Neurociencia y Criminología: Mente Criminal

Valoración: 4.11 (1313 votos)

La aplicación de la neurociencia a la criminología ha ganado un valor científico y legal creciente en las últimas décadas, gracias a los avances en el estudio de la anatomía y la actividad metabólica del cerebro. Los métodos clínicos habituales de investigación del metabolismo cerebral se aplican ahora a estudios científicos de la actividad cerebral, con el objetivo de identificar objetivamente las áreas activas en sujetos con comportamiento antisocial o criminal. Las neurociencias criminales modernas buscan identificar la relación entre el cerebro y la mente, buscando evidencia de cómo la mente puede emerger de su sustrato biológico.

Esta evolución de las nuevas neurociencias, y la expansión de sus aplicaciones, ha culminado en una interacción científica entre la neurociencia y el derecho, incluyendo a todas las figuras involucradas en este proceso: en primer lugar, los criminales, pero también las víctimas y los testigos. Surgen preguntas profundas: ¿Podría un circuito neuronal defectuoso justificar el comportamiento anormal de un sujeto, eludiendo su voluntad? ¿Podemos hablar de libre albedrío cuando la genética molecular nos dice que un alelo, frente a otro, aumenta significativamente la probabilidad de buscar situaciones extremas incluso fuera de la legalidad? La evolución de las neurociencias en los últimos veinte años ha provocado un cambio drástico en el concepto de mente y comportamiento humanos. Considerando los resultados de la investigación en neurociencia, persiste el debate sobre si un individuo es verdaderamente libre en sus elecciones y acciones, o si está predeterminado por elementos anatómicos. La milenaria cuestión del libre albedrío se abre de nuevo al debate. Numerosas preguntas surgen en el cruce donde las ciencias se encuentran con la filosofía y el derecho.

What is neuroscience in criminology?
Modern criminal neurosciences seek to identify the relationship between the brain and the mind, searching for evidence of how the mind can emerge from its biological substrate.

Esta integración da lugar a una nueva ciencia con su investigación emergente asociada, las llamadas “neurociencias jurídicas” o “neurociencias forenses”. El término 'neurociencia' se utiliza actualmente en criminología para referirse a un grupo de diversas disciplinas científicas que comparten un objetivo común a pesar de ser heterogéneas: comprender los mecanismos cerebrales que dan lugar a comportamientos y fenómenos humanos, incluyendo los más complejos, considerados inaccesibles para la investigación científica hasta hace poco. La neurociencia criminal moderna busca identificar la relación entre el cerebro y la mente, para obtener una indicación científicamente reconocible de cómo la mente emerge de su sustrato biológico.

Las definiciones existentes de neurociencia son evidencia de la rápida evolución de algunos principios importantes. Solíamos creer que el comportamiento humano es exclusivamente el resultado de interacciones sociales complejas, por lo que su comprensión solo es posible a la luz de las influencias ambientales y sociales. El "modelo estándar" afirmaba que solo la sociedad y el entorno podían explicar un comportamiento socialmente inapropiado. En este sentido, cabe recordar que Durkheim, un sociólogo, creía que la causa determinante de un evento social debía buscarse entre hechos sociales antecedentes, no entre las capas de la conciencia individual. Hasta hace pocos años, los estudios del cerebro se limitaban a la patología; hoy nos enfrentamos a una evolución de la neurociencia en la comprensión de cómo los seres humanos son capaces de pensar, decidir y actuar, no solo en condiciones patológicas.

En los últimos años, la genética conductual, la sociología, la psicología evolutiva, la neuroquímica y la neurociencia cognitiva han presentado y destacado individualmente correlaciones entre organismo y comportamiento. De ahí la definición de neurociencia legal, o lo que se ha descrito hasta ahora como un ambicioso intento de agrupar diferentes áreas de investigación con el objetivo de aplicar métodos neurocientíficos al estudio y la práctica del derecho. Esta definición contiene inherentemente una primera dificultad para adaptar la neurociencia legal a cada sistema nacional después de que se desarrolle en una perspectiva internacional. Otra definición ampliamente utilizada es neurociencia forense, un estudio del vínculo entre datos neurocientíficos relevantes para la evaluación judicial. El objetivo más difícil es garantizar la validez de sus herramientas científicas y la idoneidad de sus teorías y métodos para proporcionar evidencia científica válida en un entorno judicial.

En los últimos años, las contribuciones científicas han adquirido un valor creciente junto con la creencia de que ahora es posible, a través del estudio de la neuroanatomía, medir la estructura del cerebro y sus funciones, e identificar anomalías estructurales en áreas temporales y límbicas, el hipocampo, la amígdala y el lóbulo frontal.

