Are there long-term side effects from the COVID vaccine?

Vacunas COVID y Trastornos Neurológicos Raros

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La vacunación ha sido una herramienta fundamental en la lucha global contra las enfermedades infecciosas, salvando millones de vidas cada año. Si bien el perfil beneficio-riesgo de las vacunas es abrumadoramente positivo, como con cualquier intervención médica, existe la posibilidad, aunque rara, de efectos secundarios. En el contexto de la pandemia de COVID-19, la rápida implementación de vacunas a gran escala ha puesto de manifiesto la necesidad de una vigilancia rigurosa para identificar y comprender los posibles riesgos neurológicos asociados, aunque estos sean excepcionales.

What are the nervous system disorders after the COVID vaccine?
Neurological disorders following COVID-19 vaccination: CVST cranial venous sinus thrombosis; IS ischemic stroke; HS hemorrhagic stroke; ADEM acute disseminated encephalomyelitis; ATM acute transverse myelitis; MS multiple sclerosis; GBS Guillain–Barre syndrome; MFS Miller–Fisher syndrome; NMOSD neuromyelitis optica ...

Una revisión reciente publicada en Nature Reviews Neurology exploró los vínculos entre la vacunación en general y las enfermedades neurológicas, destacando que, a pesar de la seguridad general, ocasionalmente pueden surgir trastornos neurológicos que varían desde efectos leves como dolores de cabeza hasta complicaciones graves muy raras. Estos riesgos, aunque infrecuentes, pueden generar preocupación pública y afectar los esfuerzos de vacunación. La investigación sobre eventos adversos neurológicos relacionados con las vacunas debe ser precisa, transparente y capaz de identificar rápidamente las señales de seguridad.

El desarrollo y la seguridad de las vacunas implican pruebas preclínicas y clínicas exhaustivas. Sin embargo, los efectos adversos neurológicos raros pueden no detectarse hasta la vigilancia posterior a la comercialización, que se basa en sistemas de notificación espontánea, informes de casos y diversos diseños de estudios. Comprender el equilibrio entre el beneficio de la vacunación y el riesgo de la infección natural es crucial para la salud pública y las decisiones regulatorias.

Índice de Contenido

Tipos de Reacciones Neurológicas Post-Vacunación

Las complicaciones neurológicas asociadas a la vacunación, incluidas las vacunas COVID-19, se pueden clasificar en varios tipos, aunque es fundamental recalcar su baja incidencia. Los principales tipos identificados a partir de la literatura reciente incluyen complicaciones neurovasculares, trastornos neuro-inmunológicos, enfermedades desmielinizantes y, en casos extremadamente raros, encefalitis autoinmune.

La vigilancia continua durante la pandemia de COVID-19 ha mejorado la detección oportuna de estos eventos. Sin embargo, aún existe una brecha en la comprensión de los mecanismos subyacentes a los efectos neurológicos asociados a las vacunas. Se requieren esfuerzos de investigación coordinados y globales que vinculen estudios epidemiológicos con análisis clínicos y de laboratorio para abordar estos desafíos y mantener la confianza social en la vacunación.

Complicaciones Neurovasculares Raras

Entre las complicaciones neurológicas raras reportadas tras la vacunación COVID-19, las de naturaleza neurovascular han sido objeto de particular atención.

El accidente cerebrovascular hemorrágico (ACVh) es una enfermedad cerebrovascular caracterizada por la ruptura y sangrado de vasos cerebrales. Aunque su incidencia tras la infección por COVID-19 es significativamente mayor, se ha reportado su ocurrencia tras diversos tipos de vacunas COVID-19, especialmente las de ARNm, aunque la relación causal aún es controvertida en algunos estudios. Algunos datos sugieren un ligero aumento del riesgo tras la vacunación con BNT162b2 en ciertos grupos, mientras que otros estudios no encontraron asociación. El ACVh post-vacunación parece tener diferencias de género y raciales, siendo más frecuente en mujeres y poblaciones asiáticas. La mortalidad de esta afección es alta, y aunque la vacunación es necesaria para pacientes con antecedentes de ACVh debido a los malos resultados de la infección por COVID-19 en esta población, la seguridad y eficacia de la vacuna en este grupo específico aún requiere más investigación.

