What part of the brain evaluates risk and reward?

Neurociencia: Riesgo, Recompensa y Cerebro

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Nuestra vida diaria está llena de decisiones, muchas de las cuales implican sopesar posibles ganancias frente a potenciales pérdidas. Elegir una inversión financiera, decidir si cruzar la calle con el semáforo en ámbar o incluso seleccionar un plato en un restaurante desconocido, todas son situaciones que requieren que nuestro cerebro evalúe el riesgo y la recompensa. Pero, ¿qué partes de esta compleja máquina biológica son responsables de estos cálculos tan fundamentales? La neurociencia ha avanzado significativamente en la comprensión de los circuitos cerebrales implicados, revelando que no es una única área, sino una red de regiones trabajando en conjunto, cada una con roles específicos en el procesamiento de la probabilidad, el valor y la incertidumbre.

What part of the brain evaluates risk and reward?
Researchers have gained a new understanding of how the brain processes reward and risk information. Neuroscientists show how nerve cells in the so-called amygdala not only encode the probability and magnitude of rewards, but also dynamically process this information to predict value and risk.

Investigaciones recientes arrojan luz sobre cómo diferentes estructuras cerebrales procesan esta información vital para la toma de decisiones. Dos áreas han surgido como protagonistas principales en este proceso: la amígdala y la ínsula anterior, aunque otras regiones como la corteza prefrontal y los ganglios basales también desempeñan papeles importantes, e incluso nuestros genes tienen algo que decir en nuestra propensión al riesgo.

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La Amígdala: El Centro Emocional y Evaluador

Tradicionalmente conocida por su papel en las emociones, especialmente el miedo, la amígdala ha demostrado ser mucho más versátil. Estudios recientes, como el liderado por Raymundo Báez-Mendoza del German Primate Center y Fabian Grabenhorst de la Universidad de Oxford, han revelado que las neuronas en esta región no solo codifican la probabilidad y la magnitud de las recompensas, sino que también procesan dinámicamente esta información para predecir el valor y el riesgo asociado.

En un estudio fascinante con monos Rhesus, se entrenó a los animales para asociar señales visuales con diferentes probabilidades y cantidades de recompensa en forma de jugo. Mientras los monos observaban y procesaban estos estímulos, los investigadores registraron la actividad de neuronas individuales en la amígdala utilizando microelectrodos. Lo que descubrieron fue notable: muchas neuronas en la amígdala representan la probabilidad de una recompensa de manera abstracta, independientemente de la señal visual específica que la represente. Esto significa que las células reconocen la probabilidad per se, sin importar si se presenta con una imagen u otra.

Además, se observó que algunas neuronas se especializan puramente en la probabilidad, mientras que otras consideran de forma flexible también la magnitud de la recompensa. Este procesamiento es dinámico; algunas células reaccionan primero a la probabilidad y luego a la magnitud de la recompensa. Esta secuencia de procesamiento permite al cerebro evaluar diferentes aspectos de una recompensa e integrarlos en una evaluación global.

Pero la función de la amígdala va más allá de simplemente registrar probabilidades y magnitudes. El estudio también mostró que algunas neuronas pueden evaluar el riesgo de una recompensa. El riesgo, en este contexto, se define como la incertidumbre sobre la magnitud de la recompensa. Estas células integran dinámicamente información sobre la probabilidad y la magnitud para predecir el riesgo. Esta capacidad es crucial para tomar decisiones informadas en situaciones inciertas.

La disfunción en la amígdala podría llevar a una percepción distorsionada de las recompensas y los riesgos, lo que podría contribuir a problemas de salud mental como los trastornos de ansiedad y la depresión. Entender cómo esta área procesa la incertidumbre es un paso importante para desentrañar las bases neurales de decisiones económicas complejas y su relevancia clínica.

La Ínsula Anterior: Predicción de Recompensa y Riesgo en el Tiempo

Otra área cerebral fundamental en la evaluación de riesgo y recompensa es la ínsula anterior. Investigaciones previas utilizando resonancia magnética funcional (fMRI) ya habían sugerido que esta región se activa cuando las personas evalúan el riesgo y procesan la incertidumbre.

Un estudio más reciente del laboratorio de John O'Doherty en Caltech, publicado en Nature Communications, profundizó en el papel de la ínsula anterior utilizando mediciones de actividad cerebral mucho más precisas. En lugar de fMRI, que mide cambios en el flujo sanguíneo (lentos), este estudio reclutó pacientes con epilepsia a los que se les habían implantado electrodos en regiones cerebrales clave, incluida la ínsula anterior, con fines terapéuticos no relacionados. Esto permitió a los investigadores registrar la actividad neuronal a una escala de tiempo mucho más rápida, microsegundos, algo imposible con fMRI.

