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Neurociencia de la Percepción

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¿Alguna vez te has preguntado cómo tu cerebro convierte la avalancha constante de información sensorial en la experiencia rica y coherente que llamamos realidad? No se trata simplemente de lo que tus ojos 'ven' o tus oídos 'oyen'. La neurociencia moderna nos revela que la percepción es un proceso dinámico y constructivo, mucho más complejo que la mera recepción de estímulos.

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En el lenguaje cotidiano, percibir puede significar entender, darse cuenta, ver o notar. Sin embargo, desde la perspectiva de la neurociencia, la definición de percepción es más específica: es la acción de la mente mediante la cual refiere sus sensaciones a un objeto externo como su causa. Esta distinción es crucial. La sensación es la consecuencia neurobiológica inmediata de estimular los transductores sensoriales (como los fotorreceptores en el ojo o los mecanorreceptores en la piel). Las sensaciones son fugaces, discontinuas y, por sí solas, carecen de contenido semántico o significado profundo. La percepción, en cambio, enriquece la sensación al referirla a otro conocimiento o experiencia. Es el proceso que toma esas señales sensoriales efímeras y las vincula a causas ambientales, haciéndolas duraderas y coherentes al asignarles significado, utilidad y valor.

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La Distinción Fundamental: Sensación vs. Percepción

Para comprender la percepción desde una base neurocientífica, es esencial diferenciarla de la sensación. Imagina que una luz brillante incide en tus ojos. La sensación es la respuesta neuronal directa en tu retina y las vías visuales primarias: la activación de fotorreceptores, la transmisión de impulsos eléctricos que codifican la intensidad y el color de la luz. Esta es una respuesta biológica inmediata.

La percepción, sin embargo, va más allá. Es la interpretación de esa sensación: ¿Es la luz del sol? ¿Es el faro de un coche? ¿Es el reflejo en una ventana? La percepción implica dar sentido a la sensación, identificar su origen y atribuirle propiedades del mundo externo. Como decía el filósofo John Stuart Mill, la percepción refleja las "posibilidades permanentes de la sensación", es decir, cómo las cosas eran o podrían ser, recuperando de los eventos sensoriales fugaces las propiedades estructurales y relacionales duraderas del mundo. William James, otro pilar de la psicología y la filosofía, lo expresó así: la percepción difiere de la sensación por la conciencia de "hechos adicionales asociados con el objeto de la sensación".

Aquí hay una tabla comparativa simple para ilustrar la diferencia:

ConceptoDescripción NeurocientíficaNaturaleza
SensaciónRespuesta neuronal inmediata a estímulos sensoriales.Fugaz, discontinua, sin significado inherente.
PercepciónProceso mental que refiere sensaciones a causas externas, añadiendo significado y coherencia.Duradera, continua, basada en interpretación y contexto.

El Problema Central de la Percepción: La Ambigüedad

La segunda característica esencial de la percepción, según la neurociencia, es que la sensación se refiere a una "causa" externa. Esta idea, desarrollada por filósofos como Thomas Reid, sugiere que una sensación nos "sugiere" un objeto como su fuente. Por ejemplo, un cierto tipo de sonido inmediatamente nos sugiere un coche pasando por la calle. La percepción es la conciencia de "cosas materiales particulares presentes al sentido".

Esta atribución a la fuente de la sensación es profundamente importante, especialmente si consideramos los desafíos computacionales que enfrentan nuestros sistemas sensoriales. Tomemos el ejemplo de la visión. La luz se refleja en los objetos, entra en nuestros ojos, se refracta y se proyecta en la retina, formando una imagen retiniana. Esta imagen es simplemente un patrón de luz que varía en intensidad y longitud de onda a lo largo del espacio y el tiempo.

El problema biológico (el problema de la percepción) es reconstruir las propiedades de la escena visual que dio origen a esa imagen retiniana, basándose únicamente en el patrón de luz recibido. Este es un ejemplo de un problema inverso "mal planteado": un problema sin una solución única. Debido a la reducción de dimensionalidad que ocurre al proyectar el mundo tridimensional en la superficie bidimensional de la retina, simplemente no hay suficiente información en la imagen retiniana para identificar de manera única sus causas ambientales. Dicho sin rodeos, el número de escenas visuales que podrían dar lugar a una imagen retiniana específica es infinito.

