What hormone is released when jealous?

Celos: ¿Qué Dice la Neurociencia?

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Los celos son una emoción compleja y a menudo dolorosa que se caracteriza por la percepción de una amenaza de pérdida de algo valioso, especialmente en el contexto de una relación importante. Aunque universal, su base neural y los procesos cognitivos subyacentes han sido relativamente poco claros hasta hace poco. Sin embargo, la neurociencia ha comenzado a arrojar luz sobre las áreas del cerebro y los mecanismos biológicos implicados en esta poderosa sensación.

Estudios sobre lesiones cerebrales y accidentes cerebrovasculares han sugerido que los celos tienen, de hecho, una base física en el cerebro, específicamente en ciertas partes de la corteza cerebral. La activación o inhibición de regiones específicas del cerebro puede inducir sentimientos de celos, aunque las mediciones de su disminución han sido menos documentadas.

What is the neuroscience behind jealousy?
Tendency to jealousy Whether some people are more prone to fixating on those feelings compared with others may have something to do with a larger or more active jealousy region in the left frontal cortex of the brain.Oct 9, 2018

La región cortical del lóbulo frontal del cerebro es fundamental para la toma de decisiones y el autocontrol. Investigaciones han utilizado técnicas como la estimulación transcraneal de corriente directa (tDCS) para dirigirse a la corteza frontal izquierda o derecha en voluntarios sanos. En un estudio, después de que los participantes jugaran un juego diseñado para provocar sentimientos de rechazo, aquellos que recibieron estimulación en la corteza frontal izquierda reportaron mayores sentimientos de celos en comparación con quienes recibieron la estimulación en la corteza frontal derecha.

Curiosamente, los estudios de casos de pacientes con accidente cerebrovascular han revelado una conexión diferente. Se han reportado varios casos interesantes de pacientes que desarrollaron una forma específica de celos patológicos llamada síndrome de Otelo, nombrado así por la obra de Shakespeare. Este síndrome es un tipo de celos en el que las personas sospechan y acusan incorrectamente a su pareja de infidelidad, a menudo sin ninguna base real. Estos informes describen pacientes con síntomas casi idénticos de celos patológicos, volviéndose repentinamente celosos de otras personas y, notablemente, acusando a sus esposas de infidelidades consideradas prácticamente imposibles por todos los testigos. En un caso, un paciente acusó a su esposa de tener una aventura con su maestro de infancia. En otro, una persona acusó a su esposa de tener relaciones con otros pacientes en el hospital.

Todos los pacientes descritos con síndrome de Otelo habían sufrido accidentes cerebrovasculares importantes y una subsiguiente disminución de la función en la corteza frontal derecha. Esto resulta fascinante porque los experimentos en los que los investigadores lograron producir celos mediante estimulación eléctrica implicaron una sobreactivación de la corteza frontal izquierda. Esta aparente lateralización sugiere complejidades en cómo diferentes áreas del cerebro contribuyen a la experiencia de los celos.

Dado que existen áreas cerebrales que pueden inducir celos, es probable que todos los humanos nazcamos con una tendencia natural a sentir esta emoción. La propensión a fijarse en estos sentimientos podría estar relacionada con una región de celos más grande o más activa en la corteza frontal izquierda. Por otro lado, algunas personas podrían haber activado en exceso las regiones cerebrales asociadas a los celos tempranamente en la vida si fueron comparadas constantemente con otros o si observaron comportamientos celosos a una edad temprana.

Aunque los celos son una realidad desagradable de la vida, son una emoción dolorosa de la que la mayoría de las personas desearía deshacerse. Superar tales sentimientos es más fácil decirlo que hacerlo. La envidia, a menudo entrelazada con los celos, ha sido considerada el "pecado" más antiguo y la más vergonzosa de las emociones porque implica sentirse inferior a otra persona.

Sin embargo, saber que los celos provienen del cerebro puede ayudar a las personas especialmente propensas a esta emoción a abordar el problema. Estrategias de mindfulness o buscar ayuda profesional de un terapeuta pueden ser vías útiles si los sentimientos persistentes de celos interfieren significativamente con la vida.

La química cerebral detrás de los celos es también un área de estudio activo. Los celos son una emoción compleja con componentes afectivos, cognitivos y conductuales. Si bien los sistemas neurales y los procesos cognitivos subyacentes no están completamente claros, estudios de neuroimagen han comenzado a investigarlos. Particularmente, se ha estudiado la forma más severa, los celos delirantes (como en el Síndrome de Otelo), en enfermedades neurodegenerativas.