Durante el estudio, los participantes jugaron un sencillo juego de cartas diseñado para manipular la incertidumbre. Se les pedía predecir si una segunda carta sería mayor o menor que la primera, sin ver ninguna de las cartas. La primera carta revelada proporcionaba información variable sobre la incertidumbre del resultado final. Por ejemplo, si la primera carta era un 10 y predijeron 'menor', la incertidumbre desaparecía (correcto). Si era un As y predijeron 'menor', también desaparecía (incorrecto). Pero si era un 5, la incertidumbre persistía hasta ver la segunda carta.

What part of the brain is involved in risk assessment?
Researchers found that a region of the brain called the anterior insula is activated when people assess risk and process uncertainty.Mar 20, 2024

El modelo computacional probado en este estudio predijo un proceso de dos pasos en la evaluación tras ver la segunda carta: primero, la evaluación del error de predicción de recompensa, y segundo, la evaluación del error de predicción de riesgo. Los datos de los electrodos en la ínsula anterior confirmaron exactamente esta secuencia temporal.

El error de predicción de recompensa (RePE por sus siglas en inglés) es la diferencia entre el valor esperado de una recompensa y el valor real observado. El error de predicción de riesgo (RiPE) es la diferencia entre la incertidumbre esperada y la incertidumbre real observada. El estudio encontró que el RiPE se basa en los mismos procesos neurales que el RePE y ocurre temporalmente después de él en la ínsula anterior. Esto sugiere que el cerebro utiliza el error de predicción de recompensa para calcular el error de predicción de riesgo, lo que a su vez ayuda a aprender a evaluar el nivel de riesgo de una situación, información crucial para guiar futuras decisiones.

Comprender cómo el cerebro genera estos errores de predicción es vital para construir modelos más precisos sobre el aprendizaje y la toma de decisiones. Una disfunción en estos procesos en la ínsula anterior podría estar implicada en trastornos como el juego patológico, la adicción u otros desórdenes psiquiátricos.

Otras Áreas Clave y la Influencia Genética

Más allá de la amígdala y la ínsula anterior, otras regiones cerebrales también están implicadas en la compleja danza del riesgo y la recompensa. Un estudio genético a gran escala, que analizó datos de más de un millón de personas, identificó 124 variantes genéticas asociadas con el comportamiento de riesgo. Este estudio, publicado en Nature Genetics, señaló a la corteza prefrontal y los ganglios basales como áreas que probablemente desempeñan un papel.

Estas regiones forman parte del sistema de recompensa, conocido por su implicación crítica en el aprendizaje, la motivación y la toma de decisiones, especialmente bajo condiciones de riesgo e incertidumbre. Curiosamente, el estudio genético contradijo la creencia previa de que las vías químicas asociadas con el cortisol, dopamina, serotonina, estrógeno y testosterona eran las principales influencias genéticas en la tolerancia general al riesgo. En cambio, encontraron evidencia de que los neurotransmisores glutamato (excitatorio) y GABA (inhibitorio) probablemente juegan un papel significativo.

El estudio también abordó la distinción entre la tolerancia general al riesgo (la propensión autodescrita a tomar riesgos en general) y comportamientos de riesgo específicos (como exceso de velocidad, consumo de alcohol o tabaco, inversiones arriesgadas, etc.). Contrariamente a la idea de que estos eran rasgos separados, encontraron correlaciones genéticas significativas, sugiriendo que un conjunto común de factores genéticos influye en la propensión a participar en diferentes tipos de comportamientos arriesgados.

Aunque los hombres tienden a reportar una mayor tolerancia al riesgo que las mujeres, el estudio encontró que los factores genéticos que influyen en esta tolerancia son similares entre sexos. También confirmaron que la tolerancia general al riesgo disminuye con la edad.

Finalmente, el estudio genético reveló correlaciones significativas entre la tolerancia al riesgo y rasgos de personalidad y neuropsiquiátricos, incluyendo TDAH, trastorno bipolar y esquizofrenia. Si bien cada variante genética individual tiene un efecto pequeño, en conjunto y en combinación con factores ambientales, contribuyen a nuestra propensión individual al riesgo.

