La comprensión profunda del comportamiento humano es el pilar fundamental del trabajo de los psicólogos. Durante mucho tiempo, esta búsqueda ha llevado a la psicología a colaborar estrechamente con la neurociencia, la disciplina dedicada al estudio de la estructura y los procesos del cerebro y el sistema nervioso. Esta relación, que siempre ha existido, es hoy más fuerte que nunca, impulsada por los avances tecnológicos que permiten a los psicólogos una visión sin precedentes de los mecanismos biológicos que subyacen a los pensamientos, las emociones y las conductas. Entender cómo la actividad del sistema nervioso impulsa procesos mentales complejos no solo mejora la comprensión teórica, sino que también abre nuevas vías para mejorar la vida de las personas a través de tratamientos y estrategias de prevención más efectivas en salud mental.

Como señala la Dra. Kristen A. Lindquist, profesora asociada de psicología y neurociencia, “El cerebro crea la mente, por lo que comprender cómo sucede esto arroja nueva luz sobre nuestras teorías e intervenciones psicológicas”. A su vez, el conocimiento psicológico y la medición del comportamiento son esenciales para comprender el significado funcional de la actividad neuronal y el flujo sanguíneo en las regiones cerebrales. Esta sinergia bidireccional enriquece ambas disciplinas.
Si bien la comprensión de los psicólogos sobre los procesos biológicos implicados en el comportamiento ha evolucionado durante años, ciertas tendencias recientes en neurociencia están marcando una diferencia significativa en la práctica y la investigación psicológica.
La Revolución de la Conectividad Cerebral
Tradicionalmente, las técnicas de neuroimagen han ayudado a los investigadores a identificar regiones cerebrales específicas asociadas con ciertos rasgos o comportamientos. Sin embargo, un enfoque más reciente y potente se centra en el estudio de la conectividad entre diversas regiones cerebrales. En lugar de simplemente señalar un aumento del flujo sanguíneo en una única área, los psicólogos ahora utilizan tecnología avanzada para analizar la correlación entre los cambios en el flujo sanguíneo en múltiples regiones cerebrales. Mientras que la imagen cerebral típica sugiere la magnitud del cambio en un punto, el estudio de la conectividad resalta las dinámicas complejas que subyacen a comportamientos más elaborados.
Consideremos un ejemplo sencillo: si ves un trozo de chocolate, tu corteza prefrontal (asociada con el control) y tu centro de placer pueden activarse simultáneamente. Estudiar este tipo de conectividad ayuda a los psicólogos a comprender los procesos detrás de ciertos comportamientos (como resistir una tentación) y trastornos psicológicos, permitiendo crear mejores tratamientos. Por ejemplo, un psicólogo que estudia la autorregulación sabe qué área del cerebro está activa durante momentos de estrés. Comprender cómo interactúan la corteza prefrontal y la amígdala (una región clave en las emociones), y en qué dirección fluye esta interacción, podría ayudar a diagnosticar y tratar de manera más efectiva a un paciente que tiene dificultades para autorregularse.
Un metaanálisis publicado por Lindquist y sus colegas en 2020 examinó los patrones de conectividad cerebral en adultos jóvenes y mayores. Descubrieron que los adultos más jóvenes tienen mayor conectividad en las regiones subcorticales del cerebro que impactan la reactividad emocional, mientras que las personas de 65 a 80 años muestran mayor conectividad en la corteza prefrontal y menor actividad neural entre la corteza prefrontal y otras regiones. Esto sugiere que los adultos jóvenes pueden ser más reactivos a los estímulos emocionales, mientras que las personas mayores tienden a ser menos sensibles a estos estímulos y, en general, más satisfechas.
Este análisis no solo ilumina cómo las respuestas emocionales a estímulos externos pueden cambiar a lo largo de la vida, y sugiere que los adultos mayores tienden a tener experiencias emocionales más positivas que los jóvenes, sino que también establece una base importante que podría ayudar a los psicólogos a comprender e identificar trastornos cerebrales relacionados con el envejecimiento, como la depresión geriátrica y la demencia. La investigación sobre conectividad “está sentando las bases para comprender cómo la conectividad cerebral es diferente en personas que exhiben comportamientos típicos frente a atípicos, lo que puede ayudar a los psicólogos a tratar estos resultados afectivos y ayudar a cuidadores y familiares a comprender lo que está sucediendo en sus seres queridos”, afirma Lindquist.
Además, Lindquist ha investigado las redes neuronales implicadas durante episodios de ansiedad y ha encontrado evidencia de que diferentes patrones de conectividad pueden producir las mismas experiencias de ansiedad. En otras palabras, las personas pueden tener el mismo resultado (ansiedad) pero a través de diferentes vías neuronales. Jessica Cohen, directora de laboratorio e investigadora, ha hecho avances significativos en la medición de estas vías comparando la actividad cerebral en reposo en personas que se desempeñan de manera diferente en diversas tareas cognitivas. Descubrieron que los patrones de conectividad cerebral en reposo cambian mucho más de lo que se pensaba anteriormente, y de maneras que se relacionan con el rendimiento posterior en las tareas. Estos hallazgos sugieren que las redes neuronales son más flexibles y codifican información más detallada en aquellos que se desempeñan mejor en tareas cognitivas.
