¿Cómo funciona el gusto en fisiología?

El Sentido del Gusto: Más Allá de Sabores

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El sentido del gusto, a menudo subestimado frente a la vista o el oído, es un componente fundamental de nuestra experiencia sensorial y un guardián silencioso de nuestra salud. No solo nos permite disfrutar de la riqueza y diversidad de los alimentos, creando momentos de placer personal y conexión social, sino que también desempeña un papel vital en la selección de lo que comemos, ayudándonos a identificar y rechazar sustancias potencialmente dañinas.

Aunque pueda parecer un sentido directo y sencillo, el gusto es una función fisiológica compleja, íntimamente ligada a otros sentidos y procesos corporales. Su buen funcionamiento es esencial para una nutrición adecuada y para prevenir riesgos para la salud. Sin embargo, los trastornos del gusto son más comunes de lo que pensamos, afectando la calidad de vida de miles de personas cada año, muchas de las cuales ni siquiera buscan ayuda médica, a menudo confundiendo el problema con una alteración del olfato.

¿Cómo funciona el gusto en fisiología?
El sentido del gusto proviene de pequeñas moléculas liberadas al masticar, beber o digerir alimentos sólidos o líquidos. Estas moléculas activan las células gustativas en la boca y la garganta.
Índice de Contenido

La Conexión Íntima entre Gusto y Olfato

Es crucial entender que lo que percibimos como el 'sabor' de un alimento es, en realidad, una combinación de varios factores sensoriales, donde el olor juega un papel protagonista. Los sentidos del gusto y del olfato están intrínsecamente conectados. Al masticar la comida, se liberan compuestos aromáticos volátiles. Estos aromas viajan desde la boca hacia la cavidad nasal a través de un conducto llamado paso retronasal.

Si este paso está bloqueado, como ocurre durante un resfriado, una gripe o una alergia que causa congestión nasal, los aromas no pueden llegar a las células olfativas especializadas ubicadas en la parte superior de la cavidad nasal. Sin la contribución del olfato, la percepción del sabor se reduce drásticamente, haciendo que muchos alimentos parezcan insípidos o que solo se perciban las cualidades básicas del gusto en la lengua.

¿Cómo Percibimos el Gusto? La Fisiología Detrás de los Sabores

La percepción del gusto comienza con la interacción de moléculas liberadas por los alimentos (al masticar, beber o digerir) con células sensoriales específicas en nuestra boca y garganta. Estas células gustativas se encuentran agrupadas en estructuras llamadas papilas gustativas. Contrario a un mito popular y persistente, estas células y papilas no están segregadas en 'mapas' específicos para cada sabor en diferentes áreas de la lengua; están dispersas por toda la superficie de la lengua, así como en el paladar y en la membrana de la garganta.

El sabor completo de un alimento es una experiencia multisensorial que incluye no solo las cinco cualidades gustativas básicas, sino también sensaciones de temperatura (calor, frescura), textura y, como ya mencionamos, el importantísimo aporte del olfato. Las cinco cualidades gustativas básicas, reconocidas universalmente, son:

  • Dulce
  • Ácido
  • Salado
  • Amargo
  • Umami

Cada una de estas cualidades es detectada por células gustativas que responden a diferentes tipos de moléculas. Por ejemplo, el sabor dulce suele indicar la presencia de azúcares, una fuente rápida de energía. El salado señala la presencia de sales, importantes para el equilibrio electrolítico. El ácido detecta ácidos, que en concentraciones bajas pueden ser agradables, pero en altas pueden indicar inmadurez o deterioro. El amargo a menudo (aunque no siempre) alerta sobre la presencia de compuestos potencialmente tóxicos. Y el umami, un sabor más recientemente reconocido, se asocia con la presencia de glutamato, común en alimentos ricos en proteínas como carnes, quesos curados, caldos y ciertos vegetales.

Las Cinco Cualidades Gustativas y su Significado Biológico

Cada uno de los cinco gustos básicos no es simplemente una sensación agradable o desagradable; es un mensaje biológico con implicaciones cruciales para nuestra supervivencia y nutrición. Estos sabores nos guían en la selección de alimentos, diciéndonos qué es probablemente seguro y nutritivo para comer.

