What is the story of dark and magical places?

La Ciencia de No Perderse Jamás

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¿Alguna vez te has preguntado por qué algunas personas tienen un sentido de la orientación impecable, mientras que otras se pierden a la vuelta de la esquina? Esta disparidad en nuestra capacidad para navegar por el mundo no es solo una cuestión de suerte o de falta de atención; tiene profundas raíces en la compleja arquitectura de nuestro cerebro. Para Christopher Kemp, autor del libro "Dark and Magical Places: The Neuroscience of Navigation", esta es una realidad cotidiana. Él mismo confiesa estar "permanentemente perdido", incapaz de orientarse incluso a pocas manzanas de su casa. Esta fascinante diferencia en la experiencia humana es el punto de partida para una exploración profunda de cómo nuestro cerebro nos permite encontrar nuestro lugar en el espacio.

What is the neurobiology of mammalian navigation?
Mammals have evolved specialized brain systems to support efficient navigation within diverse habitats and over varied distances, but while navigational strategies and sensory mechanisms vary across species, core spatial components appear to be widely shared.

El libro de Kemp nos lleva en un recorrido asombroso por las diversas estructuras cerebrales y corporales que colaboran para dotarnos de la habilidad de navegar. La mayor parte de este trabajo fundamental se lleva a cabo en una pequeña estructura situada en las profundidades del cerebro: el hipocampo. Conocido principalmente por su papel crucial en la formación de recuerdos, el hipocampo es también la sede de lo que los neurocientíficos denominan un "mapa cognitivo". Kemp describe este mapa como "un modelo del mundo; un motor de registro, un manual de instrucciones; un detector de patrones". Esencialmente, es una representación interna y dinámica de nuestro entorno espacial que nos permite planificar rutas, recordar lugares y entender nuestra posición relativa.

La importancia del hipocampo en la navegación se ha puesto de manifiesto en estudios notables. Uno de los ejemplos más citados, y mencionado en el libro, es el de los taxistas de Londres. Estos profesionales se someten a un riguroso examen conocido como "The Knowledge" (El Conocimiento), que les exige memorizar más de 25,000 calles y miles de puntos de interés. La investigación ha demostrado que los taxistas de Londres que han superado esta prueba poseen un hipocampo significativamente más grande en comparación con la población general, e incluso en comparación con los conductores de autobuses de Londres, quienes solo necesitan aprender unas pocas rutas fijas. Esto sugiere que el entrenamiento intensivo en navegación espacial puede inducir cambios estructurales en esta región cerebral vital.

Pero el hipocampo no trabaja solo. La capacidad de navegación se basa en la actividad coordinada de varios tipos de células especializadas dentro de esta estructura y sus áreas adyacentes. Kemp nos presenta a las células de lugar, que se activan cuando nos encontramos en una ubicación específica. Son como marcadores neuronales para cada punto distintivo en nuestro entorno. Si estás en tu cocina, se activa un conjunto particular de células de lugar; si te mueves al salón, se activa otro conjunto diferente. Estas células nos ayudan a reconocer y recordar lugares familiares.

Junto a las células de lugar, están las células de dirección de la cabeza. Como su nombre indica, estas células se activan en función de la dirección en la que apunta nuestra cabeza. Son esenciales para mantener un sentido de la orientación, diciéndole al cerebro hacia dónde estamos mirando en relación con nuestro entorno. Nos ayudan a saber si nos dirigimos al norte, al sur, al este o al oeste, o simplemente si estamos mirando hacia el frente o hacia atrás.

Quizás las más fascinantes de estas células navegacionales son las células de red (grid cells). Descubiertas por los Premios Nobel May-Britt y Edvard Moser, estas células crean un sistema de coordenadas geométricas sorprendentemente preciso. Se activan en múltiples ubicaciones dentro de un entorno, formando un patrón hexagonal regular. Este patrón se mantiene constante independientemente de si estás caminando por tu casa o por un concurrido supermercado, proporcionando una especie de malla universal que ayuda al cerebro a medir distancias y mapear el espacio de manera abstracta. Son como un GPS interno que crea una cuadrícula mental sobre el mundo real.

