Hacia mediados del siglo XX, un cambio fundamental comenzó a gestarse en el estudio de la mente humana. Durante décadas, el enfoque dominante en psicología había sido el conductismo, que se centraba casi exclusivamente en el comportamiento observable. Sin embargo, la creciente insatisfacción con esta perspectiva, que dejaba de lado los procesos mentales internos, preparó el terreno para lo que se conocería como la Revolución Cognitiva. Este movimiento representó un retorno al interés por la cognición: el estudio de cómo las personas adquieren, procesan y utilizan la información.

Aunque no hay un único evento que marque su inicio, el período de las décadas de 1950 a 1970 es visto como crucial para el desarrollo de la ciencia cognitiva. George Miller, una figura influyente en este campo, señaló que la ciencia cognitiva se nutrió de la participación de seis disciplinas principales: psicología, lingüística, ciencias de la computación, antropología, neurociencia y filosofía. De estas, las tres primeras (psicología, lingüística y ciencias de la computación) jugaron roles protagónicos en sus etapas iniciales.
Ideas Fundamentales que Impulsaron el Cambio
La Revolución Cognitiva no fue solo un rechazo al conductismo; introdujo nuevas formas de conceptualizar y estudiar la mente. Uno de sus objetivos clave fue aplicar el método científico riguroso al estudio de la cognición humana. Esto se logró, en parte, diseñando experimentos que utilizaban modelos computacionales de inteligencia artificial para poner a prueba sistemáticamente teorías sobre los procesos mentales humanos en un entorno de laboratorio controlado.
Otra idea central fue la mediación y el procesamiento de información. Ulric Neisser, considerado uno de los padres de la psicología cognitiva, argumentó que los humanos no interactúan directamente con el "mundo real", sino a través de sistemas intermediarios que procesan la información sensorial. El estudio de la cognición, desde esta perspectiva, es el estudio de estos sistemas y cómo manejan la información desde la entrada inicial, incluyendo no solo la estructuración e interpretación, sino también el almacenamiento y uso posterior. Steven Pinker complementa esta idea al afirmar que la revolución cognitiva tendió un puente entre el mundo físico y el mundo de las ideas, conceptos, significados e intenciones, unificándolos bajo una teoría que explicaba la vida mental en términos de información, computación y retroalimentación.
La noción de la innatividad también fue un pilar importante. Noam Chomsky, desde la lingüística, planteó cómo los humanos pueden saber tanto a pesar de recibir una cantidad relativamente limitada de información. Propuso que esto implica la existencia de algún tipo de mecanismo de aprendizaje innato y de dominio específico que procesa la entrada. Comparó esto con el desarrollo de órganos físicos, que se basa en la codificación genética inherente en lugar de la experiencia. Chomsky argumentó que la mente debería ser tratada de manera similar, sugiriendo una estructura innata subyacente. Postuló la hipótesis de una facultad del lenguaje de base biológica que organiza la información lingüística entrante y restringe el lenguaje humano a un conjunto particular de gramáticas. Introdujo el concepto de gramática universal, un conjunto de reglas y principios inherentes que todos los humanos poseen para gobernar el lenguaje, considerando sus componentes como biológicos. Señaló que los niños parecen saber que el lenguaje tiene una estructura jerárquica y no cometen errores que se esperarían de una hipótesis de que el lenguaje es lineal, lo que apoya esta idea.
Steven Pinker también ha abordado la innatividad desde la ciencia cognitiva contemporánea, coincidiendo en que la mente no es una "tabula rasa" o "pizarra en blanco". Aunque existen debates sobre la interacción entre naturaleza y crianza, la creencia general es que el aprendizaje se basa en algo innato en los humanos; sin esto, el proceso de aprendizaje no sería posible. Pinker destaca que los actos humanos son no exhaustivos, a diferencia de las funciones biológicas básicas que son finitas. Un ejemplo lingüístico es la capacidad de producir un número infinito de oraciones, muchas de ellas completamente nuevas para el hablante, a pesar de que las palabras y frases escuchadas no son infinitas. Pinker, alineado con la idea de Chomsky de una gramática universal innata, sugiere que, aunque los humanos hablan miles de idiomas mutuamente ininteligibles, los programas gramaticales en sus mentes difieren mucho menos que el habla real. La posibilidad de usar diferentes idiomas para transmitir los mismos conceptos o ideas sugiere un terreno común para todas las lenguas.
