What is the neural basis of time?

Física y Neurociencia: Un Vínculo Cuántico

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Durante mucho tiempo, la investigación neurocientífica sobre la base neural del comportamiento se ha basado implícitamente en la idea de que el cerebro, compuesto enteramente de partículas y campos materiales, puede explicar en última instancia todos los fenómenos psicológicos. Esta perspectiva, arraigada en los principios de la física clásica, asume que todos los mecanismos causales relevantes para la neurociencia pueden formularse únicamente en términos de las propiedades físicas de estos elementos. Conceptos intrínsecamente mentalistas o experienciales, como 'sentir', 'saber' o 'esfuerzo', no se consideran factores causales primarios dentro de este marco. Sin embargo, esta restricción teórica se apoya en una visión del mundo natural que ha sido fundamentalmente incorrecta durante más de tres cuartos de siglo.

What physics is used in neuroscience?
Quantum physics in neuroscience and psychology: a neurophysical model of mind–brain interaction.

La teoría física básica contemporánea difiere profundamente de la física clásica, especialmente en cómo la conciencia de los agentes humanos interactúa con la estructura de los fenómenos empíricos. Los nuevos principios contradicen la antigua idea de que solo los procesos mecánicos locales pueden dar cuenta de toda la estructura de los datos empíricos observados. La teoría física contemporánea introduce, de manera directa e irreducible, ciertas elecciones descritas psicológicamente y realizadas por agentes humanos sobre cómo actuarán dentro de la estructura causal global. Este desarrollo clave en la teoría física básica es aplicable a la neurociencia y proporciona a neurocientíficos y psicólogos un marco conceptual alternativo para describir los procesos neurales. De hecho, debido a ciertas características estructurales de los canales iónicos, críticos para la función sináptica, la teoría física contemporánea debe, en principio, utilizarse al analizar la dinámica del cerebro humano.

Este nuevo marco, a diferencia de su predecesor basado en la física clásica, se erige directamente sobre los principios predominantes de la física y es compatible con ellos. Es capaz de representar de manera más adecuada que los conceptos clásicos los mecanismos neuroplásticos relevantes para el creciente número de estudios empíricos sobre la capacidad de la atención dirigida y el esfuerzo mental para alterar sistemáticamente la función cerebral.

Índice de Contenido

La Física Clásica y el Cerebro: Una Visión Limitada

La física clásica, fundamentada en las leyes de Newton, Maxwell y Einstein, describe un universo determinista y local. En este modelo, el estado del mundo físico en cualquier momento está completamente determinado por su estado anterior. Las interacciones son locales, transmitidas por contacto o campos que no viajan más rápido que la luz. Aplicada al cerebro, esta visión sugiere que cada acción física, incluyendo las que emanan de un cuerpo humano, está predeterminada por las interacciones mecánicas entre sus partes constituyentes.

Desde esta perspectiva, la conciencia se convierte en un desafío. ¿Cómo encaja la experiencia subjetiva (sentimientos, pensamientos, intenciones) en un universo puramente mecánico? La física clásica ofrece dos caminos principales, ambos problemáticos:

  • Epifenomenalismo: La conciencia es un subproducto de la actividad cerebral, como el vapor de una locomotora. Es causada por el cerebro, pero no tiene efecto causal de retorno sobre él. Es una especie de espectáculo secundario causalmente impotente.
  • Teoría de la Identidad Emergente: La conciencia es idéntica a ciertos patrones de actividad cerebral. Es una propiedad emergente, como la 'circularidad' de una rueda emerge de la organización de sus átomos. Sin embargo, esta analogía falla dentro del marco clásico, ya que las propiedades que definen la circularidad están descritas por la física clásica (posiciones y movimientos de partículas), mientras que las cualidades sentidas de la conciencia (el dolor de la pena, el color del azul) no lo están.

Ambas opciones, dentro de la física clásica, implican que nuestra sensación intuitiva de que nuestras intenciones conscientes influyen en nuestras acciones es una ilusión. El famoso filósofo y psicólogo William James argumentó en contra del epifenomenalismo, señalando que la conciencia parece ser una herramienta útil en la lucha por la existencia, lo que implicaría que debe ser causalmente eficaz. Si la conciencia no tuviera efecto, ¿qué aseguraría que los placeres se alineen con lo beneficioso y los dolores con lo perjudicial? Además, la física clásica es incapaz de explicar propiedades macroscópicas que dependen sensiblemente del comportamiento de sus constituyentes atómicos, moleculares e iónicos (como la conductividad eléctrica o la elasticidad), y el cerebro es precisamente un sistema de este tipo. Confiar en un marco ya fallido a nivel fundamental para explicar la complejidad del cerebro pensante parece insostenible.

