¿Cómo se llama la hormona del asco?

El Asco: Defensa, Cerebro y Mente

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El asco es una emoción primaria que se manifiesta en todos nosotros, una respuesta instintiva ante algo que percibimos como desagradable o repugnante. Si bien comúnmente lo asociamos con alimentos en mal estado, su alcance es mucho más amplio, abarcando desde secreciones corporales y falta de higiene hasta violaciones de normas morales y sociales. Es una emoción compleja que implica un rechazo profundo y que, aunque a menudo incómoda, cumple funciones vitales en nuestra supervivencia y convivencia.

Esta poderosa emoción nos acompaña en nuestro día a día, influyendo en nuestras decisiones, hábitos e interacciones. Comprender qué sucede en nuestro interior cuando sentimos asco, cómo afecta nuestro cerebro y por qué reaccionamos de ciertas maneras nos ofrece una ventana fascinante a la intrincada relación entre cuerpo, mente y entorno. A continuación, exploraremos las múltiples facetas del asco, desde su origen evolutivo hasta su impacto en la fisiología cerebral y su significado en el complejo tapiz de la experiencia humana.

¿Qué pasa en el cerebro cuando sentimos asco?
¿Cómo afecta a la conducta el asco? Ante el asco las personas modificamos nuestra conducta con la tendencia al distanciamiento, escape o ganas de huir del hecho que produce la emoción. En ocasiones el asco también puede generar ansiedad.
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El Asco: Una Defensa Evolutiva y Social

Desde una perspectiva evolutiva, el asco se postula como un mecanismo de defensa diseñado para proteger al organismo de la ingestión de patógenos infecciosos. Esta es su función adaptativa más primitiva: alejarnos de sustancias o situaciones que podrían enfermarnos o envenenarnos. Es por ello que reaccionamos con aversión ante la comida podrida, los excrementos o los cuerpos en descomposición. Esta respuesta innata, presente incluso en bebés de pocos meses, prepara a nuestro cuerpo para rechazar eficazmente condiciones ambientales potencialmente dañinas y fomenta hábitos higiénicos esenciales para la salud.

Pero el asco trasciende la mera protección física. Como señala la neurocientífica Aditi Subramaniam, sus implicaciones son vastas y están presentes en innumerables aspectos de la vida. El asco ayuda a establecer reglas internas sobre lo que consideramos asqueroso, contribuyendo a la formación de un sentido moral. Esta dimensión moral del asco juega un papel crucial en las relaciones sociales y en la cohesión grupal.

Podemos distinguir dos tipos principales de asco, aunque a menudo se entrelazan: el asco emocional y el asco moral. El asco emocional surge ante estímulos físicos desagradables, mientras que el asco moral se desencadena por acciones o comportamientos que consideramos repulsivos desde un punto de vista ético o social. Es fascinante observar cómo estos dos tipos se influencian mutuamente. Sentir asco moral hacia una persona por sus actos puede llevarnos a sentir repugnancia incluso por sus objetos personales, y viceversa, una aversión inicial hacia los objetos de alguien podría teñir nuestra percepción de su moralidad.

¿Qué neurotransmisor produce el asco?
Si bien el principal neurotransmisor de las fibras del nervio vestibular es el glutamato, estas neuronas contienen gran cantidad de receptores de histamina H1 y H2, lo que explica las náuseas y vómito desencadenados por olores, sabores, movimiento y en ocasiones por lo que se observa.

Además de su función adaptativa, el asco posee una función social significativa. Comunicar que algo nos produce asco permite a otros entender nuestras preferencias y límites, facilitando la interacción social y ayudando a controlar la conducta ajena. La expresión de asco es una señal clara que comunica un estado afectivo y una advertencia sobre algo que debe ser evitado o rechazado. Esta comunicación no verbal fortalece el entendimiento mutuo y contribuye a la construcción de normas culturales compartidas sobre lo que es aceptable o inaceptable.

Desencadenantes del Asco: Más Allá de lo Evidente

Los estímulos que pueden provocar asco son variados y, en muchos casos, culturalmente influenciados. Aunque la base evolutiva nos predispone a rechazar ciertas cosas por su potencial riesgo para la salud, la definición de "asqueroso" se expande a través del aprendizaje y la socialización. Algunos de los desencadenantes más comunes incluyen:

  • Alimentos en descomposición o de apariencia, olor o textura desagradables.
  • Secreciones corporales como sangre, sudor, vómitos, orina o heces.
  • Ciertos animales, particularmente insectos, roedores o aquellos percibidos como portadores de suciedad o enfermedad.
  • Contacto con cadáveres o partes corporales (vísceras, miembros amputados).
  • La falta de higiene personal o ambiental.
  • Violaciones de normas sociales o morales, como la corrupción, la estafa, la mentira deliberada o ciertas prácticas sexuales o culturales que difieren de las propias.
  • El contacto con objetos asociados a personas que nos generan aversión o rechazo.

