¿Qué es la teoría crítica de la neurociencia?

Periodos Críticos en Neurociencia

Valoración: 3.97 (2100 votos)

En el vasto y complejo campo de la neurociencia, uno de los conceptos más fascinantes y cruciales para comprender cómo se moldea nuestro cerebro es el de los periodos críticos. Estas son ventanas temporales específicas durante el desarrollo, donde ciertas experiencias son particularmente influyentes, a veces incluso necesarias, para que el desarrollo neuronal proceda de manera típica. Si estas experiencias no ocurren dentro de ese marco de tiempo definido, las consecuencias pueden ser duraderas, e incluso irreversibles, limitando significativamente las posibilidades de crecimiento y función futuras.

Índice de Contenido

¿Qué Define un Periodo Crítico?

El concepto de periodo crítico puede ser mejor entendido como una construcción hipotética que nos ayuda a pensar en la importancia relativa de una experiencia en un momento dado del desarrollo frente a otro. En su sentido más clásico y restrictivo, un periodo crítico representa un punto en el desarrollo donde una experiencia particular es absolutamente necesaria. Si la experiencia se proporciona, permite que el desarrollo continúe con normalidad. Si la experiencia no ocurre dentro del periodo crítico definido, el organismo sufre un daño irrevocable o, al menos, queda limitado en sus posibilidades de crecimiento futuro, siendo virtualmente imposible recuperarse, incluso si se proporcionan experiencias comparables más tarde.

¿Qué desafíos ha enfrentado el estudio de la neurociencia?
El gran desafío futuro de la neurociencia reside en descifrar la función del cerebro en relación a sus múltiples niveles de organización, que operan en distintas escalas temporales y espaciales.

De manera similar, la exposición a toxinas ambientales o experiencias de vida negativas (como traumas o abusos) también se han estudiado desde la perspectiva de los periodos críticos. La pregunta aquí es si la toxina o la experiencia tienen un efecto especialmente dañino durante una edad o periodo particular del desarrollo. A diferencia de un periodo crítico estricto, a menudo se utiliza el término periodo sensible para describir un lapso de tiempo más amplio y con límites menos definidos, donde una experiencia es más probable que tenga un efecto significativo que en otro momento. Aunque los efectos de no recibir la experiencia óptima durante un periodo sensible pueden ser menos catastróficos que en un periodo crítico estricto, aún pueden tener consecuencias importantes para el desarrollo.

Los Orígenes Históricos del Concepto

La idea de que ciertos momentos son más cruciales que otros en el desarrollo tiene profundas raíces en la biología y la etología. El concepto de periodo crítico fue articulado por primera vez en la década de 1920 por Charles Stockard, quien demostró que los defectos de nacimiento en embriones de pez, causados por temperaturas extremas o químicos tóxicos, eran más probables de ocurrir o ser más graves durante un periodo de rápido crecimiento celular. Dado que los defectos eran menos graves o no aparecían si los embriones experimentaban la exposición tóxica antes o después de este periodo, Stockard describió este fenómeno como un momento crítico.

Una década más tarde, Hans Spemann extendió este concepto a lo que hoy conocemos como células madre. Las células madre son células no especializadas derivadas de embriones, capaces de dividirse y replicarse. En algún punto del desarrollo, como resultado de interacciones complejas entre influencias genéticas, bioquímicas y ambientales, las células comienzan a diferenciarse, un proceso por el cual una célula madre adquiere una función especializada (por ejemplo, como célula cardíaca o hepática). Spemann usó el término 'momento crítico' para describir el punto de diferenciación. Antes de este momento, la célula tiene un futuro abierto, con potencial para convertirse en una variedad de tipos celulares. Después, se diferencia, adquiriendo una función especializada, lo cual es irreversible. Una vez diferenciada, la célula tiene un futuro limitado.

