What is a neural painting?

El Cerebro ante el Arte Abstracto

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Desde hace aproximadamente 30.000 años, la humanidad se ha dedicado a crear y apreciar obras de arte, un fenómeno que se ha entrelazado profundamente con nuestra evolución. El arte visual, en particular, es percibido y procesado por la misma maquinaria neuronal y las mismas rutas anatómicas que desarrollamos primariamente para interactuar y comprender nuestra “realidad”. Estos mecanismos evolucionaron para permitirnos adquirir y analizar información sensorial del mundo que nos rodea, facilitando así un comportamiento adaptativo y exitoso en un entorno siempre cambiante.

What does the brain tell us about abstract art?
Abstract art may therefore encourage our brain to respond in a less restrictive and stereotypical manner, exploring new associations, activating alternative paths for emotions, and forming new possibly creative links in our brain.

El sistema visual, siendo el vehículo principal para procesar el arte visual, tiene como objetivo filtrar, organizar y dar un orden funcional a la enorme cantidad de datos que fluyen hacia él. Es interesante notar que, en las etapas tempranas del procesamiento visual, la escena se descompone en sus componentes elementales: puntos de luz, líneas, bordes, formas simples, colores, movimiento, etc. En etapas posteriores y superiores, el sistema reconstruye estos componentes en formas y objetos complejos: un coche en movimiento, un rostro con ojos parpadeantes, una pirueta de un bailarín. Nuestro cerebro, como máquina de aprendizaje eficiente, utiliza esquemas y algoritmos de procesamiento bidireccional (tanto “de arriba hacia abajo” como “de abajo hacia arriba”) para analizar escenas visuales. Esto significa que primero construimos (predecimos) un modelo tentativo, una representación opcional del mundo visual, y este modelo se verifica y actualiza con creciente precisión confrontándolo con la “evidencia” presentada por el estímulo sensorial. Estos procesos bidireccionales continuos nos permiten hacer generalizaciones y tomar decisiones rápidas y efectivas sobre el mundo.

Índice de Contenido

El Arte: Un Escape de las Restricciones de la Realidad

A diferencia del procesamiento de objetos cotidianos, el arte está liberado de las restricciones funcionales impuestas al sistema visual durante nuestra vida diaria. Muy a menudo, el arte se dedica a encontrar nuevas formas de organizar y representar objetos y paisajes. Los artistas tienen la libertad de representar y descomponer los objetos representados de diversas maneras no funcionales o no “realistas”. Ejemplos claros se encuentran en las obras de movimientos como el Cubismo (con artistas como George Braque y Pablo Picasso) o el Surrealismo (como Salvador Dalí y Joan Miró). Las obras de arte también pueden ser representaciones solo parcialmente fieles de nuestra experiencia visual diaria, como las figuras azules monocromáticas de Pablo Picasso o los caballos azules de Franz Marc, e incluso pueden estar “libres” de obedecer las leyes de la física (por ejemplo, las figuras voladoras de Marc Chagall o los objetos imposibles de M.C. Escher).

Aparentemente, categorizamos algunas entradas visuales como obras de arte y otras como no arte. Hacemos esta distinción basándonos en parámetros contextuales, culturales y perceptuales. Curiosamente, una distinción importante entre percibir un objeto como una obra de arte o como parte de la experiencia visual diaria (no artística) reside en la presencia del estilo artístico (como la pincelada del pintor) y no solo en el contenido de la escena. Esta noción nos lleva al carácter único del arte abstracto.

El Arte Abstracto: Un Desafío Único para el Cerebro

El arte abstracto, a diferencia del arte representacional y otras formas de arte mencionadas, no ejemplifica objetos o entidades familiares para nuestro sistema visual en la experiencia diaria. Sin embargo, como toda información visual, el arte abstracto es percibido a través del mismo sistema que se desarrolló principalmente para representar funcionalmente objetos del mundo real. Esto coloca al arte abstracto en una posición única dentro del procesamiento visual, alejado del papel natural (“de supervivencia”) de ese sistema.

Por lo tanto, es intrigante intentar comprender por qué nos sentimos atraídos por el arte abstracto (como lo demuestra el enorme éxito de exposiciones de obras abstractas, como las de Jackson Pollock). Esto debe significar que el arte abstracto, que es una invención humana relativamente reciente, ofrece algo atractivo al cerebro del espectador. Así que la pregunta es: ¿qué ofrece el arte abstracto a la mente del espectador? Cabe señalar que este artículo se centra en los dos extremos de un continuo entre arte representacional y arte abstracto, y, por lo tanto, no aborda la categoría intermedia de pinturas, es decir, obras semi-representacionales o semi-abstractas.

