El Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) es una condición neurobiológica compleja que va mucho más allá de una simple falta de atención o exceso de energía. En una era donde el acceso constante a dispositivos electrónicos y la gratificación inmediata son habituales, especialmente desde la primera infancia, ciertos individuos vulnerables pueden desarrollar dificultades para mantener la atención prolongada y tolerar la gratificación diferida. Esta situación, si comienza temprano, puede reforzar comportamientos adictivos futuros y contribuir a la manifestación de condiciones como el TDAH, que a menudo persiste hasta la edad adulta.

El TDAH es una de las razones más comunes por las que los niños son remitidos a servicios de salud mental. Con frecuencia, los padres buscan ayuda profesional después de que la escuela señala dificultades en el rendimiento académico, el comportamiento o ambos. La investigación respalda firmemente la idea de que los niños con TDAH a menudo provienen de familias donde uno o ambos padres también presentan la condición. Datos muy recientes indican una predisposición genética significativa. Aproximadamente el 70% de los niños con TDAH seguirán presentando el trastorno en la adolescencia, y entre el 40% y el 60% lo tendrán todavía en la edad adulta. Aunque los estudios genéticos no han aislado un único gen responsable, parece haber varios genes que contribuyen a la vulnerabilidad. Por ejemplo, estudios de gemelos han mostrado una heredabilidad tan alta como el 76%. Además, los padres y hermanos de niños con TDAH tienen una probabilidad de diagnóstico 4-5 veces mayor que la población general, siendo los niños más vulnerables que las niñas.

Basándonos en estos datos, podría parecer que el TDAH es fácil de diagnosticar y, por lo tanto, simple de tratar. Sin embargo, debemos cuestionar los métodos y criterios actuales de diagnóstico. Actualmente, los estándares se basan principalmente en entrevistas clínicas e historiales colaterales proporcionados por padres y maestros. Solo ocasionalmente se utilizan evaluaciones objetivas, como tareas de rendimiento continuo y evaluaciones neuropsicológicas, para evaluar la capacidad de mantener la atención y si los déficits se encuentran en los dominios auditivos, visuales o ambos. Diversos factores pueden influir en la capacidad de mantener la atención, incluyendo la motivación, la ansiedad concurrente, la falta de sueño, la glucosa baja en sangre, la medicación y la colaboración familiar. Los clínicos consideran y evalúan tres grupos principales de síntomas para el diagnóstico del TDAH: inatención, hiperactividad e impulsividad.
Cada categoría describe síntomas particulares. Por ejemplo, la inatención puede implicar una incapacidad para terminar tareas, organizarse, mantener el esfuerzo, así como olvido y distracción. La hiperactividad se define como inquietud, incapacidad para permanecer sentado y actividad motora excesiva (correr, trepar, moverse excesivamente). La impulsividad implica hablar en exceso, responder sin pensar, incapacidad para esperar el turno, interrumpir, etc. Tanto el DSM IV como el ICD 10 proporcionan pautas sobre la frecuencia y duración de los síntomas en estas categorías diagnósticas, y ambos generalmente coinciden en el número necesario de síntomas para recibir un diagnóstico de TDAH. No obstante, cabe señalar que estos síntomas pueden ser definidos y puntuados por individuos que no están entrenados en este proceso. Por lo tanto, es necesario cuestionar la fiabilidad y validez de estos datos unidimensionales.
Por otro lado, los neurocientíficos se centran principalmente en la relación entre los síntomas y las estructuras cerebrales, como el córtex prefrontal dorsolateral, el córtex prefrontal ventrolateral, la ínsula, el cingulado anterior y las redes neuronales por defecto, así como en las funciones vinculadas a los sistemas de neurotransmisores. Existe un acuerdo general en que los pacientes con TDAH luchan principalmente con una utilización inadecuada del neurotransmisor dopamina y, en menor medida, de la noradrenalina. La dopamina afecta significativamente numerosos comportamientos, incluida la modulación del movimiento, la cognición, el estado de ánimo y la atención. En los casos de TDAH donde la dopamina es el factor principal, las intervenciones con medicación clínica pueden aumentar su disponibilidad, mejorando significativamente el rendimiento en tareas continuas, disminuyendo la hiperactividad y aumentando el manejo del comportamiento en la escuela.
