What is the most accurate way to detect if someone is lying?

El Cerebro y la Mentira: Una Mirada Científica

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La mentira, a menudo vista con connotaciones negativas, es en realidad una de las capacidades cognitivas más sofisticadas del ser humano. Lejos de ser un simple defecto moral, el acto de engañar requiere una compleja interacción de procesos mentales que involucran diversas áreas cerebrales. Pero, ¿qué sucede exactamente en nuestro cerebro cuando decidimos desviarnos de la verdad? Un caso inusual nos ofrece una perspectiva intrigante sobre la delicada maquinaria neuronal que subyace a esta conducta.

What part of brain is responsible for lying?
All this deciding and self-control implies that lying is managed by the prefrontal cortex—the region at the front of the brain responsible for executive control, which includes such processes as planning and regulating emotions and behavior.

Imaginemos el caso de un hombre de 51 años, a quien llamaremos “Sr. Pinocho”. Este individuo enfrentaba un problema singular y peligroso: cada vez que intentaba decir una mentira, sufría desmayos y convulsiones. Era, en esencia, una versión de la vida real del famoso títere cuyo rasgo más distintivo era el crecimiento de su nariz al mentir. Para el Sr. Pinocho, un funcionario de alto rango en la Comunidad Económica Europea, las consecuencias eran dramáticas; sus interlocutores sabían al instante cuándo no estaba siendo sincero, lo que perjudicaba gravemente su carrera diplomática. Su condición, un síntoma de una rara forma de epilepsia, no solo era peligrosa sino profesionalmente devastadora.

Los médicos de los Hospitales Universitarios de Estrasburgo, Francia, descubrieron la raíz del problema: un tumor del tamaño de una nuez. Se creía que este tumor aumentaba la excitabilidad de una región cerebral implicada en las emociones. Cuando el Sr. Pinocho intentaba mentir, esta excitabilidad provocaba que una estructura llamada amígdala desencadenara las convulsiones. Una vez extirpado el tumor, los episodios cesaron y pudo retomar sus funciones. Los médicos, que describieron el caso en 1993, bautizaron la condición como el “síndrome de Pinocho”.

Este caso resalta las profundas consecuencias que pueden tener incluso cambios menores en la estructura cerebral. Pero, quizás igual de importante, demuestra que la mentira es un componente significativo del repertorio conductual humano. Sin ella, tendríamos dificultades para adaptarnos. Las personas que dicen la verdad sin filtros constantemente, como puede ocurrir en casos de enfermedad de Parkinson o ciertas lesiones en el lóbulo frontal del cerebro, tienden a ser percibidas como insensibles o hirientes. En la vida cotidiana, las pequeñas mentiras piadosas son comunes, a menudo motivadas por la cortesía, como decir que un plato casero está delicioso aunque no lo esté. Un poco de pretensión parece suavizar las relaciones humanas sin causar daño duradero.

Sin embargo, ¿cuánto sabemos realmente sobre la mentira en nuestra existencia diaria? ¿Cuán ubicua es? ¿Cuándo empiezan los niños a mentir? ¿Requiere más esfuerzo cerebral mentir o decir la verdad? ¿Somos buenos detectando engaños? La ciencia ha avanzado en estas preguntas, descubriendo, por ejemplo, que la mentira en niños pequeños puede ser un signo de que han adquirido importantes habilidades cognitivas.

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¿Mentir es Natural o Adquirido?

No todos están de acuerdo en que cierta dosis de mentira sea necesaria. Filósofos y textos religiosos, desde los Diez Mandamientos hasta el Islam y el Budismo, condenan el engaño. Immanuel Kant, filósofo del siglo XVIII, consideraba la mentira como el “mal radical innato en la naturaleza humana”, algo que debía evitarse incluso en situaciones de vida o muerte.

Hoy en día, muchos pensadores adoptan una visión más matizada. La filósofa alemana Bettina Stangneth argumenta que la mentira debería ser una excepción a la regla, ya que, en última instancia, las personas confían en que se les diga la verdad en la mayoría de los aspectos de la vida. Sin embargo, señala que una de las razones por las que las personas mienten es para ocultarse, para crear una barrera frente a aquellos que invaden su zona de confort. También considera imprudente lanzar a los niños al mundo sin ser conscientes de que otros podrían mentirles.