La Física Cuántica: Un Nuevo Marco Conceptual

A principios del siglo XX, la física clásica fue reemplazada por la física cuántica. Esta nueva teoría no solo explicó los éxitos de la física clásica, sino también los datos incompatibles con ella. Un logro clave fue vincular de manera coherente las descripciones de los hallazgos empíricos (expresados en lenguaje psicológico o cotidiano) con las descripciones de las propiedades físicas (expresadas matemáticamente). Los fundadores de la teoría cuántica, extendida por John von Neumann al ámbito de la neurociencia, descubrieron una forma útil de conectar estos dos tipos de descripciones mediante leyes causales.

El concepto central de la física cuántica es que describe no solo el 'mundo exterior', sino también nuestras actividades como agentes que buscan y adquieren conocimiento, y el conocimiento que así adquirimos. Los agentes humanos ya no son observadores pasivos; son participantes activos. Las elecciones que hace un observador sobre cómo actuar a nivel macroscópico pueden afectar profundamente el sistema físico observado a nivel práctico.

Los Procesos Cuánticos Fundamentales

Von Neumann formuló la teoría cuántica de manera rigurosa identificando dos procesos distintos:

  • Proceso 2: Es el análogo cuántico del proceso determinista de la física clásica. Describe la evolución unitaria y determinista del estado físico de un sistema (como el cerebro) con el tiempo, según la ecuación de Schrödinger. Por sí solo, el Proceso 2 genera una vasta nube de posibilidades clásicamente concebibles, no la única realidad que experimentamos.
  • Proceso 1: Este proceso describe la intervención de un agente en el sistema físico. Representa una elección o acción intencional del agente sobre el sistema observado. Es crucial porque no está determinado por ninguna ley física conocida dentro de la teoría cuántica ortodoxa. Es, en un sentido específico, una 'elección libre'. El efecto matemático del Proceso 1 sobre el estado S del sistema es la transformación S → PSP + (I-P)S(I-P), donde P es un operador de proyección asociado a la elección del agente. Este proceso selecciona (o proyecta) el estado físico hacia posibilidades que son consistentes con el resultado de la acción intencional ('Sí' o 'No' a un criterio).
  • Proceso 3: Es la elección de la Naturaleza entre las posibilidades generadas por el Proceso 1 (entre 'Sí' y 'No'). Esta elección se rige por una regla estadística (la regla de Born), pero la elección del agente en el Proceso 1 no lo está.

La Eficacia Causal de la Conciencia

En el marco de von Neumann, el Proceso 1 describe una interacción entre la corriente de conciencia de una persona (descrita mentalmente) y una actividad en su cerebro (descrita físicamente). La elección del agente, que es una entrada no especificada por las leyes físicas, tiene un efecto definido sobre el estado físico del cerebro a través del operador P. Este operador P no puede actuar en un solo punto, sino que debe actuar de manera no local, sobre una parte potencialmente grande del cerebro, seleccionando estados macroscópicos cuasi-estables que son funcionalmente pertinentes, como patrones coordinados de actividad neural que actúan como una plantilla para la acción.

Aquí es donde entra el esfuerzo consciente. Aunque el Proceso 1 puede ocurrir de manera pasiva (mera observación), puede intensificarse mediante el esfuerzo mental. La teoría propone que el esfuerzo controla la 'densidad de atención', es decir, la rapidez con la que ocurren los eventos del Proceso 1. Un aumento en la densidad de atención activa un efecto cuántico conocido como el Efecto Quantum Zeno (QZE). El QZE postula que observaciones repetidas y muy espaciadas pueden mantener un estado cuántico en su lugar durante un período prolongado. En este contexto, el esfuerzo (alta densidad de atención) puede mantener activa la plantilla cerebral asociada a una intención consciente durante más tiempo de lo que ocurriría pasivamente. Este 'mantenimiento' puede anular fuerzas mecánicas fuertes generadas por el Proceso 2, aumentando la probabilidad de que la acción intencionada se manifieste físicamente.

¿Dónde Entra la Física Cuántica en el Cerebro?

Para que las desviaciones de la física clásica sean relevantes en el cerebro, los efectos cuánticos deben ser significativos a nivel macroscópico. Un lugar crucial donde esto ocurre es en los terminales nerviosos, los puntos de conexión entre neuronas. Cuando un potencial de acción llega a un terminal, se abren canales iónicos, permitiendo la entrada de iones de calcio. Estos iones migran a los sitios de liberación en las vesículas sinápticas, desencadenando la liberación de neurotransmisores.