Las principales herramientas de investigación que han permitido la exploración cerebral con fines clínicos (neuroimagen) durante algunos años son: análisis computarizado del EEG, con un mapeo selectivo de la actividad eléctrica de áreas cerebrales específicas y bien definidas; tomografía axial computarizada (TAC); resonancia magnética funcional (fMRI); tomografía por emisión de positrones (PET); magnetoencefalografía (MEG); tomografía computarizada por emisión de fotón único (SPECT); así como adquisiciones de la actividad de neurotransmisión y neuromodulación; y por último, pero no menos importante, el estudio de la neurobiología molecular.

La SPECT, en particular, parece ser la herramienta adecuada para identificar la perfusión cerebral con la ayuda de radiofármacos, debido a que son capaces de cruzar la barrera hematoencefálica. Este método destaca y cuantifica cualquier cambio en el Flujo Sanguíneo Cerebral Regional (FSCr) en la región cerebral involucrada por una estimulación externa específica. Dado que las neuronas no tienen una fuente de energía fácilmente disponible, aumentar el flujo sanguíneo es fundamental cuando se necesitan mayores cantidades de oxígeno y metabolitos en una región cerebral específica. La correlación entre el flujo sanguíneo y el metabolismo cerebral ha sentado las bases científicas para los estudios funcionales del cerebro. En la SPECT, las imágenes reconstruidas generalmente tienen una resolución de 64x64 píxeles, o 128x128, con un tamaño de píxel que varía entre 3 y 6 mm. El número de proyecciones adquiridas se establece para ser aproximadamente igual al ancho de la imagen resultante. Generalmente, las imágenes reconstruidas después del procesamiento tendrán menor resolución, tendrán más ruido que las imágenes planares y serán más susceptibles a artefactos. El escaneo lleva una cantidad variable de tiempo, y es esencial que durante el proceso de adquisición el paciente no se mueva. Esta es una de las limitaciones más significativas, especialmente al realizar estudios cerebrales con fines forenses, donde el sujeto está expuesto a estímulos verbales o visuales externos (técnica experimental). El movimiento puede causar una reducción significativa en la calidad de las imágenes reconstruidas, aunque las técnicas de reconstrucción de imágenes compensan el movimiento reduciendo los artefactos. La técnica de reconstrucción iterativa obtenida con un algoritmo alternativo está atrayendo un interés creciente, porque es menos sensible y, por lo tanto, mejor protegida contra artefactos no deseados. La atenuación de los rayos gamma en el cuerpo humano produce una subestimación significativa del tejido profundo en comparación con los tejidos más superficiales. Una corrección óptima es posible midiendo los valores de atenuación. Los SPECT modernos están equipados con un escáner de rayos X utilizado para la TC; las imágenes pueden luego reelaborarse con sistemas de TC compatibles, y se disponen de más detalles anatómicos. El trazador emisor de gamma utilizado en la neuroimagen funcional es 99mTc-HMPAO (hexametilpropilenamina oxima). El 99m es un isómero nuclear metaestable capaz de emitir rayos gamma, que son detectados por una cámara gamma. Cuando se asocia al HMPAO, el 99mTc es absorbido por el tejido cerebral en proporción al flujo sanguíneo; de esta manera, el flujo sanguíneo cerebral puede ser detectado por la cámara gamma. El flujo sanguíneo al cerebro está directamente relacionado con el metabolismo de la región cerebral activada y con la energía utilizada por la masa cerebral. El trazador 99mTc-HMPAO se administra para identificar la actividad cerebral de cada región, y ya es una técnica ampliamente utilizada en el estudio de las demencias. El propósito neuroforense de esta técnica es visualizar la actividad cerebral basal del sujeto y, cuando sea posible, la relación entre estímulos externos (demanda, imagen) y la actividad cerebral. Este tipo de evaluación funcional todavía parece ser experimental y aún no tiene una interpretación y aplicación fáciles.

El metabolismo de la glucosa en el cerebro activado también parece ser detectable y cuantificable mediante imágenes PET (tomografía por emisión de positrones), a través de la cuantificación de fluorodesoxiglucosa (FDG). Se ha observado, por ejemplo, un metabolismo reducido de la glucosa prefrontal en ciertas categorías de individuos.

Al considerar la actividad metabólica y el flujo sanguíneo cerebral regional, un factor significativo también está relacionado con la actividad sináptica, que está principalmente mediada por un neurotransmisor excitatorio, el glutamato. Con referencia a lo descrito hasta ahora, se asume que los astrocitos (células gliales) son uno de los mediadores involucrados en el mecanismo de micro-vasodilatación. Es justo señalar que, hasta la fecha, el uso de FDG-PET produce imágenes con una resolución espacial de mayor precisión anatómica.

