Neurociencia y Filosofía: La Falacia del Cerebro

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Las bases filosóficas de la ciencia constituyen un componente esencial de su estructura, aunque a menudo permanezcan implícitas o sean objeto de debate. Estas bases se sitúan en un nivel meta-teórico del conocimiento científico, compartiendo espacio con el conocimiento científico general, que incluye la imagen científica del mundo y los ideales metodológicos de la ciencia, así como las teorías científicas paradigmáticas. A diferencia del conocimiento científico general, que surge de la propia práctica científica, los fundamentos filosóficos son, por naturaleza, elementos que la ciencia toma prestados de diversas ramas de la filosofía, tales como la ontología (teoría del ser), la gnoseología (teoría del conocimiento), la filosofía social, la axiología (teoría de los valores), la antropología (teoría del ser humano) y la praxeología (teoría de la acción).

What is the mereological fallacy in neuroscience?
The central error of cognitive neuroscientists is to commit the mereological fallacy, the tendency to ascribe to the brain psychological concepts that only make sense when ascribed to whole animals.

Dado el pluralismo inherente a los conceptos filosóficos y la distinción cualitativa entre los diferentes campos del conocimiento científico, no existe ni ha existido nunca un conjunto de fundamentos filosóficos único y común para toda la ciencia. Esta realidad se aplica tanto a la diacronía (el desarrollo de la ciencia a lo largo del tiempo) como a su estado sincrónico (en cualquier período histórico específico). Las funciones principales que cumplen estos fundamentos filosóficos dentro del conocimiento científico son múltiples y cruciales:

  • Sirven como justificación deductiva para los axiomas, principios y leyes de las teorías científicas fundamentales, complementando su justificación empírica e inductiva.
  • Permiten la interpretación filosófica del contenido del conocimiento científico, una condición necesaria para evaluar su significado actitudinal y su relevancia cultural.
  • Establecen la relación entre la ciencia y la filosofía, dos campos cruciales de la cultura humana.
  • Actúan como un recurso creativo, conectando la mentalidad y el conocimiento filosófico con la ciencia y la cognición científica.
  • Facilitan la transmisión del conocimiento científico a la cultura en general y su asimilación por parte de la sociedad.

En el contexto particular de la neurociencia, un campo que busca comprender la base neural de la cognición y el comportamiento, la reflexión sobre sus fundamentos filosóficos adquiere una relevancia especial. A pesar de los avances técnicos y la recopilación de datos cerebrales, la neurociencia cognitiva moderna a menudo ha adoptado el lenguaje y las explicaciones del cognitivismo de manera acrítica. Esto ha llevado, según algunos análisis filosóficos, a una forma de dualismo, incluso cuando se centra en el cerebro. Se observa una tendencia a reemplazar la “mente” por el “cerebro” en las explicaciones, manteniendo una estructura explicativa similar a la de la psicología cognitiva tradicional.

Índice de Contenido

La Falacia Mereológica en Neurociencia

Un punto central de crítica filosófica hacia cierta neurociencia cognitiva moderna es lo que se ha denominado la falacia mereológica. Este término describe la tendencia a atribuir al cerebro, o a partes del cerebro, conceptos psicológicos que solo tienen sentido cuando se aplican a animales completos o personas. Por ejemplo, se dice que el cerebro “piensa”, “percibe”, “recuerda” o “decide”. La crítica fundamental es que es el ser humano, como entidad completa, quien piensa, percibe, recuerda o decide, no un órgano o una parte de él.

Esta forma de explicación, aunque común, es vista como un error conceptual. Las capacidades psicológicas, como la percepción o el pensamiento, son atributos de la persona en su totalidad. El cerebro y su actividad son, sin duda, fundamentales y necesarios para que tengamos estas capacidades, pero no son ellos mismos los sujetos que las ejercen. Es el animal el que percibe, no partes de su cerebro. Son los seres humanos quienes piensan y razonan, no sus cerebros. El cerebro hace posible que nosotros —no él— percibamos y pensemos, sintamos emociones y formemos y persigamos proyectos.