Otra idea importante de la Revolución Cognitiva, según Pinker, fue la modularidad de la mente. Esta perspectiva sugiere que la mente está compuesta por muchos módulos o partes distintas que cooperan para generar un tren de pensamiento o una acción organizada. Cada módulo estaría especializado en una misión específica. Si bien los comportamientos pueden variar entre culturas, los programas mentales que generan estos comportamientos no necesariamente tienen que ser variados en la misma medida.
Críticas y Perspectivas Alternativas
A pesar de su impacto, la caracterización típica de la Revolución Cognitiva como un cambio abrupto y radical del conductismo al cognitivismo ha sido objeto de críticas. Henry L. Roediger III argumenta que la narrativa común de que la psicología "perdió el rumbo" con el conductismo y fue "salvada" por la Revolución Cognitiva que lo terminó es inexacta. Sostiene que el análisis del comportamiento sigue siendo un área de investigación activa y exitosa en psicología, citando a la Association for Behavior Analysis International como evidencia. Afirma que la investigación conductista es responsable de tratamientos exitosos para el autismo, la tartamudez y la afasia. Además, señala que la mayoría de los psicólogos, incluso si interpretan sus resultados cognitivamente, de hecho estudian el comportamiento observable. Roediger cree que el cambio fue gradual, evolucionando lentamente y construyendo sobre el conductismo.
Autores como Lachman y Butterfield fueron de los primeros en sugerir que la psicología cognitiva tuvo un origen revolucionario, una idea que Thomas H. Leahey ha criticado, proponiendo una historia alternativa de la psicología estadounidense como una "narrativa de tradiciones de investigación", en lugar de una serie de revoluciones.
Otras críticas se centran no solo en el conductismo, sino también en las nuevas formas de anti-mentalismo que, según algunos, adoptó la Revolución Cognitiva. El psicólogo cognitivo Jerome Bruner criticó la adopción de la teoría computacional de la mente y la exclusión del significado de la ciencia cognitiva. Bruner consideraba que el objetivo primordial de la revolución cognitiva debería haber sido cambiar el estudio de la psicología para que el significado fuera su núcleo. Su visión giraba en torno a la "creación de significado" y una descripción hermenéutica de cómo las personas logran esto. Creía que la Revolución Cognitiva alejó la psicología del conductismo, lo cual era positivo, pero luego otra forma de anti-mentalismo, el computacionalismo, tomó su lugar. Bruner sostenía que la revolución cognitiva debería reemplazar al conductismo, no solo modificarlo.
El neurocientífico Gerald Edelman, en su libro "Bright Air, Brilliant Fire" (1991), reconoció que un resultado positivo de la emergencia de la "ciencia cognitiva" fue el abandono del "conductismo simplista". Sin embargo, añadió que un resultado negativo fue la creciente popularidad de una total concepción errónea de la naturaleza del pensamiento: la teoría computacional de la mente o cognitivismo. Esta teoría postula que el cerebro es una computadora que procesa símbolos cuyos significados son entidades del mundo objetivo. Según esta visión, los símbolos de la mente se corresponden exactamente con entidades o categorías en el mundo definidas por criterios de condiciones necesarias y suficientes (categorías clásicas), y las representaciones se manipularían según ciertas reglas que constituyen una sintaxis. Edelman rechaza la idea de que los objetos del mundo se presenten en categorías clásicas y también la idea de que el cerebro/mente sea una computadora. Critica tanto el conductismo (un punto que reitera en su libro "Second Nature. Brain science and human knowledge" de 2006) como el cognitivismo, ya que este último conceptualiza la mente como una computadora y el significado como correspondencia objetiva. Además, Edelman critica el "funcionalismo", la idea de que las propiedades funcionales formales y abstractas de la mente pueden analizarse sin hacer referencia directa al cerebro y sus procesos. Aunque muchos en la psicología cognitiva y la ciencia cognitiva parecen adherirse a esta visión computacional, Edelman menciona excepciones importantes como John Searle, Jerome Bruner, George Lakoff, Ronald Langacker, Alan Gauld, Benny Shanon y Claes von Hofsten, con cuyas críticas y enfoques disidentes está de acuerdo.
