El sistema nervioso central posee una propiedad asombrosa: la capacidad de adaptarse a diferentes estímulos y experiencias a lo largo de la vida. Esta cualidad se conoce como neuroplasticidad y es un campo de estudio actual y vibrante. Dentro de este vasto concepto, el sistema auditivo tiene su propia manifestación de esta adaptabilidad, conocida como plasticidad auditiva. Comprender cómo el sistema auditivo puede cambiar, tanto a nivel anatómico como funcional, es crucial, especialmente dada la importancia fundamental de la audición para la comunicación humana y el impacto que la pérdida auditiva tiene en el desarrollo individual, social y emocional.

La audición nos permite interactuar con el entorno, comprender el lenguaje y adquirir conocimiento. Cuantos más estímulos sonoros recibimos y procesamos, mejor equipados estamos para relacionarnos con los demás y con el mundo. Sin embargo, el sistema auditivo no siempre funciona de manera óptima. La pérdida de audición, que afecta a un número considerable de personas en todas las edades, no solo limita la capacidad de percibir información sonora, sino que también impacta la forma en que un individuo se relaciona con su entorno, su cultura y puede tener efectos biológicos, psicológicos y sociales significativos.
Debido a esta relevancia, la investigación científica ha explorado activamente la capacidad del sistema sensorial auditivo para responder con plasticidad ante diversas situaciones, incluyendo lesiones o la introducción de nuevos estímulos. Los hallazgos han demostrado consistentemente que el sistema auditivo es capaz de reorganizarse cuando hay variaciones en la estimulación sonora, ya sea por una reducción, un aumento o un condicionamiento del sonido.
¿Qué es la Neuroplasticidad en General?
El término "plástico" proviene del griego "plastikós", que significa moldeado. La plasticidad, en el sentido más amplio, es la capacidad de sufrir un cambio de forma. Aplicado a la neurociencia, William James fue uno de los primeros en utilizar el término en 1890, refiriéndose a la inclinación del comportamiento humano a cambiar. Describió la plasticidad como la posesión de una estructura lo suficientemente débil como para ceder a una influencia, pero lo suficientemente fuerte como para no ceder por completo de inmediato. Argumentó que la materia orgánica, especialmente el tejido nervioso, está dotada de un grado extraordinario de plasticidad, que subyace a la formación de hábitos.
Hoy en día, la neuroplasticidad en el cerebro se define como la propiedad intrínseca del sistema nervioso para adaptar y cambiar su organización estructural y funcional en respuesta a la experiencia y a los cambios en el entorno. El comportamiento y la experiencia equivalen a la actividad de todas las neuronas en el cerebro, que forman redes neuronales eficientes y precisas para procesar señales de entrada y generar respuestas.
Un ejemplo clásico de neuroplasticidad se observa en los sistemas sensoriales. Existen conexiones neuronales ordenadas que forman mapas sensoriales en varias áreas del cerebro, vinculados a receptores periféricos. Por ejemplo, estimular un dedo evoca actividad neuronal en un sitio específico de la corteza somatosensorial. Estos mapas se alteran cuando la superficie receptora periférica cambia. Si se elimina la entrada, como en el caso de una amputación de un miembro, el área de representación somatotópica en la corteza sensorial o motora no queda silenciada; otros receptores sensoriales estimularán las neuronas centrales que antes respondían a los receptores dañados. Esto demuestra la plasticidad o reorganización del mapa sensorial.
Es fundamental entender que la plasticidad no es una propiedad del cerebro que solo se activa después de una lesión para promover la recuperación funcional o compensar la pérdida. La plasticidad está siempre activa. Ocurre cada vez que experimentamos algo nuevo. Incluso después de una lesión cerebral, el comportamiento sigue siendo una consecuencia del cerebro en su totalidad y, por lo tanto, una consecuencia de un sistema nervioso plástico.
Aunque en el pasado se creía que la plasticidad era limitada en los adultos y que no ocurría en personas mayores, ahora se sabe que el cerebro adulto tiene la capacidad de cambiar y adaptarse a las circunstancias. Si bien la eficiencia de la plasticidad puede disminuir con la edad, los mecanismos plásticos no desaparecen y siguen activos en la vejez. Por lo tanto, es incorrecto establecer límites de edad para iniciar tratamientos que dependen de la plasticidad.
