¿Qué es neuro criminología?

Neurocriminología: El Cerebro del Crimen

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La neurocriminología surge como un campo fascinante en la intersección de la neurociencia y el estudio del comportamiento criminal. Su objetivo principal es emplear la metodología y las técnicas avanzadas de las neurociencias para desentrañar las complejidades detrás de la violencia y la criminalidad. Busca no solo comprender, sino también predecir, tratar e incluso prevenir estas conductas. Los conocimientos derivados de esta disciplina prometen aplicaciones en diversos ámbitos, desde la prevención temprana hasta el diagnóstico, tratamiento y la crucial estimación de la probabilidad de reincidencia. Si bien su aplicación plantea importantes interrogantes ético-legales, la influencia de la neurociencia en la comprensión del comportamiento violento y criminal es cada vez más significativa. Dentro de este campo, la neurocriminología positiva explora aspectos constructivos como la empatía, el altruismo, las emociones positivas y la conducta prosocial, buscando aplicar estos hallazgos en programas de prevención e intervención.

Las aplicaciones de la neurociencia a la criminología han adquirido un valor científico y legal creciente gracias a estudios recientes sobre la anatomía y la actividad metabólica del cerebro. Los métodos clínicos habituales de investigación del metabolismo cerebral se aplican ahora a estudios científicos de la actividad cerebral, con el objetivo de identificar objetivamente las áreas activas en sujetos con comportamiento antisocial o criminal. La neurociencia criminal moderna busca identificar la relación entre el cerebro y la mente, buscando evidencia de cómo la mente puede surgir de su sustrato biológico. Herramientas como la fMRI o la SPECT se utilizan actualmente para: la investigación metabólica de diferentes áreas cerebrales implicadas en la génesis de algunos rasgos conductuales, y la identificación de las áreas implicadas en la construcción de mentiras, o en cualquier condición psiquiátrica particular.

¿Cómo se aplica la neurociencia en el derecho?
La neurociencia puede ser de gran utilidad para el derecho, al permitir calificar de manera más certera la conducta humana, saber si una persona dice la verdad o no, o facilitar nuevas herramientas a algunos discapacitados para un mejor ejercicio de sus derechos7.
Índice de Contenido

La Neurociencia y el Ámbito Jurídico

El cuerpo de conocimiento desarrollado en las últimas décadas gracias a la investigación en neurociencia refleja un interés que va más allá de la investigación biomédica y las aplicaciones clínicas: llega más lejos, en dirección al sector jurídico. La evolución de las nuevas neurociencias y la expansión de sus aplicaciones han culminado en la interacción científica entre la neurociencia y el derecho, con la inclusión de todas las figuras implicadas en este proceso: en primer lugar, los criminales, pero también las víctimas y los testigos.

Surgen preguntas fundamentales: ¿Podría un circuito neuronal defectuoso justificar el comportamiento anormal de un sujeto, eludiendo su voluntad? ¿Podemos hablar de libre albedrío cuando sabemos por la genética molecular que un alelo, frente a otro, aumenta significativamente la probabilidad de buscar situaciones extremas incluso fuera de la legalidad? La evolución de las neurociencias en los últimos veinte años ha provocado un cambio drástico en el concepto de mente y comportamiento humano. Considerando los resultados de la investigación en neurociencia, persiste el debate sobre si un individuo es verdaderamente libre en sus elecciones y acciones, o más bien está predeterminado por elementos anatómicos. La milenaria cuestión del libre albedrío se abre una vez más a la discusión. Numerosas preguntas surgen en el cruce donde las ciencias se encuentran con la filosofía y el derecho.

Esta integración da como resultado una nueva ciencia con su investigación emergente asociada, las llamadas “neurociencias jurídicas”. El término ‘neurociencia’ se utiliza actualmente en criminología para referirse a un grupo de diversas disciplinas científicas que comparten un objetivo común a pesar de ser heterogéneas: comprender los mecanismos cerebrales que dan lugar a los comportamientos y fenómenos humanos, incluidos los más complejos, considerados inaccesibles a la investigación científica hasta hace poco. La neurociencia criminal moderna busca identificar la relación entre el cerebro y la mente, con el fin de obtener una indicación científicamente reconocible de cómo la mente emerge de su sustrato biológico.

