¿Qué estudia la neurociencia social?

La Cognición Social: Mente, Cerebro y Conducta

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La Neurociencia Cognitiva y Afectiva son disciplinas fundamentales que se basan en la evidencia neurocientífica para profundizar nuestra comprensión de los procesos cognitivos y afectivos humanos. Estos campos abarcan desde la memoria, el lenguaje, la atención y la conciencia hasta las emociones, la empatía y la motivación. A través de una variedad de métodos, que van desde modelos animales y técnicas de neuroimagen de vanguardia hasta estudios sobre los cambios asociados con el envejecimiento, la actividad criminal y el bilingüismo, los neurocientíficos exploran las complejidades del cerebro y la mente.

¿Qué es la neurociencia cognitiva y afectiva?
La neurociencia cognitiva y afectiva son las disciplinas que se basan en la evidencia neurocientífica para mejorar nuestra comprensión de los procesos cognitivos como la memoria, el lenguaje, la atención y la conciencia; y de los procesos afectivos como la emoción, la empatía y la motivación.

Por ejemplo, la investigación preclínica básica ha explorado el papel del hipocampo en la consolidación de la memoria, centrándose en fenómenos como la potenciación a largo plazo (LTP), un aumento en la eficacia sináptica crucial para el aprendizaje. Se han utilizado herramientas electrofisiológicas, bioquímicas y moleculares para estudiar esta plasticidad sináptica, identificando mecanismos genéticos, receptores y farmacológicos subyacentes. La comprensión de cómo la LTP se interrumpe en diversas condiciones neurológicas abre vías potenciales para nuevos enfoques de tratamiento. De manera complementaria, los estudios en humanos han buscado evidencia de cambios similares a la LTP en potenciales evocados visuales derivados del EEG, sugiriendo que los mismos mecanismos de plasticidad sináptica operan en la memoria humana y otros procesos cognitivos, y que su estudio directo es posible en trastornos como la esquizofrenia, la depresión o el Alzheimer.

Otros ámbitos de investigación dentro de la neurociencia cognitiva y afectiva exploran la flexibilidad cognitiva y conductual, examinando los procedimientos utilizados en animales y humanos y sus mecanismos neurobiológicos subyacentes. Se investigan cómo los déficits en esta flexibilidad contribuyen a diversos trastornos. Asimismo, se estudia el impacto del bilingüismo en la función ejecutiva y la toma de decisiones léxicas, utilizando técnicas como la resonancia magnética funcional (fMRI) para comparar cerebros bilingües y monolingües. La neurociencia forense, por su parte, utiliza la evidencia neurocientífica para informar sobre las causas y consecuencias del comportamiento criminal, explorando posibles vínculos entre la empatía cognitiva y la conducta violenta, y aplicando métodos neurofisiológicos para comprender y potencialmente modificar dicho comportamiento. La investigación también aborda la naturaleza misma de la investigación psicológica, considerando la interacción entre los espacios teórico, metodológico y de datos, y cómo las variables individuales incontroladas influyen en los resultados.

Las herramientas neurocientíficas modernas, como la espectroscopia de infrarrojo cercano (NIRS), permiten estudiar los cambios en las redes cerebrales a lo largo de la vida, observando cómo la cognición se modifica con el envejecimiento saludable y la enfermedad cerebral, y cómo las elecciones de estilo de vida (dieta, ejercicio) pueden mitigar estos cambios. La estimulación magnética transcraneal (TMS) ofrece una perspectiva causal sobre cómo el cerebro crea la experiencia consciente, permitiendo interrumpir temporalmente la función cerebral para investigar la relación entre la actividad neuronal y los estados de conciencia, como las transiciones entre el sueño y la vigilia o el contenido de la conciencia en un momento dado. Más allá del cerebro, el estudio del sistema nervioso periférico (autónomo y somático) mediante investigación psicofisiológica proporciona información valiosa sobre procesos sociales y emocionales, incluida la regulación emocional y las funciones sociales de las expresiones faciales.

Índice de Contenido

¿Qué es la Cognición Social?