Comprender la mente humana también implica comprender el entorno social: qué sucede en el cerebro cuando interactuamos con otras personas. Utilizando estudios de imagen cerebral en parejas durante interacciones sociales, los psicólogos ahora pueden comprender cómo las dinámicas sociales afectan la cognición, según Thalia Wheatley, profesora de relaciones humanas. “Estamos constantemente influyendo y adaptándonos a otros, dependiendo unos de otros para ayudarnos a pensar”, dice Wheatley. “Nos hemos centrado tanto como psicólogos en mapear el cerebro individual, y ahora comenzamos a comprender qué sucede en el cerebro cuando dos mentes están dinámicamente comprometidas”.
Un creciente cuerpo de investigación ha sentado las bases para estudios más complejos sobre los efectos de la interacción social en la cognición. Uri Hasson, profesor de psicología y neurociencia, ha estudiado cómo dos cerebros pueden converger temporalmente durante la comunicación. Por ejemplo, en un estudio de 2017, Hasson y sus colegas sugirieron diferentes interpretaciones de un cuento corto a dos grupos de participantes y utilizaron neuroimagen para comprender cómo cada interpretación afectó su actividad cerebral mientras escuchaban la historia. La actividad cerebral de los oyentes se alineó dependiendo del contexto que recibieron antes de la historia, lo que sugiere que la información de diversas fuentes puede moldear las creencias de las personas y, esencialmente, resultar en un pensamiento grupal. “Si una línea es suficiente para hacerte similar a otras personas, imagina lo que hace lo que escuchas todo el día”, comenta Hasson.
Lo importante, según Wheatley, no es solo que recibir la misma información pueda resultar en una actividad cerebral similar. La ciencia también sugiere que las personas se sienten naturalmente atraídas por aquellos que piensan como ellas. En un estudio, Wheatley y sus colegas encontraron que los amigos compartían una actividad cerebral similar. “Cuanto más te alejas en la red social de una persona, más disímiles son las mentes de las personas”, señala. El trabajo futuro podría ayudar a los psicólogos a comprender no solo la importancia de la conversación entre pares, sino también cómo interactúan parejas o padres e hijos. En un estudio de 2020, Hasson, Wheatley y colegas mostraron a los participantes videoclips ambiguos y luego les pidieron que interpretaran lo que vieron en grupos. Después de un período de discusión, los investigadores escanearon al grupo y encontraron que las ondas cerebrales de los miembros del grupo estaban más sincronizadas, lo que sugiere que la conversación puede ayudar a alinear los cerebros de las personas.
Si bien comprender cuándo ocurre la sincronía es una pieza importante del rompecabezas, Wheatley dice que la investigación también debería investigar otras dinámicas, como cuándo las personas pueden querer divergir en sus patrones de pensamiento, rompiendo la sincronía para facilitar el pensamiento independiente. Esta comprensión no solo ayudará a los investigadores a comprender la cognición, sino que también podría ayudar a los clínicos en la práctica. “Cuando entendamos más sobre las dinámicas ocultas de la conversación, habrá implicaciones naturales para la terapia de conversación”, afirma.
Genética y Comportamiento: El Poder de los Puntajes Poligénicos
Gracias a los recientes avances en el campo de la genética, los psicólogos están aprovechando nuevas oportunidades para estudiar los genes específicos asociados con la susceptibilidad a ciertos comportamientos y, lo que es más importante, cómo utilizar este conocimiento para ayudar a las personas. Hace apenas 20 años, los psicólogos se referían a una forma ahora obsoleta de panel genético llamada panel de genes candidatos, que identificaba genes individuales que podrían predecir el comportamiento de las personas. “Pensábamos entonces, al centrarnos en un solo gen específico en lugar de una constelación de genes, que si mostrabas expresión en un gen candidato particular relacionado con la serotonina, eras más propenso a deprimirte”, explica Daniel S. Shaw, profesor de psicología.
Un enfoque de investigación más completo conocido como estudios de asociación de genoma completo (GWAS) utiliza algoritmos para estudiar todo el genoma e identificar genes que podrían contribuir a comportamientos específicos utilizando un modelo de puntuación llamado puntuación poligénica. Esto significa que los psicólogos tienen una base más sólida para comprender los factores de riesgo que contribuyen a los patrones de comportamiento hereditarios.
