Why is affective neuroscience challenging in human studies?

Neurociencia Afectiva: Emociones y Cerebro

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El estudio de la mente humana ha evolucionado significativamente, pasando de una visión puramente cognitiva a una que reconoce la profunda influencia de las emociones. La neurociencia afectiva es un campo de investigación que se enfoca precisamente en la base neural de las emociones y los afectos, otorgándoles un papel central en la modulación de la cognición y el comportamiento.

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The science behind it is fascinating - through listening, our brains are able to absorb information in a different way than through reading. Our brains are wired to process sound and language, and listening to audiobooks can strengthen our language skills and improve our comprehension.

Este campo emergió con fuerza a partir de los esfuerzos de figuras clave como Jaak Panksepp en la década de 1990, siendo posteriormente reforzado por el trabajo de otros investigadores, notablemente Joseph LeDoux en la década de 2000. Se fundamenta en la idea de que los procesos afectivos están respaldados por estructuras cerebrales que aparecieron tempranamente en la escala filogenética, como el área gris periacueductal. Estos procesos afectivos se considera que funcionan en paralelo con los procesos cognitivos y pueden influir en el comportamiento independientemente de los juicios cognitivos.

Este enfoque contrasta con el concepto hegemónico del procesamiento consciente en las neurociencias cognitivas, el cual se basa principalmente en la identificación de circuitos cerebrales responsables del procesamiento de representaciones cognitivas. Dentro de las neurociencias cognitivas, tradicionalmente se asignaba a los lóbulos frontales el rol de coordinadores, manteniendo los estados afectivos y sus expresiones emocionales bajo control cognitivo.

Una visión intermedia, como el modelo del Marcador Somático de Damasio y Bechara, propone que la cognición está bajo un control somático-afectivo parcial. Una perspectiva más reciente sugiere la existencia de dos circuitos cerebrales que interactúan: uno encargado de los procesos cognitivos y otro que media los sentimientos sobre los contenidos cognitivos. El acoplamiento de estos dos circuitos promueve una retroalimentación endógena que apoya los procesos conscientes. Desde esta perspectiva, se defiende que un estudio detallado tanto de los procesos afectivos como cognitivos, sus interacciones y sus respectivas redes cerebrales es necesario para una ciencia de la conciencia.

Índice de Contenido

La Revolución Cognitiva y el Renacimiento Afectivo

La revolución cognitiva de las últimas décadas fue un movimiento interdisciplinario que, entre otras ideas, argumentaba que las emociones eran estados mentales que quedaban fuera del dominio de la explicación cognitiva. Se consideraba que la revolución cognitiva carecía de énfasis en los aspectos afectivos, emocionales y no conscientes de las funciones cerebrales.

Según Damasio, la revolución cognitiva descuidó el papel de las emociones en el comportamiento humano y animal basándose en varias suposiciones: (i) no se puede confiar en las emociones (ni en la vida real ni en el laboratorio); (ii) las emociones son demasiado subjetivas; y (iii) las emociones son esquivas y vagas. Por ello, durante un tiempo, neurocientíficos y científicos cognitivos se mostraron mucho más interesados en los aspectos cognitivos de la mente que en los afectos, las emociones y los procesos no conscientes.

Dentro de la perspectiva cognitivista, la conformación de un marco conceptual dedicado al estudio de las emociones y los procesos no conscientes se habría considerado innecesaria o inadecuada. Los investigadores priorizaron el análisis de estados mentales que podían traducirse en términos de operaciones computacionales, como la percepción, el aprendizaje y la memoria. Este gran interés en nuestras funciones cognitivas explica parcialmente por qué los científicos cognitivos no incluyeron el estudio de los afectos y las emociones entre los intereses de investigación de las neurociencias cognitivas.

La revolución cognitiva comenzó a ser superada a partir del notable trabajo de Darwin. El intento de complementar y superar las limitaciones y conceptos erróneos inherentes a la revolución cognitiva dio lugar a la emergencia de una “revolución afectiva”, asociada a la comprensión de que los afectos y las emociones desempeñan un papel clave en la vida inteligente. El nuevo enfoque en la cuestión de las emociones inconscientes resaltó los límites de la concepción cognitivista. Las acciones humanas, desde entonces, se han concebido como grandemente influenciadas por procesos implícitos que pueden no alcanzar la atención consciente, pero que pueden ser considerados dentro del rango de la “conciencia afectiva”.

En este contexto, se analiza el trabajo de Jaak Panksepp y Joseph LeDoux y se introduce la perspectiva sobre el papel de los afectos y las emociones en una teoría de la conciencia. Esta perspectiva se basa en el Modelo de Retroalimentación Endógena, que sugiere que los procesos afectivos/emocionales y cognitivos están mediados por redes cerebrales distintas e interactivas, y que los grados de conciencia corresponden al nivel de resonancia de las redes.

Definición de Términos Clave: Afecto, Sentimiento y Emoción

Es relevante clarificar la comprensión de los conceptos de afecto, sentimiento y emoción, ya que son usados con significados ligeramente diferentes por distintos autores. Se asume la terminología propuesta por Russell, según la cual el afecto central define un estado caracterizado grosso modo por una valencia positiva o negativa. Este estado transmite el grado de agrado de estímulos y eventos específicos con respecto al estado contextual y las intenciones actuales del organismo.

Propuesto como un flujo constante, el afecto central se relaciona con cambios neurales determinados por la detección y procesamiento de estímulos internos y externos. El resultado subjetivo de estos procesos es el sentimiento, una categoría que incluye sensaciones como placer y dolor, estados afectivos como estar feliz o triste, y también intuiciones cognitivas como captar el significado de una palabra o una frase.

Mientras que la capacidad de producir afecto central está presente al nacer, procesos automáticos como la atención pueden influir en los sentimientos que lo componen. Pueden ser modificados por aprendizaje asociativo y, a su vez, pueden afectar nuestro comportamiento. Los sentimientos pueden entonces expresarse en comportamientos manifiestos, en términos de emociones (expresiones de ira, tristeza, felicidad, vergüenza), que William James definió como la experiencia que surge de la autopercepción individual de procesos automáticos.

Por lo tanto, podemos definir las emociones como episodios expresados de afecto, que podemos evaluar explícitamente en términos de intensidad, calidad y adecuación contextual, y también transmitir mediante lenguaje simbólico (por ejemplo, mímica facial). Las emociones, que Freud consideraba siempre conscientes, pueden expresar sentimientos, pero no necesariamente los reflejan (es decir, alguien puede imitar tristeza sin necesariamente experimentarla). Por lo tanto, siempre debe haber un grado de conciencia relacionado con nuestros sentimientos y emociones, pero dicha conciencia puede ocurrir sin conciencia explícita (atención al contenido representado). Por ejemplo, una persona hambrienta y sedienta en un restaurante permanece consciente de su hambre mientras elige una bebida, aunque su foco de atención esté dirigido a los elementos del menú de bebidas. Por lo tanto, en este marco, clasificamos esta sensación de hambre como un ejemplo de estado consciente periférico, no atendido o inconsciente. Afectos y sentimientos ocurren frecuentemente en nuestra vida consciente en esta modalidad.

