Why are animal models used in neuroscience?

Animales en Neurociencia: ¿Por qué Roedores?

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El cerebro humano es la estructura más compleja conocida en el universo. Desentrañar sus misterios, comprender cómo funciona, cómo aprende, cómo olvida, cómo enferma y cómo puede ser reparado, requiere herramientas y enfoques de investigación sofisticados. Si bien las técnicas de imagen no invasivas y los estudios en humanos son vitales, gran parte de nuestro conocimiento fundamental sobre la función cerebral proviene de la investigación con modelos animales. Estos modelos permiten a los científicos manipular variables, estudiar procesos en tiempo real a nivel celular y molecular y probar hipótesis que serían imposibles o poco éticas de realizar en personas. A lo largo de las décadas, el tipo de animales utilizados ha evolucionado significativamente, con una clara tendencia hacia el uso predominante de los roedores.

What are the 4 types of animal models?
There are four main categories of animal models: 1) induced or experimental models, that attempt to reproduce conditions found in the original species, 2) spontaneous or natural models, that are recognized as being similar to some condition in the original species, 3) negative or nonreactive models, that are the normal ...
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La Evolución del Uso de Animales en Investigación Neurológica

Históricamente, una variedad de especies animales han contribuido de manera invaluable a la neurociencia. Antes de mediados de la década de 1980, los gatos, por ejemplo, eran modelos muy populares para procedimientos neurofisiológicos clásicos. Su tamaño permitía realizar cirugías complejas y acomodar la instrumentación voluminosa de la época, además de ser modelos relativamente económicos. Sin embargo, varios factores provocaron un cambio drástico en esta tendencia.

Las nuevas regulaciones implementadas a partir de mediados de los 80 incrementaron sustancialmente el costo económico y la carga administrativa asociada al uso de modelos felinos. Paralelamente, la opinión pública comenzó a volverse más crítica respecto al uso de animales de compañía, como los gatos, en la investigación. Estos factores, combinados con los avances tecnológicos, allanaron el camino para la búsqueda y adopción de modelos alternativos.

La miniaturización de la instrumentación científica jugó un papel crucial. Equipos que antes requerían animales más grandes, ahora podían ser utilizados en especies de menor tamaño, como los roedores. Además, el perfeccionamiento de técnicas, como las técnicas de registro crónico (que permiten estudiar a un mismo animal durante un período prolongado), aumentó la cantidad de datos que se podían obtener de un solo individuo. Esto, a su vez, redujo el número total de animales necesarios por estudio, optimizando los recursos y minimizando el uso animal cuando es posible. Curiosamente, este perfeccionamiento no siempre condujo al uso de especies 'inferiores'; por ejemplo, el uso de primates no humanos, que pueden ser entrenados para tareas cognitivas más elaboradas que los gatos, se volvió más factible económicamente en ciertos contextos.

Tendencias Actuales: El Dominio de los Roedores

Hoy en día, los roedores (ratones y ratas) son, con diferencia, las especies de mamíferos más utilizadas en la investigación neurocientífica. Sin embargo, obtener cifras exactas de su uso en países como Estados Unidos es un desafío particular. La Ley de Bienestar Animal de EE. UU. (Animal Welfare Act) excluye específicamente a ratones y ratas de sus requisitos de seguimiento. Solo se conoce el número de animales 'superiores' utilizados (perros, gatos, primates, etc.) porque el Departamento de Agricultura de EE. UU. (USDA) exige a las instituciones de investigación un informe anual sobre su uso.

Los datos del USDA muestran que el uso de la mayoría de las especies animales rastreadas ha disminuido en las últimas décadas. La única excepción notable es el uso de primates no humanos, que ha aumentado ligeramente. Este panorama, contrastado con el tremendo aumento en la financiación de subvenciones de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) durante el mismo período, sugiere fuertemente que, si se está realizando más investigación con animales, debe estar concentrada en especies como los roedores, que no están reguladas por la Ley de Bienestar Animal.

En otros países, como el Reino Unido, las estadísticas son más completas. La Oficina del Ministerio del Interior del Reino Unido rastrea el número de procedimientos (no solo el número de animales) e sí incluye a los roedores. Sus datos de las últimas dos décadas confirman que, a excepción de los ratones, el uso de todas las demás especies animales ha disminuido. Esto subraya el papel central que los roedores han adquirido en la investigación biomédica y neurocientífica.

