El cerebro humano es, sin duda, la estructura más compleja que conocemos. Este órgano de apenas tres libras es el centro de nuestra inteligencia, el intérprete de nuestros sentidos, el motor de nuestros movimientos y el director de nuestro comportamiento. Resguardado en su cavidad ósea y bañado por líquido protector, el cerebro es la fuente de todo lo que nos define como seres humanos. Los neurocientíficos han avanzado enormemente en la comprensión de cómo funciona el cerebro, pero históricamente, las herramientas necesarias para explorarlo han estado confinadas a grandes laboratorios universitarios, inaccesibles para el público general y, crucialmente, para las mentes jóvenes que podrían ser los futuros innovadores en este campo. Aquí es donde entra en juego Backyard Brains.

Backyard Brains es una compañía con sede en Michigan, co-fundada en 2009 en la Universidad de Michigan por Greg Gage, Ph.D., y Tim Marzullo, Ph.D. Su historia comenzó mientras eran estudiantes de posgrado. Gage, Marzullo y sus compañeros de laboratorio participaban activamente en programas de divulgación, llevando la ciencia a estudiantes desde jardín de infantes hasta el último año de secundaria (K-12). Rápidamente se dieron cuenta de una barrera significativa: no existía una forma sencilla y accesible de demostrar los experimentos cautivadores que realizaban en su investigación diaria.
La Visión: Acercar la Neurociencia
La motivación detrás de Backyard Brains fue clara: querían una manera fácilmente disponible de dar vida a la investigación en neurociencia y, al hacerlo, inspirar a la próxima generación de científicos. Observaron que, a pesar de los avances en el conocimiento del cerebro, la experiencia práctica con la actividad neural real estaba fuera del alcance de educadores y estudiantes fuera del ámbito universitario de élite.
El Nacimiento del Spikerbox
Impulsados por esta necesidad, los futuros fundadores de Backyard Brains se enfrentaron a un desafío de ingeniería autoimpuesto: crear un dispositivo de bajo costo que pudiera registrar las 'espigas' o 'spikes' (los mensajes eléctricos de las neuronas vivas). Este fue el origen del primer Spikerbox. Diseñado para ser un dispositivo portátil, el Spikerbox ofrecía una ventana directa al funcionamiento interno del sistema nervioso, permitiendo a las personas ver y escuchar la actividad neural en tiempo real, algo antes impensable fuera de un laboratorio especializado.
Presentaron la idea como un resumen en la conferencia anual de la Society for Neuroscience en 2008. Trabajaron intensamente durante todo el verano para tener un prototipo funcional. En la conferencia, Gage y Marzullo pudieron demostrar en su póster un pequeño dispositivo capaz de registrar la actividad eléctrica del cerebro. La respuesta de los científicos fue sorprendente y abrumadoramente positiva; muchos expresaron interés en comprar uno. Fue en ese momento cuando Gage y Marzullo se dieron cuenta de que su interés en llevar la neurociencia a las aulas y al público general resonaba con un objetivo más amplio compartido por la comunidad científica.
El Impulso del Programa NIMH SBIR
A pesar del entusiasmo inicial, convertir un prototipo de investigación en una empresa sostenible requería recursos significativos. Los co-fundadores de Backyard Brains se enteraron de las oportunidades de financiación a través del programa Small Business Innovation Research (SBIR) y Small Business Technology Transfer (STTR) del NIMH (Instituto Nacional de Salud Mental de EE.UU.) a través de los avisos semanales de oportunidades de financiación del NIH.
Según Gregory Gage, Ph.D., CEO y co-fundador, al leer la descripción del programa SBIR, supieron inmediatamente que debían postularse. Les pareció la oportunidad perfecta para hacer realidad su proyecto naciente. Buscaron asesoramiento en su oficina local de emprendimiento, recibieron capacitación en investigación SBIR/STTR y asistencia para elaborar un borrador inicial de su solicitud.
El punto de inflexión llegó cuando recibieron la financiación de la Fase I de su subvención SBIR. Como afirma Gage con gran confianza, "Una vez que recibimos nuestra Fase I de nuestra subvención SBIR, todo cambió... Puedo decir con alta confianza que no seríamos una empresa hoy si no fuera por el programa NIMH SBIR".
