What are Christian contemplative practices?

Contemplación Cristiana: Presencia y Transformación

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Las prácticas contemplativas cristianas son caminos milenarios que buscan una conexión más profunda y directa con lo divino. No se limitan a un mero ejercicio intelectual o una simple reflexión; son, en esencia, una invitación a una relación íntima con Dios que involucra la totalidad del ser. A menudo, estos términos pueden parecer confusos o intercambiables, pero explorando su origen y definición, podemos comprender la riqueza y la distinción de cada uno dentro de la tradición cristiana.

What are Christian contemplative practices?
Contemplative practices range from simple prayerful meditation of holy scripture (i.e. Lectio Divina) to contemplation on the presence of God, resulting in theosis (spiritual union with God) and ecstatic visions of the soul's mystical union with God.

El concepto de contemplación encuentra sus raíces en el mundo griego. La palabra griega `theoria` (θεωρία) significaba originalmente "contemplación, especulación, una mirada a, cosas miradas". Deriva de `theorein` (θεωρεῖν), que significa "considerar, especular, mirar", y esto, a su vez, de `theoros` (θεωρός), "espectador". En esencia, expresaba el estado de ser un espectador o de observar. Tanto `theoria` griega como `contemplatio` latina significaban primariamente mirar cosas, ya fuera con los ojos físicos o con la mente. Hasta el siglo VI, la práctica que hoy llamamos misticismo se refería a menudo con el término `contemplatio` o `theoria`. Se dice que ambas palabras hablan de un "ojo del amor" que mira, contempla y es consciente de las realidades divinas.

Por otro lado, la palabra "misticismo" proviene del griego `μύω`, que significa "ocultar", y su derivado `μυστικός` (`mystikos`), que significa "un iniciado". En el mundo helenístico, un `mystikos` era un iniciado en una religión mistérica. "Místico" se refería a rituales religiosos secretos y carecía de referencias directas a lo trascendental en su uso original. En el cristianismo primitivo, el término `mystikos` se refería a tres dimensiones que pronto se entrelazaron: la bíblica (interpretaciones "ocultas" o alegóricas de las Escrituras), la litúrgica (el misterio litúrgico de la Eucaristía, la presencia de Cristo) y la espiritual o contemplativa (el conocimiento contemplativo o experiencial de Dios).

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Definición de Misticismo Cristiano

Definir el misticismo cristiano puede ser complejo, ya que abarca una amplia gama de experiencias y prácticas a lo largo de la historia. Sin embargo, una definición útil propuesta por Bernard McGinn lo describe como "aquella parte, o elemento, de la creencia y práctica cristiana que concierne a la preparación para, la conciencia de, y el efecto de [...] una presencia transformadora directa de Dios".

McGinn prefiere el término "presencia" en lugar de "unión", ya que no todos los místicos hablaban explícitamente de unión con Dios, y muchas visiones o milagros no estaban necesariamente relacionados con la unión. La clave es la conciencia de esta presencia divina.

Además, McGinn argumenta que deberíamos hablar de "conciencia" de la presencia de Dios en lugar de "experiencia". Esto se debe a que la actividad mística no es simplemente la sensación de Dios como un objeto externo, sino más ampliamente "nuevas formas de conocer y amar basadas en estados de conciencia en los que Dios se hace presente en nuestros actos internos".

La popularización del término "experiencia religiosa", en parte gracias a William James, ha influenciado la comprensión del misticismo como una experiencia distintiva que proporciona conocimiento. Sin embargo, esta perspectiva ha sido criticada. Wayne Proudfoot rastrea las raíces de la noción de experiencia religiosa hasta Friedrich Schleiermacher, quien argumentó que la religión se basa en un sentimiento de lo infinito. Si bien útil para defender la religión, centrarse excesivamente en la "experiencia" puede llevar a una visión individualista del misticismo, separada de la vida compartida de la comunidad y de la matriz religiosa total (liturgia, escritura, adoración, virtudes, teología, rituales y prácticas).

La transformación interpersonal es vista como la verdadera prueba de la autenticidad de un místico y su mensaje. La mística no es solo un asunto entre el místico y Dios, sino que debe manifestarse en una transformación personal y, crucialmente, en aquellos a quienes el místico ha afectado.

Además, la "experiencia mística" no es un fenómeno puramente interno y aislado, sino que a menudo está moldeada por factores culturales y teológicos. La construcción social de la experiencia mística es relevante; por ejemplo, en la Edad Media, los milagros eucarísticos podían servir para validar la ortodoxia teológica del místico frente a herejías. Esto demuestra que la naturaleza de la experiencia mística puede adaptarse a las cuestiones culturales y teológicas de la época.