Los estudios de SPECT han proporcionado evidencia, con características favorables de sensibilidad y especificidad, de perfusión frontal reducida en pacientes con comportamiento antisocial (Soderstrom et al., 2002). La SPECT es particularmente sensible y específica en estudios realizados durante una etapa crítica (crisis o fase post-crítica) de la epilepsia. Esta característica no debe subestimarse y es de particular importancia en el contexto de la neuroimagen relacionada con todo comportamiento, no exclusivamente antisocial (etapa post-crítica en la estimulación agresiva). La metodología descrita se ve significativamente influenciada por el uso de sustancias exógenas (tabaco, alcohol) por parte del sujeto examinado. También es crucial tener en cuenta la interferencia de factores estimulantes externos visuales y auditivos: su descripción es beneficiosa para identificar la relación entre estímulos auditivos, visuales o verbales y la actividad de un área respectiva del cerebro. Esta es una característica crítica en la imagenología utilizada para descubrir una relación entre el área cerebral y el comportamiento alterado secundario a un estímulo administrado. El informe generado por las imágenes SPECT se prepara mediante observación directa y análisis cualitativo. También es posible obtener un análisis semicuantitativo por regiones de interés (ROI) o con sistemas estadísticos paramétricos. La captación se normaliza antes de realizar comparaciones estadísticas, midiendo un área no afectada por la interrupción de los procesos metabólicos, ponderando los datos de diferentes sujetos con un metabolismo basal diferente, y siguiendo con otro estudio después de la estimulación. Las regiones más examinadas en el cerebro son la protuberancia y el cerebelo.

El método de la desoxiglucosa [18F]fluorodesoxiglucosa (18FDG) para la medición cuantitativa del FSCrglc se desarrolló hace aproximadamente 20 años, y se utilizó inicialmente con la Tomografía Computarizada por Emisión de Fotón Único (SPECT), y poco después con la PET. Este modelo metodológico, formulado por Louis Sokoloff, deriva de un análisis cinético del comportamiento bioquímico de la 2-desoxi-D-glucosa; modificaciones posteriores de este modelo nos permiten hoy calcular el FSCrglc in vivo en humanos. La molécula de 2-desoxi-D-glucosa (DG) es un análogo de la glucosa, se diferencia solo por la ausencia de un átomo de carbono en la posición C2 de un grupo hidroxilo -OH; comparte con la glucosa la misma afinidad por el transportador transmembrana, por el cual es transportada bidireccionalmente a través de la BHE para la hexocinasa y la glu-6-fosfatasa, convirtiéndose así en un sustrato.

La glucosa y la DG tienen valores idénticos en cuanto a la afinidad entre la glucosa y su transportador (o enzima), por lo tanto, la velocidad de transporte (o reacción) de la glucosa del plasma al tejido cerebral y viceversa. La velocidad de una reacción bioquímica es igual a la relación entre la concentración del producto y la concentración del sustrato, por lo tanto, la relación entre las concentraciones de DG-6-P/DG es igual a la relación de las concentraciones de glucosa-6-P/glucosa, y es igual a la velocidad neta de la reacción catalizada por la hexocinasa. A diferencia de la glucosa-6-P, la DG-6-P no es un sustrato para la enzima subsiguiente en la cadena glicolítica (hexofosfato isomerasa), por lo tanto, no puede ser degradada posteriormente por un proceso glicolítico. Así es como virtualmente toda la DG-6-P producida a nivel neuronal por la enzima hexocinasa se acumula en el citoplasma durante al menos los primeros 45 minutos, como una función directa de la velocidad de reacción catalítica neta, e indirectamente, como una función de la actividad neuronal dada la ausencia de transportadores de DG-6-P intra o extracelulares, la baja actividad neuronal de la enzima glucosa-6-P fosfatasa, y la cantidad insignificante de DG-6-P que se convierte en glucógeno. El FSCrglc se expresa en micromoles de glucosa por 100 gramos de tejido cerebral por minuto (µmoli/100 g/min) o en miligramos de glucosa por 100 gramos de tejido cerebral por minuto (mg/100 g/min). Los valores cerebrales de FSCrglc, FSCr y FSCrO2 en adultos jóvenes, se reportan en la Tabla 1 a continuación.

What is criminal law imagination?
criminal law imagination. The contributions of law, history, philosophy, the social sciences, and sometimes biology to explain the moral desires we wish to impose on the world.
Cerebro GlobalMateria GrisMateria Blanca
FSCrglc (µmoles/100g/min)28 - 3228 - 4116 - 19
FSCr (ml/100g/min)41 - 7128 - 5820 - 24
FSCrO2 (ml/100g/min)3.5 - 43.1 - 4.71.2 - 1.9

