¿Cuál es la mejor terapia para la indefensión aprendida?

Indefensión Aprendida: ¿Qué Es y Cómo Superarla?

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La sensación de no tener control sobre los eventos de nuestra vida es una experiencia profundamente humana. Sin embargo, cuando esta percepción se vuelve persistente, incluso ante la presencia de oportunidades para el cambio, nos enfrentamos a un fenómeno psicológico conocido como indefensión aprendida. Este estado, descrito por primera vez en el ámbito científico en la década de 1960, tiene implicaciones significativas para nuestra salud mental y bienestar general.

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Índice de Contenido

Los Orígenes de la Indefensión Aprendida: Experimentos Fundamentales

El concepto de indefensión aprendida fue inicialmente formulado por los psicólogos Martin Seligman y Steven F. Maier en 1967. Sus investigaciones pioneras se llevaron a cabo utilizando animales, específicamente perros, en una serie de experimentos diseñados para estudiar las respuestas al estrés incontrolable.

¿Cuáles son los tres elementos de la indefensión aprendida?
La teoría de la indefensión aprendida de Seligman se compone de tres componentes: contingencia, cognición y comportamiento .

En uno de estos experimentos, los perros fueron divididos en tres grupos. Un grupo fue simplemente colocado en un arnés. Otro grupo recibió descargas eléctricas que podían detener presionando una palanca. El tercer grupo, el grupo clave, recibió las mismas descargas que el segundo grupo, pero no tenía forma de detenerlas; las descargas terminaban solo cuando las del perro emparejado en el segundo grupo cesaban. Para los perros de este tercer grupo, las descargas eran incontrolables.

En una segunda parte del experimento, los mismos perros fueron colocados en una caja de transporte dividida por una barrera baja que podían saltar fácilmente para evitar una descarga eléctrica. Los perros de los dos primeros grupos (los que no habían experimentado descargas incontrolables o que podían controlarlas) aprendieron rápidamente a saltar la barrera para escapar. Sorprendentemente, la mayoría de los perros del tercer grupo, aquellos que habían experimentado descargas incontrolables, simplemente se acostaron pasivamente y gimieron cuando se les aplicó la descarga. Habían "aprendido" que sus acciones no tenían efecto sobre la situación aversiva y, por lo tanto, no intentaron escapar, incluso cuando la oportunidad estaba disponible.

Investigaciones posteriores, particularmente las realizadas por el profesor Maier, sugirieron una perspectiva ligeramente diferente: quizás los perros no habían aprendido la indefensión, sino que simplemente no habían aprendido el control. Sin embargo, el fenómeno central de la pasividad ante la adversidad tras experiencias incontrolables se mantuvo como un hallazgo crucial.

Definición y Características de la Indefensión Aprendida

En psicología, la indefensión aprendida se describe como un estado que surge después de que una persona (o animal) ha experimentado repetidamente una situación estresante o aversiva sobre la cual cree que no tiene control. Como resultado, la persona deja de intentar cambiar o mejorar la situación, incluso cuando sí existen oportunidades reales para hacerlo.

La American Psychological Association define la indefensión aprendida como la condición que ocurre cuando alguien enfrenta repetidamente situaciones estresantes incontrolables y no ejerce control cuando este finalmente se vuelve disponible. Esto lleva a sentimientos de impotencia, una pérdida de motivación y la creencia de que los resultados son independientes de las propias acciones.

Algunos síntomas y características comúnmente asociados con la indefensión aprendida incluyen:

  • Pasividad y falta de iniciativa.
  • Baja motivación para cambiar la situación.
  • Dificultad para tomar decisiones.
  • Sentimientos de desesperanza e impotencia.
  • Atribución de fracasos a causas internas, estables y globales (ver Estilos Explicativos más adelante).
  • Aumento del estrés y la ansiedad.

Aunque a menudo se considera un tipo de trastorno del pensamiento más que una condición de salud mental en sí misma, la indefensión aprendida puede contribuir significativamente a la aparición o el empeoramiento de varias condiciones psicológicas.

Causas y Desarrollo: ¿Por Qué Ocurre?

La indefensión aprendida a menudo se desarrolla en respuesta a experiencias estresantes o traumáticas repetidas en las que una persona siente que tiene un control limitado o nulo sobre el resultado. No todas las personas que pasan por estas experiencias desarrollarán indefensión aprendida, pero ciertos factores aumentan el riesgo.

Experiencias traumáticas repetidas son un desencadenante común. Esto puede incluir:

  • Abuso infantil prolongado.
  • Violencia doméstica.
  • Situaciones de confinamiento o control extremo.

