What is the identity theory in neuroscience?

Neurociencia: Mente y Cerebro en Debate

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Desde los tiempos de René Descartes en el siglo XVII, el problema mente-cuerpo ha sido uno de los debates centrales en la filosofía de la mente, la psicología y la neurociencia. La visión dualista tradicional cartesiana ya no se considera viable para muchos, pero otras formas de dualismo, el idealismo o marcos teóricos no fisicalistas sostienen que la mente y la conciencia no pueden explicarse como un mero resultado de los procesos neuronales.

What are the 4 theories of identity?
James Marcia's Identity Status Theory (adolescents and young adults) — Building on Erikson's work, Marcia (1966) developed four identity statuses — identity diffusion, foreclosure, moratorium, and achievement — that describe the processes of exploration and commitment in forming a cohesive identity.

A esta perspectiva se opone la Teoría de la Identidad, que considera que los procesos mentales son idénticos a los procesos cerebrales. Según esta visión, la conciencia no es más que un epifenómeno emergente que surge de la interacción colectiva de la actividad neuronal. La sintiencia, con todas sus dimensiones subjetivas de experiencias, sentimientos y pensamientos, se considera un proceso físico determinado únicamente por las leyes de la física. Las qualia, esas experiencias subjetivas, fenoménicas y mentales a las que solo podemos acceder introspectivamente (como la percepción del color, el dolor o el placer), se postulan como estados físicos del cerebro, mientras que cualquier especulación sobre una mente o conciencia inmaterial se considera una hipótesis innecesaria.

Dualistas y monistas tienen diferentes escuelas de pensamiento, pero es justo decir que la mayoría de los científicos y filósofos se consideran monistas materialistas. Esta postura se apoya a menudo en una premisa de 'pérdida de función por lesión': dado que las lesiones cerebrales y las modificaciones neuroquímicas provocan deterioros cognitivos o estados alterados de conciencia, se asume que esto prueba la identidad mente-cerebro. Sin embargo, la neurociencia moderna ha descubierto una serie de hallazgos que, si bien a menudo se ignoran o se fuerzan para encajar en el paradigma fisicalista, plantean serias preguntas sobre la idea de que la experiencia fenoménica sea una propiedad emergente de la actividad cerebral, sugiriendo que la premisa del monismo materialista se basa en una falacia lógica de correlación vs. causalidad.

Aunque la mayoría de los argumentos a favor del fisicalismo se basan en una línea de razonamiento materialista, existen modelos post-materialistas de la conciencia que no se basan exclusivamente en la actividad cerebral. Este artículo revisará algunos hechos estrictamente neurocientíficos que no han recibido suficiente apreciación y que dan buenas razones para mirar las suposiciones fisicalistas con un ojo más crítico. Paradigmas no neurocéntricos que postulan la mente y la conciencia como un fenómeno fundamental, en lugar de emergente de la materia, siguen siendo una opción viable. Una variedad de hallazgos, especialmente cuando se ven en conjunto y en su relación mutua, podrían sugerir otras posibles formas de interpretar los descubrimientos neurocientíficos, e incluso podrían tener mayor poder explicativo dentro de una ontología subyacente post-material.

Es necesaria una nota preliminar de claridad conceptual. En el contexto de la teoría de la identidad mente-cerebro, los términos 'mente' y 'conciencia' a menudo se usan indistintamente. Sin embargo, aquí 'conciencia' se referirá a la Conciencia Fenoménica, es decir, los estados de 'lo que se siente ser' que subyacen a nuestras experiencias cualitativas subjetivas, las 'qualia'. 'Mente', por otro lado, se relacionará con las funciones cognitivas de pensamiento, memoria, inteligencia, ideas, conceptos y significados. Esta distinción es importante porque la cuestión de la fisicalidad de todas nuestras dimensiones psicológicas podría no tener una respuesta única. Uno podría argumentar a favor de la naturaleza no física de la conciencia fenoménica pero sostener que la memoria está en el cerebro, o que la cognición de bajo nivel es un epifenómeno neuronal, mientras que las funciones de alto nivel no lo son.