La resonancia magnética funcional (fMRI) es otra técnica útil, especialmente en presencia de anomalías en la activación del lóbulo frontal, durante tareas de inhibición de respuesta y procesamiento de estímulos emocionales. Los lóbulos temporales también han sido estudiados con éxito durante la exposición y elaboración de palabras e imágenes con alta carga emocional. La fMRI merece una atención particular, ya que a menudo se utiliza como resonancia magnética funcional neuronal, una técnica de neuroimagen de reciente desarrollo dedicada a identificar áreas metabólicas cerebrales para ser examinadas durante un estudio basal o de estimulación. Este método identifica y cuantifica la respuesta hemodinámica (cambio en el contenido de oxígeno del parénquima y capilares) en relación con la actividad de las neuronas. Aproximadamente 1-5 segundos después de la activación neuronal, hay un aumento en el flujo sanguíneo. Al final del estímulo, el pico de oxígeno disminuye a niveles incluso inferiores a la actividad previa al estímulo. La hemoglobina tiene un comportamiento diamagnético cuando está oxigenada, pero se vuelve paramagnética cuando se reduce el transporte de oxígeno, con la consiguiente variación en la señal de fMRI. El medio de contraste utilizado para este estudio se define como dependiente del nivel de oxigenación sanguínea (BOLD). El aumento de la señal BOLD deriva de una disminución en la concentración de hemoglobina oxigenada. Todavía no hay una interpretación clara de la relación directa entre el suministro de sangre y los mensajes de entrada y salida neuronales relacionados con la actividad cerebral. Desde un punto de vista eléctrico, los potenciales de campo local proporcionan una indicación de la actividad eléctrica integrada en relación con el flujo sanguíneo. Los potenciales de acción están más directamente relacionados con las comunicaciones neuronales. La naturaleza compleja de los mecanismos metabólicos cerebrales aún no ha permitido identificar con certeza la relación entre la actividad eléctrica y metabólica, un desafío científico no despreciable en relación con los intereses neurocriminológicos. Hasta la fecha, la señal BOLD negativa ha producido un mecanismo de imagen para las columnas de dominancia ocular en la corteza visual primaria, con una resolución a menudo inferior a 0.5 mm. La señal BOLD se cuantifica midiendo una adquisición volumétrica rápida con imágenes ponderadas por contraste. Las imágenes se capturan en un período de entre uno y cuatro segundos, y cada vóxel obtenido representa un cubo de tejido de unos 3-4 mm por lado. La respuesta a estímulos separados por 1-2 segundos se discrimina mediante el método de eventos relacionados. Los métodos descritos, y su integración con el conocimiento neuroanatómico y neurofisiológico, nos permiten considerar la explicación de fenómenos científicos en relación con la cognición humana. Las críticas a los métodos anteriores se dirigen a la señal BOLD como una medida indirecta de la actividad neuronal, y por lo tanto susceptible a la influencia de fenómenos fisiológicos no neuronales. Además, diferentes áreas del cerebro podrían tener diferentes capacidades hemodinámicas que no están representadas con precisión por el modelo lineal general utilizado como filtro para las señales de tiempo. Finalmente, la resonancia magnética funcional ha revelado solo en los últimos años su aplicación, de innegable interés científico, como "Detector de Mentiras". Esta aplicación aún está bajo mucha discusión y amplio debate científico. Básicamente, utilizando los mismos principios del detector de mentiras clásico, identifica la activación de diferentes áreas cerebrales en lugar de cambios en los parámetros fisiológicos.

Desde un punto de vista experimental, se puede observar si un cerebro criminal reporta la verdad sobre un incidente, o sobre detalles que han caracterizado un evento criminal. El uso de la resonancia magnética funcional para estos fines resulta ser ampliamente rechazado por la comunidad científica, donde esta aplicación forense se considera irrespetuosa de la regla Daubert (Simpson, 2008; Marikangas, 2008; Schauer, 2009). Además, los criterios de fiabilidad de los resultados científicos resultan ser diferentes de los criterios legales, y estas diferencias requieren una adaptación que no es fácil de aplicar (Schauer, 2009-2010). La opinión común es que, para validar la investigación sobre el Detector de Mentiras, es necesario alcanzar objetivos objetivamente verificables en términos de medidas biológicas (membranas, receptores) de cambios macroscópicamente detectables en la resonancia magnética.

Una técnica actualmente utilizada para determinar alteraciones anatómicas del cerebro es la "Morfometría Basada en Vóxeles" (VBM). Esta técnica permite una comparación (vóxel por vóxel) de las microestructuras cerebrales, con la posibilidad de detectar y cuantificar la relación entre la materia gris y blanca en una comparación de dos grupos, partiendo de la elaboración de imágenes de resonancia magnética nuclear. Esta técnica se ha utilizado con éxito en la exploración de condiciones psicopatológicas definidas como funcionales por la psiquiatría clásica. La evaluación utiliza un enfoque estadístico conocido como "mapeo paramétrico estadístico".

En los métodos convencionales, el volumen cerebral, o el volumen de áreas específicas, se mide resaltando regiones de interés del escaneo cerebral desarrollado y luego calculando los volúmenes residuales. En las determinaciones morfométricas convencionales, con frecuencia es imposible mapear áreas cerebrales que están profundamente ramificadas o aquellas con distribución atípica. Las masas volumétricas con características de ramificación se relacionan a través de VBM con un atlas anatómico computarizado del cerebro. Mediante un proceso de "suavizado" (smoothing), cada vóxel permite la representación de 1 vóxel y los 26 vóxeles circundantes (dimensión geométrica de un cubo de 3x3x3 vóxeles); en este punto será imperativo comparar la imagen obtenida con otras regiones anatómicas de referencia. Esta es también una oportunidad para aplicar este método a la identificación de diferencias en la morfología cerebral entre diferentes sujetos, así como a la observación de comparaciones y diferencias entre los dos hemisferios de la masa cerebral de un sujeto, y finalmente al estudio de asimetrías en el cerebro humano.

