¿Cómo aprende el cerebro Francisco Mora?

Francisco Mora y la Neuroeducación

Valoración: 3.49 (2241 votos)

Francisco Mora Teruel es una figura prominente en el campo de la neurociencia y su aplicación a la educación, un área que él mismo ha contribuido a definir y popularizar bajo el término de Neuroeducación. Su trabajo tiende puentes entre el complejo funcionamiento del cerebro humano y las prácticas pedagógicas, ofreciendo una perspectiva innovadora sobre cómo aprendemos y cómo debemos educar.

Con una sólida formación académica que incluye un Doctorado en Medicina por la Universidad de Granada y un Doctorado en Neurociencias por la prestigiosa Universidad de Oxford, Mora ha dedicado gran parte de su carrera a la investigación y la enseñanza. Es Catedrático de Fisiología Humana en la Universidad Complutense de Madrid y Catedrático adscrito de Fisiología Molecular y Biofísica en la Universidad de Iowa, Estados Unidos. Su trayectoria ha sido reconocida con membresías en instituciones como el Wolfson College de la Universidad de Oxford y premios como el de la Fundación Pfizer.

¿Qué dice Francisco Mora sobre la neurociencia?
Mora afirma que la neuroeducación puede transformar la actitud de muchos maestros, en el sentido de producir en ellos un tono diferente, emocional y cognitivo, en su forma de ver la enseñanza, de mentalizar y de responsabilizarse frente a la capacidad que tienen los cerebros de los niños de cambiar en lo que respecta a ...
Índice de Contenido

Los Pilares de la Neuroeducación según Mora

La Neuroeducación, en la visión de Francisco Mora, no es simplemente una moda o un prefijo pegadizo. Surge de la necesidad fundamental de aprovechar los conocimientos científicos sobre cómo opera el cerebro para mejorar los procesos de enseñanza y aprendizaje. Mora distingue dos aspectos clave donde la neurociencia puede aportar:

  • Instrucción: Relacionada con el aprendizaje y la memorización de contenidos y habilidades.
  • Educación: Enfocada en la transmisión y adquisición de normas, valores y hábitos éticos.

Para Mora, esta disciplina debe tener en cuenta la raíz evolutiva de lo que somos, ya que los códigos cerebrales actuales son producto de un largo proceso de desarrollo de la especie. Existe, según él, una verdadera "hambre" entre los educadores por comprender y aplicar esta nueva perspectiva en las aulas, reconociendo su potencial para transformar la práctica docente.

La Influencia de una Trayectoria Internacional

La experiencia de Mora en la Universidad de Oxford fue, según sus propias palabras, definitoria. Doctorarse en Neurociencia allí, después de ser ya doctor en Medicina, le proporcionó una ventaja invaluable. Subraya la diferencia "abismal" en investigación científica entre España y el Reino Unido en aquel momento, una brecha que, lamentablemente, considera que aún persiste. Más allá de la infraestructura o los recursos, lo que más le impactó en Oxford fueron los referentes humanos.

Compartir pasillo con Premios Nobel como Dorothy Hodgkin (Química) o tener la oportunidad de ver a Nikolaas Tinbergen (Medicina) o al profesor Porter (Bioquímica), también Premios Nobel, permitió a Mora "humanizarla" y "vivirla". Entendió el valor profundo de la investigación científica no solo a través de los libros, sino interactuando (o simplemente coincidiendo) con sus protagonistas más emblemáticos. Esta vivencia directa con la excelencia científica moldeó sin duda su perspectiva y su compromiso con la divulgación rigurosa.

La "Cultura Neuro": Convergencia y Crítica

Mora introduce el concepto de "cultura neuro" para describir la creciente convergencia entre las ciencias (especialmente las Neurociencias) y las humanidades. Esta interacción está dando lugar a nuevos campos interdisciplinarios como la Neurofilosofía, la Neuroética, la Neuroeconomía, la Neuroestética y, por supuesto, la Neuroeducación. La idea es fundamentar las humanidades en la base del método científico y la evolución biológica, creando una nueva forma de entender al ser humano y su comportamiento.