Aunque el metilfenidato se considera la medicación de primera línea para el TDAH en niños y adultos, muchos niños no responden a este medicamento. Debemos preguntarnos por qué. Estudios neurocientíficos recientes describen tres tipos de redes atencionales: ventral, dorsal y el control ejecutivo por defecto. Aunque las funciones de estas redes se superponen, la desregulación de cualquiera de ellas contribuirá a algunos aspectos clínicamente observables del TDAH. Por lo tanto, si logramos comprender los factores de riesgo identificados que conducen al desarrollo clínico de este trastorno (exposición a drogas en el útero, bajo peso al nacer, parto prematuro, desregulación endocrina, negligencia temprana en el desarrollo, toxinas ambientales, traumatismo craneoencefálico y vulnerabilidad genética), podremos comprender la vulnerabilidad y desregulación de estas redes.
El electroencefalograma cuantitativo (qEEG) ha ayudado a definir las bases fisiológicas del TDAH identificando claramente patrones eléctricos, como el aumento de la lentitud frontal y el exceso de theta frontal, que se correlacionan con la incapacidad para mantener la atención. Basándose en esta información, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) aprobó recientemente el qEEG como herramienta de evaluación complementaria para el diagnóstico del TDAH. A partir de medidas objetivas de qEEG, nuevos datos sugieren que diferentes patrones eléctricos pueden encajar en la definición de inatención infantil dentro de la categoría de TDAH, lo que apunta a una población de TDAH heterogénea. El desafío reside en comprender cómo responden los diferentes patrones a distintos tratamientos.
Entonces, debemos preguntarnos qué le sucede al niño a medida que se convierte en adulto. Para responder a esta pregunta, necesitamos comprender la presentación del TDAH en adultos. Generalmente, aunque los síntomas específicos del TDAH difieren entre niños, adolescentes y adultos, podemos observar y definir comportamientos similares. En adultos, la inatención y la impulsividad son menos evidentes; en cambio, sus síntomas se manifiestan como mala concentración, distractibilidad, incapacidad para terminar tareas y mala planificación, lo que, a su vez, puede llevar a la incapacidad para mantener un empleo. Dado que estas personas a menudo se sienten atraídas por trabajos de ritmo rápido y altamente estimulantes con recompensas inmediatas, pueden dejar un trabajo por aburrimiento y preferir empleos en el mercado de valores, ventas, servicios de emergencia o trabajos creativos que les den amplia libertad. Además, estos individuos a menudo participan en comportamientos autodestructivos, como abuso de sustancias, juegos de azar y otros comportamientos de recompensa inmediata. Dicho de manera sencilla, tienen dificultades para retrasar la gratificación. Podemos tratar eficazmente a estos adultos, al igual que trataríamos a un niño, combinando medicación (como dopamina y, quizás, noradrenalina) que se dirija a sus síntomas, con intervenciones conductuales y psicológicas.