El accidente cerebrovascular isquémico (ACVi) se caracteriza por infarto cerebral debido a la oclusión de arterias. Su incidencia tras la vacunación COVID-19 es muy baja (entre 0.29 y 1.76 por millón de vacunaciones). Al igual que con el ACVh, los informes varían sobre si la vacunación aumenta el riesgo. Algunos estudios no encontraron asociación, explicando los casos por factores de riesgo cardiovascular preexistentes (edad avanzada, hipertensión, diabetes, etc.), mientras que otros, como un estudio en el Reino Unido, sugirieron un aumento significativo del riesgo tras la vacunación con BNT162b2. Los casos de ACVi post-vacunación tienden a ocurrir en personas de edad avanzada (media 68-71 años) y predominantemente masculinos, a menudo con factores de riesgo cardiovascular preexistentes. El intervalo medio desde la vacunación hasta los síntomas es de aproximadamente 9 días.

Es crucial mencionar que algunos casos de ACVi están relacionados con un síndrome específico llamado VITT (Trombocitopenia Trombótica Inmune Inducida por Vacunas). Estos casos de ACVi asociados a VITT (ACVi-VITT) son más comunes en mujeres, más jóvenes, receptores de vacunas de vector adenoviral y a menudo presentan trombosis en otros sitios, además de carecer de factores de riesgo cardiovascular preexistentes. El tratamiento del ACVi-VITT difiere del ACVi típico, ya que la trombólisis intravenosa está contraindicada; se recomienda inmunoglobulina intravenosa (IVIG) a dosis altas y anticoagulación no heparínica. El ACVi-VITT tiene una alta tasa de conversión a embolia maligna y una alta mortalidad.

La Trombosis de Senos Venosos Cerebrales (TSVC) es una afección cerebrovascular grave. Se ha reportado que más del 70% de los casos de TSVC tras la vacunación COVID-19 están relacionados con el VITT, el cual se ha asociado notablemente con las vacunas de vector adenoviral como ChAdOx1 nCoV-19 (Oxford-AstraZeneca). A pesar de su bajísima incidencia (0.00009% por dosis), tiene una alta tasa de mortalidad (47%). La mayoría de los casos ocurren en individuos menores de 60 años, siendo las mujeres las más afectadas, y a menudo se acompaña de trombosis en otras partes del cuerpo. El pico de aparición es entre 4 días y 4 semanas después de la vacunación. El dolor de cabeza persistente es la manifestación clínica más común. El diagnóstico se apoya en análisis de sangre (plaquetas bajas, dímero D alto, anticuerpos anti-PF4) e imágenes cerebrales (RM con angio-RM venosa). El tratamiento principal es IVIG a dosis altas más anticoagulación no heparínica. También se han reportado casos de TSVC post-vacunación fuera del espectro del VITT, con características distintas.

Trastornos Neuro-Inmunológicos y Desmielinizantes

La vacunación puede, en raras ocasiones, desencadenar afecciones neuro-inmunológicas y desmielinizantes. La patogénesis aún está bajo investigación, pero se plantean hipótesis como el mimetismo molecular (similitud entre péptidos del patógeno en la vacuna y el sistema nervioso humano) o la activación de espectador (activación de células inmunes por citoquinas inducidas por antígenos no homólogos). Los adyuvantes en algunas vacunas también pueden activar la inmunidad innata y la producción de interferón-α, lo que se ha relacionado con la Parálisis de Bell.

La Parálisis de Bell (PB) es una parálisis aguda del nervio facial periférico. Es el trastorno neurológico más frecuentemente reportado después de la vacunación COVID-19, representando el 35.7% de todos los trastornos neurológicos notificados. Se ha estimado una incidencia de 42.8 a 106 casos por cada 100,000 personas-año. Se reporta más comúnmente después de las vacunas de ARNm, pero también se observa con vacunas inactivadas o de vector adenoviral. Ocurre después de la primera o segunda dosis, con una mayor tasa de ocurrencia después de la primera. El intervalo hasta la parálisis es generalmente entre 6 y 14 días. Muestra diferencias de género y edad, siendo más común en mujeres después de vacunas de ARNm y en hombres después de vacunas inactivadas, con mayor riesgo en personas mayores. La mayoría de los pacientes se recuperan. Aunque algunos estudios no confirman una asociación, otros han encontrado un riesgo ligeramente aumentado. Afortunadamente, el exceso de riesgo de PB es bajo.