La capacidad de engaño no es exclusiva de los humanos. Se han observado trucos y engaños de diversas formas en mamíferos superiores, especialmente primates. El neocórtex, la parte del cerebro que ha evolucionado más recientemente, es crucial para esta habilidad. Su volumen predice el grado en que varios primates son capaces de engañar y manipular, como demostró el primatólogo Richard Byrne en 2004.

El Desarrollo de la Mentira en Niños

En nuestra especie, los niños pequeños disfrutan inventando historias, pero generalmente dicen sus primeras mentiras intencionadas alrededor de los cuatro o cinco años. Antes de comenzar sus “carreras” como pequeños artistas del engaño, los niños deben adquirir dos habilidades cognitivas importantes. Una es el razonamiento deóntico: la capacidad de reconocer y comprender las reglas sociales y las consecuencias de transgredirlas. Por ejemplo, si confiesas, podrías ser castigado; si mientes, podrías salirte con la tuya. La otra es la teoría de la mente: la capacidad de imaginar lo que otra persona está pensando. Un niño necesita darse cuenta de que su madre no creerá que el perro se comió la última galleta si ella lo vio comérsela. Como paso para desarrollar la teoría de la mente, los niños también necesitan percibir que ellos saben algunas cosas que sus padres no saben, y viceversa, una conciencia que generalmente se adquiere entre los tres y cuatro años.

Las personas inventan, en promedio, alrededor de dos mentiras al día, según un estudio de 2003 de la psicóloga social Bella M. DePaulo. Sin embargo, se necesita tiempo para volverse hábil. Un estudio de 2015 con más de 1000 participantes en los Países Bajos, con edades entre seis y 77 años, encontró que los niños inicialmente tienen dificultades para formular mentiras creíbles, pero la competencia mejora con la edad. Los adultos jóvenes entre 18 y 29 años son los que mejor mienten. Después de aproximadamente los 45 años, esta habilidad comienza a disminuir.

Una curva similar en forma de U invertida a lo largo de la vida se observa también en un fenómeno conocido como inhibición de respuesta: la capacidad de suprimir la respuesta inicial a algo. Esto es lo que nos impide gritarle a nuestro jefe cuando es mejor quedarse callado. Este patrón sugiere que este proceso regulador, que, al igual que el engaño, es gestionado por el neocórtex, podría ser un requisito previo para mentir con éxito.

El Cerebro Detrás de la Mentira

El pensamiento actual sobre los procesos psicológicos implicados en el engaño sostiene que las personas suelen decir la verdad más fácilmente que mentir, y que mentir requiere muchos más recursos cognitivos. Primero, debemos ser conscientes de la verdad; luego, tenemos que inventar un escenario plausible que sea consistente y no contradiga los hechos observables. Al mismo tiempo, debemos suprimir la verdad para no “soltar la sopa”, es decir, debemos involucrar la inhibición de respuesta. Además, debemos ser capaces de evaluar con precisión las reacciones del oyente para poder, si es necesario, adaptar hábilmente nuestra historia original. Y existe la dimensión ética, por la cual debemos tomar una decisión consciente de transgredir una norma social. Toda esta toma de decisiones y autocontrol implica que la mentira es gestionada por la corteza prefrontal, la región en la parte frontal del cerebro responsable del control ejecutivo, que incluye procesos como la planificación, la regulación de emociones y el comportamiento.

Evidencia de Neuroimagen

Estudios de neuroimagen han contribuido a la visión de que mentir generalmente requiere más esfuerzo que decir la verdad e involucra la corteza prefrontal. En un estudio pionero de 2001, el neurocientífico Sean Spence utilizó resonancia magnética funcional (fMRI). Los participantes respondían preguntas sobre su rutina diaria presionando un botón de sí o no. Dependiendo del color de la escritura, debían responder con la verdad o con una mentira. Los resultados mostraron que los participantes tardaban considerablemente más tiempo en formular una respuesta deshonesta que una honesta. Además, ciertas partes de la corteza prefrontal estaban más activas durante la mentira (tenían mayor flujo sanguíneo). Estos hallazgos indicaron que la parte ejecutiva del cerebro estaba procesando más información durante el engaño.