What brain chemical causes jealousy?
DA=dopamine. The identification of a core of neural and cognitive/affective bases of jealousy suggests how this feeling may become delusional thoughts: alterations of the dopamine signaling system could cause an aberrant salience given to social bonds, especially to the relationship with the partner (Figure 4).

Se ha observado una alta prevalencia de celos delirantes en pacientes con enfermedad de Parkinson bajo tratamiento con agonistas de la dopamina. Esto sugiere una posible implicación de la dopamina en las bases neurales de los celos, especialmente en sus formas más patológicas. Áreas cerebrales dopaminérgicas como el cuerpo estriado (que incluye el núcleo accumbens, el caudado y el putamen) y el pálido ventral han mostrado activación en estudios de fMRI en humanos al imaginar a un compañero romántico prefiriendo a un rival.

La neurobiología del vínculo social en primates no humanos también proporciona pistas importantes. Los monos tití (Callicebus cupreus) forman fuertes vínculos de pareja y muestran comportamientos como la vigilancia de la pareja y agitación al separarse. Un estudio utilizó imágenes PET para examinar el metabolismo cerebral de monos tití machos al ver a su compañera de pareja cerca de un macho desconocido. Esta situación, diseñada para desafiar el vínculo de pareja e inducir "celos", mostró un aumento en la captación de FDG (indicador de actividad metabólica) en el septum lateral derecho, la corteza cingulada posterior izquierda y la corteza cingulada anterior izquierda. También hubo una disminución en la captación en la amígdala medial derecha.

Además de los cambios neurales, este estudio en monos tití encontró concentraciones plasmáticas más altas de testosterona y cortisol durante la condición de celos. La testosterona se asocia con la agresión relacionada con el apareamiento y la competencia, mientras que el cortisol es una hormona del estrés. El tiempo que los machos pasaron mirando a su compañera junto al desconocido se correlacionó positivamente con las concentraciones de cortisol plasmático, sugiriendo que la situación fue percibida como un estresor social. Los hallazgos sobre oxitocina y vasopresina plasmáticas fueron menos concluyentes en este estudio particular, aunque estas hormonas están implicadas en el vínculo social; se cree que las medidas periféricas no siempre reflejan los niveles centrales.

El septum lateral ha demostrado desempeñar un papel importante tanto en la formación como en el mantenimiento del vínculo de pareja en monos tití. Esta área recibe inervación de fibras de vasopresina (en muchas especies) y contiene receptores de oxitocina y dopamina. La actividad metabólica aumentada en el septum lateral durante la condición de celos en los monos tití, junto con la evidencia de estudios previos que muestran cambios en los receptores de dopamina D1 en esta área tras la formación del vínculo de pareja, sugiere una fuerte implicación en las respuestas agudas a una amenaza al vínculo.

La corteza cingulada, tanto anterior como posterior, también se ha relacionado con los celos. En el estudio de monos tití, hubo un aumento en la captación de FDG en la corteza cingulada izquierda (anterior y posterior). La corteza cingulada anterior está bien estudiada por su asociación con situaciones socialmente dolorosas, lo que encaja con la visión de los celos como una forma de rechazo social. Estudios en humanos también han relacionado la corteza cingulada con el dolor social y los celos románticos.

La amígdala, una estructura clave en el procesamiento de emociones, especialmente el miedo y la amenaza, también está implicada. En el estudio de monos tití, hubo una disminución en la captación de FDG en la amígdala medial derecha durante la condición de celos. Esto contrasta con un estudio en monos rhesus (que no son monógamos sociales) donde la visualización de una pareja de apareamiento con un macho desconocido aumentó la actividad en la amígdala derecha. También contrasta con estudios en humanos que leen sobre infidelidad sexual, donde se observó un aumento en la activación de la amígdala derecha. Estas diferencias podrían reflejar variaciones entre especies, el tipo de vínculo (monógamo vs. no monógamo) o la naturaleza del estímulo.

Los estudios han encontrado efectos lateralizados en la actividad cerebral asociados a los celos. La activación de la corteza frontal izquierda se ha vinculado con la motivación de acercamiento, mientras que la derecha se asocia con la evitación y emociones negativas. Los hallazgos de mayor actividad en la corteza frontal izquierda en humanos (tDCS) al experimentar celos inducidos, y mayor actividad en el septum lateral derecho y corteza cingulada izquierda en monos tití, sugieren asimetrías interesantes en la respuesta cerebral a esta emoción.

