¿Cómo se llama la ciencia que estudia los fundamentos neuronales de la experiencia espiritual?

Neurociencia y la Experiencia Espiritual

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Desde hace décadas, el vertiginoso avance de las neurociencias ha reavivado un debate ancestral: ¿Puede la ciencia experimental decir algo sobre la profunda experiencia que el ser humano tiene de lo sagrado, de lo trascendente, de Dios? ¿Es este un terreno exclusivo de la teología o la filosofía? O, quizás, ¿hemos encontrado un punto de encuentro que permita una interpretación más completa de la compleja realidad humana?

Estas preguntas son el motor de una disciplina emergente y aún en construcción: la neuroteología. Lejos de ser un intento por demostrar la existencia de Dios o reducir la creencia a una mera función cerebral, la neuroteología busca establecer correlaciones entre la actividad neuronal y las vivencias religiosas o espirituales. Es un espacio de investigación interdisciplinaria que convoca a neurocientíficos, psicólogos, antropólogos, filósofos y teólogos para arrojar luz sobre un fenómeno tan universal como enigmático.

¿Cómo se llama la ciencia que estudia los fundamentos neuronales de la experiencia espiritual?
Neuroteología y la naturaleza de la experiencia religiosa* Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional. Resumen: El desarrollo de las neurociencias en las últimas décadas ha reavivado el interés por el fenómeno de la creencia y de la experiencia religiosa.

El objetivo de este campo no es encontrar un hipotético “lugar de Dios” en el cerebro, una idea que investigaciones más recientes han descartado. Más bien, se trata de entender cómo la experiencia religiosa se manifiesta en la actividad cerebral, utilizando técnicas de neuroimagen, y de explorar las posibles explicaciones neuropsicológicas que subyacen a estas vivencias, sin desestimar su potencial valor epistémico o su naturaleza profunda, elementos que son abordados por otras disciplinas.

Los Fundamentos de la Neuroteología

La neuroteología se posiciona como un campo de interacción entre las ciencias experimentales y las disciplinas interesadas en el fenómeno religioso, marcando un intento de superación de la histórica ruptura entre ambas esferas. Sin embargo, su definición y métodos aún se están delineando. La fusión de “neurociencia” y “teología” plantea la cuestión de si se presupone una labor desde la fe o si se trata de un estudio puramente científico de un fenómeno humano.

Actualmente, la discusión se centra más en la localización y explicación de las experiencias religiosas a nivel cerebral que en aspectos dogmáticos. Podemos identificar dos vertientes principales:

  • Perspectiva Reduccionista: Representada por figuras como Michel Persinger, sugiere que las creencias y experiencias religiosas no son más que productos de la actividad cerebral, es decir, epifenómenos.
  • Perspectiva Positiva: Con exponentes como Andrew Newberg y Eugene D’Aquili, confiere validez a la experiencia religiosa, buscando explicar los fundamentos neuropsicológicos implicados y colaborando con otras ciencias para su interpretación.

Andrew Newberg, médico y neurocientífico, es uno de los pioneros en este campo. Para él, la neuroteología no busca reducir lo espiritual a lo biológico ni viceversa, sino que ciencia y teología deben ser fieles a sus propios métodos y postulados. Sus investigaciones, a menudo realizadas en colaboración con Eugene D’Aquili, sugieren que la creencia y la experiencia de lo sagrado persistirán debido a bases neuropsicológicas que sustentan la religión.

Mecanismos Neuropsicológicos de la Experiencia Religiosa

Newberg y D’Aquili postulan que la religión cumple funciones esenciales para la supervivencia y adaptabilidad humana, como la autopreservación y la autotrascendencia. Para sustentar esto, proponen la existencia de dos mecanismos neuropsicológicos fundamentales que serían la base del desarrollo de la experiencia y las conductas religiosas:

El Operador Causal:

Este operador, que se cree involucra la convexidad anterior del lóbulo frontal, el lóbulo inferior parietal y sus interconexiones, estaría relacionado con la forma en que percibimos la causalidad en la realidad. Según Newberg y D’Aquili, el cerebro humano tiende a buscar un término inicial o una primera causa para cualquier cadena de eventos. Esto lleva a la creación de constructos mentales, a menudo mitológicos o religiosos, para explicar el origen y control del mundo. Esta búsqueda de causas últimas, a veces, se manifiesta en prácticas religiosas de intercambio o control (el concepto de do ut des: “doy para que me des”).