Gusto BásicoSeñal Biológica PrincipalFunción para la Supervivencia
DulcePresencia de azúcares y carbohidratosFuente de energía rápida y reposición de reservas energéticas.
SaladoPresencia de sodio (sales)Regulación del equilibrio de agua y electrolitos (homeostasis).
ÁcidoPresencia de ácidosIndicador de inmadurez (frutas) o deterioro (leche). En pequeñas dosis puede ser agradable.
AmargoPresencia de alcaloides y otros compuestosAlerta sobre posibles toxinas o venenos.
UmamiPresencia de glutamato (aminoácido)Indicador de alimentos ricos en proteínas, fundamentales para el crecimiento y reparación celular.

Profundizando en cada uno:

Dulce: La Energía que Nos Impulsa

El sabor dulce es universalmente atractivo, especialmente en los niños, y no es casualidad. Es un marcador directo de azúcares simples, que son la principal fuente de energía rápida para el cuerpo. También nos guía hacia alimentos ricos en carbohidratos complejos, que se descomponen en azúcares para reponer nuestras reservas energéticas. Desde una perspectiva evolutiva, la afinidad por el dulce nos aseguraba obtener las calorías necesarias para la actividad y la supervivencia, facilitando respuestas como la de lucha o huida ante el peligro y previniendo la desnutrición.

Salado: El Equilibrio Vital

El sabor salado nos indica la presencia de sodio, un mineral indispensable para la vida. El sodio es crucial para mantener el equilibrio de líquidos y electrolitos en el cuerpo (homeostasis), la función nerviosa y muscular. La percepción del salado nos ayuda a regular la ingesta de sodio. Curiosamente, disfrutamos del salado en pequeñas cantidades, pero las concentraciones muy altas resultan desagradables. Esto podría ser un mecanismo protector, ya que un exceso de sodio puede ser perjudicial para la salud.

¿Cuáles son las 5 características del gusto?
Los cinco sabores básicos (dulce, ácido, salado, amargo y umami) son mensajes que nos dicen algo sobre lo que nos llevamos a la boca, para que podamos decidir si debemos comerlo.

Ácido: Un Indicador de Estado

El sabor ácido es detectado por la presencia de ácidos. Al igual que el salado, suele ser agradable en bajas concentraciones (como en cítricos maduros o yogur), pero intensamente desagradable en altas. El ácido nos ayuda a evaluar la calidad y el estado de los alimentos. Una fruta muy ácida generalmente no está madura y es menos nutritiva. La acidez creciente en la leche es una señal clara de que se está echando a perder y no debe consumirse. Así, el gusto ácido actúa como una señal de advertencia.

Amargo: El Alerta de Peligro

El amargor es quizás el sabor más complejo y a menudo el menos preferido, especialmente por los niños. Evolutivamente, un sabor amargo intenso es una fuerte señal de alerta, ya que muchos compuestos tóxicos y venenos son amargos. Nuestro rechazo innato a lo amargo nos protege de la ingestión de sustancias nocivas. Sin embargo, con la edad y la experiencia, aprendemos a aceptar e incluso disfrutar de ciertas cantidades de amargor presente en alimentos y bebidas beneficiosas, como el café (cafeína) o ciertas verduras y el chocolate negro (polifenoles), que contienen compuestos amargos con efectos positivos en la salud.

Umami: La Profundidad de la Proteína

El umami, a menudo descrito como sabroso, carnoso o el sabor de la 'delicia', fue formalmente identificado como el quinto gusto básico por el científico japonés Dr. Kikunae Ikeda en 1908, al estudiar el caldo de alga kombu. Se descubrió que el responsable principal de este sabor era el glutamato, un aminoácido. El umami es un marcador de la presencia de proteínas, constituyentes esenciales de nuestros tejidos y enzimas. Se encuentra abundantemente en alimentos ricos en proteínas como la carne, el pescado, los huevos, los productos lácteos y legumbres, así como en alimentos fermentados o curados (quesos, salsa de soja) y algunos vegetales (tomates, champiñones). Se cree que la afinidad por el umami jugó un papel importante en la evolución humana, guiándonos hacia fuentes de proteínas necesarias para el desarrollo y mantenimiento del cuerpo.

Trastornos Comunes del Sentido del Gusto

Los problemas con el sentido del gusto pueden variar en severidad y presentación. Algunos de los trastornos más comunes incluyen:

  • Hipogeusia: Una reducción parcial en la capacidad para detectar sabores.
  • Ageusia: La pérdida completa del sentido del gusto. Es relativamente rara.
  • Percepción fantasma del gusto: Experimentar un sabor persistente en la boca cuando no hay nada presente. A menudo, este sabor es desagradable.
  • Disgeusia: Una distorsión del sentido del gusto, donde las cosas saben de forma diferente a lo esperado, a menudo como un sabor fétido, rancio, salado o metálico persistente. La disgeusia a veces se asocia con el síndrome de boca ardiente, una afección que causa dolor y sensación de quemazón en la boca.

