¿Qué es la depresión según la neurociencia?

Ciencia detrás de la Depresión Mayor

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El Trastorno Depresivo Mayor (TDM), comúnmente conocido como depresión, es una condición de salud mental compleja y multifacética que afecta a millones de personas en todo el mundo. Aunque su etiología exacta aún no se comprende completamente, la investigación científica ha revelado que no puede atribuirse a un único factor. En cambio, la depresión surge de una intrincada interacción entre la predisposición genética, los factores ambientales como el estrés y las alteraciones en la biología cerebral, incluyendo desequilibrios en los neurotransmisores y procesos inflamatorios.

¿Qué es la depresión en la neurociencia?
Estudios de neuroimagen revelan que muchos circuitos cerebrales que normalmente regulan el estado de ánimo están desregulados en la depresión. En lo profundo del cerebro, la amígdala procesa estímulos como recompensas y amenazas potenciales. En la depresión, la amígdala es hiperactiva y responde excesivamente a eventos negativos .

Comprender la ciencia detrás del TDM es crucial para desarrollar tratamientos más efectivos y reducir el estigma asociado a esta enfermedad. A medida que profundizamos en las bases biológicas, genéticas y ambientales, obtenemos una imagen más clara de por qué algunas personas son más vulnerables y cómo podemos intervenir para aliviar el sufrimiento.

Índice de Contenido

Factores Patogénicos Comunes

La depresión no es simplemente un estado de ánimo, sino una enfermedad con raíces biológicas y ambientales documentadas. Si bien los factores psicológicos son bien conocidos, la investigación ha puesto de manifiesto la importancia de otros elementos. Los factores genéticos, el estrés social y la presencia de otras enfermedades crónicas contribuyen significativamente al desarrollo del TDM. Esto subraya la necesidad de abordar la depresión desde una perspectiva integral, considerando múltiples vías causales en lugar de un enfoque simplista.

La Influencia Genética

Numerosos estudios, incluyendo análisis familiares, de gemelos y de adopción, sugieren que los factores genéticos desempeñan un papel crucial en la aparición del TDM. Se estima que la heredabilidad de la depresión oscila entre el 30% y el 50%. Si bien no existe un único gen responsable, los estudios de asociación de genoma completo (GWAS) han identificado más de 100 loci genéticos asociados con un mayor riesgo. Estos incluyen genes relacionados con el tráfico de vesículas presinápticas (PCLO), la neurotransmisión dopaminérgica (DRD2), receptores de glutamato (GRIK5, GRM5) y señalización de calcio (CACNA1E, CACNA2D1). También se han identificado variantes de número de copia (CNV) relacionadas con el riesgo, como en los loci 1q21.1, 15q11-13 y 16p11.2, algunos asociados con síndromes como el de Prader-Willi.

A pesar de estos hallazgos, ninguna variación genética individual explica por sí sola la predisposición significativa al TDM. La enfermedad es genéticamente diversa, y es probable que la combinación de múltiples factores hereditarios, junto con las influencias ambientales como el estrés, sea más determinante para su desarrollo. La investigación del transcriptoma en pacientes con TDM ha revelado defectos en los niveles de transcripción de la somatostatina (SST) en ciertas regiones cerebrales, un neuropéptido importante en los circuitos neuronales.

El Impacto del Estrés

Más allá de la genética, las influencias ambientales, especialmente el estrés, contribuyen de manera significativa al desarrollo del TDM, tanto de forma independiente como en interacción con los genes. Eventos vitales adversos, como la pérdida de empleo, infidelidades o divorcios, son conocidos desencadenantes de episodios depresivos mayores. Aunque el mecanismo patológico exacto por el cual el estrés social conduce a la depresión aún se investiga, se sabe que el estrés crónico puede inducir cambios estructurales y funcionales en las neuronas.

En algunos pacientes, el estrés provoca una elevación prolongada de los niveles de glucocorticoides, lo que puede alterar las estructuras sinápticas y causar un desequilibrio en el eje Hipotálamo-Pituitario-Adrenal (HPA). La hiperactividad de este eje está fuertemente relacionada con la depresión. Además, estudios recientes destacan la importancia de las células gliales, como la microglia y los astrocitos, en la mediación de conductas depresivas inducidas por factores ambientales. La activación del receptor P2X7R en astrocitos, por ejemplo, ha sido implicada en comportamientos depresivos inducidos por estrés crónico.