Habiendo hecho esta distinción, examinaremos más de cerca el marco lógico que sustenta una concepción mecanicista, señalando algunas falacias convencionales de causalidad-correlación neurológica.

Índice de Contenido

La Teoría de la Identidad Mente-Cerebro

La teoría de la identidad postula que los estados mentales, como tener sed o sentir dolor, son idénticos a ciertos estados físicos del cerebro. Esta es la visión más común en la neurociencia y la filosofía de la mente contemporáneas. Se basa en la observación de que, efectivamente, hay una relación directa y consistente entre el estado físico de nuestros cerebros y nuestras experiencias subjetivas. Por ejemplo, se sabe que la dopamina, un neurotransmisor, está implicada en los efectos de drogas como la cocaína y en la sensación de placer. Las drogas psicodélicas alteran la química cerebral y conducen a intensos efectos subjetivos. El daño cerebral, como una lesión en el área de Broca, puede provocar la pérdida de la capacidad de hablar, un claro deterioro cognitivo. La anestesia induce, aparentemente, una pérdida de conciencia. Además, las tecnologías modernas de escaneo cerebral muestran correlaciones neurales para cada experiencia consciente.

Para el monista materialista, estos hechos parecen dejar poco espacio para un enfoque no material. Los estados mentales y la autoconciencia parecen emerger de la materia; no hay distinción. Nuestras personalidades, identidades, estados de ánimo y estados de conciencia parecen depender del estado biofísico de nuestros cerebros.

Y, sin embargo, una reflexión crítica adicional debería dejar claro que tal correlación no es un criterio de suficiencia. Debemos proteger nuestro marco teórico de la posible falacia lógica de creer que la correlación implica causalidad. El hecho de que dos eventos siempre coincidan o ocurran uno tras otro no implica que el primer evento haya causado el segundo. Si el evento B siempre sigue al evento A, no estamos autorizados a concluir que A es la causa de B. Este tipo de falacias lógicas se conocen como 'falacias post hoc'.

A pesar de esto, la creencia de que la explicación de nuestra dimensión cualitativa y experiencial se encuentra principalmente en los circuitos neuronales sigue siendo una suposición rara vez cuestionada. Existe una tendencia general a creer que las explicaciones mecanicistas causales basadas en propiedades neurales de bajo nivel son mejores que las explicaciones conductuales de alto nivel. Se asume con demasiada frecuencia que una eficacia causal neural equivale a comprensión, cargándola con un poder explicativo que no tiene. La afirmación de que “la actividad neural X es necesaria y suficiente para que ocurra el comportamiento Y” permite una afirmación causal a menudo reforzada por un lenguaje que enmascara la lógica defectuosa para hacer pasar una posición metafísica como dato empírico.

Pero, ¿cuáles son las alternativas a la identificación mente-cuerpo que podrían estar en línea con la correlación observada entre los estados mentales y los correlatos neurales físicos de la conciencia? La metáfora preferida por muchos no fisicalistas es la Teoría del Filtro de la conciencia, que se remonta a una idea original de William James. James sugirió que el cerebro no es una función productiva de la conciencia, sino una función permisiva o transmisiva. Usó la analogía del prisma que separa la luz blanca en haces de colores. Si un prisma roto falla en su función de 'revelar' los haces de luz de colores, esto no debería llevarnos a la falacia de que el prisma 'produce' la luz de color. La modificación material del medio óptico modifica el gradiente refractivo que 'transduce' la luz, pero no la 'crea'. Un prisma es solo un objeto con una función transmisiva; no 'genera' nada.

Aldous Huxley expresó una idea similar, proponiendo que el cerebro es una 'válvula reductora' de lo que llamó una 'Mente en general', una Mente universal o cósmica que comprende toda la realidad con todas las ideas y pensamientos. Según Huxley, nuestro cerebro filtra la realidad en condiciones normales porque, de lo contrario, seríamos abrumados por el conocimiento de esta Mente universal. Las drogas psicodélicas, sugirió, pueden eliminar el filtro y ponernos en contacto con esta Mente, llevando a experiencias místicas. En esta visión, el cerebro es un 'dispositivo de conexión', una 'interfaz' o 'estación de relevo' para una Mente universal proyectada en nuestros cerebros. El cerebro filtra y suprime esta Mente universal, pero no la 'produce'.

