¿Qué es la experiencia religiosa y cómo se convierte en una experiencia de Dios?

Experiencia Religiosa, Mística y Cerebro

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La religión es un fenómeno humano de una complejidad asombrosa, presente en todas las culturas y épocas de la historia. Lejos de desaparecer en la era posmoderna, sigue manifestándose de diversas formas, atestiguando una dimensión inherente al ser humano que trasciende lo puramente racional y material.

¿Qué es la experiencia religiosa y cómo se convierte en una experiencia de Dios?
La experiencia religiosa supone el acceso a un modo radicalmente original e irreductible, caracterizado por el reconocimiento y la vivencia profunda y convencida de la trascendencia, de hallarse ante una presencia, la presencia de "lo sagrado", la presencia.

El ser humano, en su esencia, se revela como un sistema abierto, intrínsecamente incompleto y finito. Esta condición lo impulsa a interrogarse sobre la totalidad de la existencia y a buscar respuestas más allá de sí mismo, en algo que trasciende su propia humanidad. Esta apertura, esta 'excentricidad' estructural de la existencia humana, sienta las bases para la posibilidad de la experiencia religiosa, entendida como una 'experiencia de apertura' hacia lo trascendente.

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La Constitutiva Religiosidad del Ser Humano

Desde Aristóteles hasta nuestros días, se ha reconocido que el hombre es un ser racional, lingüístico y comunitario. A estas características se suma la afirmación de que el ser humano es constitutivamente religioso, un homo religiosus. Esta religiosidad se manifiesta en la inquietud metafísica, en los interrogantes radicales sobre el sentido de la existencia, la muerte y el mundo. La experiencia humana es trascendental, buscando en un 'absoluto' el referente de la existencia, la respuesta a las preguntas fundamentales que la razón instrumental y la ciencia no pueden satisfacer plenamente.

Esta búsqueda de sentido global exige una 'actividad interpretativa de la realidad' que involucra la capacidad simbolizadora del ser humano. Es a través de la relación con un 'Totalmente Otro', con 'lo sagrado', con el 'misterio', que esta necesidad de sentido puede encontrar una vía de expresión y posible satisfacción. Esta relación no implica una comprensión total o abarcable de 'lo sagrado', que permanece siempre como un misterio inescrutable, un 'asintotismo ontológico' y 'gnoseológico'.

La religiosidad es, en esencia, una manifestación de la apertura de la persona a la trascendencia, una 'religación' con lo que está por encima del hombre y del mundo. Esta condición natural existe incluso cuando no es vivida conscientemente, cuando se encuentra velada, o cuando es conscientemente rechazada, como en el ateísmo militante. La cuestión fundamental es cómo cada individuo vive y justifica su actitud ante esta dimensión trascendente, ya sea creyente, ateo, agnóstico o indiferente.

Momentos Subjetivo y Objetivo de la Religiosidad

La necesidad de sentido que impulsa al ser humano hacia lo trascendente se expresa en dos momentos clave:

  • Momento Subjetivo (Experiencia Personal): La religiosidad se convierte en una experiencia personal de encuentro, una 'cita' íntima e intensa con 'lo sagrado'. Esta experiencia, al integrarse en la estructura personal, transforma el acto puntual en una actitud religiosa estable, que involucra todos los niveles del psiquismo: intelectivo, emotivo, afectivo, motivacional, operativo. Es una estructuración de la personalidad en función de la relación con Dios o lo trascendente. Este encuentro introduce a la persona en una dimensión existencial radicalmente diferente a la de la cotidianidad, en una realidad 'totalmente otra'. La experiencia religiosa es la 'captación, en lo que es humano y terrestre, del impacto de lo totalmente-otro', que tiene un carácter sagrado, separado de la realidad profana. Esta escisión entre 'lo sagrado' y 'lo profano' es fundamental en la estructura del hecho religioso.
  • Momento Objetivo (Religión Institucional): La religiosidad personal se desarrolla en un contexto social, histórico y cultural. Aquí, la experiencia religiosa cristaliza en 'un sistema de principios y de normas imperativas', formalizándose e institucionalizándose. Se convierte en la religión entendida como la experiencia compartida por una comunidad de creyentes que se adhieren a un conjunto de símbolos, ritos, costumbres y doctrinas. Es la religiosidad en su dimensión comunitaria, formalizada e institucionalizada, el 'orden categorial o conceptual' de la religiosidad. Mientras existe una sola religiosidad constitutiva del hombre, hay una gran variedad de religiones, tradiciones y expresiones socioculturales de la misma.