No obstante, nuestros datos actuales respaldan la idea de que, en muchos casos, el TDAH persiste a lo largo de la vida. Cuando no se trata, el TDAH puede tener importantes comorbilidades psiquiátricas que incluyen ansiedad, depresión, abuso de sustancias, trastorno de conducta y trastorno bipolar. Por lo tanto, para tratar eficazmente a estas personas, debemos establecer un diagnóstico claro utilizando evaluaciones diagnósticas multidimensionales que aborden a los pacientes desde puntos de vista bio-psicosociales y espirituales. Además, son vitales las evaluaciones exhaustivas del desarrollo temprano, familiares, funcionales, neuropsicológicas y neurofisiológicas. Los datos convergentes de estos diversos enfoques proporcionarán una mejor comprensión de cómo los pacientes perciben su entorno, cómo responden al estrés, resuelven problemas y reaccionan a recompensas o castigos. Posteriormente, al considerar las terapias farmacológicas, podemos elegir según datos farmacodinámicos y farmacocinéticos específicos del paciente. Más tarde, para adaptar aún más el paradigma de medicación del paciente, podemos utilizar estudios de desafío agudo con medicación mediante qEEG y evaluaciones neuroconductuales. Datos recientes muestran que el metilfenidato y la atomoxetina difieren en sus efectos; el metilfenidato disminuye el “ruido” cerebral aumentando la relación señal-ruido y mejora el rendimiento general, mientras que la atomoxetina aumenta el rendimiento específico y la saliencia de las señales específicas de la tarea. Este enfoque farmacoterapéutico puede mejorar los efectos de la medicación y evitar ensayos clínicos prolongados que pueden durar días y semanas, con un sufrimiento significativo para los pacientes y sus familias.
¿Qué sucede neurológicamente con el TDAH?
El TDAH es una condición caracterizada por la incapacidad de controlar el lapso de atención para completar eficazmente una actividad o proceso cognitivo antes de pasar a otro. Esto conduce a la toma de decisiones y acciones impulsivas, y típicamente a un modo de vida hipercinético. El TDAH es un trastorno que se origina principalmente en el cerebro y lo afecta de diferentes maneras. El cerebro controla y regula todas las actividades fisiológicas, asignando tareas a varias áreas dentro de sí mismo. Así, puede ejecutar funciones como recibir información sensorial, iniciar, realizar y coordinar movimientos voluntarios e involuntarios, regular estados de ánimo y emociones, y controlar el comportamiento, entre otras. El procesamiento y el intercambio de información a través de vastas redes neuronales es, por lo tanto, una parte esencial del funcionamiento cerebral normal. Esto se logra mediante neurotransmisores que transmiten estímulos nerviosos a través de sinapsis a otras neuronas.

El TDAH se asocia con niveles anormalmente bajos de los neurotransmisores que transmiten entre el área cortical prefrontal y los ganglios basales, es decir, la dopamina y la noradrenalina. La dopamina está estrechamente asociada con los centros de recompensa en el cerebro y también interactúa con otros neurotransmisores potentes para regular el estado de ánimo. Los bajos niveles de dopamina impulsan al individuo a buscar la sensación de recompensa por otros medios. También se sabe que los polimorfismos del gen transportador de serotonina se asocian con diferentes modos de respuesta al tratamiento. Además, los niveles de glutamato pueden ser más bajos en adultos con TDAH, lo que podría ser responsable de las anormalidades en los neurotransmisores. Esto causa una disfunción en las redes neuronales en las partes del cerebro mencionadas.
El córtex prefrontal controla las respuestas emocionales, el comportamiento y lo que se llama juicio, que decide sobre la adecuación de diferentes acciones, y por supuesto, la atención a la tarea actual que permite a los individuos sin TDAH ejecutar tareas rutinarias sin atención deliberada y focalizada en cada paso de la tarea. Es la parte que planifica, inicia y perfecciona acciones, así como ejecuta correcciones, evita obstáculos mediante acciones alternativas y permite la concentración en la tarea en cuestión. Los ganglios basales regulan el comportamiento impulsivo para evitar respuestas automáticas injustificadas a los estímulos. La disfunción del córtex prefrontal resulta en una falta de alerta, un lapso de atención reducido y una menor eficiencia de la memoria de trabajo o a corto plazo, dificultad para iniciar y sostener actividades, y ser incapaz de distinguir y evitar actividades innecesarias o distractivas. Por eso, los individuos con TDAH tienen un enfoque disminuido. De nuevo, hay una dificultad significativa para organizar el cerebro para la realización de cualquier actividad que requiera la planificación de más de un paso, debido a un comportamiento fuertemente guiado por la impulsividad y la dificultad experimentada para quedarse quieto o en un lugar.
