La naturaleza del conocimiento es un tema que ha ocupado a pensadores durante siglos. Tradicionalmente, se ha asociado la idea de conocimiento válido y fiable casi exclusivamente con el saber científico, aquel que busca leyes generales y universales, despojándose de la subjetividad y lo particular. Sin embargo, las corrientes epistemológicas más recientes han puesto en tela de juicio esta visión monolítica, abriendo la puerta a la consideración de otras formas de saber. Miguel Martínez-Miguélez, en su análisis, aborda esta complejidad, contrastando el conocimiento científico clásico con el conocimiento ordinario y proponiendo una visión más integrada y rica de lo que significa conocer.

Desde una perspectiva clásica, heredada en gran medida de la filosofía escolástica, el conocimiento científico se define por su carácter general. La máxima latina “scientia non est individuorum” (la ciencia no trata de individuos o casos particulares) resume esta idea. Las ciencias serían, en esta línea, disciplinas nomotéticas, enfocadas en el establecimiento de leyes de amplia aplicación. Lo individual, lo único e irrepetible, quedaría relegado al ámbito de la historia, el arte o la biografía, con sus métodos idiográficos.
No obstante, como señala Martínez, esta distinción rígida presenta limitaciones. El estudio profundo de un individuo o una entidad única, aunque no conduzca a una ley universal en el sentido clásico, puede revelar una estructura particular con rasgos peculiares que permiten describir, predecir e incluso influir en su conducta a lo largo del tiempo. Esto representa una suerte de universalidad “temporal” que, para ese caso específico, puede ser más útil que una universalidad “espacial” o “extensional” referida a un elemento común a muchos sujetos. Incluso fenómenos únicos e irrepetibles como la explosión de una estrella o una revolución política requieren un estudio científico en sí mismos, utilizando las herramientas teóricas disponibles.
Otro criterio tradicional de la cientificidad es la comunicabilidad y la intersubjetividad, es decir, el consenso dentro de la comunidad científica. Un conocimiento que no puede ser comunicado o compartido se consideraba no científico. Sin embargo, existe un tipo de conocimiento profundamente personal y vivencial, el comprender (Verstehen), muy presente en las disciplinas humanas como la psicología clínica o el arte. Este conocimiento permite captar una realidad singular con gran profundidad, comprendiendo sus nexos internos y teniendo una vivencia casi mística de identificación con el objeto de estudio. Negar el carácter de conocimiento a esta aprehensión, por el simple hecho de no ser fácilmente comunicable o consensuable en los términos clásicos, resulta absurdo, ya que implica hablar de un “conocimiento no-conocedor”.
La historia de la ciencia misma desmiente la necesidad de un consenso inmediato para validar el conocimiento. Figuras como Galileo o los revolucionarios científicos (Copérnico, Newton, Darwin) a menudo se encontraron solos con sus ideas, enfrentando la censura de la comunidad establecida. Max Planck lamentaba que las nuevas verdades científicas no triunfan convenciendo a sus oponentes, sino esperando que estos mueran y una nueva generación las acepte. La conformidad con el “sentido común” o el paradigma dominante no garantiza la verdad; a menudo, romper con él es el camino hacia el progreso.
La integración de la razón y la experiencia es fundamental. Martínez cita a Hipócrates, el “padre de la medicina”, quien ya señalaba la importancia de basar la práctica médica no en teorías plausibles, sino en la experiencia combinada con la razón. Una teoría debe fundamentarse en hechos claros y deducir conclusiones de acuerdo con los fenómenos. Si parte de una ficción plausible, conduce a errores. Esta postura es compartida por la Escuela Indoeuropea de Metaciencia en ciencias humanas, que, por ejemplo, cuestiona la validez universal de resultados experimentales sin un análisis fenomenológico que confirme la identidad estructural de las situaciones comparadas.
La justificación lógica de la generalización, especialmente a partir de pocos casos, ha sido un desafío. Hume ya señalaba la imposibilidad de justificar lógicamente la inducción basándose en la experiencia pasada para predecir el futuro sin caer en un regreso al infinito. Kant, por su parte, consideraba que la universalidad empírica es una extensión arbitraria. Esto sugiere que la capacidad de identificar lo esencial o universal no depende tanto de la acumulación masiva de casos, sino de la agudeza intelectual del investigador. Brentano y Galileo consideraban que una buena descripción o un experimento intensivo podían revelar la esencia o la ley.