Comorbilidades y Salud Física

La coexistencia frecuente de la depresión con diversas enfermedades fisiológicas y psicológicas subraya la estrecha conexión entre la salud física y mental. El TDM no solo es una condición en sí misma, sino también un factor de riesgo para el desarrollo de otras complicaciones, incluyendo enfermedades neurodegenerativas (como demencia, Alzheimer, Parkinson), cardiovasculares (enfermedad arterial coronaria, infarto), metabólicas y endocrinas (obesidad, diabetes), y algunas autoinmunes.

La relación entre la depresión y estas comorbilidades es compleja y a menudo bidireccional. La presencia de comorbilidades aumenta significativamente la carga social y económica del TDM. De hecho, en Estados Unidos, se estima que en 2018, el 63% de los costos asociados al TDM se debieron a las comorbilidades, no a la depresión per se. Además, los pacientes con TDM tienen una menor esperanza de vida, y el empeoramiento de las comorbilidades puede contribuir a esta mortalidad prematura.

Hipótesis de Neurotransmisores

La teoría tradicional de las monoaminas postula que las deficiencias en neurotransmisores como la serotonina (5-HT), la dopamina (DA) y la norepinefrina (NE) son una causa subyacente de la depresión clínica. Esta hipótesis surgió en gran medida a partir del descubrimiento accidental de que ciertos fármacos que afectaban estos neurotransmisores tenían efectos antidepresivos. Los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), como la fluoxetina, son un ejemplo de tratamientos desarrollados basándose en esta teoría.

Es importante destacar que los astrocitos, un tipo de célula glial, también expresan transportadores para NE (NETT) y 5-HT (SERT), que son objetivos de muchos antidepresivos tradicionales. La función de los astrocitos puede ser regulada directamente por los ISRS. La monoamino oxidasa (MAO), que metaboliza la adrenalina, también activa la señalización de calcio en los astrocitos, sugiriendo una interacción directa de los antidepresivos con estas células.

Serotonina (5-HT)

La serotonina es un neuromodulador esencial con propiedades neuroplásticas. Numerosas investigaciones la vinculan estrechamente con la fisiopatología de la depresión mayor. La hipótesis de la serotonina sugiere que una disminución en sus niveles es un factor de riesgo. Se han encontrado niveles bajos de 5-HT y su precursor, el L-triptófano, en la sangre de personas deprimidas. El tratamiento prolongado con fluoxetina, un ISRS típico, revierte la reducción de células astrocíticas en el hipocampo inducida por el estrés en modelos animales.

Los receptores de 5-HT, presentes en neuronas y también en astrocitos (subtipos 1, 2, 6 y 7), desempeñan un papel crucial. Muchos de estos receptores astrocíticos están acoplados a proteínas G y afectan la concentración de calcio intracelular, lo que puede modular la actividad neuronal. El receptor 5-HT2B en los astrocitos es particularmente sensible a la 5-HT y se ha convertido en un objetivo farmacológico potencial para los ISRS. La fluoxetina interactúa con este receptor en los astrocitos, activando diferentes vías de señalización (PI3K/AKT, MAPK/ERK, GSK3β, EGFR) que influyen en la expresión génica y proteica, afectando procesos que podrían estar relacionados con los trastornos del estado de ánimo.

Norepinefrina (NE)

La norepinefrina, liberada por el locus coeruleus, participa en diversas funciones neurales. Tras su liberación, la NE no se limita al espacio sináptico, pudiendo alcanzar las células gliales cercanas. Inhibidores de la recaptación de norepinefrina (IRSN), como la atomoxetina, se utilizan clínicamente para tratar el TDM.

Los inhibidores de la recaptación de serotonina y norepinefrina (IRSN), como la duloxetina, desvenlafaxina y venlafaxina, aumentan la biodisponibilidad de 5-HT y NE y son efectivos en pacientes resistentes a otros tratamientos. El tratamiento crónico con duloxetina, por ejemplo, aumenta la expresión de conexina 43 (Cx43), un componente clave de las uniones gap en los astrocitos, revirtiendo la disfunción inducida por el estrés crónico. La venlafaxina ha mostrado efectos neuroprotectores al aumentar la producción de factores de crecimiento (FGF-2, TGF-β1) en astrocitos. Estos hallazgos sugieren que los efectos antidepresivos de los IRSN también involucran la modulación de la función glial.