En estos contextos, la persona aprende que sus acciones (intentar defenderse, escapar, pedir ayuda) no alteran la situación aversiva, lo que lleva a la creencia de que son indefensos.

La indefensión aprendida también puede manifestarse en la infancia en el ámbito escolar. Si un niño se esfuerza mucho estudiando pero consistentemente obtiene malos resultados, puede llegar a creer que su esfuerzo es inútil y que no tiene control sobre su rendimiento académico. Esta creencia puede llevar a una menor inversión de esfuerzo en el estudio, perpetuando el ciclo.

La forma en que los cuidadores responden a las necesidades de ayuda de un niño también es crucial. Si un niño pide ayuda repetidamente y no recibe una respuesta adecuada, puede aprender que no puede cambiar su situación por sí solo. Si esto ocurre de manera regular, este estado de indefensión puede persistir hasta la edad adulta.

Estilos Explicativos: La Lente a Través de la Cual Vemos el Mundo

La teoría de la indefensión aprendida se expandió con el concepto de estilos explicativos, desarrollado por Abramson, Seligman y Teasdale. Esta teoría sugiere que la forma en que una persona se explica a sí misma los eventos negativos influye en su susceptibilidad a la indefensión aprendida y la depresión.

Existen tres dimensiones principales en los estilos explicativos:

  1. Interno vs. Externo: ¿El evento negativo es culpa mía (interno) o se debe a factores externos (externo)?
  2. Estable vs. Inestable: ¿La causa del evento negativo es permanente y no cambiará (estable) o temporal y específica de esta situación (inestable)?
  3. Global vs. Específico: ¿La causa del evento negativo afecta muchas áreas de mi vida (global) o solo esta situación particular (específico)?

Las personas con un estilo explicativo pesimista tienden a atribuir los eventos negativos a causas internas, estables y globales (ej: "Soy tonto [interno], siempre he sido así [estable], y esto arruina todo lo que intento [global]"). Este estilo aumenta la probabilidad de desarrollar indefensión aprendida y depresión. Por el contrario, un estilo explicativo optimista atribuye los eventos negativos a causas externas, inestables y específicas (ej: "El examen fue muy difícil [externo], hoy no estudié lo suficiente [inestable], pero eso no significa que sea malo en todas las materias [específico]").

La Indefensión Aprendida en Diferentes Contextos

La manifestación de la indefensión aprendida varía según la edad y el contexto:

En Niños:

Como se mencionó, a menudo se observa en el ámbito académico. Un niño que se esfuerza sin ver resultados puede perder la motivación para estudiar. También es común en niños que han experimentado negligencia o abuso, donde aprenden que sus necesidades o intentos de cambiar la situación no son atendidos, llevando a sentimientos de impotencia y falta de poder.

En Adultos:

En adultos, la indefensión aprendida se manifiesta como la incapacidad de usar o aprender respuestas adaptativas ante situaciones difíciles. Esto puede afectar:

  • Relaciones: Permanecer en relaciones abusivas o insatisfactorias por creer que no hay alternativa.
  • Vida Laboral: No buscar un nuevo trabajo o mejorar en el actual por creer que el esfuerzo no será recompensado o que no son capaces.
  • Bienestar Psicológico: Sentimientos persistentes de baja autoestima, pasividad y disminución de la motivación en diversas áreas de la vida.

Ejemplos de situaciones que pueden llevar a la indefensión aprendida en adultos incluyen:

  • Experiencias de violencia doméstica prolongada.
  • Fracasos repetidos en intentos de cambio personal o profesional.
  • Estar en un ambiente laboral o social donde los esfuerzos no son reconocidos o donde se experimenta injusticia constante sin posibilidad de recurso.

Conexión con Trastornos Mentales: Depresión y Ansiedad

La indefensión aprendida está fuertemente asociada con un mayor riesgo de desarrollar ciertas condiciones de salud mental, siendo la depresión la conexión más estudiada. La creencia de que uno no tiene control sobre los eventos negativos, especialmente si se atribuyen a causas internas, estables y globales, es un factor de vulnerabilidad clave para la depresión mayor.

Los perros en los experimentos originales de Seligman y Maier que no podían controlar las descargas mostraron signos de depresión y ansiedad, mientras que los que sí podían detener las descargas no lo hicieron. Esta observación inicial ha sido respaldada por extensa investigación en humanos.

¿Qué trastorno mental asociamos con la indefensión aprendida?
La indefensión aprendida se relaciona con la depresión, el TEPT y otros problemas de salud . Las investigaciones indican que aumenta la sensación de estrés, ansiedad y depresión tanto en humanos como en animales.