Las Premisas de la Neurociencia Afectiva de Panksepp

La neurociencia afectiva, según Panksepp, se enfoca en la base neural de las emociones y asume un papel de gran relevancia para las emociones y los afectos en la modulación de la cognición y el comportamiento. El enfoque de Panksepp es un intento de comprender, entre otras cosas: (i) la génesis de la conciencia afectiva; (ii) cómo las emociones y sentimientos básicos se organizan en el cerebro; y (iii) cómo los sistemas básicos de procesamiento emocional del cerebro generan sentimientos experimentados internamente.

La expresión 'estados afectivos experimentados internamente' se refiere a eventos mentales que “reflejan nuestra capacidad neurobiológica para experimentar subjetivamente ciertos estados del sistema nervioso”. Basado en esta concepción, el enfoque busca mostrar cómo los sistemas neurobiológicos median las emociones básicas (como el miedo y la ira) y cómo estos sistemas elicitan “los estados de sentimiento afectivo valorado que proporcionan valores fundamentales para la guía del comportamiento”. Estos propósitos se fundamentan en la idea de que los procesos emocionales son sentimientos experimentados que juegan un papel clave en “la cadena causal de eventos que controlan las acciones tanto de humanos como de animales”.

Los “sentimientos internos” (que corresponden al concepto de afecto central) surgen de eventos neurobiológicos que median y modulan la naturaleza instintiva de muchos patrones de acción humana, y que proporcionan formas eficientes de asegurar la adaptación conductual humana al entorno. La cadena causal de sentimientos internos que controla las acciones de humanos y animales no humanos se construye en gran parte a partir de procesos no conscientes. Por eso, una de las principales premisas de la neurociencia afectiva de Panksepp es que los sentimientos sostienen algunas tendencias conductuales incondicionadas y juegan un papel clave en la constitución inconsciente de nuevos comportamientos al proporcionar mecanismos que permiten a los organismos categorizar eventos del mundo eficientemente para controlar comportamientos futuros.

Los ‘valores internos naturales’ se refieren al conjunto de tipos de valores sobre los cuales realizamos comportamientos complejos, categorizamos eventos eficientemente y controlamos comportamientos futuros. Estos valores se desencadenan por la activación de varios circuitos subcorticales, ubicados en áreas evolutivamente antiguas del cerebro mamífero. Una de las mejores maneras de entender cómo se componen estos valores es delinear una ‘taxonomía natural’ de estos sistemas a través de un análisis de los circuitos cerebrales de los que surgen tales tendencias.

Según Panksepp, la función de los sistemas emocionales es integrar muchos tipos de respuestas conductuales y procesos fisiológicos en el cerebro y el resto del cuerpo. Además, defiende que los sistemas emocionales desencadenan estados de sentimiento experimentados subjetivamente que proporcionan formas eficientes de guiar y sostener patrones de comportamiento y ciertos tipos de aprendizaje. Cree que un análisis psiconeurológico de las emociones humanas y animales hace posible una comprensión de la naturaleza subyacente básica de la mente humana. Todos los mamíferos “nacen con una variedad de habilidades que no requieren aprendizaje previo, pero que proporcionan oportunidades inmediatas para que ocurra el aprendizaje”.

Estas habilidades emocionales emergen de sistemas básicos en el cerebro, y su desarrollo depende de las interacciones con áreas cerebrales superiores que permiten a los organismos tomar decisiones conductuales efectivas. El cerebro humano contiene siete “sistemas emocionales básicos”, entre ellos cuatro circuitos primarios: búsqueda, rabia, miedo y pánico por separación. Estos circuitos maduran tempranamente para asegurar la supervivencia. El sistema de búsqueda proporciona formas eficientes de elaborar “búsqueda energética y comportamientos dirigidos a metas en nombre de una variedad de objetos meta distintos”. El sistema de rabia se activa fácilmente por la frustración, ayudando a defendernos y impulsando el comportamiento cuando estamos irritados o restringidos. El sistema de miedo intenta minimizar la probabilidad de destrucción corporal y sirve para reducir el dolor. Finalmente, el pánico por separación es un sistema neural muy importante en la constitución y elaboración de procesos emocionales sociales relacionados con el apego, crucial para la dependencia social innata de los mamíferos.

Panksepp añade a los circuitos primarios tres sistemas socio-emocionales que se activan en momentos apropiados de la vida de todos los mamíferos: lujuria, cuidado maternal y juego. Estos dependen de habilidades adquiridas durante la evolución mamífera y se desarrollan en el individuo por la acción de hormonas específicas e interacción social. La lujuria y el cuidado maternal están asociados a circuitos cerebrales específicos que promueven el instinto sexual y la motivación maternal/paternal. El juego rudo y desordenado se considera un sistema emocional que puede revelar secretos importantes del cerebro y ofrecer insights sobre problemas psiquiátricos infantiles, como el autismo y el trastorno por déficit de atención. Panksepp postula que muchos niños diagnosticados con TDAH podrían estar exhibiendo tendencias de juego exacerbadas, y que las medicaciones para tratar el trastorno reducen la juguetosidad en animales.

Desde el punto de vista de la neurociencia clínica y la psiquiatría clínica, la neurociencia afectiva de Panksepp busca demostrar que es posible que muchos déficits cognitivos puedan mejorarse abordando los sentimientos emocionales subyacentes. Este objetivo requiere la síntesis e integración de perspectivas conductuales, psicológicas y neurobiológicas. Aunque muchas disciplinas han contribuido a nuestro conocimiento de cómo surgen las emociones de circuitos cerebrales antiguos, Panksepp señala una pieza faltante: la “comprensión neurobiológica de los sistemas operativos emocionales básicos del cerebro mamífero y los diversos estados internos conscientes y no conscientes que generan”.

Joseph LeDoux: Dos Vías de Procesamiento Afectivo-Emocional

En "El Cerebro Emocional", LeDoux estableció la noción de las vías baja y alta para mostrar, entre otras cosas, que las respuestas emocionales pueden ocurrir sin la participación de los sistemas de procesamiento cognitivo del cerebro. Según LeDoux, cuando se daña una cierta región del cerebro, los animales o humanos pierden la capacidad de evaluar la significación emocional de ciertos estímulos sin perder la capacidad de percibirlos como objetos. El significado emocional de un estímulo puede comenzar a ser evaluado por el cerebro antes de que los sistemas perceptuales lo hayan procesado completamente. Los mecanismos cerebrales a través de los cuales se registran, almacenan y recuperan los recuerdos de la significación emocional de los estímulos son diferentes de los mecanismos a través de los cuales se procesan los recuerdos cognitivos de los mismos estímulos.