Esta financiación les permitió a Gage, Marzullo y sus colegas desarrolladores dedicarse a tiempo completo al proyecto y comenzar a contratar personal a medida que sus ventas crecían. Además, los requisitos de la subvención los obligaron a aprender e implementar diversas prácticas empresariales esenciales (financieras, de recursos humanos, de compras). Aunque esto requirió cambios significativos en sus políticas internas, sentó las bases para que la empresa se volviera rentable y responsable.
Expansión y Impacto
El impacto del programa SBIR trascendió la simple supervivencia de la empresa; impulsó su crecimiento y la diversificación de sus productos. Como señala Gage, "El programa NIMH SBIR nos ha permitido crecer desde un simple dispositivo para invertebrados hasta una amplia gama de inventos que van desde la optogenética hasta sofisticadas interfaces cerebro-computadora humanas".
Esto demuestra cómo un apoyo estratégico puede transformar una idea innovadora en una línea completa de herramientas que democratizan el acceso a la investigación avanzada en neurociencia. Backyard Brains no solo ha continuado desarrollando herramientas como el Spikerbox, sino que ha explorado áreas de vanguardia como la interfaz humano-humano (permitiendo a una persona controlar el brazo de otra usando señales eléctricas) y la optogenética (el uso de luz para controlar neuronas). Han desarrollado herramientas para registrar ondas cerebrales (EEG) y actividad muscular (EMG) de forma accesible.
Reconocimientos y Futuro
El enfoque innovador y la misión educativa de Backyard Brains no han pasado desapercibidos. La empresa ha recibido varios premios y ha tenido una amplia cobertura mediática. Sus fundadores han compartido su visión y demostraciones en múltiples charlas TED, cautivando a audiencias globales con el potencial de la neurociencia accesible.
Actualmente, Gage y Marzullo están trabajando en un libro que recopilará todos sus experimentos. Su esperanza es que este libro se convierta en un recurso estándar para enseñar cursos de neurociencia en grados K-12, solidificando aún más su objetivo de integrar la exploración del cerebro en la educación temprana.
Preguntas Frecuentes sobre Backyard Brains
Aquí respondemos algunas preguntas comunes basadas en la información proporcionada:
- ¿Quién fundó Backyard Brains?
Backyard Brains fue co-fundada por Gregory Gage, Ph.D., y Tim Marzullo, Ph.D. - ¿Cuándo y dónde se fundó la empresa?
La empresa se fundó en 2009 en la Universidad de Michigan. - ¿Cuál fue la principal motivación para crear Backyard Brains?
La motivación principal fue hacer que la neurociencia experimental fuera accesible para estudiantes de todas las edades y el público general, ya que las herramientas de laboratorio eran inaccesibles. - ¿Qué es el Spikerbox?
El Spikerbox es un dispositivo portátil y de bajo costo desarrollado por Backyard Brains que permite registrar y escuchar la actividad eléctrica ('spikes') de las neuronas vivas. - ¿Cómo ayudó la financiación del NIMH SBIR a Backyard Brains?
La financiación de la Fase I del programa NIMH SBIR fue crucial. Permitió a los fundadores trabajar a tiempo completo en el proyecto, contratar personal, y les obligó a adoptar prácticas empresariales esenciales, lo que les puso en el camino hacia la rentabilidad y el crecimiento, expandiendo su gama de productos. - ¿Qué tipo de herramientas desarrolla Backyard Brains?
Inicialmente se centraron en dispositivos para registrar la actividad de neuronas en invertebrados (Spikerbox), pero han expandido su línea para incluir herramientas para EEG, EMG, optogenética e interfaces cerebro-computadora humanas. - ¿Cuál es el objetivo a largo plazo de Backyard Brains?
Su objetivo es continuar haciendo que la neurociencia sea accesible y práctica para la educación, inspirando a futuras generaciones a explorar el cerebro, incluso a través de recursos como el libro que están escribiendo para la educación K-12.
La historia de Backyard Brains es un testimonio del poder de la curiosidad, la innovación y la importancia de hacer que la ciencia sea tangible y emocionante. Al derribar las barreras de acceso a herramientas de investigación complejas, Greg Gage y Tim Marzullo no solo han creado una empresa exitosa, sino que están empoderando a estudiantes y entusiastas para explorar los misterios del cerebro de primera mano, cultivando la próxima ola de descubrimientos en este campo vital.
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