Sentir que no puedes cambiar una situación negativa en tu vida puede llevar a la desesperanza, y reconocer que eres indefenso puede dejarte desmotivado y con el ánimo bajo, síntomas centrales de la depresión. Además de la depresión, la indefensión aprendida también se vincula con la ansiedad y el Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT), especialmente en contextos donde la indefensión surge de experiencias traumáticas incontrolables.

La teoría de la indefensión aprendida también distingue dos tipos de indefensión que pueden contribuir a la depresión:

  1. Indefensión Universal: La persona cree que la situación es tan mala que nadie, incluyéndose a sí mismo, podría hacer algo para mejorarla.
  2. Indefensión Personal: La persona cree que ella misma no puede mejorar la situación, pero reconoce que otra persona en la misma situación podría ser capaz de hacerlo. Este tipo a menudo se asocia con menor autoestima.

Base Neurobiológica de la Indefensión Aprendida

La investigación neurocientífica ha comenzado a explorar los mecanismos cerebrales subyacentes a la indefensión aprendida. Se ha observado que el estrés incontrolable, que conduce a este estado, provoca cambios en la actividad de ciertas regiones cerebrales.

Se ha identificado un papel crítico para el núcleo dorsal del rafe y el aumento de la actividad de la serotonina (5-HT) en esta área. Otras regiones clave involucradas en la expresión del comportamiento indefenso incluyen la amígdala basolateral, el núcleo central de la amígdala y el núcleo del lecho de la estría terminal. También se ha observado actividad en la corteza prefrontal medial, el hipocampo dorsal, el septo y el hipotálamo durante estados de indefensión.

Curiosamente, estudios en animales sugieren que tener control sobre los estímulos estresantes induce cambios en la excitabilidad neuronal en la corteza prefrontal, un efecto que no se observa en animales sin control, que muestran signos consistentes con la indefensión aprendida y la ansiedad social. Investigaciones como la de Greenwood y Fleshner sugieren que el ejercicio podría prevenir los comportamientos de indefensión aprendida en ratas, posiblemente a través de adaptaciones neurales asociadas al ejercicio que contribuyen a un cerebro más resistente al estrés, aunque los mecanismos exactos aún se están investigando.

Superando la Indefensión Aprendida: Estrategias y Terapias

La buena noticia es que la indefensión aprendida no es un estado permanente y puede superarse. La intervención temprana puede ser particularmente efectiva.

La forma más común y efectiva de tratamiento es la terapia psicológica, especialmente la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC). La TCC ayuda a las personas a identificar y desafiar los patrones de pensamiento inútiles y pesimistas que contribuyen a la indefensión. Al cambiar la forma en que piensan sobre las situaciones (reestructuración cognitiva), pueden comenzar a percibir más control y desarrollar respuestas más adaptativas. El objetivo es reemplazar los pensamientos desadaptativos con creencias más equilibradas y saludables.

Otras estrategias y enfoques basados en la TCC y la psicología positiva incluyen:

  1. Cambiar el Entorno (si es posible): Identificar aspectos del entorno que se pueden modificar para aumentar la probabilidad de resultados positivos y reducir la de negativos. A veces, un cambio físico o situacional es necesario.
  2. Identificar y Desafiar Pensamientos Negativos: Tomar conciencia de los pensamientos automáticos que surgen en situaciones difíciles. Cuestionar su validez y buscar explicaciones alternativas. Recordar que los pensamientos no son hechos.
  3. Planificar Días y Tareas: Para personas con depresión o baja motivación, empezar por completar tareas pequeñas y manejables puede restaurar un sentido de control y logro. Gradualmente, se pueden abordar tareas más grandes.
  4. Establecer Metas SMART: Definir objetivos que sean Específicos, Medibles, Alcanzables, Relevantes y con un plazo de Tiempo definido (SMART por sus siglas en inglés). Lograr estas metas, por pequeñas que sean, ayuda a reconstruir la confianza en la propia capacidad de influir en los resultados.
  5. Desarrollar Relaciones Significativas: El apoyo social es fundamental. Tener relaciones sólidas proporciona un sentido de conexión y ayuda, recordando a la persona que no está sola y que puede contar con otros en momentos difíciles.
  6. Reemplazar la Indefensión con la Aceptación (cuando el control es imposible): En situaciones genuinamente incontrolables, el enfoque debe cambiar de intentar controlar a aceptar la realidad y encontrar formas de manejar la angustia asociada. Preguntarse: "¿Qué puedo controlar en esta situación (mis acciones, mi respuesta emocional)?" y enfocarse en estrategias de afrontamiento.