Estos ejemplos ilustran cómo el asco opera tanto a nivel biológico, protegiéndonos de peligros tangibles, como a nivel social y moral, actuando como guardián de nuestras normas y valores culturales.

El Asco en el Cerebro: Fisiología y Proceso

Cuando nos enfrentamos a un estímulo que provoca asco, nuestro cerebro y nuestro cuerpo orquestan una serie de respuestas complejas. Un estudio realizado en Cataluña utilizando resonancia magnética funcional demostró que el procesamiento del asco en el cerebro se desarrolla en varias fases:

  1. Fase de Activación Inconsciente: Ante la percepción del estímulo aversivo, el cerebro activa mecanismos de defensa y protección de forma automática, sin que seamos plenamente conscientes de ello.
  2. Fase de Alerta Consciente: La persona se vuelve consciente del estímulo negativo y de la potencial amenaza o desagrado que representa.
  3. Fase de Asimilación y Emoción: Finalmente, la emoción de asco se experimenta plenamente, y la información sobre el estímulo y la respuesta asociada se graba en la memoria, facilitando futuras reacciones de evitación.

Esta secuencia de procesamiento cerebral se acompaña de diversas alteraciones fisiológicas. A nivel gastrointestinal, son comunes sensaciones desagradables, náuseas o un aumento de la reactividad. También puede haber una moderada elevación de la frecuencia cardíaca y un aumento en la tensión muscular general. En el caso del asco moral, las personas pueden experimentar una sensación de "ofensa" que va más allá de la simple repugnancia física.

¿Qué dice Freud sobre el asco?
Para Freud, el asco no es sólo barrera sino también sublimación. En cuanto a los insectos, no es necesario remitirse a La metamorfosis de Kafka o al Escarabajo de Poe para advertir cómo el sentido común suele depositar en ellos la oscura dimensión de lo ominoso.

La expresión facial del asco es una de las más reconocibles y universales. Implica movimientos específicos de la boca (fruncimiento), las alas nasales y los labios. A menudo se acompaña de gestos de rechazo, como querer arrojar un objeto, evitar el contacto o un estremecimiento general del cuerpo. Estos cambios faciales y gestuales no solo reflejan nuestro estado interno, sino que también cumplen la importante función social de comunicar nuestra aversión a los demás.

A nivel conductual, el asco nos impulsa a modificar nuestra interacción con el entorno. La tendencia primordial es el distanciamiento, el escape o la huida del estímulo que lo provoca. Esta emoción es una poderosa fuerza motivadora que fomenta hábitos saludables e higiénicos y conductas adaptativas para evitar el peligro o el desagrado. Sin embargo, en algunas personas, la sensibilidad al asco puede ser excesiva y asociarse con trastornos psicológicos como fobias, trastornos de ansiedad o, notablemente, trastornos obsesivo-compulsivos (TOC), especialmente aquellos relacionados con el miedo a la contaminación o la enfermedad.

El Componente Cultural y Psicológico del Asco

El catedrático de Psicología Paul Rozin, una autoridad en el estudio del asco, ha destacado el fuerte componente cultural de esta emoción. Si bien la base biológica es universal, lo que se considera asqueroso varía significativamente entre culturas. El asco se extiende, a través de la evolución cultural, para comunicar el rechazo hacia una amplia gama de cosas que una sociedad considera ofensivas, incluyendo ciertas violaciones morales. Lo que es repugnante en una cultura puede ser aceptable o incluso deseable en otra.

¿Qué pasa en el cerebro cuando sentimos asco?
¿Cómo afecta a la conducta el asco? Ante el asco las personas modificamos nuestra conducta con la tendencia al distanciamiento, escape o ganas de huir del hecho que produce la emoción. En ocasiones el asco también puede generar ansiedad.