Neurociencia y Arte Abstracto: Lo Que Revelan los Estudios

Una suposición fundamental de la investigación cerebral moderna es que cada acción en los ámbitos mental, cognitivo o emocional se correlaciona con un patrón específico de actividad cerebral correspondiente. Cada actividad representa y genera la experiencia resultante. Por lo tanto, vale la pena buscar los correlatos neurales de la experiencia del arte abstracto e intentar extraer los principios subyacentes al procesamiento neural de esta forma de arte.

Actividad Cerebral: Diferencias Observadas

En un estudio de imagen fMRI, Kawabata y Zeki (2004) demostraron que diferentes categorías de pintura (paisaje, retrato y naturaleza muerta) evocaron actividad en regiones cerebrales localizadas y específicas de cada categoría. En contraste, el arte abstracto no activó una región cerebral localizada única. Más bien, la actividad cerebral relacionada con el arte abstracto apareció en regiones cerebrales activadas también por todas las demás categorías. Así, al restar la señal fMRI generada por el arte abstracto de las señales generadas por el arte representacional de varios tipos (paisajes, retratos, naturalezas muertas), se observó actividad nula.

Esto es sorprendente, ya que uno podría suponer que habría correlatos neurales (es decir, actividad cerebral específica) para el reconocimiento por exclusión cognitiva específica de la categoría de arte abstracto. Por otro lado, debido a que el arte abstracto no consiste en objetos claros y bien caracterizados, sino que se compone de elementos visuales básicos como líneas, puntos, manchas de color y formas simples como triángulos, uno podría esperar que la actividad correspondiente a estos elementos básicos también aparezca en otras categorías de actividad cerebral. En este caso, no deberíamos esperar una actividad cerebral única relacionada con el arte abstracto, como de hecho encontraron Kawabata y Zeki (2004), así como Vartanian y Goel (2004). Dicho de otra manera, parece que sabemos que estamos viendo arte abstracto al darnos cuenta de que lo que vemos no pertenece a ninguna otra categoría específica de arte.

Hallazgos Conductuales y de EEG

Además de los estudios de fMRI, el arte abstracto también se ha estudiado mediante métodos conductuales y de electroencefalografía de voltaje directo (DC-EEG). Combinando análisis conductuales y de tomografía electromagnética de baja resolución, Lengger et al. (2007) demostraron que los observadores preferían pinturas abstractas y representacionales de manera similar. Sin embargo, los estímulos abstractos evocaron emociones más positivas. Las obras de arte representacionales fueron clasificadas como más interesantes, se entendieron mejor e indujeron más asociaciones (según lo reportaron subjetivamente los observadores). La información sobre la pintura (como el título, el nombre del artista, la técnica utilizada) aumentó la comprensión de cada estilo (tanto arte representacional como abstracto), pero no cambió otros parámetros de evaluación (es decir, preferencia, asociaciones, emociones).

Comparando la actividad cerebral en respuesta a pinturas representacionales y abstractas, se reveló una activación significativamente mayor para las obras de arte representacionales en varias regiones cerebrales, predominantemente en el lóbulo frontal izquierdo y bilateralmente en los lóbulos temporal, frontal y parietal, el sistema límbico, la ínsula y otras áreas. El aumento de la actividad cerebral en respuesta al arte representacional se atribuyó principalmente al proceso de reconocimiento de objetos y a la activación de los sistemas de memoria y asociación. La introducción de información estilística pareció reducir la activación cortical, tanto para el arte representacional como para el abstracto. Los autores concluyeron que la información sobre las obras de arte parece facilitar el procesamiento neural de los estímulos.

La idea de que el conocimiento y la experiencia facilitan el procesamiento de los estímulos visuales también fue evidente en el trabajo de Solso (2000). Solso monitorizó la actividad cerebral de un retratista (mediante fMRI) mientras dibujaba rostros, y comparó la actividad cerebral del artista con la de un no artista que dibujaba los mismos rostros. La actividad cerebral del artista reveló menos actividad en las áreas de procesamiento de rostros (parietal posterior) que la de los no artistas. Este menor nivel de activación del área de reconocimiento facial del artista indica que puede ser más eficiente en el procesamiento de los rasgos faciales que el novato.

