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¿Neurociencia Social vs Psicología Social?

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La forma en que interactuamos, entendemos y somos influenciados por otras personas es un aspecto fundamental de la experiencia humana. Durante mucho tiempo, la psicología social ha sido la disciplina encargada de estudiar estos complejos fenómenos. Sin embargo, en las últimas décadas ha surgido un campo nuevo y vibrante que aborda estas mismas preguntas desde una perspectiva complementaria: la neurociencia social.

¿Es la psicología social lo mismo que la neurociencia social?
Como tal, la neurociencia social estudia los mismos temas que la psicología social, pero lo hace desde una perspectiva multinivel que incluye el estudio del cerebro y el cuerpo .

A menudo surge la pregunta de si la neurociencia social es simplemente un nuevo nombre para la psicología social o si representa algo distinto. La respuesta es que, si bien estudian muchos de los mismos temas, lo hacen desde diferentes niveles de análisis y utilizando herramientas y enfoques conceptuales distintos. La neurociencia social es, en esencia, un campo interdisciplinario que fusiona métodos y teorías de la neurociencia y la psicología social para comprender cómo la presencia y las acciones de otros moldean nuestros pensamientos, sentimientos y comportamientos.

Índice de Contenido

¿Qué es la Neurociencia Social?

Podemos definir la neurociencia social como un campo de estudio que utiliza medidas cerebrales y corporales para entender cómo pensamos y actuamos en relación con otras personas. Se interesa específicamente en cómo la influencia social se manifiesta en nuestros procesos mentales, emociones y acciones. A diferencia de la psicología social, que tradicionalmente se ha basado en la observación del comportamiento manifiesto, informes verbales y experimentos conductuales, la neurociencia social añade la capa de análisis biológico.

La neurociencia social aborda los mismos temas que la psicología social (como la percepción social, la influencia, los prejuicios, las relaciones interpersonales), pero lo hace desde una perspectiva multinivel. Esto significa que considera no solo el comportamiento observable, sino también las respuestas neuronales y fisiológicas subyacentes. Es la intersección entre el estudio del cerebro y el estudio de cómo interactuamos socialmente.

Aunque el término apareció por primera vez en 1992, el campo ha crecido rápidamente. Esto se debe en gran parte a los avances tecnológicos que han hecho que las mediciones cerebrales y corporales sean más accesibles y potentes. También hay un reconocimiento creciente de que la información neural y fisiológica es crucial para obtener una comprensión completa de la complejidad de la interacción humana.

El enfoque general de la neurociencia social es desentrañar los procesos psicológicos internos que subyacen a nuestro comportamiento social. Dado que estos procesos psicológicos (como pensamientos o sentimientos) no son directamente observables, los neurocientíficos sociales se basan en una combinación de respuestas neuronales y fisiológicas medibles (como actividad cerebral o niveles hormonales) junto con el comportamiento observable para inferir estados psicológicos. Existe una interacción bidireccional asumida entre todos estos niveles de análisis: los estados psicológicos pueden influir en las respuestas neuronales, y las respuestas neuronales pueden influir en los estados psicológicos, y todo ello se relaciona con el comportamiento.

Objetivos de la Neurociencia Social

Desde esta perspectiva multinivel, la neurociencia social persigue principalmente tres tipos de preguntas:

  • ¿Qué podemos aprender adicionalmente sobre el comportamiento social cuando consideramos las respuestas neuronales y fisiológicas?
  • ¿Cuáles son los sistemas biológicos reales que implementan el comportamiento social (por ejemplo, qué áreas cerebrales específicas están asociadas con tareas sociales concretas)?
  • ¿Cómo son impactados los sistemas biológicos por los procesos sociales?

Estas preguntas ilustran cómo la neurociencia social no solo utiliza herramientas de neurociencia para estudiar fenómenos sociales, sino que también explora cómo los factores sociales pueden influir en la biología del individuo.

Herramientas de la Neurociencia Social

Para explorar estas preguntas, la neurociencia social emplea diversas técnicas, muchas de ellas heredadas de la neurociencia cognitiva o afectiva. Algunas de las más comunes incluyen:

Electroencefalograma (EEG)

El EEG mide la actividad eléctrica generada por las neuronas en el cerebro. Se realiza de forma no invasiva colocando pequeños electrodos sobre el cuero cabelludo, a menudo integrados en una especie de gorro elástico. Una de las mayores ventajas del EEG es su excelente resolución temporal, es decir, su capacidad para detectar con gran precisión cuándo ocurre la actividad cerebral. Esto lo hace ideal para estudiar procesos que suceden muy rápidamente, como la percepción inicial de estímulos sociales.