El método de Jean Piaget, basado en el estudio profundo de pocos casos (sus propias hijas), fue inicialmente criticado por no seguir los cánones clásicos del tamaño de la muestra. Sin embargo, sus hallazgos sobre las estructuras cognitivas han demostrado una validez universal significativa, siendo reconocidos como aportes cruciales. Esto ilustra que la generalización es posible porque lo general se manifiesta en lo particular. No se trata de hacer estudios *de* casos, sino estudios *en* casos, buscando la estructura o la esencia que trasciende la individualidad aparente. Un retrato de Lady Macbeth o la descripción de Macondo por García Márquez capturan lo universal a través de lo particular, razón por la cual se convierten en clásicos.
Es crucial entender que una estructura, ya sea individual o universal, no puede ser comprendida estudiando elementos aislados en muchas personas. Al igual que no podemos reconocer un rostro estudiando ojos, narices y bocas por separado, la comprensión requiere captar la “red de relaciones” que constituye el todo. Esta estructura o gestalt es lo que permanece y nos identifica, incluso cuando los elementos superficiales varían. La capacidad de transferir o aplicar hallazgos de un contexto a otro depende de la similitud estructural entre ellos. La tarea del investigador es identificar este patrón estructural, dejando a quien aplica los resultados la labor de evaluar la similitud contextual.
Nuevas Sensibilidades y el Valor de lo Local
Los recientes movimientos epistemológicos, como la condición postmoderna, el postestructuralismo o la teoría crítica, reflejan un cambio en el “espíritu de nuestro tiempo”. Han generado una nueva sensibilidad que cuestiona la primacía de la “diosa razón” de la modernidad, señalando sus límites. Estos movimientos, aunque diversos, comparten una ruptura con las jerarquías tradicionales del conocimiento, una desvalorización de los modelos universales y una revalorización de lo local, lo fragmentario, la subjetividad y la experiencia estética. Lyotard, por ejemplo, aboga por disociar las diferentes formas de razón, defendiendo un racionalismo crítico que reconoce la pluralidad.
Quizás las contribuciones más significativas de estas corrientes sean su crítica a las promesas incumplidas de la modernidad y el concepto de “verdad pluralista”. La realidad es vista como inagotablemente rica, desbordando cualquier teoría o explicación única. La pretensión objetivadora y dominadora de la razón técnica es desenmascarada como una idolatría. La realidad tiene una potencialidad significativa que la mente humana capta de múltiples maneras.
Este enfoque postpositivista pone énfasis en el Conocimiento Ordinario, también llamado conocimiento local. Autores como Michel Maffesoli hablan de la “lugarización”, un sentimiento de pertenencia ligado al territorio, a valores enraizados como la lengua, costumbres, o la cocina. Estos lazos no son abstractos o racionales, sino emocionales y orgánicos, constituyendo un “materialismo espiritual” vivido localmente. Se habla del “fin de las ideologías” y los “grandes relatos”, dando paso a los “pequeños relatos” ligados a las “tribus”, a territorios específicos, a lenguajes juveniles o dialectos locales. Son nuevas formas de sociabilidad basadas en el compartir emociones, donde lo no-lógico, la pasión y lo imaginario juegan un papel importante. La “razón sensible” de Maffesoli es una forma de aproximarse a lo real en su complejidad fluida, integrando lo afectivo, las interacciones y lo subjetivo. La verdad absoluta se fragmenta en verdades parciales que coexisten.
Serge Moscovici, con su teoría de las “representaciones sociales”, otorga rango epistemológico al conocimiento de sentido común. Las representaciones sociales son sistemas cognitivos naturales y prácticos, construidos a partir de experiencias, saberes, modelos de pensamiento e información transmitida socialmente. Son modalidades de pensamiento práctico orientadas a la comunicación, comprensión y dominio del ambiente, con una lógica y lenguaje particulares. Moscovici señala que si bien la ciencia se basó en el sentido común y lo hizo menos común, ahora el sentido común es la ciencia hecha común. Piaget también se refiere a este saber como “pensamiento sociocéntrico”, elaborado para servir a las necesidades e intereses del grupo, coincidiendo con el “conocimiento emancipatorio” de Habermas, opuesto al conocimiento instrumental y explotador.
Esta valoración del conocimiento ordinario y local tiene raíces en el siglo XIX, con autores como Dilthey, Spranger y Weber, quienes distinguieron entre explicar (erklären) y comprender (verstehen). Explicar busca las causas y relaciones externas, insertando los fenómenos en leyes universales (propio de las ciencias naturales). Comprender, en cambio, busca captar las relaciones internas y profundas, penetrando en la intimidad de los fenómenos, respetando su originalidad y totalidad (propio de las ciencias humanas). La comprensión reune las partes en un todo significativo que se impone con evidencia.