La función evolutiva de los celos es objeto de debate. Se argumenta que los celos podrían haber conferido una ventaja de aptitud a los humanos en nuestro entorno ancestral, ayudando a preservar las relaciones reproductivas y a proteger la inversión parental. En especies monógamas, como los monos tití y los humanos (en su mayoría), los celos pueden funcionar para mantener la integridad a largo plazo de la pareja. Sin embargo, cuando no se controlan, los celos pueden escalar y contribuir a la violencia en la pareja. La cultura también juega un papel en cómo se expresan y manejan los celos.

What is the neuroscience behind jealousy?
Tendency to jealousy Whether some people are more prone to fixating on those feelings compared with others may have something to do with a larger or more active jealousy region in the left frontal cortex of the brain.Oct 9, 2018

Entender que los celos tienen raíces biológicas y neurales no excusa los comportamientos dañinos, pero puede proporcionar un marco para abordarlos. Reconocer las respuestas cerebrales y hormonales subyacentes puede ayudar a desestigmatizar la emoción y fomentar estrategias de manejo más efectivas, ya sean a través de la autorregulación (como el mindfulness) o con la ayuda de profesionales.

La investigación sobre las bases neurales de los celos está en sus primeras etapas. Se necesitan más estudios para comprender completamente los complejos mecanismos biológicos de esta emoción. La exploración continua de áreas como el septum lateral y las interacciones entre sistemas neuroquímicos (como la oxitocina, la dopamina y los opioides) en primates podría ofrecer pistas importantes sobre el vínculo social y potencialmente informar enfoques para problemas de salud y bienestar relacionados, como la adicción, el autismo y la violencia en pareja.

Preguntas Frecuentes sobre la Neurociencia de los Celos:

¿Los celos son algo con lo que nacemos?

La investigación sugiere que es probable que tengamos una tendencia natural a sentir celos, dada la implicación de áreas cerebrales específicas. Algunas personas podrían tener una predisposición mayor, posiblemente ligada a la actividad o el tamaño de ciertas regiones cerebrales, como la corteza frontal izquierda. Las experiencias tempranas también pueden influir en cómo se desarrolla esta tendencia.

¿Qué químico cerebral causa los celos?

No hay un único "químico de los celos". Es una emoción compleja que involucra la interacción de múltiples neurotransmisores y hormonas. La dopamina, la testosterona y el cortisol han mostrado estar implicados en la respuesta celosa, afectando áreas cerebrales específicas. Sin embargo, la investigación aún está explorando cómo estos químicos interactúan para producir la experiencia de los celos.

¿Se pueden eliminar completamente los celos?

Los celos son una emoción humana básica y dolorosa. Si bien es difícil eliminarlos por completo, entender su base neural puede ayudar a manejarlos. Técnicas como el mindfulness y la terapia profesional son herramientas que pueden ayudar a las personas a abordar y reducir el impacto negativo de los celos persistentes en sus vidas.

¿Qué es el Síndrome de Otelo?

Es una forma de celos patológicos y delirantes donde la persona acusa falsamente a su pareja de infidelidad sin evidencia. Se ha asociado con daño en el lóbulo frontal derecho del cerebro, a menudo después de un accidente cerebrovascular. Representa una manifestación extrema y disfuncional de los celos.

¿Qué partes del cerebro están más implicadas en los celos?

La investigación señala varias áreas clave, incluyendo la corteza frontal (izquierda y derecha), la corteza cingulada (anterior y posterior), la amígdala, el septum lateral y el cuerpo estriado. Estas áreas están involucradas en la regulación emocional, el procesamiento de amenazas, el vínculo social y la respuesta al estrés y la recompensa.

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Jesús Porta Etessam

Soy licenciado en Medicina y Cirugía y Doctor en Neurociencias por la Universidad Complutense de Madrid. Me formé como especialista en Neurología realizando la residencia en el Hospital 12 de Octubre bajo la dirección de Alberto Portera y Alfonso Vallejo, donde también ejercí como adjunto durante seis años y fui tutor de residentes. Durante mi formación, realicé una rotación electiva en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center.Posteriormente, fui Jefe de Sección en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid y actualmente soy jefe de servicio de Neurología en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz. Tengo el honor de ser presidente de la Sociedad Española de Neurología, además de haber ocupado la vicepresidencia del Consejo Español del Cerebro y de ser Fellow de la European Academy of Neurology.A lo largo de mi trayectoria, he formado parte de la junta directiva de la Sociedad Española de Neurología como vocal de comunicación, relaciones internacionales, director de cultura y vicepresidente de relaciones institucionales. También dirigí la Fundación del Cerebro.Impulsé la creación del grupo de neurooftalmología de la SEN y he formado parte de las juntas de los grupos de cefalea y neurooftalmología. Además, he sido profesor de Neurología en la Universidad Complutense de Madrid durante más de 16 años.

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