Varios estudios posteriores han confirmado el papel de la corteza prefrontal en la mentira. Sin embargo, simplemente señalar una región cerebral activa al mentir no revela completamente qué está ocurriendo. Además, las situaciones en estos experimentos tempranos eran artificiales y poco se parecían a la vida cotidiana; a los sujetos probablemente no les importaba si mentían sobre lo que desayunaron.

What is the root cause of lying?
The main reason people lie is low self-esteem. They want to impress, please, and tell someone what they think they want to hear. For example, insecure teenagers often lie to gain social acceptance. Here, parents should emphasize to their children the consequences of lying.

Para abordar esta limitación, en 2009 el psicólogo Joshua Greene de la Universidad de Harvard realizó un ingenioso experimento con incentivos monetarios para mentir. Mientras los sujetos estaban en un escáner fMRI, se les pedía que predijeran el resultado del lanzamiento de una moneda generado por computadora. Si predecían correctamente, ganaban dinero. Tenían que revelar su predicción de antemano en la mitad de las pruebas. En las otras, solo declaraban después si habían acertado. Se les pagaba incluso si mentían sobre sus predicciones anticipadas. Greene pudo deducir la honestidad observando las tasas de acierto: los honestos acertaban la mitad de las veces, mientras que los tramposos afirmaban haber acertado más del 75% de las veces, una tasa inverosímil. Algunos de los que mintieron admitieron su engaño después, afectados por la conciencia.

Greene analizó qué distinguía a los participantes honestos de los deshonestos. El análisis de los datos de fMRI mostró que cuando los sujetos honestos daban sus respuestas, no mostraban un aumento de actividad en ciertas áreas de la corteza prefrontal implicadas en el autocontrol. En contraste, estas regiones de control se activaban en los tramposos al responder. Los tiempos de reacción contaron una historia similar: los honestos no dudaron, ni siquiera cuando tenían la oportunidad de hacer trampa. Aparentemente, ni siquiera consideraron mentir. Por el contrario, el tiempo de respuesta era más prolongado en los sujetos deshonestos.

Particularmente interesante fue que los tramposos mostraron una mayor actividad en las regiones de control de la corteza prefrontal no solo cuando elegían comportarse deshonestamente, sino también cuando intercalaban verdades ocasionales para disimular las mentiras. Greene sugiere que la actividad en estas regiones podría reflejar el proceso de decidir si mentir, independientemente de la decisión final.

Estimulando el Cerebro

En lugar de solo observar la actividad cerebral, el psicólogo Ahmed Karim y sus colegas influenciaron la actividad cerebral externamente utilizando estimulación transcraneal de corriente directa (tDCS). En su estudio, simularon un juego de roles donde los participantes debían robar dinero y luego ser interrogados. Se les incentivó a mentir en momentos cruciales (ej. color de la cartera) mientras decían la verdad en preguntas triviales (ej. color de la chaqueta).

Los electrodos se colocaron para minimizar la excitabilidad de la corteza prefrontal anterior, un área asociada con la toma de decisiones éticas y morales. Con esta región inhibida, la capacidad de engañar mejoró notablemente. Los participantes con estimulación mintieron con la misma frecuencia, pero fueron mejores en ello; su mezcla de respuestas verdaderas y falsas los hizo menos propensos a ser descubiertos. Sus tiempos de respuesta también fueron considerablemente más rápidos.

Los investigadores descartaron que la estimulación hubiera mejorado la eficiencia cognitiva en general. Estos hallazgos sugieren que la corriente eléctrica interrumpió temporalmente el funcionamiento de la corteza prefrontal anterior, dejando a los participantes con menos recursos para evaluar las implicaciones éticas, permitiéndoles concentrarse en su engaño. Otros estudios han logrado influenciar la mentira con tDCS, aunque usando diferentes configuraciones y regiones objetivo. Sin embargo, estos estudios se realizaron en entornos de laboratorio controlados. Se desconoce si la estimulación cerebral eléctrica tendría efectos similares fuera del laboratorio.

