Filosofía y Lectura: La Visión de Rozitchner

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La lectura, más allá de ser una simple adquisición de información, ha sido un tema de reflexión constante en el ámbito de la filosofía. ¿Qué significa realmente leer? ¿Cuál es su impacto en nuestra forma de pensar y ser? Si bien muchos pensadores han abordado esta relación simbiótica, nos adentraremos en la particular y provocadora visión del filósofo y escritor Alejandro Rozitchner, quien propone una perspectiva centrada en el deseo, la autenticidad y la lectura como motor del pensamiento.

Rozitchner concibe la lectura no como una obligación académica o social, sino como un acto profundamente personal y un vehículo fundamental para el desarrollo del pensamiento. Para él, leer es intrínsecamente hermano de pensar. No se trata de una conexión casual, sino de un entrenamiento esencial. Si bien nuestra capacidad de pensar existe independientemente de los libros, es a través de la lectura de ciertos textos —aquellos que nos desafían, nos intrigan o nos excitan— que hemos cultivado la habilidad de comprender conceptos complejos, de refinar nuestras ideas y de alcanzar una mayor sofisticación intelectual. La lectura, en este sentido, pule y expande nuestras herramientas cognitivas, permitiéndonos navegar por territorios mentales cada vez más complejos.

¿Qué dicen los filósofos sobre la lectura?
“La lectura es como el vehículo principal del pensamiento”, dijo, “por supuesto que pensamos sin leer, pero nos hemos entrenado en pensar, en comprender cosas difíciles y en ser complejos y refinados en nuestro pensamiento, en la medida que leímos ciertos textos”. La lectura, por lo tanto, es hermana del pensamiento.
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El Imprescindible Camino del Deseo

Una de las ideas centrales en la filosofía de la lectura de Rozitchner es la primacía del deseo. Insiste en que no debemos sentir culpa alguna por abandonar una lectura que no nos atrapa, que no resuena con nosotros. Con los libros, argumenta, podemos permitirnos una libertad que no tenemos con las personas. Si una relación personal pierde el deseo, existen ciertas consideraciones y miramientos que nos impiden simplemente cortar lazos abruptamente. Sin embargo, con un libro, la situación es diferente. Estamos solos con él; no hay un ser sensible al otro lado que pueda sentirse herido por nuestro desinterés. Por lo tanto, si el deseo de continuar leyendo desaparece, la acción más honesta y productiva es abandonarlo sin remordimientos. “Al libro, en cambio, lo puedes tirar a la mierda”, dice con su característica franqueza. Esta declaración, aunque pueda sonar dura, subraya la naturaleza solitaria y puramente transaccional de la relación entre el lector y el texto en este contexto específico.

Seguir el deseo a rajatabla en la lectura es, para Rozitchner, el único camino válido porque la lectura es el sendero de la elaboración personal. Si un libro nos excita, si nos atrae poderosamente, es precisamente porque está sumando a nuestra propia “cocción personal”, a nuestro proceso interno de crecimiento y comprensión. Si un libro no genera esa chispa, si “cae fuera de esa olla”, simplemente no es para nosotros en ese momento. El compromiso fundamental del lector debe ser con su propio desarrollo, con la construcción de su pensamiento propio y con su elaboración personal individual. Leer lo que a uno lo “excita” no es un acto de hedonismo superficial, sino una necesidad profunda para que la lectura cumpla su verdadera función transformadora.

Autenticidad frente a la Cita Compulsiva

En el ámbito de la escritura y la expresión del pensamiento, Rozitchner se muestra crítico con el uso excesivo y “compulsivo” de las citas. Para él, una idea debe valer por sí misma, independientemente de quién la haya pronunciado primero. Hay pensamientos profundos y valiosos que han surgido de personas desconocidas, y, por otro lado, grandes nombres han dicho cosas sin sentido en algún momento. Valorar un pensamiento o una cita basándose únicamente en el nombre que la acompaña es, desde su perspectiva, un error. No se trata de desmerecer el legado intelectual, sino de poner el foco en la autoridad propia del que escribe o habla.

El rechazo a la cita excesiva nace de la convicción de que uno debe ser capaz de hablar por sí mismo, de construir su propia voz y de asumir la responsabilidad de lo que dice. Camuflarse detrás de las referencias de otros debilita la propia posición. Lo que verdaderamente tiene valor es la experiencia personal del escritor y su visión única del mundo, no la cantidad de autores famosos que pueda citar. Un pensamiento que necesita apoyarse constantemente en referencias externas puede ser percibido como poco consistente, como si el autor no confiara plenamente en la fuerza de sus propias ideas.

CriterioPensamiento Propio (Rozitchner)Pensamiento Basado en Citas Compulsivas
Fuente de ValorExperiencia personal, visión individual, elaboración propia.Autoridad del nombre citado, prestigio asociado al autor original.
ConsistenciaRobusto, auténtico, nace de la “cocción personal”.Puede ser percibido como menos consistente, dependiente, “camuflado”.
ObjetivoDesarrollo de la propia voz, asumir la autoridad propia, contribuir con una visión única.Legitimar ideas con nombres externos, demostrar erudición, evitar la exposición directa de la propia voz.
Relación con el LectorInvita al lector a conectar con la autenticidad del autor.Puede generar distancia, prioriza la referencia sobre la conexión directa de la idea.