Esta perspectiva no es del todo ajena a nuestra comprensión de cómo funciona una computadora digital. Conocer todo sobre su hardware y recrear su estructura física exacta no nos llevaría a una máquina que haga algo significativo o útil. Se necesita software, un código ejecutándose escrito por un agente externo inteligente. La computadora es solo un instrumento, un medio de expresión para una entidad cognitiva, no su origen. Estudiar un microprocesador con los criterios de la neurociencia moderna (analizando potenciales de campo, lesionando unidades) sería difícil para explicar cómo funciona el código subyacente, el verdadero 'agente' que causa el comportamiento de la máquina.

Por lo tanto, los correlatos neurales de la conciencia o los estudios basados en lesiones de pérdida de función no constituyen una base lógica suficiente para la teoría de la identidad mente-cerebro. Tenemos derecho a mantener la hipótesis contraria: la conciencia, los estados mentales y emocionales son más o menos 'canalizados' dependiendo del estado físico del cerebro. El cerebro podría ser visto igualmente como un sustrato físico a través del cual se manifiestan estos estados conscientes sin inconsistencia con el conocimiento científico actual.

¿Existe un "Asiento de la Conciencia"?

Una de las búsquedas más persistentes en neurociencia ha sido la de encontrar una región cerebral específica, un 'asiento de la conciencia'. Crick y Koch postularon una vez que el claustro, una estructura neuronal delgada bajo la corteza, podría ser este asiento, actuando como integrador de perceptos conscientes. Sin embargo, la neurociencia moderna indica que el claustro funciona más como un 'router' de información neuronal que como un órgano responsable de una función específica como la conciencia.

Hasta la fecha, no hay evidencia concluyente de una única región, área, órgano o característica anatómica del cerebro que se encargue de 'producir' o 'generar' la conciencia. La mayor parte del cerebro está ocupada procesando entradas sensoriales, tareas motoras y regulaciones fisiológicas automáticas o subconscientes (latidos, respiración, control de presión, temperatura, etc.) que no conducen a experiencias cualitativas. La actividad neural por sí sola no puede ser una condición suficiente para la conciencia fenoménica; la vasta mayoría de la actividad cerebral es inconsciente.

Esto plantea la pregunta: ¿Qué distingue un proceso neural que conduce a una experiencia consciente de uno que no lo hace? Por ejemplo, el cerebelo se dedica casi exclusivamente a funciones de control motor; su deterioro causa trastornos de movimiento, pero no afecta el estado de conciencia. Incluso hay casos raros de personas que viven sin cerebelo (agenesia cerebelosa) con déficits motores leves o moderados, pero sin alteraciones en la conciencia. Esto sugiere que no es una parte indispensable para la conciencia, aunque sí para la coordinación motora.

El sistema nervioso central incluye la médula espinal, responsable de la transmisión de señales nerviosas motoras y sensoriales. Las lesiones medulares causan parálisis, pero no déficits cognitivos ni alteración del estado de conciencia. Esto deja la corteza cerebral o las áreas subcorticales como posibles candidatos para el 'asiento de la conciencia', si es que existe.

Otro ejemplo interesante es el hallazgo de que la estimulación del tálamo puede despertar a macacos de la anestesia. Esto llevó a la conclusión aparente de que el tálamo es el 'interruptor' o 'modulador' de la conciencia. Sin embargo, observar la ausencia de una firma fisiológica externa como prueba de la falta de sintiencia interna es otra falacia de correlación-causalidad. No sabemos si la anestesia induce un estado completamente inconsciente o un estado consciente pero sin capacidad de reporte o recuerdo. Hay evidencia creciente de alguna forma de conciencia en estados no responsivos como el sonambulismo, la hipnosis, el sueño no REM y estados vegetativos.