El Operador Holístico:

Este mecanismo, asociado a la activación de ciertas partes de la región parieto-occipital no dominante del cerebro, genera una creciente sensación de totalidad, una percepción unificada que trasciende el sentido de multiplicidad de la realidad cotidiana. Este operador estaría implicado en los estados místicos y experiencias de conciencia alterada, que son considerados el culmen de muchas tradiciones religiosas. En sus grados más altos, puede llevar a la sensación de ser unitario absoluto (Absolute Unitary Being - AUB), donde se pierde la noción de tiempo, espacio y del yo individual, experimentando una unión con el universo o con lo divino.

Estos dos operadores, según los autores, sugieren que el cerebro humano podría estar “programado” para percibir o generar elementos esenciales relacionados con la religión y la experiencia religiosa, lo que explicaría la persistencia de la creencia en lo trascendente a lo largo de la historia y en diversas culturas.

Operador Causal vs. Operador Holístico: Una Comparativa

Para entender mejor los mecanismos propuestos por D’Aquili y Newberg, podemos contrastar sus características principales:

CaracterísticaOperador CausalOperador Holístico
Áreas Cerebrales Involucradas (Propuesta)Lóbulo frontal (convexidad anterior), lóbulo inferior parietal, interconexiones.Región parieto-occipital no dominante.
Función PrincipalPercepción de la causalidad, búsqueda de primeras causas, explicación del origen de las cosas.Generación de sensación de totalidad, unidad; trascendencia del sentido de multiplicidad.
Manifestaciones Religiosas AsociadasMitos de origen, explicación del mundo, prácticas de intercambio (ej. sacrificios), búsqueda de control sobre la realidad.Estados místicos, experiencias de unidad, éxtasis, meditación profunda, sensación de disolución del yo.
Naturaleza de la ExperienciaRelacionada con la comprensión del mundo y la interacción con fuerzas percibidas.Relacionada con la disolución de límites, la unidad con lo trascendente o el universo.

Es importante notar que estas propuestas son tentativas y continúan siendo objeto de evaluación y debate dentro de la comunidad científica. Además, surgen preguntas sobre cómo estas explicaciones se aplican a experiencias inducidas por sustancias psicotrópicas o a experiencias místicas espontáneas que no son buscadas activamente.

La Naturaleza y Validez de la Experiencia Religiosa

La discusión neurocientífica nos lleva inevitablemente a reflexionar sobre la naturaleza de la experiencia religiosa en sí misma. Aunque a menudo se usa indistintamente con términos como mística o espiritual, la experiencia religiosa es un componente central de lo que entendemos por “religión”, un sistema complejo que incluye doctrinas, mitos, ética, rituales e instituciones.

Definir “religión” es un desafío, sin un consenso único. Derivada del latín religio (posiblemente de religare, unir; o relegere, recopilar), abarca la experiencia, las creencias, los sentimientos y las prácticas. La experiencia religiosa, aunque puede ocurrir al margen de la religión institucional, es vista por muchos como el núcleo o la esencia de la religiosidad.

El estudio de la experiencia religiosa ha sido criticado por quienes la consideran un fenómeno único e inexplicable por métodos científicos, o por quienes temen que su estudio la aísle de otras disciplinas. Sin embargo, la tendencia actual aboga por un acercamiento multidisciplinar, considerándola tanto un conjunto de experiencias “consideradas” religiosas, como un concepto central dentro del estudio de la religión, y como un subconjunto de manifestaciones religiosas más amplias.

William James, pionero en la psicología de la religión, ya resaltaba el valor de la experiencia más allá de su origen, describiéndola como un “sentido de la realidad”, una “percepción de lo que podemos llamar ‘algo’ más profundo y general” que trasciende los sentidos ordinarios. Es una experiencia que, aunque a veces ocurre en lo cotidiano, a menudo se busca o se manifiesta en momentos o espacios especiales.