Las definiciones existentes de neurociencia son evidencia de la rápida evolución de algunos principios importantes. Solíamos creer que el comportamiento humano es exclusivamente el resultado de complejas interacciones sociales, por lo que su comprensión solo es posible a la luz de las influencias ambientales y sociales. El "modelo estándar" afirmaba que solo la sociedad y el entorno podían explicar un comportamiento socialmente inapropiado. A este respecto, cabe recordar que Durkheim, sociólogo, creía que la causa determinante de un evento social debía buscarse entre los hechos sociales antecedentes, no entre las capas de la conciencia individual. Hasta hace pocos años, los estudios del cerebro se limitaban a la patología; hoy nos enfrentamos a una evolución de la neurociencia en la comprensión de cómo los seres humanos son capaces de pensar, decidir y actuar, no solo en condiciones patológicas.

En los últimos años, la genética conductual, la sociología, la psicología evolutiva, la neuroquímica y la neurociencia cognitiva han presentado y destacado individualmente correlaciones entre organismo y comportamiento. De ahí la definición de neurociencia legal, o lo que hasta ahora se ha descrito como un ambicioso intento de agrupar diferentes áreas de investigación con el objetivo de aplicar métodos neurocientíficos al estudio y la práctica del derecho. Esta definición contiene inherentemente una primera dificultad para adaptar la neurociencia legal a cada sistema nacional después de que se desarrolle en una perspectiva internacional. Otra definición ampliamente utilizada es la neurociencia forense, un estudio del vínculo entre los datos neurocientíficos relevantes a los efectos de una evaluación judicial. El objetivo más difícil es garantizar la validez de sus herramientas científicas y la idoneidad de sus teorías y métodos para proporcionar evidencia científica válida en un entorno judicial.

En los últimos años, las contribuciones científicas han adquirido un valor creciente junto con la creencia de que ahora es posible, a través del estudio de la neuroanatomía, medir la estructura del cerebro y sus funciones, e identificar anomalías estructurales en las áreas temporales y límbicas, el hipocampo, la amígdala y el lóbulo frontal.

Herramientas de Investigación Neurocriminológica: Técnicas de Neuroimagen

Los principales medios de investigación que han permitido la exploración cerebral con fines clínicos (Neuroimagen) desde hace algunos años son: análisis computarizado del EEG, con mapeo selectivo de la actividad eléctrica de áreas cerebrales específicas y bien definidas; tomografía axial computarizada (CAT); resonancia magnética funcional (fMRI); tomografía por emisión de positrones (PET); magnetoencefalografía (MEG); tomografía computarizada por emisión de fotón único (SPECT); así como adquisiciones de actividad de neurotransmisión y neuromodulación; y por último, pero no menos importante, el estudio de la neurobiología molecular. La SPECT en particular parece ser la herramienta adecuada para identificar la perfusión cerebral con la ayuda de radiofármacos, debido a que son capaces de cruzar la barrera hematoencefálica. Este método destaca y cuantifica cualquier cambio en el flujo sanguíneo cerebral regional (rCBF) en la región cerebral implicada por una estimulación externa específica. Dado que las neuronas no tienen una fuente de energía fácilmente disponible, aumentar el flujo sanguíneo es fundamental cuando se necesitan mayores cantidades de oxígeno y metabolitos en una región cerebral específica. La correlación entre el flujo sanguíneo y el metabolismo cerebral ha sentado la base científica para los estudios funcionales del cerebro.