El Síndrome de Guillain-Barré (SGB) es una polirradiculoneuropatía aguda inmunomediada. Es una complicación grave reportada tras la vacunación COVID-19, siendo una causa común de ingreso en unidades de cuidados intensivos. La mayoría de los casos se reportaron después de la primera dosis de la vacuna, generalmente dentro de las 2 semanas (hasta 6 semanas). Afecta a un amplio rango de edad, con mayor incidencia en personas mayores, y la mayoría de los estudios muestran que los hombres son el género más susceptible. Múltiples estudios han respaldado un alto riesgo de SGB causado por vacunas de vector adenoviral, con tasas de incidencia significativamente más altas que las basales. El SGB clásico es el fenotipo más común, aunque se ha reportado una variante post-vacunal caracterizada por predominio masculino, disociación albuminocitológica frecuente y patrón AIDP. El tratamiento generalmente incluye IVIG y plasmaféresis en pacientes graves, y el pronóstico varía considerablemente, con un tercio de los pacientes presentando resultados severos post-tratamiento. El riesgo de recurrencia en pacientes con antecedentes de SGB tras la vacunación COVID-19 aún es incierto, aunque algunos estudios sugieren que es bajo.

Can the COVID vaccine affect brain function?
The onset of acute cognitive deficits and memory impairments could be another complication to COVID-19 vaccination that physicians and neurologists need to be warned to.

El Síndrome de Miller-Fisher (SMF) es una variante rara del SGB reportada tras la vacunación COVID-19, caracterizada por la tríada de ataxia, oftalmoplejía y arreflexia. La mayoría de los casos post-vacunación son hombres de edad media avanzada. El análisis del líquido cefalorraquídeo (LCR) suele mostrar disociación albuminocitológica y anticuerpos anti-GQ1b positivos. El tratamiento principal es IVIG, y el pronóstico para la mayoría de los pacientes es bueno.

La Miastenia Gravis (MG) es una enfermedad autoinmune que causa debilidad muscular. Se han reportado casos de MG de nueva aparición y empeoramiento de MG preexistente tras la vacunación COVID-19 con varios tipos de vacunas. La incidencia reportada varía. Los pacientes de nueva aparición suelen tener un intervalo corto hasta los síntomas (0-8 días), mientras que la recurrencia muestra un intervalo más largo. El pronóstico puede ser variable, desde un deterioro temporal que responde bien al tratamiento hasta casos fatales. Los pacientes con MG (pcMG) tienen peores resultados de la infección por COVID-19, por lo que la vacunación es muy necesaria para esta población frágil. Algunos estudios han demostrado la seguridad de la vacuna COVID-19 en pcMG, sin un aumento del riesgo de empeoramiento.

Las enfermedades desmielinizantes que afectan el sistema nervioso central también se han reportado en raras ocasiones. La Neuritis Óptica (NO), una inflamación del nervio óptico, es relativamente común después de la vacunación COVID-19, reportada con varios tipos de vacunas. El intervalo hasta los síntomas es típicamente corto (0-19 días), presentando pérdida de visión y dolor ocular. El pronóstico es variable, con solo una pequeña proporción de pacientes recuperándose completamente.

La Mielitis transversa aguda (MTA) es una enfermedad desmielinizante adquirida de la médula espinal. Es rara después de la vacunación COVID-19 (aproximadamente 1-4 casos por millón). Se ha reportado un subtipo llamado mielitis transversa extendida longitudinalmente. Ocurre tras varios tipos de vacunas, siendo la de vector adenoviral la más común. Los pacientes suelen tener edad media, y una gran proporción tiene enfermedades autoinmunes previas. Los síntomas incluyen parálisis de miembros, nivel sensorial y disfunción vesical/rectal. El tratamiento con esteroides a dosis altas suele ser efectivo, y la mayoría de los pacientes tienen buen pronóstico.

La Encefalomielitis Diseminada Aguda (EMDA) es otra enfermedad desmielinizante rara post-vacunación (tan baja como 0.36 casos por millón). Afecta predominantemente a mujeres adultas y se asocia más a vacunas de vector adenoviral. Los síntomas aparecen rápidamente (1-35 días). La mayoría tiene buen pronóstico tras el tratamiento.

La Esclerosis Múltiple (EM) es una enfermedad crónica desmielinizante. Los pacientes con EM (pcEM) son una población frágil con peores resultados de la infección por COVID-19, por lo que se recomienda su vacunación. Se han reportado casos de EM de nueva aparición y recurrentes tras la vacunación, principalmente en adultos jóvenes y mujeres, con un inicio rápido (6-9 días). Los estudios varían sobre si la vacunación aumenta el riesgo de recurrencia en pcEM.