Mover el concepto de momentos críticos del nivel celular al conductual fue un avance clave liderado por los estudios de Konrad Lorenz a partir de la década de 1930. Lorenz observó que los patitos recién nacidos aprendían a reconocer a sus madres a través de la exposición visual y auditiva, un proceso llamado impronta. Lorenz expuso sistemáticamente a patitos a sus padres, otros animales, humanos u objetos mecánicos en movimiento, variando el momento y la duración de estas exposiciones. Descubrió que existía una ventana de tiempo muy corta, entre las 9 y 18 horas de edad, durante la cual la impronta era más probable. Los patitos se improntaban y seguían cualquier objeto en movimiento que vieran durante este periodo, lo que llevó a situaciones curiosas donde preferían seguir a humanos u objetos inanimados si eran expuestos a ellos durante lo que él llamó un periodo crítico.

Quizás el ejemplo más conocido de un periodo crítico claro proviene de la investigación clásica de David Hubel y Torsten Wiesel a principios de la década de 1970. Su trabajo se basó en la premisa fundamental de que el desarrollo del sistema visual depende de la entrada visual del entorno. El descubrimiento de que el desarrollo biológico normal depende de la experiencia fue importante, pero el hallazgo clave para los periodos críticos fue que la experiencia debe proporcionarse durante un tiempo particular en el desarrollo. Hubel y Wiesel privaron a gatitos de la visión (cerrando quirúrgicamente un ojo) en varios momentos durante el desarrollo temprano, variando sistemáticamente el momento y la duración de la privación visual. Cuando los gatitos fueron privados de la vista durante 65 días, comenzando a los 10 días de edad, hubo una reducción masiva (del 98% al 16%) en el número de células cerebrales que respondían a la estimulación visual una vez que se abrió el ojo. Esencialmente, los gatitos quedaron ciegos de un ojo, y ninguna cantidad de estimulación visual posterior pudo permitirles recuperar la vista. Pero si la privación visual ocurría antes o después de este periodo, los efectos eran menos graves y, a cierta edad, mínimamente dañinos. La falta de una experiencia esencial durante un periodo crítico del desarrollo impidió que el desarrollo cerebral normal ocurriera y tuvo un efecto dañino permanente.

Hubel y Wiesel prefirieron el término 'periodo sensible' a 'periodo crítico', sin embargo, implicando un periodo de tiempo más largo con límites menos definidos. Desde estos primeros experimentos, los científicos han seguido buscando periodos críticos o sensibles en diversos animales y para una amplia gama de comportamientos. Un ejemplo con mucha investigación es el desarrollo del canto en aves, estudiado en varias especies. Esta investigación muestra la importancia de que las aves jóvenes estén expuestas al canto de aves adultas durante el primer año de vida. Las aves jóvenes que no reciben esta retroalimentación producen cantos anormales como adultas, incluso si son expuestas más tarde a cantos normales para su especie.

Así, la historia de los periodos críticos está profundamente arraigada en la embriología, la etología y la neurobiología, basada en manipulaciones experimentales de animales durante periodos clave del desarrollo. Se han utilizado varios términos para describir el fenómeno por el cual un evento o estímulo tiene más efecto en un momento del desarrollo que en otro. Los tres términos principales utilizados en la literatura científica y popular, que varían en especificidad, son:

  1. Momento crítico: Término típicamente usado por biólogos celulares para referirse a un momento preciso en la división y diferenciación celular.
  2. Periodo crítico: Un periodo de tiempo claramente definido en el que un evento o experiencia debe ocurrir para que tenga un efecto.
  3. Periodo sensible: Un periodo de tiempo definido de manera más flexible en el que un evento o experiencia tiene más probabilidades de tener un efecto que en otro momento.

Podemos resumir estas diferencias en una tabla comparativa:

TérminoÁmbito TípicoPrecisión TemporalConsecuencia de la AusenciaReversibilidad
Momento CríticoBiología CelularPrecisa (un punto)Fundamental para la diferenciaciónIrreversible
Periodo CríticoNeurobiología, EtologíaEstricta (ventana definida)Daño significativo, desarrollo anormalMuy difícil o imposible
Periodo SensibleNeurociencia, PsicologíaFlexible (ventana más amplia)Desarrollo subóptimo, menos eficienciaDifícil, pero posible con esfuerzo

¿Cómo Podrían Funcionar los Periodos Críticos o Sensibles? Mecanismos Propuestos

Aceptar la existencia de periodos críticos o sensibles lleva a preguntarse por su naturaleza. ¿Cuáles son los mecanismos por los cuales operan? Aunque ha habido una explosión de investigación en neurociencia y genética en las últimas décadas, estamos lejos de una comprensión completa de los mecanismos subyacentes. Si bien definir estos periodos como puntos en el tiempo donde una estimulación específica es absolutamente necesaria para el crecimiento normal tiene validez descriptiva, no explica por qué esa estimulación debería ser necesaria en primer lugar.