Dopamina (DA)

La evidencia creciente sugiere una reducción en la neurotransmisión dopaminérgica en personas con depresión. La dopamina es fundamental en el circuito de recompensa (cuerpo estriado) y en otras regiones como la habenula lateral. El estrés crónico reduce los niveles de dopamina en áreas como el estriado y el hipocampo. La señalización dopaminérgica juega un papel clave en la comunicación entre astrocitos y neuronas en el estriado.

La disfunción astrocítica puede aumentar los niveles de DA, afectando la actividad neuronal a través de los receptores de dopamina D2. Esto puede contribuir a un aumento de los niveles extracelulares de glutamato. Dado que la señalización de DA es crucial para la plasticidad estructural y sináptica, una alteración inducida por la actividad astrocítica comprometida podría generar cambios duraderos en la neurotransmisión.

El Papel del Glutamato

El glutamato es el principal neurotransmisor excitatorio en el sistema nervioso central. Es liberado por las neuronas y también por los astrocitos. Los astrocitos son reguladores esenciales de la neurotransmisión glutamatérgica, siendo responsables de la recaptación de glutamato extracelular mediante transportadores específicos (EAATs). Este proceso es vital para mantener la homeostasis del glutamato y prevenir la excitotoxicidad neuronal. En el ciclo clásico glutamato-glutamina, los astrocitos convierten el glutamato en glutamina, que es liberada y absorbida por las neuronas.

Alteraciones en la recaptación astrocítica de glutamato se han asociado con trastornos psiquiátricos. Estudios post-mortem han encontrado niveles elevados de glutamato en la corteza frontal de pacientes con depresión severa, y los antidepresivos pueden restaurar estos niveles. Modelos animales muestran que la estimulación sostenida con glucocorticoides (hormonas del estrés) aumenta la excitabilidad de las neuronas glutamatérgicas y disminuye el número y la plasticidad de los astrocitos, lo que conduce a comportamientos depresivos.

Señalización Purinérgica (ATP y Adenosina)

El ATP extracelular puede ser catabolizado para producir adenosina, y ambos están implicados en la señalización purinérgica, que se ha relacionado con la depresión. La activación del receptor P2X7R en células gliales exacerba los síntomas depresivos, mientras que la actividad neuronal mediada por P2X2R disminuye bajo estrés crónico debido a la insuficiente liberación de ATP por parte de los astrocitos.

Nuestra investigación ha demostrado que la privación crónica de sueño puede inducir comportamientos depresivos al aumentar los niveles de ATP extracelular in vivo. Este ATP elevado estimula el P2X7R y reduce la expresión del receptor 5-HT2B en los astrocitos, afectando cascadas de señalización que modulan la inflamación y el comportamiento. La adenosina, producida a partir del ATP, actúa principalmente a través de los receptores A1 (inhibitorio) y A2AR (facilitador). Los antagonistas de A2AR pueden prevenir la pérdida sináptica y revertir el daño causado por el estrés. El consumo de cafeína, un antagonista de los receptores de adenosina, se ha relacionado con el riesgo de suicidio y depresión. Las anomalías en los receptores de adenosina, especialmente la sobreexpresión de A2AR bajo estrés crónico, contribuyen a la disfunción emocional.

El Eje Hipotálamo-Pituitario-Adrenal (HPA)

La estrecha relación entre el estrés y el TDM se manifiesta en la activación del eje HPA, el principal sistema de respuesta al estrés del cuerpo. La hiperactividad del eje HPA es una de las alteraciones neurobiológicas más comunes en personas deprimidas. Esta hiperactividad se caracteriza por un aumento en la producción de hormona liberadora de corticotropina (CRH) en el hipotálamo, lo que estimula la liberación de hormona adrenocorticotrópica (ACTH) en la hipófisis y, a su vez, la liberación de glucocorticoides (GCs), como el cortisol, por las glándulas suprarrenales.