La Revolución de la Neurociencia Cognitiva
Más recientemente, se ha hablado de una "revolución de la neurociencia cognitiva". Gualtiero Piccinini y Worth Boone argumentan que la neurociencia cognitiva emergió como disciplina a finales de la década de 1980. Antes de eso, la ciencia cognitiva y la neurociencia se habían desarrollado en gran medida de forma aislada. La ciencia cognitiva, tal como surgió entre las décadas de 1950 y 1970, era un campo interdisciplinario compuesto principalmente por aspectos de la psicología, la lingüística y las ciencias de la computación. Sin embargo, tanto las teorías computacionales simbólicas clásicas como los modelos conexionistas se desarrollaron en gran medida independientemente de las consideraciones biológicas.
Piccinini y Boone señalan que un cambio revolucionario está teniendo lugar actualmente: el paso de la ciencia cognitiva (autónoma de la neurociencia) a la neurociencia cognitiva. Destacan que muchos investigadores que antes realizaban estudios psicológicos y conductuales ahora ofrecen explicaciones propiamente neurocientíficas. Mencionan el ejemplo de Stephen Kosslyn, quien postuló su teoría del formato pictórico de las imágenes mentales en la década de 1980 basándose en estudios conductuales. Posteriormente, con la llegada de la tecnología de resonancia magnética, Kosslyn pudo demostrar que cuando las personas imaginan, la corteza visual se activa. Esto proporcionó una sólida evidencia neurocientífica para su teoría del formato pictórico, refutando especulaciones sobre un supuesto formato no pictórico de las imágenes mentales.
Canales Johnson et al. (2021) afirman que numerosos estudios utilizando técnicas de imagen y neurofisiológicas han mostrado similitudes en la actividad cerebral entre la imaginería visual y la percepción visual, identificando componentes neuronales frontoparietales, occipitales y temporales de la imaginería visual.
El neurocientífico Joseph LeDoux, en su libro "El cerebro emocional", argumenta que la ciencia cognitiva, aunque descrita como "la nueva ciencia de la mente", surgió centrada solo en una parte de la mente: el pensamiento, el razonamiento y el intelecto, dejando fuera las emociones. Para LeDoux, "las mentes sin emociones no son realmente mentes en absoluto".
El psicólogo Lawrence Barsalou propone que el procesamiento cognitivo humano implica la simulación de estados perceptuales, motores y emocionales. Contrasta esto con la visión clásica e "intelectualista" de la cognición, que la considera esencialmente procesamiento de información proposicional de tipo verbal o numérico. La teoría de Barsalou explica el procesamiento conceptual humano mediante la activación de regiones de las cortezas sensoriales de diferentes modalidades, así como de la corteza motora, y mediante la simulación de experiencias corporizadas (visuales, auditivas, emocionales, motoras) que fundamentan el significado en la experiencia situada en el mundo. Los símbolos modales son representaciones mentales analógicas vinculadas a un canal sensorial específico: por ejemplo, la representación de "perro" a través de una imagen visual similar a un perro o una imagen auditiva del ladrido, basada en la memoria de experiencias. La teoría de los "símbolos perceptuales" de Lawrence Barsalou afirma que los procesos mentales operan con símbolos modales que mantienen las propiedades sensoriales de las experiencias perceptuales.