Dentro de este vasto campo, la Cognición Social se refiere a un conjunto crucial de procesos neurocognitivos que subyacen a nuestra capacidad para interpretar el comportamiento de los demás, una habilidad esencial para la interacción social exitosa. Esta compleja capacidad implica decodificar información social (como caras y expresiones emocionales), inferir los estados mentales o afectivos de los demás, y tomar decisiones que sean coherentes con las normas sociales y el bienestar ajeno, además de las consideraciones individuales y económicas. La centralidad de la cognición social en la vida cotidiana se refleja en la complejidad neural de su procesamiento y en la frecuencia de déficits en diversas condiciones patológicas.

Podemos agrupar los procesos de cognición social en tres dominios principales:

1. Percepción Social

La percepción social es el requisito básico de la cognición social: la capacidad de distinguir entre objetos y personas, reconociendo que estas últimas tienen experiencias internas, motivaciones e intenciones que hacen que su comportamiento no sea completamente predecible. Esta habilidad comienza con el análisis de información perceptual compleja, como expresiones faciales, gestos, posturas corporales y voz. La neurociencia cognitiva social investiga si los estímulos sociales constituyen una categoría perceptual cualitativamente diferente o si su procesamiento neural específico se reduce a dimensiones de bajo nivel como la viveza o la familiaridad.

Las caras humanas son un ejemplo prototípico, proporcionando información multifacética sobre características cambiantes (emociones, intenciones) e invariantes (identidad). Su saliencia única se considera que refleja su poder predictivo sobre las intenciones ajenas y sus potenciales consecuencias sociales. La evidencia sugiere que las caras y los objetos se procesan de manera diferente (codificación holística vs. basada en partes). Existe un circuito neural dedicado al procesamiento de caras, que muestra respuestas más fuertes a caras erguidas que invertidas.

Los ojos son un estímulo social particularmente dinámico e informativo, capturando nuestra atención más que los movimientos de cabeza o cuerpo. La dirección de la mirada revela cambios de atención y es crucial para la mentalización. Junto con la mirada, las expresiones emocionales producidas por los músculos faciales proporcionan información social vital. Emociones básicas y universales (felicidad, ira, tristeza, miedo, asco, sorpresa) se expresan y reconocen a través de combinaciones de unidades de acción faciales, aunque las reglas culturales también influyen en este procesamiento.

La comunicación emocional también involucra el cuerpo (posturas, movimientos) y la voz (vocalizaciones no verbales, prosodia), aunque la voz puede transmitir más información sobre el estado de activación fisiológica que sobre emociones específicas. La combinación de información de múltiples canales (cara, cuerpo, voz) mejora la decodificación emocional. La hipótesis de la 'Retroalimentación' sugiere que la producción de expresiones faciales, sonidos y posturas influye en las experiencias emocionales correspondientes a través de la retroalimentación sensorial.

La noción de 'simulación encarnada' propone un mecanismo similar a un espejo que proporciona un vínculo directo entre las experiencias en primera y tercera persona, permitiendo el acceso al significado de las acciones y emociones ajenas. Imitar las expresiones emocionales faciales de otros a través del compromiso de circuitos motores y contracciones musculares (mímica) sustenta una comprensión directa y experiencial de su significado. El marco de la 'cognición encarnada' postula que todas las representaciones y operaciones cognitivas están fundamentalmente basadas en su contexto físico sensoriomotor.

Correlatos Neurales de la Percepción Social

El procesamiento de estímulos sociales visuales involucra el córtex occipitotemporal. Regiones como el Área Facial Occipital (OFA) y el Área Facial Fusiforme (FFA) se asocian con la descomposición preliminar de la escena visual en categorías, especialmente caras. El Área Corporal Extraestriada (EBA) y el Área Corporal Fusiforme (FBA) se relacionan con el procesamiento de cuerpos y partes del cuerpo. Mientras OFA y EBA parecen sustentar la representación de partes, FFA y FBA reflejan representaciones más holísticas.

Una vía ventral, que se extiende a lo largo del córtex temporal, sustenta la representación semántica de conceptos específicos, como la identidad de estímulos familiares o únicos. Las regiones polares temporales y mediales temporales se asocian con el procesamiento de personas o lugares únicos.

Otra vía neural implica la porción posterior del córtex temporal lateral, donde una organización jerárquica incluye áreas que responden al movimiento puro (área MT/V5), al movimiento típico de objetos y al movimiento biológico (porción posterior del surco temporal superior, pSTS). El pSTS es un centro crucial de la red cerebral de percepción social, procesando características cambiantes de estímulos biológicos y patrones de movimiento relacionados con la acción. Integra diferentes características del movimiento biológico, generando una representación superordinada de las acciones percibidas.