Los GCs, si bien son vitales para la respuesta aguda al estrés, pueden ser perjudiciales para las neuronas en diversas regiones cerebrales bajo exposición crónica. Los GCs ejercen retroalimentación negativa sobre el eje HPA para mantener el control, pero en la depresión, este mecanismo a menudo está alterado, lo que lleva a niveles elevados y sostenidos de GCs. Los receptores de GCs (GR) y mineralocorticoides (MR) son objetivos de los GCs. La disfunción del eje HPA y los altos niveles de GCs juegan un papel central en la patogénesis del TDM, sugiriendo que los receptores de GCs podrían ser un objetivo terapéutico importante.

Otras Hormonas Implicadas

Hormonas Tiroideas

Las hormonas tiroideas (HTs), T3 y T4, regulan el metabolismo y el desarrollo del sistema nervioso. El eje Hipotálamo-Pituitario-Tiroideo (HPT) está interconectado con el eje HPA. Se ha demostrado que el cortisol (un GC) afecta directamente la secreción de TRH (hormona liberadora de tirotropina), que regula la liberación de TSH (hormona estimulante de la tiroides). Niveles más bajos de ARNm de TRH se han observado en pacientes deprimidos con ideación suicida recurrente.

Las HTs son cruciales para el crecimiento y la función neuronal, y también para el desarrollo de células gliales como la microglia, los astrocitos y los oligodendrocitos. Las HTs influyen en la forma y proliferación de los astrocitos, modulan la expresión de GFAP/vimentina y aumentan la actividad de la glutamina sintasa (GS). La T3 puede inducir la proliferación astrocítica mediante la producción autócrina de factores de crecimiento (EGF, FGF-2). Estos hallazgos sugieren que los astrocitos son objetivos de las HTs y que estas hormonas pueden proteger a neuronas y astrocitos de la toxicidad por glutamato.

Estrógenos

Los estrógenos, particularmente el estradiol (E2), desempeñan un papel importante en funciones cerebrales como la memoria y el aprendizaje, así como en el control del eje HPA. El E2 puede modular los sistemas de serotonina y norepinefrina, y se ha demostrado que alivia los síntomas depresivos en modelos animales. La terapia con estrógenos puede alterar la cantidad de ciertos receptores de 5-HT y beta-adrenérgicos.

Los astrocitos también son objetivos de los estrógenos, expresando receptores de estrógeno (ER1, ER2) y GPR30. Estos receptores median la señalización rápida y no genómica de los estrógenos en los astrocitos, contribuyendo a sus efectos neuroprotectores. El estradiol puede potenciar el efecto antidepresivo rápido de la ketamina al aumentar la expresión de subunidades de receptores AMPA en astrocitos derivados de células madre pluripotentes inducidas (iPSC).

Leptina

La leptina, una hormona derivada de los adipocitos, controla el eje HPA a través de su receptor (OB-R) en el hipotálamo y otras regiones cerebrales. Datos crecientes sugieren que la leptina está implicada en procesos patológicos de enfermedades mentales. La leptina puede potenciar los efectos farmacológicos de la fluoxetina en los astrocitos, aumentando selectivamente la expresión del receptor astrocítico 5-HT2B a través de la vía JAK2/STAT3. Esto, a su vez, estimula la secreción de factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF) por parte de los astrocitos, mejorando los comportamientos depresivos. Esto indica el potencial de la leptina para influir en la expresión de proteínas como el SERT y potenciar la acción de los antidepresivos.

La Hipótesis de las Citoquinas y la Inflamación

El TDM se asocia con cambios en los niveles de citoquinas proinflamatorias (IL-1β, IL-6, TNF-α) y factores neurotróficos (BDNF). La creciente evidencia sugiere que la producción de ciertas citoquinas por los astrocitos cerebrales desempeña un papel significativo en la patogénesis del TDM. La inflamación, especialmente la neuroinflamación, es un mecanismo fisiopatológico central en la depresión.

Estrés Oxidativo

El estrés oxidativo (EO), causado por un desequilibrio entre antioxidantes y especies reactivas de oxígeno (ROS), puede dañar proteínas, lípidos y ADN. El cerebro, con su alto metabolismo energético y relativa baja capacidad antioxidante intrínseca, es particularmente vulnerable al EO. El EO juega un papel crucial en la depresión.