Incluso asumiendo que no hay experiencia durante la anestesia, la pregunta sigue siendo: ¿confirman estos hallazgos que el tálamo es el 'asiento de la conciencia'? El tálamo es una estación de relevo y retroalimentación para la información sensorial hacia la corteza. Es un 'hub', un 'transductor' o un 'filtro'. Si su función se interrumpe, se 'pierde' la conciencia, pero esto no prueba que la 'genere'.

Si no hay un único 'asiento', ¿podría ser que la combinación y actividad de *todas* o *algunas* áreas cerebrales 'produzcan' la experiencia subjetiva? Teorías como la Teoría de la Información Integrada (IIT) y la Teoría del Espacio Global de Trabajo (GWT) sugieren que la integración de información y la memoria activa determinan el nivel de conciencia. La neurociencia moderna piensa en términos de redes interconectadas, donde varias regiones trabajan juntas. Sin embargo, incluso regiones aparentemente especializadas como la corteza visual primaria participan en procesos relacionados con la audición o el tacto. Esto sugiere que, si la conciencia surge de la actividad agregada, todo el cerebro podría estar involucrado de alguna manera.

Pero, ¿cómo se alinea esto con la realidad de intervenciones quirúrgicas radicales como la callosotomía (división del cuerpo calloso, que conecta los hemisferios) o la hemisferectomía (extirpación de un hemisferio completo)? En pacientes con callosotomía, a pesar de la división física, no hay evidencia clara de una 'conciencia dual' o una 'personalidad dividida' en el sentido de un trastorno de identidad disociativo. Reportan seguir siendo la misma persona. Aunque puede haber conflictos motores o sensoriales (síndrome de la mano ajena), esto no se confunde con dos personalidades compitiendo. La confusión surge si mezclamos la 'unidad de mente' (procesos cognitivos) con la 'unidad de conciencia' y sentido de sí mismo. Se pueden tener múltiples estados mentales, incluso conflictivos, pero experimentados por un único sujeto.

En casos de hemisferectomía, especialmente en la infancia pero también en adultos, la plasticidad cerebral permite recuperar muchas funciones (incluso el lenguaje en el hemisferio restante). Lo más sorprendente es que, a pesar de la extirpación de la mitad del cerebro, los pacientes aparecen 'normales' en la vida cotidiana, con funciones cognitivas poco alteradas y, crucialmente, *no reportan una 'media conciencia' o 'medio yo'*. Si la conciencia emergiera de la integración de todo el cerebro, la pérdida de la mitad debería tener un impacto radical en el sentido del yo. El hecho de que no ocurra desafía la idea de que la conciencia es generada por la integración de *todo* el órgano.

Llevando esto más lejos, hay casos documentados de personas con daño cerebral masivo. En 1980, se reportó el caso de adultos curados de hidrocefalia infantil con solo un 5% del volumen cerebral normal, con una corteza de 1 mm de espesor. Algunos tenían deterioros, pero otros eran asintomáticos e incluso con inteligencia superior al promedio. Un caso de 2007 mostró a un hombre con un 50-75% menos de volumen cerebral debido a hidrocefalia que tenía un trabajo, familia y vida normal, aunque con un CI ligeramente inferior al promedio. Estos casos, donde queda muy poco tejido cerebral para 'integrar', complican enormemente la teoría de la identidad.

Incluso en niños en estado vegetativo, considerados oficialmente inconscientes por la falta de comportamiento propositivo, se han documentado casos de niños decorticados congénitamente (casi sin tejido cortical) que mostraron signos claros de conciencia y reconocimiento (seguían caras, distinguían personas, reaccionaban a la música, incluso se reconocían en un espejo). Esto cuestiona la creencia de que la corteza cerebral es indispensable para la conciencia.

Si la conciencia no reside en la corteza, ¿podría estar en el tronco encefálico? Su estimulación puede desencadenar emociones intensas. Pero, ¿qué propiedad de un circuito neural dedicado al control basal y motor puede dar lugar a una 'función' o 'propiedad' inmaterial y diferente como la experiencia consciente? No lo sabemos. Esto, de nuevo, nos da derecho a asumir, hipotéticamente, que no lo hace y a estudiar estos hechos bajo un paradigma diferente.