El pSTS también forma parte de otra red, que incluye la amígdala y el córtex orbitofrontal, asociada al procesamiento del valor afectivo de los estímulos observados. La amígdala es un nodo clave del cerebro social, asociado al procesamiento emocional de la percepción social, como las expresiones faciales y los juicios de confiabilidad. El daño o funcionamiento anormal de la amígdala tiene consecuencias en el procesamiento cognitivo social y las interacciones sociales reales.

Las conexiones estructurales que sustentan la percepción social incluyen el fascículo longitudinal inferior (IFL) y el fascículo frontooccipital inferior (IFOF), que proyectan desde el córtex occipital hacia el córtex temporal anterior y frontal, respectivamente, cruciales para conectar los nodos de la red de procesamiento facial. El fascículo longitudinal superior (SLF), que conecta regiones temporales, parietales y frontales, también está implicado, conectando porciones del STS sensibles a las caras con el córtex orbitofrontal e inferior frontal.

2. Comprensión Social: Representando el Comportamiento Ajeno

Dado que el comportamiento de los demás no es completamente predecible, el éxito de las interacciones sociales depende de nuestra capacidad para decodificar sus estados mentales, en particular sus intenciones. Interpretar el comportamiento ajeno en términos de estados mentales (creencias, deseos, intenciones, metas, experiencias, sensaciones, emociones) es un paso crítico para predecir sus acciones futuras. Esta disposición natural a la mentalización implica el desarrollo de una Teoría de la Mente (ToM), basada en la conciencia de que las personas tienen estados mentales, información y motivaciones que pueden diferir de las propias.

La mentalización no es un proceso único, sino que involucra varios componentes. Una distinción crucial es entre la atribución de estados mentales cognitivos ('ToM fría' o cognitiva) y estados afectivos ('ToM caliente' o afectiva). Además, representar los pensamientos, deseos, sentimientos y rasgos ajenos (mentalizar) difiere de captar y compartir automáticamente estados afectivos (empatía). Aunque se superponen parcialmente, un modelo influyente considera la ToM cognitiva como un requisito previo para la ToM afectiva, que además requiere habilidades empáticas.

Se ha propuesto una disociación entre mentalización implícita y explícita. La primera estaría presente incluso en infantes, mientras que la segunda es una habilidad sociocultural cognitivamente exigente adquirida con instrucciones verbales, que se desarrolla lentamente en la infancia. También se distingue entre ToM de primer orden (representar estados mentales de un individuo) y de orden superior (mentalizar lo que alguien piensa o siente sobre los estados mentales de un tercero).

La percepción social, en particular la decodificación emocional, se considera que precede a la mentalización, proporcionando insumos de bajo nivel para los procesos integradores e inferenciales de mayor nivel asociados con la mentalización. Sin embargo, la mentalización puede influir en la percepción social a través de mecanismos 'top-down'. Esta relación bidireccional es un elemento central del modelo 'Mindreading', donde percepción social y mentalización son componentes de un sistema más grande.

El tipo de procesos que subyacen a la mentalización es debatido. La 'Teoría-teoría' postula que actuamos como científicos sociales ingenuos, desarrollando teorías psicológicas para inferir estados mentales. La 'Teoría de la Simulación' sugiere que atribuimos estados mentales simulándolos en nuestra propia mente. Una alternativa es la 'Teoría de la Interacción', que enfatiza el papel de la encarnación y la percepción directa en las interacciones sociales reales. Este cambio de perspectiva implica pasar de escenarios de 'bucle abierto' a 'bucle cerrado', donde los interactores se influyen dinámicamente.

Correlatos Neurales de la Comprensión Social

La comprensión del comportamiento ajeno y la decodificación de intenciones y sentimientos se asocian principalmente con dos redes cerebrales: el Sistema Espejo y el Sistema de Mentalización (o ToM), que reciben insumos del pSTS.

El Sistema Espejo incluye regiones frontal inferior, premotora y parietal que se activan tanto al realizar una acción como al observar la misma acción realizada por otro. Se considera que sustenta funciones sociales relacionadas con la acción, como el reconocimiento de acciones, el aprendizaje por imitación y la decodificación de 'metas privadas' basadas en el contexto.