Meditación Cristiana vs. Contemplación Cristiana

Una de las distinciones más importantes dentro de las prácticas contemplativas cristianas se encuentra entre la meditación y la contemplación. Aunque a veces se usan indistintamente, la tradición mística cristiana, especialmente a través de figuras como Santa Teresa de Ávila y San Juan de la Cruz, establece una clara diferencia.

La distinción básica es que la meditación es un modo de oración humano, mientras que la contemplación es una oración divinamente infusa.

Santa Teresa de Ávila utiliza la imagen del agua para ilustrar las diferentes etapas de la oración. La meditación corresponde a lo que ella llama la "Primera Agua". Es una invitación a la oración contemplativa y es la oración característica de aquellos que están en las primeras etapas de crecimiento espiritual. Teresa imaginó el alma como un jardín que necesita agua. En este primer nivel de oración (meditación), la persona es el "jardinero" que provee el agua, llevando el agua en cubos (en la época de Teresa). Hay mucho esfuerzo humano activo involucrado.

La meditación utiliza imágenes, conceptos y razonamientos, medios del orden creado, para comulgar con Dios. Incluye todas las formas de oración en las que el esfuerzo humano es bastante activo. Puede ofrecer un conocimiento de Dios más remoto, basado en la reflexión. Aunque los métodos de oración no son el foco principal para Teresa o Juan de la Cruz, sí enfatizan los frutos de la oración: el crecimiento en una vida virtuosa. La oración y la virtud son inseparables. Perforar las verdades de nuestra fe a través de la reflexión sobre los misterios de la Creación, la Encarnación y la Redención nos abre a la devoción interior y un anhelo de Dios. El "apetito" se despierta para experimentar la presencia de Dios y nos da dirección para nuestras vidas. Cuando la fe ilumina la mente, las cosas mundanas comienzan a perder su control sobre nosotros. Nos apartamos de lo "sensual" a medida que nos esforzamos por unir nuestra voluntad con la Voluntad de Dios, expresando esto a través de la virtud de nuestras acciones.

What is the difference between Christian meditation and contemplation?
I have heard of meditation and contemplation and sometimes the words seem to be interchangable. Is there a difference between the two? Let us begin by saying that the basic difference between meditation and contemplation is that meditation is a human mode of prayer whereas contemplation is divinely infused prayer.

Sin embargo, el método utilizado en la meditación está destinado a conducir a una oración más allá de todos los métodos: la oración contemplativa.

La contemplación, por otro lado, es a menudo mal entendida. No es una oración que podamos iniciar o causar por nosotros mismos. Es producida divinamente, es un regalo, y ninguna cantidad de acción de nuestra parte puede producirla o prolongarla. Volviendo a la imagen del agua de Teresa, la contemplación infusa comienza en la "Cuarta Morada" del Castillo Interior, correspondiente a la "Segunda Agua". Aquí, todavía usamos un cubo, pero el trabajo es menos intenso ya que el agua llega a través de un acueducto y el uso de una rueda de agua. La acción aquí pertenece al Espíritu Santo, y nuestro trabajo es solo disponernos a recibir las gracias que Dios nos está dando.

Hemos entrado en una oración sin palabras, una conciencia del Huésped Divino dentro, no a través del uso del intelecto sino a través de un conocimiento amoroso, una comunión profunda con el Dios Trino. Es una oración de quietud y calma en la que bebemos profundamente de la fuente que da vida. Hay diferentes intensidades dentro de esta oración, y la forma de experimentarla variará entre individuos. Nuestros sentidos externos permanecen libres y nos permiten cumplir nuestras responsabilidades y deberes incluso cuando las facultades interiores están cautivadas por Dios.

A medida que la oración se profundiza y somos transformados, el Espíritu Santo nos impulsa desde dentro a acciones virtuosas. Como señala Santa Teresa, Dios no se entrega sino a aquellos que se entregan enteramente a Él. No hay lugar aquí para el amor propio desordenado.

Es importante destacar que todos estamos llamados a la santidad, como reiteró el Concilio Vaticano II en Lumen Gentium. La oración contemplativa, por lo tanto, no pertenece a unos pocos privilegiados. Es una experiencia común y normal de la vida cristiana abierta a todos. Dios la da cuando y donde Él quiere. Nuestra preparación consiste en vivir la vida del Evangelio y ser receptivos a las gracias que Dios nos da continuamente: estar vigilantes y receptivos.