En SPECT, las imágenes reconstruidas generalmente tienen una resolución de 64x64 píxeles, o 128x128, con un tamaño de píxel que varía entre 3 y 6 mm. El número de proyecciones adquiridas se establece para ser aproximadamente igual al ancho de la imagen resultante. Generalmente, las imágenes reconstruidas después del procesamiento tendrán menor resolución, tendrán más ruido que las imágenes planares y serán más susceptibles a artefactos. El escaneo lleva un tiempo variable, y es esencial que durante el proceso de adquisición el paciente no se mueva. Esta es una de las limitaciones más significativas, especialmente cuando se realizan estudios cerebrales con fines forenses, donde el sujeto está expuesto a estímulos verbales o visuales externos (técnica experimental). El movimiento puede causar una reducción significativa en la calidad de las imágenes reconstruidas, aunque las técnicas de reconstrucción de imágenes compensan el movimiento al reducir los artefactos. La técnica de reconstrucción iterativa obtenida con un algoritmo alternativo está atrayendo un interés creciente, porque es menos sensible y, por lo tanto, mejor protegida contra artefactos no deseados. La atenuación de los rayos gamma en el cuerpo humano produce una subestimación significativa del tejido profundo en comparación con los tejidos más superficiales. Es posible una corrección óptima midiendo los valores de atenuación. Los SPECT modernos están equipados con un escáner de rayos X utilizado para CT; las imágenes se pueden reelaborar con sistemas de CT compatibles, y se obtienen más detalles anatómicos. El trazador emisor de gamma utilizado en neuroimagen funcional es el 99mTc-HMPAO (hexametilpropileno amina oxim). El 99m es un isómero nuclear metaestable capaz de emitir rayos gamma, que son detectados por una cámara gamma. Cuando se asocia al HMPAO, el 99mTc es absorbido por el tejido cerebral en proporción al flujo sanguíneo; de esta manera, el flujo sanguíneo cerebral puede ser detectado por la cámara gamma. El flujo sanguíneo al cerebro está directamente relacionado con el metabolismo de la región cerebral activada y con la energía utilizada por la masa cerebral. El trazador 99mTc-HMPAO se administra para identificar la actividad cerebral de cada región, y ya es una técnica ampliamente utilizada en el estudio de las demencias. El propósito neuroforense de esta técnica es visualizar la actividad cerebral basal del sujeto y, cuando sea posible, la relación entre los estímulos externos (demanda, imagen) y la actividad cerebral. Este tipo de evaluación funcional aún parece ser experimental y todavía no tiene una interpretación y aplicación fáciles.

El metabolismo de la glucosa en el cerebro activado también parece ser detectable y cuantificable mediante imágenes PET (tomografía por emisión de positrones), a través de la cuantificación de fluorodesoxiglucosa (FDG). En el contexto de la actividad metabólica y el flujo sanguíneo cerebral regional, un factor significativo también está relacionado con la actividad sináptica, que está mediada principalmente por un neurotransmisor excitatorio, el glutamato. Con referencia a lo descrito hasta ahora, se supone que los astrocitos (células gliales) son uno de los mediadores implicados en el mecanismo de micro-vasodilatación. Es justo señalar que, hasta la fecha, el uso de FDG-PET produce imágenes con una resolución espacial de mayor precisión anatómica.

Estudios con SPECT han producido evidencia, con características favorables de sensibilidad y especificidad, de perfusión frontal reducida en pacientes con comportamiento antisocial (Soderstrom et al., 2002). La SPECT es particularmente sensible y específica en estudios realizados durante una etapa crítica (crisis o fase post-crítica) de la epilepsia. Esta característica no debe subestimarse, y es de particular importancia en el contexto de la neuroimagen relacionada con todo el comportamiento, no exclusivamente antisocial (etapa post-crítica en la estimulación agresiva). La metodología descrita está significativamente influenciada por el uso de sustancias exógenas (tabaco, alcohol) por parte del sujeto examinado. También es crucial tener en cuenta la interferencia de factores estimulantes externos visuales y auditivos: su descripción es beneficiosa para identificar la relación entre los estímulos auditivos, visuales o verbales y la actividad de un área respectiva del cerebro. Esta es una característica crítica en la imagen utilizada para descubrir una relación entre un área cerebral y un comportamiento alterado secundario a un estímulo administrado. El informe generado por las imágenes SPECT se prepara mediante observación directa y análisis cualitativo. También es posible obtener un análisis semicuantitativo por regiones de interés (RO) o con sistemas paramétricos estadísticos. La captación se normaliza antes de realizar comparaciones estadísticas, midiendo un área no afectada por la interrupción de los procesos metabólicos, ponderando los datos de diferentes sujetos con un metabolismo basal diferente, y siguiendo con otro estudio después de la estimulación. Las regiones más examinadas en el cerebro son el tronco encefálico y el cerebelo.