Desde la teología, la experiencia religiosa se describe a menudo como un encuentro con lo divino o trascendente. Este encuentro no es meramente subjetivo o imaginario, sino una relación interpersonal que presupone una iniciativa divina y una respuesta humana en la fe. La teología católica, por ejemplo, enfatiza que este encuentro está mediado por una fe histórica y no es solo un criterio subjetivo.

La validez epistémica de la experiencia religiosa, es decir, si puede considerarse una fuente legítima de conocimiento, es otro punto de debate. Filósofos como Richard Swinburne proponen el “principio de la credulidad” (si a un sujeto le parece que algo está presente, es probable que esté presente) para defender su validez cognitiva. William Alston, por su parte, habla de “percibir a Dios” como una posibilidad real con una estructura similar a la percepción sensorial, sugiriendo que puede constituir una cognición experiencial genuina.

La tradición cristiana, a través de la relación entre fe y razón (Fides et ratio), considera la fe como algo razonable, que busca ser comprendido por la razón. La teología, al dar razones de lo que se cree (fides quarens intellectum), argumenta que el conocimiento de Dios y las creencias derivadas de la experiencia religiosa son verdaderas y razonables, aunque no sean observables o verificables en un laboratorio.

Desafíos y Preguntas Abiertas

A pesar de los avances, el estudio de la experiencia religiosa desde la neurociencia enfrenta numerosos desafíos. Los experimentos con técnicas de neuroimagen, como el SPECT, muestran que la experiencia religiosa activa diversas áreas del cerebro (lóbulos frontal, parietal, occipital, temporal), lo que contradice la idea de un único “punto de Dios” y sugiere que es un fenómeno complejo que involucra múltiples redes neuronales. Esto plantea la pregunta crucial: ¿Está el cerebro programado para *producir* a Dios, o para *percibir* a Dios?

Neurocientíficos como los hermanos Fingelkurts y otros expertos coinciden en que, por el momento, las neurociencias no ofrecen una explicación completa de la naturaleza de la experiencia religiosa. Si bien demuestran que el cerebro *registra actividad* durante estas vivencias y que las estructuras cerebrales “juegan un papel central”, no pueden negar o afirmar la realidad de lo experimentado, ni distinguir definitivamente entre una actividad cotidiana intensa y una experiencia religiosa.

La teóloga y filósofa Anne Runehov propone cambiar la pregunta de si la experiencia religiosa es “sagrada *o* neural” a “sagrada *y* neural”, abogando por una búsqueda continua e interdisciplinar que reconozca las limitaciones de cada campo por separado. La complejidad del fenómeno se hace evidente en casos como el de André Frossard, cuya experiencia religiosa transformadora ocurrió de manera inesperada, sin búsqueda ni predisposición familiar, un tipo de vivencia difícil de replicar o estudiar en un entorno de laboratorio controlado.

Además, la diversidad de experiencias religiosas en diferentes tradiciones (misticismo cristiano, meditación budista, prácticas chamánicas con psicotrópicos, etc.) añade otra capa de complejidad. ¿Pueden los mismos mecanismos neuropsicológicos explicar fenómenos tan variados? ¿Cómo influyen el contexto cultural, las expectativas y la disciplina espiritual en la manifestación neuronal de estas experiencias?

Preguntas Frecuentes sobre Neuroteología y Experiencia Espiritual

Aquí abordamos algunas dudas comunes sobre este campo de estudio:

Q: ¿Qué es exactamente la neuroteología?
P: Es un campo interdisciplinario emergente que busca investigar las correlaciones entre la actividad cerebral (estudiada por la neurociencia) y la experiencia religiosa o espiritual, así como las creencias asociadas. Reúne a científicos, filósofos y teólogos.

Q: ¿La neuroteología intenta demostrar o negar la existencia de Dios?
P: No, ese no es su objetivo principal. Se enfoca en comprender los mecanismos neuropsicológicos subyacentes a las experiencias y creencias religiosas como fenómenos humanos. No busca validar o invalidar la verdad de los contenidos de fe.

Q: ¿Se ha encontrado un “punto de Dios” en el cerebro?
P: La idea de un área cerebral única responsable de la experiencia religiosa ha sido descartada por investigaciones más recientes. Las técnicas de neuroimagen muestran que diversas áreas del cerebro se activan durante la experiencia religiosa, sugiriendo que es un fenómeno complejo que involucra múltiples redes neuronales.