El Trastorno del Espectro de la Neuromielitis Óptica (TENMO) es otra enfermedad neuro-inflamatoria desmielinizante que las vacunas pueden desencadenar. Se ha reportado tras la vacunación COVID-19 (más común con vector adenoviral), principalmente en mujeres y tras la primera dosis. La mayoría de los pacientes responden al tratamiento, aunque pueden quedar secuelas. La recurrencia en pacientes con TENMO tras la vacunación parece relacionarse con un estado de enfermedad no tratado previamente.

La Encefalitis Autoinmune (EA) es una enfermedad rara donde los anticuerpos atacan el tejido cerebral. Se han reportado casos raros de EA tras la vacunación COVID-19, principalmente en adultos jóvenes y mujeres. Los síntomas aparecen rápidamente (mediana de 5 días). El pronóstico es variable, y las secuelas son comunes en muchos pacientes. La recurrencia en pacientes con EA previa tras la vacunación parece ser baja.

¿Afectan las Vacunas COVID a la Función Cognitiva?

La cuestión de si las vacunas COVID-19 pueden afectar la función cerebral o causar déficits cognitivos es de gran interés. Si bien la infección natural por COVID-19 ha sido directamente implicada en la invasión neurológica y el deterioro cognitivo a través de diversas vías, la información sobre efectos cognitivos directos de las vacunas es limitada y se basa principalmente en informes de casos muy raros.

Un informe de caso describió un hombre de 65 años que desarrolló déficits cognitivos agudos y deterioro de la memoria seis días después de recibir su primera dosis de la vacuna Oxford AstraZeneca (Covishield). Los síntomas incluyeron pérdida de memoria, desorientación y habla no fluida. Las pruebas de imagen (CT) y los análisis de sangre rutinarios fueron normales. El paciente se recuperó completamente en 24 horas. Los autores del informe plantearon la hipótesis de que los déficits cognitivos agudos y el deterioro de la memoria tras la vacunación probablemente tuvieron una base cerebrovascular, quizás un ataque isquémico transitorio (AIT), aunque esto no pudo confirmarse definitivamente. También discutieron la posibilidad de un mecanismo inmunológico, sugiriendo que el vector adenoviral podría influir en la respuesta de linfocitos T y B, células que juegan un papel en la función neuronal normal, lo que hipotéticamente podría llevar a un declive cognitivo inmunológicamente activado, aunque reconocen que la pérdida de memoria no ha sido ampliamente reportada después de la vacunación COVID-19.

Este caso subraya la importancia de estar alerta ante síntomas neurológicos inusuales post-vacunación y la necesidad de investigar posibles diagnósticos diferenciales. Aunque los accidentes cerebrovasculares isquémicos son más comúnmente reportados en la literatura post-vacunación, los AIT podrían estar subvalorados. La rápida recuperación del paciente en este caso sugiere un evento transitorio. Es fundamental monitorear la seguridad de las vacunas e informar sobre efectos secundarios, particularmente déficits cognitivos y de memoria, ya que la evaluación cognitiva a menudo no se realiza sistemáticamente después de la vacunación.

Beneficios de la Vacunación y Consideraciones en Pacientes Neurológicos

Es fundamental reiterar que, según la evidencia científica disponible, los beneficios de la vacunación contra el COVID-19 superan con creces los riesgos, incluidos los neurológicos, para la gran mayoría de la población. La vacunación ayuda a prevenir enfermedades graves, hospitalizaciones y muertes por COVID-19. También puede reducir el riesgo a largo plazo de complicaciones cardiovasculares después de la infección.

What rare neurological disorder is linked to the COVID vaccine?
Vaccination may rarely lead to neuro-immunological conditions like GBS, transverse myelitis, and narcolepsy. GBS has been associated with adenoviral COVID-19 vaccines, though the risk is higher with natural infection with severe acute respiratory syndrome coronavirus 2 (SARS-CoV-2).