Sin embargo, Mora es también muy crítico con el uso indiscriminado del prefijo "neuro". Si bien inicialmente estaba justificado en campos médicos consolidados (Neuroanatomía, Neuroquímica, Neuropsicología), considera que en la actualidad se ha devaluado enormemente. El prefijo "neuro" hoy en día "vende", y muchas publicaciones le añaden sin un fundamento sólido, simplemente para aprovechar su tirón comercial. Esta práctica, a su juicio, trivializa y desvirtúa el verdadero potencial de la convergencia entre neurociencia y otras áreas, algo que considera "una pena".

Desmontando los Neuromitos: Falsedades con Componente Emocional

Uno de los temas centrales en la obra de Francisco Mora, especialmente en su libro "Mitos y verdades del cerebro", es la lucha contra los neuromitos. Define los neuromitos como falsas verdades, a menudo extraídas de conocimientos sobre el cerebro e incorrectamente interpretadas por personas sin una formación sólida en neurociencia. Estas interpretaciones erróneas, además, suelen ser aplicadas en el ámbito educativo, generando prácticas pedagógicas ineficaces o incluso perjudiciales.

El ejemplo más persistente y extendido es el mito de que "solo utilizamos el diez por ciento del cerebro". Mora lo califica de "completa falacia", un "sinsentido biológico". A pesar de su falta de base científica, este mito sigue siendo aceptado por un alto porcentaje de personas, incluyendo educadores. La dificultad para erradicar los neuromitos reside, según Mora, en su fuerte componente emocional; como todo mito, se arraigan en creencias y no en la lógica o la evidencia. Combatir los neuromitos es una tarea seria y de "valor extraordinario" para la Neuroeducación, que busca arrojar "luz" sobre las sombras que amenazan la enseñanza.

Tecnología y Cerebro: Una Relación Delicada

El uso masivo de las nuevas tecnologías es otro tema de gran preocupación para Francisco Mora, especialmente en el contexto educativo y en el desarrollo infantil. Su advertencia es clara y contundente: antes de los ocho o nueve años, y "absolutamente antes de los tres o cuatro años", los niños no deberían utilizar tablets, smartphones o internet.

Mora argumenta que el mundo que un niño construye en sus primeros años debe provenir de la "realidad perceptiva, motora y emocional del mundo". Esto implica una experiencia polisensorial, con actividad motora constante, empática y en contacto directo con otras personas. Las máquinas, a su juicio, son sustitutorias que "deforman esa realidad".

Las consecuencias de una exposición temprana y excesiva a las pantallas y el mundo digital se están manifestando en problemas como la impulsividad, la frustración y la agresividad (derivadas de la incapacidad de obtener placer o recompensa instantáneamente), así como una pobre capacidad para cambiar el foco atencional y una deficiente memoria ejecutiva. Este es, en su opinión, uno de los grandes problemas de la actualidad que impacta directamente en el desarrollo cerebral y social de los niños.

La Educación como Escultora del Ser Humano

La afirmación de que "el ser humano es lo que la educación hace de él" es central en el pensamiento de Mora y aborda la compleja interacción entre lo innato y lo adquirido. Explica que el cerebro humano, en su anatomía y fisiología, no ha cambiado esencialmente en los últimos miles de años. Por tanto, la diferencia entre un niño de la Antigua Roma o Egipto y uno del siglo XXI no reside en cambios genéticos cerebrales, sino en la cultura y la educación que ha recibido.

Los cambios que observamos en las sociedades y en los individuos se transmiten de cultura en cultura, aprovechando la plasticidad (capacidad de cambio) del cerebro y los mecanismos de la epigenética. De manera coloquial, Mora resume esta idea diciendo que el ser humano es en sus tres cuartas partes producto del medio que le rodea y el resto son determinantes genéticos. Esto subraya la inmensa responsabilidad y el poder transformador que tiene la educación.

Ventanas Plásticas: Momentos Cruciales para el Aprendizaje

La plasticidad cerebral, la capacidad del cerebro para modificarse, no es constante a lo largo de la vida. Existen periodos de especial flexibilidad y receptividad a determinados aprendizajes, que Mora denomina "ventanas plásticas" o "períodos críticos". Estos momentos son cruciales y coinciden con etapas clave del desarrollo, como la perinatalidad, alrededor de los tres años, los seis o siete años, la pubertad y la adolescencia.