La Experiencia Religiosa: Características y Naturaleza

La experiencia religiosa, entendida como ese encuentro con el Misterio, con esa presencia trascendente, es un tipo específico de experiencia humana, distinta de la científica, filosófica o estética. Se caracteriza por ser:

  • Extraordinaria y Decisiva: Es una vivencia fuera de lo ordinario, infrecuente, que deja una marca significativa y difícil de olvidar en la memoria personal. La persona tiene conciencia clara de estar en una situación y estado inusual.
  • Real y Objetiva (para el sujeto): Aunque fenomenológicamente subjetiva, el individuo la vivencia como poseyendo absoluta realidad, no como producto de la imaginación, el delirio o estados pasajeros. Se le otorga un origen y naturaleza objetivos.
  • Intima e Intensa: Es una vivencia de relación personal profunda, que implica al individuo en su totalidad y lo afecta en lo más recóndito de su intimidad.
  • Inefable: Esencialmente incomunicable mediante el lenguaje ordinario. El lenguaje se revela inadecuado e insuficiente, incluso deformante de su esencia. Se comunica mejor a través de metáforas, paradojas o lenguaje autoimplicativo.
  • Dinámica y Dinamizadora: Aunque vivenciada como pasiva, sobrevenida (teopática), impulsa al individuo a actuar de un modo determinado, moviliza y se expresa externamente. Posee una fuerza propia que lleva a su manifestación.
  • De Unificación y Totalidad: Provee un sentimiento profundo de unidad personal y de integración absoluta, de 'ser' con carácter completo y en plenitud.
  • Relacionada con el 'Mysterium Tremendum et Fascinans': Puede suscitar asombro, temor reverencial, pero también fascinación y encuentro personal, a pesar de la distancia ontológica.

Este tipo de experiencias comparte rasgos con las 'peak experiences' (Maslow), 'experiencias oceánicas' (Freud) y 'experiencias-límite' (Jaspers), caracterizadas por ser meta-motivadas, situarse más allá de lo objetivo-subjetivo, ser más expresivas que funcionales y generar fuertes repercusiones afectivas.

La Experiencia Mística: La Cumbre del Encuentro

Si la experiencia religiosa es el encuentro con la trascendencia, la experiencia mística puede considerarse su culmen, el punto más alto de esta relación. El místico es aquel creyente que vive con una intensidad particular la experiencia de la fe y, en ella, la experiencia de la realidad que la origina. La mística busca una relación y comunicación especialmente intensa, íntima y directa con la divinidad o lo absoluto, aunque se conciba de modos diversos en distintas tradiciones (samâdhi en hinduismo, nirvana en budismo, unión con Allah en sufismo, éxtasis contemplativo en cristianismo).

La mística, en su sentido religioso, es aquella 'actividad espiritual que aspira a llevar a cabo la unión del alma con la divinidad'. Aunque el término es ambiguo y se presta a diversas interpretaciones (incluso mística filosófica o atea), su estudio es esencial para comprender la esencia de la religión. La experiencia mística se caracteriza por:

  • Estado de Conciencia Extraordinario: Profundo recogimiento y a la vez éxtasis.
  • Experiencia de Presencia: Un elemento nuclear es la vivencia de una 'presencia' que se manifiesta de un modo no ordinario, suprasensorial y transrracional.
  • Inefabilidad: Al igual que la experiencia religiosa, es esencialmente indecible e incomunicable con el lenguaje ordinario.
  • Cualidad de Conocimiento: Acceso a verdades inaccesibles a la inteligencia discursiva, iluminaciones, revelaciones. La realidad se vuelve transparente.
  • Transitoriedad: El estado místico tiene una duración limitada, aunque sus efectos pueden ser permanentes.
  • Pasividad: Se experimenta como si la voluntad personal estuviera sometida o cautivada por un poder superior, un 'dejarse poseer' por la divinidad (carácter teopático acentuado).
  • Unidad y Totalidad: Sentimiento intenso de unidad con el todo, con Dios.
  • Fenómenos Extraordinarios: Aunque secundarios y accidentales para el místico, pueden acompañarse de visiones, audiciones, levitaciones, estigmas, etc.
  • Certeza y Oscuridad: Certeza absoluta de la realidad experimentada, a la vez que oscuridad por superar los límites de la comprensión humana.