¿Podemos Detectar la Mentira? La Ciencia de la Detección

Mientras tanto, los dispositivos que supuestamente miden si una persona dice la verdad, los polígrafos, se han utilizado durante décadas. Tales herramientas son deseables en parte porque los humanos resultan ser muy malos detectores de mentiras.

En 2003, DePaulo y sus colegas resumieron 120 estudios conductuales, concluyendo que los mentirosos tienden a parecer más tensos y que sus historias carecen de vivacidad, omitiendo detalles inusuales que generalmente se incluirían en descripciones honestas. Los mentirosos también se corrigen menos; sus historias a menudo son demasiado "pulidas". Sin embargo, estas características no son suficientes para identificar a un mentiroso de manera concluyente; a lo sumo, sirven como pistas. En otro análisis, DePaulo encontró que las personas pueden distinguir una mentira de la verdad aproximadamente el 54% de las veces, apenas mejor que el azar. Incluso aquellos que se enfrentan a mentirosos con frecuencia, como policías, jueces y psicólogos, pueden tener problemas para reconocer a un embustero.

Los polígrafos intentan hacerlo mejor midiendo una variedad de signos biológicos (como conductancia de la piel y pulso) que supuestamente varían con la mentira. Aunque se han refinado con el tiempo, su valor sigue siendo objeto de controversia. En 1954, el Tribunal Federal de Justicia de Alemania Occidental prohibió su uso en juicios penales por considerar que tal “introspección en el alma del acusado” minaría la libertad de decisión y acción del acusado. Críticas más recientes se centran en su falta de fiabilidad.

Tribunales en otros países sí aceptan resultados de pruebas de polígrafo como evidencia, aunque esto es controvertido. Los polígrafos sí detectan mentiras a una tasa mejor que el azar, pero también se equivocan con frecuencia.

Una técnica de interrogatorio conocida como “Guilty Knowledge Test” (GKT) o Prueba de Conocimiento Culpable ha demostrado ser eficaz en conjunto con un polígrafo. Al sospechoso se le hacen preguntas de opción múltiple cuyas respuestas solo conocería el culpable. La teoría es que, al responder preguntas que podrían revelar culpabilidad, una persona culpable exhibe una excitación fisiológica más pronunciada, indicada por una mayor conductancia de la piel y un tiempo de respuesta retrasado. Este método tiene una precisión de hasta el 95%, identificando a los inocentes casi siempre correctamente. Aunque es la técnica más precisa disponible, no es perfecta.

Recientemente, se han realizado experimentos para evaluar si técnicas de imagen como la fMRI podrían ser útiles para detectar mentiras. Estas pruebas buscan patrones de activación diferentes en la corteza prefrontal en respuesta a declaraciones verdaderas y falsas. En EE. UU., algunas empresas comercializan detección de mentiras por fMRI. Sin embargo, los enfoques de fMRI aún tienen limitaciones. Las diferencias en las respuestas que se vuelven evidentes al promediar resultados de un grupo no siempre se manifiestan en cada individuo. Además, los investigadores aún no han identificado una región cerebral que se active más intensamente al decir la verdad que al mentir. Como resultado, la honestidad solo puede revelarse indirectamente, por la ausencia de indicadores de mentira. Otro problema es el hallazgo de Greene de que el aumento del flujo sanguíneo en partes de la corteza prefrontal podría indicar que una persona está *decidiendo* si mentir, no necesariamente que *está* mintiendo. Esta ambigüedad dificulta la interpretación de las lecturas de fMRI.

Hasta ahora, los tribunales han rechazado los detectores de mentiras por fMRI como evidencia. La eficacia del método simplemente no ha sido documentada adecuadamente. Una máquina que lea pensamientos y “atrape” al cerebro mintiendo no está aún en el horizonte cercano.

What is the neurobiology of lying?
Recent meta-analyses have further shown that lying was associated with greater activation in regions including dorsolateral and ventrolateral prefrontal cortex, anterior insula and superior frontal lobule (Figure 1) [1,15,16].