Claves de las Imágenes Cerebrales
Anormalidades Estructurales
Se han encontrado anormalidades estructurales en los cerebros de pacientes con TDAH, tales como:
- Baja densidad de materia gris
- Anormalidades en la estructura de la materia blanca
- Menor volumen cerebral total de lo normal
- Tamaño reducido de algunas partes del cerebro
- Maduración cortical más lenta de lo normal hasta la vida adulta
- Reducción del grosor cortical en adultos, especialmente de la red cortical responsable de la atención focalizada
Hallazgos de Neuroimagen Funcional
Se han observado redes frontales y parietales hipoactivas que regulan la ejecución de acciones y la atención, lo que lleva a una atención deficiente e hiperactividad. Adicionalmente, existen redes visuales y de atención dorsal, así como la red por defecto, que están hiperactivas.
El TDAH afecta las funciones ejecutivas, las habilidades cognitivas necesarias para alcanzar metas. Un adulto con TDAH puede tener problemas para organizar, recordar instrucciones, mantenerse en el camino y llevar a cabo una tarea. Estos son signos de disfunción ejecutiva. La disfunción ejecutiva puede describirse como un conjunto de síntomas que ocurren debido a la interrupción en la capacidad de una persona para controlar cómo piensa, siente y actúa. Como resultado, pueden tener dificultades con la memoria, la atención y la autorregulación. Sin embargo, el TDAH no es la única causa de disfunción ejecutiva. Otros problemas médicos, como el autismo, la depresión, la esclerosis múltiple y la demencia, también están asociados con desafíos en la función ejecutiva. Por lo tanto, si tienes TDAH, es probable que notes problemas con tu función ejecutiva, pero si tienes dificultades con la función ejecutiva, esto no significa necesariamente que tengas TDAH.
¿Qué es la disfunción ejecutiva?
La disfunción ejecutiva es un rango de síntomas conductuales que cambian la forma en que una persona regula sus emociones, pensamientos y acciones. No es un diagnóstico médico. En cambio, describe el conjunto de síntomas que ocurren cuando se interrumpe el papel del cerebro en el control de pensamientos y acciones. La disfunción ejecutiva afecta más comúnmente a personas con condiciones de salud mental específicas que afectan el cerebro. Estas incluyen TDAH, síndrome de Tourette, demencia, enfermedad de Parkinson y esquizofrenia. Las personas con lesiones cerebrales o tumores cerebrales también pueden experimentar disfunción ejecutiva.
Síntomas de disfunción ejecutiva
Una persona con disfunción ejecutiva puede notar los siguientes síntomas:
- Dificultad para planificar y organizar actividades
- Dificultad para priorizar y secuenciar pasos para completar una tarea
- Incumplimiento de plazos
- Dificultad para mantenerse enfocado
- Problemas para regular emociones
- Llegar tarde a citas, eventos, reuniones o actividades sociales
- Perder objetos importantes y olvidar detalles
- Dificultad para cambiar entre tareas
- Problemas con la motivación
- Ser impulsivo y tomar malas decisiones
- Dificultad para realizar múltiples tareas a la vez (multitasking)
- Rigidez mental y/o inflexibilidad
Alguien que experimenta disfunción ejecutiva puede mostrar algunos o la mayoría de los signos anteriores. Pero si solo tienes problemas con uno o dos de ellos, es poco probable que tengas un trastorno de función ejecutiva. Tener síntomas de disfunción ejecutiva puede dificultar el manejo de diversas tareas, como organizar, planificar o gestionar el tiempo. Esto no significa que no seas inteligente o responsable; tu cerebro simplemente procesa la información de manera diferente.
¿Qué son las funciones ejecutivas?