El método de la desoxiglucosa para la medición cuantitativa de rCMRglc fue desarrollado hace aproximadamente 20 años y se utilizó inicialmente con la Tomografía Computarizada por Emisión de Fotón Único (SPECT) y poco después con PET. Este modelo metodológico, formulado por Louis Sokoloff, deriva de un análisis cinético del comportamiento bioquímico de la 2-desoxi-D-glucosa; modificaciones posteriores de este modelo nos permiten hoy calcular rCMRglc in vivo en humanos. La molécula de 2-desoxi-D-glucosa (DG) es un análogo de la glucosa, se diferencia solo por la ausencia de un átomo de carbono en la posición C2 de un grupo hidroxilo -OH; comparte con la glucosa la misma afinidad por el transportador transmembrana, por el cual es transportada bidireccionalmente a través de la BHC para la hexocinasa y la glu-6-fosfatasa, convirtiéndose así en un sustrato.

¿Qué es la neurociencia en criminología?
Las neurociencias criminales modernas buscan identificar la relación entre el cerebro y la mente, buscando evidencia de cómo la mente puede emerger de su sustrato biológico .

La glucosa y la DG tienen valores idénticos en cuanto a la afinidad entre la glucosa y su transportador (o enzima), por lo tanto, la velocidad de transporte (o reacción) de la glucosa del plasma al tejido cerebral y viceversa. La velocidad de una reacción bioquímica es igual a la relación entre la concentración del producto y la concentración del sustrato, por lo tanto, la relación entre las concentraciones de DG-6-P y DG es igual a la relación de las concentraciones de glucosa-6-P y glucosa, y es igual a la velocidad neta de la reacción catalizada por la hexocinasa. A diferencia de la glucosa-6-P, la DG-6-P no es un sustrato para la enzima subsiguiente en la cadena glucolítica (hexofosfato isomerasa), por lo tanto, no puede ser degradada aún más por un proceso glucolítico. Es así como virtualmente toda la DG-6-P producida a nivel neuronal por la enzima hexocinasa se acumula en el citoplasma durante al menos los primeros 45 minutos, como una función directa de la velocidad de reacción catalítica neta, e indirectamente, como una función de la actividad neuronal dada la ausencia de transportadores de DG-6-P intra o extracelulares, la baja actividad neuronal de la enzima glucosa-6-P fosfatasa y la cantidad insignificante de DG-6-P que se convierte en glucógeno. El rCMRglc se expresa en micromoles de glucosa por 100 gramos de tejido cerebral por minuto (µmoli/100 g/min) o en miligramos de glucosa por 100 gramos de tejido cerebral por minuto (mg/100 g/min). Los valores cerebrales de rCMRglc, rCBF y rCMO2 en adultos jóvenes se informan en la siguiente tabla:

Cerebro GlobalMateria GrisMateria Blanca
rCMRglc (µmoles/100g/min)28 - 3228 - 4116 - 19
rCBF (ml/100g/min)41 - 7128 - 5820 - 24
rCMRO2 (ml/100g/min)3.5 - 43.1 - 4.71.2 - 1.9

Mencionamos nuevamente la Resonancia Magnética Funcional (fMRI), que ha demostrado ser útil en presencia de anomalías en la activación del Lóbulo frontal, durante tareas de inhibición de respuesta y procesamiento de estímulos emocionales. Los lóbulos temporales también se han estudiado con éxito durante la exposición y elaboración de palabras e imágenes con una elevada carga emocional.