Uno de los argumentos de LeDoux es que la evaluación emocional puede tener un efecto más rápido en la determinación de las respuestas conductuales que el procesamiento perceptual y cognitivo. Los sistemas que realizan evaluaciones emocionales están directamente conectados con los sistemas involucrados en el control de las respuestas emocionales. Una vez que estos sistemas realizan una evaluación, las respuestas ocurren automáticamente. En contraste, los sistemas involucrados en el procesamiento cognitivo no están tan estrechamente acoplados con los sistemas de control de respuestas. La conexión de los mecanismos de evaluación con los sistemas de control de respuestas significa que cuando los mecanismos de evaluación detectan un evento significativo, ocurrirá la programación y a menudo la ejecución de un conjunto de respuestas apropiadas.

Antes de la actividad cognitiva, la amígdala detecta y modula las respuestas a peligros naturales (como depredadores), y asocia contingencias entre nuevas amenazas y los estímulos que predicen su ocurrencia. Basado en el conocimiento de que los estímulos externos llegan a la amígdala por vías directas desde el tálamo, así como por una ruta indirecta que, desde el tálamo, cruza la corteza antes de converger en la amígdala, LeDoux establece la noción de las vías baja y alta.

La vía baja es el camino corto y más rápido que modula nuestra capacidad de responder rápidamente a aquellos estímulos que hemos aprendido a asociar con resultados aversivos antes de su evaluación cognitiva. La vía alta es, en cambio, la vía conectiva entre el cuerpo geniculado, el tejido cortical y la amígdala. Esta vía integra la respuesta emocional con el análisis más detallado de las características distintivas de los estímulos, y moldea nuestra conciencia de la contingencia entre estímulos y respuestas específicos.

La amígdala opera como un detector central de amenazas en el cerebro, respondiendo a estímulos relevantes y desencadenando una cascada de eventos –tanto a través de las vías alta como baja– que median las respuestas emocionales y conductuales. Proyecta a una variedad de áreas del tronco encefálico, cada una de las cuales controla respuestas particulares. En casos de lesiones en la sustancia gris central, la respuesta de congelación al miedo se ve afectada, sin alteración en las respuestas autonómicas (cambios en la presión arterial) y endocrinas (liberación de hormonas del estrés). Las lesiones en el hipotálamo lateral determinan en cambio la reducción de las respuestas autonómicas (presión arterial), pero no la congelación o las respuestas autonómicas. Finalmente, el reflejo de sobresalto y la modulación emocional se ven afectados después de una lesión en la amígdala derecha.

La investigación experimental ha demostrado que la amígdala juega un papel fundamental especialmente en la modulación de las respuestas de miedo. Muchos estudios de neuroimagen han demostrado que la amígdala humana es un componente crítico de los sustratos neurales de la experiencia emocional, y que esta estructura tiene un papel central en la mediación del miedo, la ansiedad y la afectividad negativa.

Interacción entre Cognición y Emoción

Aunque la cognición y las emociones son temas de investigación originalmente arraigados en diferentes disciplinas (neurociencia y psicología clínica), la evidencia acumulada a lo largo de años de trabajo empírico muestra inequívocamente que sus mecanismos interactúan estrechamente. Se ha sugerido el papel de los sentimientos y las emociones en la mediación de la significación de los estímulos y en la modulación del comportamiento.

El modelo de Red de Retroalimentación Endógena (RRE) defiende que contribuyen tanto a la integración estímulo-respuesta como a la velocidad de procesamiento. Además, el marco propuesto explica plausiblemente la ocurrencia de emociones incluso en ausencia de un estímulo correspondiente. Tales funciones son respaldadas por la investigación empírica, y la interacción entre cognición y emociones está respaldada por nuestro creciente conocimiento de la conectividad cerebral.

Los procesos cognitivos y afectivos parecen interactuar, aunque en un grado sustancial corresponden a eventos neurobiológicos distintos, en términos anatómicos, neuroquímicos y funcionales. Según Panksepp, “la excitación de estados de sentimiento ayuda a canalizar las actividades del aparato cognitivo y así facilita las elecciones conductuales”. Gray y colaboradores han elaborado modelos que describen cómo se integran las emociones y la cognición. Asumen que los dos sistemas son distintos, pero al mismo tiempo interactúan para volverse funcionales y adaptativos. Sus interacciones involucran un circuito grande que incluye varias áreas límbicas y corticales.

Por ejemplo, estudios de neuroimagen funcional han mostrado que la inducción de estados emocionales se correlaciona con la actividad en la corteza prefrontal lateral y muchos otros han mostrado el papel de la corteza orbitofrontal en la emoción y el aprendizaje relacionado con las emociones. Este último estudio indica que tanto las áreas corticales orbitofrontales laterales como mediales juegan un papel sustancial en las regiones cerebrales responsables de la recompensa y el castigo. Esta investigación corrobora la idea de que el área lateral de la corteza orbitofrontal está asociada con un resultado aversivo, mientras que el área medial está asociada con la recompensa. Evidencia de estudios de lesión sugiere que la corteza orbitofrontal es esencial para el rendimiento en una tarea de aprendizaje de reversión relacionada con la emoción.

Algunas emociones tienen efectos selectivos en el control cognitivo y pueden influir en los mecanismos cognitivos que apoyan el control de la acción y el comportamiento dirigido a metas. Muchos aspectos de la vida mental humana, incluyendo la empatía, las creencias, las actitudes, el yo, el altruismo, la creatividad, la toma de decisiones y el razonamiento moral, se cree que reflejan un “verdadero matrimonio de habilidades cognitivas y afectivas”. De hecho, los sentimientos y las emociones desempeñan funciones cruciales tanto en la selección de estímulos como en nuestra elección de respuestas eventuales. Tales roles indican una estrecha interacción entre áreas corticales y subcorticales, respectivamente, involucradas en procesos cognitivos y afectivos (automáticos).

Reconocida como una de las estructuras cerebrales principalmente vinculadas a las emociones, la amígdala parece cubrir un papel significativo en la mediación de tales interacciones, como ha evidenciado el trabajo de Joseph LeDoux. La amígdala está situada en el lóbulo temporal medial, anterior a la estructura hipocampal, y está conectada a la corteza visual, el tálamo visual, la corteza prefrontal dorsolateral, así como a estructuras subcorticales.

El daño a la amígdala determina la incapacidad de los pacientes para producir respuestas de miedo aprendidas y déficits en la memoria a largo plazo. En paradigmas de miedo instruido, por ejemplo, los participantes son informados sobre la valencia negativa y la contingencia de un estímulo. Mientras que en sujetos sanos la conciencia de la valencia negativa de un estímulo es suficiente para activar la amígdala en una magnitud similar a la excitación que habría determinado un estímulo aversivo inesperado; los pacientes con lesiones en la amígdala no muestran ninguna expresión fisiológica de miedo. Sin embargo, como señalan Bechara y colaboradores, tales pacientes preservan tanto la conciencia de la contingencia del estímulo como la comprensión de su valencia, es decir, son capaces de dar cuenta verbalmente del peligro potencial del estímulo.