What is the identity theory in neuroscience?
Dualism is opposed by an identity theory, which, instead, considers mind processes as identical to brain processes, and consciousness as nothing other than an emergent epiphenomenon arising from the collective interaction of the neuronal activity.

Más Allá del Tamaño y la Conectividad

Los casos anteriores también confirman que el tamaño del cerebro y el número de neuronas no son indicadores directos de la inteligencia o la complejidad cognitiva. Los humanos no tenemos el cerebro más grande en cuanto a número de neuronas (elefantes, ballenas) o proporción cerebro-cuerpo (hormigas). Un ejemplo extremo son los lémures ratón, con cerebros 1/200 del tamaño de los monos pero con igual rendimiento en tests de inteligencia. El tamaño por sí solo no explica la mente desarrollada.

Podríamos pensar que la 'conectividad' cerebral (número de conexiones, velocidad de transmisión) es el factor clave. Sin embargo, estudios de resonancia magnética muestran que todos los mamíferos comparten una conectividad cerebral general comparable. La eficiencia de transferencia de información en un humano es similar a la de un ratón. No varía con la estructura o el tamaño del cerebro. La explicación no es tan simple.

Lo que sí tienen en común muchos de los casos de daño masivo cerebral con funciones cognitivas preservadas es la presencia del tronco encefálico y, a menudo, remanentes corticales. Esto lleva a algunos a conjeturar que la conciencia fenoménica reside en la corteza. Pero esta creencia también es problemática.

Primero, si el neocórtex es el asiento de la conciencia, debemos concluir que aves, peces, pulpos, anfibios y reptiles, al no tener neocórtex, son 'inconscientes', incapaces de sentir dolor, miedo o placer. Son autómatas cartesianos. Sin embargo, la evidencia emergente desafía esto. Los patrones neurales de percepción sensorial en aves córvidas no son sustancialmente diferentes de los humanos. Algunas aves realizan hazañas cognitivas notables a pesar de sus cerebros anteriores con lóbulos grises; existen circuitos similares a la corteza en aves. Y hay evidencia sólida de que cefalópodos y crustáceos son sintientes. El sentido común no necesita prueba científica para aceptar que cuervos, pulpos o langostas son seres sintientes.

Plasticidad, Lucidez y Actividad Cerebral

Frente a casos de recuperación funcional tras daño cerebral, la plasticidad neuronal es la explicación favorita. Sin duda juega un papel, pero a menudo se invoca para llenar lagunas y salvar el paradigma. Estudios recientes cuestionan la idea de plasticidad adaptativa en el accidente cerebrovascular, donde las neuronas no dañadas compensan a las perdidas; no hay evidencia definitiva de reasignación funcional. Las neuronas no cambian su función después de un ictus para compensar.

Además, se observa que tras una lesión cerebral que causa amnesia, recuerdos que se creían perdidos pueden reaparecer, a veces años después. Los episodios de lucidez paradójica o terminal, donde personas con demencia avanzada o daño cerebral severo recuperan claridad mental brevemente antes de morir, son difíciles de explicar solo con plasticidad cerebral. Estos episodios, que duran minutos u horas, desafían la idea de que la función cognitiva dependa estrictamente del estado físico del tejido cerebral dañado.

También podemos cuestionar si la intensidad de la actividad metabólica cerebral influye en la generación de la experiencia consciente. Se sabe que la meditación o las drogas psicodélicas cambian la química cerebral y provocan experiencias subjetivas intensas (disolución del yo, estados místicos). Desde la perspectiva materialista, se asumiría que la intensidad de estas experiencias se correlaciona directamente con un aumento de la actividad y conectividad neural. Un cerebro muerto carece de actividad y conciencia; una experiencia intensa debería implicar alta actividad.

Sin embargo, la evidencia empírica sugiere lo contrario. Estudios con fMRI (BOLD) han reportado una disminución significativa en la actividad cerebral (flujo sanguíneo, oxigenación) que se correlaciona inversamente con la intensidad de la experiencia subjetiva reportada por sujetos bajo psicodélicos como la psilocibina, LSD o ayahuasca. Es decir, a menor actividad cerebral, mayor intensidad subjetiva. Esto recuerda la metáfora de la 'válvula reductora' de Huxley. Otros estudios muestran que la autotrascendencia se correlaciona con el deterioro de la función cerebral (experiencias cercanas a la muerte con actividad cerebral reducida).