El Sistema de Mentalización, anatómicamente y funcionalmente distinto, incluye el mPFC, TPJ, precúneo/corteza cingulada posterior medial y polos temporales. Esta red se activa típicamente cuando las intenciones ajenas no pueden derivarse automáticamente de señales visuales y deben inferirse en términos de pensamientos y creencias. La distinción clave entre ambos sistemas radica en identificar el 'cómo' (movimientos ejecutados, estado conductual) frente al 'por qué' (creencias, intenciones, estado mental) se realiza una acción.

La empatía, el acto de captar los sentimientos ajenos a través de una resonancia directa en el cerebro del observador, parece reclutar un mecanismo similar a un espejo específico para diferentes tipos de respuestas empáticas. Este mecanismo involucra las mismas regiones cerebrales asociadas con la experiencia en primera persona de estados afectivos o sensoriales, como la ínsula anterior y la corteza cingulada anterior (dolor, asco, arrepentimiento), o la corteza somatosensorial secundaria (sensaciones táctiles). La observación o incluso la mera conciencia del estado emocional de otra persona puede activar automáticamente la representación neural de ese mismo estado en el observador, incluyendo sus respuestas autonómicas y somáticas asociadas.

Tanto el 'mirroring' como la mentalización se han asociado con conexiones estructurales entre los lóbulos temporal, parietal y frontal, sustentadas por el fascículo longitudinal superior (SLF), que se relaciona con diferencias individuales en habilidades como el reconocimiento emocional, la empatía y la imitación. Otros fascículos límbicos, como el uncinado (córtex temporal medial y orbitofrontal, procesamiento socioemocional) y la radiación talámica anterior (hipotálamo/estructuras límbicas a córtex prefrontal/cingulada anterior, procesamiento afectivo y regulación emocional), también están implicados. El cingulado y el fascículo arqueado (conectando la TPJ con el córtex prefrontal) también apoyan la mentalización.

CaracterísticaSistema EspejoSistema de Teoría de la Mente (Mentalización)
Áreas Cerebrales PrincipalesCorteza frontal inferior, premotora y parietalCorteza prefrontal medial (mPFC), unión temporoparietal (TPJ), precúneo/corteza cingulada posterior medial, polos temporales
Función PrincipalComprensión del "cómo" de una acción (movimientos ejecutados, estado conductual). Simulación directa.Comprensión del "por qué" de una acción (creencias, intenciones, estados mentales). Inferencia.
Tipo de Información PreferenteAcciones biológicas observablesInformación abstracta (historias, escenarios)
Tipo de Instrucción FrecuenteObservación pasivaInstrucción explícita para inferir
Ejemplo de ProcesoReconocer que alguien está agarrando una tazaInferir si alguien agarra una taza para beber o para limpiarla

3. Toma de Decisiones Social

Comprender los estados afectivos y cognitivos ajenos, particularmente las intenciones, es a menudo crucial para tomar decisiones apropiadas en contextos sociales. La mayoría de las decisiones se toman dentro de interacciones sociales directas o indirectas, en entornos complejos y dinámicos. Dependerán de las elecciones ajenas, de nuestra predicción de las elecciones que harán, y de la conciencia de sus consecuencias tanto para nosotros como para los demás.

Aunque la Teoría de Juegos busca identificar la elección óptima para agentes racionales, los estudios psicológicos demuestran que las decisiones humanas a menudo se desvían de estas predicciones, reflejando consideraciones prosociales y afectivas. Ejemplos típicos son los patrones de respuesta observados en juegos como el Juego del Ultimátum, el Juego del Dictador y el Juego de la Confianza. En el Juego del Ultimátum, las personas tienden a proponer ofertas 'justas' y a rechazar ofertas injustas, contrariamente a la predicción económica racional. En el Juego de la Confianza, el primer jugador a menudo confía en el segundo, y esta confianza suele ser correspondida.

¿Qué son las neurociencias afectivas del desarrollo?
La neurociencia afectiva es el estudio de los mecanismos cerebrales que subyacen a la emoción y la regulación de la emoción. Dado que la emoción es clave para el bienestar, el estudio de las bases neurales de la emoción es fundamental para comprender cómo podemos cultivar el bienestar y el alivio del sufrimiento.

