What is the taste pathway in neuroscience?

El Camino Neuronal del Sabor

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Nuestro sistema gustativo, ese guardián sensorial que nos permite distinguir entre lo nutritivo y lo potencialmente dañino, es fundamental para nuestra supervivencia. Actúa como un sistema de detección a corta distancia, ya que es necesario introducir algo en la boca para poder percibir su sabor. Este sentido nos guía hacia alimentos ricos en energía y nos mantiene alejados de aquellos que podrían enfermarnos.

Los seres humanos podemos percibir cinco sabores básicos: salado, ácido, amargo, dulce y umami. Cada una de estas modalidades gustativas específicas apoya este equilibrio vital. Los alimentos dulces nos resultan agradables porque, al ser ricos en azúcares como los de las frutas o el trigo, contienen grandes cantidades de energía utilizable, y hemos evolucionado para encontrar estos alimentos apetitosos. En contraste, los compuestos tóxicos suelen ser amargos, lo que provoca una respuesta de aversión. El sabor salado indica una sustancia con alto contenido de sal, el sabor ácido indica un alimento ácido, y el sabor umami indica un alimento rico en proteínas.

What is the taste pathway in neuroscience?
Taste information from the tongue travels through cranial nerves VII, IX, and X to the nucleus of the solitary tract in the medulla. Neurons in the brainstem project to the ventral posterior medial nucleus of the thalamus and then on to the gustatory cortex.

Algunos de nuestros gustos son innatos, como la preferencia por lo dulce, mientras que otros se aprenden, como el amargor. Esto explica por qué a muchas personas no les gusta inicialmente el sabor del café puro y por qué prefieren añadirle azúcar al empezar a beberlo. Nuestros gustos también pueden ser modificados por nuestras necesidades dietéticas, como sentir un antojo por alimentos salados.

Índice de Contenido

Los Cinco Sabores Fundamentales y su Significado

La percepción de los cinco sabores básicos no es solo una experiencia placentera o desagradable, sino que tiene profundas raíces biológicas y evolutivas que nos ayudan a tomar decisiones sobre qué comer. Cada sabor nos proporciona información valiosa sobre la composición química de un alimento.

Sabor Salado

El sabor salado es mediado por la presencia de canales de sodio epiteliales. Estos receptores suelen estar abiertos, y cuando se ingieren alimentos con altas concentraciones de sal, el sodio fluye hacia la célula receptora, causando una despolarización. Este cambio en el potencial de membrana abre canales de sodio y calcio dependientes de voltaje. El aumento del flujo de calcio provoca la liberación de vesículas llenas de serotonina. La serotonina actúa sobre el axón gustativo aferente, causando despolarización y potenciales de acción. Los alimentos salados provocan una respuesta bifásica según la concentración: concentraciones bajas pueden resultar insípidas, mientras que concentraciones altas generan una fuerte reacción aversiva. La atracción por la sal también depende de la necesidad del cuerpo en ese momento, regulada por hormonas como la grelina.

Sabor Ácido

Los alimentos saben ácidos debido a su acidez (bajo pH), que se traduce en la presencia de iones de hidrógeno (protones). Aunque el mecanismo exacto de transducción del sabor ácido aún se investiga, se cree que los protones entran en la célula a través de un canal iónico y bloquean los canales de potasio. La disminución de la salida de potasio, junto con la presencia de protones, despolariza la célula, abriendo canales de sodio y calcio dependientes de voltaje. Al igual que en el sabor salado, el aumento del calcio intracelular provoca la liberación de serotonina en la sinapsis. El propósito de nuestra capacidad para detectar ácidos es debatido; podría relacionarse con la vitamina C o con evitar alimentos en mal estado o inmaduros.

Sabor Amargo

Los compuestos amargos, dulces y umami activan las células receptoras del gusto a través de receptores acoplados a proteínas G (GPCR). Los receptores amargos pertenecen a la familia T2R, con más de 25 tipos en humanos. Cada célula gustativa puede expresar la mayoría o todos estos receptores, permitiendo la detección de numerosas moléculas, crucial para evitar sustancias peligrosas como venenos. La activación del GPCR activa la fosfolipasa C, aumentando el inositol trifosfato (IP3), que libera calcio de los depósitos intracelulares. El calcio abre canales iónicos, permitiendo la entrada de sodio y despolarizando la célula. Esto abre canales específicos de ATP, liberando ATP en la sinapsis para actuar sobre el axón aferente al unirse a receptores purinérgicos.