Estos trastornos pueden tener un impacto significativo en la calidad de vida, afectando el disfrute de la comida, la nutrición y la interacción social. Además, la pérdida de la capacidad para detectar lo amargo o lo ácido puede poner en riesgo a una persona al no poder identificar alimentos en mal estado o potencialmente tóxicos.

Causas de los Trastornos del Gusto

Aunque algunas personas nacen con problemas gustativos, la mayoría de los trastornos del gusto se desarrollan a lo largo de la vida como consecuencia de diversas condiciones o exposiciones. Las causas son variadas e incluyen:

  • Infecciones: Particularmente infecciones de las vías respiratorias superiores y del oído medio, como resfriados, gripe y la COVID-19, que pueden afectar indirectamente el gusto al alterar el olfato o directamente al afectar las células gustativas o los nervios.
  • Problemas de higiene bucodental y dentales: Mala higiene, caries, enfermedades de las encías, dolor bucal, e incluso problemas con prótesis dentales pueden afectar la función gustativa.
  • Sequedad de boca (Xerostomía): La saliva es necesaria para disolver las moléculas de sabor y transportarlas a las células gustativas. La falta de saliva puede deteriorar la percepción del gusto.
  • Procedimientos quirúrgicos: Cirugías en la boca, garganta, nariz u oído, e incluso la extracción de muelas del juicio, pueden dañar nervios gustativos.
  • Lesiones en la cabeza: Un traumatismo craneal puede dañar las vías nerviosas que transmiten las señales del gusto al cerebro.
  • Ciertos medicamentos: Una amplia gama de fármacos, incluyendo algunos antibióticos, antihistamínicos, medicamentos para la presión arterial y otros, pueden tener efectos secundarios que alteran el gusto.
  • Radioterapia en cabeza y cuello: El tratamiento con radiación en estas áreas puede dañar las células gustativas y las glándulas salivales.
  • Tabaquismo: Fumar daña las papilas gustativas y reduce la sensibilidad a los sabores.
  • Exposición a sustancias químicas: Ciertos insecticidas o pesticidas pueden afectar el sentido del gusto.

Diagnóstico y Tratamiento

Diagnosticar un trastorno del gusto requiere la evaluación de un especialista, generalmente un otorrinolaringólogo (médico de oídos, nariz y garganta). El médico realizará un examen físico detallado de las estructuras orales y nasales, y revisará la historia clínica del paciente, incluyendo infecciones recientes, medicamentos, historial dental y posibles exposiciones. A veces, se puede recomendar una evaluación dental para descartar problemas bucales como causa.

Un diagnóstico preciso es fundamental, ya que el tratamiento dependerá de la causa subyacente. En muchos casos, abordar la condición médica principal puede restaurar el sentido del gusto. Por ejemplo, si el trastorno se debe a una infección respiratoria, la función gustativa suele mejorar a medida que la infección desaparece. La buena higiene bucodental es también un pilar importante para mantener un sentido del gusto saludable y para la recuperación.

Si la causa es un medicamento, el médico puede considerar ajustar la dosis o cambiar a una alternativa, siempre bajo supervisión médica estricta. En algunos casos, el sentido del gusto puede recuperarse espontáneamente con el tiempo.

¿Qué nervio se encarga del gusto?
El X par craneal o nervio vago también se relaciona con el gusto, transportando las señales gustativas desde el tercio superior del esófago y la epiglotis (Guyton & Hall; Levy et al., 2006).

Cuando no es posible restaurar completamente el gusto, se pueden adoptar estrategias para mejorar la experiencia al comer:

  • Experimentar con una mayor variedad de colores y texturas en las comidas para estimular otros sentidos.
  • En lugar de depender del exceso de sal o azúcar (lo cual puede ser perjudicial, especialmente para personas con afecciones como hipertensión o diabetes), usar hierbas aromáticas, especias y condimentos picantes para añadir complejidad y 'golpe' de sabor.
  • Si la dieta lo permite, incorporar pequeñas cantidades de grasas saludables que potencian el sabor, como aceite de oliva, mantequilla, aguacate, frutos secos tostados o trocitos de queso o tocino para enriquecer vegetales u otros platos.
  • Evitar platos mezclados como guisos o cazuelas donde los sabores individuales se pierden, optando por presentar los componentes de la comida por separado para poder distinguir mejor las diferentes cualidades.