Estos juegos destacan la disposición a castigar, incluso a expensas propias, a quienes actúan de forma egoísta ('castigo altruista'), un comportamiento que, aunque irracional en términos puramente económicos para el individuo, ejerce consecuencias prosociales a nivel social. Un posible incentivo para el castigo altruista se encuentra en las fuertes emociones negativas asociadas con la injusticia o el abuso de confianza, que suscitan un 'deseo de venganza'. La anticipación del placer inherente a satisfacer este deseo podría ser el incentivo para estos comportamientos.

La neuroeconomía, un campo en la intersección de la neurociencia y la economía, estudia las bases neurales de estos procesos. Muestra que la toma de decisiones está impulsada por sentimientos anticipados relacionados con los resultados, como el intento de experimentar sentimientos positivos (asociados con ganancias y prosocialidad) y evitar sentimientos negativos (decepción, arrepentimiento, culpa).

Correlatos Neurales de la Toma de Decisiones Social

La red cerebral subyacente a la toma de decisiones social es un mosaico. La activación de la ínsula anterior se asocia con la recepción y el rechazo de ofertas desiguales, reflejando las reacciones afectivas negativas ante la injusticia. Aceptar ofertas injustas se relaciona con una mayor actividad en el córtex prefrontal dorsolateral (dlPFC), un nodo clave de la red ejecutiva asociada con el control cognitivo y la inhibición de respuestas. Aunque inicialmente se interpretó como la inhibición de los afectos negativos que impulsan el rechazo, estudios posteriores sugieren que el dlPFC podría sustentar el impulso egoísta a aceptar cualquier oferta.

El castigo de los desertores activa el estriado ventral, el nodo clave de la red de recompensa cerebral, sugiriendo que el castigo altruista puede ser estimulado por la experiencia gratificante implícita en satisfacer el deseo de venganza. Este comportamiento, con sus costos, requiere sopesar resultados económicos y hedónicos, un equilibrio que involucra el córtex prefrontal ventromedial (vmPFC).

La activación del estriado asociada con comportamientos de reciprocidad ('ojo por ojo') y particularmente con la cooperación recíproca, sugiere una interpretación neurobiológica de la tendencia prosocial: la utilidad subjetiva asociada con la cooperación mutua podría representar una recompensa social a corto plazo que supera la de la deserción unilateral.

La Cognición Social a lo Largo de la Vida

El envejecimiento fisiológico conlleva cambios complejos en la cognición, con pérdidas y ganancias de funciones. A pesar de una disminución global de la eficiencia cognitiva, algunas facetas del procesamiento cognitivo social y afectivo se mantienen estables o incluso mejoran con la edad. Estos cambios implican la interacción de múltiples procesos, como la interrupción de funciones, limitaciones de recursos y reasignación, así como mecanismos compensatorios, modulados por factores como la educación, la cognición fluida y la disponibilidad de recursos.

Dos variables clave contribuyen a los cambios en la cognición social relacionada con la edad: la cooperación vs. competencia entre procesos automáticos y controlados, y la dependencia de la tarea de procesar información nueva vs. experiencia acumulada. El envejecimiento impacta principalmente el control ejecutivo, lo que puede resultar en una reducción de la capacidad para inhibir respuestas automáticas, llevando a comportamientos socialmente desinhibidos y a una mayor inclinación a los prejuicios. Sin embargo, las habilidades basadas en la experiencia pasada, como el vocabulario y el conocimiento general, se preservan mejor y pueden compensar parcialmente el declive.

Aunque los adultos mayores rinden peor en tareas de recuerdo, incluso con estímulos sociales y afectivos, muestran habilidades de regulación emocional iguales o incluso mejores que los jóvenes. Esto podría deberse a un conocimiento procedimental mejorado a lo largo de la vida y a una reasignación de recursos hacia la regulación emocional, posiblemente priorizando la información emocionalmente relevante. Los cambios motivacionales hacia la maximización de la satisfacción emocional ('aquí y ahora') también juegan un papel.