Sabor Dulce

Los receptores dulces y umami son dímeros de GPCR, es decir, dos proteínas que funcionan juntas. Son codificados por la familia T1R. Los receptores dulces son dímeros de las proteínas T1R2 y T1R3; ambas son necesarias para la activación. Al igual que las células amargas, la activación del GPCR utiliza un sistema de segundos mensajeros para liberar calcio de los depósitos intracelulares y aumentar la entrada de sodio. Estos cambios iónicos despolarizan la célula y abren canales específicos de ATP, permitiendo que el ATP entre en la sinapsis y actúe sobre el axón aferente. Los azúcares son esenciales como fuente principal de energía celular, por lo que nuestra capacidad para detectar lo dulce es crucial para regular la ingesta energética y es el impulsor más fuerte en la selección de alimentos.

Sabor Umami

Umami es el sabor delicioso y sabroso, como el de un caldo rico o queso curado. La palabra proviene del japonés y significa "delicioso". Se activa cuando el glutamato se une a los receptores T1R1/T1R3. Los receptores umami son dímeros de T1R1 y T1R3. Una vez activado el GPCR, la vía de transducción es similar a la de las células dulces y amargas. Hemos evolucionado para preferir el umami porque el glutamato es un subproducto de cocinar alimentos, lo que mejora la digestión, reduce la toxicidad y aumenta la absorción de nutrientes.

Anatomía y Órganos del Gusto

Aunque las células receptoras del gusto son más abundantes en la lengua, otras regiones de la boca y la garganta, como el paladar, la faringe y la epiglotis, también son sensibles a los alimentos y desempeñan un papel en la percepción del gusto.

La superficie de la lengua está cubierta por pequeñas protuberancias visibles llamadas papilas. Dentro de las papilas se encuentran las papilas gustativas, y cada papila gustativa está compuesta por células receptoras del gusto, junto con células de soporte y células basales. Las células basales se diferencian para reemplazar a las células gustativas moribundas, que tienen una vida útil de aproximadamente dos semanas. Las células gustativas poseen microvellosidades que se abren a un poro gustativo, donde las sustancias químicas de los alimentos interactúan con los receptores. Aunque técnicamente no son neuronas, las células gustativas establecen sinapsis y liberan neurotransmisores sobre axones aferentes que envían la información de la percepción del gusto al cerebro.

Toda la lengua es capaz de percibir los cinco sabores, lo que significa que hay receptores para cada sabor presentes en toda la superficie. Sin embargo, algunas regiones tienen un umbral ligeramente más bajo para responder a ciertos sabores. La punta de la lengua es más sensible a lo dulce, salado y umami. Los lados son más sensibles a lo ácido, y la parte posterior de la lengua a lo amargo.

What in the brain is responsible for taste?
The brain has a dedicated area chiefly responsible for perceiving and distinguishing different tastes called the gustatory cortex. The terminal connection serving taste perception is located in the anterior insula in the temporal lobe and frontal opercular region.

La Transducción del Sabor: De la Química a la Señal Eléctrica

El proceso por el cual una molécula química en la comida se convierte en una señal eléctrica que el cerebro puede interpretar se llama transducción. Existen dos mecanismos principales según el tipo de sabor:

SaborMecanismo de TransducciónReceptores ClaveNeurotransmisor Liberado
SaladoIonotrópico (Canales iónicos)Canales de Sodio EpitelialesSerotonina
ÁcidoIonotrópico (Canales iónicos)Canales de Protones, Bloqueo de Canales de PotasioSerotonina
AmargoMetabotrópico (GPCR, Segundos Mensajeros)Familia T2R (>25 tipos)ATP
DulceMetabotrópico (GPCR, Segundos Mensajeros)Dímero T1R2/T1R3ATP
UmamiMetabotrópico (GPCR, Segundos Mensajeros)Dímero T1R1/T1R3ATP

Para los sabores salado y ácido, la presencia de iones específicos en el alimento (sodio o protones) interactúa directamente con canales iónicos en la membrana de la célula receptora, modificando su potencial eléctrico. Para los sabores amargo, dulce y umami, las moléculas (como azúcares, glutamato o compuestos amargos) se unen a receptores acoplados a proteínas G, desencadenando una cascada de eventos intracelulares que eventualmente lleva a la liberación de un neurotransmisor.