Cabe señalar, sin embargo, que la amígdala en sí misma no es responsable de la expresión del miedo, ya que básicamente no posee neuronas capaces de procesar el significado de los estímulos. En cambio, la información de las áreas sensoriales corticales afecta directamente al tálamo sensorial, desde donde la entrada llega a la amígdala. Consecuentemente, la activación de la amígdala desencadena respuestas fisiológicas a través de vías conectivas desde el núcleo central de la amígdala hacia el tronco encefálico (donde activan el sistema nervioso simpático) y hacia el hipotálamo (que a su vez afecta las secreciones hormonales de la glándula pituitaria).

Aunque esto aún no ha alcanzado la etapa de nombramiento explícito y reconocimiento accesible (hasta ahora no se ha involucrado ningún mecanismo cognitivo), la información es suficiente para dar forma a una evaluación rudimentaria de la valencia del estímulo, que puede motivar hacia una respuesta específica. En un estudio realizado por Anderson y Phelps, no se encontraron diferencias en la magnitud y frecuencia del afecto positivo o negativo autoinformado entre sujetos de control y pacientes con daño en la amígdala. Esta investigación, dividida en dos estudios, concluyó que la estructura de los estados afectivos no se alteró por el daño en la amígdala. En este sentido, Anderson y Phelps corroboraron la noción según la cual la amígdala no es necesaria para la generación de los estados afectivos fenomenales, aunque la amígdala humana puede ser reclutada en la constitución de estados afectivos en el cerebro intacto.

El núcleo de la idea de Anderson y Phelps es que las experiencias afectivas humanas dependen de procesos internos, incluso en ausencia de estímulos y contextos relacionados con amenazas y recompensas. Esta controversia sobre la centralidad de la amígdala para el procesamiento afectivo/emocional puede ser sorteada por un modelo de procesamiento de información afectiva/emocional del cerebro basado en un circuito más amplio, como en el caso del papel integrador y modulador atribuido a la red astroglial. Este marco puede acomodar los hallazgos y puntos de vista teóricos de LeDoux, sin comprometerse con una posición central de la amígdala en el procesamiento emocional.

De acuerdo con la presencia de dos vías que conectan la amígdala, tanto directamente al tálamo como también a áreas de procesamiento superiores, las respuestas emocionales no requieren conciencia perceptual. Además de ser transmitida hacia la amígdala, la información del tálamo se envía simultáneamente a áreas corticales donde el estímulo se evalúa a fondo (por ejemplo, por categoría, significado, relevancia contextual, etc.), lo que eventualmente lleva a la generación de una respuesta intencional. Es solo en esta etapa que emergerá el conocimiento conceptual y –a través de vías descendentes hacia la amígdala– determinará si la excitación fisiológica debe mantenerse (es decir, el estímulo se reconoce como una amenaza) o si el organismo puede relajarse (es decir, el estímulo es inofensivo).

En resumen, las vías desde estructuras subcorticales hacia áreas corticales pueden desencadenar tanto respuestas conductuales (por ejemplo, huir) como mecanismos cognitivos (por ejemplo, atención), mientras que las vías desde áreas corticales hacia las estructuras internas del cerebro pueden inhibir o incrementar las reacciones emocionales. Por lo tanto, tales interacciones recíprocas entre nuestros mecanismos cognitivos y emocionales resaltan una de las funciones de las emociones: la de preparar al organismo para una respuesta adaptativa que, al no depender de las restricciones de tiempo de una evaluación cognitiva, puede ocurrir rápidamente.

Nuestra capacidad para detectar el miedo expresado por caras percibidas inconscientemente (enmascaradas) apoya un papel adaptativo de las emociones como detectores tempranos de estímulos que conllevan posibles consecuencias negativas para el organismo. Así, las emociones parecen estar significativamente involucradas en la configuración del contenido de nuestra cognición, ya que pueden afectar las posibilidades de que a ciertos estímulos y eventos se les otorguen mayores recursos atencionales en comparación con otros. Esta función se demuestra claramente mediante estudios que emplean el paradigma del parpadeo atencional. Estos experimentos se basan en el conocimiento de que los estímulos visuales que siguen demasiado de cerca la presentación de un objetivo tienen menos posibilidades de ser detectados que aquellos que aparecen después de un intervalo de tiempo más largo. Sin embargo, varios estudios han demostrado que los estímulos que tienen significado emocional es probable que se detecten incluso si se presentan en la ventana refractaria que sigue de cerca la aparición del objetivo precedente.

Experimentos similares con pacientes con daño cerebral han demostrado que las lesiones en la amígdala determinan la desaparición de tal ventaja emocional. En consecuencia, estudios han demostrado que los estímulos amenazantes enmascarados atraen la atención más rápidamente que los neutros. Esto también está respaldado por evidencia que muestra que la amígdala –a través de vías conectivas a áreas visuales– está involucrada en la activación mejorada de las áreas de procesamiento visual durante la presentación de estímulos emocionales.

El papel de las emociones como marcadores de atención se confirma aún más por la evidencia de que los pacientes que sufren de condiciones neurológicas específicas (por ejemplo, extinción visual, negligencia y visión ciega) muestran una mejora de los déficits cuando se les presentan estímulos emocionalmente significativos. Un cambio de atención hacia un estímulo por encima de otros también está implícito en los procesos de toma de decisiones. Como han argumentado Gray y colaboradores, el beneficio de poseer un sistema capaz de procesar múltiples opciones y evaluar simultáneamente varias respuestas conductuales se contrarresta con un mayor riesgo de conflictos entre diferentes opciones posibles. El sesgo moldeado por las emociones hacia una opción dada puede en este contexto contribuir a resolver los llamados “dilemas de control” que pueden surgir entre nuestro conocimiento cognitivo y nuestra preferencia emocional por una elección específica.

Así, resumiendo, mientras que la cognición puede afectar nuestras respuestas emocionales mediante control inhibitorio, nuestras emociones pueden afectar la cognición inclinando la balanza hacia decisiones específicas. Las emociones pueden afectar adicionalmente nuestro estilo cognitivo, como indica la evidencia que muestra que el afecto negativo (estados de ánimo) estimula el procesamiento sistemático, mientras que el afecto positivo parece llevar a actitudes más heurísticas en la toma de decisiones.

Como se mencionó anteriormente, el daño a la amígdala también determina deterioros en la memoria a largo plazo. Esta estructura, que en sí misma no es responsable de la codificación y el almacenamiento de recuerdos, afecta en cambio la calidad de nuestros recuerdos y contribuye a la selección de estímulos y eventos más relevantes para la codificación. En situaciones de recursos atencionales reducidos, por ejemplo, la valencia emocional de un estímulo específico aumenta sus posibilidades de ser atendido y, por lo tanto, recordado. Consecuentemente, la etiqueta emocional colocada por la amígdala en ciertos estímulos también mejora nuestra facultad de aprender de eventos pasados.