Esta falacia mereológica se manifiesta en diversas áreas de la neurociencia y la psicología cognitiva. Se remonta, en parte, a la historia del pensamiento sobre el cerebro y la mente, influenciada por el dualismo mente-cuerpo de Descartes, que ha evolucionado hacia un dualismo cerebro-cuerpo en algunas concepciones modernas.

Percepción y Representación Interna

En el estudio de la percepción, la falacia mereológica se evidencia en teorías que postulan que el cerebro “construye representaciones internas” del mundo. Se habla de representaciones como descripciones o interpretaciones simbólicas que el cerebro elabora a partir de la información sensorial. Sin embargo, desde una perspectiva crítica, los cerebros no usan símbolos ni forman descripciones; son los seres humanos quienes lo hacen. Ver, o aprehender el mundo con los sentidos, no es interpretar o construir descripciones de algo. La percepción es una relación epistémica entre un perceptor y un objeto percibido, y la posesión de una facultad sensorial se manifiesta en el comportamiento.

Decir que la “mente” tiene “acceso” a la “representación interna” producida por el cerebro es tan misterioso como la afirmación cartesiana de que la mente tiene acceso a una imagen en la glándula pineal. La pregunta de cómo la presencia de una descripción codificada en 3D en el cerebro se traduce en la experiencia de ver no es un problema empírico, sino conceptual, producto de una confusión que necesita ser desenredada.

Cognición: Saber, Recordar y Pensar

La falacia también impregna las teorías sobre el saber, el recordar, el pensar y el imaginar. Saber, por ejemplo, no es concebido como un estado del cerebro, sino como una habilidad. Para los seres que usamos el lenguaje, saber es, entre otras cosas, ser capaz de responder preguntas. Los criterios para decir que alguien sabe algo se basan en el comportamiento que indica ese saber, no en el estado de su cerebro. El conocimiento no está contenido en el cerebro, sino en libros o computadoras, y es poseído por seres humanos, no por sus cerebros.

What are the philosophical foundations of science?
The main functions of philosophical foundations of science are: 1) deductive reasoning of axioms, principles and laws of fundamental scientific theories as additional to their empirical, inductive reasoning; 2) philosophical interpretation of scientific knowledge content as necessary evaluation condition of its ...

La memoria es otro ejemplo claro. Concebir la memoria como “representaciones almacenadas de experiencias pasadas” o como “rastros neurales” o “información codificada” es problemático. El concepto de “almacenamiento” se aleja tanto de su uso ordinario que puede generar confusión. La memoria es la retención de conocimiento previamente adquirido, una habilidad que se manifiesta de infinitas formas: diciendo lo que se recuerda, actuando sobre ello, reconociendo algo o a alguien, etc. La idea de que todo esto se debe a que lo recordado está “grabado y almacenado” en el cerebro es considerada un sinsentido. Aunque ciertos patrones de actividad neural o conexiones sinápticas puedan ser una condición necesaria para recordar, eso no significa que el cerebro sea el sujeto que recuerda o el lugar donde se “almacena” la memoria.

Pensar y la cogitación son igualmente poderes humanos, no actividades del cerebro. No tiene sentido pensar en el cerebro como el “locus” del pensamiento. Mis pensamientos ocurren donde yo estoy cuando estoy pensando, no dentro de mi cráneo en un sentido aislado. Un pensamiento es aquello que se expresa mediante una enunciación o representación simbólica. Aunque se pueda debatir si el cerebro es el órgano del pensamiento (la crítica filosófica diría que no lo es en el sentido de ser el agente), la idea de que el pensamiento es una actividad de la persona es fundamental.

La Naturaleza de la Conciencia

El concepto de conciencia es quizás donde la falacia mereológica y las confusiones conceptuales se vuelven más evidentes. A menudo se concibe la conciencia como un gran misterio, privado e inaccesible para otros, caracterizado por una cualidad subjetiva (los “qualia”). Sin embargo, los criterios para determinar si una persona está consciente son conductuales. La conciencia no es privada en el sentido de ser inaccesible; suele ser evidente cuándo alguien se despierta (se vuelve consciente).