Los canales de iones de calcio son extremadamente estrechos (menos de un nanómetro). Esta pequeñez restringe la dimensión espacial lateral del ion. Según el principio de incertidumbre de Heisenberg, esto fuerza que la velocidad lateral del ion sea grande, haciendo que su 'nube de posibilidades' cuántica se extienda a medida que se aleja del canal. Esto significa que el ion puede o no ser absorbido en el pequeño sitio desencadenante. En consecuencia, el contenido de la vesícula puede o no ser liberado. Esta división cuántica de posibilidades ocurre en billones de terminales nerviosos, haciendo que el estado cuántico del cerebro se convierta en una vasta 'mancha' de posibilidades clásicamente concebibles, cada una representando diferentes combinaciones de liberación/no liberación de neurotransmisores.

Mientras la dinámica cerebral se rija solo por el Proceso 2, todas estas posibilidades existirán en paralelo. Se necesita el Proceso 1 para seleccionar una de estas posibilidades y conectarla con la experiencia consciente. Aunque la decoherencia (la interacción del cerebro con su entorno cálido y húmedo) reduce el estado cuántico a una mezcla estadística de estados casi clásicos, no elimina la necesidad del Proceso 1 para que la experiencia consciente se manifieste en un estado definido. La acción del Proceso 1, influenciada por la atención y el esfuerzo, actualiza una de estas posibilidades, seleccionando una plantilla cerebral funcionalmente importante.

Respaldo Psicológico: Atención y Voluntad

Esta visión cuántica de la interacción mente-cerebro encuentra un notable respaldo en la psicología empírica, especialmente en los estudios sobre la atención y la voluntad. William James, en sus escritos, ya observó que aunque nuestra capacidad de atención está determinada por condiciones neurales, la *cantidad* de atención que dedicamos a algo a menudo requiere esfuerzo. Describió el esfuerzo volitivo como un esfuerzo de atención, cuya función esencial es mantener una idea difícil 'fija ante la mente'. Esta descripción se alinea sorprendentemente con la idea cuántica de que el esfuerzo (aumentando la densidad de atención/Proceso 1) mantiene activada una plantilla cerebral (la 'idea' o intención) contra las tendencias disipativas del Proceso 2.

Investigaciones más recientes, resumidas por Harold Pashler, refuerzan esta conexión. Un hallazgo clave es la evidencia empírica de un 'cuello de botella de procesamiento central' asociado a la selección atenta de una acción motora o cognitiva compleja. Mientras que el procesamiento perceptual puede ocurrir en paralelo, las tareas que requieren esfuerzo y selección consciente parecen pasar por una capacidad limitada y serial. Esto encaja perfectamente con el modelo cuántico: el Proceso 2 (evolución inconsciente, paralela) genera múltiples posibilidades, mientras que los eventos activos del Proceso 1 (selección consciente, serial) son limitados en su tasa. Este cuello de botella explica fenómenos como la reducción de la fuerza física al realizar una tarea mental exigente, o la disminución del rendimiento en un test de IQ al realizar simultáneamente una tarea de respuesta rápida que requiere atención.

El modelo cuántico también explica por qué la memoria a corto plazo (STM), que parece implicar procesos de estabilización o almacenamiento relativamente pasivos, no se ve tan afectada por tareas concurrentes que consumen recursos centrales, a diferencia de la recuperación o almacenamiento deliberado en la memoria a largo plazo (LTM), que sí requiere esfuerzo y acciones volitivas. Estos hallazgos, que desconciertan a los modelos clásicos, se explican de forma natural en el marco cuántico.

Implicaciones para la Neuropsicología y la Neuroplasticidad

La aplicación de este marco cuántico a la neuropsicología, especialmente en estudios de neuroplasticidad autodirigida, ofrece una comprensión más coherente. Experimentos como los de Ochsner et al. (2002), donde los sujetos aprenden a reinterpretar estímulos emocionales perturbadores ('reappraisal') en lugar de simplemente atenderlos ('attend'), muestran que el 'reappraisal' activo (que requiere esfuerzo y atención dirigida) activa regiones prefrontales, mientras que la atención pasiva activa áreas límbicas. Desde una perspectiva clásica, la conexión entre la instrucción verbal ('reappraise') y la activación prefrontal, pasando por la experiencia subjetiva de 'entender' y 'esforzarse', sigue siendo misteriosa.

El modelo cuántico ofrece una explicación: la instrucción verbal y la comprensión consciente inician una acción intencional (Proceso 1) que, mediante el esfuerzo y el QZE, mantiene activa una plantilla cerebral (en la corteza prefrontal) que modula la respuesta emocional. La neuroplasticidad autodirigida, la capacidad de alterar sistemáticamente la función cerebral mediante entrenamiento y esfuerzo enfocado, se convierte en un fenómeno explicable dentro de un marco físico que reconoce la eficacia causal de la conciencia y el esfuerzo.

