El Sueño que Reveló la Comunicación Neural

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Antes de los descubrimientos pioneros de Otto Loewi, la comunidad científica debatía intensamente cómo se comunicaban las células nerviosas entre sí. La teoría predominante sugería que la transmisión era puramente eléctrica, como cables llevando una señal. Sin embargo, Loewi albergaba una hipótesis diferente: que las neuronas liberaban sustancias químicas para transmitir mensajes. Fue un experimento simple, inspirado por un momento onírico, lo que finalmente validó esta idea y sentó las bases de la neurofarmacología moderna.

Otto Loewi, nacido en Frankfurt, Alemania, en el seno de una próspera familia de comerciantes de vinos, tuvo un camino inicial lejos de la investigación básica. Aunque soñaba con estudiar historia del arte, cedió a la persuasión paterna y se formó como médico en Estrasburgo. Sus primeros años en la medicina clínica, especialmente en un hospital de Frankfurt, lo desilusionaron al no poder ofrecer tratamientos efectivos para enfermedades prevalentes. Esta frustración lo llevó a abandonar la práctica clínica y buscar una posición en investigación científica básica en el laboratorio del renombrado farmacólogo Hans Meyer en Marburg. Allí, Loewi dedicó seis años a investigar el metabolismo de la glucosa y la nutrición, demostrando, entre otras cosas, que los animales podían reconstruir proteínas a partir de aminoácidos. Su interés por la acción de las drogas en sistemas biológicos ya se manifestaba, estudiando cómo pequeñas dosis de cocaína potenciaban la respuesta a la estimulación nerviosa simpática o a la epinefrina exógena, así como el mecanismo de acción de los diuréticos y la hiperglucemia inducida por epinefrina. En 1908, se convirtió en profesor de farmacología en la Universidad de Graz, Austria, donde se ganó una reputación como un profesor carismático.

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El Sueño que Cambió la Neurociencia

Irónicamente, Otto Loewi es quizás más conocido por la forma en que concibió la idea que le valió el Premio Nobel que por el descubrimiento en sí mismo. El experimento crucial de Loewi le llegó en un sueño. Según su propio relato, la noche antes del Domingo de Pascua de 1920, se despertó, encendió la luz y garabateó algunas notas en un pequeño trozo de papel. Luego volvió a dormirse. A las seis de la mañana, se dio cuenta de que había escrito algo importante durante la noche, pero no pudo descifrar los garabatos. La noche siguiente, a las tres de la madrugada, la idea regresó. Era el diseño de un experimento para determinar si la hipótesis de la transmisión química que él había planteado 17 años antes era correcta. Se levantó de inmediato, fue al laboratorio y realizó un experimento sencillo con un corazón de rana siguiendo el diseño nocturno.

El Experimento Clave de Loewi: Corazones de Rana

En ese famoso experimento, Loewi colocó dos corazones de rana latiendo, cada uno en su propia cámara de perfusión (un recipiente con líquido que mantiene vivo el órgano). Una preparación tenía el nervio vago intacto, mientras que la otra estaba denervada (sin el nervio vago). A continuación, estimuló el nervio vago que inervaba el primer corazón, lo que provocó que latiera más lentamente, un fenómeno que ya era bien conocido en ese momento. Lo crucial ocurrió después: cuando Loewi aplicó el líquido de perfusión (el líquido que había bañado el primer corazón) al segundo corazón, este también se ralentizó, como si su propio nervio vago hubiera sido estimulado. Esto demostró que una sustancia química liberada por el nervio vago del primer corazón estaba causando el mismo efecto en el segundo corazón.

En un experimento relacionado, Loewi demostró que el líquido de perfusión de un corazón cuyo nervio acelerador (simpático) había sido estimulado haría que un segundo corazón latiera más rápido. A la sustancia inhibidora liberada por el nervio vago, la llamó 'vagusstoff', que hoy se conoce como acetilcolina. El sueño de Loewi, por lo tanto, condujo al descubrimiento de que el lenguaje principal de comunicación de las células nerviosas es químico, no puramente eléctrico, y le valió a su soñador el Premio Nobel de Medicina.