Cambios en la Percepción Social con la Edad

El envejecimiento se asocia con un rendimiento significativamente menor en el reconocimiento de emociones negativas (miedo, tristeza, ira) a partir de expresiones faciales, pero mejor o igual en el caso de emociones positivas (felicidad, sorpresa) y asco. Esto se ha atribuido a un sesgo 'top-bottom' en el procesamiento facial, donde los adultos mayores se centran más en la mitad inferior de la cara (boca, nariz), útil para reconocer felicidad y asco, en lugar de los ojos. Este patrón podría reflejar cambios funcionales o estructurales en la red cerebral de procesamiento facial. El declive en el reconocimiento de emociones negativas también podría vincularse al 'efecto de positividad relacionado con la edad', la tendencia a centrarse más en estímulos positivos, relacionado con cambios en los mecanismos de regulación emocional que ayudan a preservar un mejor estado de ánimo.

Cambios en la Comprensión Social con la Edad

La preservación de las funciones de comprensión social, como el compartir emocional y la atribución de estados cognitivos o afectivos, predice resultados exitosos en el envejecimiento. Se observa un declive prominente en los componentes cognitivos (mentalización, metacognición social), con una conservación o mejora relativa de los afectivos (empatía, compasión). El declive cognitivo puede reflejar el declive general del control ejecutivo y la inteligencia fluida, asociado a una actividad reducida del dlPFC. Los adultos mayores también parecen cambiar sus motivaciones, priorizando actividades sociales y emocionales significativas ('teoría de la selectividad socioemocional'), lo que puede llevar a una mayor asignación de recursos al procesamiento y regulación emocional. Los cambios neuroestructurales relacionados con la edad apoyan esta idea, con una disminución del grosor cortical en áreas ejecutivas pero no en áreas de regulación emocional.

Cambios en la Toma de Decisiones Social con la Edad

Junto con una mejora de las habilidades afectivas, facetas del comportamiento y la toma de decisiones social, como la generatividad (la tendencia a expandir el foco de preocupación más allá de uno mismo) y la prosocialidad, experimentan cambios sustanciales con la edad. La generatividad se convierte en un desafío prominente en la vejez, impulsando el deseo de cooperación intergeneracional y la necesidad de ofrecer apoyo emocional. Los adultos mayores muestran más metas generativas y resolución de problemas centrada en los demás. La sensación de lástima y la disposición a ayudar a otros parecen aumentar progresivamente.

La tendencia a la prosocialidad también aumenta en la vida tardía. En línea con la teoría de la selectividad socioemocional, los contextos relevantes para las metas sociales y afectivas pueden motivar a los adultos mayores, incluso más que a los jóvenes, a ayudar a otros, ya que la empatía y la compasión promueven comportamientos prosociales ('preocupación empática'). La mejora de las habilidades de regulación emocional podría mediar esta mayor prosocialidad, aumentando en última instancia su bienestar y satisfacción.

Alteraciones de la Cognición Social en Enfermedades Neurodegenerativas

Una creciente evidencia destaca una variedad de déficits en la cognición social en diferentes condiciones neurológicas y psiquiátricas, asociadas principalmente con las consecuencias funcionales de procesos neuropatológicos o lesiones cerebrales que afectan las regiones y redes subyacentes a las habilidades de cognición social.

Dentro de las enfermedades neurodegenerativas, los cambios patológicos en la cognición y el comportamiento social son una característica principal del espectro de la demencia frontotemporal (DFT), particularmente la variante conductual (bvDFT). Debido a la degeneración progresiva de las redes frontobasales y límbicas asociadas con el procesamiento de señales emocionales y sociales, la bvDFT representa un ejemplo prototípico de la ruptura de la cognición social, con un deterioro marcado en todos los dominios: reconocimiento emocional, comprensión social y juicio en dilemas sociales. Aunque otras variantes de la DFT y la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) también muestran déficits en el reconocimiento emocional y la comprensión social, pueden asociarse con patrones diferentes de daño estructural.

El modelo de 'red de contexto social' propone que diferentes procesos de cognición social están encapsulados en circunstancias contextuales específicas con significado social intrínseco. Este modelo incluye tres centros principales: áreas frontales (actualización de señales contextuales para predicciones), córtex temporal (consolidación del aprendizaje asociativo basado en valores) y córtex insular (gestión de la convergencia entre estados emocionales y cognitivos).