Más Allá de la Neurología: Contexto y Motivación

Comprender la base neuronal de la honestidad y el engaño tiene un enorme potencial científico y práctico. Sin embargo, los enfoques pasados, a menudo desarrollados con aplicaciones forenses en mente, presentan limitaciones metodológicas y conceptuales. Una perspectiva más amplia proviene de los llamados juegos de señales, utilizados en la teoría de juegos y la etología para estudiar las consecuencias conductuales y evolutivas de la transmisión y distorsión de información. Estos juegos proporcionan un marco para organizar el complejo conjunto de procesos cognitivos asociados con el comportamiento honesto y engañoso, separando los problemas adaptativos que enfrentan el emisor y el receptor de la señal.

En este marco, la mentira se ve como una señal distorsionada enviada por un agente (el emisor) a otro (el receptor) con el fin de lograr un objetivo, que puede ser desde el beneficio personal hasta evitar un castigo o mantener la armonía social. Los procesos cognitivos del emisor incluyen construir una representación del problema, formar creencias sobre los estados mentales del receptor (teoría de la mente), asignar valores a las diferentes acciones (mentir vs. decir la verdad con sus respectivas consecuencias) y seleccionar una acción que equilibre motivos en conflicto (ej. interés propio vs. honestidad), a menudo implicando control cognitivo.

Por parte del receptor, los procesos implican identificar y evaluar las señales, anticipar los resultados, asignar valores a las acciones posibles basadas en la señal recibida y seleccionar una acción. Los juegos de señales resaltan que estudios anteriores, al instruir a los participantes a mentir, eliminaron el componente motivacional y de toma de decisiones, que son cruciales en el engaño voluntario. Además, en tareas donde los participantes son tanto emisores como receptores (como en el GKT), es difícil aislar los procesos específicos de cada rol.

Este marco de juegos de señales no solo clarifica críticas a estudios pasados, sino que también organiza datos existentes y sugiere nuevas formas de abordar debates. Por ejemplo, al distinguir entre los diferentes niveles de procesamiento (representación, creencia, valoración, selección de acción), se puede investigar si el control cognitivo es necesario para ser honesto (cuando mentir es ventajoso) o para mentir (cuando la verdad es la respuesta automática).

Estudios recientes que utilizan juegos de señales y enfoques de lesión han mostrado que el daño en la corteza prefrontal lateral, un área asociada con el control cognitivo, se relaciona con menores niveles de honestidad. Esto sugiere que el control cognitivo es necesario para producir señales honestas cuando el interés propio impulsa a mentir. Otros estudios han encontrado que la corteza temporoparietal derecha (rTPJ), implicada en la teoría de la mente, se activa en compradores estratégicos que subestiman el valor de un bien en un juego de negociación, sugiriendo su papel en el engaño intencional. La ínsula también ha sido implicada, prediciendo la ruptura de promesas, lo que podría reflejar la anticipación de la violación de una norma.

Implicaciones para la Detección de Mentiras

El marco de juegos de señales también es relevante para la detección de mentiras. Permite descomponer la detección en subcomponentes: ¿el emisor conocía la verdad? ¿Anticipó las consecuencias de ser descubierto? ¿Experimentó un costo por mentir? ¿Hubo conflicto de respuesta? Si bien la mayoría de los estudios de neuroimagen se han centrado en la detección a nivel de la selección de acción, futuras investigaciones podrían comparar la eficacia de detectar mentiras en cada uno de estos niveles.

Además, dado que la detección de mentiras es en sí misma un juego de señales entre interrogador e interrogado, cualquier método práctico debe ser robusto ante intentos de manipular el sistema (ej. regulando respuestas cognitivas o afectivas). Los juegos de señales, al permitir estudiar el engaño realista en laboratorio, ofrecen una ventaja para probar la robustez de las medidas de detección. Aunque difícil, abordar estas cuestiones mejorará los esfuerzos de detección con un enfoque científico más riguroso.

Preguntas Frecuentes sobre la Mentira y el Cerebro

¿Cuándo empiezan los niños a mentir?

