How does autism affect social cognition?

Autismo y la Interacción Social Real

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El Trastorno del Espectro Autista (TEA) se define, en parte, por "déficits persistentes en la comunicación social y la interacción social". Históricamente, la investigación y los enfoques de intervención se han centrado en identificar y abordar supuestas "deficiencias" individuales en las personas autistas, asumiendo que estas son la causa principal de sus dificultades sociales. Se ha investigado ampliamente en tres áreas clave: la cognición social, la habilidad social y la motivación social, considerándolas atípicas en el autismo y asumiendo que contribuyen mecánicamente a las dificultades de interacción más amplias.

What is the behavioral theory of autism?
The behavioral theory derived from such work has four tenets: (a) autistic children's behaviors are consistent with laws of learning derived from the behavior of other organisms; (b) autistic children have many separate behavioral difficulties best described as a developmental delay; (c) despite their difficulties, ...

Sin embargo, a pesar de esta suposición arraigada, la investigación no había evaluado directamente si estas tres áreas contribuyen realmente a los resultados de la interacción social en el mundo real para las personas autistas. Un estudio reciente se propuso abordar esta brecha, administrando medidas estandarizadas de estos tres dominios sociales a adultos autistas y no autistas, y luego observando cómo se desenvolvían en una conversación real no estructurada. Los resultados desafían algunas de las ideas convencionales.

Índice de Contenido

¿Qué Son la Cognición Social, la Habilidad Social y la Motivación Social?

Para entender cómo el autismo podría afectar la interacción social, primero debemos definir estos términos clave:

  • Cognición Social: Se refiere a cómo percibimos, interpretamos y procesamos la información social. Esto incluye subdominios como la percepción social (detectar información social importante), el reconocimiento de emociones (identificar con precisión los estados emocionales de otros a partir de expresiones faciales, voces, etc.) y la teoría de la mente (inferir los pensamientos, intenciones y creencias de otras personas). En promedio, los adultos autistas tienden a obtener puntuaciones más bajas que los adultos no autistas en pruebas estandarizadas de estas habilidades, como el reconocimiento facial, la identificación de emociones y la inferencia de estados mentales.
  • Habilidad Social: Es un término amplio que engloba el conjunto de comportamientos utilizados para manejar las demandas sociales y alcanzar objetivos sociales en diferentes contextos. Va desde comportamientos específicos como el contacto visual hasta competencias más complejas como la fluidez conversacional o la capacidad de negociación. Las personas autistas a menudo muestran comportamientos sociales no normativos en comparación con sus pares no autistas en interacciones observadas. Esto puede incluir un uso atípico de la mirada, menor participación conversacional observable, fluidez verbal reducida, afecto atípico o hacer menos preguntas a su interlocutor.
  • Motivación Social: Implica la búsqueda y el disfrute de la información social y las relaciones. Aunque en la primera infancia algunos estudios sugieren una atención y respuesta de recompensa diferentes hacia estímulos sociales en el autismo, en la adolescencia y adultez la motivación social varía mucho. Muchas personas autistas expresan deseos similares de amistad y relaciones que sus pares no autistas, aunque sus intereses o enfoques sociales pueden diferir.

Tradicionalmente, las puntuaciones más bajas en pruebas de cognición social y las diferencias observadas en la habilidad social se han considerado "déficits" que explican las dificultades de interacción. La motivación social a veces se ha visto como disminuida, aunque esto es un tema más debatido y variable.

El Vínculo Asumido con la Interacción Real

La lógica detrás de gran parte de la investigación e intervención en autismo ha sido que si se mejoran estas habilidades individuales (cognición social, habilidad social, motivación social), se reducirán las dificultades en la interacción social del mundo real. Numerosos programas se han desarrollado con este fin, especialmente para adultos autistas sin discapacidad intelectual. Se asume que estas "deficiencias" subyacen a desafíos ocupacionales, aislamiento social y menor calidad de vida.

Sin embargo, estudios que han intentado vincular empíricamente el rendimiento en pruebas estandarizadas de estas habilidades con resultados funcionales o sociales más amplios a menudo han encontrado relaciones modestas o inconsistentes. La pregunta clave que quedaba sin respuesta directa era: ¿Cómo se traducen realmente estas diferencias en la cognición social, habilidad social y motivación social medidas en laboratorio a la calidad y el éxito de una interacción social espontánea y real con otra persona?

Un Estudio Revelador: Puntuaciones Individuales vs. Interacción Real

El estudio mencionado, basado en datos de una investigación previa (Morrison et al., 2020), reclutó a 125 adultos (67 autistas y 58 no autistas) y los emparejó en conversaciones no estructuradas de 5 minutos para "conocerse". Las parejas podían ser autista-autista (A-A), autista-no autista (A-NA) o no autista-no autista (NA-NA). Antes o después de la conversación, los participantes completaron pruebas estandarizadas de cognición social (reconocimiento facial, de emociones, teoría de la mente), motivación social (interés en formar relaciones) y se registraron sus habilidades sociales durante la conversación mediante codificadores entrenados (que evaluaron contacto visual, fluidez, participación, etc.). Después de la conversación, los participantes evaluaron a su interlocutor y la calidad de la interacción.