Algunas evidencias de particular interés científico han sido confirmadas por la demostración de la significativa sensibilidad de este método para destacar cambios microestructurales en la relación materia gris-materia blanca en asociación con trastornos de personalidad, confirmando así una relación científica significativa entre trastornos psiquiátricos y morfología cerebral.

El uso de potenciales evocados (PEs), como técnica para explorar la función cerebral sin considerar sus elementos anatómicos estructurales, se ha convertido en una técnica validada para investigar la actividad eléctrica cerebral correlacionada con estímulos externos o con la ejecución de tareas administradas o dadas. En vista de las nuevas oportunidades de investigación descritas anteriormente, se debe considerar obsoleta la subdivisión de los trastornos mentales que llevaba a considerar meras psicosis (con la excepción de la psicopatía), neurosis o trastornos de personalidad, como enfermedades objetiva y clínicamente comprobables, debido a la falta de posibilidades de diagnóstico objetivo. Los trastornos atípicos (definidos como funcionales) han sido parcialmente descritos en relación con sus contrapartes neuronales y, por lo tanto, con su base genética. Hoy en día existe la oportunidad de correlacionar casi cualquier trastorno mental con una alteración cerebral específica de origen estructural o funcional. La literatura científica proporciona un consenso repetido con respecto a las nuevas neurociencias.

Las nuevas técnicas de investigación cerebral están logrando mejoras graduales en términos de que los informes se vuelven objetivos y científicos, con juicios convincentes basados en la ciencia. Las técnicas de neuroimagen estudian la actividad cerebral durante la estimulación emocional o durante diferentes respuestas conductuales en condiciones fisiológicas. Se presta especial atención al estudio de la actividad en la amígdala como un centinela o computadora emocional dentro de la compleja actividad del cerebro. Igualmente interesantes son las oportunidades para una respuesta legal a la exploración de la actividad en los lóbulos frontales y prefrontales (áreas orbitales y mediales de la corteza ventral anterior): de hecho, existe la oportunidad de evaluar los correlatos neurales de la conciencia que están involucrados en la planificación de un acto o en el control de la impulsividad. Las hipótesis sobre la relación entre la función prefrontal reducida y la predisposición a la violencia pueden tener hoy diferentes interpretaciones científicas gracias a la neurociencia.

La primera hipótesis se refiere a una función prefrontal reducida a nivel emocional que lleva a la reducción del control sobre secciones más primitivas del cerebro, como el sistema límbico, que es capaz de generar emociones primarias como la ira y la rabia. La corteza prefrontal evolucionada es capaz de limitar las emociones límbicas. La reducción o cancelación de estos mecanismos de control genera la respuesta incontrolada. En la segunda hipótesis, sabemos desde un punto de vista neurológico que el daño prefrontal conduce a una mayor susceptibilidad a aceptar un riesgo, generando irresponsabilidad y falta de respeto por las reglas. La tercera hipótesis afirma que el daño frontal puede llevar a un cambio de personalidad, una situación ampliamente conocida en el campo clínico, con la relación probada entre la invasión del área frontal por neoformaciones o traumas, y una modificación conductual correspondiente.

Otra hipótesis respalda la creencia de que el daño prefrontal puede causar inmadurez y, en consecuencia, una posición social deficiente. La consecuencia de tal condición será un comportamiento socialmente inaceptable, con una capacidad comprometida para elaborar soluciones no agresivas en situaciones socialmente difíciles. En nuestra hipótesis cognitiva, las limitaciones en la función de la corteza prefrontal pueden causar la llamada falta de resolución de problemas. Esta situación intelectualmente limitante se convierte en el terreno para el fracaso escolar, social, profesional y económico, todos factores que evidentemente predisponen al comportamiento criminal. En caso de que la evidencia neurocientífica identifique un funcionamiento normal de la corteza prefrontal en el sujeto criminal, debemos dedicarnos al estudio del sistema límbico, conocido como la escena de las emociones relacionadas con la parte más primitiva de nuestro funcionamiento neural. La amígdala tiene la función de activar emociones y tiene la capacidad de estimular ataques tanto depredadores como afectivos. El hipocampo tiene un papel en la modulación y ajuste de la agresividad, y con una activación adecuada es capaz de desencadenar un ataque depredador. El tálamo tiene la función de conectar y clasificar entre las áreas límbicas emocionales y las áreas cerebrales corticales reguladoras. El mesencéfalo, una vez activado, tiene la capacidad de gestionar una agresión afectiva con un componente emocional. Este mecanismo cerebral, ahora explorado con técnicas neurocientíficas, ha permitido comparar la activación subcortical en asesinos criminales con sujetos en 3 categorías: reactivos, proactivos y grupo de control. Estos hallazgos han confirmado un mayor nivel de activación en las regiones límbicas subcorticales de los dos primeros grupos, en comparación con el grupo de control.