La Revolución Genética: Modelos de Ratones Transgénicos

Quizás el factor más significativo que explica el aumento exponencial en el uso de roedores, particularmente ratones, en la investigación biomédica ha sido el desarrollo de modelos de ratones transgénicos. A finales de la década de 1980, un avance científico monumental de Capecchi, Evans y Smithies sentó las bases. Desarrollaron principios para introducir modificaciones genéticas específicas en ratones utilizando células madre embrionarias, lo que llevó a la creación del primer ratón 'knockout' (ratón al que se le ha inactivado un gen específico).

Hoy en día, la tecnología ha avanzado hasta el punto en que se pueden insertar genes humanos en un ratón, o hacer que un gen particular se sobreexprese. Mediante técnicas de cría selectiva, es posible establecer líneas de animales que expresen un fenotipo (característica observable) deseado. La gran mayoría de los procedimientos actuales con ratones se realizan utilizando animales transgénicos.

Los datos sugieren que los ratones transgénicos representan probablemente dos tercios o más del total de ratones utilizados, y más de la mitad de todos los mamíferos empleados en investigación biomédica. El uso de estos animales modificados genéticamente ha permitido a los neurocientíficos descifrar la función de genes particulares y crear modelos de enfermedades humanas.

Por ejemplo, los modelos knockout han sido herramientas críticas en el estudio de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer, y han sido fundamentales para comprender las bases neuronales del aprendizaje y la memoria. Al inactivar o modificar genes específicos, los investigadores pueden observar cómo estos cambios afectan la estructura, función y comportamiento del cerebro, proporcionando información vital sobre los mecanismos subyacentes de la salud y la enfermedad.

Ventajas y Limitaciones de los Modelos Roedores

A pesar de su dominio y las innegables contribuciones que han hecho, los modelos roedores, incluyendo los transgénicos, no están exentos de limitaciones. Es crucial reconocer tanto sus ventajas como sus desventajas para evaluar su idoneidad como modelos de investigación.

Ventajas Clave de los Roedores:

  • Ciclo de Vida Corto: La mayoría de los roedores tienen una esperanza de vida relativamente corta, típicamente menos de dos años. Esto es una ventaja significativa para los estudios que investigan procesos relacionados con el envejecimiento o enfermedades crónicas que se desarrollan a lo largo de la vida. Permite a los investigadores observar la progresión de una condición o los efectos de una intervención en un plazo razonable.
  • Tamaño y Mantenimiento: Su pequeño tamaño permite mantener un gran número de animales en un espacio limitado, lo que es económicamente más viable y logísticamente más sencillo que trabajar con especies más grandes. Esto facilita la realización de estudios con cohortes de tamaño adecuado para obtener resultados estadísticamente significativos.
  • Costo: Generalmente, el costo de adquisición y mantenimiento de roedores es considerablemente menor que el de primates u otras especies grandes.
  • Reproducción Rápida: Los roedores se reproducen rápidamente y tienen camadas grandes, lo que facilita la creación y el mantenimiento de colonias, especialmente para líneas genéticamente modificadas.
  • Disponibilidad de Herramientas Genéticas: Como se mencionó, la capacidad de manipular genéticamente a los ratones es incomparable con la de la mayoría de las otras especies. Esto los convierte en modelos ideales para estudiar la función génica y modelar enfermedades genéticas.

Limitaciones y Desafíos:

  • Complejidad Genética: Las enfermedades genéticas que involucran múltiples genes o interacciones gen-ambiente complejas pueden ser difíciles de modelar con precisión en animales transgénicos que a menudo se centran en uno o pocos genes.
  • Diferencias Fenotípicas: Un desafío importante es que algunas enfermedades genéticas o manipulaciones tienen fenotipos diferentes en ratones y humanos. Por ejemplo, los modelos transgénicos de la enfermedad de Parkinson a menudo no muestran la misma degeneración neuronal extensa que se observa en los cerebros humanos afectados. Las diferencias en la neuroanatomía, fisiología y comportamiento entre roedores y humanos pueden limitar la extrapolación directa de los hallazgos.
  • Compensación del Desarrollo: La manipulación genética realizada en las primeras etapas del desarrollo puede llevar a mecanismos de compensación. El organismo en desarrollo puede encontrar formas alternativas para funcionar en ausencia o alteración de un gen, lo que puede enmascarar el verdadero papel de ese gen en un organismo adulto o en desarrollo normal, llevando a conclusiones falsas.
  • Comportamiento y Cognición: Si bien los roedores pueden ser entrenados para ciertas tareas de comportamiento, su repertorio conductual y sus capacidades cognitivas son inherentemente más limitados que los de primates u otros mamíferos superiores, lo que restringe los tipos de preguntas neurocientíficas que se pueden abordar.