Desde una perspectiva psicoanalítica, el asco es visto como un "dique" o barrera fundamental frente a las exigencias pulsionales. No es simplemente una represión, sino una prohibición que, paradójicamente, permite la civilización y la sublimación. Freud relacionó el asco, particularmente hacia los insectos o las heces, con la fase anal del desarrollo y la lucha por el control de esfínteres, un momento crucial en la confrontación con las demandas del Otro y la separación del cuerpo materno.

En la neurosis, el asco ayuda a localizar y manejar la angustia, mientras que en la psicosis, donde la barrera del asco es más frágil o inexistente, la repugnancia puede dirigirse hacia el propio cuerpo, percibido como extraño o invadido por lo "ominoso". El asco, en este sentido, participa en la compleja construcción del pudor y la intimidad, ayudando a diferenciar el Yo del no-Yo y a establecer límites corporales y psíquicos. La posibilidad de "sublimar" el asco, como en el ejemplo de transformar la repugnancia hacia una cucaracha en una canción infantil, ilustra cómo esta emoción puede ser trabajada y utilizada para construir lazo social y poner distancia con aquello que nos amenaza o disgusta profundamente.

Preguntas Frecuentes sobre el Asco y el Cerebro

¿Qué es el asco?
Es una emoción primaria de rechazo o repulsión intensa ante algo percibido como desagradable, repugnante o potencialmente dañino, que puede ser físico (comida, secreciones) o moral (acciones, conductas).
¿Cuál es la función principal del asco?
Tiene una doble función principal: una función adaptativa que protege al organismo de patógenos y fomenta la higiene, y una función social que facilita la comunicación de aversiones y ayuda a establecer normas culturales y morales.
¿Cómo afecta el asco a nuestro cuerpo y cerebro?
El cerebro procesa el asco en fases que van de la activación inconsciente a la experiencia consciente y la memoria. Fisiológicamente, puede causar sensaciones gastrointestinales desagradables, aumento de la frecuencia cardíaca y tensión muscular. La expresión facial y la conducta (distanciamiento, evitación) también cambian notablemente.
¿Es el asco igual para todas las personas?
Aunque la emoción básica es universal, lo que la desencadena y la intensidad con la que se experimenta tienen un fuerte componente cultural y varían individualmente. La sensibilidad al asco también se relaciona con ciertas predisposiciones psicológicas.
¿Existe una hormona o neurotransmisor específico que produzca el asco?
El texto proporcionado no identifica una hormona o neurotransmisor específico cuya función principal sea producir la emoción de asco. Menciona el adrenocromo, un producto de la oxidación de la adrenalina, pero la información sobre este compuesto se centra en una antigua hipótesis (ampliamente descartada) que lo relacionaba con síntomas psicóticos o esquizofrenia, no con la producción directa del sentimiento de asco en personas sin estas condiciones.

En conclusión, el asco es una emoción primaria de gran relevancia que va mucho más allá de una simple reacción a lo desagradable. Es un complejo sistema de defensa evolutiva, un regulador social y moral, y una fuerza que moldea nuestra conducta y percepción del mundo. Su estudio en el cerebro revela un sofisticado procesamiento que nos prepara para la evitación y el aprendizaje. Además, las perspectivas psicológicas y culturales nos muestran cómo esta emoción, en apariencia simple, está profundamente entrelazada con nuestra identidad, nuestras normas sociales y nuestra salud mental.

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Jesús Porta Etessam

Soy licenciado en Medicina y Cirugía y Doctor en Neurociencias por la Universidad Complutense de Madrid. Me formé como especialista en Neurología realizando la residencia en el Hospital 12 de Octubre bajo la dirección de Alberto Portera y Alfonso Vallejo, donde también ejercí como adjunto durante seis años y fui tutor de residentes. Durante mi formación, realicé una rotación electiva en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center.Posteriormente, fui Jefe de Sección en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid y actualmente soy jefe de servicio de Neurología en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz. Tengo el honor de ser presidente de la Sociedad Española de Neurología, además de haber ocupado la vicepresidencia del Consejo Español del Cerebro y de ser Fellow de la European Academy of Neurology.A lo largo de mi trayectoria, he formado parte de la junta directiva de la Sociedad Española de Neurología como vocal de comunicación, relaciones internacionales, director de cultura y vicepresidente de relaciones institucionales. También dirigí la Fundación del Cerebro.Impulsé la creación del grupo de neurooftalmología de la SEN y he formado parte de las juntas de los grupos de cefalea y neurooftalmología. Además, he sido profesor de Neurología en la Universidad Complutense de Madrid durante más de 16 años.

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