La Hipótesis de la Transmisión Química

La hipótesis central de Loewi, planteada años antes de su experimento decisivo, era que la estimulación de una fibra nerviosa no solo generaba una señal eléctrica que viajaba a lo largo de ella, sino que al llegar al final de la fibra, provocaba la liberación de una sustancia química. Esta sustancia química, que más tarde se denominaría neurotransmisor, sería la encargada de transmitir la señal a la siguiente célula (ya sea otra neurona, un músculo o una glándula). El experimento del corazón de rana proporcionó la evidencia directa y tangible de que esta sustancia química existía y podía mediar la comunicación entre nervio y órgano, validando así la teoría de la transmisión química.

Identificando Neurotransmisores: Los Criterios

Para que una sustancia sea considerada un verdadero neurotransmisor, los neurocientíficos han establecido una serie de criterios. Si bien no todos los compuestos que hoy consideramos neurotransmisores cumplen estrictamente cada uno de ellos, estos criterios son fundamentales para validar su función. Los criterios clave incluyen:

  • La sustancia química debe ser producida dentro de una neurona.
  • La sustancia química debe encontrarse dentro de una neurona.
  • Cuando una neurona es estimulada (despolarizada), debe liberar la sustancia química.
  • Cuando la sustancia química es liberada, debe actuar sobre un receptor en la membrana postsináptica y causar un efecto biológico (excitador o inhibidor).
  • Después de ser liberada, la sustancia química debe ser inactivada rápidamente. Esta inactivación puede ocurrir a través de un mecanismo de recaptación (la neurona presináptica la reabsorbe) o por una enzima que la degrada.
  • Si la sustancia química se aplica artificialmente sobre la membrana postsináptica, debería tener el mismo efecto que cuando es liberada por la neurona.

El descubrimiento de Loewi del 'vagusstoff' y su acción en el corazón de rana fue un primer paso crucial para identificar sustancias que cumplían (al menos parcialmente) estos criterios y para establecer la existencia de los neurotransmisores.

El Legado de Loewi y Dale

Loewi no estuvo solo en esta revolución. En 1902 y 1903, visitó el laboratorio de Ernest Starling en Londres, donde conoció a Henry Dale, quien se convertiría en un amigo y colega de por vida. También conoció a Thomas Renton Elliott, quien estudiaba la epinefrina y la comunicación nerviosa. Se ha sugerido que la idea de la transmisión química surgió en discusiones entre Elliott y Loewi; Elliott había observado que la adrenalina imitaba los efectos de la estimulación nerviosa simpática. Walter Ernest Dixon, otro farmacólogo inglés, ya había sugerido la posible liberación de una sustancia inhibidora por el nervio vago, aunque sus resultados pasaron desapercibidos inicialmente.

Henry Dale, al igual que Loewi, también abandonó la medicina clínica para dedicarse a la investigación. Dale aisló e identificó importantes neuroquímicos, incluyendo la histamina y la acetilcolina, y distinguió la actividad de la acetilcolina como muscarínica o nicotínica, lo que anticipó el descubrimiento de clases y subtipos de receptores. Dale acuñó los términos 'parasimpatomimético' y 'simpaticomimético' y observó similitudes entre la acción de la acetilcolina y la estimulación nerviosa parasimpática. Notando el efecto relativamente transitorio de la acetilcolina, predijo correctamente la presencia de una esterasa en el cuerpo que metabolizaba rápidamente la acetilcolina (hoy conocida como acetilcolinesterasa).

Los hallazgos de Dale complementaron los de Loewi de manera extraordinaria. Juntos, compartieron el Premio Nobel de Fisiología o Medicina de 1936 por sus descubrimientos relacionados con la transmisión química de los impulsos nerviosos. En su discurso de aceptación, reconocieron apropiadamente las contribuciones de Elliott y Dixon, destacando la naturaleza colaborativa y evolutiva de la ciencia.