Mora ilustra la importancia de estos periodos con el ejemplo de los primeros años (cero a tres): durante este tiempo, el aprendizaje ocurre principalmente a través del contacto directo con el mundo desde una perspectiva sensorial, motora y emocional. Este aprendizaje es mayormente inconsciente. La memoria consciente, explícita o declarativa, no emerge plenamente hasta los tres o tres años y medio. Aunque existe una memoria inconsciente que puede grabar eventos (como miedos o fobias), esta, hasta donde se sabe, no se convierte posteriormente en memoria declarativa. Es un mito pensar que se pueden enseñar conceptos abstractos o complejos a niños muy pequeños creyendo que "algo les quedará"; su cerebro simplemente no es maduro para ello. Este es el "mito de los tres primeros años", que Mora busca desmentir.

La Emoción: Energía Vital para Aprender

Una de las ideas más poderosas y recurrentes en la obra de Francisco Mora, plasmada incluso en el título de uno de sus libros ("Neuroeducación: Solo se puede aprender aquello que se ama"), es la necesidad intrínseca de la emoción para el aprendizaje. Mora afirma rotundamente que "la emoción es la energía que mueve el mundo".

Más allá de su papel en la supervivencia individual y de la especie, la neurociencia ha revelado que la emoción influye potentemente en la construcción de ideas por la corteza cerebral asociativa, y con ellas, en el razonamiento y el pensamiento. Las ideas no son entidades frías y puramente racionales; se construyen con un "colorido emocional" personal, producto de la experiencia vivida en interacción con otros. En resumen, no hay procesos cognitivos o mentales sin la emoción. La influencia de estados emocionales como la tristeza o la depresión sobre el pensamiento es una prueba evidente de ello. Este énfasis en la emoción como motor cognitivo es un punto de posible confluencia con el psicoanálisis, que también pone en el centro la relación con el otro, los afectos y las emociones.

Construyendo Ciudadanos Éticos desde la Neurociencia

Desde la perspectiva de Francisco Mora y los avances en neurociencias, el aspecto más esencial de un proceso educativo debería ser la construcción de un ser humano ético. Reitera que "el ser humano es lo que la educación hace de él", y esto es la base para todo lo demás. Los conocimientos actuales sobre el cerebro, la emoción y la cognición ofrecen las herramientas necesarias para instrumentar este proceso.

Mora critica que en los colegios se ponga mucho énfasis en la instrucción (aprender y memorizar) pero poca en la educación (valores, normas y hábitos éticos). Ser conscientes de esto debe impulsar la creación de hábitos éticos que formen ciudadanos honestos y profundamente responsables, capaces de ver al "otro" como un reflejo de sí mismos.

Un aspecto práctico crucial que Mora destaca es la necesidad "imperiosa" de institucionalizar la relación familia-colegio. Considera fundamental que los valores enseñados en el ámbito familiar y escolar estén alineados. Cuando hay contradicción, se produce una "esquizofrenización" inconsciente en el niño, con una enorme influencia negativa en su construcción ética. La coherencia entre ambos entornos es vital para un desarrollo ético saludable.

Mora reconoce que existen vinculaciones entre la investigación neurocientífica y su aplicación a la pedagogía, y estas son las que le permiten impartir conferencias y difundir estos conocimientos. Sin embargo, la pregunta sobre si estas vinculaciones son "suficientes" queda abierta, sugiriendo que aún hay camino por recorrer para integrar plenamente los hallazgos de la neurociencia en la práctica educativa.

Comparativa: Instrucción vs. Educación

Según la distinción de Francisco Mora, podemos diferenciar:

AspectoInstrucciónEducación
Foco PrincipalAprender y memorizar contenidos y habilidades.Adquisición de normas, valores y hábitos éticos.
ObjetivoTransmitir conocimientos y destrezas.Formar ciudadanos éticos y responsables.
Base Teórica (en Neuroeducación)Cómo el cerebro adquiere y almacena información.Cómo el cerebro desarrolla la empatía, el juicio moral y el comportamiento social.
Importancia Actual (según Mora)Muy enfatizada en los sistemas educativos.Menos enfatizada de lo necesario.