Jinni Su, profesora asistente de psicología, dice que los psicólogos han estado combinando su conocimiento sobre el impacto del entorno en el comportamiento con estos puntajes de riesgo poligénico para ayudar a las personas a desarrollar mejores mecanismos de afrontamiento. “La idea de que tanto los genes como el entorno contribuyen a resultados psicosociales complejos no es nueva”, afirma Su. “La puntuación poligénica es un nuevo método que puede ayudar a los psicólogos a caracterizar las predisposiciones genéticas de las personas hacia ciertos comportamientos y ayudarnos a abordar preguntas sobre los factores ambientales que podrían exacerbar o disminuir ese riesgo genético”.
Por ejemplo, Shaw y sus colegas llevaron a cabo un estudio controlado aleatorizado para comprender cómo una intervención familiar de 8 sesiones para niños de 2 a 10 años podría ayudar a aquellos con factores de riesgo genético para el comportamiento agresivo. Mientras que los niños no tratados con alta susceptibilidad genética mostraron los niveles más altos de conducta agresiva y oposicionista durante la infancia y la adolescencia, aquellos que recibieron la intervención mostraron niveles mucho más bajos. Estos resultados sugieren que los niños que son genéticamente sensibles a las influencias ambientales adversas pueden beneficiarse más de las intervenciones tempranas.
El trabajo de Su se centra en las influencias genéticas y ambientales en el trastorno por consumo de alcohol, que generalmente ocurre en la adolescencia o la edad adulta. Sus estudios que muestran cómo una predisposición genética al abuso de alcohol se manifiesta en la juventud permiten a las familias reconocer los signos y responder con intervenciones basadas en la evidencia que pueden prevenir la progresión del trastorno.
Su descubrió en un estudio publicado en 2021 que las personas con una propensión genética al trastorno por consumo de alcohol tienen más probabilidades de tener rasgos de personalidad buscadores de sensaciones, y que el apoyo social puede evitar que esos rasgos se conviertan en problemas con la bebida. Esto es consistente con investigaciones anteriores que encontraron que los individuos que tienen un puntaje de riesgo poligénico más alto para la dependencia del alcohol tienen menos probabilidades de abusar del alcohol si participan en un grupo de intervención familiar.
“Saber cómo se manifiesta el riesgo genético para el alcohol puede ayudarnos a trabajar con buscadores de sensaciones y ayudarles a encontrar formas saludables de canalizar su predisposición”, dice Su. En el futuro, Shaw espera ver puntajes de riesgo genético más diversos (actualmente, los psicólogos se basan en puntuaciones desarrolladas utilizando datos principalmente de participantes blancos) y más estudios que midan la susceptibilidad genética para otros atributos y comportamientos. También espera que genetistas y neurocientíficos puedan trabajar juntos para vincular con mayor precisión perfiles genéticos específicos con diferencias individuales en la activación o el volumen en áreas específicas del cerebro. “Por ejemplo, los puntajes de riesgo poligénico que capturan la impulsividad podrían vincularse con el sistema límbico frontal, por lo que tiene sentido que una persona sea impulsiva”, concluye.
Preguntas Frecuentes sobre Psicología y Neurociencia
- ¿Por qué es importante la neurociencia para los psicólogos?
- La neurociencia proporciona la base biológica para los procesos mentales y el comportamiento que los psicólogos estudian. Entender cómo funciona el cerebro ayuda a los psicólogos a comprender mejor las causas subyacentes de los trastornos psicológicos y a desarrollar tratamientos más efectivos.
- ¿Cómo ayuda el estudio de la conectividad cerebral en psicología?
- Estudiar cómo interactúan diferentes regiones del cerebro (conectividad) permite a los psicólogos ir más allá de identificar áreas activas y comprender las complejas dinámicas neuronales que subyacen a comportamientos complejos, emociones y trastornos como la ansiedad o los problemas de autorregulación.
- ¿Qué son los puntajes de riesgo poligénico?
- Son puntuaciones que resumen el efecto combinado de muchos genes pequeños a lo largo de todo el genoma que contribuyen a la probabilidad de desarrollar un rasgo o comportamiento particular. Ayudan a los psicólogos a evaluar la predisposición genética de un individuo a ciertas condiciones, como la agresión o el trastorno por consumo de alcohol.
- ¿La genética determina completamente el comportamiento?
- No. La investigación actual, facilitada por herramientas como los puntajes poligénicos, muestra que el comportamiento es el resultado de una compleja interacción entre la genética y el entorno. Los genes pueden conferir una predisposición, pero los factores ambientales y las intervenciones pueden influir significativamente en cómo se manifiesta esa predisposición.
- ¿Cómo se relaciona la neurociencia social con la psicología?
- La neurociencia social estudia lo que sucede en el cerebro cuando interactuamos con otros. Ayuda a los psicólogos a comprender cómo las dinámicas sociales influyen en la cognición, la comunicación y la formación de vínculos, e incluso puede tener implicaciones para la efectividad de terapias basadas en la conversación.
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