Resonancia Magnética Funcional (fMRI)

La fMRI mide los cambios en la oxigenación de la sangre en el cerebro. Cuando un área cerebral se vuelve más activa, aumenta el flujo sanguíneo hacia esa región para proporcionar más oxígeno y glucosa. La fMRI detecta estos cambios utilizando potentes campos magnéticos. Permite identificar qué áreas cerebrales están más activas durante la realización de una tarea o la experimentación de un estado psicológico. Su principal ventaja es su buena resolución espacial, indicando con relativa precisión la localización de la actividad cerebral.

Mediciones Hormonales

La neurociencia social a menudo mide los niveles de hormonas, que actúan como mensajeros químicos en el cuerpo, influenciando tanto el cerebro como otros órganos. El cortisol es una hormona del estrés que se mide comúnmente en fluidos corporales como la saliva o la sangre. Medir los cambios en los niveles hormonales antes y después de una situación social puede ofrecer información sobre cómo los procesos sociales impactan la fisiología del cuerpo.

Otras medidas fisiológicas como la actividad cardiovascular (ritmo cardíaco, presión arterial) o la conductancia de la piel (sudoración) también se utilizan para evaluar respuestas emocionales o de excitación en contextos sociales.

Psicología Social vs. Neurociencia Social: Una Comparación

Aunque comparten un interés común en el comportamiento social, sus enfoques difieren. La psicología social tiene una larga historia de estudio de la mente y el comportamiento, a menudo manipulando variables sociales (como la presencia de otros, las normas grupales, la información sobre otros) y midiendo el comportamiento observable (decisiones, juicios, acciones) o los informes subjetivos (actitudes, sentimientos). La neurociencia social, sin dejar de lado estas medidas, añade una capa de análisis biológico.

Podríamos decir que la psicología social pregunta '¿Cómo A influye en B?' (por ejemplo, ¿cómo el estar en un grupo influye en la toma de decisiones?). La neurociencia social podría preguntar lo mismo, pero también '¿Qué sucede en el cerebro y el cuerpo cuando A influye en B?' o '¿Cómo la actividad en la región X del cerebro se relaciona con la respuesta B en un contexto social A?'.

Aquí hay una tabla simple para ilustrar las diferencias y la superposición:

CaracterísticaPsicología SocialNeurociencia Social
Enfoque PrincipalComportamiento observable, procesos cognitivos y afectivos (inferidos), informes subjetivosComportamiento observable, procesos cognitivos y afectivos (inferidos), respuestas neuronales y fisiológicas
Nivel de AnálisisIndividual y grupal (principalmente psicológico y conductual)Individual y grupal (multinivel: psicológico, conductual, neural, fisiológico)
Herramientas ComunesCuestionarios, entrevistas, experimentos conductuales, observaciónEEG, fMRI, mediciones hormonales, medidas cardiovasculares, lesiones cerebrales (en modelos animales o estudios de casos en humanos)
Preguntas Típicas¿Cómo se forman las actitudes? ¿Por qué obedecemos? ¿Cómo percibimos a otros?¿Qué áreas cerebrales se activan al percibir estereotipos? ¿Cómo afectan las interacciones sociales al estrés? ¿Los mismos mecanismos cerebrales procesan la información sobre uno mismo y sobre otros?
OrigenPsicologíaIntersección de Psicología Social y Neurociencia

La neurociencia social no reemplaza a la psicología social, sino que la complementa, proporcionando nuevas perspectivas y herramientas para abordar preguntas antiguas y plantear otras nuevas. Permite investigar procesos que son difíciles de acceder solo a través del comportamiento o el auto-reporte.

Ejemplos de Investigación en Neurociencia Social

Para ilustrar cómo la neurociencia social aborda sus preguntas, consideremos algunos ejemplos de investigación mencionados en el material proporcionado:

La Automaticidad de la Categorización Social

La categorización social (clasificar mentalmente a alguien en un grupo) es un atajo mental común. Nos permite usar información sobre un grupo para guiar nuestra interacción con un individuo. Sin embargo, esto puede llevar a estereotipos y prejuicios. Es crucial entender si la categorización social es un proceso automático (que ocurre sin intención consciente) o controlado.