La Matriz Epistémica: El Fundamento del Conocer
Para Martínez Miguel, un conocimiento no puede ser inteligible si no se ubica y se refiere a un estatuto epistemológico. Conocer implica aprehender un dato dentro de una cierta función, relación y estructura que le asigna significado. Este trasfondo que origina y rige el modo general de conocer es lo que él denomina Matriz Epistémica. Es el trasfondo existencial y vivencial, el mundo de vida, generalmente pre-lógico e inconsciente, que constituye el “modo de ser” de un grupo humano y determina su forma de asignar significados a la realidad, es decir, su capacidad y forma de simbolizar.
La Matriz Epistémica da origen a una cosmovisión (Weltanschauung), una mentalidad, una ideología, un espíritu del tiempo (Zeitgeist), un paradigma científico, un conjunto de teorías y, en última instancia, también a los métodos y técnicas adecuados para investigar. La verdad de un discurso no reside primariamente en el método utilizado, sino en la *episteme* que lo define y le da sentido. Abordar esta tarea implica una visión transdisciplinaria o metadisciplinaria, donde las distintas áreas del saber se relacionan gestálticamente, trascendiendo la suma de sus partes.
No afrontar los problemas de la epistemología crítica, según Martínez, implica formar individuos que repiten ideas y aplican métodos sin comprender su fundamento, volviéndose vulnerables a los cambios en los fundamentos epistémicos. Lo que se impone como dogma, incluso bajo el ropaje de la ciencia, está destinado a colapsar.
Ciencia y Arte: Una Convergencia Necesaria
La distinción rígida entre ciencia y otras formas de conocimiento se diluye aún más cuando se considera la dimensión estética e intuitiva. Wittgenstein, en sus Investigaciones Filosóficas, cuestionó la relación directa entre palabras y objetos, argumentando que el significado reside en el contexto y las reglas de uso del lenguaje, como en un juego. Esto abre la puerta a reconocer la construcción social y contextual del significado.
Para científicos como Einstein, la búsqueda no se limitaba a leyes y la igualdad, sino a aspectos más generales y estéticos del mundo: simetría, armonía, belleza, elegancia. La belleza, como para los griegos, podía ser una manifestación de la verdad. El lema “lo verdadero, lo bueno y lo bello convergen” resuena aquí. La genialidad de Einstein no se atribuía tanto a su inteligencia analítica como a una imaginación desbordada. Él veía la ciencia como la creación de teorías, de modelos imaginados, estructuras teóricas, analogías y alegorías para representar la realidad. Esto vincula fuertemente la ciencia con el arte.
La descripción de Einstein por su asistente como un “artista de la ciencia” que busca la simplicidad y la belleza, con un método estético e intuitivo, subraya esta conexión. El científico, el filósofo y el artista, cada uno a su manera, buscan captar la esencia de la realidad. Bertrand Russell consideraba que la ciencia, como búsqueda de la verdad, es igual, aunque no superior, al arte. Goethe veía el arte como la manifestación de las leyes secretas de la naturaleza.
El desafío actual en las ciencias humanas y sociales es epistemológico: redefinir el concepto de conocimiento y ciencia para dar respetabilidad a la comprensión de la compleja realidad humana. Esto ha llevado a un desplazamiento en el continuo Ciencia <=> Arte, buscando un nuevo espacio que Martínez llama “Ciencia y Arte”. Las metodologías cualitativas, surgidas y desarrolladas en la segunda mitad del siglo XX, buscan ocupar este espacio, siendo sensibles a la complejidad humana y aplicando procesos rigurosos, sistemáticos y críticos, aunque diferentes a los del positivismo clásico.
La neurociencia actual apoya esta integración al postular que los sistemas cognitivo y afectivo forman una única estructura cognitivo-emotiva. Es natural, por tanto, que lo lógico y lo estético se unan para ofrecer una vivencia total de la realidad.
Conclusión: Un Único Proceso Cognitivo
Martínez Miguel concluye que no estamos ante dos tipos fundamentalmente diferentes de conocimiento (científico general y ordinario particular), sino ante un solo proceso natural de nuestra mente. Este proceso comienza conociendo una realidad en toda su concreción particular (el conocimiento local, ordinario, con todas sus variables) y luego avanza para determinar lo esencial, aquello que la constituye como tal y que puede tener en común o diferenciarla de otras realidades similares (el conocimiento general y universal).