El Poder del Contexto para Resolver la Ambigüedad

Dada esta ambigüedad intrínseca, lo más asombroso de nuestra experiencia perceptual visual es que rara vez tenemos dificultad para llegar a una solución única para la causa ambiental de la imagen retiniana. Además, la solución que adoptamos es casi siempre la correcta. Es en los casos raros en que llegamos a una solución incorrecta que hablamos de "ilusiones".

La visión (y la percepción en general) logra esta desambiguación fiable gracias al contexto. El contexto, en términos generales, consiste en otras piezas de información que pueden estar:

  1. Co-presentes en la imagen retiniana (Contexto espacial): Otras características de la imagen, como el color, el patrón o el movimiento de las regiones espaciales que rodean un objeto de interés.
  2. Aprendidas de la experiencia previa del observador con el mundo (Contexto temporal): Nuestras memorias y aprendizajes sobre cómo suelen ser las cosas o cómo se relacionan los estímulos.
  3. Incrustadas en la maquinaria computacional del cerebro como resultado de la evolución en un entorno con propiedades consistentes (Contexto evolutivo): Propiedades del mundo visual que nuestro cerebro ha aprendido a asumir a lo largo de millones de años (por ejemplo, que la luz generalmente proviene de arriba).

El contexto son, por tanto, esos "hechos adicionales asociados con el objeto de la sensación" de los que hablaba James. Utilizando el contexto disponible como pistas, el proceso de desambiguación (el proceso de percibir) se caracteriza mejor como una inferencia probabilística sobre la causa de la sensación. Como dijo James, "la percepción es de cosas probables". O, usando un dicho coloquial, "generalmente vemos lo que esperamos ver".

Influencia del Contexto Espacial y Temporal

El contexto espacial tiene un papel extendido en la percepción, ayudando a resolver la forma simbólica. Las entradas sensoriales están repletas de simbolismo, a menudo abstracto y multifacético, y percibir es captar el significado de esos símbolos. Un ejemplo dramático es el lenguaje humano, que es un mapeo dependiente de la experiencia de estímulos auditivos y visuales a objetos, acciones y conceptos significativos.

William James ilustró cómo el contexto espacial resuelve este mapeo con la frase francesa 'Pas de lieu Rhone que nous'. Si un oyente asume que la frase hablada es francesa, es ininteligible. Si, sin embargo, se le informa al oyente que la frase hablada es en inglés, los mismos sonidos se perciben como 'paddle your own canoe' (rema tu propia canoa). James notó que "al captar el significado en inglés, el sonido mismo parece cambiar". Es decir, el percepto es reconciliado y subjetivamente calificado por el contexto proporcionado.

En el laboratorio, se han estudiado los mecanismos neuronales mediante los cuales las señales sensoriales son moduladas por las claves contextuales. La pregunta clave es: ¿cómo se transforman las señales neuronales que inicialmente reflejan las propiedades de la imagen retiniana (una representación basada en la imagen) para que reflejen en cambio las propiedades de la escena visual (una representación basada en la escena)? La investigación sugiere que esta transformación es una de las operaciones más básicas y fundamentales de la corteza cerebral.

Un ejemplo clásico de la influencia del contexto espacial es la percepción del brillo y el color. Dos cuadrados idénticos pueden percibirse con diferente brillo o color si están rodeados por fondos diferentes (contraste simultáneo). Esto demuestra cómo las regiones circundantes (contexto espacial) influyen en la interpretación de las propiedades de un objeto central.

Otro ejemplo fascinante estudiado en neurociencia es el "diamante del barbero", que imita la ilusión del poste de barbero. Un patrón de rayas en movimiento dentro de una apertura en forma de diamante puede percibirse moviéndose en diferentes direcciones diagonales, a pesar de que el movimiento físico de las rayas en la retina es siempre el mismo (horizontal o vertical). Esto ocurre porque el cerebro utiliza las claves de profundidad (contexto espacial) para determinar si los bordes del patrón son intrínsecos al objeto o son el resultado de oclusión (un objeto cubriendo a otro). La percepción resultante sigue el movimiento inferido del objeto en la escena 3D, no el movimiento literal de las rayas en la imagen 2D.

El Papel Crucial de la Memoria y el Aprendizaje

Si bien el contexto espacial es importante, gran parte de nuestra percepción depende de nuestra experiencia personal previa con el mundo. Este contexto temporal se manifiesta en la capacidad de identificar la causa de un estímulo sensorial y de captar su significado (como forma simbólica).