La Excepción que Confirma la Regla: Borges

Como toda regla, la aversión a la cita compulsiva tiene su excepción notable en la figura de Borges. Para Rozitchner, Borges es comparable al Rey Midas, capaz de convertir en oro (en vida) todo lo que tocaba, incluidas sus vastísimas lecturas. Al leer a Borges, la sensación no es que use las citas para legitimar sus ideas por la autoridad del citado, sino que las citas son, en sí mismas, un elemento más que enriquece su propio universo. Son “una flor más que agarró en el jardín de sus lecturas”. En Borges, la cita no es un bastón en el que apoyarse, sino un material de construcción que se integra perfectamente en la arquitectura única de su pensamiento y su estilo.

Esta distinción es crucial: mientras que la cita compulsiva busca añadir peso externo a una idea quizás débil, la cita en Borges es una manifestación orgánica de su mente lectora, una parte intrínseca de la riqueza intertextual que define su obra. Su elaboración personal era tan potente que podía absorber y transformar cualquier referencia, haciéndola completamente suya.

¿Qué dicen los filósofos sobre la lectura?
“La lectura es como el vehículo principal del pensamiento”, dijo, “por supuesto que pensamos sin leer, pero nos hemos entrenado en pensar, en comprender cosas difíciles y en ser complejos y refinados en nuestro pensamiento, en la medida que leímos ciertos textos”. La lectura, por lo tanto, es hermana del pensamiento.

Preguntas Frecuentes sobre la Lectura y el Pensamiento

La perspectiva de Rozitchner invita a replantearse muchas ideas preconcebidas sobre la lectura. Aquí abordamos algunas preguntas comunes:

¿Es malo abandonar un libro que no me gusta?
Según la visión de Rozitchner, no solo no es malo, sino que es lo recomendable. La lectura debe seguir tu deseo y contribuir a tu elaboración personal. Si un libro no lo hace, es mejor dejarlo y buscar otro que sí resuene contigo. No hay compromiso con el libro, el compromiso es contigo mismo y tu desarrollo.

¿Por qué es tan importante leer lo que me “excita” o me gusta?
Porque la “excitación” o el interés genuino son indicadores de que esa lectura está alimentando tu proceso interno de pensamiento y crecimiento. Es la señal de que el libro está entrando en tu “cocción personal” y contribuyendo a la construcción de tu pensamiento propio y tu autoridad propia.

¿Cómo se relaciona la lectura con el pensamiento?
La lectura es vista como el vehículo principal del pensamiento. Aunque pensamos sin leer, la lectura —especialmente de textos complejos— entrena nuestra capacidad para comprender ideas difíciles, refinar nuestro pensamiento y desarrollar una mayor complejidad intelectual. Nos enseña a pensar de maneras más sofisticadas.

Si quiero ser un buen escritor o pensador, ¿debo citar mucho a otros autores?
La perspectiva de Rozitchner sugiere lo contrario. El valor de tus ideas reside en sí mismas y en tu autoridad propia, no en los nombres que citas. El uso excesivo de citas puede debilitar tu propia voz y hacer que tu pensamiento parezca menos consistente. Lo que vale es tu experiencia y tu visión del mundo.

¿Qué hace que Borges sea una excepción en cuanto al uso de citas?
En Borges, las citas no se sienten como un intento de legitimar sus ideas, sino como una parte orgánica de su rico universo intelectual. Él integra las referencias de tal manera que se convierten en “una flor más” en su propio jardín literario y de pensamiento, demostrando la potencia de su propia elaboración personal capaz de asimilar y transformar cualquier material.

La Lectura como Acto de Autoconstrucción

En resumen, la visión de Alejandro Rozitchner sobre la lectura es una invitación a la autenticidad y al compromiso con uno mismo. Lejos de ser una tarea pasiva o una obligación cultural, la lectura es un acto dinámico y selectivo, guiado por el deseo y orientado a la elaboración personal. Es el gimnasio del pensamiento, el espacio donde cultivamos la complejidad y la sofisticación intelectual. Pero, sobre todo, es el camino para encontrar y fortalecer nuestra propia voz, nuestra autoridad propia, sin necesidad de camuflarnos detrás de las palabras de otros, a menos que, como en el caso de Borges, esas palabras se conviertan orgánicamente en parte de nuestro propio ser intelectual. Leer, desde esta óptica, es un viaje solitario y apasionante hacia la construcción de nuestro yo pensante.

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Jesús Porta Etessam

Soy licenciado en Medicina y Cirugía y Doctor en Neurociencias por la Universidad Complutense de Madrid. Me formé como especialista en Neurología realizando la residencia en el Hospital 12 de Octubre bajo la dirección de Alberto Portera y Alfonso Vallejo, donde también ejercí como adjunto durante seis años y fui tutor de residentes. Durante mi formación, realicé una rotación electiva en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center.Posteriormente, fui Jefe de Sección en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid y actualmente soy jefe de servicio de Neurología en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz. Tengo el honor de ser presidente de la Sociedad Española de Neurología, además de haber ocupado la vicepresidencia del Consejo Español del Cerebro y de ser Fellow de la European Academy of Neurology.A lo largo de mi trayectoria, he formado parte de la junta directiva de la Sociedad Española de Neurología como vocal de comunicación, relaciones internacionales, director de cultura y vicepresidente de relaciones institucionales. También dirigí la Fundación del Cerebro.Impulsé la creación del grupo de neurooftalmología de la SEN y he formado parte de las juntas de los grupos de cefalea y neurooftalmología. Además, he sido profesor de Neurología en la Universidad Complutense de Madrid durante más de 16 años.

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