Las ideas antiguas sobre las "ventanas críticas" de plasticidad, como la creencia en los años 50 de que el aprendizaje del lenguaje solo era posible hasta los 10-12 años, se basaban en la idea de que el sistema nervioso tenía un tiempo limitado para desarrollarse y que ciertas habilidades no se desarrollaban más allá de un período de crecimiento específico en los niños. Estas ideas están siendo cuestionadas actualmente, reconociendo una mayor plasticidad a lo largo de la vida.
La Plasticidad Específica del Sistema Auditivo
La Plasticidad Auditiva se define como el cambio en las células nerviosas del sistema auditivo debido a influencias ambientales. El sistema auditivo no está completamente desarrollado al nacer; madura lentamente después de que el oído interno comienza a funcionar. La plasticidad de las neuronas sensoriales es fundamental al inicio de la vida intrauterina y neonatal para consolidar la audición.

La plasticidad del sistema sensorial ocurre tanto en los tejidos neurosensoriales de los receptores periféricos como en las vías centrales. La plasticidad del sistema auditivo cambia las propiedades fisiológicas, bioquímicas y/o anatómicas de las neuronas centrales en respuesta a las demandas de transmisión de información acústica. Es un fenómeno biodinámico. El sistema auditivo se reorganiza después de cualquier variación en la entrada auditiva porque la entrada de estímulos puede disminuir (lesión coclear) o ser nueva (desarrollo postnatal y al colocar implantes cocleares o audífonos).
Aunque la plasticidad puede volverse más lenta en los sistemas nerviosos maduros, persiste a lo largo de la vida. Un estudio reciente sugirió que el sistema auditivo humano también tiene plasticidad de desarrollo en el tronco encefálico, no solo en la corteza. Este descubrimiento se ha interpretado en diferentes contextos de estímulos y experiencias.
Los cambios en las propiedades anatómicas o fisiológicas del sistema auditivo central pueden ser inducidos por la pérdida auditiva neurosensorial (plasticidad primaria), por la reintroducción de estímulos auditivos (plasticidad secundaria) o por condicionamiento.
Plasticidad Primaria
La pérdida de audición induce la plasticidad primaria. Cuando hay pérdida auditiva, los mapas de frecuencia en el cerebro pueden reorganizarse, haciendo que más neuronas se enfoquen en las frecuencias que aún se escuchan. Esto permite que el sistema auditivo siga respondiendo al sonido, lo que beneficia la audición en cierto modo. Sin embargo, las respuestas pueden seguir siendo inadecuadas, ya que un número anormal de neuronas se excitan por estímulos específicos, lo que cambia la codificación neuronal natural. La capacidad de codificación del sonido también se altera porque el sistema puede no reconocer que varias neuronas ahora responden a frecuencias incorrectas, y debe establecer nuevas asociaciones apropiadas entre estímulos y respuestas neurales.
La plasticidad de interacción (excitatoria o inhibitoria) evocada por estímulos binaurales también puede impactar la percepción. Esto es particularmente relevante para la privación asociada con el uso monoaural de audífonos. Un ejemplo es la capacidad debilitada de los oídos no ayudados y la capacidad fortalecida de los oídos estimulados para evocar respuestas centrales. Esto podría llevar a respuestas neuronales desequilibradas donde el oído ayudado sería apoyado por neuronas binaurales a expensas del oído menos estimulado. Con el tiempo, esto podría resultar en privación. Por lo tanto, el término privación no sería el más correcto; una asociación entre plasticidad y privación podría causar pérdida auditiva en los oídos no ayudados.
Algunos autores dan mucho valor a la adaptación temprana de audífonos y a la estimulación equilibrada de los oídos, y han sugerido que la pérdida auditiva bilateral simétrica con adaptación monoaural de audífonos puede volverse asimétrica debido a una estimulación desigual.