Es crucial abordar la experiencia mística con cautela, evitando reduccionismos, especialmente los psicopatológicos que la consideran meros síntomas de trastornos mentales (como la interpretación freudiana de la religión como neurosis). Si bien ciertas condiciones psicológicas o neurológicas pueden manifestarse con fenómenos que superficialmente se asemejan, la experiencia mística auténtica, tal como la describen los místicos, posee una independencia fenomenológica y psicológica.

Neurociencia y Espiritualidad: Explorando el Cerebro Religioso

En los últimos años, la neurociencia ha incursionado en el estudio de la espiritualidad humana, dando lugar a la neuroteología o neurociencia espiritual. Se busca identificar las actividades neuronales relacionadas con las experiencias subjetivas de espiritualidad.

¿Cuál es el punto de Dios en el cerebro?
La relación entre lóbulo temporal y experiencia religiosa es tan marcada que esta zona llegó a ser llamada por la prensa “el punto de Dios”.Jan 12, 2024

El caso de un paciente con epilepsia del lóbulo temporal que exclamó "¡Dios me ha enviado a vosotros!" mientras su cerebro era monitoreado, puso de relieve la relación entre esta área cerebral y ciertas experiencias religiosas. El lóbulo temporal, relacionado con la audición, memoria y emociones, muestra actividad alterada en algunos pacientes con epilepsia, y un porcentaje de ellos reporta alucinaciones o delirios de contenido religioso. Esta conexión llevó a la prensa a acuñar el término 'punto de Dios' para referirse a esta zona.

Sin embargo, la investigación más reciente sugiere que la espiritualidad es un fenómeno mucho más complejo que no se localiza en una única área. Un estudio que utilizó mapeo de redes de lesiones en pacientes con daño cerebral vinculó las creencias espirituales autoinformadas con un circuito específico que involucra el gris periacueductal (PAG) en el tallo cerebral, una zona asociada tradicionalmente con el miedo, el altruismo, el amor o el dolor. Esto sugiere la implicación de redes neuronales más distribuidas.

Otro estudio, realizado en la Universidad de Missouri, se centró en el lóbulo parietal derecho, un área asociada con la autoorientación. Descubrieron que pacientes con lesiones más significativas en esta área reportaban una mayor sensación de cercanía a una potencia superior. Dado que el daño en el lóbulo parietal derecho disminuye el enfoque en uno mismo, esto sugiere que las experiencias espirituales podrían estar asociadas con una menor auto-orientación, lo cual resuena con preceptos religiosos que enfatizan el enfoque en los demás.

Investigaciones previas con meditadores budistas y monjas franciscanas con función cerebral normal ya habían mostrado que es posible, a través de la práctica, minimizar la actividad del lado derecho del cerebro para potenciar las conexiones espirituales.

Por otro lado, la actividad en el lóbulo frontal se ha correlacionado con el aumento de la participación en prácticas religiosas (como asistir a la iglesia).

Creyentes vs. No Creyentes: Diferencias en el Procesamiento Cerebral

Un estudio neuropsicológico reciente comparó los circuitos cerebrales en estado de reposo de creyentes y no creyentes. Los resultados sugieren diferencias en el estilo de razonamiento:

CaracterísticaCreyentes ReligiososNo Creyentes Religiosos
Estilo de RazonamientoMás intuitivo y heurísticoMás deliberativo y analítico
Procesamiento de Información SensorialMás emocional o intuitivo (procesamiento de abajo hacia arriba, sistemas cerebrales antiguos)Más deliberativo (procesamiento de arriba hacia abajo, áreas corticales superiores)
Sesgo de ProcesamientoSimilar al de quienes creen en actividad sobrenatural/paranormalDiferente al de quienes creen en actividad sobrenatural/paranormal

Este estudio sugiere que no creer en un Dios podría estar relacionado con la activación de distintas redes cerebrales de orden superior y un procesamiento de información más analítico. El aumento de no creyentes en la sociedad moderna podría estar influenciado, en parte, por cambios culturales y explicaciones científicas que reemplazan las intervenciones de seres míticos.