Implicaciones y Futuro

Los hallazgos sobre la amígdala, la ínsula anterior, la corteza prefrontal, los ganglios basales y las influencias genéticas pintan un cuadro complejo de cómo el cerebro evalúa el riesgo y la recompensa. Entender los mecanismos neuronales y genéticos subyacentes a la toma de decisiones bajo incertidumbre no solo profundiza nuestra comprensión de la cognición humana, sino que también tiene importantes implicaciones clínicas.

What part of the brain is responsible for risk taking?
Brain regions that appear to be involved in risk were the prefrontal cortex and the basal ganglia, which are involved in the primate reward system, which is “critically involved in learning, motivation and decision-making, notably under risk and uncertainty,” the researchers wrote.

Las disfunciones en estos circuitos podrían explicar comportamientos de riesgo desadaptativos o la aversión extrema al riesgo observada en ciertas condiciones de salud mental. La investigación futura podría explorar cómo estas áreas interactúan en una red compleja y cómo las intervenciones terapéuticas podrían dirigirse a estas vías para tratar trastornos relacionados con la toma de decisiones alterada.

Aunque no podemos predecir la tolerancia al riesgo de un individuo basándonos solo en estos hallazgos, esta investigación proporciona una base sólida para futuros estudios que examinen la interacción entre factores genéticos y ambientales en la configuración de nuestras elecciones arriesgadas.

Preguntas Frecuentes

¿Qué parte del cerebro evalúa principalmente el riesgo y la recompensa?
No hay una única parte, sino varias regiones clave trabajando juntas. La amígdala procesa la probabilidad, magnitud y predice el valor y riesgo. La ínsula anterior evalúa los errores de predicción de recompensa y riesgo, crucial para aprender de la experiencia. La corteza prefrontal y los ganglios basales, parte del sistema de recompensa, también están implicados.

¿Qué es el riesgo en el contexto de la neurociencia de la decisión?
Según la información proporcionada, en el contexto de la evaluación neural, el riesgo puede definirse como la incertidumbre sobre la magnitud de la recompensa esperada.

¿Qué son el error de predicción de recompensa (RePE) y el error de predicción de riesgo (RiPE)?
El RePE es la diferencia entre el valor esperado de una recompensa y el valor real recibido. El RiPE es la diferencia entre la incertidumbre esperada sobre una recompensa y la incertidumbre real. Se ha observado que el RiPE se calcula después del RePE en la ínsula anterior.

¿La genética influye en nuestra propensión a tomar riesgos?
Sí, estudios a gran escala han identificado variantes genéticas asociadas con la tolerancia general al riesgo y comportamientos de riesgo específicos. Estas influencias genéticas parecen afectar áreas cerebrales como la corteza prefrontal y los ganglios basales, e involucran neurotransmisores como el glutamato y el GABA.

¿Cómo se estudiaron estas funciones cerebrales?
Se utilizaron diversas técnicas, incluyendo el registro de actividad neuronal con microelectrodos en monos Rhesus (para la amígdala), mediciones de actividad neuronal con electrodos implantados en pacientes humanos (para la ínsula anterior) y estudios genéticos a gran escala en poblaciones humanas (para influencias genéticas y áreas como corteza prefrontal y ganglios basales).

¿Estos hallazgos tienen implicaciones para la salud mental?
Sí. Una percepción distorsionada de riesgos y recompensas debido a disfunciones en áreas como la amígdala o la ínsula anterior podría contribuir a trastornos como la ansiedad, la depresión, el juego patológico y la adicción.

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Jesús Porta Etessam

Soy licenciado en Medicina y Cirugía y Doctor en Neurociencias por la Universidad Complutense de Madrid. Me formé como especialista en Neurología realizando la residencia en el Hospital 12 de Octubre bajo la dirección de Alberto Portera y Alfonso Vallejo, donde también ejercí como adjunto durante seis años y fui tutor de residentes. Durante mi formación, realicé una rotación electiva en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center.Posteriormente, fui Jefe de Sección en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid y actualmente soy jefe de servicio de Neurología en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz. Tengo el honor de ser presidente de la Sociedad Española de Neurología, además de haber ocupado la vicepresidencia del Consejo Español del Cerebro y de ser Fellow de la European Academy of Neurology.A lo largo de mi trayectoria, he formado parte de la junta directiva de la Sociedad Española de Neurología como vocal de comunicación, relaciones internacionales, director de cultura y vicepresidente de relaciones institucionales. También dirigí la Fundación del Cerebro.Impulsé la creación del grupo de neurooftalmología de la SEN y he formado parte de las juntas de los grupos de cefalea y neurooftalmología. Además, he sido profesor de Neurología en la Universidad Complutense de Madrid durante más de 16 años.

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