Otras enfermedades neurodegenerativas también presentan déficits en la cognición social, aunque no siempre como síntoma central. Estos pueden involucrar uno o más de los dominios:

  • Percepción Social Alterada: Evidencia de reconocimiento anormal de emociones básicas (visual y/o auditivo), especialmente emociones negativas, en bvDFT, ELA, enfermedad de Parkinson, síndrome corticobasal, parálisis supranuclear progresiva, enfermedad de Huntington, enfermedad de Alzheimer (EA) y deterioro cognitivo leve (DCL), particularmente con estímulos sutiles o estáticos. El reconocimiento emocional a partir de caras puede discriminar la bvDFT de otras enfermedades.
  • Comprensión Social Alterada: Déficits en habilidades de mentalización en bvDFT y EA. En EA, el déficit puede reflejar un deterioro cognitivo global, mientras que en bvDFT es más selectivo en la mentalización afectiva, reflejando dificultades marcadas con las habilidades empáticas. Este patrón también se ha descrito en un subconjunto de pacientes con ELA. En la enfermedad de Parkinson, los déficits tempranos de mentalización se acompañan de una disminución de las habilidades empáticas en etapas posteriores. En la enfermedad de Huntington, el deterioro de los componentes cognitivos y afectivos de la comprensión social a menudo se asocia con la gravedad del declive ejecutivo y los síntomas motores.
  • Toma de Decisiones Social Alterada: Se han descrito rendimientos anormales en tareas de toma de decisiones individuales en varias enfermedades neurodegenerativas. Sin embargo, la evidencia sobre la toma de decisiones social es más limitada, principalmente relacionada con la bvDFT y la EA. Los pacientes con bvDFT muestran una reducción significativa en la tendencia a la prosocialidad y el comportamiento cooperativo, lo que podría reflejar daño en áreas frontoestriatales que apoyan la generación y actualización de predicciones basadas en información contextual social.

Evaluación y Rehabilitación

La creciente evidencia sobre las bases neurales de la Cognición Social subraya la necesidad de evaluar estos dominios en poblaciones patológicas y de considerarlos al diseñar nuevas pruebas y procedimientos de rehabilitación. El enfoque multinivel de la neurociencia cognitiva social proporciona paradigmas experimentales y métricas objetivas para evaluar el deterioro y la efectividad de los procedimientos de remediación en diversas enfermedades neuropsiquiátricas.

Se han propuesto diversas intervenciones para mejorar las habilidades sociales. Algunas buscan mejorar habilidades cognitivas básicas o aumentar la competencia relacional mediante entrenamiento en el análisis del contexto social e información emocional ('intervenciones amplias'). Otras se dirigen a componentes específicos de la cognición social, como el reconocimiento emocional, la mentalización o la empatía ('intervenciones dirigidas'), particularmente en esquizofrenia y autismo.

Los metaanálisis sugieren efectos de entrenamiento moderados en el reconocimiento emocional y la mentalización, con cierta transferencia a la vida social diaria, pero éxito limitado en la remediación de funciones de cognición social más complejas y de orden superior. Posibles explicaciones incluyen la falta de consideración de los déficits cognitivos básicos subyacentes y la complejidad de las situaciones sociales del mundo real, caracterizadas por la interdependencia mutua entre los agentes. La implicación potencial de paradigmas novedosos que implican interacciones sociales reales o virtuales representa uno de los desafíos más prometedores para la neurociencia social, ya respaldado por resultados positivos en pacientes neurológicos.

En general, la efectividad de la remediación cognitiva social parece depender de las habilidades 'basales' del individuo, y los programas exitosos requieren adaptar las estrategias de manejo a perfiles individuales. Una descripción detallada de los procesos de cognición social y sus correlatos neurales es crítica para adaptar los protocolos de remediación a redes cerebrales específicas y sus funciones cognitivas asociadas.

Preguntas Frecuentes (FAQ)

¿Qué es la Potenciación a Largo Plazo (LTP)?
La LTP es un fenómeno de plasticidad sináptica que implica un aumento en la eficacia con la que las neuronas se comunican después de un período breve de estimulación. Se considera un mecanismo clave subyacente al aprendizaje y la memoria a nivel celular.

¿Cómo se relaciona el bilingüismo con el cerebro?
Los estudios sugieren que aprender un segundo idioma, especialmente después de los 6 años, puede conferir un beneficio a la función ejecutiva, aunque potencialmente a expensas de una menor eficiencia cortical en comparación con los monolingües. La resonancia magnética funcional (fMRI) se utiliza para estudiar las diferencias en la activación cerebral entre bilingües y monolingües durante tareas cognitivas.