Estudiar esto mediante auto-reportes es difícil porque las personas pueden no ser conscientes de que están categorizando o pueden no querer admitirlo debido a la preocupación por parecer prejuiciosas. La neurociencia social ha utilizado el EEG para abordar esta cuestión.

Investigaciones que muestran a los sujetos imágenes de personas de diferentes grupos sociales (por ejemplo, hombres vs. mujeres, diferentes razas) y miden la actividad cerebral han demostrado que el cerebro responde de manera diferente a los miembros de distintos grupos sociales, y lo hace muy rápidamente. Estos cambios en la actividad cerebral ocurren dentro de los 200 milisegundos (dos décimas de segundo) de ver un rostro. Crucialmente, esta diferencia en la actividad cerebral ocurre incluso cuando a los sujetos se les pide que hagan algo que desvía su atención de la clasificación grupal (por ejemplo, juzgar la personalidad en lugar del grupo al que pertenecen). Esta respuesta rápida y la falta de dependencia de la intención consciente sugieren fuertemente que la categorización social, especialmente para dimensiones como género, raza y edad, es un proceso automático.

Este hallazgo, difícil de obtener solo con métodos conductuales, proporciona información importante sobre la facilidad con la que se pueden activar los estereotipos, ya que la clasificación grupal es el primer paso para ello.

Uso del Propio Yo para Entender a Otros (Simulación)

Otra forma de inferir lo que otros piensan o sienten es mediante la simulación: imaginar cómo nos sentiríamos o actuaríamos nosotros en una situación similar y usar esa simulación como una suposición sobre la otra persona. ¿Realmente usamos este mecanismo?

La neurociencia social ha investigado esto comparando la actividad cerebral cuando pensamos en nosotros mismos y cuando pensamos en otros. Se sabe que una región en la corteza prefrontal, llamada corteza prefrontal medial (mPFC), está activa cuando las personas piensan en sí mismas. Utilizando fMRI, los investigadores han observado si esta misma área se activa cuando inferimos los estados internos de otros (mentalización).

Estudios han mostrado que la mPFC se activa más cuando las personas juzgan los sentimientos internos de otros (como si alguien está contento con una foto) en comparación con juicios basados solo en la apariencia física (como la simetría facial). Esto sugiere que esta área cerebral, asociada con el yo, está involucrada en la inferencia sobre los estados internos de otros, apoyando la idea de la simulación.

Además, se ha observado que la activación en la parte más ventral de la mPFC (la que está consistentemente asociada con el yo) es particularmente fuerte cuando mentalizamos sobre personas que percibimos como similares a nosotros. Esto tiene sentido, ya que es más probable que nuestra propia reacción sea una buena guía para entender a alguien que consideramos parecido a nosotros. Este hallazgo refuerza la evidencia de que utilizamos la simulación para entender a otros, especialmente a aquellos con quienes nos identificamos.

Este estudio también resalta que la mentalización sobre otros involucra una red distribuida de áreas cerebrales, incluyendo la mPFC, el surco temporal superior (STS - importante para el movimiento biológico), la amígdala (crucial para el procesamiento emocional) y la unión temporoparietal (TPJ - implicada en pensar sobre las creencias de otros). Esto demuestra la complejidad neural subyacente a la cognición social.

El Costo del Estrés Social

El estrés es una respuesta fisiológica y psicológica a amenazas o desafíos. No todo el estrés es físico; las interacciones sociales pueden ser una fuente significativa de estrés. La neurociencia social, a través de la neuroendocrinología (el estudio de la interacción cerebro-hormonas), ha investigado cómo el contexto social impacta nuestra respuesta al estrés.

El estrés activa el eje hipotalámico-pituitario-adrenal (HPA), lo que lleva a la liberación de hormonas como el cortisol. Niveles crónicos elevados de cortisol pueden afectar negativamente la atención, la memoria y el autocontrol.

Investigaciones han utilizado la medición de cortisol en saliva para estudiar el estrés social. Por ejemplo, se ha demostrado que dar un discurso frente a otras personas evaluadoras causa un aumento significativo en los niveles de cortisol en comparación con dar el mismo discurso solo. Esto sugiere que la posibilidad de ser juzgado por otros es un estresor social potente. Curiosamente, simplemente estar en la misma habitación con alguien que no está evaluando no induce esta respuesta de estrés.