La interacción entre las células de lugar, las células de dirección de la cabeza, las células de red y otras estructuras cerebrales contribuye a nuestra habilidad para construir y utilizar el mapa cognitivo. El libro explora cómo este sistema ha evolucionado a lo largo de millones de años en diversas especies, permitiendo a los animales, desde insectos hasta mamíferos, encontrar comida, refugio y pareja, y regresar a sus hogares a través de vastas distancias. También se detallan los ingeniosos métodos que los investigadores emplean para estudiar estos procesos, tanto en animales (como ratas y murciélagos) como en humanos, utilizando técnicas que van desde la neuroimagen hasta experimentos conductuales.

Sin embargo, este sofisticado sistema no es infalible y puede fallar de maneras inesperadas y a veces trágicas. Kemp dedica una parte importante de su exploración a las formas en que nuestra capacidad de navegación puede verse comprometida. Curiosamente, una de las causas modernas de degradación de nuestras habilidades innatas parece ser la tecnología, en particular el uso generalizado del GPS. Si bien el GPS es una herramienta increíblemente útil, la dependencia excesiva en él puede atrofiar nuestras propias capacidades de construcción de mapas cognitivos y orientación.

El libro ilustra estos fallos con anécdotas impactantes. Se narran historias de personas que, confiando ciegamente en las indicaciones de su GPS, terminaron conduciendo sus vehículos hacia océanos, vías de tren, pantanos o caminos intransitables. Estos ejemplos subrayan cómo desconectarnos de nuestro propio sentido interno de la dirección puede llevar a situaciones peligrosas.

Pero los fallos no solo ocurren con la tecnología. A veces, nuestro propio sistema parece desorientarse en situaciones aparentemente sencillas. Kemp relata casos de excursionistas que se apartaron solo unos metros de un sendero bien marcado, quizás para un breve descanso o para ir al baño, y luego fueron incapaces de encontrar el camino de regreso, aunque el sendero estuviera a poca distancia. Estas historias son un recordatorio sombrío de cuán vulnerable puede ser nuestro sentido de la orientación.

El libro incluye relatos conmovedores de personas que vivieron experiencias extremas de desorientación. La historia de Amanda Eller, que se perdió durante 17 días en la Reserva Forestal Makawao en Hawái antes de ser encontrada por un helicóptero de rescate, enmarca la narrativa principal del libro, mostrando la resiliencia humana ante la adversidad. Lamentablemente, otras historias tienen finales más trágicos, como la de Geraldine Largay, quien se desvió del sendero de los Apalaches en Maine para ir al baño y nunca pudo encontrar el camino de regreso, falleciendo sola en un campamento improvisado que los equipos de búsqueda estuvieron a menos de cien metros de encontrar dos años antes.

Estas narrativas personales, incluidas las propias y a menudo humorísticas admisiones de Kemp sobre su propia lucha constante con la desorientación, equilibran la densidad científica del libro. Aunque la ciencia detrás de la navegación es detallada y compleja, Kemp logra presentarla de manera lúcida, organizada y accesible. Él mismo señala que no es un libro de texto, sino una exploración simplificada y concisa, pero nunca "simplona". Se esfuerza por distinguir entre las conclusiones científicas sólidas respaldadas por evidencia directa y las teorías que aún están en fase de investigación o debate, aunque el revisor menciona una ligera especulación en la discusión sobre las diferencias de navegación entre Homo sapiens y neandertales.