De hecho, McGaugh ha demostrado que la amígdala modula nuestra capacidad de recordar al afectar el complejo hipocampal, que es responsable de la codificación inicial de la memoria episódica y declarativa. Las hormonas del estrés liberadas durante la excitación emocional desencadenan un mecanismo que mejora la consolidación y el almacenamiento de memorias dependientes del hipocampo. Tal interacción ha sido demostrada por estudios en los que la inhibición de hormonas del estrés, mediante la administración de betabloqueantes, determinó la atenuación de la recuperación de memorias emocionales.

Mediante la modulación atencional, nuestras emociones pueden aumentar la probabilidad de asignar mayores recursos de procesamiento a algunos estímulos por encima de otros. Las emociones también pueden facilitar tanto la codificación como la recuperación de recuerdos y representaciones específicas, determinar el desencadenamiento de respuestas conductuales y también afectar nuestros procesos de toma de decisiones. De la misma manera, la atención, la memoria, el conocimiento accesible y nuestro comportamiento intencional pueden afectar las emociones tanto en términos de intensidad como de valencia. En suma, los sentimientos de nuestras experiencias se moldean por los significados que hemos aprendido a atribuir a estímulos y eventos específicos: tal significado se codifica emocional y cognitivamente en un clúster de datos unitario que lleva la subjetiva “cualidad de ser” de cada experiencia.

A continuación, se presenta una tabla comparativa de las visiones clave mencionadas:

Concepto/ModeloEnfoque PrincipalRol de las Emociones/AfectosEstructuras Clave
Neurociencia Cognitiva (Visión tradicional)Procesamiento de representaciones cognitivas. Conciencia basada en circuitos corticales.Secundario, bajo control cognitivo (lóbulos frontales). A menudo descuidadas o consideradas subjetivas.Lóbulos frontales, Corteza.
Neurociencia Afectiva (Panksepp)Base neural de emociones y afectos básicos. Origen evolutivamente antiguo.Fundamental, guían el comportamiento, base de la conciencia afectiva, influyen en la cognición.Área gris periacuedal, sistemas subcorticales básicos (búsqueda, rabia, miedo, pánico, lujuria, cuidado, juego).
Enfoque de las Vías (LeDoux)Procesamiento de estímulos emocionales (especialmente miedo).Pueden desencadenar respuestas rápidas (vía baja) antes del procesamiento cognitivo, o integrarse con él (vía alta). Cruciales para la supervivencia.Amígdala, Tálamo, Corteza.
Modelo del Marcador Somático (Damasio/Bechara)Toma de decisiones y razonamiento.Influyen en la cognición mediante "marcadores" somáticos/corporales asociados a experiencias pasadas.Corteza Orbitofrontal, Ínsula, Amígdala, Tronco Encefálico.
Modelo de Retroalimentación Endógena (Propuesto)Interacción cognición-afecto para la conciencia.Mediadores de sentimientos sobre contenidos cognitivos. Su acoplamiento genera retroalimentación que apoya la conciencia.Redes cognitivas y afectivas interactuantes (incluye estructuras corticales y subcorticales).

Trastornos Afectivos en Neurociencia

Muchas investigaciones han demostrado que las personas que sufren episodios depresivos y/o maníacos pueden ser separadas fenomenológicamente en varios grupos de enfermedades. Nos limitaremos a dos grupos amplios: enfermedad afectiva bipolar (dos polos) y unipolar (un polo).

Las enfermedades afectivas unipolar y bipolar se caracterizan por una alteración primaria en el estado de ánimo. Ambas tienen un curso periódico, y los episodios suelen terminar en remisión. La mayoría de los pacientes regresan a su nivel de funcionamiento premórbido.

Cuando una persona sufre depresiones recurrentes, es decir, solo un polo del estado de ánimo, se dice que tiene enfermedad afectiva unipolar. Cuando una persona sufre episodios depresivos y maníacos recurrentes, es decir, ambos polos del estado de ánimo, se dice que tiene enfermedad afectiva bipolar.

Algunos pacientes solo tienen episodios maníacos recurrentes. Aunque sufren un trastorno de un solo polo, es decir, manía, se dice que tienen enfermedad afectiva bipolar. Investigaciones recientes sugieren que los individuos con episodios maníacos recurrentes y sin depresiones tienen una variante del trastorno bipolar. Los individuos que solo tienen episodios depresivos se dice que tienen trastorno unipolar.

Los principales trastornos afectivos se pueden separar en trastornos bipolares y unipolares. Estas son condiciones comunes y las mujeres se ven afectadas con más frecuencia que los hombres en una proporción de casi dos a uno.

Los pacientes bipolares sufren episodios maníacos y depresivos. Los pacientes unipolares sufren solo episodios depresivos recurrentes.

What is the affective approach theory?
Affect theory is an approach to culture, history, sociality, and power that focuses on nonlinguistic forces, or affects. Affects make us what we are, but they are neither under our “conscious” control nor even necessarily within our awareness—and they can only sometimes be captured in language.

Los principales trastornos afectivos, es decir, la enfermedad bipolar y unipolar, son más comunes entre las mujeres que entre los hombres. La diferencia de proporción por sexo para el trastorno afectivo mayor de mujeres a hombres es de 2 a 1.

Cuando se promedian todas las cifras reportadas, aproximadamente el 2 por ciento de la población general está en riesgo (posibilidades de contraer el trastorno) de trastorno afectivo mayor (unipolar y bipolar combinados). Así, durante su vida, dos de cada 100 personas que conoces deberían teóricamente desarrollar un trastorno afectivo. Es muy común.

Varios estudios sugieren que entre los individuos con trastorno afectivo, el 85 por ciento tiene la forma unipolar y el 15 por ciento tiene la forma bipolar. En ambos casos, el sexo más frecuentemente afectado es el femenino.

De 100 pacientes con trastorno afectivo, aproximadamente 85 deberían tener la forma unipolar y 15 la forma bipolar. Utilizando la proporción de 2:1, de 85 unipolares, 57 serán mujeres y 28 hombres. De los 15 bipolares, 10 serán mujeres y 5 hombres.

Rankeando las categorías de pacientes por frecuencia: 1. Mujeres Unipolares, 2. Hombres Unipolares, 3. Mujeres Bipolares, 4. Hombres Bipolares.

El comportamiento motor característico en la depresión puede ser hipoactivo. Debido al frotamiento de manos, puede haber una leve agitación motora. La expresión facial, marcada por un signo de Omega y pliegues de Veraguth, es triste. El rango afectivo es constreñido, no hay labilidad incrementada y la intensidad del estado de ánimo es de tristeza constante, pero apropiada a lo que se discute. El afecto se siente relacionado (al observador).