La fMRI merece una atención particular, ya que a menudo se utiliza como neuroimagen por resonancia magnética funcional neuronal, una técnica de neuroimagen de reciente desarrollo dedicada a identificar áreas metabólicas cerebrales para ser examinadas durante un estudio basal o de estimulación. Este método identifica y cuantifica la respuesta hemodinámica (cambio en el contenido de oxígeno del parénquima y los capilares) en relación con la actividad de las neuronas. Aproximadamente 1-5 segundos después de la activación neuronal, hay un aumento en el flujo sanguíneo. Al final del estímulo, el pico de oxígeno disminuye a niveles incluso inferiores a la actividad pre-estímulo. La hemoglobina tiene un comportamiento diamagnético cuando está oxigenada, pero se vuelve paramagnética cuando el transporte de oxígeno se reduce, lo que resulta en una variación en la señal fMRI. El medio de contraste utilizado para este estudio se define como Blood Oxygenation Level Dependent (BOLD). El aumento de la señal BOLD deriva de una disminución en la concentración de hemoglobina oxigenada. Todavía no se da una interpretación clara a la relación directa entre el suministro de sangre y los mensajes de entrada/salida neuronal relacionados con la actividad cerebral. Desde un punto de vista eléctrico, los potenciales de campo local proporcionan una indicación de la actividad eléctrica integrada en relación con el flujo sanguíneo. Los potenciales de acción están más directamente relacionados con las comunicaciones neuronales. La naturaleza compleja de los mecanismos metabólicos cerebrales aún no ha permitido identificar con certeza la relación entre la actividad eléctrica y metabólica, un desafío científico que no es despreciable en relación con los intereses neurocriminológicos.

Desde un punto de vista experimental, se puede ver si un cerebro criminal informa la verdad sobre un incidente, o sobre detalles que han caracterizado un evento criminal. El uso de la resonancia magnética funcional para estos fines resulta ser ampliamente rechazado por la comunidad científica, donde esta aplicación forense se considera irrespetuosa con la regla de Daubert. Además, los criterios de fiabilidad de los resultados científicos resultan ser diferentes de los criterios legales, y estas diferencias requieren una adaptación que no es fácil de aplicar. La opinión común es que, para validar la investigación sobre el Detector de Mentiras, es necesario alcanzar objetivos objetivamente verificables en términos de medidas biológicas (membranas, receptores) de cambios macroscópicamente detectables en la resonancia magnética.

Una técnica utilizada actualmente para determinar alteraciones anatómicas del cerebro es la "Morfometría Basada en Vóxeles" (VBM). Esta técnica permite una comparación (vóxel por vóxel) de las microestructuras cerebrales, con la posibilidad de detectar y cuantificar la relación entre la materia gris y la blanca en una comparación de dos grupos, partiendo de la elaboración de imágenes en resonancia magnética nuclear. Esta técnica se ha utilizado con éxito en la exploración de condiciones psicopatológicas definidas como funcionales por la psiquiatría clásica. La evaluación utiliza un enfoque estadístico conocido como "mapeo paramétrico estadístico".

En los métodos convencionales, el volumen cerebral, o el volumen de áreas específicas, se mide resaltando regiones de interés del escaneo cerebral desarrollado, y luego calculando los volúmenes residuales. En las determinaciones morfométricas convencionales es frecuentemente imposible mapear áreas cerebrales que están profundamente ramificadas, o aquellas con distribución atípica. Las masas volumétricas con características de ramificación se relacionan a través de VBM con un atlas anatómico computarizado del cerebro. Mediante un proceso de "suavizado", cada vóxel permite la representación de 1 vóxel y los 26 vóxeles circundantes (dimensión geométrica de un cubo de 3x3x3 vóxeles); en este punto será imperativo comparar la imagen obtenida con otras regiones anatómicas referenciadas. Esta es también una oportunidad para aplicar este método a la identificación de diferencias en la morfología cerebral entre diferentes sujetos, así como a la observación de comparaciones y diferencias entre los dos hemisferios de la masa cerebral de un sujeto, y finalmente a estudiar asimetrías en el cerebro humano.

Se han confirmado algunas evidencias de particular interés científico al demostrar la significativa sensibilidad de este método para resaltar cambios microestructurales en la relación gris-blanca en asociación con trastornos de la personalidad, confirmando así una relación científica significativa entre los trastornos psiquiátricos y la morfología cerebral.