Otras investigaciones han medido respuestas cardiovasculares (como la contractilidad cardíaca) y han encontrado que interactuar con miembros de grupos sociales diferentes al propio (exogrupos) puede aumentar las respuestas fisiológicas de estrés en comparación con interactuar con miembros del propio grupo (endogrupos). Esto podría deberse a la expectativa de que las interacciones con personas diferentes serán incómodas o a la preocupación por ser juzgado.

Sin embargo, las interacciones sociales no siempre son estresantes; también pueden ser un importante amortiguador del estrés. La investigación sobre apoyo social muestra que contar con una red de apoyo reduce los efectos negativos del estrés. Por ejemplo, personas con mayor apoyo social muestran un menor aumento de cortisol al dar un discurso ante evaluadores.

Estos estudios, utilizando mediciones hormonales y cardiovasculares, ilustran cómo la neurociencia social revela la poderosa influencia que nuestro entorno social tiene en nuestra biología y, en última instancia, en nuestra salud y bienestar.

Preguntas Frecuentes sobre Neurociencia Social

Aquí abordamos algunas dudas comunes:

¿La neurociencia social solo estudia el cerebro?
No, la neurociencia social estudia tanto el cerebro como el cuerpo (a través de sistemas hormonales, cardiovasculares, etc.) en relación con los procesos sociales.

¿Es necesario usar equipos caros como fMRI para hacer neurociencia social?
Aunque fMRI y EEG son herramientas comunes, la neurociencia social también utiliza otras medidas fisiológicas (como la medición de cortisol en saliva, la conductancia de la piel, el ritmo cardíaco) que pueden ser menos costosas y más accesibles.

¿La neurociencia social puede explicar todo el comportamiento social?
No, la neurociencia social proporciona un nivel de análisis biológico que complementa las explicaciones psicológicas y sociológicas del comportamiento social. Es parte de una comprensión multinivel más amplia.

¿Cómo se diferencia de la neurociencia cognitiva?
La neurociencia cognitiva estudia los procesos mentales (memoria, atención, lenguaje) a nivel neural. La neurociencia social se enfoca específicamente en cómo estos procesos operan en contextos sociales y cómo los procesos sociales impactan el cerebro y el cuerpo.

Conclusiones

Somos seres profundamente sociales; nuestras vidas están intrínsecamente ligadas a otras personas. La neurociencia social nos ofrece herramientas y perspectivas innovadoras para comprender esta función crítica: cómo damos sentido a los demás, cómo interactuamos con ellos y cómo estas interacciones nos afectan biológicamente.

El campo ha logrado avances significativos al demostrar la automaticidad de procesos como la categorización social, identificar las bases neurales de la cognición social (como la mPFC en la mentalización) y cuantificar el impacto fisiológico del estrés social y el apoyo social.

Aunque hemos aprendido mucho, todavía queda un vasto territorio por explorar. Un futuro apasionante para la neurociencia social implica comprender mejor cómo las diferentes partes del cerebro y el cuerpo interactúan de manera compleja para producir la rica variedad de comportamientos sociales humanos. La investigación continuará desentrañando estos misterios, profundizando tanto nuestro conocimiento de los procesos sociales como de los mecanismos biológicos subyacentes.

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Jesús Porta Etessam

Soy licenciado en Medicina y Cirugía y Doctor en Neurociencias por la Universidad Complutense de Madrid. Me formé como especialista en Neurología realizando la residencia en el Hospital 12 de Octubre bajo la dirección de Alberto Portera y Alfonso Vallejo, donde también ejercí como adjunto durante seis años y fui tutor de residentes. Durante mi formación, realicé una rotación electiva en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center.Posteriormente, fui Jefe de Sección en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid y actualmente soy jefe de servicio de Neurología en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz. Tengo el honor de ser presidente de la Sociedad Española de Neurología, además de haber ocupado la vicepresidencia del Consejo Español del Cerebro y de ser Fellow de la European Academy of Neurology.A lo largo de mi trayectoria, he formado parte de la junta directiva de la Sociedad Española de Neurología como vocal de comunicación, relaciones internacionales, director de cultura y vicepresidente de relaciones institucionales. También dirigí la Fundación del Cerebro.Impulsé la creación del grupo de neurooftalmología de la SEN y he formado parte de las juntas de los grupos de cefalea y neurooftalmología. Además, he sido profesor de Neurología en la Universidad Complutense de Madrid durante más de 16 años.

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