Las funciones ejecutivas se refieren a los procesos y habilidades mentales que te ayudan a priorizar, planificar, organizar y adaptarte para alcanzar una meta. Son esenciales para lograr objetivos diarios como cocinar la cena o llegar al trabajo a tiempo, y también son cruciales para metas a largo plazo como terminar una carrera o iniciar un negocio. Las funciones ejecutivas se pueden dividir en los siguientes componentes:
Memoria de Trabajo
Tu memoria de trabajo es un sistema de capacidad limitada que te permite almacenar y procesar información temporalmente. Está involucrada en las tareas en las que trabajas en un momento dado. Entra en juego cuando intentas procesar frases en una conversación o recordar dígitos como un número de teléfono o una contraseña de un solo uso. La memoria de trabajo también es vital para funciones de alto nivel. La utilizas para almacenar y procesar la información necesaria para planificar, priorizar y organizar. Con un trastorno de función ejecutiva, puede resultarte difícil recordar fechas e instrucciones o dónde colocaste objetos importantes.
Control Inhibitorio
El control inhibitorio, también conocido como autocontrol o autorestricción, te permite regular tus emociones, pensamientos y acciones. Es la capacidad de contener una respuesta natural, automática o aprendida que podría no ser apropiada en una situación dada. Las siguientes son algunas formas en que funciona el control inhibitorio:
- Atencional: La capacidad de resistir las distracciones a tu alrededor y dirigir tu enfoque hacia tareas que te ayudarán a alcanzar tus metas.
- Conductual: La capacidad de evitar hacer cosas que sabes que no deberías hacer. Por ejemplo, el control inhibitorio te impide soltar algo inapropiado o comer una dona de chocolate si decides ponerte a dieta.
- Emocional: La capacidad de regular tus emociones, influyendo en cómo te comportas y respondes.
Cambio de Set (Set Shifting)
El cambio de set es otra forma de decir cambio de tarea. Esta función depende de tu memoria de trabajo para recordar instrucciones y detalles relacionados con tu objetivo actual. También implica el control inhibitorio para evitar distraerte con otras tareas. El cambio de set también implica pensamiento flexible y adaptación a situaciones cambiantes. Las personas con disfunción ejecutiva pueden tener dificultades con la realización de múltiples tareas, la resolución de problemas y el cambio de tareas. También pueden parecer rígidas en su pensamiento.
Planificación y Organización
La planificación se considera una función ejecutiva de nivel superior. Estas funciones de alto nivel se basan en los componentes básicos de la función ejecutiva discutidos anteriormente, como la memoria de trabajo, el cambio de tareas y la regulación de la atención. La planificación requiere que una persona divida sus metas en pasos más pequeños en el orden correcto. También utiliza tu memoria de trabajo, que almacena la información necesaria para terminar las tareas. Con disfunción ejecutiva, una persona puede no saber por dónde empezar o qué hacer a continuación. Esto puede llevar a la procrastinación o a la parálisis del TDAH.

Toma de Decisiones o Razonamiento
La toma de decisiones es otra función ejecutiva de alto nivel. El cerebro necesita manejar las emociones, inhibir las elecciones impulsivas y comparar las posibles recompensas o resultados de diferentes decisiones.
Resolución de Problemas
Encontrar soluciones a los problemas requiere varias funciones ejecutivas. Esto incluye ser capaz de priorizar, controlar tu atención y gestionar tus impulsos. Algunos desafíos también requerirán que manejes tus emociones y gestiones bien tu tiempo.
Gestión del Tiempo
La gestión del tiempo también es una función ejecutiva de alto nivel que requiere diversas habilidades. Implica priorización y planificación anticipada. También requiere que te ajustes el ritmo, asignes tu tiempo sabiamente y lleves un registro de las fechas límite. Dado que el TDAH puede afectar la gestión del tiempo, a muchos adultos con TDAH les resulta difícil ser puntuales y cumplir los plazos.