En los raros casos en que el trastorno del gusto es crónico e intratable, el asesoramiento y el apoyo pueden ser útiles para ayudar a la persona a adaptarse a vivir con esta alteración sensorial.

El Nervio Vago y el Gusto

La información gustativa recogida por las células receptoras viaja al cerebro a través de varios nervios craneales. Si bien los principales nervios involucrados en la transmisión del gusto desde la lengua son el nervio facial (VII) y el nervio glosofaríngeo (IX), el nervio vago (también conocido como décimo par craneal o nervio X) también desempeña un papel en la percepción del gusto. Específicamente, el nervio vago transporta las señales gustativas desde receptores ubicados en el tercio superior del esófago y la epiglotis hacia el cerebro. Esto resalta la complejidad de las vías nerviosas que procesan esta información sensorial.

¿Es Kokumi el Sexto Sabor?

Además de los cinco sabores básicos, la investigación sensorial continúa explorando otras dimensiones de la percepción gustativa. Recientemente, se ha prestado atención a una cualidad conocida como kokumi, también identificada en Japón. El kokumi no es un sabor en sí mismo como dulce o salado, sino más bien una sensación que añade riqueza, profundidad y persistencia al sabor general de un alimento. Se describe como una sensación de 'grosor', 'cuerpo' o 'continuidad'. Alimentos que han sido cocinados a fuego lento o que han pasado por procesos de maduración, como caldos concentrados, ciertos quesos o productos fermentados, a menudo exhiben cualidades kokumi. Aunque su mecanismo fisiológico exacto y si califica como un sexto gusto básico distinto sigue siendo objeto de investigación, su existencia subraya la riqueza y complejidad de nuestra interacción sensorial con la comida.

Preguntas Frecuentes sobre el Gusto

A continuación, respondemos algunas preguntas comunes sobre el sentido del gusto y el sabor umami:

¿Cuál es la función principal del gusto?

La función principal del gusto es proporcionarnos información sobre lo que estamos a punto de comer. Cada uno de los cinco sabores básicos actúa como un mensaje, ayudándonos a decidir si un alimento es seguro, nutritivo y deseable, o si debemos rechazarlo.

¿Cuál es la función específica del sabor umami?

Se cree que el sabor umami funciona como una señal para la presencia de proteínas en los alimentos. Al ser las proteínas componentes esenciales de la dieta para el crecimiento y la reparación, la detección de umami nos guía hacia fuentes ricas en este macronutriente vital.

¿Qué es el umami y cómo se identificó?

El umami es reconocido como el quinto sabor básico, distinto del dulce, salado, ácido y amargo. Fue identificado en 1908 por el científico japonés Dr. Kikunae Ikeda, quien logró aislar el glutamato como el compuesto responsable de este sabor particular presente en alimentos como el alga kombu y otros caldos sabrosos.

En conclusión, el sentido del gusto es una maravilla de la fisiología humana, una compleja red de células, nervios y conexiones cerebrales que no solo enriquece nuestras vidas a través del placer de comer, sino que también actúa como un centinela crucial para nuestra salud y supervivencia. Cuidar este sentido, a través de una buena higiene bucal y buscando ayuda profesional ante cualquier alteración, es fundamental para mantener una buena calidad de vida.

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Jesús Porta Etessam

Soy licenciado en Medicina y Cirugía y Doctor en Neurociencias por la Universidad Complutense de Madrid. Me formé como especialista en Neurología realizando la residencia en el Hospital 12 de Octubre bajo la dirección de Alberto Portera y Alfonso Vallejo, donde también ejercí como adjunto durante seis años y fui tutor de residentes. Durante mi formación, realicé una rotación electiva en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center.Posteriormente, fui Jefe de Sección en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid y actualmente soy jefe de servicio de Neurología en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz. Tengo el honor de ser presidente de la Sociedad Española de Neurología, además de haber ocupado la vicepresidencia del Consejo Español del Cerebro y de ser Fellow de la European Academy of Neurology.A lo largo de mi trayectoria, he formado parte de la junta directiva de la Sociedad Española de Neurología como vocal de comunicación, relaciones internacionales, director de cultura y vicepresidente de relaciones institucionales. También dirigí la Fundación del Cerebro.Impulsé la creación del grupo de neurooftalmología de la SEN y he formado parte de las juntas de los grupos de cefalea y neurooftalmología. Además, he sido profesor de Neurología en la Universidad Complutense de Madrid durante más de 16 años.

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