Para las personas con enfermedades neurológicas preexistentes, como la esclerosis múltiple o la miastenia gravis, la vacunación es generalmente segura y altamente recomendada. La infección por COVID-19 en estas poblaciones frágiles puede tener resultados particularmente graves. Los estudios han demostrado que, en la mayoría de los casos, la vacunación no empeora las condiciones neurológicas existentes o lo hace solo de forma transitoria y leve. Sin embargo, es esencial que los pacientes con afecciones neurológicas discutan sus inquietudes y su historial médico con su neurólogo o médico tratante antes de vacunarse. En casos muy raros de pacientes que han experimentado un evento adverso neurológico grave y específico después de una dosis, se necesita una evaluación detallada del riesgo-beneficio antes de considerar dosis adicionales, y pueden explorarse vacunas alternativas si están disponibles y son apropiadas.

Vigilancia y Mejora de la Seguridad

Mejorar la seguridad de las vacunas, especialmente durante pandemias, requiere esfuerzos globales rápidos y coordinados. Esto implica redes sólidas que conecten los campos clínico, regulatorio y científico. La monitorización efectiva de la seguridad incluye la notificación espontánea, estudios post-autorización, vinculación de datos y financiación de la investigación. La identificación rápida de problemas como el VITT demuestra la importancia de la investigación y respuesta ágiles. Los esfuerzos futuros deben centrarse en estudios biológicos sistemáticos, análisis de datos centralizados y una mayor transparencia para mejorar la seguridad de las vacunas.

La farmacovigilancia y la telemedicina son aspectos esenciales de la vigilancia para garantizar la seguridad de las vacunas COVID-19. El rápido desarrollo de las vacunas generó preocupaciones sobre su seguridad, contribuyendo a la reticencia a la vacunación. Es por ello que un monitoreo de seguridad en tiempo real y un análisis científico por parte de expertos en farmacovigilancia son cruciales. La eficiencia de estas redes es necesaria para gestionar una vigilancia cuidadosa y aguda de estas nuevas vacunas.

Preguntas Frecuentes

¿Cuáles son los principales riesgos neurológicos ligados a las vacunas COVID-19?
Los riesgos neurológicos más estudiados y, aunque raros, asociados a las vacunas COVID-19 incluyen el Síndrome de Guillain-Barré, la Trombosis de Senos Venosos Cerebrales (especialmente ligada al VITT), accidentes cerebrovasculares isquémicos y hemorrágicos, y la Parálisis de Bell. También se han reportado, con muy baja frecuencia, enfermedades desmielinizantes como la Mielitis transversa aguda, Neuritis Óptica, Encefalomielitis Diseminada Aguda, y casos de Esclerosis Múltiple y Trastorno del Espectro de la Neuromielitis Óptica, así como Encefalitis Autoinmune.

¿Son comunes estos riesgos neurológicos?
No, es fundamental comprender que todos los trastornos neurológicos mencionados asociados a las vacunas COVID-19 son eventos raros o muy raros. La incidencia se mide en casos por cada millón de dosis o personas-año, lo que indica una baja probabilidad de ocurrencia para el individuo vacunado.

¿Qué tipos de vacunas COVID-19 se asocian más a ciertos riesgos?
Según la información disponible, las vacunas de vector adenoviral (como la de Oxford-AstraZeneca o Janssen/Ad.26.COV2.S) han mostrado una asociación más clara con el Síndrome de Guillain-Barré y la Trombosis de Senos Venosos Cerebrales (relacionada con el VITT). Las vacunas de ARNm (como Pfizer-BioNTech o Moderna) se han asociado más frecuentemente con la Parálisis de Bell y, de forma más controvertida, con un ligero aumento del riesgo de accidente cerebrovascular hemorrágico en algunos estudios. Sin embargo, la mayoría de los trastornos desmielinizantes y la Encefalitis Autoinmune se han reportado con varios tipos de vacunas, aunque algunas revisiones sugieren un predominio con las de vector adenoviral para ciertas condiciones como la Mielitis transversa aguda o la Encefalomielitis Diseminada Aguda.

¿Superan los beneficios de la vacunación los riesgos neurológicos raros?
Según la evidencia científica y las autoridades sanitarias, los beneficios de la vacunación contra el COVID-19 para prevenir enfermedades graves, hospitalizaciones y muertes generalmente superan los riesgos, incluidos los neurológicos raros, para la vasta mayoría de la población. El riesgo de complicaciones neurológicas graves (como el SGB o los accidentes cerebrovasculares) a menudo es significativamente mayor tras la infección natural por SARS-CoV-2 que tras la vacunación.

