El Mito de la Revolución Cognitiva

Valoración: 3.67 (8876 votos)

Durante las décadas de 1960 y 1970, se popularizó en el ámbito de la psicología la noción de que había ocurrido una trascendental «revolución cognitiva». Esta idea no solo implicaba una crítica a aspectos puntuales del paradigma conductual, sino a su estructura casi en su totalidad. Se difundió ampliamente la creencia en una supuesta «crisis del conductismo», directamente originada por la emergencia de esta proclamada «revolución» que, se decía, lo había reemplazado por completo.

¿Cuándo surgió la revolución cognitiva?
Durante las décadas del 60 y 70, se difundió la idea de que en la psicología había ocurrido la llamada «revolución cognitiva».

La Proclamada Caída del Conductismo

Numerosos autores asociados al cognitivismo, como Gardner, Chomsky o Miller, no se limitaron a investigar sobre procesos cognitivos; también incursionaron en la escritura sobre la historia de la psicología. Desde esta posición, de algún modo, habrían «autoproclamado» la mencionada «revolución». La narrativa llegó a extremos aún mayores, anunciando la «muerte» o «caída» definitiva de los modelos conductuales y su supuesta sustitución total por el cognitivismo. El principal blanco de las críticas por parte de los defensores de los modelos cognitivos «puros» fue el paradigma conductual, específicamente las teorías del aprendizaje asociativo. Si bien es innegable que se produjo un notable aumento en los trabajos de investigación dentro de la psicología cognitiva, y sus aportes a la psicología científica son valiosos, la idea de que este paradigma haya simplemente «reemplazado» al conductual no parece sostenerse al examinar la evidencia.

Investigación Básica: La Vigencia Innegable

El surgimiento de nuevas líneas de investigación y aplicación en cualquier campo científico no implica necesariamente la desaparición o sustitución de modelos previos. En la psicología contemporánea, más allá de las etiquetas de «ismos», somos testigos de un fenómeno mucho más sano y fructífero: una sana integración de ambos paradigmas bajo el rigor de la metodología científica. Contrario a lo que pregonaban los cognitivistas «no-integrativos», hoy observamos una fuerte y sostenida presencia de los aportes del conductismo y de las teorías del aprendizaje en la investigación básica.

En los últimos 50 años, la investigación inspirada en los paradigmas de condicionamiento clásico y operante ha sido vasta. Una revisión exhaustiva realizada por Domjam (2007) sobre bases de datos especializadas como Psycinfo y Medline, que registran las publicaciones en revistas científicas, mostró un aumento estable en el número de artículos sobre teorías del aprendizaje desde 1970 hasta 1999. Estos datos son un claro indicador de que la investigación basada en el paradigma conductual no solo continúa, sino que es prolífica e influyente. Es más, Domjam destaca que gran parte de las investigaciones en neurociencias se nutren directamente del paradigma conductual, demostrando su relevancia interdisciplinaria.

Esta constante y semejante producción científica en las áreas de condicionamiento y aprendizaje pone seriamente en tela de juicio la supuesta «caída o crisis» de los modelos conductuales, un anuncio que resultó ser fallido y prematuro por parte de algunos autores «cognitivos-puros». Tal vez la confusión se originó, en parte, porque algunos representantes de ciertas corrientes o escuelas psicológicas escribieron sobre supuestos acontecimientos históricos en la disciplina sin aplicar los métodos propios de la historia de la ciencia, como técnicas bibliométricas rigurosas, encuestas a profesionales, revisión pormenorizada de documentos históricos o inventarios de revistas especializadas. Este modo subjetivo de narrar la historia de la psicología ha llevado a que muchos psicólogos, especialmente los más jóvenes o novatos, desdeñen a priori los valiosos aportes del paradigma conductual, considerándolos erróneamente anacrónicos.