Los aspectos característicos de la depresión mayor son un rango constreñido de afecto con un estado de ánimo triste. La ansiedad es otro estado de ánimo asociado a la depresión.

Dado que las personas deprimidas a menudo están intensamente tristes y/o ansiosas, no sorprende que su estado de ánimo intenso a veces se exprese en una mayor frecuencia de comportamiento motor denominado agitación.

Una marcada disminución en las actividades y una desaceleración de los movimientos o hipoactividad también es característica de los individuos deprimidos.

Los comportamientos característicos de una depresión mayor incluyen: Signo de Omega, Afecto constreñido, Ansiedad, Agitación, Hipoactividad, Pliegues de Veraguth.

Un paciente severamente deprimido a veces puede permanecer inmóvil durante horas, mirando fijamente o siguiendo al examinador por la habitación con los ojos, sin responder incluso a la estimulación de dolor severo (analgesia general). Esta hipoactividad extrema se denomina estupor.

El contenido del pensamiento es útil para llegar a un diagnóstico cuando el contenido refleja un estado de ánimo intenso. Una vez que se ha establecido la forma del habla del paciente o cómo está hablando, se debe determinar si el contenido del pensamiento es útil en el proceso diagnóstico.

Sentimientos de desesperanza, inutilidad, desamparo, culpa y pensamientos suicidas a menudo se expresan en el contenido del pensamiento. Reflejan la presencia de un estado de ánimo triste. Durante el examen del estado mental, se debe determinar si estos sentimientos están presentes.

Las personas deprimidas a menudo son suicidas y de hecho tienen una tasa de mortalidad mucho mayor que la población general. Es importante preguntar sobre sentimientos suicidas.

La presentación motora característica de la depresión es agitación o hipoactividad. Cuando la actividad motora disminuida es severa, puede desarrollarse un estupor.

La desaceleración del habla, las respuestas lentas a los estímulos ambientales y el comportamiento motor disminuido observado en muchos pacientes deprimidos se llama retardo psicomotor. Aunque aparentemente paradójico, el retardo psicomotor, la hipoactividad y la agitación pueden observarse en el mismo paciente.

La desaceleración del habla, el comportamiento motor y la falta general de respuesta de los pacientes deprimidos, conocida como retardo psicomotor, puede volverse tan severa que los pacientes se vuelven mudos, postrados en cama e inmóviles, sin responder incluso a estímulos dolorosos, pero a veces capaces de seguir a las personas con los ojos. Esta condición poco común se llama estupor depresivo.

Características de la depresión: Estado de ánimo triste o ansioso, Estupor, Signo de Omega, Rango de afecto constreñido, Sentimientos de desesperanza, inutilidad, culpa, Suicidio.

La alteración del estado de ánimo de algunos pacientes deprimidos puede volverse tan severa que los sentimientos de desesperanza, inutilidad y culpa se convierten en el contenido de ideas delirantes. Dado que estas ideas delirantes se desarrollan a partir de un trastorno del estado de ánimo, se dice que son secundarias. En contraste, las ideas delirantes autóctonas que no se desarrollan a partir de otra psicopatología se dice que son primarias.

Los pacientes deprimidos no rara vez creen que son personas terribles, responsables de tragedias públicas o de la muerte de otros, o que han cometido pecados imperdonables, están condenados, van a morir o ser asesinados, o que ya están muertos. Algunos creen que tienen una enfermedad horrible, como un tumor cerebral o cánceres múltiples. Otros piensan que algunas partes de su cuerpo se están pudriendo o que tienen basura en sus intestinos. Estas ideas se desarrollan a partir de un trastorno del estado de ánimo profundo y, por lo tanto, se denominan ideas delirantes secundarias.

Algunos pacientes deprimidos tienen perturbaciones perceptuales. El contenido de los estímulos reales mal interpretados, lo que se conoce como ilusiones, refleja su depresión. Ruidos y sombras se convierten en figuras aterradoras o demonios listos para castigarlos por sus pecados.

Muchos pacientes deprimidos alucinan. Escuchan voces “incompletas” llamándolos por nombres o declarando sus pecados. Huelen su “mal” o prueban su descomposición. Las alucinaciones y los delirios no son infrecuentes entre los individuos con una depresión mayor y la presencia de estos signos no debería desalentar un diagnóstico de depresión en presencia de un número suficiente de otros síntomas. Como muchos de estos delirios en la enfermedad depresiva se desarrollan a partir del estado de ánimo profundo de tristeza, se dice que son secundarios.

A diferencia del examen del estado mental, que solo se enfoca en el comportamiento presente, el proceso diagnóstico también debe considerar la información histórica o el comportamiento pasado.

Los pacientes con una depresión mayor se ven con mayor frecuencia a las pocas semanas o meses del inicio del episodio. Debido a los riesgos de morbilidad por sexo en la población general, la mayoría de los pacientes deprimidos serán mujeres.

Aunque todos los grupos de edad, incluidos los niños, pueden deprimirse, es raro que un individuo tenga un primer episodio depresivo antes de los 15 años o después de los 60. Los años pico de inicio están entre los 40 y los 60. Las probabilidades son altas de que la mayoría de los pacientes deprimidos que encontrará serán de mediana edad y mujeres. La probabilidad de que estas depresiones estén asociadas con episodios maníacos es pequeña, ya que solo el 15% de los trastornos afectivos son bipolares.

Ítems que aumentan la probabilidad de que su paciente sufra una depresión mayor: Signo de Omega, Retardo psicomotor, Edad 48, Mujer, Sentimientos de desesperanza, Intento de suicidio reciente.

Los pacientes deprimidos casi siempre tendrán una alteración del sueño. Despertar temprano por la mañana (2 o 3 a.m.) e incapacidad para volver a dormirse es lo más típico, pero cualquier insomnio significativo es consistente con el diagnóstico de depresión mayor. Otra característica de la depresión mayor es un pico de inicio entre los 40 y 60 años de edad.

La pérdida de sueño es típica de la depresión. Característicamente, los pacientes tienen insomnio temprano por la mañana. Los pacientes generalmente se sienten peor durante la mañana y algo mejor al final de la tarde o al anochecer. Este ciclo de estado de ánimo de 24 horas (peor por la mañana; mejor por la noche) se denomina “oscilación diurna” del estado de ánimo.

La pérdida de apetito, o anorexia, con pérdida de peso (mayor de 5 libras) también es extremadamente común en la depresión mayor, al igual que una pérdida general de interés en las actividades diarias. Aunque algunos comportamientos depresivos característicos son datos históricos y, por lo tanto, no forman parte del examen del estado mental, su evaluación es esencial para cualquier determinación diagnóstica.

Ítems característicos de la depresión: Lloroso y ansioso, La vida no vale la pena, No puede dormir, No tiene ganas de comer, Mujer de 50 años, Delirio de culpa, Intento de suicidio.