El uso de potenciales evocados (ERPs), como técnica para explorar la función cerebral sin considerar sus elementos anatómicos estructurales, se ha convertido en una técnica validada para investigar la actividad eléctrica cerebral correlacionada con estímulos externos o con la ejecución de tareas administradas. En vista de las nuevas oportunidades de investigación descritas anteriormente, se debe considerar obsoleta la subdivisión de los trastornos mentales que llevó a considerar las meras psicosis (con la excepción de la psicopatía), neurosis o trastornos de la personalidad, como enfermedades objetiva y clínicamente constatables, debido a la falta de posibilidades diagnósticas objetivas. Los trastornos atípicos (definidos como funcionales) han sido parcialmente descritos en relación con sus contrapartes neuronales, y por lo tanto con su base genética. Hoy en día existe la oportunidad de correlacionar casi cualquier trastorno mental con una alteración cerebral específica de origen estructural o funcional. La literatura científica proporciona un consenso repetido con respecto a las nuevas neurociencias.

Regiones Cerebrales Clave en el Comportamiento Violento

Las nuevas técnicas de investigación cerebral están aportando mejoras graduales en cuanto a que los informes se vuelven objetivos y científicos, con juicios convincentes basados en la ciencia. Las técnicas de neuroimagen estudian la actividad cerebral durante la estimulación emocional o durante diferentes respuestas conductuales en condiciones fisiológicas. Se presta especial atención al estudio de la actividad en la amígdala como centinela o computadora emocional dentro de la compleja actividad cerebral. Igualmente interesantes son las oportunidades para una respuesta legal a la exploración de la actividad en los lóbulos frontales y prefrontales (áreas orbitales y mediales de la corteza anterior ventral): existe de hecho una oportunidad para evaluar los correlatos neuronales de la conciencia que están implicados en la planificación de un acto, o en el control de la impulsividad. Las hipótesis sobre la relación entre la función prefrontal reducida y la predisposición a la violencia pueden tener diferentes interpretaciones científicas hoy gracias a la neurociencia.

La primera hipótesis se refiere a una función prefrontal reducida a nivel emocional que conduce a la reducción del control sobre secciones más primitivas del cerebro, como el Sistema límbico, que es capaz de generar emociones primarias como la ira y la rabia. La corteza prefrontal evolucionada es capaz de limitar las emociones límbicas. La reducción o cancelación de estos mecanismos de control genera una respuesta incontrolada.

En la segunda hipótesis, sabemos desde un punto de vista neurológico que el daño prefrontal conduce a una mayor susceptibilidad a aceptar un riesgo, generando irresponsabilidad e incumplimiento de las reglas. La tercera hipótesis afirma que el daño frontal puede conducir a un cambio de personalidad, una situación ampliamente conocida en el campo clínico, con la relación probada entre la invasión del área frontal por neoformaciones o traumas, y una correspondiente modificación conductual.

Otra hipótesis apoya la creencia de que el daño prefrontal puede causar inmadurez y, en consecuencia, una mala posición social. La consecuencia de tal condición será un comportamiento socialmente inaceptable, con una capacidad comprometida para elaborar soluciones no agresivas en situaciones socialmente difíciles. En nuestra hipótesis cognitiva, las limitaciones en la función de la corteza prefrontal pueden causar la llamada falta de resolución de problemas. Esta situación intelectualmente limitante se convierte en el terreno para el fracaso escolar, social, profesional y económico, todos factores evidentemente que predisponen al comportamiento criminal.

¿Qué es neurociencia forense?
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En el caso de que la evidencia neurocientífica identifique un funcionamiento normal de la corteza prefrontal en el sujeto criminal, debemos dedicarnos al estudio del sistema límbico, conocido como el escenario de las emociones relacionadas con la parte más primitiva de nuestro funcionamiento neural. La amígdala tiene la función de activar las emociones y tiene la capacidad de estimular tanto los ataques depredadores como los afectivos. El hipocampo tiene un papel en la modulación y el ajuste de la agresividad, y con una activación adecuada es capaz de desencadenar un ataque depredador. El tálamo tiene la función de conectar y clasificar entre las áreas límbicas emocionales y las áreas cerebrales corticales reguladoras. El mesencéfalo, una vez activado, tiene la capacidad de manejar una agresión afectiva con un componente emocional. Este mecanismo cerebral, ahora explorado con técnicas neurocientíficas, ha permitido comparar la activación subcortical en asesinos criminales con sujetos en 3 categorías: reactivos, proactivos y grupo de control. Estos hallazgos han confirmado un mayor nivel de activación en las regiones límbicas subcorticales de los dos primeros grupos, en comparación con el grupo de control.