Aunque la disfunción ejecutiva puede presentar un conjunto único de desafíos, los adultos que reciben el apoyo y tratamiento adecuados a menudo pueden superarlos y alcanzar sus objetivos diarios. Muchos expertos coinciden en que los desafíos de la función ejecutiva representan algunas de las formas centrales en que el TDAH afecta a una persona. Si tienes TDAH, es posible que notes que tienes problemas relacionados con las funciones ejecutivas, como la memoria, la atención y la organización.
Algunas superposiciones entre la disfunción ejecutiva y el TDAH incluyen:
- Distraerse al completar tareas
- Dificultad para organizar un horario, actividades y materiales de trabajo
- Olvidar fechas importantes, reuniones o citas
- Llegar tarde a reuniones y citas
- Perder objetos esenciales necesarios para el trabajo o las actividades diarias
- Falta de motivación para hacer ciertas tareas
Una persona con TDAH probablemente experimentará algunos o más de los síntomas anteriores.
¿Es la disfunción ejecutiva un síntoma del TDAH? La disfunción ejecutiva no es un síntoma oficial del TDAH. Sin embargo, si experimentas signos de disfunción ejecutiva, esto puede sugerir que tienes TDAH u otra condición médica, como el autismo. Y aunque se superponen de muchas maneras, el trastorno de función ejecutiva no se refiere al TDAH, y viceversa. Hay varias diferencias entre estos términos. Por ejemplo, el TDAH es un diagnóstico oficial que puede hacer un especialista. Mientras tanto, el trastorno de función ejecutiva no es un diagnóstico independiente; puede ser causado por muchas condiciones. Otras diferencias entre los dos incluyen cómo se detectan y gestionan. Por ejemplo, el TDAH aparece en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, Quinta Edición (DSM-5), una guía reconocida mundialmente que ayuda a los profesionales de la salud mental a hacer diagnósticos más precisos. En el DSM-5, el TDAH se considera un trastorno médico oficial con un conjunto específico de criterios que una persona debe cumplir para ser diagnosticada. En contraste, el trastorno de función ejecutiva no está en el DSM-5.
Diagnóstico del Trastorno de Función Ejecutiva
Dado que el trastorno de función ejecutiva no es una condición médica independiente, no puedes obtener un diagnóstico para ello. Sin embargo, tu médico puede investigar para encontrar la causa subyacente. También pueden evaluar su gravedad y cuán significativamente tu vida diaria se ve afectada por cualquier disfunción ejecutiva. Tu especialista puede preguntarte sobre los síntomas que experimentas, específicamente en torno a la planificación, organización, multitarea, resolución de problemas, impulsividad o enfoque. Aparte de eso, tu especialista también puede realizar pruebas de función ejecutiva que evalúan habilidades específicas como la memoria de trabajo o el control inhibitorio. Por ejemplo, la Escala de Déficits en la Función Ejecutiva de Barkley (BDEFS) se puede utilizar para evaluar la función ejecutiva de adultos durante un período de tiempo.
Tratamiento: Cómo superar la disfunción ejecutiva
El tipo de tratamiento recomendado para la disfunción ejecutiva depende de su causa subyacente. Es importante que consultes a un especialista en salud mental que pueda recomendarte un plan de manejo que se adapte mejor a ti. Si tienes TDAH, recibir tratamiento a menudo mejora la función ejecutiva. Tu especialista puede recomendar medicamentos estimulantes o no estimulantes para el TDAH, dependiendo de tu historial médico y síntomas. La terapia cognitivo-conductual (TCC) es otra opción no farmacológica para manejar el trastorno de función ejecutiva. La TCC te capacita para identificar patrones de pensamiento y hábitos poco saludables y reemplazarlos por otros útiles que te acerquen a tus metas. Esta forma de terapia puede ayudar a mejorar tu gestión del tiempo, organización, priorización y otras funciones ejecutivas.