Consistentemente con investigaciones previas, los adultos autistas obtuvieron puntuaciones más bajas en las pruebas estandarizadas de los tres dominios sociales y fueron evaluados menos favorablemente por sus interlocutores (tanto autistas como no autistas) en comparación con los adultos no autistas.

Sin embargo, aquí viene el hallazgo clave y sorprendente: los vínculos entre el rendimiento de los adultos autistas en las medidas estandarizadas de cognición social, habilidad social y motivación social y los resultados de sus interacciones sociales reales fueron mínimos. En otras palabras, obtener una puntuación baja en una prueba de laboratorio de teoría de la mente o reconocimiento de emociones no predijo de manera significativa qué tan bien o mal le fue a un adulto autista en una conversación real, ni cómo fue percibido por su interlocutor.

Aún más inesperado, en las parejas mixtas (A-NA), fueron las habilidades sociales de los adultos no autistas, y no las de los autistas, las que predijeron algunos resultados de la interacción. Por ejemplo, una mejor cognición social en el adulto no autista se asoció con que este evaluara la calidad de la conversación con su interlocutor autista como superior.

Tabla Comparativa de Resultados:

CaracterísticaVisión Tradicional (Basada en Pruebas Estandarizadas)Hallazgo del Estudio (Interacción Real)
Rendimiento en Cognición SocialMenor en autistas vs. no autistasMenor en autistas vs. no autistas
Habilidad Social ObservadaDiferente/menos normativa en autistas vs. no autistasDiferente/menos normativa en autistas vs. no autistas
Motivación Social (normativa)Menor en autistas vs. no autistas (variable)Menor en autistas vs. no autistas (variable)
Evaluación por Interlocutor (Interacción Real)Menos favorable para autistas vs. no autistasMenos favorable para autistas vs. no autistas
Vínculo entre Habilidades Individuales (autistas) y Éxito en Interacción RealSe asume un vínculo fuerte (causal)Vínculo mínimo o inexistente
Vínculo entre Habilidades Individuales (no autistas) y Éxito en Interacción Real (Parejas Mixtas)No foco principalHabilidades del no autista (ej. cognición social) predicen algunos resultados

El único predictor individual consistente de un resultado de interacción fue la calificación general de habilidad social observada por los codificadores, que se asoció con ser evaluado como "menos torpe" (awkward). Curiosamente, aunque los adultos autistas también calificaron a otros autistas como torpes, a diferencia de los no autistas, esta calificación no se asoció fuertemente con un menor interés en futuras interacciones.

La Perspectiva Relacional: La Teoría de la Doble Empatía

Estos resultados sugieren que las medidas estandarizadas de cognición social, habilidad social y motivación social en adultos autistas no corresponden de manera clara y predecible con los resultados de sus interacciones sociales en el mundo real. Esto apoya enfoques más recientes que enfatizan la importancia de la dinámica relacional en lugar de centrarse únicamente en las características individuales.

Una teoría relevante es la de la Doble Empatía, propuesta por Damian Milton. Esta teoría sugiere que las dificultades de interacción entre personas autistas y no autistas no se deben únicamente a una falta de empatía o comprensión por parte de la persona autista hacia la persona no autista (el modelo de déficit tradicional), sino también a lo contrario: las personas no autistas a menudo tienen dificultades para entender la comunicación y las señales sociales de las personas autistas. Desde esta perspectiva, la interacción social es una calle de doble sentido, y las dificultades surgen de un "mismatch" o desajuste en los estilos de comunicación y procesamiento, no de un déficit unilateral.

Los hallazgos del estudio, donde las habilidades del interlocutor no autista influyeron en la calidad percibida de la interacción con un autista, y donde las parejas A-A mostraron mejor rapport en estudios previos con la misma muestra, respaldan la idea de que la compatibilidad relacional y la dinámica entre ambos individuos son cruciales, quizás más que las habilidades individuales aisladas.

Implicaciones para la Investigación y la Intervención

Los resultados tienen implicaciones importantes. Primero, sugieren la necesidad de desarrollar y validar evaluaciones más ecológicas de las habilidades sociales autistas, es decir, medidas que capturen cómo se manifiestan estas habilidades en contextos de interacción real y dinámicos, en lugar de solo mediante pruebas de papel y lápiz o computarizadas aisladas. Las pruebas estandarizadas pueden ser buenas para identificar diferencias grupales promedio, pero no necesariamente para predecir el éxito o la dificultad en una conversación real.

Segundo, cuestionan la eficacia de las intervenciones que se centran exclusivamente en entrenar a las personas autistas para que se ajusten a las normas sociales no autistas. Si las dificultades de interacción no se deben principalmente a un déficit individual, sino a un desajuste en la comunicación entre personas de diferentes neurotipos, entonces las intervenciones deberían considerar enfoques más relacionales o bidireccionales. Esto podría incluir educar a las personas no autistas sobre los estilos de comunicación autista, fomentar la comprensión mutua o crear entornos sociales más inclusivos.