La capacidad de Kemp para entrelazar los hallazgos más recientes de la neurociencia (citando estudios incluso de 2019-2021) con historias humanas convincentes hace que la lectura sea atrapante. El libro ilumina un proceso que damos por sentado en nuestra vida diaria, pero que es fundamental para nuestra existencia y supervivencia. Nos hace apreciar la increíble maquinaria biológica que nos permite movernos por el espacio, desde el simple acto de encontrar el camino a casa hasta la hazaña de navegar por territorios desconocidos.

En resumen, "Dark and Magical Places" ofrece una comprensión clara y coherente de cómo encontramos nuestro lugar en el mundo físico. Es un viaje fascinante a las profundidades del cerebro, revelando los mecanismos neuronales que nos guían y los desafíos que enfrentamos cuando esos mecanismos fallan. Es una lectura muy recomendable para cualquiera que se haya preguntado alguna vez por qué se pierde, o simplemente por cómo es posible que no lo haga.

Preguntas Frecuentes sobre la Navegación Cerebral

¿Qué parte del cerebro es más importante para la navegación?
Según la información, el hipocampo es una estructura clave, fundamental para crear y usar el "mapa cognitivo" que nos permite orientarnos y recordar lugares.

¿Qué son las células de lugar, de dirección y de red?
Son tipos de neuronas especializadas en el cerebro que trabajan juntas para la navegación. Las células de lugar se activan en ubicaciones específicas, las células de dirección de la cabeza indican hacia dónde miramos, y las células de red crean un sistema de coordenadas geométricas para medir el espacio.

¿Por qué algunas personas se pierden más fácilmente que otras?
El libro sugiere que existen diferencias individuales en la efectividad o la estructura de las partes del cerebro implicadas en la navegación, como el hipocampo o la actividad de las células especializadas. Experiencias como el entrenamiento intensivo (como el de los taxistas de Londres) pueden incluso modificar estas estructuras.

¿El uso del GPS afecta nuestra capacidad de navegación natural?
Sí, el texto indica que la dependencia excesiva del GPS puede degradar nuestras habilidades innatas de construcción de mapas cognitivos y orientación, haciendo que nuestro propio sistema de navegación se vuelva menos eficiente.

¿Se puede mejorar el sentido de la orientación?
Aunque el texto no ofrece un manual de autoayuda, el ejemplo de los taxistas de Londres sugiere que el entrenamiento intensivo en la memorización de rutas y la navegación espacial puede tener un impacto positivo en las estructuras cerebrales asociadas a la orientación, implicando que la habilidad puede ser, al menos en parte, desarrollada o mantenida con la práctica.

Explorar la neurociencia de la navegación nos abre una ventana a la complejidad de nuestro propio cerebro y nos ayuda a comprender por qué, para algunos, encontrar el camino es un acto instintivo, mientras que para otros, es una aventura constante en "lugares oscuros y mágicos" donde es fácil perderse.

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Jesús Porta Etessam

Soy licenciado en Medicina y Cirugía y Doctor en Neurociencias por la Universidad Complutense de Madrid. Me formé como especialista en Neurología realizando la residencia en el Hospital 12 de Octubre bajo la dirección de Alberto Portera y Alfonso Vallejo, donde también ejercí como adjunto durante seis años y fui tutor de residentes. Durante mi formación, realicé una rotación electiva en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center.Posteriormente, fui Jefe de Sección en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid y actualmente soy jefe de servicio de Neurología en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz. Tengo el honor de ser presidente de la Sociedad Española de Neurología, además de haber ocupado la vicepresidencia del Consejo Español del Cerebro y de ser Fellow de la European Academy of Neurology.A lo largo de mi trayectoria, he formado parte de la junta directiva de la Sociedad Española de Neurología como vocal de comunicación, relaciones internacionales, director de cultura y vicepresidente de relaciones institucionales. También dirigí la Fundación del Cerebro.Impulsé la creación del grupo de neurooftalmología de la SEN y he formado parte de las juntas de los grupos de cefalea y neurooftalmología. Además, he sido profesor de Neurología en la Universidad Complutense de Madrid durante más de 16 años.

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