En 1983, Gilbert Gottlieb ofreció una explicación: los periodos críticos son puntos en el tiempo donde estructuras novedosas se diferencian de una masa celular indiferenciada. Para que este proceso conduzca a resultados específicos de la especie, se deben encontrar formas de estimulación específicas de la especie que sean capaces de provocar la expresión de la configuración correcta de genes de manera oportuna. Como observaron Mae Won Ho y Jablonka, los periodos críticos existen porque la selección natural no selecciona solo genes, sino genes junto con un contexto de desarrollo específico de la especie que incluye eventos de estímulo endógenos y exógenos. En consecuencia, la expresión genética normal depende de la recurrencia predecible y oportuna, generación tras generación, de estos eventos de estímulo. Desde este punto de vista, hay tanta información para el desarrollo en el contexto de desarrollo específico de la especie como en los genes específicos de la especie. No encontrar esta información de manera oportuna puede potencialmente desviar el desarrollo de su curso normal.

Un ejemplo convincente es la propia investigación de Gottlieb sobre el origen de la capacidad del joven pato real (Mallard) para discriminar y responder a la 'llamada de reunión materna' de su propia especie justo después del nacimiento. Un análisis de desarrollo de este supuesto 'instinto' llevó al descubrimiento de que privar al embrión en desarrollo de escuchar su propia voz 3 días antes de la eclosión (aplicando pegamento biodegradable en sus cuerdas vocales) impidió completamente el establecimiento de la capacidad postnatal para responder selectivamente a la llamada de reunión materna de su propia especie. Para determinar qué características acústicas específicas de las vocalizaciones prenatales autoproducidas podrían tener este efecto inductivo, Gottlieb realizó experimentos y pudo determinar que era la tasa de repetición de las vocalizaciones prenatales, no su tono o frecuencia absoluta, lo que tenía este efecto inductivo. Más específicamente, pudo demostrar que era la exposición prenatal a la variabilidad natural (2-6 notas/segundo) alrededor de la tasa promedio de la llamada materna (4 notas/segundo) lo que era crucialmente importante para la inducción del desarrollo. De hecho, los embriones desvocalizados expuestos a una llamada embrionaria invariable de 4 notas/segundo no mostraron preferencia postnatal por la llamada de reunión materna específica de su especie.

Durante las últimas décadas, las explicaciones de los periodos críticos se han basado en gran medida en la eliminación sináptica y el aprendizaje. Una teoría bien aceptada y respaldada por la investigación es que durante los primeros años de vida hay una proliferación de estas conexiones neuronales, más de las necesarias para un funcionamiento humano exitoso. Los eventos que ocurren naturalmente refuerzan ciertas conexiones que se retienen. Aquellas que no se utilizan son podadas, y es menos probable que se desarrollen nuevas conexiones después de un cierto periodo. Si es cierta, esta teoría proporciona una explicación parcial de cómo podría funcionar un periodo crítico y por qué podría ser irreversible o al menos difícil de revertir. Si comenzamos con muchas conexiones, algunas de las cuales se mantienen selectivamente como resultado de la experiencia y otras se eliminan, y si rara vez se hacen nuevas conexiones, entonces una vez que la posibilidad de una conexión se pierde debido a la poda (como probablemente sea el caso en el desarrollo visual de gatitos cuyos párpados fueron cerrados quirúrgicamente por periodos definidos), sería virtualmente imposible recuperarla, a menos que sea posible alguna forma de reorganización o compensación.