Cita a Bertrand Russell para ilustrar esta conciliación, quien distingue entre el mundo de la existencia (lo particular, fugaz, empírico) y el mundo de la esencia (lo universal, intemporal, rígido, ideal). Russell afirma que ambos mundos tienen el mismo derecho a nuestra atención imparcial, ambos son reales. La preferencia por uno u otro depende del temperamento, pero una comprensión completa requiere reconocer la realidad de ambos.
En respuesta a la inquietud de los estudiantes sobre cómo abordar la investigación, Martínez señala que un trabajo es respetable si es riguroso, sistemático y crítico, independientemente de si su objeto es una realidad particular concreta (conocimiento local ordinario) o la identificación de lo general o esencial en muchas realidades similares. La clave está en la atención a los detalles, el orden lógico y la autocrítica.
La medicina actual ofrece una analogía poderosa: “no existen enfermedades, sólo enfermos”. Esto resalta la primacía del caso particular, del individuo concreto, como punto de partida ineludible del conocimiento, incluso cuando se buscan patrones o leyes generales.
En síntesis, la visión de Martínez Miguel sobre el conocimiento es una que trasciende las dicotomías tradicionales. Reconoce el valor de la experiencia inmediata y el saber ordinario como punto de partida, integra la agudeza intelectual y la intuición en la búsqueda de lo esencial, valora la dimensión contextual y social a través de la Matriz Epistémica y ve una convergencia entre la Ciencia y el Arte en la comprensión de la realidad. No se trata de desechar el conocimiento científico, sino de ampliar nuestra concepción de lo que es conocer, abrazando la complejidad, la subjetividad y la riqueza inagotable de la existencia.
| Característica | Conocimiento Científico (Clásico) | Conocimiento Ordinario (Local/Vivencial) |
|---|---|---|
| Objeto Principal | Leyes generales, lo universal | Casos particulares, lo individual, lo concreto |
| Enfoque Metodológico Clásico | Nomotético (busca leyes) | Idiográfico (describe individuos/casos) |
| Comunicabilidad/Consenso | Énfasis en la intersubjetividad, consenso comunitario | Puede ser estrictamente personal, vivencial (Verstehen) |
| Fuente Principal (Clásico) | Observación de muchos casos, inducción (entendida como inferencia estadística) | Experiencia inmediata, intuición, sentido común, interacción social |
| Relación con la Realidad | Busca explicar (erklären), insertar en leyes externas | Busca comprender (verstehen), penetrar en la intimidad, captar relaciones internas |
| Naturaleza de la Verdad (Postpositivismo) | Pretensión de verdad universal y objetiva | Énfasis en la "verdad local", pluralista, contextual |
| Dimensión Racional | Predominio del "pensamiento calculante", razón abstracta | Integración del "pensamiento reflexivo", "razón sensible", lo no-lógico, imaginario |
| Relación Ciencia/Arte | Tradicionalmente separado | Convergencia, integración de lo estético e intuitivo |
Preguntas Frecuentes sobre el Conocimiento según Martínez Miguel
¿Martínez Miguel rechaza el conocimiento científico tradicional?
No, no lo rechaza. Más bien, lo sitúa dentro de un espectro más amplio de formas de conocer. Critica la pretensión de que sea la *única* forma válida y aboga por reconocer la importancia y legitimidad del conocimiento ordinario y vivencial.
¿Qué significa que la ciencia y el arte convergen?
Significa que la creación de conocimiento, incluso en la ciencia, implica elementos que tradicionalmente se asocian con el arte, como la intuición, la imaginación, la búsqueda de belleza y armonía. Ambos, ciencia y arte, son vías para aprehender y representar aspectos de la realidad.
¿Es el conocimiento ordinario tan válido como el científico?
Según Martínez, ambos son reales y esenciales, aunque difieran en su naturaleza (existencia vs. esencia, particular vs. universal). El conocimiento ordinario es el punto de partida de nuestra aprehensión de la realidad concreta y tiene su propia lógica y utilidad en la vida cotidiana y en la comprensión profunda de lo particular.
¿Qué papel juega la Matriz Epistémica?
Es fundamental. Es el trasfondo cultural, vivencial y preconceptual que moldea cómo un grupo humano asigna significado a la realidad y, por lo tanto, cómo genera y valida su conocimiento. La verdad de un discurso se entiende dentro de esta matriz.
¿Cómo afecta esta visión a la investigación?
Implica que la investigación, especialmente en ciencias humanas, debe ser sensible a la complejidad y particularidad de su objeto de estudio. Un estudio riguroso de un caso particular puede ser tan valioso como la búsqueda de leyes generales, siempre que se realice de forma sistemática y crítica, reconociendo la estructura o esencia presente en el caso.
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