El Camino Neuronal del Sabor hacia el Cerebro

Una vez que las células receptoras del gusto son activadas, liberan neurotransmisores que excitan las fibras nerviosas aferentes primarias, iniciando un viaje complejo hacia el sistema nervioso central.

La lengua y las áreas sensibles de la faringe y epiglotis están inervadas por tres nervios craneales clave: el nervio facial (par craneal VII), que recoge la información gustativa de los dos tercios anteriores de la lengua; el nervio glosofaríngeo (par craneal IX), que inerva el tercio posterior de la lengua, el paladar blando y la faringe; y el nervio vago (par craneal X), que lleva información de la epiglotis, la faringe y la parte superior del esófago.

Las fibras de estos tres nervios craneales entran en el tronco encefálico a nivel del bulbo raquídeo (médula oblongada) y hacen sinapsis en el núcleo del tracto solitario. Específicamente, la porción rostral de este núcleo, conocida como el núcleo gustativo, es la estación de relevo para la información del gusto. Aquí se encuentran las neuronas de segundo orden en la vía gustativa.

Desde el núcleo gustativo, la información es proyectada hacia el núcleo ventral posteromedial (VPM) del tálamo. Las neuronas en el tálamo (neuronas de tercer orden) reciben esta información y la retransmiten a la corteza gustativa. La corteza gustativa primaria se localiza en lo profundo de la fisura lateral, en una región llamada la ínsula, extendiéndose hacia la región opercular frontal. Curiosamente, el procesamiento de la información gustativa permanece principalmente en el lado ipsilateral del sistema nervioso; es decir, la información del lado izquierdo de la lengua se representa en el hemisferio izquierdo del cerebro y viceversa.

Existen también proyecciones importantes desde las regiones gustativas hacia el hipotálamo y la amígdala, estructuras implicadas en la regulación del apetito, las emociones y la memoria asociada a los alimentos, lo que influye en el valor placentero o aversivo de la comida.

Cómo el Cerebro Distingue los Sabores

Si bien solo se utilizan dos neurotransmisores principales (serotonina y ATP) para comunicar la información del gusto al sistema nervioso central, nuestro cerebro es capaz de distinguir entre los cinco sabores básicos e incluso combinaciones complejas. ¿Cómo logra esto?

La respuesta principal reside en cómo se codifica la información. La mayoría de las células receptoras del gusto utilizan un método de codificación de línea marcada (labeled line coding). Esto significa que cada célula receptora y el axón aferente asociado responden predominantemente a un solo tipo de sabor. Por ejemplo, las células amargas expresan principalmente receptores amargos y son activadas solo por moléculas amargas. Estas células activan neuronas sensoriales amargas específicas que se proyectan a regiones cerebrales dedicadas al procesamiento del amargor.

Una pequeña porción de células gustativas también puede utilizar codificación poblacional, donde una célula puede ser activada por más de un tipo de sabor, y la percepción final se basa en el patrón de actividad de múltiples células con diferentes perfiles de respuesta. Sin embargo, a nivel de la célula receptora, la mayor parte de la información se codifica mediante el principio de línea marcada.

Más Allá del Sabor: La Experiencia del Sabor (Flavor)

¿Cómo se transforman los cinco sabores básicos en la miríada de sensaciones gustativas complejas que experimentamos al comer? Aquí es donde entra en juego el concepto de "sabor" (flavor), que es mucho más que solo el gusto.