La literatura sobre meditación también apoya esta idea: la reducción de la actividad cerebral inducida por la reducción de la actividad conceptual resulta en una mayor claridad cognitiva, sensibilidad perceptual y expansión de la conciencia. Estudios muestran que la meditación profunda se asocia con una reducción de la actividad en banda beta (relacionada con el sentido de límites/yo) y un aumento de las oscilaciones alfa (supresión de distractores). Esto sugiere que existen dominios de conciencia que no dependen de la función cerebral intensa.

La Elusiva Base Física de la Memoria

La búsqueda de los correlatos neurales de la memoria presenta un patrón sorprendentemente similar al de la conciencia: una falta de evidencia concluyente para una base física simple y localizada. La memoria no se almacena en un área específica como en una computadora digital. Más de un siglo de investigación no ha encontrado un sustrato físico convincente.

Henri Bergson ya se oponía a una comprensión reduccionista de la memoria, considerándola de naturaleza inmaterial. Se asumiría que el contenido de la información en la memoria debería escalar con el tamaño del cerebro, pero esto no se observa. La hemisferectomía en niños no provoca deterioro de la memoria. ¿Cómo es posible que alguien sin la mitad del cerebro no tenga un deterioro mensurable de la memoria? Se invoca la plasticidad, los tejidos residuales, o la hipótesis de que la memoria está duplicada en ambos hemisferios. Pero estas son especulaciones. El almacenamiento y recuperación de la memoria en cerebros biológicos sigue siendo un mecanismo en gran parte inexplicado, sin evidencia concluyente de que sea puramente físico.

Experimentos con planarias (gusanos planos) también desafían la localización. Las planarias pueden ser condicionadas a asociar un choque eléctrico con un destello de luz. Si se cortan por la mitad, cada parte regenera un gusano completo. La parte de la cola, que forma una nueva cabeza y cerebro, mantiene el comportamiento condicionado que nunca recibió. Esto sugiere que las memorias, si son físicas, no están solo en el cerebro, sino distribuidas por todo el cuerpo, incluso en tejido no neuronal.

McConnell sugirió que el ARN podría transferir memoria. Experimentos más recientes han validado la posibilidad de transferencia de memoria a través de ARN, por ejemplo, en babosas marinas (aplysia). Esto se toma como evidencia de la base molecular de la memoria y de que los cambios epigenéticos inducidos por ARN llevan a la síntesis de proteínas necesarias para consolidar la memoria. Este modelo de 'engrama' sináptico (grupos de neuronas responsables de la representación física de la memoria) es el predominante.

Sin embargo, este modelo enfrenta problemas. La síntesis de proteínas causa cambios celulares en minutos. ¿Cómo explica nuestra capacidad de almacenar y recordar instantáneamente? La idea de que la memoria a largo plazo se mapea en la conectividad sináptica se ve desafiada por el hecho de que es posible borrar conexiones sinápticas manteniendo el comportamiento condicionado (en aplysia). La memoria a largo plazo y los cambios sinápticos pueden disociarse.

Además, el tejido cerebral se renueva a un ritmo del 3-4% diario, implicando un reemplazo completo de proteínas en 4-5 semanas. Si la teoría de la traza sináptica es correcta y las sinapsis están hechas de proteínas, ¿cómo se logra la consolidación de la memoria a largo plazo (años) en fortalezas sinápticas volátiles?

La búsqueda de engramas se basa a menudo en la correlación entre tareas de condicionamiento de miedo en roedores y cambios neurales. Se afirma haber identificado células de engrama en el hipocampo de ratones cuya reactivación optogenética induce el comportamiento de congelación asociado al miedo. Sin embargo, no está claro si la activación celular causa la recuperación del recuerdo del miedo, si activa primero un estado emocional similar al miedo, o si la congelación se debe a un estímulo inesperado no relacionado con el miedo o el recuerdo. Solo el primer caso apoyaría el engrama, pero sin un reporte de primera persona, no lo sabemos. El segundo caso mostraría que la activación celular dispara un estado emocional que precede al recuerdo, no el engrama. El tercer caso cuestiona si la congelación realmente correlaciona con la percepción del miedo.