¿Qué es la empatía y cómo se diferencia de la mentalización?
La empatía es la capacidad de captar y compartir automáticamente los estados afectivos de otros a través de una resonancia directa, a menudo involucrando mecanismos neurales similares a un espejo para estados emocionales o sensoriales específicos. La mentalización (o Teoría de la Mente) es la capacidad de interpretar el comportamiento ajeno en términos de estados mentales, como creencias, deseos e intenciones, lo que implica procesos más inferenciales y cognitivos. Aunque están relacionadas, la mentalización afectiva requiere habilidades empáticas.

¿Cómo afecta el envejecimiento a la cognición social?
El envejecimiento conlleva cambios complejos. Algunas habilidades de cognición social y afectiva se mantienen estables o mejoran (ej. regulación emocional, prosocialidad), mientras que otras declinan (ej. reconocimiento de emociones negativas, componentes cognitivos de la mentalización). Estos cambios están influenciados por el declive del control ejecutivo, la acumulación de experiencia y los cambios motivacionales hacia la priorización del bienestar emocional.

¿Qué enfermedades neurológicas impactan la cognición social?
Numerosas enfermedades neurológicas y psiquiátricas afectan la cognición social. La demencia frontotemporal (bvDFT) es un ejemplo prototípico con déficits marcados en percepción, comprensión y toma de decisiones social. Otras condiciones incluyen la ELA, enfermedad de Alzheimer, enfermedad de Parkinson, enfermedad de Huntington, esquizofrenia, trastornos del espectro autista, lesión cerebral traumática y accidente cerebrovascular.

¿Se pueden rehabilitar los déficits de cognición social?
Se han desarrollado procedimientos de remediación para mejorar las habilidades de cognición social, dirigidos a componentes específicos como el reconocimiento emocional o la mentalización. La evidencia sugiere efectos moderados y cierta transferencia a la vida diaria, pero la remediación de funciones más complejas presenta desafíos. El éxito depende de las habilidades basales y de adaptar las intervenciones a perfiles individuales, utilizando enfoques basados en evidencia neurocientífica y, potencialmente, tecnologías como la realidad virtual.

Conclusión

El estudio de la Cognición Social desde la perspectiva de la neurociencia cognitiva y afectiva revela una red intrincada de procesos cerebrales que subyacen a nuestra capacidad fundamental para interactuar con los demás. Desde la decodificación de una expresión facial hasta la compleja navegación de las decisiones grupales, el cerebro social emplea sistemas especializados y redes interconectadas. La investigación en este campo no solo amplía nuestra comprensión de la naturaleza humana, sino que también es vital para identificar y abordar las alteraciones que ocurren con el envejecimiento y en diversas condiciones neurológicas y psiquiátricas. A medida que la neurociencia avanza, la posibilidad de desarrollar evaluaciones más precisas y estrategias de rehabilitación más efectivas para los déficits de cognición social se vuelve cada vez más real, destacando la importancia de la investigación básica y traslacional en este apasionante campo.

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Jesús Porta Etessam

Soy licenciado en Medicina y Cirugía y Doctor en Neurociencias por la Universidad Complutense de Madrid. Me formé como especialista en Neurología realizando la residencia en el Hospital 12 de Octubre bajo la dirección de Alberto Portera y Alfonso Vallejo, donde también ejercí como adjunto durante seis años y fui tutor de residentes. Durante mi formación, realicé una rotación electiva en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center.Posteriormente, fui Jefe de Sección en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid y actualmente soy jefe de servicio de Neurología en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz. Tengo el honor de ser presidente de la Sociedad Española de Neurología, además de haber ocupado la vicepresidencia del Consejo Español del Cerebro y de ser Fellow de la European Academy of Neurology.A lo largo de mi trayectoria, he formado parte de la junta directiva de la Sociedad Española de Neurología como vocal de comunicación, relaciones internacionales, director de cultura y vicepresidente de relaciones institucionales. También dirigí la Fundación del Cerebro.Impulsé la creación del grupo de neurooftalmología de la SEN y he formado parte de las juntas de los grupos de cefalea y neurooftalmología. Además, he sido profesor de Neurología en la Universidad Complutense de Madrid durante más de 16 años.

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