¿Quién es el marido de Ana Ibáñez?

El Legado Verde de Ana Ibáñez en Granada

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En el corazón de la ciudad de los jardines, donde cada rincón cuenta una historia a través de sus flores y árboles, la memoria de Ana Ibáñez Fernández florece con un esplendor particular. Bióloga de formación, paisajista por vocación y profesora por pasión, Ana dedicó su vida a embellecer el mundo a través del arte de la jardinería y el paisaje, dejando una marca indeleble en Granada y en las muchas personas que tuvieron la suerte de conocerla y aprender de ella.

¿Quién es Ana Ibáñez Neurocientífica?
Ana es una de las únicas trainers de técnicas y tecnología de neurociencia en España especializada en alto rendimiento cerebral. En sus centros MindStudio, en Madrid, realiza entrenamientos para el alto rendimiento y bienestar mental de niños y adultos.

Su partida representa una pérdida para la comunidad académica y para la ciudad, pero su legado perdura en cada jardín que diseñó, en cada estudiante al que inspiró y en la propia filosofía de vida que transmitió: la generosidad de quien siembra belleza para que otros la disfruten.

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Una Vida Dedicada al Paisaje y la Enseñanza

Ana Ibáñez Fernández nació en Arriate, pero fue en Granada donde su trayectoria vital, académica y profesional echó raíces y floreció plenamente. Su camino se inició en el ámbito de la biología, una disciplina que le proporcionó un profundo conocimiento científico del mundo vegetal. Sin embargo, su innato amor por el arte, la cultura y, sobre todo, por la ciudad de Granada, la condujo hacia el estudio del paisaje.

Esta fusión de intereses culminó en su tesis doctoral, un exhaustivo «Estudio paisajístico del entorno de la Alhambra, impacto ambiental de los nuevos accesos». Realizada en la prestigiosa Universidad Complutense de Madrid y defendida en 1991, esta investigación no solo demostró su rigor académico, sino también su temprana preocupación por la integración de las infraestructuras humanas con el delicado equilibrio natural y cultural de entornos históricos tan significativos.

Su vocación docente emergió de forma precoz y brillante. Ana fue número uno en su promoción en la oposición de Cátedras de Instituto, convirtiéndose en la catedrática más joven de España en aquel momento. Su labor como profesora de enseñanza secundaria la llevó inicialmente a Las Palmas de Gran Canaria, y posteriormente a institutos granadinos como el de Churriana de la Vega y el Mariana Pineda.

No obstante, su destino profesional estaba ligado a la Universidad de Granada. Durante más de veinte años, Ana Ibáñez fue profesora titular, impartiendo materias cruciales sobre paisajismo y jardinería. Su influencia se extendió tanto en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura (ETSAG) como en la Facultad de Bellas Artes, donde formó a generaciones de arquitectos y artistas en la sensibilidad y el conocimiento necesarios para trabajar con el paisaje vivo.

Su compromiso con la excelencia académica y profesional la llevó a buscar el conocimiento más allá de nuestras fronteras. Realizó enriquecedoras estancias en instituciones internacionales de renombre, como la Faculty of Landscape Architecture de la State University of New York y la prestigiosa Ecole Nationale Supérieure du Paysage de Versalles. Estas experiencias internacionales sin duda enriquecieron su visión y su práctica docente y profesional.

A lo largo de su carrera, Ana Ibáñez se ganó el respeto profesional por su competencia y dedicación, pero también el profundo cariño de sus estudiantes y compañeros. Su carácter cercano, franco y expresivo creaba un ambiente propicio para el aprendizaje y el intercambio de ideas, haciendo que sus clases y su presencia fueran siempre valoradas.

La Conexión con la Arquitectura y la Familia

La comprensión del espacio arquitectónico fue un pilar fundamental que complementó su formación como bióloga y paisajista. Este conocimiento lo desarrolló en gran medida junto a su compañero de vida, su marido, Eugenio Marqués Garcés. Eugenio, arquitecto de profesión, compartió con Ana no solo su vida personal, sino también una visión conjunta sobre cómo la arquitectura y el paisaje debían dialogar y enriquecerse mutuamente.

Juntos formaron una familia con sus tres hijos: Ana, Eugenio y David. La vida familiar, marcada por la conexión con la arquitectura y el paisaje a través de las profesiones de ambos padres, sin duda influyó en su perspectiva y en la manera en que abordaba sus proyectos.

Eugenio Marqués Garcés falleció en 2003. Aunque el texto no profundiza en el impacto de esta pérdida en la vida de Ana, sí subraya la importancia de su figura como compañero y como profesional cuya comprensión de la arquitectura se entrelazaba con la pasión de Ana por el paisaje. Esta colaboración intelectual y vital es un aspecto relevante de su biografía, mostrando cómo su vida personal y profesional estaban profundamente conectadas.