Los pacientes deprimidos a menudo tienen múltiples quejas físicas: dolores de cabeza, dolores de espalda, debilidad generalizada, pesadez en brazos y piernas, estreñimiento y cansancio son comunes. Estos síntomas son comunes en muchas enfermedades sistémicas y en algunos trastornos cerebrales groseros. Un examen y evaluación psiquiátrica no están completos sin un examen físico completo y una evaluación de laboratorio apropiada para asegurar la ausencia de otras enfermedades con síntomas conductuales.

La clave para el diagnóstico clínico es el proceso de cambio de probabilidades. Cuando se cumplen todos los siguientes criterios clínicos, la probabilidad es enorme de que el paciente sufra una depresión mayor: 1. Estado de ánimo triste o ansioso; 2. Tres de los siguientes: a. despertar temprano por la mañana (insomnio), b. oscilación diurna del estado de ánimo (peor por la mañana), c. anorexia con pérdida de peso mayor de 5 libras en 3 semanas, d. retardo psicomotor o agitación, e. pensamientos o comportamiento suicida, f. sentimientos de culpa, auto-reproche, desesperanza, inutilidad; 3. Ausencia de enfermedad cerebral grosera o uso de esteroides o reserpina en el último mes, ausencia de enfermedad sistémica conocida por causar síntomas depresivos. Las probabilidades también son grandes de que la mayoría de los individuos con la condición anterior sean mujeres y de mediana edad. Aproximadamente, ¿qué porcentaje de la población general está en riesgo de trastorno afectivo? 2%.

Los trastornos afectivos se pueden dividir en grupos bipolares y unipolares. Los individuos en ambos grupos sufren depresión mayor; sin embargo, los pacientes bipolares también experimentan episodios de manía.

La depresión de los pacientes bipolares es clínicamente similar a la de los pacientes unipolares. Solo la presencia o ausencia de episodios maníacos pasados determinará la polaridad del trastorno de un paciente individual. De aquellos individuos cuyo primer episodio es una depresión, aproximadamente el 5 por ciento se volverán bipolares.

Como es cierto para la depresión, el sello distintivo de la manía es un estado de ánimo alterado. En la manía, la euforia y la irritabilidad son las que se observan con mayor frecuencia. La labilidad del afecto también se observa frecuentemente, lo que lleva a cambios rápidos de jocularidad excesiva a ira y ocasionalmente a repentinas explosiones de lágrimas y expresiones de profunda tristeza. En la depresión, los estados de ánimo comunes son la tristeza y la ansiedad.

Cuando se cumplen todos los siguientes criterios clínicos, la probabilidad es enorme de que el paciente esté experimentando un episodio maníaco y, por lo tanto, tenga enfermedad afectiva bipolar: 1. Hiperactividad; 2. Habla rápida/presionada; 3. Estado de ánimo eufórico o irritable; 4. No hay embotamiento emocional; 5. Ausencia de enfermedad cerebral grosera, ausencia de abuso de drogas psicoestimulantes en el mes anterior, ausencia de enfermedad sistémica conocida por causar síntomas maníacos.

Las características típicas de la manía incluyen: Fuga de ideas, Euforia, Afecto lábil, Hiperactividad, Irritabilidad, Impulsividad, Habla excesiva.

Asociación de criterios diagnósticos con el trastorno:

  • Hiperactividad -> Manía
  • Despertar temprano por la mañana -> Depresión
  • Retardo psicomotor -> Depresión
  • Euforia o estado de ánimo irritable -> Manía
  • Estado de ánimo triste o ansioso -> Depresión
  • Sentimientos de culpa -> Depresión
  • Pensamientos suicidas -> Depresión

Ítems maníacos (M) o depresivos (D): Habla rápida/presionada (M), Retardo psicomotor (D), Euforia (M), Estado de ánimo triste (D), Pensamientos suicidas (D), Hiperactividad (M), Estado de ánimo irritable (M), Despertar temprano por la mañana (D), Sentimientos de desesperanza (D).

Un paciente que habla con varias personas, una tras otra, que va de un lugar a otro en rápida sucesión, se dice que es hiperactivo. Este es un signo clásico de manía.

La catatonia es un síndrome que, en un porcentaje de casos, es una manifestación de enfermedad afectiva mayor. Además de comportamientos motores específicos, la catatonia se caracteriza por períodos de hiperactividad e hipoactividad extremas, también denominadas excitación y estupor.

Mutismo, estupor o excitación, aunque característicos de la catatonia, no son signos patognomónicos (diagnósticos). Otros comportamientos motores específicos deben estar presentes antes de hacer el diagnóstico de catatonia. Estos comportamientos motores catatónicos incluyen: ecopraxia, estereotipia, obediencia automática (Mitgehen, Mitmachen), catalepsia, postura, flexibilidad cérea.

Asociación de ítems:

  • Postura -> Mantener postura durante largos períodos
  • Excitación -> Mayor frecuencia motora debido a afecto intenso
  • Estupor -> Hipoactividad severa a menudo asociada con analgesia general
  • Flexibilidad cérea -> Resistencia lenta a medida que el paciente permite al examinador colocarlo en posturas extrañas
  • Agitación -> Hiperactividad severa

Asociación de ítems:

  • Catalepsia -> Hipoactividad severa
  • Signo de Omega -> El surco entre las cejas de la depresión
  • Gegenhalten -> El paciente se resiste a ser movido con fuerza igual a la aplicada
  • Pliegues de Veraguth -> Los ojos tristes de la depresión
  • Hacer muecas -> Una postura facial

Asociación de ítems:

  • Hipoactividad severa -> Estupor
  • Hiperactividad severa -> Excitación
  • Discinesia tardía -> Daño cerebral inducido por drogas

Asociación de ítems:

  • Estereotipia -> Movimiento automático, repetitivo, no dirigido a metas
  • Ecopraxia -> El paciente repite sus movimientos
  • Mitgehen -> A pesar de sus instrucciones verbales en contra, el paciente le permite mover su brazo con ligera presión
  • Ecolalia -> El paciente repite sus palabras

Asociación de ítems:

  • Mitmachen -> A pesar de su instrucción verbal en contra, el paciente le permite posturar su brazo y, al soltarlo, lo mueve lentamente de vuelta a su lugar original
  • Estupor -> Hipoactividad severa
  • Catalepsia -> Mantener postura durante largos períodos

Asociación de ítems:

  • Pliegues de Veraguth -> Ángulo ascendente del canto interno de los ojos en la depresión
  • Signo de Omega -> Surco entre las cejas
  • Flexibilidad cérea -> Resistencia lenta pero permitiendo la colocación en posturas extrañas
  • Postura -> Asumir posiciones corporales extrañas

Asociación de ítems:

  • Excitación -> Mayor actividad motora no dirigida a metas – una expresión de afecto intenso
  • Agitación -> Hiperactividad extrema
  • Mitgehen -> Obediencia automática
  • Ecolalia -> El paciente repite sus palabras

La repetición automática de palabras o sonidos al final de una frase, denominada verbigeración, se observa en la catatonia y, por lo tanto, también en la manía.