Considera una imagen ambigua, como un patrón de manchas. Inicialmente, puede parecer aleatorio. Sin embargo, si luego te muestran una imagen clara que revela que el patrón de manchas es, por ejemplo, la cara de un perro, al volver a mirar la imagen ambigua, tu percepción cambia radicalmente. Ahora "ves" al perro. Esto demuestra cómo la información extraída de la memoria (el contexto temporal) transforma la interpretación de un estímulo sensorial ambiguo.

Estos efectos del contexto temporal son omnipresentes y fundamentales. Tienen sus raíces en el aprendizaje asociativo y la recuperación de la memoria. Cuando un observador aprende la relación entre un estímulo sensorial y los "hechos adicionales asociados", el estímulo por sí solo es capaz de activar la recuperación de esos hechos, que se incorporan al percepto.

La investigación neurocientífica ha explorado cómo el aprendizaje de asociaciones sensoriales se implementa mediante la plasticidad neuronal. La hipótesis es que las asociaciones se establecen mediante la formación o el fortalecimiento de conexiones entre las representaciones neuronales de los estímulos emparejados. Estudios en la corteza temporal inferior (IT), una región crucial para el reconocimiento de objetos y la memoria, han mostrado que a medida que los sujetos aprenden asociaciones entre patrones visuales sin sentido, las respuestas neuronales a los estímulos emparejados se vuelven más similares. Esto sugiere que las representaciones neuronales de los estímulos se fusionan a medida que se asocian, reflejando físicamente las nuevas memorias asociativas aprendidas.

Estas memorias consolidadas a lo largo de la vida proporcionan el almacén de "hechos adicionales" necesarios para interpretar los eventos sensoriales. Si la actividad de una neurona en la corteza visual subyace a la percepción (en oposición a la sensación), entonces esa actividad debería estar influenciada tanto por el estímulo retiniano como por la información recuperada de la memoria.

Experimentos han demostrado esto. Por ejemplo, neuronas en el área visual MT, que normalmente responden selectivamente a la dirección del movimiento pero no a estímulos estáticos, pueden volverse selectivas a la dirección de una flecha estática si esa flecha ha sido previamente asociada con movimiento en una dirección particular. Esto sugiere que la nueva "significación" dada a un estímulo visual por una asociación aprendida se refleja en una nueva forma de selectividad neuronal. La actividad neuronal en MT al ver la flecha estática parece subyacer a la "imagen" mental del movimiento asociado, que se recupera de la memoria.

Constancias Perceptuales e Imágenes Mentales

La percepción a menudo generaliza a través de diferentes atributos sensoriales, de modo que estímulos retinianos muy variados se perciben como originados en una fuente común en la escena visual. Estos efectos se conocen como constancias perceptuales. La constancia de tamaño, por ejemplo, explica por qué un objeto se percibe con el mismo tamaño a diferentes distancias, a pesar de que el tamaño de su imagen retiniana varía enormemente. Esto se logra utilizando claves contextuales para la distancia, como la perspectiva lineal o la disparidad binocular.

Otra forma de constancia es la "invariancia de claves de forma", donde atributos esenciales de la escena visual, como la forma o el movimiento de un objeto, se extraen de manera invariante de la imagen retiniana, generalizando a través de los atributos de la imagen que distinguen al objeto del fondo (por ejemplo, definido por brillo, textura o parpadeo). Nuestro sistema visual ha evolucionado (contexto evolutivo) para operar en un entorno donde las propiedades de la luz cambian constantemente, y los objetos son visibles a través de diferentes claves de imagen. La percepción fiable depende de la capacidad de generalizar a través de estos cambios y extraer las propiedades significativas del mundo.

La idea de que la percepción incorpora información recuperada de la memoria nos lleva al concepto de imágenes mentales. Como decía William James en su "ley general de la percepción": "Mientras que parte de lo que percibimos proviene de nuestros sentidos a partir del objeto que tenemos delante, otra parte (y puede ser la mayor parte) siempre proviene de nuestra propia cabeza". La experiencia perceptual a menudo incluye "imágenes" tangibles de las cosas recordadas, vistas con el "ojo de la mente".

Cuando un estímulo sensorial es pobre, ruidoso o incompleto, la memoria juega un papel crítico al complementar las sensaciones. La percepción clara y completa que tenemos de objetos cotidianos (una silla parcialmente oscurecida, un vaso borroso) es el resultado de sensaciones que han sido completadas por información proporcionada por la memoria. Experimentos sugieren que esta información se envía selectivamente de vuelta a la corteza visual, uniendo las señales retinianas con las señales de "imagen" para producir la experiencia perceptual de "cosas probables".