Los desafíos de la función ejecutiva y el TDAH van de la mano. Si te han diagnosticado TDAH, no tienes que renunciar a tus metas. El apoyo y tratamiento adecuados pueden ayudarte a mejorar tus habilidades para la vida, como organizarte, planificar el futuro y concentrarte en lo que importa. Puedes hablar con tu médico sobre los planes de medicación actuales o la posibilidad de recibir terapia cognitivo-conductual (TCC). Un coach de TDAH para adultos también puede ayudarte a mejorar áreas específicas, como la gestión del tiempo y la priorización. Al comprender las formas únicas en que funciona tu cerebro con TDAH, puedes experimentar con nuevos enfoques para organizar tu vida. Estrategias y herramientas sencillas pueden ayudarte a hacer las cosas y mantenerte en el camino. Por ejemplo, puedes:
- Usar horarios visuales o ayudas de flujo de trabajo (listas de tareas, diarios, Google Calendar, etc.)
- Establecer una rutina matutina para evitar llegar tarde
- Dividir proyectos más grandes en trozos más pequeños
- Solicitar instrucciones escritas para tareas complejas
- Mantener rastreadores o Airtags en pertenencias importantes
- Configurar recordatorios digitales o alarmas para eventos cruciales
- Automatizar pagos de facturas para asegurarse de que se paguen a tiempo
Con un plan de manejo adecuado, te prepararás para el éxito en tu carrera, estudios y relaciones.

¿Se considera el TDAH un problema neurológico?
Sí, el TDAH se considera una condición neurológica, o más específicamente, neurodivergente. Los síntomas del TDAH se dividen en dos grandes grupos: síntomas de inatención y síntomas de hiperactividad/impulsividad. Hay nueve síntomas en cada grupo. Es importante tener en cuenta que estos también son comportamientos comunes en muchos niños. Tu hijo no necesariamente tiene TDAH si hace algunas de estas cosas de vez en cuando. Los proveedores de atención médica tienen criterios cuidadosos para diagnosticar el TDAH.
Síntomas de inatención
Puede notar que su hijo:
- Evita tareas que requieren concentración durante mucho tiempo
- No presta atención a los detalles o comete errores aparentemente descuidados
- Olvida hacer cosas que se supone que debe hacer
- Se distrae fácilmente por lo que sucede a su alrededor, o a veces por sus propios pensamientos
- Tiene dificultad para organizar cosas, como juguetes en su habitación, suministros en su mochila o pasos en un proyecto
- Tiene problemas para mantenerse concentrado en lo que está haciendo, incluyendo escuchar presentaciones o leer un pasaje largo
- Pierde cosas que necesita, como papeles escolares o gafas
- Parece distraído o como si estuviera soñando despierto cuando alguien le habla directamente
- Comienza una tarea con bastante facilidad, pero luego se desvía y no la termina (esto puede afectar cosas como hacer sus tareas o completar su tarea escolar)
Síntomas de hiperactividad/impulsividad
Puede notar que su hijo:
- Se mueve o hace pequeños movimientos con las manos o los pies, especialmente cuando está sentado para comer o hacer la tarea
- Se levanta cuando se supone que debe permanecer sentado
- Tiene dificultades para jugar o hacer otras tareas en silencio
- Tiene dificultades para esperar su turno para hacer algo
- Interrumpe lo que otros están haciendo, por ejemplo, saltando a un juego que otros niños están jugando o agarrando el juguete de alguien sin permiso
- Salta, trepa, corre o se siente inquieto cuando se supone que debe permanecer en un lugar
- Parece que siempre está “en movimiento” o “impulsado por un motor”
- Habla sin esperar su turno o termina las frases de otros
- Habla más de lo esperado
Causas del TDAH