Aplicaciones Clínicas: Guías de Tratamientos Eficaces

La vigencia del conductismo no se limita al ámbito de la investigación básica. En la práctica clínica psicológica actual, la aplicación de numerosas técnicas derivadas principalmente del condicionamiento clásico y operante es notoria y fundamental. Un simple examen de las guías de tratamientos eficaces revela la continua relevancia y efectividad de las técnicas conductuales en el abordaje de una amplia gama de desórdenes psicológicos. A continuación, se detallan algunos ejemplos específicos que demuestran esta realidad:

  • Los procedimientos basados en la exposición son, quizás, los más citados y recomendados en las guías de tratamientos eficaces. Esta técnica es un componente esencial en casi todos los abordajes para la ansiedad y las conductas de evitación. Ha demostrado resultados sobresalientes, por ejemplo, en el tratamiento de la agorafobia y en la reducción de compulsiones.
  • La desensibilización, tanto en modalidad imaginaria como «in vivo», mantiene su estatus como tratamiento recomendado para las fobias desde su introducción en 1958 hasta la actualidad. Su eficacia ha sido probada a lo largo de décadas de aplicación clínica.
  • El manejo de la activación fisiológica, crucial en muchos trastornos de ansiedad, a menudo incorpora técnicas conductuales específicas como la respiración abdominal controlada, la refocalización atencional o las visualizaciones guiadas. Estas forman parte integral del tratamiento contemporáneo del trastorno por pánico.
  • Las técnicas derivadas del condicionamiento operante, incluyendo procedimientos como el moldeamiento, el reforzamiento diferencial, la extinción o el castigo (siempre con consideraciones éticas y clínicas), son altamente recomendadas para el abordaje de pacientes que presentan déficits en habilidades sociales, trastornos generalizados del desarrollo, o psicosis, entre otros. Para el tratamiento de la depresión, la asignación gradual de actividades conductuales es un procedimiento que ha mostrado ser muy eficaz para romper el ciclo de inactividad y desesperanza.
  • En el campo de las disfunciones sexuales, la terapéutica frecuentemente incluye un componente esencial de aproximación y ejecución graduales de las conductas sexuales, elementos característicos y directamente derivados del paradigma conductual.
  • El abordaje de comportamientos que se ejecutan en exceso y son problemáticos, como el tabaquismo, el juego patológico y las adicciones en general, incorpora una amplia gama de procedimientos de corte conductual. Particularmente, el control de estímulo es un procedimiento considerado ineludible en el tratamiento de tales trastornos, ayudando a modificar las señales ambientales que desencadenan el comportamiento problemático.
  • El modelado, un procedimiento de amplio espectro que implica el aprendizaje por observación, se destaca como una herramienta muy valiosa, especialmente en personas con déficits de habilidades específicas o habilidades sociales.

Es importante notar que incluso las técnicas cognitivas de modificación de pensamientos, a menudo asociadas puramente al cognitivismo, involucran frecuentemente la realización de «experimentos conductuales». Este ingrediente es muchas veces crítico para la eficacia de la reestructuración cognitiva, ya que permite al paciente poner a prueba sus pensamientos disfuncionales en la realidad a través de la acción. Autores prominentes usualmente catalogados como «cognitivos», como Beck, Ellis o Seligman, a menudo recomiendan explícitamente el uso de técnicas conductuales, reconociendo que estas aportan de manera significativa a la modificación de los pensamientos y creencias. Finalmente, cabe remarcar que en lo que respecta a investigaciones clínicas controladas, la mayor cantidad de trabajos científicos que demuestran la eficacia de los tratamientos provienen del paradigma conductual o de modelos que integran sus principios.

El Conductismo y el Estudio de lo Interno: Desmintiendo un Mito

A pesar de toda esta evidencia de su vigencia y utilidad, se han popularizado críticas erróneas al paradigma conductual, especialmente en ciertos ámbitos académicos y profesionales. Una de las más comunes y persistentes arguye que el conductismo ha negado o ignorado por completo el papel del lenguaje, los pensamientos, las imágenes mentales y las emociones en el comportamiento humano. Sin embargo, un vistazo a la historia del movimiento conductual revela abundantes evidencias que contradicen categóricamente esta crítica:

  • Ivan Pavlov, en los inicios del siglo XX y figura clave del condicionamiento clásico, subrayó la importancia del lenguaje, al que denominó el «segundo sistema de señales», reconociendo su papel en la regulación de la conducta humana.
  • En la década de 1920, Eduard Tolman, un conductista que introdujo una perspectiva más molar, destacó la existencia de «mapas cognitivos» (representaciones internas del entorno) y el fenómeno del aprendizaje «sin ejecución» (aprendizaje que ocurre sin manifestarse inmediatamente en conducta observable), reconociendo así procesos internos.
  • Desde la década de 1930, autores como Clark Hull y otros teóricos del aprendizaje remarcaron el peso de elementos «mediacionales» entre el estímulo y la respuesta, reconociendo que factores internos pueden influir en la relación entre ambos. Además, muchos investigadores dentro del paradigma del condicionamiento clásico prestaron especial atención al estudio de variables emocionales y su condicionamiento.
  • Incluso B. F. Skinner, a menudo presentado como el arquetipo del conductista radical que supuestamente ignoraba lo interno, recalcó la importancia del comportamiento verbal en su obra seminal al respecto. Señaló ya en 1953 (cuatro años antes de la publicación de la crítica de Noam Chomsky a su trabajo) que el comportamiento humano puede ser gobernado por «reglas» y estímulos verbales. Para ser claros, Skinner sí valoraba y estudiaba el rol del lenguaje, aunque desde su propia perspectiva funcional.
  • Ya en 1958, unos años antes del auge formal de los paradigmas cognitivos, Joseph Wolpe, un psiquiatra de orientación conductual y pionero en terapia conductual, reparó explícitamente en la importancia de corregir «errores de concepto» (ideas irracionales o distorsionadas) y usar imágenes mentales en la consulta para la modificación de emociones y conductas problemáticas de los pacientes.

Estos hitos históricos son ejemplos concretos de que el interés por aspectos que hoy llamaríamos «cognitivos» o «emocionales» estaba presente en el conductismo mucho antes de la llamada «revolución cognitiva». La crítica central enarbolada por esta supuesta revolución sostenía que el Conductismo negaba la existencia y la posibilidad de estudio científico de aspectos «internos», otorgando importancia exclusivamente al comportamiento observable públicamente. Nada más alejado de la realidad histórica del paradigma.

Lo que el paradigma conductual sí ha defendido de manera consistente es que el estudio científico del comportamiento, incluyendo sus aspectos internos, requiere la operacionalización rigurosa de los términos psicológicos. Esto, a su vez, necesita apoyarse en datos que puedan ser medidos y observados de alguna manera, ya sea directamente o a través de inferencias lógicas y contrastables. De modo general, el conductismo postula que las representaciones mentales, las emociones o los pensamientos deben ser inferidos a partir de la conducta observable (incluyendo la conducta verbal). Esta rigurosidad metodológica, que busca la objetividad y la replicabilidad, es muy diferente a sostener que se «niega o desdeña» la existencia de imágenes, pensamientos, conciencia o emociones.

¿Cómo puedo convertirme en neurocientífico cognitivo?
Los títulos en psicología, neurología, neuropsicología o psiquiatría son buenos puntos de partida . Seguir una carrera en neurociencia cognitiva también suele requerir títulos avanzados. Por ejemplo, la mayoría obtendrá una maestría y un doctorado.

Como es esperable en toda postura científica seria, el paradigma conductual no es una cosmovisión dogmática e inamovible; admite sus limitaciones y, en cuanto tal, ha evolucionado significativamente al compás de los descubrimientos científicos y los avances metodológicos a lo largo del siglo XX y XXI.

Por razones de espacio, solo hemos señalado unos pocos autores con especial valía histórica, pero la lista de contribuciones conductuales al estudio de aspectos "internos" es mucho más extensa. Durante el transcurso del siglo XX y lo que va del presente, hemos asistido a una fuerte y productiva integración entre modelos conductuales y cognitivos. Este movimiento continúa y se profundiza. Han pasado más de cinco décadas desde que se anunció la supuesta «caída» del conductismo, y la realidad observada es diametralmente opuesta a lo pregonado por los autores de corte cognitivista que, según parece, escribieron la «historia de la psicología» de manera fallida y precoz.