Esta activación fue más evidente en el hemisferio cerebral derecho, que está más claramente conectado con las emociones. De la evidencia presentada hasta ahora, se puede asumir que los asesinos a sangre fría han conservado funciones prefrontales, lo que los hace capaces de regular sus acciones, con la consecuencia de poder realizar actos criminales de manera relativamente cautelosa y con premeditación. Cada vez se despierta más interés por la posibilidad concreta de estudiar las áreas posteriores a la región frontal. El giro angular, definido como área 3 en el mapa creado por el anatomista Korbinian Brodmann, es la región cerebral en la parte inferior del lóbulo parietal, por encima de la corteza temporal y frontal a la corteza visual. Una posición significativa por su capacidad para unir tres de los cuatro lóbulos principales. Las técnicas de neuroimagen con medición del metabolismo de la glucosa revelaron que, en estas áreas, la actividad metabólica se reduce en criminales en comparación con un grupo de control.

El funcionamiento deficiente del giro angular actúa como un umbral en habilidades básicas como leer, escribir y contar. Estos límites desencadenan una desaceleración en las etapas de aprendizaje. Este aspecto, que se correlaciona con una historia educativa y profesional comprometida, es típicamente parte de una personalidad criminal violenta. La imagenología neurocientífica del hipocampo y las circunvoluciones periféricas ha permitido demostrar anomalías en áreas previamente relacionadas con el comportamiento criminal. Esta evidencia se ha vinculado particularmente al comportamiento antisocial. En Suecia, Henrik Soderstrom confirmó una función hipocampal reducida en criminales violentos con psicopatía. En Estados Unidos, Kent Kiehl sugirió una relación entre el hipocampo y la psicopatía.

What is neuroscience in criminology?
Modern criminal neurosciences seek to identify the relationship between the brain and the mind, searching for evidence of how the mind can emerge from its biological substrate.

La Tomografía por Emisión de Positrones (PET) es una técnica de imagenología analítica que utiliza compuestos marcados con radioisótopos emisores de positrones como sondas moleculares para obtener imágenes y medir procesos bioquímicos in vivo en biología de mamíferos. Principios Físicos: Los radionúclidos utilizados en PET son sustancias que contienen un exceso de protones: son energéticamente inestables y tienden a decaer espontáneamente para alcanzar una mayor estabilidad energética nuclear emitiendo positrones. Estos son antimateria de electrones, es decir, partículas con igual masa y carga eléctrica opuesta. Los positrones se emiten con un contenido de energía cinética variable, llamado 'rango de positrones', y son capaces de viajar pocos milímetros. Una vez que toda la energía cinética se disipa y se alcanza la condición de reposo cinético, un positrón interactúa con un electrón; el efecto es la desaparición de las masas de ambas partículas (aniquilación), y por el principio de conservación de la energía, la formación de dos fotones de aniquilación de 511 KeV (la energía de 511 KeV de cada fotón es equivalente a la masa en reposo de un electrón o un positrón). Los dos fotones, o rayos gamma para ser precisos, parten del punto de aniquilación con velocidades iguales (cercanas a la velocidad de la luz) y direcciones opuestas, formando así una línea llamada 'línea de aniquilación'. Los fotones de aniquilación alcanzan el tomógrafo casi simultáneamente y golpean un par de detectores, que están posicionados uno frente al otro y unidos por un circuito de coincidencia computarizado. Cuando un fotón golpea el cristal dentro del detector, se emite luz por centelleo, amplificada por un fotomultiplicador y convertida en una señal eléctrica. Cuando la computadora registra dos cargas eléctricas en un intervalo de tiempo de 5-20 nanosegundos (intervalo de coincidencia), codifica un evento de aniquilación. La línea que une los detectores se llama 'línea de coincidencia': coincide con la línea de aniquilación y pasa por el punto de aniquilación. Cada evento de aniquilación produce una línea de coincidencia. Los radionúclidos se producen artificialmente mediante un acelerador lineal de partículas, llamado ciclotrón. Los principales radionúclidos disponibles hoy en día para estudios PET son 18F (utilizado como sustituto del hidrógeno, ya que este último no puede emitir positrones), 14O, 15O, 11C, 13N; también se utilizan núclidos emisores de positrones de Cu, Zn, K, Br, Rb, I, P, Fe, Ga. Los radionúclidos se utilizan para marcar una sustancia y permitir mediciones in vivo de una variable fisiológica conectada a las características cinéticas o dinámicas de esta sustancia. Se requiere un conocimiento previo de las propiedades cinéticas y dinámicas de la sustancia a marcar: los radionúclidos determinan variaciones modestas y corregibles de las propiedades cinéticas ("efecto isotópico") pero no modifican las propiedades fisiológicas o bioquímicas de la sustancia a marcar. La introducción de radionúclidos dentro del organismo humano puede tener lugar por vía intravenosa (H2O15; 18Fluor-2-desoxi-D-glucosa) o por inhalación (CO15), dependiendo de las propiedades cinéticas y físicas de la sustancia marcada.