Esta activación fue más evidente en el hemisferio cerebral derecho, que está más evidentemente conectado con las emociones. De la evidencia presentada hasta ahora, se puede suponer que los asesinos a sangre fría tienen funciones prefrontales preservadas, lo que les permite regular sus acciones, con la consecuencia de poder realizar actos criminales de manera relativamente cautelosa y con premeditación. Cada vez hay más interés en la posibilidad concreta de estudiar las áreas posteriores a la región frontal. El giro angular, definido como área 3 en el mapa creado por el anatomista Korbinian Brodmann, es la región cerebral en la parte inferior del lóbulo parietal por encima de la corteza temporal, y frontal a la corteza visual. Una posición significativa por la capacidad de unir tres de los cuatro lóbulos principales. Las técnicas de neuroimagen con medición del metabolismo de la glucosa revelaron que, en estas áreas, la actividad metabólica se reduce en los criminales en comparación con un grupo de control.

El funcionamiento deteriorado del giro angular actúa como un umbral en habilidades básicas como leer, escribir y contar. Estos límites desencadenan una ralentización en las etapas de aprendizaje. Este aspecto, que se correlaciona con una historia educativa y profesional comprometida, es típicamente parte de una personalidad criminal violenta. La neuroimagen del hipocampo y las circunvoluciones periféricas ha permitido demostrar anomalías en áreas previamente conectadas con el comportamiento criminal. Esta evidencia se ha relacionado particularmente con el comportamiento antisocial. En Suecia, Henrik Soderstrom confirmó una función hipocampal reducida en criminales violentos con psicopatía. En Estados Unidos, Kent Kiehl sugirió una relación entre el hipocampo y la psicopatía.

Bases Bioquímicas: El Metabolismo de Aminas

Varios estudios de biología molecular y genética conductual son de gran interés con respecto a la identificación de la influencia genética en el comportamiento y la personalidad. De particular interés es la atención prestada al estudio de la susceptibilidad del gen MAO-A. Las MAO se clasifican como oxidorreductasas y catalizan la siguiente reacción:

H H
| |
R-C-NH₂ + O₂ + H₂O -> R-C=O + NH₃ + H₂O₂
|
H

Los genes que codifican para las MAO han sido identificados en el brazo corto del cromosoma X, y han sido codificados como dos categorías distintas: MAO-A y MAO-B. Las neuronas y los astrocitos parecen ser las principales ubicaciones de tales monoaminas en el sistema nervioso central. Hasta la fecha, estamos seguros de que existe una relación entre tales monoaminas y la neutralización de las neuronas monoaminérgicas. Más específicamente, la serotonina parece ser oxidada por la MAO-A, mientras que la MAO-B es capaz de interferir en la oxidación de la feniletilamina. Las oxidaciones interfieren con la actividad de la adrenalina, la noradrenalina y la dopamina. La relación con los trastornos psiquiátricos es, por lo tanto, evidente, y se estudia extensamente en trastornos antisociales, trastorno por déficit de atención, fobias sociales y abuso de sustancias.

Implicaciones de la Neurociencia en la Justicia

Lo que se describe aquí también es particularmente interesante desde un punto de vista legal, no solo en relación con el aspecto puramente diagnóstico de las enfermedades, sino especialmente con respecto a un juicio de Imputabilidad, donde un diagnóstico exclusivamente descriptivo pierde su efectividad. Para este aspecto legal, es justo referirse a las Secciones Unidas, que han subordinado la criminalización de los trastornos de la personalidad a datos cuantitativos que indican la cantidad, intensidad y gravedad del trastorno. El perito que pretende hacer una contribución valiosa debe ser capaz de "medir" la intensidad y gravedad del trastorno. Un valor más alto "de la medida" obtenida determinará un mayor valor de la evidencia del perito. El concepto de enfermedad mental debe entonces cambiar e incluir en su definición la presencia de anomalías estructurales del cerebro, y/o sus receptores, o la presencia de otros cambios patológicos. Necesitaremos tomar nota de la incapacidad del sujeto para manejar la empatía, las emociones y la impulsividad, incluso teniendo intactas las capacidades cognitivas.