Huella en Granada y Más Allá

Durante más de una década, Ana Ibáñez compaginó su intensa labor docente con una prolífica actividad profesional en el ámbito del paisajismo. Su trabajo se extendió tanto en la gestión de los jardines de la Universidad de Granada, un vasto y complejo conjunto de espacios verdes que requieren un conocimiento experto para su mantenimiento y mejora, como en numerosos proyectos de paisajismo externos.

Sus proyectos abarcaron desde la delicada restauración de jardines históricos, donde era fundamental respetar y comprender la esencia original del diseño, hasta la creación de espacios contemporáneos, adaptados a las necesidades y estéticas actuales. Su capacidad para abordar ambos tipos de proyectos demuestra su versatilidad y profundo conocimiento de la historia y la práctica del paisajismo.

Entre las obras destacadas que llevan su firma o en las que tuvo una participación crucial, se mencionan:

  • El Parque de los pueblos de América en Motril: Un proyecto significativo que buscaba recuperar un espacio verde importante, mostrando su compromiso con la revitalización de áreas urbanas.
  • La intervención paisajística del Arrabal del Castillo en Álora, Málaga: Un proyecto que, en el momento de la publicación del artículo, se encontraba en desarrollo, evidenciando su actividad profesional continuada.
  • Los “Paseillos universitarios” en Granada: Espacios emblemáticos dentro del campus universitario que ella contribuyó a diseñar o mejorar.
  • Los jardines de los palacios de Buensuceso y del Conde de Luque: Intervenciones en edificios históricos que requieren una sensibilidad especial para integrar el paisaje.
  • El espacio público Eras de Cristo: Otro ejemplo de su contribución a la mejora de los espacios urbanos de Granada.
  • Los jardines y las cubiertas del Forum de negocios: Proyectos que muestran su capacidad para trabajar en contextos más modernos y funcionales.

Uno de sus trabajos más recientes y emotivos fue la recuperación del jardín de la Casa museo Manuel de Falla. El artículo lo describe como un proyecto que quedó "huérfano" con su partida, a la espera de la continuidad de su cuidado y la alegría de sus plantas. Esto subraya no solo la dedicación de Ana a cada proyecto, sino también la conexión casi personal que establecía con los espacios verdes que creaba.

Pero la lista de sus contribuciones sería "extensísima", como señala el texto, especialmente si se consideran los numerosos pequeños jardines domésticos en los que trabajó. Quizás era en estos espacios más íntimos donde Ana se sentía "más feliz", creando auténticos paraísos privados, "regalos para los sentidos" que enriquecen discretamente la ciudad de Granada.

Visión y Filosofía de una Jardinera

Más allá de sus logros profesionales y académicos, lo que definía a Ana Ibáñez era su profunda pasión y su particular visión del mundo. Era una amante de la belleza en todas sus formas, tanto en las creaciones del ser humano como en las maravillas de la naturaleza. Esta búsqueda constante de la belleza la convirtió en una incansable viajera, recorriendo jardines delicados en Grecia, Italia, Marruecos, Portugal y cualquier otro lugar donde pudiera descubrir un paraíso vegetal.

Su entusiasmo era contagioso, especialmente cuando se trataba de transmitir sus hallazgos y aprendizajes. Su vocación docente no se limitaba a las aulas; siempre estaba dispuesta a compartir su pasión por las plantas y el paisaje con quienes la rodeaban. Nos enseñó una lección fundamental: que trabajar con plantas proporciona alegría, y compartir esa alegría, felicidad.

Ana poseía un carácter fuerte y optimista, cualidades que le permitieron afrontar las numerosas pruebas que la vida le presentó. Aunque reconocía que "La vida no es fácil" –una frase que solía repetir con una mezcla de resignación e ironía–, siempre encontraba la manera de transformar las experiencias amargas en valiosas lecciones vitales. Esta resiliencia forjó en ella una gran empatía y un instinto generoso y maternal.

Siempre dispuesta a ayudar, ofrecía consejos prácticos, compartía su visión experimentada y cabal, incentivaba el esfuerzo y apoyaba el crecimiento de quienes formaban parte de su entorno. Su generosidad no solo se manifestaba en su trabajo como paisajista, creando belleza para otros, sino también en su trato personal.