De los experimentos anteriores, se puede concluir que el arte abstracto, el conocimiento estilístico y la experiencia parecen reducir la actividad cortical cerebral en comparación con los controles relevantes (arte representacional, falta de conocimiento estilístico y novatos, respectivamente). Estos resultados indican que el análisis del arte abstracto evoca una activación cerebral menos focal.

El estudio de Vartanian y Goel (2004) presenta cierta evidencia de que una reducción en la preferencia estética subjetiva se correlaciona con una disminución de la actividad en ciertas áreas cerebrales involucradas en los sistemas de recompensa, mientras que una mayor preferencia estética evocó una mayor actividad en otras áreas cerebrales, involucradas en la valencia emocional y la atención. Encontraron que, en general, las pinturas representacionales fueron preferidas sobre las abstractas. Correlacionando la actividad cerebral (mediante fMRI) con la preferencia estética, los investigadores demostraron que la activación en el núcleo caudado derecho disminuía con la disminución de la preferencia, mientras que la activación de las señales fMRI en los giros occipitales bilaterales, el surco cingulado izquierdo y los giros fusiformes bilaterales, todos aumentaron en respuesta al aumento de la preferencia. Estos resultados implican que, debido a que el arte abstracto es menos preferido por el observador, hay menos recompensa, menos valencia emocional y atención reducida, todo lo cual resulta en una menor actividad cerebral.

El Papel del Estilo frente al Contenido

Se ha afirmado que durante el procesamiento de obras de arte, tienen lugar dos aspectos diferentes: el procesamiento del contenido pictórico y el procesamiento del estilo artístico. En un estudio de potenciales relacionados con eventos (ERP), Augustin et al. (2011) encontraron que el procesamiento del estilo comienza más tarde y se desarrolla más lentamente que el procesamiento del contenido (50 ms frente a 10 ms, respectivamente). Atribuyen esta diferencia de tiempo en el procesamiento de la obra de arte al hecho de que la clasificación del contenido está extremadamente sobreaprendida por los humanos como parte de la clasificación y reconocimiento de objetos diarios, mientras que el análisis del estilo es una tarea visual que muchos apenas han experimentado. Sugieren (siguiendo a Leder et al., 2004) que la información estilística podría procesarse como una entidad abstracta, que requiere un procesamiento de alto nivel, en lugar de una combinación de características de bajo nivel. Este trabajo también apoya la noción de que la información específica del estilo y la experiencia artística facilitarían e influirían en la percepción del arte abstracto (más que del arte representacional). Si este es realmente el caso, entonces el arte abstracto, que nos expone principalmente al estilo de la obra y apenas a un contenido significativo (ya que no se representan objetos particulares), se procesa principalmente a través de las rutas cerebrales del análisis del estilo; rutas que son menos familiares y menos utilizadas por la mayoría de las personas. En otras palabras, el arte abstracto nos introduce a una situación desconocida (o menos familiar).

Estudios de Seguimiento Ocular

Otra característica que podría potenciarse al mirar arte abstracto es cuán global es el patrón de observación cuando faltan objetos reconocibles concretos en la escena pictórica. Esta falta de objetos permite una mirada global más uniforme. Por ejemplo, Taylor et al. (2011) investigaron el seguimiento ocular de espectadores que apreciaban las pinturas de Jackson Pollock, mostrando que los ojos de los espectadores tienden a escanear de manera bastante uniforme la superficie de todo el lienzo. Este hallazgo contrasta claramente con los estudios de patrones de mirada ya clásicos del arte representacional, en los que el ojo tiende a fijarse principalmente en las características sobresalientes de la pintura (por ejemplo, ojos, nariz, árboles, firma, etc.) y a descuidar casi por completo el resto (la mayoría) de la superficie de la pintura (ver, por ejemplo, Locher et al., 2007; Hari y Kujala, 2009). El trabajo de Taylor et al. (2011) apoya la noción de que, al analizar arte abstracto, el sistema visual/perceptivo está menos comprometido con una mirada focal y convergente, sino más bien con una mirada más homogénea. De nuevo, una situación menos familiar en nuestra experiencia diaria (ver trabajo relacionado de Zangemeister et al., 1995). Otra investigación encontró que en el arte representacional, los ojos se fijan más tiempo en los detalles figurativos que en las pinturas abstractas, probablemente debido a la falta de elementos figurativos en la escena pictórica. Esto es válido tanto para expertos como para legos (Pihko et al., 2011).