Esta perspectiva tiene profundas implicaciones clínicas. Si la eficacia causal del esfuerzo mental es una ilusión (como implicaría la física clásica), ¿cómo explicar el éxito de terapias que dependen de la reestructuración cognitiva y la atención plena (mindfulness), que requieren un esfuerzo activo por parte del paciente? Estudios en TOC o fobias muestran cambios cerebrales medibles tras terapias psicológicas que emplean estas técnicas. El modelo cuántico valida la intuición clínica de que el compromiso psicológico y el esfuerzo del paciente son determinantes clave en la recuperación, no meros subproductos pasivos de la actividad cerebral.

Preguntas Frecuentes

  • ¿La física cuántica implica que la actividad cerebral es aleatoria?
    No. El Proceso 2, que describe la evolución determinista cuántica, genera un conjunto de posibilidades. El Proceso 1, la elección del agente, selecciona una de estas posibilidades. Esta elección no es aleatoria, sino que se considera una entrada fundamental no determinada por las leyes físicas conocidas. El Proceso 3 (la elección de la Naturaleza) es probabilístico, pero la intervención del agente (Proceso 1) influye en las probabilidades y, crucialmente, en qué posibilidades están disponibles para ser seleccionadas.

  • ¿Cómo puede la conciencia, que no es física en el sentido clásico, afectar al cerebro físico?
    La teoría cuántica ortodoxa, especialmente en la formulación de von Neumann, describe una realidad dual. El Proceso 1 es el mecanismo fundamental por el cual la parte descrita mentalmente (la conciencia del agente, sus elecciones) interactúa causalmente con la parte descrita físicamente (el cerebro). No se trata de una interacción de 'materia contra materia', sino de una interacción entre diferentes aspectos de la realidad descritos por la teoría.

  • ¿Qué es el Efecto Quantum Zeno en este contexto?
    Es un efecto cuántico donde la observación repetida y rápida de un sistema puede inhibir su cambio. En el cerebro, la 'observación' o 'atención' consciente (Proceso 1) que ocurre con alta 'densidad de atención' (debido al esfuerzo) puede mantener activada una plantilla neural (un patrón de actividad cerebral) que representa una intención o estado mental deseado, impidiendo que se disipe por la evolución normal del Proceso 2.

  • ¿Es esta perspectiva cuántica ampliamente aceptada en neurociencia?
    La neurociencia dominante opera mayormente bajo un marco conceptual heredado de la física clásica ('promissory materialism'). Sin embargo, el reconocimiento de las limitaciones de este marco para explicar fenómenos como la eficacia causal de la conciencia y la neuroplasticidad autodirigida está creciendo. La perspectiva cuántica ofrece un marco científicamente coherente, basado en los principios más fundamentales de la física actual, para abordar estos desafíos y está ganando interés como una alternativa viable.

En resumen, la física utilizada para comprender el cerebro está pasando de un modelo puramente clásico y determinista a uno que incorpora los principios de la física cuántica. Este cambio permite un marco conceptual donde la conciencia, la atención y el esfuerzo no son meros epifenómenos, sino que tienen un papel causal fundamental, científicamente explicable, en la configuración de la dinámica cerebral y la neuroplasticidad autodirigida. Lejos de ser un detalle menor, la física cuántica podría ser esencial para una comprensión completa del vínculo mente-cerebro.

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Jesús Porta Etessam

Soy licenciado en Medicina y Cirugía y Doctor en Neurociencias por la Universidad Complutense de Madrid. Me formé como especialista en Neurología realizando la residencia en el Hospital 12 de Octubre bajo la dirección de Alberto Portera y Alfonso Vallejo, donde también ejercí como adjunto durante seis años y fui tutor de residentes. Durante mi formación, realicé una rotación electiva en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center.Posteriormente, fui Jefe de Sección en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid y actualmente soy jefe de servicio de Neurología en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz. Tengo el honor de ser presidente de la Sociedad Española de Neurología, además de haber ocupado la vicepresidencia del Consejo Español del Cerebro y de ser Fellow de la European Academy of Neurology.A lo largo de mi trayectoria, he formado parte de la junta directiva de la Sociedad Española de Neurología como vocal de comunicación, relaciones internacionales, director de cultura y vicepresidente de relaciones institucionales. También dirigí la Fundación del Cerebro.Impulsé la creación del grupo de neurooftalmología de la SEN y he formado parte de las juntas de los grupos de cefalea y neurooftalmología. Además, he sido profesor de Neurología en la Universidad Complutense de Madrid durante más de 16 años.

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