Plasticidad Secundaria
Estudios sobre los efectos de la privación y la estimulación auditiva en la percepción han demostrado de manera concluyente que el desarrollo y la función del sistema auditivo están relacionados con la cantidad y calidad de la entrada auditiva. Ofrecer estímulos adecuados al sistema nervioso es necesario para que los mecanismos de plasticidad se pongan en marcha.
Si el sistema auditivo central es capaz de reorganizarse después de una lesión, surge la pregunta de si la reintroducción de estímulos auditivos mediante audífonos o implantes cocleares tiene el potencial de provocar plasticidad auditiva. Los estudios sugieren que el aumento de la estimulación auditiva debido a la amplificación puede inducir plasticidad secundaria, lo que facilita la aclimatación.
La aclimatación se refiere al período posterior a la adaptación a los audífonos, durante el cual las habilidades auditivas y el reconocimiento del habla mejoran gradualmente debido a las nuevas señales disponibles para los usuarios. Si un individuo ya ha desarrollado plasticidad primaria beneficiosa, la amplificación del sonido puede tener un efecto negativo, al menos inicialmente, debido a la distorsión entre los estímulos acústicos y las respuestas auditivas que el sistema auditivo utilizaba previamente de manera ventajosa. Las frecuencias que antes no se escuchaban vuelven a ser audibles gracias a los audífonos, y esto crea una competencia por las neuronas antiguas. Por lo tanto, la codificación neuronal de los sonidos puede generar nuevos problemas.

Los cambios en la organización del sistema auditivo central pueden ocurrir entre el inicio de la pérdida auditiva y el momento en que se utilizan los audífonos. Se sugiere que los audífonos deben adaptarse antes de que el sistema auditivo se reorganice de manera permanente y se pierda la oportunidad de mejorar la audición. La amplificación del sonido aumenta los estímulos auditivos, lo que puede inducir plasticidad secundaria, contribuyendo así a la aclimatación.
El verdadero propósito de los audífonos, desde la perspectiva de la plasticidad, podría ser utilizar la reintroducción de estímulos para inducir plasticidad secundaria, devolviendo los mapas de representación a sus lugares adecuados. Los audífonos podrían tener dos efectos si la plasticidad se utilizara como herramienta clínica: restaurar la sensibilidad y cambiar el sistema nervioso central.
La plasticidad auditiva es importante para el tratamiento de individuos sordos de todas las edades en los que se colocan implantes cocleares, ya que la plasticidad está relacionada con la capacidad del sistema nervioso para adaptarse a estímulos artificiales. Estos hallazgos demuestran la capacidad del sistema nervioso central para adaptarse a nuevas sensaciones auditivas después de períodos variables de privación.
Estudios como el de Boéchat demostraron plasticidad en el sistema nervioso auditivo con evidencia fisiológica. Evaluó el efecto del tiempo de privación y el tiempo de estimulación en las variaciones de sensibilidad auditiva para tonos puros y la puntuación de reconocimiento del habla en sujetos con pérdida auditiva neurosensorial. Los usuarios de audífonos tuvieron menos variaciones en los umbrales tonales y mejores puntuaciones de reconocimiento del habla, lo que sugiere plasticidad debida a la privación auditiva en los no usuarios y plasticidad secundaria tras la estimulación auditiva en los usuarios. Además, los usuarios de audífonos parecieron mejorar más significativamente en los primeros dos años de introducción de estímulos, mientras que los efectos negativos de la privación se presentaron gradualmente en los no usuarios. Esto subraya que la cantidad y calidad de los estímulos desarrollan y mantienen el sistema auditivo central, destacando la importancia de la estimulación auditiva binaural.