Los astrocitos son los principales productores de glutatión en el cerebro, un antioxidante clave, y albergan numerosas enzimas para la desintoxicación de ROS. Protegen a las neuronas cercanas del daño oxidativo. La activación del factor Nrf2, un factor de transcripción sensible al redox, en los astrocitos es importante para coordinar la respuesta antioxidante celular. El litio, por ejemplo, alivia la anhedonia inducida por isquemia en ratones suprimiendo la producción de ROS mitocondriales en las células gliales.

El aumento de la producción de ROS promueve la inflamación, activando inflamasomas en la microglia que producen citoquinas inflamatorias. Las citoquinas proinflamatorias se han convertido en indicadores patológicos del TDM, y el uso de antioxidantes adecuados podría ser una estrategia terapéutica útil.

Citoquinas Proinflamatorias

Niveles elevados de inflamación aumentan el riesgo de desarrollar depresión de nueva aparición. Si bien la relación es compleja, se sabe que el TDM se asocia con una respuesta inmune alterada, manifestada por el aumento de IL-1β, TNF-α e IL-6. La activación de los astrocitos inducida por lipopolisacáridos (LPS), por ejemplo, contribuye a los síntomas del TDM y aumenta la producción de iNOS, IL-1β, TNF-α y GFAP en el hipocampo y la corteza. La inhibición de los astrocitos activados reduce la neuroinflamación y mejora los comportamientos depresivos inducidos por LPS.

Factores Neurotróficos

Los niveles de factores neurotróficos, como el factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF) y el factor neurotrófico derivado de células gliales (GDNF), a menudo están alterados en pacientes con depresión severa. El BDNF es esencial para la supervivencia, el crecimiento y la diferenciación neuronal, así como para la plasticidad neural. Apuntar a la señalización del BDNF y su receptor TrkB es crucial para el tratamiento de la depresión.

El BDNF no solo es producido por las neuronas, sino también por los astrocitos. Los ISRS y los antidepresivos tricíclicos aumentan la expresión de BDNF en astrocitos cultivados. La sobreexpresión de BDNF en astrocitos del hipocampo de ratones promueve la neurogénesis y genera comportamiento ansiolítico. El BDNF secretado por los astrocitos en respuesta a la terapia antidepresiva a largo plazo puede contribuir a aumentar la plasticidad sináptica y estructural, subyaciendo a los efectos conductuales duraderos de los antidepresivos.

Inflamasomas

La neuroinflamación, mediada en parte por los astrocitos, es una característica definitoria del TDM. Los inflamasomas, como el NLRP3, son complejos multiproteicos que se ensamblan en respuesta a señales de peligro y promueven la producción de citoquinas proinflamatorias. La sensibilización del inflamasoma NLRP3 y la supresión de la síntesis de BDNF están implicadas en el TDM.

La privación crónica de sueño, por ejemplo, puede activar el inflamasoma NLRP3 en los astrocitos y disminuir los niveles de BDNF, contribuyendo a los comportamientos depresivos. La activación del NLRP3 en los astrocitos conduce a una mayor producción de IL-1β e IL-18. La inhibición eficiente de los inflamasomas NLRP3 se considera una nueva estrategia terapéutica para el TDM. El litio, por ejemplo, puede atenuar la piroptosis glial (un tipo de muerte celular inflamatoria) mediada por GSDMD, regulando vías de señalización que, en última instancia, inhiben la activación del inflamasoma NLRP3 y reducen la producción de ROS mitocondriales. Este mecanismo neuroprotector del litio contribuye a la mejora de los comportamientos depresivos.

Factores Clave en la Depresión Mayor

FactorRol en el TDMPosibles Mecanismos Implicados
GenéticaPredisposición, herencia del 30-50%Variaciones en genes de neurotransmisión, señalización, etc.
Estrés CrónicoDesencadenante claveHiperactividad del eje HPA, glucocorticoides elevados, cambios sinápticos, disfunción glial.
NeurotransmisoresAlteraciones en niveles/funciónDeficiencias en Serotonina, Norepinefrina, Dopamina; desregulación del Glutamato, ATP/Adenosina.
HormonasModulación de la biología cerebralGlucocorticoides, Hormonas Tiroideas, Estrógenos, Leptina.
InflamaciónMecanismo fisiopatológico centralCitoquinas proinflamatorias (IL-1β, IL-6, TNF-α), Estrés Oxidativo, Inflamasomas (NLRP3).
Células GlialesPapel activo en la patogénesisAstrocitos, Microglia y Oligodendrocitos participan en la homeostasis de neurotransmisores, respuesta al estrés, inflamación y soporte neuronal.