William Greenough introdujo en 1987 el concepto de procesos 'expectantes de experiencia'. Con este término se refería a dos cosas. Primero, durante el periodo de 'explosión de crecimiento cerebral' que comienza unos meses antes del nacimiento y dura los primeros 2 años de desarrollo, se produce una sobreabundancia de dendritas y conexiones sinápticas, 'en expectativa' de la estimulación venidera. Segundo, consistente con el concepto de periodos críticos, para que el desarrollo neuronal proceda con normalidad, deben encontrarse ciertas formas de estimulación. Esta estimulación esperada puede ser de una forma muy general, incluyendo estimulación que a menudo es ubicua (por ejemplo, luz con patrones) o inevitable (por ejemplo, exposición a la gravedad), pero no obstante absolutamente necesaria para que ocurra el desarrollo normal. La estimulación que juega tal papel es descrita por Gottlieb como teniendo un efecto inductivo, es decir, su ausencia siempre hace que el desarrollo se desvíe de su curso normal. Un ejemplo sorprendente de inducción es el desarrollo en la rana de las conexiones neuronales entre los músculos de las patas traseras y las regiones motoras del cerebro. Al nacer, están presentes alrededor de 200 neuronas que 'compiten' por establecer esta conexión. Mediante el ejercicio, solo una de estas neuronas sobrevive en el animal adulto. Privar a los jóvenes de ejercicio lleva a una situación en la que sobreviven muchas más neuronas, pero ninguna es capaz de soportar los largos saltos que realizan las ranas.

Según Gottlieb, además de la inducción, hay dos roles adicionales que la experiencia puede desempeñar en el desarrollo. Uno es que la experiencia puede tener un efecto facilitador. Este efecto no es tan fuerte como el primero porque en este caso el desarrollo normal tiene lugar de todos modos en ausencia de estimulación, pero su curso puede acelerarse cuando dicha estimulación está presente. La investigación de Arnold Gesell ilustra bien este papel, mostrando que la práctica, si bien no es necesaria para la adquisición de la marcha, se acelera cuando los padres brindan oportunidades tempranas y repetidas para practicar. El segundo papel que la experiencia puede desempeñar es el de mantenimiento. Aquí, una función dada, como la visión, se adquiere completamente y madura en su organización, pero aún depende de un flujo constante de estimulación para mantener su funcionalidad completa. Este papel se ilustra en experimentos de privación donde los sujetos mantenidos en la oscuridad durante periodos prolongados informan tener que 'reajustarse' a la luz natural antes de poder ver normalmente de nuevo. Aunque diferentes en sus efectos, la inducción, la facilitación y el mantenimiento ilustran conjuntamente el principio general de bidireccionalidad entre estructura y función. Como explicó Gottlieb, este principio implica que los órganos no maduran y adquieren estructura en el vacío, sino que lo hacen guiados por el ejercicio de su función.

Complejidad y Limitaciones en el Estudio Humano

El fortalecimiento y la poda de conexiones sinápticas solo pueden ser parte de lo que es casi con certeza una historia mucho más complicada. Primero, en los humanos hay un periodo de tiempo relativamente largo para el desarrollo sináptico (probablemente continuando al menos durante los primeros 6 años de vida) y la poda sináptica (probablemente un proceso de por vida). Las perspectivas de desarrollo a lo largo de la vida muestran que el aprendizaje ocurre a todas las edades, y por lo tanto, nuestra capacidad para definir el inicio y el final de los periodos críticos en el desarrollo humano con precisión es bastante limitada. Segundo, los mecanismos que estimulan el inicio o la conclusión de un periodo sensible no se comprenden bien, y probablemente comprenden una combinación de condiciones genéticas, de desarrollo, bioquímicas y ambientales. Tercero, la formación y la poda de sinapsis muy probablemente ocurren en el contexto de jerarquías complicadas de circuitos neuronales que operan a diferentes niveles de complejidad e integración. Esto es probablemente cierto incluso para comportamientos simples, pero el desarrollo de sistemas complejos como el lenguaje o el desarrollo social sugiere la probabilidad de múltiples periodos sensibles, uno construyendo sobre otro en niveles crecientes de complejidad e interdependencia.