Conclusión y Futuras Direcciones

Hemos definido la percepción como un proceso mediante el cual la ambigüedad fundamental de la sensación se resuelve mediante el uso de claves contextuales (espaciales, temporales, evolutivas), que permiten identificar las causas de la sensación y atribuir significados. Desde una perspectiva neurocientífica, esto implica una transformación fundamental en la corteza cerebral: pasar de una representación basada en los atributos sensoriales (la imagen retiniana) a una representación basada en los atributos del entorno externo (la escena visual).

Aunque sabemos que el contexto se utiliza en este cálculo y podemos identificar señales neuronales que reflejan el resultado, aún se sabe muy poco sobre los mecanismos neuronales precisos que dan lugar a estas señales. ¿Cómo se envía selectiva y dinámicamente la información de la memoria de vuelta a la corteza visual de manera dependiente del contexto para complementar la información de la retina? ¿Cómo incorporan las neuronas que representan el movimiento visual información sobre la disposición espacial de una escena?

Resolver estos desafíos presenta obstáculos significativos. Sin embargo, una variedad de nuevas técnicas experimentales, muchas provenientes de la biología molecular y la ingeniería, ofrecen una gran promesa para una comprensión mecanicista futura de la percepción. La neurociencia continúa desentrañando cómo el cerebro, esa máquina increíblemente compleja, construye activamente la realidad que experimentamos a cada instante, demostrando que ver no es solo una cuestión de abrir los ojos, sino de interpretar un mundo lleno de pistas y significados.

Preguntas Frecuentes sobre la Percepción Neurocientífica

¿Cuál es la principal diferencia entre sensación y percepción?
La sensación es la respuesta biológica inmediata y cruda a los estímulos sensoriales, mientras que la percepción es el proceso mental que interpreta esas sensaciones, les da significado y las refiere a una causa externa en el mundo, utilizando conocimiento y experiencia.

¿Por qué decimos que la percepción es una "inferencia probabilística"?
Debido a que un estímulo sensorial puede ser causado por un número infinito de posibles situaciones en el mundo (el problema de la ambigüedad), el cerebro no puede estar seguro de la causa real. En cambio, utiliza el contexto y la experiencia para calcular la explicación más probable para la sensación, y percibimos esa explicación más probable.

¿Cómo influye el contexto en lo que percibimos?
El contexto proporciona información adicional que ayuda al cerebro a resolver la ambigüedad de las sensaciones. Puede ser información presente en la escena actual (contexto espacial), información de nuestra experiencia previa (contexto temporal/memoria) o incluso información "cableada" en nuestro cerebro por la evolución (contexto evolutivo).

¿Pueden la memoria y el aprendizaje cambiar lo que percibimos?
Sí, de manera significativa. El aprendizaje asociativo crea vínculos neuronales entre estímulos, y la recuperación de memoria asociada a un estímulo influye activamente en cómo se interpreta ese estímulo, a menudo complementando o modificando la información sensorial cruda.

¿Qué papel juega la "imagen mental" en la percepción?
Desde una perspectiva neurocientífica, la recuperación de memoria puede generar patrones de actividad neuronal en las áreas sensoriales que son similares a los que ocurrirían si el estímulo asociado estuviera realmente presente. Estas "imágenes" mentales ayudan a completar la información sensorial incompleta o ambigua, contribuyendo a una experiencia perceptual coherente.

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Jesús Porta Etessam

Soy licenciado en Medicina y Cirugía y Doctor en Neurociencias por la Universidad Complutense de Madrid. Me formé como especialista en Neurología realizando la residencia en el Hospital 12 de Octubre bajo la dirección de Alberto Portera y Alfonso Vallejo, donde también ejercí como adjunto durante seis años y fui tutor de residentes. Durante mi formación, realicé una rotación electiva en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center.Posteriormente, fui Jefe de Sección en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid y actualmente soy jefe de servicio de Neurología en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz. Tengo el honor de ser presidente de la Sociedad Española de Neurología, además de haber ocupado la vicepresidencia del Consejo Español del Cerebro y de ser Fellow de la European Academy of Neurology.A lo largo de mi trayectoria, he formado parte de la junta directiva de la Sociedad Española de Neurología como vocal de comunicación, relaciones internacionales, director de cultura y vicepresidente de relaciones institucionales. También dirigí la Fundación del Cerebro.Impulsé la creación del grupo de neurooftalmología de la SEN y he formado parte de las juntas de los grupos de cefalea y neurooftalmología. Además, he sido profesor de Neurología en la Universidad Complutense de Madrid durante más de 16 años.

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