Preguntas Frecuentes sobre la Experiencia Religiosa y el Cerebro

A continuación, abordamos algunas dudas comunes basadas en la información explorada:

  • ¿Qué es la experiencia religiosa? Es una vivencia personal de encuentro con lo trascendente, lo sagrado o el Misterio, que se distingue de otras experiencias humanas por su carácter extraordinario, íntimo, intenso e inefable, y que afecta a la persona en su totalidad.
  • ¿Cómo se convierte en una experiencia de Dios? Cuando el 'Totalmente Otro' o 'lo sagrado' es concebido y experimentado específicamente como 'Dios' dentro de una tradición teísta, la experiencia religiosa se vive como un encuentro personal con la divinidad.
  • ¿Todo ser humano tiene experiencia religiosa? La religiosidad es considerada una dimensión constitutiva del ser humano ('homo religiosus'), una apertura a la trascendencia, aunque no siempre se viva de forma consciente o se exprese en una religión formal.
  • ¿Qué diferencia hay entre experiencia religiosa y mística? La experiencia mística es considerada el culmen, el grado más alto e intenso de la experiencia religiosa, caracterizada por una búsqueda o vivencia de unión o comunicación directa e íntima con la divinidad, a menudo acompañada de estados de conciencia extraordinarios.
  • ¿Es real la experiencia religiosa o mística, o es solo producto del cerebro? Desde una perspectiva fenomenológica, la experiencia es real para el sujeto que la vive. La neurociencia investiga las bases cerebrales que correlacionan con estas experiencias, pero no pretende invalidar o validar su origen trascendente o su realidad más allá de la actividad neuronal.
  • ¿Existe realmente un 'punto de Dios' en el cerebro? El término 'punto de Dios' es una simplificación mediática. La investigación neurocientífica sugiere que la espiritualidad y la experiencia religiosa son fenómenos complejos que involucran múltiples redes cerebrales, incluyendo el lóbulo temporal, el gris periacuedal y el lóbulo parietal derecho, entre otras.
  • ¿La ciencia puede explicar completamente la experiencia religiosa? Las ciencias, incluida la neurociencia, pueden describir y explicar los correlatos cerebrales, psicológicos y socioculturales de la experiencia religiosa. Sin embargo, desde la perspectiva de la fenomenología y la filosofía de la religión, la esencia de la experiencia, su referencia a un 'Totalmente Otro' trascendente y misterioso, excede los límites de la explicación científica.

En resumen, la experiencia religiosa es una manifestación profunda de la constitutiva apertura humana a la trascendencia. Desde el encuentro personal con 'lo sagrado' hasta la cumbre de la experiencia mística, esta dimensión ha sido objeto de estudio por diversas disciplinas. La neurociencia, en su intento por comprender la base biológica de estas vivencias, ha identificado correlatos cerebrales complejos, alejándose de la idea de un único 'punto de Dios' y revelando diferencias interesantes en el procesamiento cognitivo entre creyentes y no creyentes. Sin embargo, el misterio inherente a la experiencia de lo trascendente sigue invitando a la reflexión interdisciplinar y a la cautela ante cualquier intento de explicación reduccionista.

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Jesús Porta Etessam

Soy licenciado en Medicina y Cirugía y Doctor en Neurociencias por la Universidad Complutense de Madrid. Me formé como especialista en Neurología realizando la residencia en el Hospital 12 de Octubre bajo la dirección de Alberto Portera y Alfonso Vallejo, donde también ejercí como adjunto durante seis años y fui tutor de residentes. Durante mi formación, realicé una rotación electiva en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center.Posteriormente, fui Jefe de Sección en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid y actualmente soy jefe de servicio de Neurología en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz. Tengo el honor de ser presidente de la Sociedad Española de Neurología, además de haber ocupado la vicepresidencia del Consejo Español del Cerebro y de ser Fellow de la European Academy of Neurology.A lo largo de mi trayectoria, he formado parte de la junta directiva de la Sociedad Española de Neurología como vocal de comunicación, relaciones internacionales, director de cultura y vicepresidente de relaciones institucionales. También dirigí la Fundación del Cerebro.Impulsé la creación del grupo de neurooftalmología de la SEN y he formado parte de las juntas de los grupos de cefalea y neurooftalmología. Además, he sido profesor de Neurología en la Universidad Complutense de Madrid durante más de 16 años.

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