El Mito Desvelado por la Historia

Historiadores serios de la psicología, como Leahey, han catalogado expresamente a la «revolución cognitiva» como un mito. Según Leahey (1981, 1992), «los científicos cognitivos prefieren hablar de revolución porque el término les proporciona un mito del origen, una explicación de sus comienzos que les permite legitimar su práctica científica (…) pero no hubo ninguna revolución: el comportamentalismo prosiguió con un nuevo lenguaje, un nuevo modelo y nuevos intereses dirigidos a un fin ya conocido: la descripción, predicción y control de la conducta». Esta perspectiva histórica basada en la evidencia contradice la narrativa popular del reemplazo total.

Consideramos, por tanto, que es un error conceptual significativo afirmar que una supuesta «revolución cognitiva» ha logrado reemplazar por completo al paradigma conductual. La divulgación acrítica de tales afirmaciones dogmáticas conduce a que psicólogos en formación o novatos interpreten de modo sesgado la rica y compleja evolución de la psicología como disciplina. Particularmente, en muchos contextos, esto ha derivado en que numerosos psicólogos desconozcan o subestimen los valiosos aportes del Conductismo por considerarlos, equivocadamente, anacrónicos o superados.

Procesos fundamentales como la asociación de estímulos, la discriminación perceptual, el concepto de contingencia, las claves configuracionales de los estímulos, el condicionamiento semántico (relacionado con el lenguaje), la representación interna de estímulos, los tiempos de latencia en la respuesta, la memoria procedimental (el «saber hacer»), entre otros, continúan siendo objeto de investigación científica vigorosa en la actualidad. De más está recordar que la investigación básica en estos procesos nutre de manera directa a la psicología clínica y su conocimiento profundo favorece significativamente la efectividad de los procedimientos conductuales y cognitivo-conductuales que se aplican en la Terapia Cognitivo Conductual (TCC).

Por todo ello, creemos firmemente que el paradigma conductual no puede ni debe ser ignorado por los psicólogos contemporáneos. La auténtica integración que caracteriza a modelos terapéuticos eficaces como la TCC requiere un conocimiento pormenorizado de los procesos básicos de aprendizaje y de los modelos de condicionamiento. Los aportes del paradigma conductual continúan siendo no solo relevantes, sino esenciales, tanto en la investigación científica en psicología y neurociencias como en la aplicación clínica orientada a resolver los problemas de las personas.

Por: Lic. Carmela Rivadeneira, Lic. José Dahab y Lic. Ariel Minici

Si quieres conocer otros artículos parecidos a El Mito de la Revolución Cognitiva puedes visitar la categoría Psicología.

Foto del avatar

Jesús Porta Etessam

Soy licenciado en Medicina y Cirugía y Doctor en Neurociencias por la Universidad Complutense de Madrid. Me formé como especialista en Neurología realizando la residencia en el Hospital 12 de Octubre bajo la dirección de Alberto Portera y Alfonso Vallejo, donde también ejercí como adjunto durante seis años y fui tutor de residentes. Durante mi formación, realicé una rotación electiva en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center.Posteriormente, fui Jefe de Sección en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid y actualmente soy jefe de servicio de Neurología en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz. Tengo el honor de ser presidente de la Sociedad Española de Neurología, además de haber ocupado la vicepresidencia del Consejo Español del Cerebro y de ser Fellow de la European Academy of Neurology.A lo largo de mi trayectoria, he formado parte de la junta directiva de la Sociedad Española de Neurología como vocal de comunicación, relaciones internacionales, director de cultura y vicepresidente de relaciones institucionales. También dirigí la Fundación del Cerebro.Impulsé la creación del grupo de neurooftalmología de la SEN y he formado parte de las juntas de los grupos de cefalea y neurooftalmología. Además, he sido profesor de Neurología en la Universidad Complutense de Madrid durante más de 16 años.

Subir