Un Legado Vivo en la Ciudad

El recuerdo de Ana Ibáñez Fernández perdurará en la mirada de quienes aprendieron a descubrir la belleza en los detalles más sutiles gracias a ella. Queda el placer de haber compartido conversaciones amables e intensas vivencias a su lado. Pero, sobre todo, permanece su valioso legado y su firme empeño por hacer de Granada una ciudad aún más hermosa a través de sus creaciones.

Quizás muchos granadinos, o visitantes, no conocieron personalmente a Ana Ibáñez o no son conscientes de que están contemplando una de sus obras. Sin embargo, es muy probable que, paseando por la ciudad, hayan experimentado la fragancia embriagadora de un macasar en enero, hayan buscado el alivio fresco bajo la sombra acogedora de un tilo en verano, o se hayan maravillado ante la elegante belleza de un arrayán cuidadosamente dispuesto. Es muy probable que esos momentos de conexión con la naturaleza en el entorno urbano sean, en realidad, un regalo plantado por las manos sabias de Ana.

Ella misma solía afirmar que los jardineros son personas inherentemente generosas. Lo que siembran no es para su disfrute inmediato, sino un regalo destinado a las generaciones futuras. Y precisamente por esa generosidad intrínseca a su oficio, creía que los jardineros tienen un lugar asegurado en el Paraíso.

Es en ese Paraíso donde hoy la imaginamos. Rodeada de la belleza que tanto amó y creó, construyendo nuevos vergeles, diseminando la alegría que la caracterizaba y regalando la felicidad que encontraba en la conexión con las plantas y las personas.

Preguntas Frecuentes sobre Ana Ibáñez Fernández

¿Quién fue Ana Ibáñez Fernández?
Ana Ibáñez Fernández fue una destacada bióloga, paisajista y profesora universitaria, reconocida por su importante contribución al diseño y cuidado de jardines y espacios verdes, especialmente en la ciudad de Granada.
¿Cuál era su profesión principal?
Aunque su formación inicial fue en biología, se especializó y destacó como paisajista y profesora de paisajismo y jardinería en la Universidad de Granada.
¿Quién era su marido?
Su marido fue Eugenio Marqués Garcés, quien era arquitecto. Falleció en el año 2003.
¿Tuvo hijos?
Sí, Ana Ibáñez y Eugenio Marqués tuvieron tres hijos: Ana, Eugenio y David.
¿Qué legado dejó en Granada?
Dejó un extenso legado en forma de numerosos proyectos de paisajismo en parques públicos, jardines históricos y espacios privados en Granada y sus alrededores, además de la formación de muchos profesionales a través de su labor docente en la UGR.
¿Dónde impartió clases?
Fue profesora en institutos de enseñanza secundaria en Las Palmas de Gran Canaria, Churriana de la Vega y Granada, y posteriormente fue profesora titular en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura y la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Granada.
Rol PrincipalÁreas de Trabajo/EnseñanzaEjemplos de Contribución
BiólogaInvestigaciónTesis doctoral sobre el entorno de la Alhambra
PaisajistaProyectos públicos y privados, restauración de jardines históricosParque Pueblos América (Motril), Arrabal del Castillo (Álora), Paseillos universitarios (UGR), Jardín Casa museo Manuel de Falla, jardines domésticos
Profesora UniversitariaPaisajismo, JardineríaEnseñanza en ETSAG y Bellas Artes (UGR)
Profesora SecundariaBiologíaEnseñanza en institutos (Las Palmas, Churriana, Mariana Pineda)
Gestora de JardinesMantenimiento y mejora de espacios verdesServicio de Jardinería de la Universidad de Granada

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Jesús Porta Etessam

Soy licenciado en Medicina y Cirugía y Doctor en Neurociencias por la Universidad Complutense de Madrid. Me formé como especialista en Neurología realizando la residencia en el Hospital 12 de Octubre bajo la dirección de Alberto Portera y Alfonso Vallejo, donde también ejercí como adjunto durante seis años y fui tutor de residentes. Durante mi formación, realicé una rotación electiva en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center.Posteriormente, fui Jefe de Sección en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid y actualmente soy jefe de servicio de Neurología en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz. Tengo el honor de ser presidente de la Sociedad Española de Neurología, además de haber ocupado la vicepresidencia del Consejo Español del Cerebro y de ser Fellow de la European Academy of Neurology.A lo largo de mi trayectoria, he formado parte de la junta directiva de la Sociedad Española de Neurología como vocal de comunicación, relaciones internacionales, director de cultura y vicepresidente de relaciones institucionales. También dirigí la Fundación del Cerebro.Impulsé la creación del grupo de neurooftalmología de la SEN y he formado parte de las juntas de los grupos de cefalea y neurooftalmología. Además, he sido profesor de Neurología en la Universidad Complutense de Madrid durante más de 16 años.

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