A pesar de estas limitaciones, es innegable que los animales transgénicos y los roedores en general han impulsado significativamente la investigación biomédica y neurocientífica. Han permitido avances fundamentales en nuestra comprensión de los mecanismos cerebrales y las bases de muchas enfermedades.

¿Por qué los Roedores son el Modelo Preferido?

La preponderancia de los roedores en la neurociencia moderna es el resultado de una confluencia de factores históricos, tecnológicos, económicos y científicos. Desde el cambio en las regulaciones y la opinión pública que afectó a modelos como los gatos, hasta la miniaturización de la tecnología y, fundamentalmente, el desarrollo de herramientas genéticas avanzadas, los roedores se han posicionado como el modelo más práctico y versátil para muchas áreas de investigación.

Su ciclo de vida corto los hace ideales para estudios de envejecimiento y enfermedades crónicas. Su pequeño tamaño reduce los costos de mantenimiento y permite estudios a mayor escala. Pero, sobre todo, la capacidad de modificar genéticamente a los ratones para crear modelos de enfermedades humanas o para investigar la función de genes específicos ha sido un cambio de paradigma. Esto permite a los investigadores aislar variables genéticas y estudiar su impacto en sistemas biológicos complejos de una manera que no es posible en otros modelos.

Sin embargo, la elección del modelo animal adecuado depende de la pregunta de investigación específica. Mientras que los roedores son excelentes para estudios genéticos y moleculares, otros modelos como los primates no humanos pueden ser necesarios para investigar aspectos más complejos de la cognición, el comportamiento social o la función de redes neuronales a gran escala que tienen una mayor similitud con el cerebro humano.

Preguntas Frecuentes sobre el Uso de Animales en Neurociencia

La investigación con animales genera importantes consideraciones éticas y a menudo suscita preguntas por parte del público. Aquí abordamos algunas de ellas:

¿Por qué no investigar directamente en humanos?
Si bien la investigación en humanos es el objetivo final y fundamental, existen limitaciones éticas y prácticas. No es posible realizar manipulaciones invasivas (como inactivar un gen o lesionar una región cerebral) en humanos. Además, estudiar procesos biológicos complejos requiere a menudo controlar variables de manera estricta (genética, ambiente, historial de salud) que es difícil o imposible en poblaciones humanas. Los modelos animales permiten este control y la investigación de mecanismos a nivel celular y molecular que no son accesibles en estudios con personas vivas.

¿Se conocen los números exactos de animales utilizados en EE. UU.?
No para todas las especies. Debido a que la Ley de Bienestar Animal de EE. UU. excluye a ratones, ratas, aves y vertebrados de sangre fría de sus requisitos de seguimiento, el número exacto de estos animales utilizados (que constituyen la gran mayoría) no está públicamente disponible a través del USDA. Solo se informan los números de especies 'superiores' reguladas.

¿El uso de animales en investigación está regulado?
Sí, está fuertemente regulado en la mayoría de los países. Existen leyes y comités de ética (como los Comités Institucionales de Cuidado y Uso de Animales, IACUCs, en EE. UU.) que revisan y aprueban los protocolos de investigación, asegurando que se cumplan altos estándares de bienestar animal, se minimice el dolor y la angustia, y que el uso de animales esté justificado científicamente y sea el mínimo necesario para lograr los objetivos de la investigación. Se promueve activamente el principio de las 3 Rs: Reemplazar (usar métodos alternativos si es posible), Reducir (usar el menor número de animales posible) y Refinar (mejorar las técnicas para minimizar el sufrimiento).

¿Existen alternativas a los modelos animales?
La investigación neurocientífica utiliza una variedad de enfoques, incluyendo cultivos celulares, organoides cerebrales (estructuras 3D derivadas de células madre), modelos computacionales y estudios en humanos (neuroimagen, estudios genéticos, estudios post-mortem). Estas alternativas son valiosas y su uso está creciendo. Sin embargo, para comprender la complejidad de un cerebro intacto y en funcionamiento, con sus miles de millones de neuronas interconectadas en redes complejas y en interacción con otros sistemas del cuerpo, los modelos animales siguen siendo indispensables para abordar ciertas preguntas fundamentales que no pueden ser respondidas completamente por métodos alternativos.