Preguntas Frecuentes sobre la Ciencia de la Depresión

  • ¿La depresión es solo un desequilibrio químico?
    No, la teoría del desequilibrio químico (monoaminas) fue un punto de partida importante, pero la investigación actual muestra que la depresión es mucho más compleja. Implica una red intrincada de factores genéticos, ambientales (como el estrés), biológicos (incluyendo neurotransmisores, hormonas, inflamación) y la función de diversas células cerebrales como los astrocitos.
  • ¿Puede el estrés causar depresión?
    Sí, el estrés crónico o eventos vitales traumáticos son desencadenantes bien documentados de episodios depresivos mayores, especialmente en personas genéticamente predispuestas. El estrés puede inducir cambios duraderos en el cerebro.
  • ¿Son los astrocitos importantes en la depresión?
    Sí, los astrocitos, tradicionalmente vistos solo como células de soporte, ahora se reconocen como actores clave en la patogénesis de la depresión. Participan en la regulación de neurotransmisores (como el glutamato y la serotonina), responden al estrés y la inflamación, producen factores neurotróficos y son objetivos de los antidepresivos.
  • ¿La inflamación cerebral contribuye a la depresión?
    Sí, la neuroinflamación es un mecanismo fisiopatológico central. Niveles elevados de citoquinas proinflamatorias y estrés oxidativo se observan con frecuencia en pacientes con depresión, y la activación de células gliales como la microglia y los astrocitos contribuye a este proceso.
  • ¿La depresión tiene cura?
    El TDM es una enfermedad crónica que requiere manejo a largo plazo para muchas personas. Si bien no siempre se habla de una "cura" definitiva, la depresión es altamente tratable con una combinación de terapias (farmacológicas, psicológicas) y cambios en el estilo de vida. La investigación continua en su base científica abre puertas a tratamientos más específicos y efectivos.

Conclusión

La patogénesis del Trastorno Depresivo Mayor es un campo de investigación dinámico y en constante evolución. Las hipótesis sobre desequilibrios de neurotransmisores, la disfunción del eje HPA, las alteraciones hormonales, el papel crucial de las células gliales como los astrocitos, y la contribución de la inflamación y el estrés oxidativo, pintan un cuadro de una enfermedad profundamente arraigada en la biología cerebral y corporal, influenciada por nuestro entorno y nuestra genética.

Aunque hemos avanzado enormemente en la comprensión de estos mecanismos, todavía existen desafíos significativos. La complejidad de las interacciones entre los diversos factores y la dificultad de estudiarlos en tiempo real en pacientes limitan nuestra capacidad para desentrañar completamente la fisiopatología del TDM. Sin embargo, la integración de nuevas tecnologías y un enfoque que considere la colaboración de todo el organismo prometen abrir nuevas vías para revelar las causas subyacentes y, en última instancia, desarrollar tratamientos más efectivos y personalizados para quienes viven con esta desafiante condición.

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Jesús Porta Etessam

Soy licenciado en Medicina y Cirugía y Doctor en Neurociencias por la Universidad Complutense de Madrid. Me formé como especialista en Neurología realizando la residencia en el Hospital 12 de Octubre bajo la dirección de Alberto Portera y Alfonso Vallejo, donde también ejercí como adjunto durante seis años y fui tutor de residentes. Durante mi formación, realicé una rotación electiva en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center.Posteriormente, fui Jefe de Sección en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid y actualmente soy jefe de servicio de Neurología en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz. Tengo el honor de ser presidente de la Sociedad Española de Neurología, además de haber ocupado la vicepresidencia del Consejo Español del Cerebro y de ser Fellow de la European Academy of Neurology.A lo largo de mi trayectoria, he formado parte de la junta directiva de la Sociedad Española de Neurología como vocal de comunicación, relaciones internacionales, director de cultura y vicepresidente de relaciones institucionales. También dirigí la Fundación del Cerebro.Impulsé la creación del grupo de neurooftalmología de la SEN y he formado parte de las juntas de los grupos de cefalea y neurooftalmología. Además, he sido profesor de Neurología en la Universidad Complutense de Madrid durante más de 16 años.

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