Otro estudio de Amorim & Almeida también observó que los valores de reconocimiento del habla tendieron a aumentar con la duración del uso de audífonos, lo que podría deberse a la plasticidad cerebral. Aunque las diferencias no siempre fueron estadísticamente significativas, los hallazgos sugirieron que con el tiempo el rendimiento en el reconocimiento del habla mejoraba en los oídos ayudados y empeoraba en los oídos no ayudados en casos de adaptación monoaural, sugiriendo aclimatación en los primeros y privación sensorial en los segundos. En adaptaciones binaurales, las puntuaciones de reconocimiento del habla en ambos oídos tendieron a aumentar con la amplificación. Estos resultados, aunque no siempre con significancia estadística, concuerdan con la idea de la plasticidad en respuesta a la estimulación.
| Tipo de Plasticidad Auditiva | Inducida por | Efecto Principal | Nivel de Estímulo | Ejemplo Típico | Potencial Resultado |
|---|---|---|---|---|---|
| Primaria | Pérdida Auditiva | Reorganización de mapas neuronales | Disminuido/Alterado | Oído no ayudado en adaptación monoaural | Adaptación (a veces ineficaz), posible privación |
| Secundaria | Reintroducción de Estímulo | Facilitación de aclimatación, restauración de mapas | Aumentado/Restaurado | Oído ayudado con audífono o implante | Mejora del rendimiento, aclimatación |
La Corteza Auditiva: El Centro de Procesamiento Superior
El destino final de la información auditiva aferente es la corteza auditiva. Situada en el lóbulo temporal, en el giro temporal superior, la corteza auditiva tiene varias subdivisiones, destacando la corteza auditiva primaria (A1) y las áreas de cinturón (belt areas).
La corteza auditiva primaria (A1) recibe una entrada punto a punto de una parte del complejo geniculado medial, lo que resulta en un mapa preciso de las frecuencias sonoras, conocido como mapa tonotópico. Al igual que las cortezas visual y somatosensorial tienen mapas de sus respectivos epitelios sensoriales, A1 tiene un mapa de la cóclea basado en cómo esta descompone el sonido por frecuencia. La mayoría de las estructuras auditivas ascendentes entre la cóclea y la corteza también presentan esta organización tonotópica.
Ortogonal al eje de frecuencia en el mapa tonotópico, existe una disposición de franjas que representan propiedades binaurales. Algunas neuronas son excitadas por ambos oídos (células EE), mientras que otras son excitadas por un oído e inhibidas por el otro (células EI). Estas franjas EE y EI alternan, recordando las columnas de dominancia ocular en la corteza visual.
El procesamiento sensorial que ocurre en las otras divisiones de la corteza auditiva aún no se comprende completamente, pero se cree que es importante para el procesamiento de orden superior de sonidos naturales, incluidos los utilizados para la comunicación. Algunas áreas parecen especializadas en procesar combinaciones de frecuencias, mientras que otras se especializan en procesar modulaciones de amplitud o frecuencia.

Los sonidos especialmente importantes para la comunicación, como el habla en humanos, a menudo tienen una estructura temporal muy ordenada. Estudios han demostrado que la corteza auditiva es particularmente importante para procesar secuencias temporales de sonido. Si la corteza auditiva se lesiona, se puede perder la capacidad de discriminar entre dos sonidos complejos que tienen los mismos componentes de frecuencia pero difieren en su secuencia temporal. Esto sugiere que regiones específicas de la corteza auditiva humana están especializadas en procesar sonidos elementales del habla, así como otras señales acústicas temporalmente complejas, como la música. De hecho, el área de Wernicke, crucial para la comprensión del lenguaje humano, se encuentra dentro del área auditiva secundaria.
El Trastorno del Procesamiento Auditivo (TPA)
Relacionado con la función del sistema auditivo central, el Trastorno del Procesamiento Auditivo (TPA), o Auditory Processing Disorder (APD) en inglés, es un concepto complejo. El TPA se refiere a un conjunto de condiciones en las que la capacidad para detectar sonidos, localizar sus fuentes, o determinar su identidad y significado está afectada. Esto ocurre debido a un defecto funcional en el sistema nervioso auditivo central, que puede ser resultado de enfermedad, daño o malformación, y *a pesar de tener umbrales auditivos normales*.
Desde mediados de la década de 1950, se observó que pacientes con tumores en el lóbulo temporal se quejaban de dificultades auditivas a pesar de tener audición normal en las pruebas estándar. Esto, junto con la investigación en niños con trastornos de la comunicación, llevó a considerar y evaluar la función auditiva central.