De nuevo, la falacia correlación-causalidad es relevante. Se puede especular con una alternativa: quizás las memorias asociadas a claves físicas y procesos cognitivos de bajo nivel sean materiales (implementadas en sinapsis/moléculas), mientras que otras memorias asociadas a funciones cognitivas superiores (pensamientos abstractos, categorías semánticas) puedan ir más allá del procesamiento de información tipo máquina de Turing, quizás involucrando almacenamiento extracorpóreo.

Cognición sin Cerebro: Evidencia Sorprendente

Para concluir, vale la pena mencionar la creciente evidencia de que una forma elemental de cognición está presente en formas de vida multicelulares e incluso unicelulares, sin ningún sustrato neural. La investigación en biología vegetal muestra cómo las plantas y las células exhiben elementos de comportamiento cognitivo que antes se consideraban imposibles sin un cerebro. Existe una extensa literatura que demuestra que las plantas cambian su comportamiento, se adaptan, responden predictivamente, poseen alguna forma de memoria, usan sistemas de comunicación (química, visual, acústica), tienen habilidades de aprendizaje, evalúan su entorno, toman decisiones y muestran comportamiento cooperativo. Se habla abiertamente de una 'cognición mínima' o 'proto-cognición' celular, ahora llamada Cognición Basal.

Algunas plantas trepadoras exhiben un mecanismo prensil anticipatorio, planificando sus movimientos antes del contacto físico con un soporte. Las raíces, sin sistema nervioso central, integran señales para realizar comportamientos elaborados. Experimentos con criaturas unicelulares, como la Amoeba proteus, muestran comportamiento condicionado asociativo.

Un ejemplo sorprendente es la resolución de problemas 'sin cerebro' redescubierta en el protozoo Stentor roeselii, que escala jerarquías de acciones para evitar un estímulo irritante, intentando diferentes estrategias. Otro ejemplo notorio es el moho de limo (Physarum polycephalum), que exhibe habilidades 'proto-inteligentes', encontrando la ruta mínima en un laberinto y optimizando redes entre fuentes de alimento. También muestra habituación y comportamiento condicionado anticipatorio.

Incluso las formas de vida más simples, las bacterias, pueden sentir el entorno, moverse, buscar alimento, evitar tóxicos y cambiar de dirección. En comunidades bacterianas, muestran habilidades sorprendentes, comunicándose y coordinando la expresión génica para resolver problemas colectivamente.

Si esta cognición basal implica instancias de conciencia fenoménica (alguna forma de 'sintiencia basal') es debatible, pero se puede argumentar que sí. Existe la sugerencia de una 'cognición extendida', donde el cerebro no es el asiento exclusivo, sino que los procesos cognitivos se extienden al entorno.

Implicaciones y Perspectivas Futuras

Los hallazgos presentados (falta de un 'asiento' claro de la conciencia, funciones cognitivas y conciencia sorprendentemente intactas a pesar del daño masivo cerebral, la relación inversa entre actividad cerebral y experiencia subjetiva intensa, los enigmas de la memoria, y la evidencia de cognición en organismos sin cerebro) no apoyan la ontología de la teoría de la identidad mente-cerebro de manera tan directa como se cree comúnmente. La suposición a menudo incuestionada de que el sistema nervioso es una condición sine qua non para la experiencia consciente y el comportamiento cognitivo es desafiada. Estamos igualmente autorizados a considerar la cognición y la sintiencia no como epifenómenos emergentes, sino como aspectos inherentes 'pre-neuronales' de la vida.