El olfato desempeña un papel crucial en la percepción del sabor, ya que los compuestos odorantes de los alimentos pueden alcanzar los receptores olfativos en la cavidad nasal (olfato retronasal). Pero no es el único sentido implicado. La información visual (cómo se ve la comida), la textura y la temperatura (información somatosensorial), e incluso la sensación de dolor asociada al nivel de picante, se integran con la información del gusto para crear la percepción global del sabor.

What neurological conditions cause bad taste in the mouth?
You have nerves that manage taste sensation. When something damages these nerves, like ear or neck surgery, they don't work like they should, causing dysgeusia. Neurologic disorders. Alzheimer's disease, Parkinson's disease and multiple sclerosis (MS) have been associated with dysgeusia.

Esta integración multisensorial ocurre en regiones cerebrales superiores, notablemente en la corteza orbitofrontal, ubicada en el lóbulo frontal. Se cree que esta región es fundamental para los aspectos placenteros y gratificantes de la comida. A medida que la información del gusto se procesa en estas áreas de orden superior, se combina con información de otros sistemas sensoriales, utilizando mecanismos de codificación poblacional para generar la compleja experiencia del sabor.

Alteraciones del Gusto: Cuando el Sistema Falla

Las disfunciones del gusto pueden tener un impacto significativo en la calidad de vida, el apetito y la nutrición de una persona. Existen varios términos para describir estas alteraciones:

  • Ageusia: La ausencia completa del sentido del gusto.
  • Hipogeusia: Una disminución en la percepción del gusto.
  • Hipergeusia: Una percepción aumentada o exagerada del gusto (menos común).
  • Disgeusia o Parageusia: Una percepción distorsionada o desagradable del gusto, a menudo descrita como sabor metálico, rancio o amargo persistente, incluso cuando no se está comiendo.

Las causas de las alteraciones del gusto pueden ser diversas y afectar tanto el brazo periférico (papilas, nervios craneales) como el brazo central (vías cerebrales). Las causas periféricas son las más comunes e incluyen problemas de producción de saliva, daño a las papilas gustativas o lesiones en los nervios craneales VII, IX o X. El nervio facial (VII) es el más afectado, por ejemplo, en la parálisis de Bell, la neuroborreliosis (enfermedad de Lyme), el herpes zóster o lesiones que ocupan espacio cerca del nervio. Otras causas periféricas raras incluyen polineuropatías, enfermedades autoinmunes o neuropatía iatrogénica postraumática (por ejemplo, después de una intubación).

Un ejemplo reciente y notable del impacto en el gusto es el de la enfermedad por coronavirus 2019 (COVID-19). Aunque la pérdida del gusto (generalmente hipogeusia o ageusia) se ha asociado con la infección por SARS-CoV-2, en la mayoría de los casos se cree que está relacionada con el daño al sistema olfativo, dado que el olfato es crucial para la percepción del sabor. El virus puede entrar en células no neuronales del epitelio olfativo y el bulbo olfatorio, que son esenciales para la función de las neuronas olfativas, resultando en anosmia (pérdida del olfato) que se percibe como una alteración del sabor. Las disfunciones gustativas puras (sin afectación olfativa) son menos comunes en infecciones virales respiratorias. Aproximadamente el 10% de los pacientes con COVID-19 pueden experimentar una alteración prolongada del olfato y el gusto.

Las lesiones centrales (en el tronco encefálico, tálamo o corteza) rara vez causan un trastorno del gusto aislado. La hemiageusia o hemi-hipogeusia a nivel del núcleo del tracto solitario puede ocurrir en enfermedades desmielinizantes como la esclerosis múltiple, isquemia, hemorragia o angiomas cavernosos, pero suele ir acompañada de otros síntomas neurológicos como hemiparesia o alteraciones oculomotoras. Las lesiones bilaterales del tálamo pueden provocar una indiferencia psicológica hacia el placer de comer (pérdida hedónica), resultando en pérdida de peso. Las alteraciones del gusto debidas a lesiones en la ínsula o la región opercular frontal (por ejemplo, por accidente cerebrovascular, hemorragia o tumores) a menudo pasan desapercibidas debido a déficits neurológicos mayores.

