Impulsé la creación del grupo de neurooftalmología de la SEN y he formado parte de las juntas de los grupos de cefalea y neurooftalmología. Además, he sido profesor de Neurología en la Universidad Complutense de Madrid durante más de 16 años.

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