El estudio también destaca la heterogeneidad dentro del autismo. Un enfoque centrado en la persona, que reconozca la variabilidad individual en las habilidades y preferencias sociales, puede ser más útil que las evaluaciones y análisis a nivel de grupo.

Limitaciones del Estudio

Es importante notar algunas limitaciones del estudio. La muestra consistió principalmente en hombres universitarios con un cociente intelectual promedio o superior, lo que puede no representar la diversidad total de la población autista (por ejemplo, no incluyó mujeres autistas, que a menudo difieren en algunos aspectos sociales, ni personas con discapacidad intelectual). El estudio también se limitó a interacciones cortas de "conocerse", que pueden no reflejar la complejidad de las relaciones a largo plazo. Además, aunque el estudio fue el primero en examinar estas variables de manera integral en la interacción real, podría haber estado limitado en su poder estadístico para detectar algunos efectos más sutiles.

Preguntas Frecuentes (FAQ)

¿Significa esto que las personas autistas no tienen dificultades sociales?
No. El estudio confirma que los adultos autistas fueron evaluados menos favorablemente en interacciones con extraños y obtuvieron puntuaciones más bajas en pruebas estandarizadas. Las dificultades sociales son una parte central del diagnóstico. Lo que el estudio sugiere es que la causa de estas dificultades en la interacción real es más compleja de lo que se pensaba y no se explica simplemente por puntuaciones bajas en pruebas aisladas de habilidades sociales o cognitivas.
¿Deberían detenerse las intervenciones en habilidades sociales para personas autistas?
El estudio sugiere que las intervenciones que se centran únicamente en hacer que la persona autista se ajuste a las normas no autistas basándose en puntuaciones de pruebas estandarizadas pueden no ser tan efectivas como se esperaba para mejorar la interacción real con personas no autistas. Se necesitan más investigaciones sobre qué tipo de intervenciones son más efectivas y si deberían adoptar enfoques más relacionales o centrarse en diferentes aspectos.
Si las habilidades del adulto no autista influyen en la interacción, ¿significa que la "culpa" es de ellos?
La perspectiva relacional, como la de la Doble Empatía, no busca culpar a nadie. Sugiere que las dificultades surgen de una falta de comprensión mutua y un desajuste entre diferentes estilos de comunicación y procesamiento de información social. Mejorar la interacción social puede requerir esfuerzos bidireccionales: tanto por parte de las personas autistas como de las no autistas para entenderse mutuamente.
¿Qué tipo de evaluaciones sociales serían más útiles en el futuro?
El estudio aboga por evaluaciones más "ecológicas", es decir, que midan las habilidades sociales y la cognición social tal como se manifiestan durante interacciones reales y dinámicas, en lugar de mediante tareas artificiales o cuestionarios aislados. Esto podría implicar analizar directamente las conversaciones y la dinámica relacional.

Conclusión

Este estudio representa un avance importante al desafiar la suposición tradicional de que las puntuaciones en medidas estandarizadas de cognición social, habilidad social y motivación social predicen de manera directa y fuerte las dificultades de interacción social en el mundo real para los adultos autistas. Los hallazgos sugieren que la relación es mucho más compleja y que los resultados de la interacción social, especialmente entre personas autistas y no autistas, dependen significativamente de la dinámica relacional y las características de ambos interlocutores. Se abre así la puerta a nuevas formas de entender y abordar las complejidades de la interacción social en el autismo, alejándose de un modelo basado puramente en déficits individuales hacia uno que considere la neurodiversidad y la necesidad de comprensión mutua.

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Jesús Porta Etessam

Soy licenciado en Medicina y Cirugía y Doctor en Neurociencias por la Universidad Complutense de Madrid. Me formé como especialista en Neurología realizando la residencia en el Hospital 12 de Octubre bajo la dirección de Alberto Portera y Alfonso Vallejo, donde también ejercí como adjunto durante seis años y fui tutor de residentes. Durante mi formación, realicé una rotación electiva en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center.Posteriormente, fui Jefe de Sección en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid y actualmente soy jefe de servicio de Neurología en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz. Tengo el honor de ser presidente de la Sociedad Española de Neurología, además de haber ocupado la vicepresidencia del Consejo Español del Cerebro y de ser Fellow de la European Academy of Neurology.A lo largo de mi trayectoria, he formado parte de la junta directiva de la Sociedad Española de Neurología como vocal de comunicación, relaciones internacionales, director de cultura y vicepresidente de relaciones institucionales. También dirigí la Fundación del Cerebro.Impulsé la creación del grupo de neurooftalmología de la SEN y he formado parte de las juntas de los grupos de cefalea y neurooftalmología. Además, he sido profesor de Neurología en la Universidad Complutense de Madrid durante más de 16 años.

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