Preguntas Frecuentes sobre el Gusto

¿Por qué encontramos atractivos algunos sabores y otros no?

Nuestras preferencias gustativas tienen una base evolutiva. Los sabores dulces y umami suelen indicar alimentos ricos en energía o proteínas, respectivamente, que son esenciales para la supervivencia. El sabor salado es crucial para mantener el equilibrio de electrolitos. El amargor a menudo señala la presencia de toxinas, mientras que el ácido puede indicar alimentos en mal estado o, en algunos casos, fuentes de vitamina C. Algunas preferencias son innatas (como lo dulce), mientras que otras se aprenden o adaptan según nuestras necesidades fisiológicas.

¿Cómo influye el olfato en el sabor?

La percepción del "sabor" (flavor) es en gran medida una combinación de gusto y olfato. Cuando masticamos y tragamos, los compuestos volátiles de la comida viajan a través de la parte posterior de la garganta hasta la cavidad nasal (olfato retronasal), donde son detectados por el sistema olfativo. Esta información olfativa se integra con la información gustativa en el cerebro (especialmente en la corteza orbitofrontal) para crear la compleja experiencia sensorial que percibimos como sabor. Sin el olfato, solo podríamos distinguir los cinco sabores básicos.

¿Qué son las papilas gustativas?

Las papilas gustativas son pequeñas estructuras sensoriales localizadas principalmente dentro de las papilas, que son las protuberancias visibles en la superficie de la lengua. Cada papila gustativa contiene varias células receptoras del gusto, así como células de soporte y células basales. Son las células receptoras del gusto las que interactúan directamente con las moléculas de los alimentos para iniciar el proceso de transducción del sabor.

¿Puede una lesión nerviosa afectar permanentemente el gusto?

Sí, aunque el sistema gustativo tiene cierta plasticidad, especialmente a nivel de los nervios periféricos (como el nervio facial), las lesiones nerviosas significativas o las lesiones en las vías centrales del cerebro pueden causar alteraciones del gusto duraderas o permanentes. La gravedad y la duración dependen de la causa y la extensión del daño.

¿Qué diferencia hay entre disgeusia y ageusia?

La ageusia es la pérdida total del sentido del gusto. La disgeusia (o parageusia) es una distorsión en la percepción del gusto, donde los alimentos (o incluso la ausencia de comida) se perciben con sabores desagradables, a menudo metálicos, rancios o amargos, que no corresponden a la realidad.

¿Por qué siento el picante como dolor y no como un sabor básico?

La sensación de picante no es uno de los cinco sabores básicos. Es una sensación somatosensorial, específicamente una percepción de dolor o irritación térmica, mediada por receptores que responden al calor y a ciertos compuestos químicos como la capsaicina (en los chiles). Aunque esta sensación se experimenta en la boca y se integra con el gusto y el olfato para influir en la percepción del "sabor" general, su vía de transducción y neuronal inicial es diferente a la de los receptores gustativos.

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Jesús Porta Etessam

Soy licenciado en Medicina y Cirugía y Doctor en Neurociencias por la Universidad Complutense de Madrid. Me formé como especialista en Neurología realizando la residencia en el Hospital 12 de Octubre bajo la dirección de Alberto Portera y Alfonso Vallejo, donde también ejercí como adjunto durante seis años y fui tutor de residentes. Durante mi formación, realicé una rotación electiva en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center.Posteriormente, fui Jefe de Sección en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid y actualmente soy jefe de servicio de Neurología en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz. Tengo el honor de ser presidente de la Sociedad Española de Neurología, además de haber ocupado la vicepresidencia del Consejo Español del Cerebro y de ser Fellow de la European Academy of Neurology.A lo largo de mi trayectoria, he formado parte de la junta directiva de la Sociedad Española de Neurología como vocal de comunicación, relaciones internacionales, director de cultura y vicepresidente de relaciones institucionales. También dirigí la Fundación del Cerebro.Impulsé la creación del grupo de neurooftalmología de la SEN y he formado parte de las juntas de los grupos de cefalea y neurooftalmología. Además, he sido profesor de Neurología en la Universidad Complutense de Madrid durante más de 16 años.

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