¿Por Qué Nos Atrae? Especulaciones Desde la Neurociencia

El análisis del arte pictórico puede considerarse compuesto por tres procesos principales: (i) el esfuerzo del cerebro para analizar el contenido y el estilo pictórico; (ii) la avalancha de asociaciones que evoca; y (iii) la respuesta emocional que genera. Por supuesto, al ser creado por el hombre sin un uso práctico inmediato, el arte en general permite al espectador ejercer un cierto desapego de la “realidad” que, al parecer, proporciona ciertas recompensas al amante del arte.

Liberando el Cerebro de la Realidad

Pero el arte abstracto ofrece una oportunidad particularmente única que es evocada por un estímulo visual que no está relacionado con objetos y, por lo tanto, está alejado de nuestra experiencia visual diaria. Esto nos libera, en gran medida, de activar (automáticamente) sistemas cerebrales relacionados con objetos cuya tarea es “buscar” composiciones familiares (basadas en la memoria). Tales mecanismos de “supervivencia” (por ejemplo, la “unión” y la “separación figura-fondo”) no se activan a través del arte abstracto, lo que nos permite formar nuevas asociaciones “libres de objetos” que pueden surgir de características visuales más rudimentales como líneas, colores y formas simples. Esta conclusión está respaldada tanto por la falta de regiones cerebrales específicas para el procesamiento exclusivo del arte abstracto (Kawabata y Zeki, 2004) como por los experimentos de seguimiento ocular (Taylor et al., 2011), que demuestran que en el arte abstracto, el ojo (cerebro) está “libre” para escanear toda la superficie de la pintura en lugar de “caer” principalmente en características salientes bien reconocidas, como ocurre al procesar arte representacional.

Por lo tanto, el arte abstracto puede alentar a nuestro cerebro a responder de una manera menos restrictiva y estereotipada, explorando nuevas asociaciones, activando vías alternativas para las emociones y formando nuevos vínculos posiblemente creativos en nuestro cerebro. También nos permite acceder a procesos visuales tempranos (que se ocupan de características simples como puntos, líneas y objetos simples) que de otro modo serían más difíciles de acceder cuando se analiza una imagen “gestáltica” completa, como es el caso del arte representacional.

Variabilidad y Estados Internos

Si, de hecho, la hipótesis anterior fuera correcta, cabría esperar una mayor variabilidad de la respuesta individual entre personas, y en diferentes momentos para los mismos espectadores, en la respuesta cerebral al arte abstracto en comparación con el arte representacional. De hecho, tal variabilidad se encontró en estudios conductuales. Reflejando el estado interno en lugar de obedecer al dominio de los objetos visuales, se espera que la respuesta al arte abstracto dependa más del estado interno particular de uno en un momento muy específico, más aún que al observar arte representacional (que activa de manera más automática el sistema cerebral relacionado con la “supervivencia”). En algunos casos, una obra de arte abstracto particular podría evocar una asociación y respuesta emocional más fuertes que en otros momentos, cuando el estado interno del espectador es menos accesible, menos propenso al procesamiento del arte abstracto.

Una predicción relacionada es que el arte abstracto activaría más la red neuronal por defecto en el cerebro, asociada con el procesamiento orientado hacia el interior. Esta predicción concuerda con los hallazgos de Cela-Conde et al. (2013), que demuestran la participación de la red de modo predeterminado durante la fase posterior de la apreciación estética. Relevante para el presente artículo es la afirmación expresada en el artículo mencionado, que indica las complejas relaciones entre los pensamientos internos y el procesamiento de eventos externos (para más información sobre el papel y la participación del sistema predeterminado en la apreciación del arte, ver también Vessel et al., 2012; Mantini y Vanduffel, 2013).

En contraste, el arte representacional activaría el sistema extrínseco con mayor potencia, ya que este sistema está asociado con el procesamiento de la información que llega del entorno externo (Golland et al., 2008).