¿Cómo ha afectado la investigación genética a los modelos animales?
La capacidad de crear modelos animales genéticamente modificados, particularmente ratones transgénicos y knockout, ha revolucionado la neurociencia. Ha permitido a los investigadores vincular genes específicos con funciones cerebrales y modelar enfermedades humanas con bases genéticas, proporcionando una herramienta poderosa para estudiar los mecanismos de la enfermedad y probar terapias potenciales a nivel molecular y de circuito neuronal.

Comparativa Simplificada: Roedores vs. Otros Modelos

Para ilustrar algunas de las diferencias clave que influyen en la elección del modelo, podemos considerar una comparativa básica:

CaracterísticaRoedores (Ratones/Ratas)Primates no HumanosGatos (Histórico)Cultivos Celulares/Organoides
TamañoPequeñoGrandeMedianoMicroscópico
Ciclo de VidaCorto (<2 años)Largo (15-40 años)Mediano (10-15 años)Muy Corto
Complejidad Conductual/CognitivaModeradaAltaModeradaLimitada/Nula
Disponibilidad de Herramientas GenéticasMuy Alta (especialmente ratones)LimitadaLimitadaAlta (en ciertos tipos)
Costo de MantenimientoBajoMuy AltoAltoModerado
Capacidad para Modelar Enfermedades GenéticasAlta (especialmente ratones)ModeradaBajaVariable
Seguimiento Regulatorio (Ej. EE. UU. USDA)No (excluidos)No aplica

Esta tabla simplificada destaca por qué los roedores se han vuelto tan atractivos: combinan un costo y mantenimiento razonables con herramientas genéticas avanzadas y un ciclo de vida útil para muchos tipos de estudios, a pesar de sus limitaciones en complejidad cognitiva y similitud anatómica/fisiológica con los humanos en algunos aspectos.

Conclusión: Un Equilibrio Necesario

El uso de modelos animales en neurociencia es una práctica arraigada que ha sido fundamental para gran parte del progreso que hemos logrado en la comprensión del cerebro y sus enfermedades. Los roedores, impulsados por avances tecnológicos y genéticos, se han convertido en los modelos dominantes, ofreciendo ventajas significativas para estudiar mecanismos moleculares y genéticos.

Sin embargo, es vital reconocer las limitaciones de cualquier modelo y utilizar la especie más apropiada para la pregunta de investigación. La comunidad científica se esfuerza continuamente por refinar las técnicas, reducir el número de animales utilizados y, siempre que sea posible, reemplazarlos con métodos alternativos, manteniendo al mismo tiempo los más altos estándares éticos y de bienestar animal. El futuro de la neurociencia dependerá de la integración de información obtenida de una variedad de modelos y enfoques, donde los roedores seguirán desempeñando un papel importante, pero en un contexto más amplio de herramientas de investigación disponibles.

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Jesús Porta Etessam

Soy licenciado en Medicina y Cirugía y Doctor en Neurociencias por la Universidad Complutense de Madrid. Me formé como especialista en Neurología realizando la residencia en el Hospital 12 de Octubre bajo la dirección de Alberto Portera y Alfonso Vallejo, donde también ejercí como adjunto durante seis años y fui tutor de residentes. Durante mi formación, realicé una rotación electiva en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center.Posteriormente, fui Jefe de Sección en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid y actualmente soy jefe de servicio de Neurología en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz. Tengo el honor de ser presidente de la Sociedad Española de Neurología, además de haber ocupado la vicepresidencia del Consejo Español del Cerebro y de ser Fellow de la European Academy of Neurology.A lo largo de mi trayectoria, he formado parte de la junta directiva de la Sociedad Española de Neurología como vocal de comunicación, relaciones internacionales, director de cultura y vicepresidente de relaciones institucionales. También dirigí la Fundación del Cerebro.Impulsé la creación del grupo de neurooftalmología de la SEN y he formado parte de las juntas de los grupos de cefalea y neurooftalmología. Además, he sido profesor de Neurología en la Universidad Complutense de Madrid durante más de 16 años.

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