El TPA se define por un rendimiento deficiente en habilidades como la localización y lateralización del sonido, la discriminación auditiva, el reconocimiento de patrones, la integración temporal, la detección de brechas temporales, el ordenamiento temporal, la percepción enmascarada, la escucha dicótica, o la identificación de señales degradadas. Puede ser genético o adquirido y se presenta tanto en niños como en adultos. Aunque inicialmente se centró en adultos con lesiones estructurales claras, ha crecido el interés en el TPA en niños.
Los avances recientes en neurociencia cognitiva están ayudando a comprender la arquitectura funcional de los procesos que median el reconocimiento y la comprensión del sonido, arrojando luz sobre los llamados trastornos de nivel superior, que a menudo se solapan con las dificultades del TPA. Los estudios en pacientes con lesiones anatómicas definidas son complementarios a los estudios de neuroimagen funcional en poblaciones normales, ayudando a identificar las regiones cerebrales necesarias para funciones auditivas específicas.
La Neurociencia de la Pérdida Auditiva
La pérdida auditiva es una carga significativa para la salud pública. Además de los problemas de comunicación directos, se ha asociado con otras condiciones como la depresión y la demencia.
La evaluación clínica y las pruebas audiológicas permiten identificar las características, la causa y la severidad de la pérdida auditiva. Para pérdidas neurosensoriales súbitas, rápidamente progresivas o asimétricas, se recomienda un cribado retrococlear (evaluar las vías nerviosas detrás de la cóclea).
Mientras que la pérdida auditiva conductiva a menudo puede tratarse con terapias médicas o quirúrgicas, el pilar de la rehabilitación para la pérdida auditiva neurosensorial son los dispositivos de asistencia auditiva, principalmente los audífonos. Es aquí donde la comprensión de la plasticidad auditiva se vuelve vital. La adaptación de audífonos o implantes cocleares no es solo una cuestión de amplificar el sonido; es un proceso que interactúa con la capacidad del cerebro para adaptarse y reorganizarse. La plasticidad secundaria permite que el sistema auditivo se beneficie de la nueva información sonora, mejorando la percepción y el reconocimiento del habla con el tiempo.
Preguntas Frecuentes
- ¿Puede el cerebro de un adulto cambiar en respuesta al sonido? Sí, la plasticidad auditiva persiste a lo largo de toda la vida, aunque puede ser menos eficiente en edades avanzadas.
- ¿Cómo ayudan los audífonos o implantes cocleares en relación con la plasticidad? Estos dispositivos reintroducen estímulos auditivos, lo que puede inducir plasticidad secundaria, facilitando la aclimatación y mejorando el procesamiento del sonido.
- ¿La pérdida auditiva afecta solo al oído, o también al cerebro? La pérdida auditiva afecta tanto al oído como al cerebro. Induce plasticidad primaria en el sistema nervioso central, reorganizando cómo se procesan los sonidos.
- ¿Es el Trastorno del Procesamiento Auditivo lo mismo que la pérdida de audición? No. El TPA implica dificultades en el procesamiento de la información auditiva por el cerebro, a pesar de tener umbrales auditivos normales (buena audición periférica).
- ¿La plasticidad cerebral solo ocurre después de una lesión? No, la plasticidad es una propiedad intrínseca y continua del sistema nervioso que ocurre en respuesta a cualquier nueva experiencia o cambio en el entorno, no solo después de una lesión.
En conclusión, la plasticidad auditiva es un testimonio de la increíble capacidad de adaptación del cerebro humano. Desde el desarrollo temprano hasta la respuesta a la pérdida auditiva y el uso de dispositivos de asistencia, el sistema auditivo se reorganiza y cambia constantemente. Esta comprensión no solo es fundamental para la neurociencia básica, sino que también tiene implicaciones directas en la forma en que abordamos la rehabilitación de la audición, buscando optimizar la interacción entre el estímulo sonoro y la capacidad del cerebro para procesarlo de manera efectiva. La investigación continúa revelando los mecanismos detallados detrás de estos cambios, abriendo nuevas vías para mejorar la calidad de vida de las personas con dificultades auditivas.
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