La confusión surge al asociar la conciencia con la experiencia de una manera particular, donde se considera que la “experiencia” es consciente, en lugar de la persona que tiene la experiencia. Esto lleva a la noción de “algo que es como ser” ese organismo o tener esa experiencia, refiriéndose a la cualidad subjetiva o “sensación cualitativa”. Esta idea, aunque influyente, es vista como un embrollo conceptual que perpetúa el dualismo.

La conciencia no es una cosa única, sino que se indica por muchos comportamientos y habilidades humanas y animales. Atribuimos conciencia a una criatura basándonos en su comportamiento en las circunstancias de su vida, no en la posesión de qualia privados o “películas en el cerebro”. El comportamiento que justifica la atribución de una forma de conciencia difiere del que justifica otra. Hay una evolución gradual de formas cada vez más complejas de sensibilidad y respuesta al entorno a medida que los sistemas nerviosos y los cerebros se vuelven más evolucionados.

El Verdadero Papel del Cerebro

La crítica de la falacia mereológica no disminuye la importancia del cerebro en la cognición y el comportamiento. Simplemente reformula el problema para la neurociencia. La tarea de la neurociencia no es encontrar dónde el cerebro “almacena” la memoria o “realiza” la percepción, sino investigar qué grupos neuronales deben estar activos, cómo es esa actividad y cómo se conecta con otras partes del cerebro que están causalmente implicadas para que la persona pueda ver, recordar o pensar. El cerebro es un participante crítico en las relaciones ordenadas entre los organismos y sus entornos.

El papel del cerebro no es ejecutar funciones psicológicas (el cerebro no toma decisiones), contenerlas (el cerebro no tiene imágenes) o adquirirlas (el cerebro no aprende); las personas hacen estas cosas, y al hacerlo, dependen de sus cerebros. Descubrir cómo el cerebro participa en la relación entre el animal y su entorno, cómo hace posible la percepción, el pensamiento, la memoria, etc., es para lo que sirve la neurociencia.

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The main functions of philosophical foundations of science are: 1) deductive reasoning of axioms, principles and laws of fundamental scientific theories as additional to their empirical, inductive reasoning; 2) philosophical interpretation of scientific knowledge content as necessary evaluation condition of its ...

Más Allá de la Falacia: La Causación Mnémica y la Historia

Otra limitación conceptual en algunas explicaciones neurocientíficas, relacionada con la falacia mereológica, es la tendencia a ignorar la historia del organismo. Bertrand Russell introdujo el concepto de causación mnémica, que postula que la explicación de un comportamiento en un contexto actual debe incluir referencias a sucesos pasados en la historia del organismo como parte de las causas próximas de la respuesta presente. No se trata simplemente de que los sucesos pasados sean parte de una cadena causal general, sino de que, para explicar la causa próxima, se debe referenciar explícitamente eventos pasados.

Aunque podría pensarse que los “modificaciones hipotéticas de la estructura cerebral” podrían reemplazar la necesidad de la causación mnémica una vez que se comprendan los cambios neuronales, esto no es así. Las alteraciones en la estructura y función cerebral pueden *mediar* entre la experiencia previa y el comportamiento actual, permitiendo que el pasado influya en el presente, pero estas alteraciones son en sí mismas fenómenos mnémicos. Su significado completo solo puede entenderse a la luz de la historia del animal. La aparente reticencia de algunos neurocientíficos a dar un papel clave a las referencias al pasado del animal en sus explicaciones del comportamiento puede ser una dificultad conceptual aún más importante.

Análisis Conceptual como Herramienta Filosófica

La crítica a la falacia mereológica y a otras confusiones conceptuales en neurociencia a menudo se basa en el análisis conceptual, siguiendo la tradición de filósofos como Wittgenstein. Este método examina cómo se usan los conceptos psicológicos en el lenguaje ordinario para determinar su “sentido” o “sinsentido” cuando se aplican en un contexto científico. Si un concepto, como “almacenamiento de memoria”, se utiliza de una manera que se desvía fundamentalmente de su uso cotidiano y no tiene criterios conductuales claros para su aplicación, se considera problemático.