Preguntas Frecuentes sobre Francisco Mora y Neuroeducación

¿Quién es Francisco Mora?
Francisco Mora es un médico y neurocientífico español, doctor por las universidades de Granada y Oxford, reconocido internacionalmente por su trabajo en Neuroeducación y por divulgar los conocimientos sobre el funcionamiento del cerebro.
¿Qué es la Neuroeducación según Francisco Mora?
Es la disciplina que aplica los conocimientos de la neurociencia al proceso de enseñanza y educación, abarcando tanto la instrucción (aprendizaje y memoria) como la formación en valores y hábitos éticos.
¿Por qué es importante la emoción en el aprendizaje?
Según Mora, la emoción es fundamental porque actúa como la energía que impulsa el aprendizaje y el pensamiento. Las ideas se construyen con un componente emocional basado en la experiencia, y no hay procesos cognitivos sin la influencia de la emoción.
¿Qué opina Francisco Mora sobre los neuromitos?
Los considera falsas verdades peligrosas que, al ser aplicadas incorrectamente en la educación, pueden perjudicar el proceso de aprendizaje. Destaca el mito del 10% del cerebro como un ejemplo de falacia persistente.
¿Cuál es la postura de Mora sobre el uso de tecnología en niños?
Advierte contra el uso temprano de pantallas y tecnología (antes de los 8-9 años, y crucialmente antes de los 3-4 años), ya que considera que deforma la realidad necesaria para el desarrollo temprano y puede generar problemas de impulsividad, atención y memoria.
¿Qué significa la frase "el ser humano es lo que la educación hace de él"?
Significa que las diferencias culturales e individuales se deben principalmente a la educación y el entorno cultural, no a cambios genéticos significativos en el cerebro humano a lo largo de la historia. La educación, aprovechando la plasticidad cerebral, moldea al individuo.
¿Qué papel tienen los periodos críticos en el desarrollo?
Son momentos de mayor plasticidad cerebral donde el cerebro es especialmente receptivo a ciertos aprendizajes (como el lenguaje). Aprovechar estos periodos es clave, pero Mora también desmiente mitos sobre lo que se puede aprender en las primeras etapas, como el mito de los tres primeros años.
¿Cuál es el objetivo principal de la educación desde la neurociencia?
Para Mora, el objetivo esencial es la construcción de un ser humano ético, formando ciudadanos responsables y conscientes de su relación con los demás. Esto requiere un mayor énfasis en la enseñanza de valores y hábitos éticos, además de la instrucción tradicional.

La obra y las reflexiones de Francisco Mora invitan a repensar los fundamentos de la educación, anclándolos en una comprensión más profunda de la naturaleza humana desde la perspectiva del cerebro. Su llamado a integrar la emoción, desterrar los mitos y priorizar la formación ética resuena como un pilar fundamental para construir una sociedad más consciente y preparada para los desafíos del siglo XXI.

Si quieres conocer otros artículos parecidos a Francisco Mora y la Neuroeducación puedes visitar la categoría Neurociencia.

Foto del avatar

Jesús Porta Etessam

Soy licenciado en Medicina y Cirugía y Doctor en Neurociencias por la Universidad Complutense de Madrid. Me formé como especialista en Neurología realizando la residencia en el Hospital 12 de Octubre bajo la dirección de Alberto Portera y Alfonso Vallejo, donde también ejercí como adjunto durante seis años y fui tutor de residentes. Durante mi formación, realicé una rotación electiva en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center.Posteriormente, fui Jefe de Sección en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid y actualmente soy jefe de servicio de Neurología en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz. Tengo el honor de ser presidente de la Sociedad Española de Neurología, además de haber ocupado la vicepresidencia del Consejo Español del Cerebro y de ser Fellow de la European Academy of Neurology.A lo largo de mi trayectoria, he formado parte de la junta directiva de la Sociedad Española de Neurología como vocal de comunicación, relaciones internacionales, director de cultura y vicepresidente de relaciones institucionales. También dirigí la Fundación del Cerebro.Impulsé la creación del grupo de neurooftalmología de la SEN y he formado parte de las juntas de los grupos de cefalea y neurooftalmología. Además, he sido profesor de Neurología en la Universidad Complutense de Madrid durante más de 16 años.

Subir