Q: ¿Qué son los operadores causal y holístico propuestos por Newberg y D’Aquili?
P: Son mecanismos neuropsicológicos hipotéticos. El operador causal estaría relacionado con la búsqueda de explicaciones y primeras causas (asociado a mitos y prácticas de control). El operador holístico estaría relacionado con la sensación de unidad y trascendencia (asociado a estados místicos).

Q: ¿La experiencia religiosa es solo un producto de la actividad cerebral?
P: Esta es una de las principales preguntas y debates en el campo. La perspectiva reduccionista sugiere que sí, mientras que la perspectiva positiva y otras disciplinas argumentan que, si bien el cerebro participa y registra la actividad, no se puede reducir la experiencia religiosa a una mera función neural, dejando abierta la posibilidad de una interacción con una realidad trascendente.

Q: ¿Puede la ciencia explicar completamente la experiencia religiosa?
P: Por el momento, no. Los científicos reconocen que las metodologías actuales tienen limitaciones para capturar la complejidad y profundidad de estas experiencias, que involucran aspectos subjetivos, culturales y, para los creyentes, relacionales con lo divino. Se considera un campo de estudio continuo e interdisciplinar.

Conclusión: Hacia un Diálogo Fecundo

La discusión en torno a la neuroteología no se agota en la búsqueda de correlaciones cerebrales; invita a una reflexión más profunda sobre la funcionalidad de la experiencia religiosa en la vida humana, sus efectos a nivel corporal, psicológico, espiritual y ético. Resaltar su valor epistémico y su naturaleza compleja es esencial para abordarla desde todas las ciencias.

La interacción entre ciencia y teología, mediada por disciplinas como la filosofía y la psicología, puede ser un camino para superar malentendidos históricos y fomentar una cooperación renovada. Implica una autocrítica para ambos campos, abandonando fundamentalismos (ya sean religiosos o científicos) que impiden la apertura a otras formas de comprender la realidad.

Existe un paralelismo interesante entre la actitud del teólogo ante el misterio y la del científico ante lo desconocido. La actitud apofática del teólogo, que reconoce las limitaciones humanas ante lo incomprensible, no es resignación, sino una invitación a buscar otras vías de comprensión y expresión. De manera similar, el asombro del científico ante un hallazgo inesperado o su limitación ante lo aún inexplicable, impulsa la investigación y la búsqueda continua.

La experiencia religiosa se presenta así como un vasto campo de estudio interdisciplinar que llama a ir más allá de las fronteras tradicionales. La neuroteología, aún en sus primeras etapas, se perfila como un posible punto de encuentro para comprender la complejidad del fenómeno humano y la forma en que percibimos e interactuamos con la realidad en sus múltiples dimensiones, incluyendo aquella que se considera trascendente.

Este campo de investigación no solo promete arrojar luz sobre la mente humana, sino también fomentar un diálogo más rico y matizado entre la ciencia y las diversas formas en que la humanidad busca sentido y conexión con algo más allá de sí misma.

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Jesús Porta Etessam

Soy licenciado en Medicina y Cirugía y Doctor en Neurociencias por la Universidad Complutense de Madrid. Me formé como especialista en Neurología realizando la residencia en el Hospital 12 de Octubre bajo la dirección de Alberto Portera y Alfonso Vallejo, donde también ejercí como adjunto durante seis años y fui tutor de residentes. Durante mi formación, realicé una rotación electiva en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center.Posteriormente, fui Jefe de Sección en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid y actualmente soy jefe de servicio de Neurología en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz. Tengo el honor de ser presidente de la Sociedad Española de Neurología, además de haber ocupado la vicepresidencia del Consejo Español del Cerebro y de ser Fellow de la European Academy of Neurology.A lo largo de mi trayectoria, he formado parte de la junta directiva de la Sociedad Española de Neurología como vocal de comunicación, relaciones internacionales, director de cultura y vicepresidente de relaciones institucionales. También dirigí la Fundación del Cerebro.Impulsé la creación del grupo de neurooftalmología de la SEN y he formado parte de las juntas de los grupos de cefalea y neurooftalmología. Además, he sido profesor de Neurología en la Universidad Complutense de Madrid durante más de 16 años.

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