Las neurociencias podrían entonces extender sus implicaciones en casos criminales más allá del concepto de imputabilidad. Algunas de las aplicaciones abordarán la evaluación de testimonios y declaraciones de inocencia: gracias a las técnicas de fMRI, SPECT, VBM, ahora es posible descubrir una mentira en el 90% de los casos examinados. En Estados Unidos, es habitual asignar una audiencia específica para establecer la adecuación de la adquisición de confesión; en el Reino Unido, el Ministerio del Interior ha establecido directrices apropiadas para el interrogatorio de un menor. En tales contextos, las neurociencias encuentran implicaciones en la posibilidad de evaluar la capacidad para ser juzgado y la formación de pruebas en general, así como la validación científica de las implicaciones relativas a la validez del consentimiento. Las neurociencias basadas en un método experimental, con la posibilidad de una verificación externa de la fiabilidad, adquieren mayor valor en comparación con otros enfoques psicológicos clásicos. Es esencial que los especialistas en el mismo campo de la neurociencia siempre requieran una evaluación de la naturaleza científica de la disciplina que genera la prueba, la admisibilidad de la evidencia y, cuando se produce, sus resultados.

Preguntas Frecuentes sobre Neurocriminología

¿Qué busca principalmente la neurocriminología?

Busca aplicar las técnicas y el conocimiento de la neurociencia para comprender, predecir, tratar y prevenir la violencia y la criminalidad, explorando las bases biológicas del comportamiento antisocial.

¿Qué técnicas de neuroimagen se utilizan en neurocriminología?

Se emplean diversas técnicas como fMRI, SPECT, PET, VBM y ERPs para estudiar la estructura, función y metabolismo cerebral en relación con la conducta criminal.

¿Puede la neurociencia determinar si alguien es criminal?

La neurociencia puede identificar correlaciones entre ciertas características cerebrales y el comportamiento antisocial o violento, pero no determina de manera concluyente si una persona cometerá un crimen. Es un factor más entre muchos (ambientales, genéticos, sociales).

¿Cómo influye la neurociencia en los juicios legales?

La neurociencia puede aportar evidencia sobre la posible base biológica de un comportamiento, lo que puede ser relevante para evaluar la imputabilidad de un individuo o la validez de testimonios, aunque su aplicación en el ámbito legal aún genera debate y requiere criterios estrictos de validación científica.

¿La neurocriminología solo estudia los cerebros de los criminales?

No, también estudia procesos positivos como la empatía o el altruismo (neurocriminología positiva) para entender los mecanismos que previenen la conducta criminal y desarrollar intervenciones.

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Jesús Porta Etessam

Soy licenciado en Medicina y Cirugía y Doctor en Neurociencias por la Universidad Complutense de Madrid. Me formé como especialista en Neurología realizando la residencia en el Hospital 12 de Octubre bajo la dirección de Alberto Portera y Alfonso Vallejo, donde también ejercí como adjunto durante seis años y fui tutor de residentes. Durante mi formación, realicé una rotación electiva en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center.Posteriormente, fui Jefe de Sección en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid y actualmente soy jefe de servicio de Neurología en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz. Tengo el honor de ser presidente de la Sociedad Española de Neurología, además de haber ocupado la vicepresidencia del Consejo Español del Cerebro y de ser Fellow de la European Academy of Neurology.A lo largo de mi trayectoria, he formado parte de la junta directiva de la Sociedad Española de Neurología como vocal de comunicación, relaciones internacionales, director de cultura y vicepresidente de relaciones institucionales. También dirigí la Fundación del Cerebro.Impulsé la creación del grupo de neurooftalmología de la SEN y he formado parte de las juntas de los grupos de cefalea y neurooftalmología. Además, he sido profesor de Neurología en la Universidad Complutense de Madrid durante más de 16 años.

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