En general, sin embargo, existe bajo condiciones naturales una 'compensación' entre la plasticidad de las primeras etapas y la adquisición eventual de la organización funcional. Este proceso en el que la adquisición de la función implica la pérdida de la plasticidad inicial ha sido llamado 'canalización' por Gottlieb. La canalización sugiere que el desarrollo se encamina hacia vías específicas, reduciendo la plasticidad para lograr una función eficiente y estable.

Preguntas Frecuentes sobre los Periodos Críticos

¿Es un periodo crítico lo mismo que un periodo sensible?
No exactamente. Un periodo crítico es una ventana muy estricta donde una experiencia es absolutamente necesaria para el desarrollo normal, con consecuencias graves e irreversibles si se pierde. Un periodo sensible es una ventana más flexible donde una experiencia es óptima o más influyente, pero el desarrollo puede ocurrir (aunque quizás de forma subóptima) si la experiencia se da fuera de este periodo, y la reversión es más factible, aunque difícil.

¿Son los efectos de saltarse un periodo crítico siempre irreversibles en humanos?
En el sentido estricto del concepto, sí, los efectos son irreversibles. Sin embargo, aplicar este concepto estrictamente a comportamientos humanos complejos es difícil. El cerebro humano mantiene cierta plasticidad a lo largo de la vida, aunque la capacidad de recuperación o reorganización puede ser limitada después de estos periodos cruciales, especialmente para ciertas funciones básicas como la visión temprana.

¿Existen periodos críticos o sensibles para funciones complejas como el lenguaje o las habilidades sociales?
La investigación sugiere la existencia de periodos sensibles para estas funciones. Por ejemplo, aprender un idioma nativo o desarrollar habilidades sociales parece ser más fácil y eficiente durante la infancia y la niñez temprana. Aunque es posible aprender un segundo idioma o mejorar habilidades sociales más tarde, a menudo requiere más esfuerzo y los resultados pueden ser diferentes que si se aprenden durante estos periodos.

¿Cómo se relacionan los periodos críticos con el aprendizaje?
Los periodos críticos y sensibles son ventanas de tiempo durante las cuales el cerebro está particularmente receptivo a ciertos tipos de aprendizaje. La experiencia durante estos periodos moldea la estructura y función cerebral de maneras que facilitan el aprendizaje futuro relacionado con esa experiencia. La poda sináptica y la canalización sugieren que, fuera de estos periodos, el cerebro puede volverse menos adaptable a ciertos tipos de aprendizaje para favorecer la eficiencia de las funciones ya establecidas.

Comprender los periodos críticos y sensibles es fundamental para la neurociencia del desarrollo y tiene implicaciones importantes para la educación, la intervención temprana y la comprensión de trastornos del desarrollo. Nos recuerda que el 'cuándo' es a menudo tan importante como el 'qué' en el proceso de construir una mente funcional y saludable.

Si quieres conocer otros artículos parecidos a Periodos Críticos en Neurociencia puedes visitar la categoría Neurociencia.

Foto del avatar

Jesús Porta Etessam

Soy licenciado en Medicina y Cirugía y Doctor en Neurociencias por la Universidad Complutense de Madrid. Me formé como especialista en Neurología realizando la residencia en el Hospital 12 de Octubre bajo la dirección de Alberto Portera y Alfonso Vallejo, donde también ejercí como adjunto durante seis años y fui tutor de residentes. Durante mi formación, realicé una rotación electiva en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center.Posteriormente, fui Jefe de Sección en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid y actualmente soy jefe de servicio de Neurología en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz. Tengo el honor de ser presidente de la Sociedad Española de Neurología, además de haber ocupado la vicepresidencia del Consejo Español del Cerebro y de ser Fellow de la European Academy of Neurology.A lo largo de mi trayectoria, he formado parte de la junta directiva de la Sociedad Española de Neurología como vocal de comunicación, relaciones internacionales, director de cultura y vicepresidente de relaciones institucionales. También dirigí la Fundación del Cerebro.Impulsé la creación del grupo de neurooftalmología de la SEN y he formado parte de las juntas de los grupos de cefalea y neurooftalmología. Además, he sido profesor de Neurología en la Universidad Complutense de Madrid durante más de 16 años.

Subir