Por lo tanto, todos los fieles de Cristo están invitados a esforzarse por la santidad y la perfección de su propio estado. De hecho, tienen la obligación de esforzarse así. Que todos se cuiden de guiar correctamente sus sentimientos más profundos del alma. Que ni el uso de las cosas de este mundo ni el apego a las riquezas, que va contra el espíritu de la pobreza evangélica, les impidan en su búsqueda del amor perfecto. Que presten atención a la admonición del Apóstol a los que usan este mundo; que no lleguen a un acuerdo con este mundo; porque este mundo, tal como lo vemos, está pasando (Lumen Gentium Capítulo 5, #42).

Comparativa: Meditación vs. Contemplación

CaracterísticaMeditación CristianaContemplación Cristiana
Naturaleza PrincipalModo de oración humanoOración divinamente infusa
EsfuerzoActivo, requiere esfuerzo humano ("llevar cubos")Pasivo, recepción del don divino ("agua por acueducto")
Uso de FacultadesIntelecto, conceptos, imágenes, razonamientoConciencia, conocimiento amoroso, más allá de conceptos
OrigenIniciada por el oranteIniciada por Dios, recibida como gracia
Analogía (Sta. Teresa)Primera Agua (jardinero trabajando duro)Segunda Agua (agua llega con menos esfuerzo)
AccesoPráctica para todos los creyentesAbierta a todos, pero es un don de Dios
Resultado InmediatoConocimiento reflexivo de la fe, crecimiento en virtudConciencia de la presencia divina, comunión profunda
Prueba de AutenticidadCrecimiento en virtud, transformaciónTransformación personal y en otros, unión con la voluntad divina

Preguntas Frecuentes

¿Es la contemplación solo para monjas y sacerdotes?
No, la tradición cristiana enseña que la llamada a la santidad es universal, y la contemplación es un don de Dios abierto a todos los bautizados, no reservado para un grupo élite o vocaciones específicas.

¿Debo sentir algo especial para saber si estoy contemplando?
La contemplación no se trata principalmente de sensaciones o experiencias emocionales intensas, aunque pueden ocurrir. Se trata más bien de una conciencia de la presencia de Dios y una transformación interior. La verdadera prueba es el crecimiento en la virtud y la unión con la voluntad divina.

¿La contemplación significa que me alejo del mundo y de mis responsabilidades?
No. Como señala la tradición, en la contemplación profunda, los sentidos externos permanecen libres. Esto permite a la persona cumplir con sus deberes y responsabilidades en el mundo. De hecho, la contemplación debería impulsar a una acción virtuosa y un servicio más auténtico.

¿Puedo "hacer" que la contemplación suceda si medito mucho?
La meditación es una excelente preparación y disposición para la contemplación, pero la contemplación misma es un don de Dios. No podemos forzarla o producirla por nuestro propio esfuerzo. Nuestra parte es prepararnos a través de la oración, la vida virtuosa y la receptividad a la gracia de Dios.

¿Cuál es el objetivo final de estas prácticas?
El objetivo no es simplemente tener "experiencias" agradables, sino la transformación del ser completo, la unión de la voluntad humana con la voluntad divina, y vivir una vida que refleje la presencia de Dios en el mundo. Es un camino hacia la santidad y una relación de amor profunda con lo divino.

En resumen, las prácticas contemplativas cristianas, con sus raíces en la `theoria` griega y el misticismo cristiano temprano, ofrecen un camino para ir más allá del conocimiento conceptual de Dios hacia una relación viva y transformadora. Mientras que la meditación es un esfuerzo humano que prepara el terreno, la contemplación es un don divino que invita a una conciencia pasiva pero profunda de la presencia de Dios. Ambas son partes valiosas del viaje espiritual cristiano hacia la unión de voluntades y la santidad.

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Jesús Porta Etessam

Soy licenciado en Medicina y Cirugía y Doctor en Neurociencias por la Universidad Complutense de Madrid. Me formé como especialista en Neurología realizando la residencia en el Hospital 12 de Octubre bajo la dirección de Alberto Portera y Alfonso Vallejo, donde también ejercí como adjunto durante seis años y fui tutor de residentes. Durante mi formación, realicé una rotación electiva en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center.Posteriormente, fui Jefe de Sección en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid y actualmente soy jefe de servicio de Neurología en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz. Tengo el honor de ser presidente de la Sociedad Española de Neurología, además de haber ocupado la vicepresidencia del Consejo Español del Cerebro y de ser Fellow de la European Academy of Neurology.A lo largo de mi trayectoria, he formado parte de la junta directiva de la Sociedad Española de Neurología como vocal de comunicación, relaciones internacionales, director de cultura y vicepresidente de relaciones institucionales. También dirigí la Fundación del Cerebro.Impulsé la creación del grupo de neurooftalmología de la SEN y he formado parte de las juntas de los grupos de cefalea y neurooftalmología. Además, he sido profesor de Neurología en la Universidad Complutense de Madrid durante más de 16 años.

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