Aunque este enfoque comparte puntos en común con el conductismo (especialmente en la insistencia en los criterios conductuales para los conceptos psicológicos), no es idéntico. Por ejemplo, algunos análisis conceptuales pueden diferir del conductismo radical en temas como la “privacidad” o la naturaleza de la “imaginación”.

Un punto de debate filosófico relevante mencionado en este contexto es la existencia de “leyes psicológicas”. Algunos argumentos sugieren que no existen leyes psicológicas de la acción humana en el mismo sentido que las leyes físicas, y que las explicaciones del comportamiento humano en términos de razones, intenciones o propósitos no constituyen la aplicación de tales leyes. Este punto es controvertido y puede ser visto como secundario a la crítica principal de la falacia mereológica.

Preguntas Frecuentes

PreguntaRespuesta
¿La falacia mereológica implica que el cerebro no es importante?No, el cerebro es absolutamente crucial. Es necesario para tener capacidades psicológicas. La crítica es que el cerebro no es el *sujeto* que piensa o percibe, sino que *permite* que la persona lo haga.
¿Significa esto que la mente no existe?No, la crítica se dirige a cómo se atribuyen las capacidades psicológicas (que a menudo se asocian con la mente). Se argumenta que hablar de la "mente" es hablar de las capacidades y poderes de la persona completa, no de una sustancia separada o de una parte del cerebro.
¿Cómo debería hablar la neurociencia para evitar la falacia?En lugar de decir "el cerebro piensa", se debería decir "la actividad cerebral permite a la persona pensar". El foco debe estar en cómo el cerebro *participa*, *media* o *hace posible* las capacidades de la persona en relación con su entorno y su historia.
¿Es la falacia mereológica lo mismo que el dualismo?No exactamente, pero está relacionada. La falacia es un error conceptual en la atribución de predicados. Sin embargo, atribuir capacidades psicológicas al cerebro de forma aislada puede derivar de una concepción dualista o reduccionista implícita, donde el cerebro es visto como una entidad separada que "posee" o "realiza" funciones mentales.

En conclusión, la reflexión filosófica sobre los cimientos de la ciencia, y en particular sobre la neurociencia, es vital para clarificar los conceptos y evitar confusiones fundamentales. La falacia mereológica representa un desafío conceptual significativo en la neurociencia cognitiva, señalando la necesidad de ser precisos al atribuir capacidades psicológicas. El cerebro es un componente esencial y fascinante del organismo, cuya actividad es necesaria para el comportamiento y la cognición. Comprender cómo el cerebro participa en las complejas interacciones entre el organismo y su entorno, teniendo en cuenta la historia del individuo (causación mnémica), es la tarea fundamental de una neurociencia conceptualmente sólida. Abordar estas cuestiones filosóficas no solo mejora la claridad teórica, sino que también puede guiar la investigación hacia una comprensión más completa e integrada de cómo funcionamos como seres conscientes y capaces.

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Jesús Porta Etessam

Soy licenciado en Medicina y Cirugía y Doctor en Neurociencias por la Universidad Complutense de Madrid. Me formé como especialista en Neurología realizando la residencia en el Hospital 12 de Octubre bajo la dirección de Alberto Portera y Alfonso Vallejo, donde también ejercí como adjunto durante seis años y fui tutor de residentes. Durante mi formación, realicé una rotación electiva en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center.Posteriormente, fui Jefe de Sección en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid y actualmente soy jefe de servicio de Neurología en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz. Tengo el honor de ser presidente de la Sociedad Española de Neurología, además de haber ocupado la vicepresidencia del Consejo Español del Cerebro y de ser Fellow de la European Academy of Neurology.A lo largo de mi trayectoria, he formado parte de la junta directiva de la Sociedad Española de Neurología como vocal de comunicación, relaciones internacionales, director de cultura y vicepresidente de relaciones institucionales. También dirigí la Fundación del Cerebro.Impulsé la creación del grupo de neurooftalmología de la SEN y he formado parte de las juntas de los grupos de cefalea y neurooftalmología. Además, he sido profesor de Neurología en la Universidad Complutense de Madrid durante más de 16 años.

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