La psicología positiva también se centra en aumentar las experiencias de emociones positivas y mejorar el bienestar general, lo cual puede contrarrestar los efectos de la indefensión.

Además de la terapia, cambios en el estilo de vida como llevar una dieta saludable, hacer ejercicio regular (que, como sugiere la investigación, puede tener efectos neurobiológicos protectores), meditar y practicar mindfulness también pueden mejorar la salud mental y la perspectiva, ayudando a contrarrestar la sensación de indefensión.

Preguntas Frecuentes sobre la Indefensión Aprendida

¿Qué trastorno mental asociamos con la indefensión aprendida?

La indefensión aprendida se asocia fuertemente con la depresión. Aunque no es un trastorno mental en sí misma según muchas clasificaciones, es un factor de riesgo y un contribuyente significativo a la depresión mayor. También se vincula con la ansiedad y puede ser relevante en el Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT).

¿Cuál es un ejemplo de indefensión aprendida?

Un ejemplo común en niños es el de un estudiante que, a pesar de estudiar mucho, siempre obtiene malas calificaciones. Con el tiempo, puede desarrollar la creencia de que estudiar no sirve de nada y dejar de esforzarse, creyendo que no tiene control sobre sus resultados académicos. En adultos, podría ser alguien que, tras varios intentos fallidos de dejar una relación abusiva, deja de intentarlo, creyendo que es imposible escapar.

¿Qué aspecto tiene la indefensión aprendida en adultos?

En adultos, la indefensión aprendida puede manifestarse como pasividad, baja motivación, dificultad para tomar decisiones, baja autoestima y una tendencia a no intentar cambiar situaciones difíciles en el trabajo, las relaciones o la vida personal, incluso cuando hay oportunidades para el cambio. Pueden aceptar que las cosas malas sucederán y que tienen poco control sobre ellas.

¿Cómo se rompe la indefensión aprendida?

Se rompe principalmente a través de la acción y el cambio de pensamiento. La terapia, especialmente la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), es muy efectiva. Implica identificar y desafiar pensamientos negativos, establecer metas pequeñas y alcanzables, y tomar acciones que demuestren que sí es posible influir en los resultados. Reconstruir el sentido de control es clave.

¿Qué área del cerebro está involucrada en la indefensión aprendida?

La investigación neurobiológica sugiere que varias áreas cerebrales están involucradas, incluyendo el núcleo dorsal del rafe (y la actividad de la serotonina), la amígdala (basolateral y central), el núcleo del lecho de la estría terminal, la corteza prefrontal medial, el hipocampo y el hipotálamo. El estrés incontrolable induce cambios en estas regiones.

¿Cuáles son los tres elementos de la indefensión aprendida?

Basado en la teoría del estilo explicativo, los elementos clave que influyen en el desarrollo de la indefensión aprendida (particularmente en respuesta a eventos negativos) son las atribuciones de causalidad a dimensiones internas/externas, estables/inestables y globales/específicas. Un estilo pesimista (interno, estable, global) aumenta la probabilidad de indefensión.

En resumen, la indefensión aprendida es un estado psicológico poderoso que surge de la percepción de falta de control sobre situaciones aversivas. Si bien puede tener raíces profundas y contribuir a problemas significativos como la depresión, comprender sus mecanismos y aplicar estrategias terapéuticas y personales puede empoderar a los individuos para desafiar sus creencias limitantes y recuperar un sentido vital de control sobre sus vidas.

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Jesús Porta Etessam

Soy licenciado en Medicina y Cirugía y Doctor en Neurociencias por la Universidad Complutense de Madrid. Me formé como especialista en Neurología realizando la residencia en el Hospital 12 de Octubre bajo la dirección de Alberto Portera y Alfonso Vallejo, donde también ejercí como adjunto durante seis años y fui tutor de residentes. Durante mi formación, realicé una rotación electiva en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center.Posteriormente, fui Jefe de Sección en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid y actualmente soy jefe de servicio de Neurología en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz. Tengo el honor de ser presidente de la Sociedad Española de Neurología, además de haber ocupado la vicepresidencia del Consejo Español del Cerebro y de ser Fellow de la European Academy of Neurology.A lo largo de mi trayectoria, he formado parte de la junta directiva de la Sociedad Española de Neurología como vocal de comunicación, relaciones internacionales, director de cultura y vicepresidente de relaciones institucionales. También dirigí la Fundación del Cerebro.Impulsé la creación del grupo de neurooftalmología de la SEN y he formado parte de las juntas de los grupos de cefalea y neurooftalmología. Además, he sido profesor de Neurología en la Universidad Complutense de Madrid durante más de 16 años.

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