Las imágenes PET han permitido identificar la red neuronal del hipocampo implicada en la apreciación de objetivos sociales. Como resultado, llegamos a asumir un vínculo entre el comportamiento socialmente inadecuado o incluso violento justificado por la incapacidad de evaluar estímulos ambiguos y situaciones sociales que pueden estimular un acto violento. Se han obtenido resultados emocionantes a través del estudio del flujo sanguíneo cerebral regional mediante PET, en relación con la crítica, el juicio y el control del comportamiento. Este tipo de actividad cerebral se ha evaluado extensamente en pacientes con déficits postraumáticos o enfermedades degenerativas. Los sujetos que tienen una capacidad intacta para comprender, pero no pueden controlar ciertos impulsos, muestran una anomalía que los hace incapaces de percibir las emociones de los demás.

En este contexto, el estudio sobre las neuronas espejo es particularmente interesante: estas anticipan y comprenden no solo tareas motoras, sino también las emociones involucradas en el momento motor. Las nuevas técnicas de neuroimagen son ahora capaces de revelar objetivamente los componentes neurobiológicos del comportamiento de toma de decisiones, la actividad y reactividad involuntarias, hasta la posibilidad de documentar la base neural del juicio moral. En algunos sujetos es posible verificar la incapacidad de bloquear ciertas respuestas automáticas. En este contexto específico, hay un aumento significativo en el conocimiento de la actividad de las neuronas espejo, en relación con la actividad neurobiológica de ciertas áreas cerebrales. Los componentes ambientales, la genética, los eventos postraumáticos o las enfermedades de inicio reciente no deben considerarse insignificantes; sin embargo, el mecanismo cerebral deteriorado que causa y mantiene un comportamiento inapropiado o delito a menudo es identificable. Es posible, por ejemplo, distinguir entre esquizofrénicos violentos y no violentos, trastornos de personalidad leves y graves: estas oportunidades de diagnóstico se dan por la posibilidad de utilizar la Morfometría Basada en Vóxeles (VBM).

Varios estudios de biología molecular y genética conductual son de gran interés con respecto a la identificación de la influencia genética en el comportamiento y la personalidad. De particular interés es la atención prestada al estudio de la susceptibilidad del gen MAO-A. Las MAO se clasifican como oxidorreductasas y catalizan la siguiente reacción: R-CH2-NH2 + O2 + H2O -> R-CHO + NH3 + H2O2. Los genes que codifican para las MAO han sido identificados en el brazo corto del cromosoma X, y han sido codificados como dos categorías distintas: MAO-A y MAO-B. Las neuronas y los astrocitos parecen ser las principales ubicaciones de tales monoaminas en el sistema nervioso central. Hasta la fecha, estamos seguros de que existe una relación entre tales monoaminas y la neutralización de las neuronas monoaminérgicas. Más específicamente, la serotonina parece ser oxidada por la MAO-A, mientras que la MAO-B es capaz de interferir en la oxidación de la feniletilamina. Las oxidaciones interfieren con la actividad de la adrenalina, noradrenalina y dopamina. La relación con los trastornos psiquiátricos es, por lo tanto, evidente, y se estudia extensamente en trastornos antisociales, trastorno por déficit de atención, fobias sociales y abuso de sustancias.