Según Barsalou (2020), la perspectiva de "cognición fundamentada" (grounded cognition), en la que se enmarca su teoría, sostiene que la cognición emerge de la interacción entre símbolos amodales, símbolos modales, el cuerpo y el mundo. Por lo tanto, esta perspectiva no descarta los símbolos "clásicos" (amodales, como los del lenguaje verbal o el razonamiento numérico), sino que considera que estos interactúan con la imaginería, la percepción y la acción situada en el mundo.
Preguntas Frecuentes sobre la Revolución Cognitiva
- ¿Qué es la Revolución Cognitiva?
- Es un cambio de paradigma en el estudio de la mente que ocurrió a mediados del siglo XX, alejándose del enfoque exclusivo en el comportamiento observable (conductismo) para estudiar los procesos mentales internos como el pensamiento, la memoria y la resolución de problemas.
- ¿Cuáles son los campos que contribuyeron a la ciencia cognitiva?
- Según George Miller, los campos principales fueron la psicología, la lingüística, las ciencias de la computación, la antropología, la neurociencia y la filosofía.
- ¿Cuáles son algunas ideas clave de la Revolución Cognitiva?
- Ideas importantes incluyen la aplicación del método científico al estudio de la mente, la concepción de la mente como un procesador de información, la propuesta de estructuras mentales innatas (como la gramática universal) y la idea de que la mente puede estar organizada en módulos especializados.
- ¿Fue un cambio repentino o gradual?
- Aunque a menudo se describe como una "revolución", algunos críticos, como Henry L. Roediger III, argumentan que el cambio del conductismo al cognitivismo fue más gradual y que el conductismo sigue siendo un campo activo y relevante.
- ¿Qué críticas ha recibido la Revolución Cognitiva?
- Las críticas incluyen la adopción de la teoría computacional de la mente (vista por algunos como una nueva forma de anti-mentalismo), la exclusión del significado como foco central (Bruner), y el rechazo a la idea de que el cerebro es simplemente una computadora que procesa símbolos objetivos (Edelman).
- ¿Cómo se relaciona la Neurociencia Cognitiva con la Revolución Cognitiva?
- La neurociencia cognitiva emergió más tarde (finales de los 80s) como un campo que busca integrar los estudios de la mente (ciencia cognitiva) con el estudio del cerebro (neurociencia), utilizando técnicas como la resonancia magnética para investigar las bases neuronales de los procesos cognitivos.
Comparando Enfoques: Conductismo vs. Cognitivismo vs. Cognición Fundamentada
| Enfoque | Objeto de Estudio Principal | Visión de la Mente | Métodos Típicos | Ejemplo de Aplicación |
|---|---|---|---|---|
| Conductismo | Comportamiento observable | Tabula Rasa (Pizarra en blanco); aprendizaje por asociación E-R | Experimentos controlados con medición de respuestas observables | Condicionamiento, terapia conductual |
| Cognitivismo (Visión Clásica) | Procesos mentales internos (pensamiento, memoria, lenguaje) | Procesador de información; posible estructura innata; modularidad | Experimentos de laboratorio, modelos computacionales (IA) | Estudio de la memoria de trabajo, resolución de problemas |
| Cognición Fundamentada (Barsalou) | Procesos cognitivos como simulaciones de estados corporales (perceptuales, motores, emocionales) | Emergente de la interacción entre símbolos, cuerpo y mundo; no solo procesamiento simbólico abstracto | Experimentos, estudios de neuroimagen, simulaciones | Comprensión del lenguaje basada en la simulación de acciones; percepción de conceptos abstractos |
En resumen, la Revolución Cognitiva marcó un hito crucial en la historia del estudio de la mente, reintroduciendo los procesos internos como un objeto de investigación científica legítimo y riguroso. Aunque su carácter "revolucionario" y algunas de sus ideas fundacionales han sido objeto de debate y crítica continua, sentó las bases para la moderna ciencia cognitiva y allanó el camino para la integración cada vez mayor con la neurociencia, dando lugar al florecimiento del campo de la neurociencia cognitiva.
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