El TDAH es genético. Esto significa que su hijo nace con ciertos cambios genéticos que causan diferencias en el desarrollo de su cerebro (neurodivergencia). A menudo, los cambios genéticos que causan el TDAH se transmiten dentro de las familias biológicas. Los niños con TDAH comúnmente tienen padres o hermanos biológicos con la condición. Los investigadores continúan investigando cómo el TDAH afecta el cerebro. Esto es lo que sabemos hasta ahora. Con el TDAH, el lóbulo frontal del cerebro de su hijo está cableado de manera que le resulta más difícil usar la atención dirigida. La atención dirigida es la capacidad de concentrarse en algo que no encuentra muy interesante. Usamos la atención dirigida para planificar, realizar múltiples tareas y resolver problemas (funciones ejecutivas). Puede requerir mucha energía usar la atención dirigida, especialmente cuando hay otras cosas más interesantes a nuestro alrededor. Si su hijo tiene TDAH, le toma aún más energía de lo habitual dirigir su atención a las cosas que tiene que hacer. Eso significa que después de un largo día en la escuela, su hijo puede resistirse a hacer una tarea que de otra manera parece simple, como colgar su abrigo o mochila. La atención que requiere hacer estas tareas “básicas” simplemente no está disponible para ellos. Por otro lado, su hijo es mejor que la mayoría de los niños neurotípicos en el uso de la atención automática. Este es el tipo de atención que usamos para concentrarnos en algo que nos interesa. Permite algo llamado hiperfoco, o la capacidad de “entrar en la zona” y hacer algo durante horas. Su hijo podría usar el hiperfoco para volverse realmente bueno en un hobby o juego o para alcanzar ciertas metas.
Factores de riesgo
Los expertos creen que algunas personas tienen genes que las predisponen al TDAH. En otras palabras, los genes hacen que el TDAH sea una posibilidad para esa persona. Pero luego, ciertos factores ambientales inclinan la balanza y hacen que el TDAH se desarrolle. Los factores de riesgo ambientales incluyen exposición a drogas en el útero, bajo peso al nacer, parto prematuro, desregulación endocrina, negligencia temprana en el desarrollo, toxinas ambientales y traumatismo craneoencefálico.
Complicaciones de esta condición
El TDAH puede afectar cómo se siente su hijo consigo mismo y cómo interactúa con el mundo que lo rodea. Sin un tratamiento adecuado, su hijo puede tener comorbilidades psiquiátricas significativas que incluyen ansiedad, depresión, abuso de sustancias, trastorno de conducta y trastorno bipolar.
Preguntas Frecuentes sobre el TDAH y la Neurociencia
¿Qué es la función ejecutiva en el TDAH?
La disfunción ejecutiva en el TDAH se refiere al conjunto de síntomas que presenta una persona con TDAH debido a una interrupción en su capacidad para regular sus pensamientos, comportamientos y sentimientos. Esto puede llevar a síntomas como mala memoria, baja motivación, falta de concentración y problemas para planificar y organizar.
¿Qué causa la disfunción ejecutiva?
Los científicos y expertos no están completamente seguros de la causa de la disfunción ejecutiva. Es importante notar que tener síntomas de disfunción ejecutiva no significa que tengas TDAH. Si bien puede ser un signo de TDAH, también se asocia comúnmente con otras condiciones como autismo, depresión, esquizofrenia, trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) o lesión cerebral traumática.
¿Cuáles son los síntomas del trastorno de disfunción ejecutiva?
Los síntomas de la disfunción ejecutiva incluyen malas habilidades de organización y planificación, falta de concentración y dificultad para recordar detalles. Además, los síntomas pueden incluir toma de decisiones impulsivas y dificultad para cambiar de tarea y realizar múltiples tareas. Las personas también pueden tener problemas para regular sus emociones y encontrar la motivación para hacer las cosas.
¿Qué es la regla del 30% para el TDAH?
La regla del 30% estima el retraso que las personas con TDAH pueden experimentar en el desarrollo de sus habilidades de función ejecutiva en comparación con sus compañeros de la misma edad. Sugiere que aquellos con TDAH pueden estar aproximadamente un 30% por detrás de sus compañeros sin la condición. Si bien esto no está científicamente probado como cierto, puede dar a las personas una mejor idea de los desafíos ejecutivos que enfrentan aquellos con TDAH.
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