Más Allá del Descubrimiento: La Vida de Loewi

La inmersión de Loewi en el floreciente campo de la neurofarmacología lo preparó para actuar sobre el experimento que le llegó en un sueño. La casualidad, de hecho, favoreció a la mente preparada, con la suerte jugando su papel místico. Si Loewi hubiera llevado a cabo su experimento en un momento diferente del día, del año o con una especie diferente de rana, los resultados podrían haber sido inconclusos. Bajo circunstancias ligeramente diferentes, la acetilcolina podría haber sido metabolizada rápidamente por la colinesterasa antes de que pudiera llegar al segundo corazón. El momento del día y la estación importaban. Resultó que, en plena noche, por capricho, precipitado por un sueño, Loewi había realizado el experimento perfecto en un momento perfecto del ciclo diurno de la rana.

Preguntas Frecuentes

Aquí respondemos algunas preguntas comunes sobre el descubrimiento de Otto Loewi:

¿Qué es el 'vagusstoff'?

Es el nombre que Otto Loewi le dio inicialmente a la sustancia química liberada por la estimulación del nervio vago en su experimento con corazones de rana. Hoy sabemos que el 'vagusstoff' es la acetilcolina, el primer neurotransmisor identificado.

¿Por qué fue importante el sueño de Loewi?

Aunque el sueño no fue el descubrimiento en sí, fue la inspiración directa y el diseño del experimento que le permitió a Loewi demostrar la existencia de la transmisión química. Sin ese momento de lucidez onírica, el experimento podría no haberse realizado en ese momento crucial.

¿Quién compartió el Premio Nobel con Otto Loewi?

Otto Loewi compartió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1936 con Sir Henry Dale por sus descubrimientos relacionados con la transmisión química de los impulsos nerviosos.

¿Cuál era la teoría principal sobre la comunicación nerviosa antes de Loewi?

La teoría predominante era que la comunicación entre neuronas era principalmente eléctrica.

¿Qué demostró el experimento del corazón de rana?

Demostró que la estimulación de un nervio (el vago) liberaba una sustancia química en el líquido circundante que podía afectar la función de otro órgano (el segundo corazón), probando así la existencia de la transmisión química.

Conclusión

El descubrimiento de Otto Loewi de la transmisión química, catalizado por un experimento tan ingenioso como inspirado por un sueño, marcó un punto de inflexión fundamental en la neurociencia. Al demostrar que las neuronas se comunican liberando sustancias químicas, abrió la puerta a la comprensión de cómo funcionan los fármacos en el cerebro y el sistema nervioso, dando origen al vasto campo de la neurofarmacología. Su trabajo, junto con el de Henry Dale, sentó las bases para identificar y estudiar los numerosos neurotransmisores que hoy sabemos que regulan casi todos los aspectos de nuestra fisiología y comportamiento, desde el movimiento muscular hasta el estado de ánimo y el pensamiento. La historia de Loewi es un testimonio del poder de la observación, la perseverancia y, a veces, la inesperada intervención del subconsciente en el avance del conocimiento científico.

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Jesús Porta Etessam

Soy licenciado en Medicina y Cirugía y Doctor en Neurociencias por la Universidad Complutense de Madrid. Me formé como especialista en Neurología realizando la residencia en el Hospital 12 de Octubre bajo la dirección de Alberto Portera y Alfonso Vallejo, donde también ejercí como adjunto durante seis años y fui tutor de residentes. Durante mi formación, realicé una rotación electiva en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center.Posteriormente, fui Jefe de Sección en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid y actualmente soy jefe de servicio de Neurología en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz. Tengo el honor de ser presidente de la Sociedad Española de Neurología, además de haber ocupado la vicepresidencia del Consejo Español del Cerebro y de ser Fellow de la European Academy of Neurology.A lo largo de mi trayectoria, he formado parte de la junta directiva de la Sociedad Española de Neurología como vocal de comunicación, relaciones internacionales, director de cultura y vicepresidente de relaciones institucionales. También dirigí la Fundación del Cerebro.Impulsé la creación del grupo de neurooftalmología de la SEN y he formado parte de las juntas de los grupos de cefalea y neurooftalmología. Además, he sido profesor de Neurología en la Universidad Complutense de Madrid durante más de 16 años.

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