¿Pueden las vacunas COVID-19 afectar la función cognitiva o causar pérdida de memoria?
Se ha reportado al menos un caso inusual de déficits cognitivos y deterioro de la memoria temporales tras la vacunación con Oxford-AstraZeneca (Covishield). Aunque es un evento poco común y la causa exacta no está completamente establecida (se plantearon hipótesis cerebrovasculares o inmunológicas), este caso resalta la importancia de la vigilancia y el reporte de síntomas neurológicos, incluyendo los cognitivos, para una mejor comprensión de los posibles efectos raros.

¿Hay efectos secundarios neurológicos a largo plazo conocidos de las vacunas COVID-19?
La información proporcionada se centra en eventos neurológicos agudos o subagudos que ocurren tras la vacunación. Las vacunas en general rara vez causan efectos secundarios a largo plazo. La vigilancia post-comercialización continúa monitoreando la aparición de cualquier evento adverso raro, incluyendo aquellos que pudieran manifestarse a más largo plazo. Sin embargo, los trastornos neurológicos raros asociados a las vacunas COVID-19 que se han identificado hasta la fecha se manifiestan en un plazo relativamente corto tras la administración.

¿Pueden vacunarse las personas con afecciones neurológicas preexistentes, como Esclerosis Múltiple o Miastenia Gravis?
Generalmente sí. Las personas con afecciones neurológicas preexistentes a menudo son consideradas poblaciones de riesgo para resultados graves de la infección por COVID-19. La vacunación es recomendada para ellas, ya que los beneficios de la protección contra el COVID-19 suelen superar los riesgos. Los estudios no han mostrado un aumento significativo en el riesgo de recaídas o empeoramiento de estas condiciones tras la vacunación para la mayoría de los pacientes. Sin embargo, siempre se recomienda que estos pacientes consulten con su neurólogo o médico especialista para una evaluación individualizada y determinar el momento más adecuado para la vacunación, especialmente si tienen un historial reciente de actividad de la enfermedad o han experimentado un evento adverso raro previo relacionado con una vacuna.

Conclusión

En resumen, este análisis basado en la literatura reciente subraya la importancia crucial de las vacunas para prevenir infecciones graves por COVID-19 y las enfermedades neurológicas asociadas a la infección. Si bien se reconoce que pueden ocurrir eventos adversos neurológicos raros, como el Síndrome de Guillain-Barré, la Trombosis de Senos Venosos Cerebrales o la Parálisis de Bell, entre otros trastornos neuro-inmunológicos y desmielinizantes, su incidencia es baja. La identificación temprana y precisa de estos eventos a través de la vigilancia posterior a la comercialización es un desafío significativo de salud pública, en el que los neurólogos desempeñan un papel vital. Los avances logrados durante la pandemia de COVID-19 han mejorado la detección oportuna de las señales de seguridad. Sin embargo, aún queda trabajo por hacer para comprender completamente los mecanismos detrás de los efectos neurológicos asociados a las vacunas. En el futuro, se requieren esfuerzos de investigación coordinados y globales que conecten estudios epidemiológicos con análisis clínicos y de laboratorio para abordar estos desafíos, refinar nuestra comprensión y mantener la confianza social en la vacunación como una herramienta esencial de salud pública.

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Jesús Porta Etessam

Soy licenciado en Medicina y Cirugía y Doctor en Neurociencias por la Universidad Complutense de Madrid. Me formé como especialista en Neurología realizando la residencia en el Hospital 12 de Octubre bajo la dirección de Alberto Portera y Alfonso Vallejo, donde también ejercí como adjunto durante seis años y fui tutor de residentes. Durante mi formación, realicé una rotación electiva en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center.Posteriormente, fui Jefe de Sección en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid y actualmente soy jefe de servicio de Neurología en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz. Tengo el honor de ser presidente de la Sociedad Española de Neurología, además de haber ocupado la vicepresidencia del Consejo Español del Cerebro y de ser Fellow de la European Academy of Neurology.A lo largo de mi trayectoria, he formado parte de la junta directiva de la Sociedad Española de Neurología como vocal de comunicación, relaciones internacionales, director de cultura y vicepresidente de relaciones institucionales. También dirigí la Fundación del Cerebro.Impulsé la creación del grupo de neurooftalmología de la SEN y he formado parte de las juntas de los grupos de cefalea y neurooftalmología. Además, he sido profesor de Neurología en la Universidad Complutense de Madrid durante más de 16 años.

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