Lo que se describe aquí también es particularmente interesante desde un punto de vista legal, no solo en relación con el aspecto puramente diagnóstico de las enfermedades, sino especialmente con respecto a un juicio de imputabilidad, donde un diagnóstico exclusivamente descriptivo pierde su eficacia. Para este aspecto legal, es justo referirse a las Secciones Unidas, que han subordinado la criminalización de los trastornos de personalidad a datos cuantitativos que indican la cantidad, intensidad y gravedad del trastorno. El perito que pretende hacer una contribución valiosa, debe ser capaz de "medir" la intensidad y gravedad del trastorno. Un valor más alto "de la medida" obtenida determinará un mayor valor de la evidencia del perito. El concepto de enfermedad mental debe cambiar e incluir en su definición la presencia de anomalías estructurales del cerebro, y/o sus receptores, o la presencia de otros cambios patológicos. Necesitaremos tomar nota de la incapacidad del sujeto para manejar la empatía, las emociones y la impulsividad, incluso teniendo capacidades cognitivas intactas. Las neurociencias podrían entonces extender sus implicaciones en casos criminales más allá del concepto de imputabilidad. Algunas de las aplicaciones abordarán la evaluación de testimonios y declaraciones de inocencia: gracias a las técnicas de fMRI, SPECT, VBM, ahora es posible descubrir una mentira en el 90% de los casos examinados. En Estados Unidos es habitual asignar una audiencia específica para establecer la adecuación de la adquisición de la confesión; en el Reino Unido, el Ministerio del Interior ha establecido pautas apropiadas para el interrogatorio de un menor. En tales contextos, las neurociencias tienen implicaciones en la posibilidad de evaluar la capacidad para ser juzgado y la formación de la evidencia en general, así como la validación científica de las implicaciones relativas a la validez del consentimiento. Las neurociencias basadas en un método experimental, con la posibilidad de un control externo de la fiabilidad, adquieren mayor valor en comparación con otros enfoques psicológicos clásicos. Es esencial que los especialistas en el mismo campo de la neurociencia siempre requieran una evaluación de la naturaleza científica de la disciplina que genera la prueba, la admisibilidad de la evidencia y, cuando se produce, sus resultados.

Preguntas Frecuentes sobre Neurociencia y Criminología

¿Qué es la neurociencia forense?
Es el campo interdisciplinario que aplica los métodos y hallazgos de la neurociencia al ámbito legal y judicial. Busca comprender los mecanismos cerebrales que subyacen al comportamiento humano, incluyendo el criminal, para informar sobre cuestiones como la responsabilidad legal, la evaluación de testimonios o la predicción del riesgo.

¿Cómo ayudan las técnicas de neuroimagen a entender el comportamiento criminal?
Técnicas como la fMRI, SPECT o PET permiten visualizar la estructura y actividad metabólica o funcional del cerebro. Al comparar los patrones cerebrales de individuos con y sin comportamiento criminal, los investigadores pueden identificar posibles correlaciones entre anomalías en ciertas áreas (como el lóbulo frontal o el sistema límbico) y la propensión a la violencia, la falta de control de impulsos o la dificultad para procesar emociones.

¿Puede la neurociencia detectar si alguien miente?
Se están investigando técnicas de neuroimagen, como la fMRI, para identificar patrones de activación cerebral asociados con el engaño. Aunque algunos estudios sugieren una alta precisión en entornos experimentales controlados, su aplicación en el ámbito judicial es muy controvertida y no está ampliamente aceptada como prueba válida debido a limitaciones metodológicas y éticas.

¿Significa la evidencia neurocientífica que los criminales no tienen libre albedrío?
Este es uno de los debates más complejos. La neurociencia puede identificar factores biológicos que influyen en el comportamiento, como predisposiciones genéticas o alteraciones cerebrales. Sin embargo, la influencia de estos factores en el libre albedrío y la responsabilidad moral es un tema de discusión filosófica y legal. La mayoría de los sistemas legales aún se basan en el concepto de capacidad de elección, aunque la neurociencia puede aportar matices sobre la posible disminución de esa capacidad en ciertos casos.

¿Cómo influye la neurociencia en el concepto de imputabilidad?
La neurociencia desafía las definiciones tradicionales de enfermedad mental utilizadas para determinar la imputabilidad legal. Al identificar bases biológicas (estructurales o funcionales) para ciertos trastornos de personalidad o comportamientos impulsivos, sugiere que la "enfermedad mental" relevante para la ley debería incluir estas alteraciones objetivamente medibles, considerando no solo la cognición sino también la capacidad de manejar emociones y la impulsividad.

Si quieres conocer otros artículos parecidos a Neurociencia y Criminología: Mente Criminal puedes visitar la categoría Neurociencia.

Foto del avatar

Jesús Porta Etessam

Soy licenciado en Medicina y Cirugía y Doctor en Neurociencias por la Universidad Complutense de Madrid. Me formé como especialista en Neurología realizando la residencia en el Hospital 12 de Octubre bajo la dirección de Alberto Portera y Alfonso Vallejo, donde también ejercí como adjunto durante seis años y fui tutor de residentes. Durante mi formación, realicé una rotación electiva en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center.Posteriormente, fui Jefe de Sección en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid y actualmente soy jefe de servicio de Neurología en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz. Tengo el honor de ser presidente de la Sociedad Española de Neurología, además de haber ocupado la vicepresidencia del Consejo Español del Cerebro y de ser Fellow de la European Academy of Neurology.A lo largo de mi trayectoria, he formado parte de la junta directiva de la Sociedad Española de Neurología como vocal de comunicación, relaciones internacionales, director de cultura y vicepresidente de relaciones institucionales. También dirigí la Fundación del Cerebro.Impulsé la creación del grupo de neurooftalmología de la SEN y he formado parte de las juntas de los grupos de cefalea y neurooftalmología. Además, he sido profesor de Neurología en la Universidad Complutense de Madrid durante más de 16 años.

Subir