La verbigeración se caracteriza por repeticiones estereotipadas de frases, palabras o sonidos, generalmente al final de una oración. Es una forma de estereotipia verbal y a menudo se ve como parte del síndrome catatónico. El habla circunstancial a menudo se observa entre pacientes con manía. Las asociaciones por el sonido en lugar del significado de las palabras, denominadas asociaciones clang, también se observan en la manía.

Como muchos pacientes con manía exhiben signos y síntomas de catatonia, la estereotipia del habla, denominada verbigeración (o palilalia), también puede observarse entre pacientes maníacos.

Los maníacos a menudo son impulsivos, intrusivos e importunos. Tienen energía ilimitada, necesitan poco sueño, pero tienen poca perseverancia. Realizarán compras compulsivas o comenzarán proyectos fantasiosos, pero no completarán el trabajo requerido porque pierden rápidamente el interés y comienzan una nueva tarea. Interrumpen continuamente las interacciones entre otros, constantemente haciendo demandas o repitiendo las mismas declaraciones que insisten en que escuches de nuevo. Su estado de ánimo a menudo es eufórico o irritable.

Los pacientes con trastorno afectivo mayor se pueden dividir en aquellos con solo depresiones recurrentes, es decir, enfermedad unipolar, y aquellos con manías recurrentes o con ambas, manías y depresiones, es decir, enfermedad bipolar.

¿Qué sexo tiene mayor riesgo de trastorno afectivo? El sexo femenino.

¿Qué grupo de edad tiene mayor riesgo de trastorno afectivo? Mediana edad (40 a 60).

Comportamientos observados en pacientes con trastorno afectivo demostrable que satisfacen criterios diagnósticos para depresión (D) o manía (M): Irritabilidad (M/D), Sentirse deprimido (D), Alucinaciones auditivas incompletas (D/M), Agresivo (M), Mutismo, postura, catalepsia (M/D - Catatonia), Se siente peor por la mañana; mejor por la noche (D), Se sienta en una silla todo el día (D - Hipoactividad/Estupor), Haciendo demasiadas cosas a la vez de manera rápida e impulsiva (M), Cuando se mueve, lo hace lentamente (D), Cantando/bailando (M), Hablando demasiado y demasiado rápido (M), Estado de ánimo ansioso (D), Repite las preguntas del examinador (M/D - Ecolalia en catatonia), Saltando de tema en tema (M - Fuga de ideas), Le gustaría quedarse dormido y no despertar (D), Impulsivo (M), Intrusivo (M), Sentimientos de estar muerto (D).

No es inusual que los pacientes bipolares exhiban signos o síntomas depresivos durante el curso de un episodio maníaco. La labilidad del afecto es muy común y un paciente maníaco puede cambiar rápidamente de un período feliz, cantando, bailando, bromeando a uno de llanto arrepentido y desesperanza. A veces, este cambio es espontáneo, aunque una pregunta bien planteada por el examinador puede desencadenar un torrente de lágrimas y declaraciones sobre culpa, inutilidad y desesperanza justo después de una serie de chistes, juegos de palabras y risas ruidosas y groseras.

Preguntas Frecuentes

¿Qué diferencia hay entre la neurociencia afectiva y la neurociencia cognitiva?
Mientras que la neurociencia cognitiva se centró inicialmente en el procesamiento de información y representaciones mentales, la neurociencia afectiva estudia la base neural de las emociones y los afectos, considerándolos procesos fundamentales que influyen en el comportamiento y la cognición, con raíces en estructuras cerebrales evolutivamente antiguas.
¿Quiénes son figuras clave en el desarrollo de este campo?
Jaak Panksepp es considerado un pionero, con contribuciones importantes de otros investigadores como Joseph LeDoux.
¿Cómo interactúan las emociones y la cognición según este campo?
Aunque existen vías y sistemas neurales distintos para la cognición y la emoción, interactúan estrechamente. Las emociones pueden influir en la atención, la toma de decisiones y la memoria, mientras que la cognición puede modular las respuestas emocionales.
¿Qué son las vías "alta" y "baja" de LeDoux?
La vía baja es una ruta rápida y directa del tálamo a la amígdala que permite respuestas emocionales rápidas y automáticas ante estímulos potencialmente peligrosos. La vía alta es una ruta más lenta que pasa por la corteza antes de llegar a la amígdala, permitiendo un procesamiento más detallado y contextual del estímulo e integrando la respuesta emocional con la cognición.
¿Qué son los trastornos afectivos y cuáles son los principales tipos?
Los trastornos afectivos son condiciones caracterizadas por una alteración primaria en el estado de ánimo. Los principales tipos son el trastorno unipolar (depresión recurrente) y el trastorno bipolar (episodios de manía y/o depresión recurrente).
¿Son más comunes los trastornos afectivos en hombres o mujeres?
Son más comunes en mujeres, en una proporción de aproximadamente 2 a 1.
¿Cuáles son algunos síntomas característicos de la depresión?
Estado de ánimo triste o ansioso persistente, pérdida de interés, fatiga, alteraciones del sueño (insomnio temprano es típico), cambios en el apetito/peso, retardo psicomotor o agitación, sentimientos de inutilidad/culpa, dificultad para concentrarse, pensamientos suicidas. Pueden presentarse síntomas como el signo de Omega y pliegues de Veraguth.
¿Cuáles son algunos síntomas característicos de la manía?
Estado de ánimo eufórico o irritable, aumento de la actividad (hiperactividad, agitación), habla rápida/presionada, fuga de ideas, disminución de la necesidad de dormir, grandiosidad, impulsividad, implicación excesiva en actividades placenteras de alto riesgo. La labilidad afectiva y la excitación también son comunes.

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Jesús Porta Etessam

Soy licenciado en Medicina y Cirugía y Doctor en Neurociencias por la Universidad Complutense de Madrid. Me formé como especialista en Neurología realizando la residencia en el Hospital 12 de Octubre bajo la dirección de Alberto Portera y Alfonso Vallejo, donde también ejercí como adjunto durante seis años y fui tutor de residentes. Durante mi formación, realicé una rotación electiva en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center.Posteriormente, fui Jefe de Sección en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid y actualmente soy jefe de servicio de Neurología en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz. Tengo el honor de ser presidente de la Sociedad Española de Neurología, además de haber ocupado la vicepresidencia del Consejo Español del Cerebro y de ser Fellow de la European Academy of Neurology.A lo largo de mi trayectoria, he formado parte de la junta directiva de la Sociedad Española de Neurología como vocal de comunicación, relaciones internacionales, director de cultura y vicepresidente de relaciones institucionales. También dirigí la Fundación del Cerebro.Impulsé la creación del grupo de neurooftalmología de la SEN y he formado parte de las juntas de los grupos de cefalea y neurooftalmología. Además, he sido profesor de Neurología en la Universidad Complutense de Madrid durante más de 16 años.

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