Comparando el Procesamiento Cerebral

CaracterísticaArte RepresentacionalArte Abstracto
Objetos ReconociblesSí, primariamenteNo, o no fácilmente
Procesamiento Cerebral (Áreas)Activación en áreas específicas para objetos (rostros, paisajes)Activación en áreas más básicas (líneas, colores), menos áreas específicas
Procesamiento Cerebral (Actividad General)Mayor actividad (reconocimiento, memoria, asociaciones automáticas)Menor actividad (análisis menos focalizado, exploración)
Patrón de MiradaFocalizado en rasgos salientes/reconociblesMás uniforme, escaneo de toda la superficie
AsociacionesMás automáticas, basadas en objetos/memoriaMás nuevas, basadas en rasgos básicos, estado interno, creatividad
Dependencia del Estado InternoMenorMayor
Activación de Redes ClaveMás el sistema extrínseco (entorno externo)Posiblemente más la red por defecto (orientada al interior)

Preguntas Frecuentes

¿Qué dice la neurociencia sobre por qué nos atrae el arte abstracto?
La neurociencia sugiere que el arte abstracto nos atrae porque libera a nuestro cerebro de la necesidad de identificar objetos del mundo real. Esto le permite explorar su propio estado interno, crear nuevas asociaciones emocionales y cognitivas basadas en elementos básicos como líneas y colores, y activar vías neuronales menos utilizadas en la vida diaria. Este proceso de exploración interna parece ser gratificante.

¿Por qué el arte abstracto no activa áreas cerebrales únicas como lo hace el arte representacional?
Según algunos estudios, el arte abstracto no activa una región cerebral única porque carece de objetos definidos. En cambio, se procesa en áreas cerebrales que manejan elementos visuales básicos (líneas, colores) que también están presentes en otras formas de arte. Es posible que lo reconozcamos como “arte abstracto” por un proceso de exclusión, es decir, al darnos cuenta de que no encaja en ninguna otra categoría de arte representacional.

¿El conocimiento sobre el estilo o el artista influye en cómo percibimos el arte abstracto?
Sí, la investigación indica que la información estilística y el conocimiento sobre la obra pueden facilitar el procesamiento neural tanto del arte representacional como del abstracto. Aunque no necesariamente cambie la preferencia o las emociones, puede ayudar a “entender” mejor la obra y potencialmente reducir la actividad cortical, sugiriendo un procesamiento más eficiente.

¿Es la experiencia de ver arte abstracto más variable entre personas o momentos que ver arte representacional?
Los estudios conductuales sugieren que sí. Debido a que el arte abstracto depende menos de la identificación automática de objetos del mundo real (que es más uniforme entre personas), la respuesta tiende a estar más influenciada por el estado interno, la memoria y las asociaciones personales del espectador en un momento dado. Esto puede llevar a una mayor variabilidad en la respuesta emocional y cognitiva.

Conclusión

El arte abstracto es una invención relativamente reciente del cerebro humano, con apenas un siglo de existencia. Su éxito en atraer a tantos de nosotros sugiere que cumple un papel cognitivo/emocional importante. Apoyado por estudios experimentales recientes, postulamos que el arte abstracto libera a nuestro cerebro del dominio de la realidad, permitiéndole fluir dentro de sus estados internos, crear nuevas asociaciones emocionales y cognitivas y activar estados cerebrales a los que de otro modo sería más difícil acceder. Este proceso es aparentemente gratificante, ya que permite la exploración de territorios internos aún no descubiertos del cerebro del espectador.

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Jesús Porta Etessam

Soy licenciado en Medicina y Cirugía y Doctor en Neurociencias por la Universidad Complutense de Madrid. Me formé como especialista en Neurología realizando la residencia en el Hospital 12 de Octubre bajo la dirección de Alberto Portera y Alfonso Vallejo, donde también ejercí como adjunto durante seis años y fui tutor de residentes. Durante mi formación, realicé una rotación electiva en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center.Posteriormente, fui Jefe de Sección en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid y actualmente soy jefe de servicio de Neurología en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz. Tengo el honor de ser presidente de la Sociedad Española de Neurología, además de haber ocupado la vicepresidencia del Consejo Español del Cerebro y de ser Fellow de la European Academy of Neurology.A lo largo de mi trayectoria, he formado parte de la junta directiva de la Sociedad Española de Neurología como vocal de comunicación, relaciones internacionales, director de cultura y vicepresidente de relaciones institucionales. También dirigí la Fundación del Cerebro.Impulsé la creación del grupo de neurooftalmología de la SEN y he formado parte de las juntas de los grupos de cefalea y neurooftalmología. Además, he sido profesor de Neurología en la Universidad Complutense de Madrid durante más de 16 años.

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