Generalmente, los niños comienzan a decir sus primeras mentiras intencionadas alrededor de los cuatro o cinco años de edad. Para ello, necesitan haber desarrollado habilidades cognitivas importantes como el razonamiento deóntico (comprender reglas sociales) y la teoría de la mente (entender lo que otros piensan).

¿Es más difícil para el cerebro mentir que decir la verdad?

La investigación sugiere que, en la mayoría de los casos, mentir requiere más recursos cognitivos que decir la verdad. Implica múltiples procesos como inventar una historia plausible, suprimir la verdad y monitorear la reacción del oyente, lo cual se asocia con una mayor actividad en áreas del cerebro como la corteza prefrontal.

¿Puede un polígrafo detectar mentiras con seguridad?

Aunque los polígrafos se han utilizado durante décadas, su fiabilidad es objeto de debate. Detectan cambios fisiológicos que *pueden* asociarse con el engaño, pero no son infalibles y pueden ser influenciados. Algunas variantes, como el "Guilty Knowledge Test" (GKT), tienen una mayor precisión, pero aún así no son perfectas y su uso en tribunales varía.

¿Qué parte del cerebro es la principal responsable de mentir?

Aunque no hay una única "zona de la mentira", la corteza prefrontal, especialmente las áreas dorsolateral y ventrolateral, juega un papel crucial. Esta región está implicada en el control ejecutivo, la planificación y la regulación del comportamiento, procesos necesarios para construir y mantener un engaño.

Tabla Comparativa: Mentir vs. Decir la Verdad

CaracterísticaMentirDecir la Verdad
Esfuerzo CognitivoGeneralmente MayorGeneralmente Menor
Procesos ClaveInvención, Supresión, Evaluación del Receptor, Decisión ÉticaRecuperación de la Memoria
Velocidad de RespuestaGeneralmente Más LentaGeneralmente Más Rápida
Activación Cerebral (fMRI)Mayor actividad en Corteza Prefrontal (dorsolateral, ventrolateral), Ínsula Anterior, Lóbulo Frontal SuperiorSin región consistentemente más activa que al mentir

En conclusión, la capacidad de mentir es una habilidad compleja que involucra una red de áreas cerebrales, con un papel protagónico para la corteza prefrontal y sus funciones ejecutivas. Requiere un esfuerzo cognitivo considerable, implicando procesos como la planificación, la inhibición de la verdad y la lectura de la mente del otro. Casos clínicos raros y estudios con neuroimagen y estimulación cerebral han comenzado a desentrañar los mecanismos neuronales subyacentes. Aunque hemos avanzado, especialmente en la comprensión de los procesos cognitivos implicados, la detección de mentiras fiable sigue siendo un desafío importante, y la investigación futura, quizás impulsada por marcos como los juegos de señales, continuará explorando las complejidades de esta fundamental, aunque a menudo controvertida, capacidad humana.

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Jesús Porta Etessam

Soy licenciado en Medicina y Cirugía y Doctor en Neurociencias por la Universidad Complutense de Madrid. Me formé como especialista en Neurología realizando la residencia en el Hospital 12 de Octubre bajo la dirección de Alberto Portera y Alfonso Vallejo, donde también ejercí como adjunto durante seis años y fui tutor de residentes. Durante mi formación, realicé una rotación electiva en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center.Posteriormente, fui Jefe de Sección en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid y actualmente soy jefe de servicio de Neurología en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz. Tengo el honor de ser presidente de la Sociedad Española de Neurología, además de haber ocupado la vicepresidencia del Consejo Español del Cerebro y de ser Fellow de la European Academy of Neurology.A lo largo de mi trayectoria, he formado parte de la junta directiva de la Sociedad Española de Neurología como vocal de comunicación, relaciones internacionales, director de cultura y vicepresidente de relaciones institucionales. También dirigí la Fundación del Cerebro.Impulsé la creación del grupo de neurooftalmología de la SEN y he formado parte de las juntas de los grupos de cefalea y neurooftalmología. Además, he sido profesor de Neurología en la Universidad Complutense de Madrid durante más de 16 años.

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