'Pre-neuronal' no significa necesariamente 'pre-físico'. Estos hallazgos por sí solos no refutan el fisicalismo. Cada hecho neurobiológico citado, considerado por separado, podría 'salvarse' con especulaciones dentro de los límites del monismo material. La siguiente tabla resume algunos hallazgos clave y las posibles (y a menudo especulativas) explicaciones materialistas que se intentan dar:

Hallazgo que Cuestiona la Identidad Mente-CerebroPosible Explicación Materialista (sujeto a debate)
Conciencia/Cognición intacta tras HemisferectomíaPlasticidad neuronal, funciones residuales, memoria duplicada en el hemisferio restante.
Conciencia/Cognición intacta con tejido cerebral mínimo (Hidrocefalia, Decorticación)Remanentes corticales/subcorticales suficientes, plasticidad extrema, cognición basal del tronco encefálico.
Relación inversa: menor actividad cerebral = mayor intensidad subjetiva (Psicodélicos, Meditación)Cambios en la conectividad de redes, actividad en otras bandas de frecuencia no medidas, el BOLD-fMRI no capta toda la actividad relevante, el cerebro actúa como 'filtro' o 'válvula reductora'.
Memoria persistente tras regeneración cerebral (Planarias)Memoria almacenada en tejido no neuronal (ARN, etc.), mecanismos epigenéticos, el 'cerebro' regenerado hereda la estructura molecular.
Cognición en organismos sin cerebro (Plantas, Células, Bacterias)Mecanismos bioquímicos complejos, procesamiento de información distribuido, 'proto-cognición' sin conciencia fenoménica, definición estrecha de cognición que excluye estos casos.

Sin embargo, tomados en conjunto, la falta de estas correlaciones consistentes, si vemos las cosas de manera integral, sugiere otra ontología que no necesita una pluralidad de interpretaciones físicas ad hoc. Un punto de vista no fisicalista que ve la mente y la conciencia no como un epifenómeno de la materia, sino como primitivas fundamentales que se manifiestan a través del sustrato material (como una función 'transmisiva' en lugar de 'generadora'), en línea con visiones dualistas, idealistas o post-materiales, podría acomodar la falta de correlación entre la fenomenalidad neurológica y la experiencial/cognitiva dentro de un paradigma que no necesita tantas conjeturas mecanicistas.

Una dirección futura de investigación sistemática que no asuma siempre la identidad mente-cerebro como un hecho dado y deje las puertas abiertas a otras perspectivas podría conducir a nuevas y poderosas percepciones. Un enfoque generalista futuro, que no imponga una u otra cosmovisión metafísica sino que parta de la suposición de una 'psicología post-material', podría ser una línea de investigación fructífera. El problema mente-cuerpo y el 'problema difícil de la conciencia' siguen siendo temas controvertidos más que nunca, pero las ontologías no físicas de la mente y la conciencia están lejos de haber sido desestimadas por la ciencia. Tenemos derecho a explorarlas como una opción viable no a pesar de, sino, por el contrario, *gracias a* la evidencia neurocientífica que ha sido selectivamente ignorada durante demasiado tiempo, pero que no puede serlo para siempre, si logramos conectar los puntos.

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Jesús Porta Etessam

Soy licenciado en Medicina y Cirugía y Doctor en Neurociencias por la Universidad Complutense de Madrid. Me formé como especialista en Neurología realizando la residencia en el Hospital 12 de Octubre bajo la dirección de Alberto Portera y Alfonso Vallejo, donde también ejercí como adjunto durante seis años y fui tutor de residentes. Durante mi formación, realicé una rotación electiva en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center.Posteriormente, fui Jefe de Sección en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid y actualmente soy jefe de servicio de Neurología en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz. Tengo el honor de ser presidente de la Sociedad Española de Neurología, además de haber ocupado la vicepresidencia del Consejo Español del Cerebro y de ser Fellow de la European Academy of Neurology.A lo largo de mi trayectoria, he formado parte de la junta directiva de la Sociedad Española de Neurología como vocal de comunicación, relaciones internacionales, director de cultura y vicepresidente de relaciones institucionales. También dirigí la Fundación del Cerebro.Impulsé la creación del grupo de neurooftalmología de la SEN y he formado parte de las juntas de los grupos de cefalea y neurooftalmología. Además, he sido profesor de Neurología en la Universidad Complutense de Madrid durante más de 16 años.

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